¿Era eso posible? Por supuesto que no, Inuyasha lo pensó otra vez, solo tal vez… No, ella dijo que se iría a su época ¿Por qué regresaría tan rápido? Tal vez se olvido algo ¿Qué podría olvidarse?

Bueno en el caso de que haya vuelto eso no daba seguridad de que lo haya visto… ¿o sí? Mierda. Tendría que asegurarse de alguna manera ¿no? Quizá debería espiarla… Joder, no sería la primera vez, casi siempre la espiaba cuando esta se bañaba, no haría ninguna diferencia.

Inuyasha olisqueo una última vez aquel árbol, olía a Kagome, olía deliciosamente. Su esencia estaba tan dulce y atrayente… fresca.

Tenía que ir a verla. Ya. Inuyasha salto tan alto que llego al cielo y entre los arboles vio un claro donde se encontraba el pozo. Estaba relativamente cerca. Unos dos saltos mas por el aire y llego. Lo pensó un momento, la espiaría, si estaba en su habitación dando vueltas muy sonrojada quería decir que definitivamente lo había visto y estaba nerviosa.

Si actuaba normalmente no había visto nada y eran solo imaginaciones suyas. Pero tenía que confirmar si sus sospechas eran ciertas.

Salto al pozo y entre todo el paisaje azul de estrellas blancas llego hasta el otro lado, el hogar de Kagome, salto al Goshimboku y se apoyo en una de las ramas. La ventana estaba cerrada pero las cortinas estaban abiertas en bandeja. Desde su ángulo no podía ver la cama sino todo lo demás. No vio nada hasta que de pronto entro la chica a la que estaba buscando.

Inuyasha se hundió mas en el follaje, camuflado por las hojas del árbol. Kagome se deslizo hasta su armario donde extrajo un pote extraño, un libro y una caja alargada.

Ella se sentó en el escritorio. Abrió el libro y empezó a escribir. Al cabo de diez aburridos minutos. Bastante aburridos en realidad pues Inuyasha solo observo como la muñeca de la chica se deslizaba con movimientos rápidos y certeros.

Inuyasha suspiro, ella no actuaba nada extraño, hasta que Kagome empezó a mordisquear su lapicero. Se notaba algo nerviosa ¿o era su imaginación? Hasta que escribió algunas notas más y se vio satisfecha. Ella se apoyo contra el respaldo y se quedo mirando su lapicero, distraída.

Lo vio, lo vio una vez más y lo siguió mirando sin mover un solo musculo. Inuyasha se preocupo ¿Medusa la había mirado a los ojos cuando él no se dio cuenta y se había vuelto piedra? Porque Kagome no se movía. Hasta que los ojos se le oscurecieron y acerco el lapicero a la boca con sugerencia. Lo lamio desde la punta hasta al final y de un bocado se lo metió a la boca chupándolo todo.

Inuyasha se calentó.

Kagome tomo la punta del lapicero entre su índice y su pulgar, y metió y saco el lapicero de su boca con rapidez, ella tenía los ojos cerrados… concentrada en la labor, o quizá imaginando… o hasta tal vez recordando.

Inuyasha observo todo esto con el libido subiendo en todo su cuerpo, repleto de calor. Kagome despejo al lapicero del calor de su boca, el dichoso objeto estaba repleto de saliva, ella parecía satisfecha con su trabajo. Kagome se hundió en el respaldo del asiento de su escritorio y miro hacia su dirección un momento.

El casi cae hacia atrás ¿lo había visto? ¿Ella lo había visto?

Kagome sonrió y negó con la cabeza como si no terminara de creer alguna cosa. Kagome abrió las piernas y las apoyo en los posa brazos, sus cremosos muslos estaban escondidos de la vista de Inuyasha debido al escritorio estratégicamente ubicado para joderlo, así pensaba él.

Con solo una mano, Kagome deslizo su trusa por sus piernas hasta los tobillos donde la prenda termino en el suelo, ella volvió a abrir las piernas y con la otra mano que llevaba el lapicero todo el rato, la dirigió hacia un lugar oculto entre sus piernas, el cual por cierto, Inuyasha no podía ver por más que lo intentara.

Kagome gimió de placer e Inuyasha no sabía si tocarse o salir corriendo.

Kagome movió su mano escondida bajo el escritorio con rapidez y volvió a gemir. Se sentía delicioso. Ella había llegado a la casa con un deseo y excitación tremenda a pesar de haber alcanzado su orgasmo en el Sengoku. Pero antes había apuntado todo lo que había visto con excelentes detalles en su diario… por si acaso necesitaba inspiración para tocarse estando sola.

Pero era tanto su deseo que no resistió a hundirse el lapicero muy dentro suyo. ¿Virgen? Por favor. Bueno… para que negarlo solo había tenido relaciones con un muchacho hace mucho tiempo. Solo uno y la verdad no lo había disfrutado nada y se había quedado media traumada con respecto al sexo. Hasta que internet e Inuyasha le hicieron dar cuenta de lo contrario.

Masturbación… ¡Bendita sea!

Debido a esta bonita experiencia había aprendido que estas cosas no eran exactamente malas. Existía el maravilloso orgasmo ¿Cómo creían que con todo lo que pasaba, demonios, Kikyo, exámenes e Inuyasha jodiendo, no se le había subido la presión? Masturbación muchachos, una maravillosa forma para quitase el stress.

Gimió de nuevo, el lapicero en su clítoris se sentía increíble pero de todas maneras no era suficiente, necesitaba algo dentro suyo, algo grueso y duro que la embistiera hasta lo más profundo de su interior. Y por supuesto un torso musculoso sobre sus pechos necesitados, alguien que la cubriera y le hiciera sentir su fuerza, eso necesitaba ella. Lo necesitaba a él, a Inuyasha.

Y hablando del sujeto, el pobre chico estaba delirando viendo como Kagome se daba así misma su placer y casi se avergonzó por estar mirando un momento tan privado pero era… atrayente, adictivo, no podía quitar su vista del panorama, de la escena que se le presentaba. Excitado y casi babeando deslizo la palma de su mano por sobre su despertado pene, su carne exigía alivio además que estaba empezando a dolerle.

Kagome volvió a gemir dulcemente, con una vocecita fina, femenina. Y casi deseo que gritara pero su nombre. Inuyasha observo como Kagome se detenía y levantaba el lapicero que se encontraba mojado por los jugos que llenaban a la chica. Ella se tomo unos segundos para regularizar su respiración, no había llegado al orgasmo simplemente estaba muy agitada.

Tomo el pote encima de su escritorio y lo abrió. Abierto el objeto, tomo la caja alargada y deslizando la tapa hacia arriba, extrajo un consolador rosado, más grueso que largo. A simple vista un pene muy grande. Kagome miro el consolador excitada y unto el lubricante en el objeto alargado.

Inuyasha estaba sorprendido ¿Qué carajo? Es decir, la maldita cosa era igual a un pene, y tenía una extraña certeza de saber para que servir, la cosa era ¿Dónde lo consiguió? ¿A quién rayos se le había ocurrido producir un objeto parecido a un pene?

Kagome termino de untar el lubricante e inmediatamente ubico la cabeza del consolador en su vulva húmeda por sus jugos. Estaba preparada, estaba malditamente preparada y entonces recordó lo que había sucedido hace dos semanas.

Kagome había querido darle a Inuyasha unos dulces de vainilla que había preparado en clase de repostería, intento dárselos durante todo el día pero no encontraba el momento adecuado para lograr su cometido, resignada al llegar la noche, dieron a parar a una aldea donde se corría el rumor que al oeste se hallaba un fragmento de la perla.

Ni corto ni perezoso Inuyasha había tomado a Kagome en su espalda y habían corrido hacia el oeste como alma que lleva el diablo. Sango, Miroku y Shippo, los tres sobre Kirara adelantados. Kagome nunca podría olvidar ese momento, el trayecto había sido largo… y malditamente placentero.

Inuyasha con la emoción del momento no había puesto las manos en sus muslos como normalmente hacia, sino los había puesto sobre sus glúteos. El chico los había masajeado todo el trayecto con el movimiento y un par de garras traicioneras habían recorrido su entrada de por sí, muy mojada. Ella había estado tan caliente todo el recorrido, aplastando y frotando sus pechos contra su espalda.

Tratando de llamar su atención, ella había posado sus manos en su duro pecho, abrazándolo. Revolviéndose en las garras del hanyou había jadeado aire caliente sobre el cuello de Inuyasha. El parecía no haberse dado cuenta corriendo incluso más rápido para alcanzar a Kirara, con quien aparentaba tener una carrera para ver quien llegaba más rápido. Mientras Kagome moría por la calentura.

Desde ese instante se obsesiono con ello, con su toque, todas las noches soñaba con su erecto miembro enterrado en ella. E inconscientemente lo había seducido. Había realzado su pecho mostrando sus atributos, se había agachado para mostrarle las bragas e incluso sentía que la vigilaba estando dormida y ponía algunas poses sugerentes. Todo para llamar su atención, hasta que descubrió que a eso se le llamaba seducción.

Así que… si, prácticamente lo había estado seduciendo.

Kagome gimió al sentir el consolador estirando sus paredes vaginales, llenándola de calor, abrió mas las piernas si se podía e hizo que el consolador se hundiera hasta la base, e incluso un poco más que la base. Para luego sacarlo e introducirlo, se sentía delicioso, perfecto y… peligroso. Tenía un escozor en la espalda, un presentimiento, se sentía observada, hace un momento lo había sentido pero no le había hecho caso.

Mientras tanto Inuyasha jalaba con delirio su grueso pilar de carne, buscando la liberación, observando como la chica le otorgaba dulces gemidos y bajos suspiros, aunque no podía ver como el extraño objeto se hundía en la vagina de Kagome, sus expresiones y el movimiento de su brazo era suficiente para excitarlo, calentarlo y ponerlo totalmente duro.

Kagome acelero el movimiento.

- Nya… Mm, ¡ah! ¡Oh, sí! Me vengo, no puedo más, ¡Inu…! ¡Inuyasha! – gimió Kagome y el se calentó mas si era posible. Estaba gimiendo su nombre, estaba imaginando que era el metiéndose y entrando en su interior y no el dichoso consolador. Dio un gruñido y expulso su semilla antes de lo esperado pues el gritito que ella había dado lo había elevado más de lo normal.

- ¡Inuuu…! Por favor, más fuerte – Kagome alzo su blusa y su sostén destapando sus prominentes pechos de pezones rosados y erectos, dejados al aire y a los movimientos estos rebotaban con rebeldía, desesperados por una boca que los atendiera – ¡Ah! No puedo… mas ¡Inuyasha, dámelo todo! ¡Oh, siiii! – y así Kagome tuvo un furioso clímax que duro más de lo esperado, dejándola satisfecha y agotada.

Inuyasha rugio, ¿esa perra quería todo? Pues iba a tener todo.