Advertencia: todos los personajes son propiedad intelectual de George R.R Martin.

2.- Vitalidad.

Quería saltar, reír alto, hasta quedarse sin voz, correr y abrazarles a todos; a su padre por permitir que se sintiera tan feliz y llena de dicha, a su madre por animarla, ¡hasta abrazaría a Arya si se dejase! Pero contuvo sus ansias porque era una dama y debía comportarse como tal, aunque lo único que desease fuese estallar de la alegría que sentía correr por su sangre, bombeada desde su corazón lleno de contento.

Tuvo que esperar a la noche, a que todos estuvieran dormidos, para permitirse exteriorizar todo lo que sentía. Dio vueltas sobre la cama, abrazando la almohada, sonriendo como una tonta enamorada, mientras lanzaba pequeños grititos, amortiguados por las plumas del almohadón. No podía parar de pensar en su futuro destino, en su principie de ojos claros, en la hermosa pareja que harían ambos, en cómo sería su boda en Desembarco del Rey, con toda la corte mirándola, asombrados. En su padre entregándola a Joffrey, su amado, la persona que había sacudido sus expectativas, permitiéndole un futuro brillante, mucho mejor del que tendría en Invernalia, llevándosela lejos del frío y la nieve, para convertirla en la reina.

Sentía el martilleo rítmico de sus latidos y la vitalidad de sus sueños haciéndose realidad. Y aunque no durmió aquella noche, amaneció con la piel de porcelana deslumbrante, tan llena de energía que nadie la pudo parar.