Francia, noviembre de 1889
Estaba llegando en barco al continente, a las costas francesas. Parecía increíble, tras casi nueve décadas de sueño por fin había despertado llegado al país que estaba en plena revolución demográfica. Con el paso de tantos años en los cuales la región Gala estuvo en guerra mi duda era si se hubieran producido cambios dramáticos y aquella dirección que me habían dado seguiría vigente.
Solo cinco años después de que se proclamara la republica todo estaba en constante cambio y temía que todo aquel tiempo revuelto hubiera logrado desplazar a los vástagos a otras ciudades y volviera a tener que organizar mi existencia solo otra vez.
En pleno otoño oscurecía bastante temprano y tras una jornada de viaje llegué a la magnífica ciudad de Paris que estaba en constante movimiento, eran las primeras horas de la noche y la urbe parecía no dormir, la vida nocturna era tan animada como la que se suponía que era la diurna, era un completo caos de gente yendo y viniendo, para los que se alimentan matando a otros era el lugar ideal, siempre lleno de extranjeros de paso.
Al haber roto mis ropas típicas del país ingles ahora vestía como un andrajoso marinero con ropas que conseguí en el barco en el que viajaba. Creo que había llegado la hora de cambiar de atuendo y al poseer el don de la persuasión pude hipnotizar al dependiente de una elegante tienda de ropa que me ofreció toda su ayuda y como no, parte de su sangre de regalo pero sin llegar a eliminarlo, mi conciencia estaba demasiado tranquila como para volverla a enturbiar.
Tras un reconfortante baño para quitarme la mugre cambié de atuendo por otra gabardina un poco más moderna con aterciopelado pelaje en el cuello y muñecas, con una camisa blanca bajo un traje de chaqueta de la época muy elegante de color oscuro sin llegar a ser negro al igual que el pantalón y los mocasines. Con un distinguido toque de un bastón que estaba muy de moda aunque lo que no quise llevar ningún tipo de sombrero. Por supuesto no pagué nada por ello, había sido una forzada contribución altruista.
Muy abrigado iba bastante aristocrático así no parecía un cualquier barriobajero, si iba a conocer a otros de mi raza quería estar presentable. Pregunté a los transeúntes la ubicación de la tarjeta y todos se me quedaban mirando como quien había cometido un crimen pero me indicaban hacia dónde dirigirme aunque se notaba que algo maldito se debía de mover por aquel distrito por el temor que infundía en los habitantes parisinos.
La última persona que pregunte, una simpática jovencita vendedora de flores que me miraba con ojos bastante tierno me dijo que no me acercara por allí ya que era un barrio marginal y peligroso. "Mi señor, ¿no habéis leído los periódicos? Solo hay muertes y desapariciones en esa zona maldita de la ciudad." Aquellas palabras me sonaron a la actuación de vástagos pero aunque eso fuera verdad, no tenía nada que temer así que llegué exactamente al lugar donde se me había indicado.
El barrio ciertamente era de lo peorcito de la ciudad, oscuro y tenebroso, ni la policía se atrevía a entrar, solo incautos extranjeros que iban seducidos por las meretrices que había por allí. Por lo que aparentaba en otro tiempo se hubiera tratado de una de las zonas más ricas, ahora se había trasformado en un foco de infecciones, un lugar sucio lleno de putas que se me acercaban ofreciéndome sus servicios, podía oler en su sangre lo enfermas que estaban y las apartaba tapándome la nariz. Maleantes por doquier que podía inducir que deseaban hacerse con el dinero que pensaban que llevara encima y también notaba la presencia de congéneres en el lugar aunque no se mostraran.
Al encararme justamente delante del edificio al que tenía que ir, descubrí como solo del quedaba un inmueble en ruinas quemado por algún incendio. ¿Para eso había esperado tanto? Para no encontrar nada, solo escoria de gente que me estaban a punto de asaltar pero al mírales fijamente revelándoles que no era alguien con quien debieran jugar se marcharon a toda prisa.
Entre para investigar un poco y en el interior se apreciaban marcas de una batalla, como si se hubiera producido un asalto en aquel lugar. Al salir descubrí ahora como había más vástagos en el exterior, cinco individuos me miraban con no muy buenas intensiones; sus ojos brillaban intensamente indicándome su procedencia, se notaba mucho que estaban de cacería y que yo era su presa.
Pensando en las posibilidades eche la vista otra vez hacia el edificio mirando como en una de las ventanas más altas había un personaje de pelo negro que me resultaba familiar, me atrevería a decir que se trataba del chico al que salve la vida años atrás. Alejándome de los violentos estos comenzaron seguirme berreándome para que les prestara atención pero yo los ignoraba como la basura que eran. "¿Qué hace por aquí alguien como tú? ¿No sabes que hay monstruos en la noche?" me decían con un tono nada amigable tratando de ponerme nervioso, más los que debieran estar muy preocupados son ellos.
Al llegar a una callejuela estrecha y oscura que atravesaba un edificio me rodearon mientras me preparaba para matarlos, "Este vampirito no sabe que meterse en nuestro territorio es firmar su sentencia de muerte." Como quien jugaba con un animalillo atrapado hacían violentos gestos amenazadores enseñándome sus colmillos tratando de asustarme, sorprendido por ese temeroso atrevimiento de quienes no sabían quién era solo me quedé quieto preparado para reducir a cenizas a todo aquel que se acercara más de lo debido.
Finalmente corrieron hasta mí para abatirme pero algo pasó pues como caído del cielo apareció un personaje con sombrero de copa y un bastón de mano del que desenfundó una espada elegantemente, se movía tan rápido que solo se distinguía su melena pelirroja; sin ninguna palabra y con pocos movimientos les cortó las cabezas a cuatro de los asesinos que me perseguían antes de detenerse dándome la espalda. El que aun quedaba con vida se alejó a toda prisa gritando al oportuno caballero, "Disfruta matándonos mientras puedas Ventrue, vuestro tiempo se agota, si crees que eliminando a cuatro de los nuestros has conseguido algo estas muy equivocado porque somos más de los que te imaginas."
Ahora solos su melena me resultaba muy conocida, llevaba sombrero de copa, un traje de chaqueta pantalón azul oscuro y el bastón corto en el cual podía enfundar la espada con la que había degollado a los otros.
Por su manejo de la espada y su elegancia esta vez supuse que se trataba de un Ventrue, como bien había comentado el superviviente, esa rama del linaje eran antiguos caballeros vampiros que tienen la obsesión de servir como líderes o guías a otros como nosotros. Esperaba con todas mis ganas de que se tratara de aquel personaje que se había convertido en mi obsesión desde el día en que le vi.
Al darse la vuelta lo reconocí al instante, era el que años atrás había intentado besarme. Enfundó su espada en su bastón tras limpiarla a conciencia de la sangre y se acercó hasta mí mirándome fijamente sin saber bien el motivo. Parecía que trataba de volver a leerme el pensamiento aunque debería recordar que no podía hacerlo, pero al no conseguirlo me dirigió la palabra.
- No deberíais adentraros en los dominios de los Carroñeros, ¿Me pregunto qué hace alguien como usted en un lugar como este? Es un lugar peligroso aun para un inmortal de aspecto tan señorial.
Nadie se había percatado de la pelea y de su bolsillo sacaba un frasco que estaba lleno de un líquido rojo que lo derramó sobre los cuerpos decapitados al igual que sus cabezas, al contacto con aquel elemento comenzaban a desintegrarse en cenizas desapareciendo por completo las huellas del crimen, supongo que era algún ancestral brebaje que o bien le había dado la bruja de su compañera o bien algún otro hechicero pero lo efectivo es que estaba eliminando cualquier prueba.
- Me presentare… soy Camus, vampiro Ventrue de octava generación. – esta vez sí se había presentado formalmente y me ofrecía la mano para que se la estrechara; no se acordaba de mi y eso me extrañó muchísimo pues nueve décadas son poco para la memoria de un vampiro así que supuse que sería víctima de algún maleficio.
- Recuerdo que una vez por un beso me prometisteis amor eterno…. – dije para ver si me recordaba, pero al no conseguir el efecto deseado rechacé estrecharle la mano ni decirle mi nombre indignando a mi "salvador" el cual la retiró sujetando su bastón con ambas extremidades. – Vengo en busca de Afrodita, hace casi noventa años me ofreció que acudiera al encuentro de la fundación de un nuevo sueño para nuestra raza, más ahora que he llegado solo encuentro restos de un edificio en ruinas que ha sido víctima de alguna clase de asalto y un cúmulo de vampiros fratricidas.
- Una lástima que no pueda ayudaros…. – se volvía a acercar a mí tocando mi cara con sus manos las cuales recordaba que eran delicadas y suaves, aun mantenía en mi memoria el momento en el que me había tocado anteriormente. – Creo que os confundís de persona, jamás os he visto y sois físicamente tan fascinante que creo que me cometería el mayor de los pecados si olvidara vuestro rostro…. – no sabía de dónde elegía las palabras pero me encantaba todo lo que decía. – El vástago que buscáis aun está en la ciudad más por vuestra grosería deberéis encontrarlo por cuenta propia. – se marchaba golpeando su bastón bastante enfadado. – Tened cuidado hay seres de las tinieblas por todo París y no son nada amistosos y esta vez no estaré para salvaros.
¿Sería igual de adulador con todo el mundo? ¿Qué le haría pensar que necesitaba que me salvaran? Por un momento se me pasó por la cabeza mostrarle mi fuerza así le daría una lección de humildad pero no quería cometer un error nada más llegar a la ciudad para no causar problemas aparte de sentir una profunda atracción por aquel caballero Francés. Puede que no quisiera llevarme hasta el que me había convidado pero no se libraría de mí y le seguiría sin que me detectara hasta encontrar su guarida.
Comencé a perseguirle por la ciudad a mucha distancia tratando de no tener ningún otro encontronazo con esos carroñeros que plagaban la ciudad. Mi sentido de la vista y el olfato estaban muy desarrollados y aunque se me escapara de mi campo de visión lograba seguir su aroma sin problemas llegando a pensar que quería que lo siguiera pues me guiaba sin ninguna intención de ocultar su rastro y en un momento se dio la vuelta para cerciorarse de que le seguían cosa que yo no dudé en ocultarme del, con una sonrisa me volvió a dar la espalda y continuó su camino.
Alejándose a las afueras de la ciudad hasta una zona boscosa desapareció misteriosamente, parecía que se había esfumado en la nada pero aun su fragancia me indicaba por donde había pasado. Fue entonces cuando me di cuenta de que algo no encajaba pues sentía que había alguna clase de poderoso hechizo por el lugar, estaban tratando de ocultar algo y al acariciar el aire donde provenía aquella magia el entorno se onduló dejándome ver al otro lado como una gigantesca mansión aparecía de la nada.
Debían de estar muy amenazados si se ocultaban de esa manera, algo oscuro pasaba en aquella ciudad de Paris. Dejé pasar los minutos por ver si ocurría cualquier acontecimiento insólito, tal vez podría tramarse de un nido de Ventrues y no eran muy hospitalarios con los extraños pero no dominaban la utilización de la magia y el hecho de que estuvieran protegidos por hechizos daba que pensar que había de más clases.
Yo no pertenecía a ninguno de los Clanes creados por mis hermanos, ellos fueron los fundadores de los linajes de Sangre y en aquellos tiempos yo dormía profundamente.
Aun trascurriendo un cuarto de hora captaba el sutil aroma del chico de me había "salvado" de mis atacantes. Abriendo las verjas caminé por el jardín abandonado a su suerte el cual estaba descuidado, seco y sin formas. Las ventanas estaban tapiadas y no se podía ver lo que había tras ellas. Me coloqué en la entrada y pensé en que debía hacer, realmente no tenía nada que temer más que cometer el error de ofender a Camus si se enojaba porque lo hubiera seguido.
Alce mi mano para tocar en la puerta pero me arrepentí en el último momento, no sabía si estaba preparado para enfrentar mi destino y di la vuelta alejándome de la entrada cuando esta se abrió sola invitándome a entrar. Un humano apareció de repente pidiéndome amablemente que pasara, que me estaban esperando. Era un Ghoul, humanos sirvientes fieles heraldos de los vampiros que eran recomenzado con un poco de su sangre, ellos custodiaban he hacían los recados que sus señores no podían hacer durante el día.
A falta de otra cosa me dirigí hacia el interior el cual estaba todo en penumbras, era una distinguida mansión de varias plantas en las que unas majestuosas escaleras justo delante de mí llevaban a la segunda planta tras la que parecía haber luz en una nueva sala colindante. "Por aquí mi señor." Me guiaba piso arriba, parecía haber gente allí dentro pues voces se escuchaban tras ellas.
- ¡Milo, por fin habéis venido! Llevo esperando por ti desde hace tanto tiempo. – la voz de Afrodita, siempre elegantemente vestido de blanco, sonó de repente saliendo de la estancia de la que provenían la voces. – Hermano has llegado cuando tu raza más lo necesita… espero que nos ayudes. – ¿ayudar? no entendía nada de lo que me estaba diciendo pero supongo que ya habría tiempo para explicaciones. – Pasa y escucha camarada.
Algo me decía que todo no iba a salir como me lo había imaginado cuando abrió las puertas dejándome entrar pudiendo ver un enorme salón circular muy iluminado. Un grupo de personas no más de cincuenta en el interior de aquella sala algunas en cómodas sillas y a los bordes había más sentadas en el suelo o como pudieran, todas alrededor de una palestra central en la que se encontraba un viejo y arrugado Nosferatu que no debía de medir ni un metro.
Aunque parecía que los asistentes estaban desperdigados más bien se agrupaban por Clanes. Estaban los Brujah activistas políticos siempre inconformistas murmurando como de costumbre, los Nosferatu deformes criaturas que todos solían odiar por su inutilidad, también había Tremere los temidos brujos, Ventrue los caballeros descendientes de grandes guerreros, los Toreadores siempre muy altivos y por otro lado había un grupo uno de Tzimisce, vampiros transformistas que poco sabía de ellos.
Me resultaba insólito el hecho de que estuvieran las familias de sangre unidas y en armonía con lo mal que se solían llevar entre ellas por los conflictos del pasado. Al notar mi presencia se creó el silencio absoluto y por un momento fui el centro de atención y todos me miraban. Me percaté que Afrodita que se encontraba a mi lado miró fijamente a un guerrero rubio de ojos azules de aspecto juvenil pero imponente a la vez, parecía que era el líder de los Ventrue, si no me equivocaba se estaban comunicando mentalmente.
Invitado a sentarme donde estaban los más antiguos de los nuestros preferí permanecer de pie cerca de la salida cosa que mi anfitrión entendió poniéndose a mi lado para que no estuviera solo en aquel momento o bien me protegía como si fuera alguna clase de arma secreta.
Estuve observante de lo que ocurría, notaba en las miradas muchos de los allí presentes trataban de leerme el pensamiento pero debía estar blindado contra ellos pues no sacaban nada y volvían a dirigir sus miradas al orador. Por suerte ni se imaginaban de qué generación era, si alguno lo descubrían cundiría el pánico entre ellos, todos los vástagos tienen autentico terror a los siete nietos de Caín pues se decía que si despertaban solo se alimentarían de sangre vampírica y como yo era el octavo por extensión huirían despavoridos.
Echando un vistazo pude localizar lejos del grupo al pelirrojo el cual estaba sentado en un sillón de dos asientos en los bordes de la sala acompañado, como no, de su inseparable compañera que al ver que los observaba se quedó mirándome fijamente, ella si me había reconocido. Aunque he de admitir que me gustó mirar la cara de ambos al ver que me habían ofrecido sentarme junto a los más poderosos vampiros del lugar, puede que eso les venga bien a él para demostrarle que no era tan débil como se pensaba y a ella para que se lo pensara dos veces antes de volver a amenazarme.
- Camaradas, dado que tenemos a un nuevo miembro entre nosotros trataré de hacer un memorándum. El Clan emergente de los Carroñeros están poniendo en peligro la estabilidad de la Mascarada, convierten a nuevos mientras sin control consiguiendo con ello que el equilibrio desaparezca, nuestra raza se desvirtúa a cada nueva descendencia trayendo consigo aquello que todos tememos… el despertar de una nueva era oscura en la que se libraría una guerra abierta entre los nuestros. – dijo el anciano aunque parecía que no contaba con toda la atención de los invitados, sentía que hablaban entre ellos de manera mental.
"Ese es Dohko, uno de los más viejos entre nosotros, de quinta generación, uno de los primeros Nosferatu y organizador de La Alianza de Clanes, luchó en la primera guerra oscura y sabe de lo que habla, pero cree la solución de este conflicto se solucionará a través de la palabra." Cada vez que alguien hablaba alguien me daba alguna información.
Me fijé luego en los movimientos de los asistentes que aunque lo hicieran de manera muy discreta percibía que se estaban comunicando, el chico rubio de ojos claros miraba fijamente a dos gemelos vestidos de negro que aunque estos no les devolviera la mirada se notaba que estaban escuchando atentamente. Lástima que el don de la telepatía no estuviera entre mis habilidades, tenía curiosidad por interceptar lo que estuvieran diciéndose.
Estaba ocurriendo algo turbio en aquella sala y no lograba imaginar que podía ser. Al notar que me había fijado en ellos me dio un poco más de información. "Esos son los gemelos Kannon y Saga, dos poderosos brujos capaces de los hechizos más temibles, gracias a ellos esta mansión permanece oculta a los ojos de los humanos y totalmente protegida de ataques enemigos." Pese a escuchar lo que me decía mi atención se desviaba constantemente hacia Camus que notaba que no le hacía gracia que estuviera estrechamente acompañado por Afrodita.
- Todos aquellos abrazados antes de la décima generación para la carroña estamos pasados de época, están generando a un ejército ante nuestros ojos. Debemos dialogar para tratar de prevalecer sin derramamiento de sangre. Una vez en el pasado las nuevas generaciones se levantaron en armas contra los antiguos y todos sabemos lo que pasó, una incalculable perdida de Vástagos.
- Esas son palabras de cobardes. – habló ahora el líder de los guerreros, el solemne joven en su mano portaba otro bastón con el cabezal de un cisne que debería tratarse de otra de esas espadas. – Nosotros los Ventrue organizamos limpias de la especie cada noche pero proliferan como una infesta de ratas. Debemos erradicar el problema de raíz, hay que provocar la próxima Guerra Oscura sin recurrir al dialogo que solo juega en nuestra contra.
"Hyoga, un caballero cruzado muy poderoso, maneja la espada como si formara parte de su anatomía, se dice del que tiene el poder de la ubicuidad, pudiendo estar en dos sitios a la vez." La presencia de aquel que hablaba era llamativa pero yo aun seguía con la mirada puesta en mi objetivo enfureciendo a su amiga que no paraba de tratar desviar su atención hacia ella, estaba logrando irritarla y como no lograba atraer la mirada del Francés de su cuello colgaba otra pequeña cadena con una bolsita la cual al acariciarla consiguió que el chico le prestarle toda la atención, se notaba que le estaba haciendo brujería.
La Guerra Oscura, una lucha que ocurrió hace siglos en la que los vástagos más jóvenes trataron de eliminar a los más viejos entre los nuestros, pero que fracasaron estrepitosamente, por lo que podía entender en el interior de aquella ciudad se estaba forjando un ejército de las tinieblas para una nueva contienda. Según me comentó, el edificio al que me había mandado había sido atacado años atrás por la Carroña logrando una victoria aplastante por su elevado número y pasaron a controlar aquella parte de la ciudad. No era recomendable que los vampiros más recientes tomaran el mando pues al ser jóvenes creían en el ideal de que los humanos tenían que ser tratados como ganado y las muertes de inocentes se contarían por millones.
Fue entonces cuando todo su plan me fue revelado susurrándome al oído sus intenciones, "Tu aparición marca el inicio de un plan que llevo forjando hace años, destaremos el conflicto ahora mismo que la noche aun es joven." No había hecho más que llegar y ya me estaba metiendo en aprietos, mi existencia que por lo general siempre ha sido pacífica estaba ahora evocada a un acto de violencia. "Hace años lograsteis paralizar Londres por completo ahora te pido que hagas lo mismo con París, así nos darás tiempo para eliminar a nuestros enemigos de raíz."
Quería que utilizara mis don de dominación del tiempo para sus propósitos y la idea no me parecía mal del todo pues había que parar la proliferación de aquellos que buscan hacer del mundo un nuevo infierno y mientras yo no me machara las manos de sangre pues no me importaba colaborar.
- La batalla se librará esta noche…. – ese tal Hyoga estaba llevando la voz cantante colocándose en el centro de la sala desplazando al anciano. Aunque no entendía el por qué de todo estuviera yendo de manera tan precipitada. – Sabemos que hay espías entre nosotros y no dejaremos que alerten de tales intenciones a nuestros enemigos.
Todo estaba ocurriendo muy rápido, el murmullo en la sala era bastante elevado. Los líderes de los Clanes parecían conocer los detalles de la situación y organizaban sus tropas contándoles lo justo, si había infiltrados no debían saber que yo sería quien le diera la ventaja de la victoria a la Alianza.
- Con la violencia no hemos ganado en años… ¿Cómo pretendéis cosechar una victoria que no hemos logrado en décadas? – tratando de calmar los ánimos el anciano llamaba a la razón, parecía que él no había sido informado de los planes secretos.
Afrodita dejándome solo al lado de la puerta se agrupó con ese tal Hyoga, Kannon y Saga para relevar de sus funciones al veterano dirigente que no estaba nada conforme pero que poco podía hacer perdiendo el control de la situación. Iban a provocar una guerra y yo solo tenía ojos para el motivo por el que había llegado a aquella casa y que estaba ensimismado con la chica que le estaba haciendo maleficio. Primero ayudaría a limpiar la faz de la tierra de la escoria que la habitaba luego iría directamente a por ella, esta vez no podrá hacer nada para separarme del.
Todo estaba tomando un ritmo vertiginoso, ni en mis más remotos sueños me imaginaba que mi marcha al continente iba a significar entrar en guerra. Salí de la sala a la planta baja un poco colapsado por todo mientras en el interior los que apoyaban la revuelta se estaban envalentonando. En la entrada había dos guardias y tras ellos un conjuro de confinamiento, por lo que se notaba no iban a dejar salir a nadie hasta que no estuvieran todos organizados.
De repente salió mi anfitrión con los otros líderes pidiéndome que los siguiera hasta un cuarto en el último piso de la casa en el que solo había una ventana que daba hacia el jardín interior y que estaba protegido por fuertes hechizos de contención, suponía que era para evitar que si había traidores se enteraran de lo que planeaban.
- ¿De veras crees que podrá paralizar la ciudad? – Hyoga dirigiéndose al peliblanco me miraba desconfiado. – Llevamos preparando tu plan años y estamos arriesgando mucho como para cometer un error que nos lleve a la aniquilación.
- Capaz o no había que hacer algo. – surgió de repente Saga el brujo. – Tengo todas las salidas de la casa bloqueadas, en todos los planes que organizamos el enemigo se anticipa antes de que podamos sorprenderle. No pienso esperar sentado a que lentamente nos exterminen, no es mi idea de pasar la eternidad, o atacamos ahora o ellos se harán más numerosos a la inversa de nuestras fuerzas.
Sabias palabras de aquel líder Tremere, yo accedí a colaborar pero con la condición de no mancharme las manos de sangre. Si querían que lo paralizara todo eso haría pero luego también pediría que esa tal Shaina se aleje de Camus, si esos eran los líderes de los Clanes suponía que podía usar un poco de su influencia así no tendría que eliminarla y su ira sería incalculable.
Me dejaron solo en aquella sala durante al menos una hora, cuando por fin llegó Afrodita indicándome que ya estaba todo listo. Había llegado la hora de actuar y concentrándome pensé en el momento en el que por fin podría tener a mi lado libre de influencias a Camus, quería conocerlo profundamente. Ese sentimiento me fue suficiente como para reunir fuerzas enrojeciendo mis ojos con gran energía, tenía que paralizar a todos los que estuvieran fuera de la casa y eso requería unos minutos de meditación. El peliblanco se alejó un poco de mi al ver mi proceder exclamando un "¿Qué es lo que eres…?" suponía que se había dado cuenta de que no era un Vástago normal.
Una honda psíquica surgió de mí extendiéndose hacia todos lados logrando mi objetivo sin ningún contratiempo y no podía imaginar hasta donde había llegado la paralización, pero presentía que desbordaban los límites de la ciudad. De repente entró en la sala Hyoga asombrado por lo que ocurría en el exterior, "¡Ha funcionado! No me puedo creer que lo haya logrado." Estaba eufórico desenfundando su espada. "¿Hasta cuándo puedes mantenerlos así?" me preguntó ansioso de iniciar la purificación de la especie, yo le respondí que mientras no perdiera la concentración podía estar así todo lo que quisiera.
Finalmente las puertas de la casa se abrieron y los ejércitos de la Alianza salieron como animales sedientos de venganza en busca de la Carroña. Me habían dejado dentro de la sala custodiada por dos guardias en el exterior y protegida por los hechizos, así permanecí hasta nuevos acontecimientos. Tanta seguridad no creo que fuera necesaria pero si eso les hacía sentir más felices a mí me daba lo mismo.
Con el paso del tiempo me aburría bastante, pensaba que como debían de estar las cosas por ahí fuera, ¿estaría cortando cabezas el galán pelirrojo? Muchas preguntas me pasaban por la mente cuando en la ventana chocó una piedrita llamando mi atención.
Al asomarme vi a Camus semioculto entre los matorrales del jardín, me estaba invitando a acudir a su encuentro. Por un momento pensé que no debería de hacerlo pero temeroso de mi suerte abrí la ventana atravesando el hechizo de protección que en mi no causaba ningún efecto y los guardias de que estaban fuera ni se enteraron que me fugaba.
Mientras no perdiera la concentración podía moverme con libertad sin que el tiempo volviera a su curso. Salté desde lo más alto de la mansión sin hacerme daño al llegar al suelo, por aquella zona no había nadie y en nada llegué hasta donde se encontraba atravesando un cementerio que había en aquella parte del jardín.
Sujetando mí mano me llevó campo a través alejándome de la casa, no creo que se tratara de una emboscada, él había arriesgado su vida defendiéndome sin saber quién era y sin ningún motivo, no podía ser uno de esos traidores que habían mencionado antes. Pero en el caso de que se trataba de una trampa lo iba a pasar bastante mal por eso me dejaba arrastrar por él a donde me quisiera llevar, quería saber que pretendía. Pero todos mis temores se fueron cuando llegamos a un claro entre los altos árboles en el que no se podía contar la cantidad de estrellas que había en el cielo.
- ¿No te sientes insignificante cuando contemplas algo tan majestuoso? – elevaba sus manos al cielo mientras parecía estar muy excitado emocionalmente. – Creo que he estado soñando con este momento cada noche de mi pésima existencia, tú y yo bajo un manto estrellado.
- ¿Por qué juegas conmigo? – me extrañaba mucho esos cambios tan repentinos de no sabes quién soy y luego me decía que me llevaba esperando toda su vida. - ¿Qué te hace pensar que quiero seguir tu juego?
- No hay ningún juego… creo que os llevo viendo en mis sueños desde hace mucho tiempo pero siempre como un recuerdo esquivo, como si una influencia externa me hiciera olvidaros a cada despertar. – suponía que era por el efecto de su inseparable amiga. – No hace mucho me comentasteis que una vez por un beso os ofrecí mi amor incondicional.
- Es difícil amar a alguien cuando tienes a una inseparable compañera. – me volvía a empujar contra un árbol rememorando la escena de hace casi noventa años, espero que esta vez sin intromisiones. – ¿O acaso miento al decir que no sois libre mientras permanezcáis bajo el embrujo de esa mujer?
- Decidme vuestro nombre…. – me lo decía acercando sus labios a los míos. – Dejad de torturar mi alma atormentada por la incertidumbre de no saber cómo os llamáis.
– Si eso os hace sentir mejor os diré que se me conoce como Milo…. – al decirle mi nombre vi como su mirada resplandecía de felicidad. – Besarme puede ser muy peligroso, no creo que jamás lleguéis a imaginar quien soy en realidad.
- Milo… es un nombre sensual… y no os tengo miedo… me arriesgaría a ir al infierno y volver si solo con eso os contentara. – sus labios estaban por fin coincidiendo con los míos. – Me gusta el peligro, siento que tú eres peligroso y eso me atrae como ni pudieras imaginar.
Por fin había culminado lo que había empezado, nuestros labios fluían el uno con el otro sin cesar. Era el primer contacto de esa clase que vivía y me gustaba, más bien me encantaba, por primera vez sentía que mi alma se apaciguaba encontrando paz, una paz que iba en aumento cada segundo.
Pero en un abrir y cerrar de ojos el encanto se perdió pues la bruja apareció apartando al joven con una fuerza inimaginable lanzándolo por los aires mientras me clavaba una estaca de madera en el corazón. Al contrario de algunas creencias la estaca en el corazón paraliza a los vástagos sin llegar a matarlos. No pude reaccionar a tiempo, quede paralizado totalmente y mi concentración se esfumó haciendo que el tiempo volviera a su curso.
Caí al suelo sin poder moverme, ¿había sido todo una trampa? Un sutil plan de aquella arpía que me miraba victoriosa, ¿habían jugado conmigo? Tal vez hubiera pecado de inocente pero cuando vi que Camus se levantaba indignado por la intromisión me tranquilicé al saber que al menos él había sido sincero y que iba a tratar de ayudarme pero se vio inutilizado cuando la chica sacó aquella bolsita del cuello, se había convertido en un zombi sin voluntad.
"Te advertí que no te acercaras, te lo pedí amablemente y tientas mi ira provocándome." Me sujetó por el brazo y me lanzó al centro del claro para luego darme una patada en la cara y quedarse pisándomela. "Me llevo a Camus muy lejos de aquí, no te preocupes que yo le haré feliz y por supuesto haré que te olvide totalmente." Me estaba dando la impresión de que ella era la traidora de la Alianza. Me iba a dejar allí sin poder pedir ayuda a expensas del amanecer. "La Carroña eliminará por completo a los de generaciones más poderosas… pobres ignorantes que no saben qué futuro les aguarda, hemos jugado con ellos como si fueran marionetas." Se marchaba acompañada de su títere que estaba en la inopia deseándome un feliz día.
Me quedé allí solo, tras haber acariciado el cielo me han devuelto al infierno de la soledad. Una mujer, una arpía había logrado enfurecerme como nadie jamás lo había hecho pero como no podía hacer nada para solucionarlo a menos que ocurriera un milagro tuve que contenerme.
¿Había una mano negra detrás de todo esto? ¿Quién podría estar interesado en destruir a los vástagos más poderosos y por qué? ¿Cuál era el motivo por el que ayudaba a la Carroña si al fin y al cabo ella también era su enemigo? ¿Qué sería ahora de Camus? ¿Haría que me olvidara otra vez? Me había besado y con ello entregado su corazón, espero que no lo olvide nunca. Aunque sonara un poco cursi el hecho de que me lo dijera me gustó.
Las horas pasaban y el amanecer ya estaba tan cerca que la claridad en el firmamento comenzaba a ser peligrosa. Mi tiempo se agotaba sin remedio, ya era muy tarde como para que alguna ayuda estuviera aun despierta. ¿Cuál hubiera sido el resultado final de la batalla?
Por primera vez no deseaba morir, quería continuar pues mi camino aun no estaba completo. Mirando al cielo como cambiaba de color apareció sorprendentemente un rostro conocido, Shiryu, aquel al que salvé la vida tiempo atrás.
"¿Necesitas ayuda?" aquellas palabras sonaron a canto celestial y sin decir nada más sujetó la estaca de mi pecho y la arrancó desgarrándome provocándome un dolor incalculable pero mis heridas cerraron rápidamente recuperando el poder del movimiento al instante. El dolor pasó rápido convirtiéndose en una rabia difícil de controlar. Me incorporé sujetando por el cuello al pelilargo levantándolo en el aire.
- ¿A dónde se lo han llevado? – estaba realmente furioso. – Dímelo ahora y pensare en dejarte vivir.
- No sé de qué me hablas, la Carroña ha expulsado de la ciudad a los vampiros más viejos, han prendido fuego a la ciudad y ahora poseen el control total de Paris. – le estaba partiendo el cuello cuando contuve un poco mi fuerza. – ¿Quieres un poco de venganza? Ahora está todo el ejército rebelde dentro de la mansión celebrando la victoria, la han tomado como su nueva sede.
Aun había tiempo para una vendetta, soltando al que me había salvado volví a la enorme residencia la cual había sido invadida por toda aquella escoria. No sabía que había sido de los ejércitos de la Alianza ni como pudieron perder la batalla, pero todos los que allí había iban a sufrir lo que no podían imaginar.
De una potente patada reventé las puertas de entrada trasera causando confusión en mi enemigo que era realmente numeroso, le iba a demostrar porque debían temer a los de mi generación. Al entrar tenía un objetivo claro, encontrar al líder del grupo y sacarle la información que necesitaba. No tuve que pensar mucho pues se delató así mismo cuando ordenó a los demás que me eliminaran. Proyecté esta vez una honda de energía incendiaria que arrasó con todo lo que se interpuso a su paso prendiendo fuego a la casa también.
Unos minutos antes del amanecer había eliminado al temido ejército de la Carroña supongo que no se imaginaban lo que les iba a pasar y se agruparon todos en el mismo lugar. El calor era tan intenso que en unos minutos la edificación se derrumbó completamente. Salí de la casa con el único superviviente que había querido dejar vivo, si era el jefe era un tipo bastante normalito que se agitaba como un animal herido.
Pidiéndome que le dejara vivir solo le sujeté el cuello dejando que viera mis temibles colmillos, sin preguntarle nada le morí la yugular tomando su sangre, se me estaban revelando sus planes secretos.
Los Giovanni, esa familia Italiana que supuestamente era muy peligrosa, ellos habían dado apoyo logístico a aquellos descerebrados. ¿Por qué? Ni siquiera ellos lo sabían, pero parecían tener especial interés por la erradicación de los más antiguos entre los nuestros. Shaina era una de las que trabajaban para ellos y era la encargada de trasmitirles todos los movimientos de la Alianza, por eso sus planes siempre fracasaban.
Cuando acababa con la vida de aquel elemento su cuerpo se deshizo en cenizas al tomar del su última gota de sangre. El sol ya estaba a punto de salir y sentía el calor del nuevo día, debía enterrarme o buscar algún sitio donde pasar las horas de luz pensando en un plan de acción contra quienes me habían hecho tanto daño.
Fuera, mirando los acontecimientos, aun estaba ese Shiryu que lo había visto todo. No tenía prisa por esconderse por lo que parecía pues estaba muy tranquilo mirando lo que hacía. Por fin vi a lo lejos un pequeño panteón en el cementerio que había tras la casa y lo abrí metiéndome dentro e invitaba a acompañarme a mi salvador antes de que fuera destruido.
- ¿Por qué haces eso? – me preguntó como el que hablaba con un demente. - ¿Por qué te ocultas de la luz?
- El sol nos hace añicos ¿recuerdas? – pensando que no tenía que estar muy cuerdo iba a cerrar las puertas dejándolo fuera.
- Si solo fueras un ser de las tinieblas si…. – no tenía ni idea de lo que me estaba hablando. – Confía en mí y quédate a mi lado, puede que nunca te hayas atrevido a afrontar la verdad de tu condición.
No sabía porque pero confié en sus palabras, salí colocándome a su lado temiendo cualquier cosa, el permanecía de pie mirando el horizonte esperando lo que tuviera que pasar. Los primeros rayos del sol nos impactaba sin hacernos daño pero por inercia lo primero que hice fue cubrirme pero al notar que no sufría ninguna consecuencia me preguntaba que estaba pasando.
Sonriéndome al ver mi reacción me habló "Creo que no sabes nada de ti mismo." Aquel desconcertante chico estaba rompiendo los pilares de mi existencia me daba la mano para que pudiera ver por primera vez en tanto tiempo el inicio de un nuevo día.
- ¿Qué ocurre aquí? – tenía una curiosidad tremenda porque me revelara todo lo que pudiera saber sobre mí.
- Las fuerzas demoníacas tiene a un gran número de seres poblando la tierra… pero aunque te parezca mentira las del bien también posee los suyos; tú estás entre ambos mundos pudiendo elegir el bando al que quieres pertenecer aunque siempre lo has tenido claro. Tienes una misión que cumplir… debemos detener el Apocalipsis que se avecina.
A cada capítulo de mi vida cambiaban las cosas cambiaban de manera incontrolable.
