Capítulo 2: 21/2/18, La paz de tus ojos.
-¡Tranquila! No haré nada malo, no soy tu enemigo. Mi nombre es Elías. Elias Ainsworth.
Apesar de que hablo con una voz amable, sentía mucho miedo al no saber lo que podía pasar, pero, me bajo delicadamente al suelo.
-Ven, te llevaré hasta la salida.
-¡No! Tengo que regresar por mi hermano.
-¿Y qué piensas hacer? Solamente eres una pequeña niña, no tienes ningún arma y hay aproximadamente 10 hombres haya arriba ¿Como piensas buscar a tu hermano?
-Algo se me debe ocurrir.
-Solo escucho a 10 personas adultas, no hay rastros de algún niño. Probablemente ya dejo el edificio.
Lo mire incredula. Como podía estar tan seguro de ello, yo no escuchaba nada, además, la oscuridad era tan profunda que ni siquiera podía ver la punta de mi propia nariz. Sentí como una mano cálida tomaba la mía.
-Te llevaré afuera probablemente encuentres a tu hermano.
Me guío atraves de ese lugar, me decía amablemente cuando tenía que bajar la cabeza para no golpearme o cuando tenía que levantar el pie para no tropezar. Aún seguía sin entender como podía ver en esa oscuridad. Aunque fuera de dia no se notaria la diferencia.
-Hemos llegado.
Abrió una puerta que daba al exterior. La luz de la luna bañaba un enorme patio, no faltaba mucho para el amanecer. Mire hacia atrás para ver a quien me había ayudado tanto, pero aún estaba cubierto por las sombras.
-¿Por que no sales?
-Te daré miedo.
-Mas miedo que los soldados que me persiguen. Lo dudo.- extendí mi mano hacia el.- No creo que alguien que tenga una voz tan dulce y unas manos tan cálidas sea una persona aterradora.- pensé.
No pude evitar poner una cara de sorpresa al ver que la persona que me había ayudado... Era un ser mucho más alto que una persona normal, delgado, tenía un collar de plumas negras. Tenía cola y unas garras y un manto negro andrajoso parece cubrirse con su espalda, espinas finas se retuercen en todas direcciones, y una serie de costillas se enrollan alrededor de su pecho.
-Ves, te dije que te daría miedo.- dijo mientras volvía a entrar al edificio y cerraba la puerta tras de si.
-¡No! Espera.
-Vete, porfavor.
No podía obligarlo a salir, tenía que respetarlo, al fin y al cabo el fue quien me ayudó.
-Gracias por tu ayuda.- respondí.
Salí corriendo por aquel patio, probablemente estarían cerca los chicos de mi grupo. Pero por más que corrí no encontré a nadie. Cuando me sentí agotada me senté en la banqueta de un sucio callejón.
-¿Que haré? No sé dónde estoy, ni siquiera tengo un mapa para guiarme.- Lo único que estaba intacto (bueno casi) eran los letreros que decían los nombres de las calles, aunque no eran de mucha ayuda. Puse mi cabeza entre mis manos y comencé a llorar.
Escuché unos pasos que venían desde la entrada del callejón.
-Oh, que tenemos aquí...- pertenecían a un hombre de mediana edad vestido de militar, aunque hablaba un japonés muy fluido su acento lo delataba.- Una niña japonesa, debería de llevarte al cuartel.
Era imposible escapar, me apuntaba con un arma directo a la cabeza. Un paso en falso y todo había terminado. El hombre me tomo bruscamente del brazo. Me miró de una manera pervertida.
-Aunque... Por que debo de entregarte al cuartel. Hace mucho tiempo que no estoy con una mujer, que te parece si jugamos un rato y entretienes a este pobre hombre solitario. Eres muy bonita te puedo tener solo para mi.- me tomo de la cintura y comenzó a lamer mi cuello.
-¡Sueltame!.- grite pero sabía que nadie vendría a mi auxilio. Con todas mis fuerzas golpee la entrepierna de ese tipo y me pude soltar.
-¡MALDITA ZORRA!
Unos disparos resonaron por todo el callejón.
Alguien apareció para ser mi escudo. Un rugido de bestia hizo que se erizará mi piel y un escalofrío recorriera mi espalda. Aquel hombre salió corriendo del miedo.
Mi salvador se dio media vuelta y me pregunto:
-¿Estas bien?.- Me preguntó Elías.
-¿Porque me preguntas eso cuando te acaban de disparar a quema ropa?.- Elías miro sus heridas, se encogió de hombros y camino de regreso al edificio donde nos conocimos.- ¡Detente! Ni pienses que te dejaré ir así como estás.
Prácticamente me colgué de su brazo izquierdo para detenerlo pero no pareció importarle, pero comenzó a tambalearse y caimos al suelo.
-¡Ya ves! Te dije que no podías andar así.- busque con la mirada.- debe de haber algo que pueda usar para detener la hemorragia...
-No es necesario que me ayudes.
-¡Claro que si! Tú me ayudaste una vez.
-¿Te puedo preguntar algo?
-¿Eh si dime?.- contesté distraída mientras buscaba que usar para atender sus heridas.
-¿Puedo ir contigo a donde sea que vayas?
-¿¿??.- lo mire confundida. Sus ojos me suplicaban que aceptará.
-No recuerdo nada de mi pasado. Solo recuerdo haber despertado en ese lugar tan solitario. No quiero seguir ahí.
Le dedique una cálida sonrisa.
-Claro que si puedes quedarte conmigo.
¡Hola! ¿Les gustó el capítulo?
¡Haré mi mejor esfuerzo para actualizar en el menor tiempo posible!
Bye bye
