Disclamer: Los personajes de Junjou Romantica le pertenecen a Shungiku Nakamura. Sólo hago esto por diversión y sin fines de lucro.
Insensatez.
Capítulo 2: El mensaje.
La verdad era… que había salido a tiempo de la oficina. A penas vio a su jefe salir, comenzó a preparar su propio maletín, documentos y pertenencias. Casi había olvidado su bestón en la silla. Había un sentimiento extraño en su pecho, algo que sintió sólo una vez antes, una presión que hacía que el tiempo se apresurara y lo dejaba corriendo a tropezones para alcanzar el hilo de lo que ocurría. Sentía su corazón traspasarle el tórax, golpeaba tan fuerte que lograba hacerle padecer de una pequeña punzada a cada paso. En su boca, una sonrisa trataba de instaurarse, sin pasar ni un poco la barrera de su mente y fallando en aligerar la rigidez de su rostro.
Estaba llegando a su límite, entre la confusión inicial de la propuesta y el desenlace final había estado en una especie de nube que simplemente le mostró lo divertido del asunto, lo conveniente a su vista y el romántico impulso. Pero ahora, con el corazón saliéndosele del pecho, la mente tan atormentada por imágenes y proyecciones de un inevitable fracaso, la culpa recorriéndole la espina dorsal al imaginar la tristeza reflejada en los ojos de su amante cuando le dijera que no iba a asistir, nada de eso parecía ser ni romántico, ni divertido, ni conveniente. Sentía que la respiración se le iba a ir de un momento a otro, que su cuerpo caería de lleno al cemento haciendo una escena. Su rostro se contrajo en una expresión mucho más serena con cada nuevo fragmento de aquel rompecabezas fatalista que incluía cada versión posible de rompimiento, cada ilusión que no se haría realidad, cada recuerdo valioso y cada frase hiriente que le lanzaría el de cabello azabache al avanzar la noche.
Estaba nervioso, pero la traición era algo impensable para él. De ninguna manera. No podía dejar a Ryuuichiro solo e ilusionado en el apartamento. Muy bien sabía que el corazón rencoroso de su amante se lo cobraría. Al aceptar salir juntos, había aceptado todo reto que impusiera su relación, por muy insalvable que pareciera. Aunque, debía admitir que nunca había pensado que sería él mismo quién terminaría imponiéndose el reto más excéntrico en la historia de su amor. ¿Qué iba a hacer si desilusionaba al azabache apenas se encontraran? Sabía perfectamente la edad en la que estaba. Él mismo se cuestionaba el sentido de su vida al percibir el extremo cansancio que le tumbaba por las noches, al ver sus propios ojos extenuados y opacos, al sentir que cada día había menos cosas que pudiera hacer para descubrir lo mucho que amaba al hombre al que había encomendado su vida.
Se detuvo para mirar su reloj, aún había mucho tiempo, de hecho, se sintió mucho más avergonzado al notar que, con suerte, recién había llegado a la esquina siguiente de la calle en la que estaban las oficinas. La mirada y reverencia que les dio a las empleadas que se despidieron de él al encontrarlo fueron tan impresionantemente ilustres que por la expresión de consuelo en sus rostros se percató de que no podía seguir más con aquella actuación. Era hora de ponerse en marcha y asumir las consecuencias de sus actos.
Llegó hasta la estación de tren y se encaminó a Shibuya, donde seguramente encontraría algo útil, al menos un punto donde comenzar. Observó, sin cambiar su semblante, ni decir una sola palabra, a cada hombre vestido de manera informal que subió o bajó del metro, toda información era favorable para hacerse una idea de lo que estaba a la moda, sin embargo había demasiadas alternativas, demasiadas combinaciones que podría usar. Al parecer esto le tomaría aun más tiempo del que había pensado.
Al acercarse a las primeras tiendas, realmente no sabía qué hacer, buscó varias de las prendas que vio por las calles, dejó que las vendedoras le aconsejaran y le prestaran al menos 3 conjuntos diferentes de los cuales no compró ninguno. Estaba tan indeciso. Sin embargo sabía exactamente lo que necesitaba, su meta era algo que realmente le hiciera destacar frente a Ryuuichiro. Que le hiciera ver diferente, pero que resaltara aquello que más le identificaba. El problema era que ni siquiera estaba seguro ahora de qué era eso que lo identificaba.
Era imposible explicarse qué lo había llevado a aceptar una idea tan descabellada, pero estaba seguro de que alguna relación tenía con la insistente necesidad de sentir a Ryuuichiro cerca de su corazón, de verlo sonreír ante sus atenciones, de sentir las miradas complacidas que le daba cuando no estaban frente a frente, de sentir sus manos recorriéndole el cabello mientras dormía y buscándolo en medio de la noche para acercarlo a su cuerpo. Jamás permitiría que el azabache se propasara en horas de trabajo, él era plenamente consciente de la posición en la que se encontraba ese hombre, pero sabía bien que necesitaba sentirlo en el aire, saber que pensaba aunque fuera un segundo al día en él, en su relación, en los recuerdos que tenían de todos los años que llevaban juntos. Era indispensable verlo dormir todas las mañanas y contar al menos diez de sus respiraciones antes de levantarse. No había más motivo que su amante para hacer un desayuno que valiera la pena y compartirlo antes de ir al trabajo. Siendo privilegiado de poder vivir esa rutina todos los días, no importaba tener que mantener una cara de póker el resto del día para evitar que los corazoncitos le rodearan, era un esfuerzo mínimo.
Ryuuichiro le hacía sentir real. No necesitaba verse diferente cuando estaba con él, no necesitaba hablar de más, ni ser más amable, ni verse calmado, ni ser eficiente. Cuando estaba con él su mente estaba en paz, y no necesitaba hacer nada para sentirse conforme, todo parecía estar en el lugar correcto y cada cosa que hacía surgía con total naturalidad. Siempre había pensado que pudo optar por muchos caminos, buscar una esposa, tener una familia, pero todo aquello le hacía sentir intranquilo, cansado, se agobiaba al pensar que no habría un lazo más fuerte que el compromiso, que todo ocurriría porque "tenía que ocurrir". Nunca quiso eso. Quería una vida en que las cosas "sólo ocurrieran", que nada pudiera evitar que la satisfacción calmara sus anhelos. Dejar que su entrega a la persona que amaba superara cualquier oscuro compromiso que no le dejara amar más allá de los límites.
Por eso él absorbía todo lo que el azabache pudiera darle, toda mirada, toda orden, todo susurro, todo pensamiento, toda queja, toda acción precipitada. Lo tomaba y lo agradecía. Porque todo aquello le daba la oportunidad de amarlo un poco más. Eran su alimento, eran su sustento, todo lo que salía de Ryuuichiro hacía crecer su amor y le permitía resistir cualquier ataque de ansiedad y miedo, cualquier miseria que la sociedad le arrojase por amarlo, cualquier obstáculo que su propia inseguridad le creara. No necesitaba alterarse, porque mientras Ryuuichiro siguiera a su lado, su propia fortaleza y seguridad sólo seguirían aumentando.
Cuando al fin se decidió por la ropa que usaría, se sintió aliviado y un poco más de confianza comenzó a crecer en su corazón. Lo único que esperaba de esa noche, era poder ver satisfacción en los ojos de su amante. Sentir, en su suspiro, lo complacido que estaba. Que notara el enorme esfuerzo que hacía por cumplir todas sus peticiones, por compartir con él sus más alocadas fantasías, y regodearse de que no había nada más perfecto que conocer y disfrutar de las más diversas situaciones junto a la persona que amas. Que no sólo importaba lo que hacían, si no los sentimientos que descubrían el uno del otro al hacer aquello juntos. Conocía a Ryuuichiro hace años, pero aún hoy, quería tener todas sus reacciones y saber de todas aquellas cosas que le gustaban.
Envió un mensaje al azabache esperando que le ayudara a alejarlo del apartamento antes de que él llegara. Sería incómodo encontrarse y que este siquiera adivinara la cantidad de preparaciones que había planeado antes de que comenzara su salida. Al momento le llegó una respuesta con una dirección que sólo logró inquietarlo nuevamente. Se concentró en alejar la vergüenza de sus pensamientos y organizar las tareas que debía cumplir antes de salir de casa nuevamente.
Una ducha larga y relajante, nunca le había gustado usar la tina. Una comida sencilla y liviana mientras esperaba a que su cabello terminara de secarse. Volvió a la habitación y comenzó a sacar todas las prendas que había traído de las tiendas. Las miró ordenadas por un largo rato, pensando si realmente debía usarlas, o sólo rendirse y utilizar el traje más sencillo que tuviera. Recordó el mensaje. Algo sencillo no sería la mejor opción para ingresar en ese lugar. Suspiró para alejar su inseguridad nuevamente.
-"Debo tomar esto como si sólo fuera a un evento especial y extraño. No debo darle más vueltas. Sólo hacerlo".- pensó mientras se quitaba la bata para comenzar a vestirse.
Una a una fue poniéndose las nuevas prendas, su olor le hacía sonreír al acercarse a ellas. Había olvidado la última vez que se había consentido a sí mismo con algo tan trivial como comprar ropas nuevas. Sus últimos días sólo habían sido de trabajo, observación y descansos premeditados. Hacía meses que no salía de casa para algo que no fuera el combini o el supermercado. Una emoción infantil comenzó a crecer en su interior mientras pensaba en lo agradable e inesperado que era el hecho de que esta simple propuesta le hiciera pensar tantas cosas, hacer tantas cosas distintas y reviviera sensaciones que hacía tiempo había olvidado. Parecía como si cada cosa de su vida tuviese un pequeño toque de Isaka ahora, aunque fuera sólo una gota de él.
Abrochó su cinturón y fue en busca de unos mocasines que había pensado perfectos para la ocasión. Se sentó en la cama para abrocharlos sonriendo levemente. Era justamente eso, poder sonreír naturalmente cuando estaba en aquél lugar que compartían, cuando estaba pensando en él, lo que le demostraba que su vida era perfecta. Incluso ahora, solo en el apartamento, sentía que ahí podía estar tranquilo, que nada le perturbaba, que nadie le restringía. Jamás podría soportar tener que vivir su vida de otra manera. Lejos de él. Jamás podría amar a alguien más en la forma en que amaba a Ryuuichiro. Ninguna persona antes, ninguna persona después podría hacerle sentir tanta plenitud y libertad como lo hacía ese hombre orgulloso, sarcástico e infantil. Él removía y manejaba sus sentimientos hasta ponerlos en un estado manso, con la facilidad y el permiso que nunca nadie más volvería a poseer.
En el momento exacto en que terminaron esos pensamientos, otro mensaje llegó a su teléfono, miró la hora antes de revisarlo. Era tarde. Casi una hora más de la acordada para el encuentro.
-"Kaoru, Idiota. Me dejas aquí tomando solo, como un perro… ¿Con quién estás?, ¿Es más bonita que yo?"…-
Sonrió al leer el mensaje, era tan típico de él, pero lo conocía y sabía que el siguiente mensaje ya no sería una broma tonta para avergonzarlo. A los pocos minutos en que se puso la chaqueta volvió a sonar el aviso de mensaje.
-"Si no vienes en 10 minutos, me voy a tirar a un rubio que no ha dejado de mirarme en toda la noche."- Sintió un vuelco en su corazón al leer las palabras en su celular.
Ese era. El impulso que necesitaba para terminar sus preparaciones. No era miedo. No era enojo. No era valentía. Era un reto. Se dirigió al baño. Mojó sus manos con un poco de gel para acomodar su cabello. Esparció algo de perfume por su cuello y sus muñecas. Se dirigió a la entrada para recoger sus pertenencias esenciales y salió rumbo a la dirección acordada.
Nota de Asu: Hola a todos, muchas gracias por leer. Kyaaa ya casi se encuentran. Okay, Okay, respiremos. Este capítulo y el siguiente van dedicados a Clarita y Mia del Tumblr ConfesionesJunjouSekaiEs, ya que si no fuera por ellas y la pregunta de cierto anónimo sobre mensajes de ukes borrachos este capítulo jamás habría existido (sí, de ahí salieron los mensajes de Isaka). Este capítulo fue difícil de terminar. Me di cuenta de que es mucho más sentimental que el anterior, pero la idea era esa, compartir los pensamientos de Asahina ya que en realidad no los deja salir muy a menudo. Me gusta la idea de que Asahina es un romántico empedernido y que mientras más emociones siente más serio se vuelve. Como si fuera un método de autodefensa para no dejar que alguien se aproveche de su excesividad emocional. Jajaja, espero sea una opción para ustedes también. Fue difícil hacerme una referencia sobre su personalidad y sus pensamientos ya que es muuuy poco lo que se deja ver en los capítulos de anime y los mangas de Mistake, cómo que en todos le dan más relevancia a Isaka y Kaoru sólo reacciona a él. Me lo imagino un poquito obsesivo y muy meloso telepáticamente. Espero no haberlo alejado mucho de su forma de ser original. Espero que lo hayan disfrutado y esperen el siguiente. Un abrazo.
