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Capítulo II Secretos

"Aún recuerdo aquella mañana de julio, cuando por primera vez

Vi que realmente tú y yo no éramos tan diferentes, cada uno tenía sus

propios demonios, e inconscientemente, fui seducido por los tuyos"

(Confesiones de Draco Malfoy, año 2003)


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21 de Julio de 1998, Londres Inglaterra.

"Heroína y Mortífago unen sus vidas en enlace matrimonial"

"Increíbles noticias llegaron a nuestros oídos queridos lectores y nos complace no solo ser los primeros en darlas a conocer, sino que también poseemos las fotos del exclusivo evento. Como fue de su conocimiento, el día de ayer por la tarde, después de que se llevó a cabo el juicio de Draco Malfoy, bajo las declaraciones del salvador del mundo mágico, Harry Potter, el Mortífago fue capaz de aludir finalmente la prisión, lugar donde había estado encerrado desde el pasado 5 de mayo. Si tal suceso sorprendió a la comunidad mágica, los hechos que le precedieron los conmocionaran, a tan solo dos horas de probar su libertad, el joven Mortífago unió su vida en un enlace matrimonial, nada mas ni nada menos que con la Reina del pueblo, le heroína mágica, Hermione Jean Granger.

Esto sin duda alguna, es el segundo hecho más impactante en la última década, honestamente varios nos preguntamos si la joven no estará bajo algún hechizo o con los efectos del Amortentia, pero las investigaciones que sin duda alguna serán llevadas a cabo, se las dejamos al departamento de Aurores.

Más información en las páginas centrales…"

Hermione ni siquiera quiso saber cómo lograron hacer esos fotomontajes, en la imagen que ocupaba la mitad de la portada, ella lucia hermosa y radiante en un vestido blanco, estaba colgada felizmente del brazo de Malfoy, el cual portaba un traje de gala color negro, se veía… presentable. De inmediato apartó su vista de la imagen bizarra y lanzó el periódico al piso.

Se apretujó en su bata y abrazó sus rodillas, se dispuso a mirar por un rato más los jardines, ese día había amanecido despejado y podía apreciar la hermosura de la vista. Al principio no creyó que esa fuera su casa, el día anterior cuando llegó ahí por medio de la Red Flu, pensó haberse equivocado en cuanto puso su primer pie en el vestíbulo, esa habitación tan solo era más grande que el primer piso de la casa de sus padres.

No estaba decorada, solo tenía los muebles básicos, pero estos pocos se notaban elegantes y contemporáneos, Narcissa, que fue quien le dio la bienvenida le dijo que la casa era nueva, cosa que ya le había dicho Harry cuando le dio la dirección, también le informó que al ser su casa, solo compraron lo básico, para que ella la decorara a su gusto. Le explicó que la casa solo contaba con tres plantas y los terrenos a la redonda sumaban cuatro hectáreas, que fue lo mejor que consiguieron en tan poco tiempo, y que era consciente que era muy pequeña, pero que si no le agradaba podían buscar algo más.

Ella sólo dijo que eso estaba bien, aunque en realidad quiso decir que era demasiado, pero no tenía ganas de comenzar una discusión con la señora. Le chocó tanta ostentosidad, pero que se podía esperar, eran Malfoy´s, no sabían vivir de otra forma. Había subido hasta el tercer piso y se apoderó de la habitación más lejana. Su alcoba era enorme, ella calculaba que de unos ciento veinte metros cuadrados, solo tenía una cama King size con dos pequeñas cajoneras a ambos lados. Lo único bueno de todo eso fue que tenía baño propio, el cual también era enorme y por si fuera poco, tenía jacuzzi.

Lo único que le gustaba de esa habitación era el balcón y sus enormes ventanales, justo en ese momento estaba sentada sobre el alfeizar de una de ellas y tenía la vista perdida en los campos verdes que se miraban en el horizonte.

Ni siquiera el sonido de aparición a un lado de ella la inmutó.

―Ama, la señora Malfoy pregunta si desea acompañarlos a desayunar o prefiere que le traiga los alimentos a la habitación ― la voz chillona de la elfina logró llamar la atención de la joven.

―¿Cómo te llamas? ―Preguntó con tranquilidad, le sorprendió que le llamara ama y que vistiera de forma limpia y decente.,

―Yo… yo, yo, soy Melina, ama ― logró articular la criatura, con un poco de miedo. Ella nunca había sido tratada de mala forma, ya que toda su vida laboró en el castillo de Hogwarts, pero recordaba a ese elfo Dobby que les contó lo terrible que era la familia Malfoy. Y aunque sabía quién era Hermione Granger, no podía evitar estar inquieta.

Hermione la miró detenidamente, se parecía bastante a Dobby, salvo por que era hembra y sus ojos eran color violeta, se retiró el lazo con el que tenía sujeto su cabello y se lo tendió ― Toma Melina, eres libre ― le explicó.

―Melina es libre ama, ya lo era desde antes de venir a servirle a la joven ama, ― con movimientos torpes tomó el lazo que su ella le tendía ―pero si le permite a Melina, quiero conservar la prenda, es muy bonita.

―Claro ―fue todo lo que logró decir, quería saber cómo es que era su ama si era libre, pero no tenía deseos de platicar, se conformaba con saber que no poseía esclavos ― no requiero nada, gracias, puedes marcharte.

Su elfina desapareció de inmediato, aunque algo preocupada y desconcertada.

Pasaron bastantes horas hasta que alguien más llego a su habitación, tres golpes secos con cierto ritmo familiar, le anunciaron que Harry Potter solicitaba ingresar a su alcoba. Y como era costumbre en los últimos dos meses, al no obtener respuesta el joven, después de esperar cinco segundos, abrió la puerta e ingresó.

Harry no prestó mucha atención a la falta de muebles cuando entró al cuarto, recorrió con la vista todo el espacio hasta que la ubicó, camino hacia ella y se sentó frente a su amiga. La observó por un largo tiempo en silencio, exhaló un largo suspiro, sacó una cajetilla de cigarros de su chaqueta, jugó un rato con ella en sus manos, finalmente se decidió por sacar uno y guardar el resto.

Prendió su cigarrillo con ayuda de su varita y le dio una calada larga y honda, cerró los ojos para disfrutar del tabaco, cuando los abrió nuevamente los clavó en su amiga y la azoto con su mirada, soltando lentamente el aire.

―Hoy fui a verla ― esperó una pregunta, que aunque sabía que nunca llegaría, tuvo fe en que tal vez ese día sería diferente. ―Ella está bien, Andrómeda está haciendo un buen trabajo.

Si Hermione estaba lucida o no, no logró saberlo, su falta de respuesta o movimientos no eran muestra de que estuviera ida, ella simplemente siempre estaba así, callada, inmóvil, inaccesible.

―Ella te necesita. ―Siempre usaba la carta del chantaje emocional, no perdía la esperanza de que en algún momento ella reaccionaria. ―Mione…

―No me llames de ese modo ―su respuesta fue tajante y dura, odiaba ese sobre nombre y todos los recuerdo que invocaba.

―No estás tomando tus medicamentos ―él lo sabía, su forma de hablar le había comprobado sus sospechas.

―No me gusta cómo me hacen sentir ―se enderezó y se apoyó en el marco, estiró su mano derecha y su amigo le paso el cigarrillo.

―Te ayudan a dormir y a descansar ―la reprendió él. Aunque se sentía un poco tranquilo de escucharla tan habladora.

―Me idiotizan, querrás decir ―lo fulminó con la mirada.

Draco intentaba no hacer ruido, estaba por ingresar a su propia habitación, cuando escucho esa voz detestable que identificaba perfectamente bien. Al principio cuando la escuchó saliendo del cuarto del fondo, tuvo un arranque de furia, era lo único que le faltaba, como si no fuera suficiente estar casado con ella, también tenía que soportar la presencia de San Potter. Había estado a punto de gritarles cuando percibió algo que llamo su atención, "No estás tomando tus medicamentos" alegó en un claro reproche Potter.

Puso atención a la pequeña discusión que se desató entre los amigos, después solo hubo silencio. «Así que Granger padece de algo y está en contra del medicamento» razonó. Draco se caracterizaba por ser una persona en demasía curiosa, esa peculiaridad siempre fue su maldición y su bendición, ya había perdido la cuenta de en cuantos problemas se metió en el pasado por no poder contener su sed de conocimiento. Pero también por esa cualidad en varias ocasiones salvó su pellejo, así como la de sus amigos y su familia. Además, su padre siempre le dijo que la sabiduría era poder.

Cuando escuchó que Potter retomaba la plática, mencionando que en tres días habría un evento en el Ministerio, donde se anunciaría que se abrirían elecciones para escoger al nuevo Ministro mágico, decidió que ya no tenía nada que escuchar e ingreso a su alcoba. Por una vez agradeció que el bastardo de Potter le sirviera para algo, su madre le había mencionado durante la comida del evento, y que era obligatorio que asistiera con Granger, ya que se demandaba la presencia de ella. Directamente le indicó que se lo informara a la joven, pero él no imaginaba como lo haría después del desagradable encuentro de la noche anterior.

Después de tres horas de visita y obligar a su amiga a probar un poco de alimentos, Harry supo que no lograría sacarle más palabras, se puso de pie y besó su frente.

―Vendré mañana ―le recordó ―Y Hermione, debes hablarle de ella, este domingo la traeré.

― ¡No lo harás! ― En cuestión de segundos Hermione se transformó, se puso de pie de un salto y le gritó llena de histeria.

Él caminó hasta la puerta sin contestarle nada, no deseaba discutir con ella y causarle algún episodio. Tomó el pomo de la puerta y se percató que no la cerró cuando entró, salió del cuarto y antes de cerrar la enfrentó con la mirada.

―Si lo haré ―sentenció y ocluyó aprisa, escuchó algo estrellarse contra la madera y a su amiga maldecir su nombre.

Al llegar al vestíbulo se en encontró con la señora Malfoy, la cual dejó el libro que estaba leyendo y se colocó de pie.

―Espero que disfrutara su visita, señor Potter ―si bien su tono era frio distaba mucho de ser grosero.

―Gracias, ¿les envió Kingsley una carta? ―ante el asentimiento de ella, prosiguió ―Vendré por ellos al diez para las once.

Avanzó unos pasos hacia la chimenea, no estaba seguro de querer comentarlo, pero sabía que tarde o temprano sería un tema a tratar.

―Señora Malfoy… ―lo meditó un poco más, se echó el cabello hacia tras y la miró a la cara ―ella a veces… si llegara a sentirse mal, por favor avíseme de inmediato.

―¿Le sucede algo a la señorita… Granger? ―había estado tentada a decir Malfoy, pero aún le sonaba raro.

―¡Ella está bien! ―contestó un poco más brusco de lo que quiso, aún no sabía cómo lidiar con lo que le estaba pasando a su amiga, y el hecho de que ella se empeñaba en decir que estaba bien, era sinónimo de que no quería que nadie lo supiera y por ende, aplicaba para su nueva familia.

―Cuidado como le hablas a mi madre, Potter ―Draco iba bajando las escaleras, había escuchado todo.

―Malfoy… ―Harry entrecerró los ojos y lo penetró con la mirada, el duelo de miradas duro algunos segundos, hasta que él mismo se dio cuenta que era una tontería se giró y miró nuevamente a Narcissa ― discúlpeme ― solicitó sinceramente.

Narcissa hizo un gesto con la mano para restarle importancia ―Le notificaré cualquier percance ― concedió.

Harry relajó su postura, no sabía porque, pero sentía que podía confiar en Narcissa, aunque jamás lo haría en Draco ―Gracias, y buenas tardes ― se despidió solo de la señora y se metió en la chimenea.

―Y Potter… ― Harry se detuvo al escuchar su nombre.

―No necesitamos niñera, llegaremos solos ― le aclaró Draco,

Le molestaba que se tomara esas libertades hacía con él y su esposa, estaba claro que no sentía nada por ella, pero eso no justificaba que San Potter interfiriera en su vida, tarde o temprano debía entender que ahora Granger era su esposa, y por ende, de él. Y más le valía que fuera temprano, porque no le apetecía verlo desfilar todos los días por su casa, bastante ya tenía con tener que compartir el techo con la otra.

Harry resopló y solo asintió en respuesta, una sonrisa burlona se esparció en su rostro, «si eso quieres Malfoy, a ver cómo te las apañas tu solo» pensó, soltó sus polvos flu y tomó valor para encarar su nuevo destino, la Madriguera.

Los días transcurrieron sin percances ni encuentros entre los integrantes de la familia Malfoy y Hermione, el día de su aparición en público, por primera vez como el nuevo matrimonio Malfoy, por fin había llegado. Draco se encontraba al pie de las escaleras, colocándose su capa negra sobre su traje negro, el color de su atuendo, lo hacía ver más delgado. Él jamás había tenido un cuerpo enclenque, lejos de eso, con los años y ejercitación su cuerpo se tonifico y endureció, pero su estadía en Azkaban le paso factura.

Lucía delgado, las ojeras y el cansancio en sus ojos aún no desaparecían por completo. Y era increíble, porque a pesar de esa decadencia, se veía atractivo, como un vampiro sacado de las novelas juveniles. De Hermione, no podía decirse lo mismo, su pelo jamás se vio más desordenado, su cara estaba tan delgada que sobresalían sus pómulos, y su cuerpo… Draco simplemente dudó que hubiera alguno debajo de esa ropa cundo la observó.

Ella se encontraba bajando las escaleras, apurada por terminar de una vez con ese acto. Traía el mismo vestido negro que le quedaba grande, con el que se había casado.

―¿Puedes decirme a dónde demonios crees que vas… así? ―La señaló de arriba abajo. No es que le importara su aspecto, pero bajo ninguna maldición dejaría que lo vieran en compañía de alguien con ese aspecto, él tenía una reputación, un porte, y una imagen que cuidar.

Hermione había detenido su descenso al escucharlo, lo observó tres segundos y prosiguió su camino.

Eso solo enfureció más Draco, la sujetó por el brazo cuando ella paso a su lado ―¿No escuchaste lo que dije? ― trato de tranquilizarse.

―No tengo tiempo para esto ―se soltó con brusquedad de su agarre y se dirigió a la chimenea.

Él no se caracterizaba por ser una persona paciente o amable, todas las desgracias de su vida y su fuerte carácter, lo habían convertido en un hombre duro e implacable. Y muy entregado a sus impulsos, la alcanzó en tres zancadas y la sujetó con demasiada fuerza de la muñeca y la arrastro escaleras arriba.

Ella comenzó a luchar y maldecir para que la soltara, pero todo esfuerzo fue en vano, él tenía demasiada fuerza en comparación con ella, por más que intento sujetarse de lo que encontraba a su paso, en cuestión de segundos ya estaban frente a su habitación e ingresando de forma brusca.

Hermione en verdad lo intentó, hizo todo lo posible por anclarse a su presente y no dejarse absorber por ese mar de imágenes que la azotaban sin clemencia con recuerdos, no supo en que momento él la soltó, se llevó ambas manos a la cabeza y en su desesperación por no ser absorbida por las imágenes que comenzaban a reproducirse en su mente, empezó a golpearse ella misma.

―¡¿Qué carajos?! ―soltó incrédulo Draco cuando la vio dejarse caer de rodillas al piso y agredirse. De pronto ella se detuvo, él se quedó mudo, estaba por ordenarle que se pusiera presentable pero ella comenzó a gritar a todo pulmón.

―¡Suéltame, déjame, no me toques! ―repetía gritos como si se tratara de una mantra, y se arrinconó a los pies de su cama.

Draco se quedó perplejo, podía ver el terror absoluto en sus ojos y oír la desesperación en sus gritos, primero pensó que se lo decía a él, pero se dio cuenta que tenía la mirada perdida.

―¿Qué le hiciste? ―preguntó alarmada Narcissa, había acudido de inmediato al escucharla gritar.

―¿Por qué crees que yo le hice algo? Madre ―interpeló indignado.

―¡Draco! ―Le gritó histérica su madre.

―No le hice nada ―se defendió él ―de la nada comenzó a gritar como loca ― aclaró molesto.

―Granger ―se acercó Narcissa a ella e intentó tocarla, pero sólo recibió un fuerte golpe en respuesta por parte de la joven, lo cual la hizo caer sobre su trasero.

―¡Granger! ―bramó furioso Draco mientras corría ayudar a poner de pie a su madre.

Hermione ajena a lo que sucedía, siguió vociferando y llorando de forma desesperada.

―¿Qué demonios sucede? ―cuestionó Pansy al entrar a la habitación, había quedado en ir junto a Narcissa al evento, y al igual que la otra corrió al escuchar los gritos, pensando por un segundo lo peor..

―Lenguaje Pansy ―la reprendió Narcisa mientras convocaba su Patronus y mandaba urgente un mensaje a Potter.

Harry solo demoró dos minutos en llegar, después de haber escuchado la voz de la señora Malfoy decir "Problemas, Granger". Al entrar por la chimenea, los gritos procedentes de la última planta, le confirmaron sus sospechas. Corrió como si su vida dependiera de ello. Cuando entró en la habitación, no deparó en los acompañantes, solo en su amiga.

Sentada en el piso, aferrándose a sus piernas, gritando y suplicando por que la soltaran, se encontraba llorando su amiga, sumergida en lo que él recordaría como uno de sus peores episodios. Él se acercó a ella con cautela e intento abrazarla, pero ella respondió con violencia y lo golpeó con fuerza en la cara.

―Hermione, soy yo, Harry, escúchame ―la tomó del rostro, pero la soltó cuando ella le enterró las uñas en las manos y lo hizo sangrar.

―¿Por qué no la desmayan? ―preguntó Pansy al sentir un poco de pena por la chica que siempre había detestado.

―Ella tiene que presentarse, no es opcional, como están las cosas, levantaría sospechas ―les explicó Harry.

Draco lo comprendía perfectamente, todo Londres Mágico estaba esperando el momento para verlos juntos, no se había hablado de otra cosa en los periódicos en los últimos tres días. Suspiró resignado, él siempre estaría condenado a ser el malo de la historia, pero no le quedaba de otra, y contra todo principio de educación de un Malfoy, se inclinó frente a ella y le soltó una fuerte bofetada.

Al instante, la habitación se quedó en perfecto silencio, Narcissa y Pansy se habían llevado una mano a la boca para amortiguar su grito de asombro. Harry por su parte se recuperó de inmediato, lo tomó de la túnica y lo jaló hacia atrás con tal brutalidad que lo hizo caer cuan largo era, y al instante lo pateó en las costillas.

―¡Si serás cabrón Malfoy! ―rugió Harry. Estaba por acertarle otra patada cuando lo sorprendió el grito de su amiga.

―¡Harry! ―Hermione no comprendía que sucedía, nunca había visto a su amigo irse a los golpes con alguien.

Draco por su parte aprovechó el descuido de su rival y le regresó la patada, pero en la espinilla.

―Maldito hurón ―chilló Harry, lo intentó sujetar, pero Draco fue más rápido y logró ponerse de pie.

―¡Basta! ―Bramó Pansy mientras se colocaba frente a su amigo ―Ella ya reacciono.

Harry resignado en dejar para otro momento esa disputa, corrió hacia su amiga y le ayudó a ponerse de pie.

―¿Cómo te sientes? ―la cuestionó mientras le sujetaba el rostro entre sus manos, soltó un lado y acaricio su mejilla golpeada que lucía algo roja.

―¿Yo…? ―temiendo lo peor, miró a los ojos a su amigo, no tenía las fuerzas para terminar la pregunta, se sentía algo mareada y desconcertada.

―Si ―le susurró él en respuesta, su corazón se contrajo cuando ella ocultó el rostro en su pecho y comenzó a llorar por la vergüenza.

Hermione sintió que el mundo se le venía encima, ahora ellos lo sabían, él lo advertía y no quería su lastima, prefería su indiferencia, hasta sus insultos, podía lidiar con ellos. Temía ver a los ojos a todos, sobre todo a él.

―Hermione, el evento comienza en cinco minutos, ¿crees poder… ―Harry no quería obligarla a nada, sabía que lo último que necesitaba en ese momento ella era mantener una farsa de ese tamaño frente a tantas personas, y después de lo que le había hecho Draco, no lo quería cerca de ella.

―Si ―ella no se dejaría vencer por eso, se lo había jurado así misma. Se enderezó cuan larga era y echo los hombros hacia tras, se secó los ojos y alisó su vestido.

―Hermione, luces fatal ―replicó Harry al evaluar su aspecto.

Hermione lo golpeó en el hombro, al instante recordó que precisamente eso era lo que había desatado todo ese desastre, busco con la mirada a Malfoy y cuando sus vistas se conectaron, lo fulminó.

Draco creyó que no podía desconcertarse más, ¿Cómo rayos había sucedido todo eso en solo unos minutos?, pero su inquietud no le evitó que le regresara la mirada llena de aversión a Granger. Él no había querido pegarle, nunca le habían faltado las ganas, sobre todo en tercero, pero sencillamente, los Malfoy, no les pegaban a las mujeres, y ahí estaba él, rompiendo siglos de tradición, estaba seguro que sus ancestros debían estarse retorciendo en sus tumbas, aunque claro, no creía que no hubiera peor deshonra, que haberse casado con ella. Pero lamentablemente, para todos los involucrados, la necesitaban lúcida justo en esos momentos, y él fue el único en recurrir al modo más fácil pero violento a la vez.

―Pansy, arréglala ―ordenó mientras dejaba la habitación con su madre siguiéndole las espaldas.

La aludida colocó sus manos en jarra y le lanzó miradas asesinas a la espalda de su amigo, se preguntaba si alguna vez él dejaría de ser tan mandón. Considerándolo un caso perdido, se relajó y caminó hacia Granger.

―No es como si pudiera hacer gran cosa ―declaró con desdén y miró a la joven de arriba abajo, cuando se detuvo en su rostro, relajó su expresión y sintió pena por ella, comprendía que cosas podían detonar esas reacciones en una víctima. La apuntó con su varita.

―No tienes que hacer nada… ― Hermione estuvo a punto de salir de la habitación, cuando sintió la magia de Parkinson recorrerle la cara y después el cabello. También sintió el vestido cernírsele un poco a la piel.

―Ponle tu capa Potter, necesita un poco de color ―le exigió sin mirar al joven.

Harry obedeció, se quitó su capa azul y la colocó sobro los hombros de su amiga, Pansy movió una vez más su varita e hizo que ciertos detalles aparecieran sobre la prenda para hacerla más femenina.

―Listo, será mejor irnos, este tipo de conjuros duran muy poco ―se giró y comenzó a salir de la alcoba.

―Gracias ―le dijo sinceramente Harry, hacía mucho que no veía a su amiga tan guapa o ya medianamente presentable.

Pansy solo levantó una mano y siguió su camino, no quería estar cerca de ese chico, no le hacía bien a ella, ni a su corazón.

Mientras Draco esperaba a lado de la chimenea, tomando un trago de whisky de fuego, llegó a la conclusión de que Hermione Granger se estaba volviendo un verdadero problema, y más grande de lo que una vez pudo pensar. No por solo el hecho de que debían vender un matrimonio de cuentos de hadas, sino que también debía lidiar con su dilema mental, porque al ver su mirada perdida, lo comprendió, no se necesitaba ser un genio para saber lo que estaba ocurriendo, pero eso no era la cuestión, si no saber el hecho que había desatado tal estado.

Se restregó la cara con molestia, "maldita mujer" maldijo. Él no funcionaba manejando situaciones que no podía controlar, y el pequeño problema mental que tenía ella, entraba en esa categoría. Tenían un mundo mágico que convencer, de ello dependía la vida de su madre, de sus amigos. La de él, hacía mucho tiempo que le había dejado de importar. Pero le juró en el lecho de agonía a Lucius Malfoy, que protegería a su madre.

Pocos sabían que Draco fue el preso de la celda que estaba en frente de donde habían asesinado al señor Malfoy, él lo presenció todo, sin poder hacer nada. Amordazado y amarrado por haber peleado con un celador la tarde de ese día, se retorció en su celda, lo único que fue capaz de realizar, fue asentir cuando su padre, con sus últimas palabras le pidió que cuidara de su madre.

Y esa promesa, la cumpliría con su vida de ser necesario. Así tuviera que llevar a rastras a Granger a cada maldito lugar donde desearan comprobar su relación, así necesitara zarandearla y abofetearla cada vez que se perdiera en uno de esos malditos episodios.

El ruido de pasos acercándose lo sacó de su letargo, recompuso su postura de indiferencia y arrogancia, se dignó a mirarla cuando ella se posicionó frente a él, dio gracias mentalmente a Pansy por dejarla más o menos presentable.

―Vaya, después de todo, si eres mujer ―comentó al momento que posaba su mirada sin recato alguno sobre sus senos, nunca había deparado en que tenía.

―Jodete, Malfoy ―contestó ella de forma arisca.

―Ese es tu trabajo ―le indicó mientras la tomaba de la muñeca y la arrastraba con él adentro de la chimenea sin consideración alguna, ya iban con diez minutos de retraso.

―No me toques, Malfoy ―intentó soltarse nuevamente, y otra vez la fuerza de él se impuso sobre la de ella.

―Muy tarde, eso lo hubieras pensado antes de aceptar ser mi esposa ―solo para disgustarla, la jalo más hacia él y soltó los polvos flu ―Ministerio de Magia

―Me sigo preguntando cómo es que estuvimos de acuerdo con esta locura, es obvio que van a matarse ―observó Harry en voz alta.

―Pues entonces mueve tu trasero Potter, lleguemos antes de que corra sangre ―Pansy paso a su lado e ingresó a la chimenea y dijo su destino.

Harry se quedó perdido por unos segundo cuando vio la figura de Pansy pasar delante de él, el andar de sus caderas lo cautivó por un instante, se sorprendió a sí mismo cuando se dio cuenta de lo que le había ocurrido, no lo meditó, culpo a su vida sentimental, después de todo el desierto era una caja de arena si lo comparaban con su interacción amorosa.

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N/A: Cuando comencé a escribir esta historia, jamás me paso por la cabeza que tendría un gran recibimiento. Honestamente estoy conmocionada, agradezco a cada persona que la agrego a sus favoritos, los que la siguen, y aún más a los que se animaron a dejarme un review. Por todas esas muestras de apoyo he actualizado lo más pronto posible, claro y gracias a la ayuda de Sandra Peralta que ha beteado este capítulo. Gracias amiga, sin tu ayuda esto hubiera sido un desastre.

Carla718, Sunset82; sus review removió cosas en mi interior, que alguien perciba mi evolución como escritora, aparte de mi beta, es muy importante para mi, gracias por sus palabras y espero no decepcionarlas.

Espero disfrutaran el capitulo y me hagan saber su apreciación. U-U

"El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que nuestro objetivo sea demasiado alto y fallemos a la hora de conseguirlo, sino que sea demasiado bajo y lo alcancemos."

Michelangelo Buonarroti

XOXOX DLM