CAPITULO 2: Dulce y helada sensación...
"En el juego del amor,
el que menos ama es quien tiene ventaja."
(Soulmate)
En mi cabeza su imagen parecía aún parte de mi sueño. No sabía si estaba aún dormida o ya había despertado, pero cuando él se bajó de la ventana para acercarse a mi con una ligera preocupación bailando en sus facciones, supe que estaba despierta porque aquella extraña calma me inundó por completo.
- Bella, ¿estás bien? – preguntó Jake sentandose en el borde de mi cama.-
- ¿Qué... qué haces aquí?.- mis palabras se atropellaban unas a otras producto de la confusión de mi sueño. Ni siquiera me preocupaba realmente porque estaba él en mi habitación, mi cerebro solo repetía una y otra vez el final del sueño. ¿Había mordido yo a Jacob? ¿Era su sangre la que calentaba mi frío cuerpo? ¿Era eso lo que hubiera pasado si...?. Me negué a terminar la pregunta.
No.
No.
Me repetí mientras sacudía la cabeza horrorizada. Yo nunca haría daño a mi amigo, jamás sería capaz de hacer eso.
- ¿Estás bien, Bella? – seguramente yo estaba actuando como si estuviera en shock, pero realmente lo estaba. Sus fuertes y cálidas manos me agarraron por los hombros y me sacudieron suavemente.- Bella, reacciona, tienes una cara que da miedo.-
- Ja... ke ... – mi cuerpo tembló recordandolo todo otra vez. – estas... bien.- me dije a mi misma en voz alta, aliviada de que solo hubiera sido un sueño.- Estás bien.- Reiteré con más seguridad de lo que estaba diciendo y una sonrisa se dibujó tenue en mi rostro.-
- Claro que estoy bien, eres tú la que no está bien. ¿Qué te pasa? ¿Un mal sueño?.-
- Sí... sí...- alejé las imagenes de mi cabeza. Ya habían sido demasiadas reposiciones para ese horror.- ...yo solo... ¿cómo has entrado?.- Una sonrisa avergonzada se extendió por su cara.
- Yo... suelo rondar cerca de tu casa. Estoy más tranquilo si soy yo quien vigila la zona más cercana a donde tú estés... entonces, pude oirte y parecías inquieta. Estaba preocupado.-
- ¿Oirme? ¿Cómo de cerca estabas? – pregunté extrañada. Podía imaginarme a aquel enorme lobo paseando casi al límite de mi jardín. No era algo que me extrañara, Jacob sería capaz de eso y más, pero también me imaginé la cara que pondrían los vecinos si por cualquier cosa miraran por la ventana en medio de la noche. No creo que nadie se creyera que tenía un perro muy muy grande.-
- No es eso. Sí, bien... estoy bastante cerca, pero no es eso. Soy un lobo, tengo un oído muy fino, podría oirte a más de 5 kilometros seguramente.-
- Oh, espero que no me espies mientras me ducho.- bromeé y él pareció sentirse mejor al ver que aquello no me molestaba del todo.-
- No, pero sólo porque si yo lo hago, todos los de la manada lo sabrían también y supongo que a ninguno de los dos nos haría gracia eso. ¿verdad?.- la sonrisa de Jake era un balsamo muy efectivo para todos mis dolores, y el hecho de que pasara la mayoria del tiempo sonriendo lo hacía convertirse en una droga que yo no era capaz de dejar. Me sentía como una de esas personas que se vuelve adicta a la morfina tras una lesión de espalda. Al principio solo quieres que desaparezca el dolor, pero cuando ya apenas hay dolor no eres capaz de dejarlo por miedo a que el dolor vuelva más fuerte que nunca y tú no estés preparado.-
- No, la verdad que no me haría demasiada gracia.- Su mano se movió hacia mi pelo en un gesto que pretendía calmarme de mis pesadillas, pero ese gesto sólo consiguió crear algunas nuevas. Los recuerdos de las noches en que era Edward quien hacía estas cosas se hicieron presentes en un segundo. Durante meses yo no había dormido sola ni una sola noche. Tuviera sueños agradables, pesadillas aterradoras o simplemente durmiera tranquila, siempre había alguien al abrir los ojos. Él también pasaba sus dedos por mi pelo, respiraba cerca de mi para olerme y me miraba con el mismo brillo en los ojos. El paralelismo era casi enfermizo, pareciera que alguien le había dado a Jacob Black un guión con los pasos a seguir para convertirse en Edward Cullen.
Le aparté la mano de mi pelo tratando de no ser grosera, pero la mantuve entre las mias. Él era siempre tan cálido que yo me sentía helada en comparación. No quería pensarlo, pero supongo que esto era lo que siempre sentía Edward. Era agradable esa calidez que podía entibiar tu piel por más fría que estuviera.
- ¿En qué piensas? ¿Estás molesta de que me haya colado aquí? -
- No, no pasa nada. Es solo que... me trae recuerdos. Recuerdos no muy agradables.-
- Ya me supongo... tu cuarto apesta a él incluso después de tanto tiempo.- dijo mientras arrugaba la nariz con verdadero desagrado.- De todos modos digamos que esto es solo una visita de trabajo... aunque para mi también sea de placer. Vine a ver que estabas bien, y supongo que lo estás. Debería irme a seguir con mi patrulla, sino luego me la cargaré con Sam. Creo que se piensa que me aprovecho de la vigilancia para...- su sonrisa se puso un poco tensa y bajó la mirada. Podía adivinar como terminaba aquella frase "...estar más contigo." y la idea no me desagradó.- Bueno, deberías volver a dormir. Mañana por la tarde nos vemos.-
* * *
Aquello se había vuelto una rutina casi. No era la primera vez, ni la segunda que iba a buscar a Jacob y le encontraba dormido. A veces, por más que se quejara de que no dormía mucho, yo tenía la impresión de que se pasaba media vida durmiendo. Quizás no eran muchas horas, pero no había día en el que no le sorprendiera durmiendo ante una película, al ir a buscarle o cuando le llamaba por teléfono. Supongo que ser hombre lobo quemaba mucha energía.
Para mi alegría, aquel día por lo menos había dejado de llover y algunos rayos de sol se colaban calidos entre las escasas nubes. Era un buen día para pasear por la playa. También es cierto que yo estaba aburrida ya de la playa de Lapush, me había pasado demasiado tiempo recorriendola de arriba a abajo, pero quizás por eso mismo comenzaba a gustarme la calma que había descubierto en aquel pedazo de costa. Recordé de pronto el día que hice salto de acantilado. Yo repelía la buena suerte, de eso estaba segura. Daba igual que fuera una moto, un salto al agua o... una fiesta de cumpleaños. Suspiré ruidosamente alejando ese último recuerdo. Bella Swan, la única persona capaz de armar un enorme revuelo con un simple papel de regalo. Esa soy yo.
Miré el acantilado desde el que salté y me pareció mucho más alto que en aquel momento. No podía creer que yo hubiera saltado desde allí, realmente estaba desesperada por oír esa voz en mi cabeza si había hecho aquello, pero aún deseaba escucharla. La añoraba tanto como añoraba al dueño de la voz. Si tan sólo pudiera oirla siempre que quisiera, sin tener que empotrarme en un árbol con la moto o saltar a un mar en tormenta desde muchos metros de altura... todo sería mucho más fácil. Después de todo, ¿no estaba yo en peligro constante por la presencia de Victoria? Entonces, ¿por qué no sonaba siempre esa voz?.
- Bella, corre.- el terciopelo de su voz me sorprendió. ¿Me había escuchando la parte incosciente de mi cerebro que creaba esa voz? Había atendido a mis suplicas lastimeras y ahora podía escucharla con absoluta claridad.- Corre maldita sea. – No entendía porque me decía eso. ¿Qué corriera? ¿Hacia donde y por qué? Ya puestos a escucharla, mi cerebro podía haber creado otro dialogo más agradable.- ¡¡Deja de pensar y corre hacia el bosque lo más rápido que puedas!!-
* * *
La humedad entraba por mi boca al respirar, el olor a cloaca era casi insoportable y mi cuerpo estaba tan entumecido que apenas era capaz de decir que parte era la que más me dolía. Parpadeé un par de veces y traté de recuperar el aliento, pero no podía ver nada. Todo a mi alrededor era negro y pegajoso, lo cual no ayudaba demasiado a adivinar donde me encontraba.
Repasé mentalmente que era lo último de lo que me acordaba. La voz de mi cabeza me había gritado hasta la extenuación que corriera y por alguna razón finalmente le había hecho caso. Recordaba haber corrido hacia el bosque... haberme tropezado varias veces... la sensación de pánico al huir de un peligro que no conocía, si es que había algún peligro, ... y entonces, todo negro.
- Genial. – dije en voz alta con sarcarmo.- Ahora hago caso a una voz que sé que no es real, espero no hacerle caso si la próxima vez me dice que prenda fuego a mi casa.-
Como buenamente pude me estiré y me senté con la espalda apoyada en algo que me alegraba de no ver. Era esponjoso, húmedo y no olía precisamente muy bien. El sitio en el que estaba, fuera lo que fuera, no era muy amplio. No había luz, así que era imposible saber si era de noche o de día. ¿Cuánto tiempo habría estado incosciente?. Si llevaba unas horas ahí, lo más probable es que ya me estuvieran buscando y teniendo en cuenta que disponía de varios rastreadores muy eficaces no estaría allí mucho tiempo. Al menos eso deseaba pensar. Si mi padre se enteraba de esto, estaba segura que a parte del spray de pimienta, me regalaría una pulsera de localización o un gps por satélite.
Y la idea no era mala del todo.
Realmente era la única persona capaz de atraer tal cantidad de mala suerte... o torpeza. Debía haber acumulado muy mal karma en alguna vida anterior para que ahora me pasaran todas estas cosas. Tenía que recordar portarme mejor en esta vida para no repetir estas cosas en la próxima.
- Bella, grita... tienes que gritar.- Genial, me repetí a mi misma. Otra vez la voz de Edward dandome ordenes sin sentido. Quizás había forzado tanto mi mente que ahora le oía con facilidad, pero carente de sentido común alguno.
- No lo voy a hacer. Mira donde estoy por hacerte caso.- me quejé más contra mi misma que contra la voz. Comenzaba a hacer más frío y un escalofrio me recorrió la espalda. Con mi suerte me encontrarían muerta por hipotermia en un día que había sido de los más calurosos desde que vine a Forks.
- Tienes que gritar, tienes que darles una pista de donde estás.- Reiteró con voz más suave. Aquello tenía cierto sentido, pero si realmente había algún peligro por el que antes tuviera que correr, no tenía sentido gritar para llevarlo hasta mí. Un flash sacudió mi cabeza. Victoria. Era el único peligro que rondaba mi vida ahora mismo.- Hazme caso, por favor.- El matiz suplicante de su voz sonó demasiado real, se parecía demasiado a él. Recordaba ese tono muy bien... siempre lo usaba cuando me rogaba que colaborara un poco en mantenerme a salvo. Pero ahora a quien le importaba. Se había marchado sin preocuparle dejarme atrás, me había dicho que no me quería y me había dejado tirada en medio de un bosque del que no sabía como salir.
Justo como ahora.
- Desearía que hubieras rogado así la última vez.- Comencé a hablar como si realmente esa voz fuera Edward, como si desde algún lugar del mundo, estuviera donde estuviera, él pudiera hablar conmigo.-
- No hagas esto Bella. No lo hagas por mí. Grita y salvate.-
- ¿Por qué debería querer salvarme?- pregunté de pronto totalmente convencida de mis palabras.- ¿Por qué querría seguir viva lejos de ti?.- Abracé mis piernas en busca de un poco de calor en medio de aquel horrible frío, y en busca de un poco de consuelo.- No hay diferencia entre vivir sin ti y morir aquí mismo. Al menos tendría 18 años para siempre, nunca envejecería más. Sería un consuelo.-
- No seas estupida. No tiene gracia alguna que hables de ese modo. ¡¡Si no quieres que me enfade grita!!.- un rugido acompañó la intensidad de su frase. Se estaba enfadando, pero eso me gustaba. Me hacía sentir como si realmente le importara algo lo que me pasaba, como si volviera a los tiempos en los que pareció importarle si yo vivía o moría.-
- ¿Enfadarte? No creo que esto te importe mucho. Te fuiste... dijiste que no me querías. No va a cambiar nada el hecho de que yo muera o no aquí.-
- Piensa en Charlie, en Renee.- eso era un golpe bajo.- ¿Cómo crees que se sentirán ellos?. ¿Cómo crees que me sentiré yo?- La parte de mi cerebro que se encargaba de producir esa voz estaba trabajando maravillosamente. Sonaba tan como él que yo no podía negarme a creer que era Edward con quien hablaba. Me estaba volviendo loca, de eso estaba segura, pero si la locura era esto podían ir sacando la camisa de fuerza. Mi poca salud mental me hacía feliz.
Cada minuto que pasaba la temperatura parecía bajar un grado, mi cuerpo comenzaba a entumecerse más y más a causa del frío y del poco espacio para moverme. Además, cada vez que cambiaba de postura un dolor en el tobillo y en el hombro martilleaban mi cuerpo con toda la furia de la que eran capaces. Estaba segura de que tenía algo roto, pero aquello era ya algo común en mi vida. Si no fuera por el seguro médico hacía mucho tiempo que mis padres se hubieran arruinado ya con las facturas de urgencias.
- ¡¡Grita maldita sea!! Si quieres morir, muere... pero espera unos años, espera a ser una dulce ancianita rodeada de nietos. No lo hagas en este agujero donde quizás no te encuentren nunca.-
- No tengo ninguna intención de convertirme en una ancianita con nietos. No tengo intención de tener a ningun hombre a mi lado más que tú. Y si tu no me quieres a tu lado, bien, entonces no tendré a nadie a mi lado nunca más.-
Comenzaba a tener sueño, aunque era díficil dormir con aquellos escalofrios que me hacían temblar como una hoja llevaba por el viento. Sabía que lo más probable es que comenzara a tener signos de hipotermia, más teniendo en cuenta que tenía la sensación de que estaba lloviendo y que ya no era simple humedad-ambiente lo que me mantenía calada hasta lo huesos. Debía estar lloviendo. Siempre había oído en la televisión que en caso de estar en una situación como esta era importante no dormirse, algo sobre la bajada de temperatura del cuerpo, pero era díficil mantener los ojos abiertos.
- No te duermas Bella, por el amor de dios, no te duermas.- su voz causaba el efecto totalmente opuesto a sus palabras. Era díficil explicar el efecto somnifero que tenía la suavidad de su voz, más cuando susurraba. Sin tener que cantar mi nana, su voz me arrullaba como el más bello de los cantares de cuna.
Por mi mente comenzaron a pasar todos los recuerdos desde que la había conocido. Lo más probable es que, como decían en las películas, mi vida estuviera pasando delante de mis ojos mientras yo moría de frío, pero mi vida parecía centrarse solo en él.
Visualicé el primer momento en que nuestros ojos se cruzaron, la primera vez que me habló dejandome extasiada y asombrada por aquel cambio de actitud hacia mi, la vez que me salvó de la embestida de la furgoneta de Tyler, su recelo después temiendo que descubriera lo que era y me apartara de él, la felicidad extraña que sentí al confirmar mis sospechas y saber que no pensaba alejarse nunca más de mi... aunque esa parte no la cumpliera... el primer beso, tan excitante y peligroso a la vez, la primera impresión al conocer a su agradable y extraña familia, las noches juntos, los momentos felices y los no tan felices.
Mi vida había sido más intensa en unos meses que en todos mis diecisiete años anteriores. Edward Cullen había llenado de sensaciones apasionantes mi gris vida. Yo estaba condenada a ser una chica aburrida y torpe que no sabía que hacer con su vida. Seguramente me hubiera terminado enamorando de Jacob o de algún compañero de universidad, me hubiera casado años después, hubiera tenido un par de hijos y un trabajo totalmente aburrido que completara mi monotona existencia. Estaba claro que ese era mi destino antes de cruzarme con él.
- Hubiera sido agradable si nunca me hubiera dejado...- susurré medio incosciente.-
- No me dejes tú a mi ... no te dejes morir.- le oí en mi cabeza con voz apesadumbrada. Ya no había suplica en su voz, no había más sentimiento que un extraño y oscuro pesar. Sin duda era mi mente quien creaba todo, Edward me hubiera rugido enfadado si realmente estuviera aquí y yo aún le importara.
- No dejarás nunca de darme motivos para preocuparme, ¿verdad?.- le oí decir y su voz sonó extrañamente real.-
- Estupida voz.- dije sin energía. – Te pareces demasiado a su voz... es enfermizo.- le reproché a mi cabeza.-
- Estás en shock, creo que deliras.- Entreabrí los ojos y pude jurar que estaba muerta y por alguna razón había llegado a mi personal cielo. La persona que jamás soñé con volver a ver me llevaba en brazos y de algun modo aquello resultaba hasta cálido. Sin duda era mi idea perfecta de cielo, si lo hubiera sabido me hubiera tirado contra un camión o algo similar antes.
- Siempre supe que... los ángeles se parecerían... a ti. Morir no... no es tan malo si es... aquí a donde se llega.- los temblores me impedían hablar correctamente, a pesar de ser el cielo hacía demasiado frío.-
- Realmente estás muy mal Bella, no sabes lo que dices. Te llevaré a casa con Charlie y todo estará bien.- Una oleada de pánico me recorrió el cuerpo.
¡No! ¡No!. – grité y clavé mis uñas en su brazo.- No me dejes.- mis sollozos sonaron más lastimeros de lo que hubiera deseado, pero fuera aquello una alucinación más de mi débil cerebro o estuviera muerta en verdad, no quería alejarme ni un segundo de él.-
- Está bien, le diré a Alice que llame a tu padre y le diga que os encontrasteis por casualidad y que has ido a nuestra casa. Está preocupado por ti, Jacob le llamó y le dijo que le habias ido a buscar pero que estaba dormido y que después no sabía a donde habías ido. De eso hace un par de horas, está preocupado pero se tragará lo de Alice.
En ese momento lo entendí. No era la hipotermia, no era una alucinación... Edward había vuelto, y al parecer no era el único.
CONTINUARÁ...
¿Qué os ha parecido? ¡Edward ha vuelto! Yo también lo estaba deseando, pero que él haya vuelto no deja a Jacob fuera del corazón de Bella. Espero que este capitulo guste y resulte más interesante que el anterior... aquí comienza lo bueno. *risa maligna* Trataré de actualizar cada poquito tiempo, aunque contra más reviews me mandeis trabajaré con más ganas. Que he visto gente que me ha añadido a historia favorita o a alerta de historia y no me ha mandado review U__U. No seais asi, mandadme comentarios que me hacen feliz.
Gracias a Noelia Malfoy Cullen, gabyhyatt y aveal por sus reviews. Espero que sigais leyendome ^__^.
Capitulo 3: Quizás sería más fácil si todo esto fuera solo un sueño que nunca ocurrió, "Lo siento" no es suficiente…las palabras no son suficiente… tu tacto no es suficiente… tus labios no son suficiente… Devuelveme el tiempo en que mi corazón dejó de latir.
