Mario Bros y toda sus franquicia no me pertenece, y esto solo es un pobre intento de Fic (¬¬)

Gracias a este fic, logre superar un bloqueo importante. Disfruten los que pueden leerlo :)

Los visitantes del Reino Pompe-ia

Capitulo 2

(...)

Peach sentía que sus manos se estaban humedeciendo dentro de sus guantes de fina seda rosa. Estaba tan nerviosa, que tuvo que pedirle a las sirvientas que le rociaran un poco de spray en su cabello, porque no paraba de tironear de este para intentar calmarse. Si seguía así, iba a termina encerrada en un baño, vomitando su pobre desayuno por la presión.

Los invitados estaban a pocos minutos de llegar al reino, y por suerte no habían tenido contratiempos en el camino. Al parecer, habían traído a un par de guardaespaldas para proteger al príncipe, considerando la amenaza de Tierra Oscura.

Esto era bueno, aunque le hubiera dejado más tranquila que aquellos guardianes conocieran a Mario y a Luigi primero, para que pudieran ponerse de acuerdo en cómo guardar cuidado durante la reunión.

Era un problema no saber qué tipos de personas eran ¿Qué pasaría si se trataba de un par de sujetos problemáticos? Tal vez Mario no pueda llevarse bien con ellos y todo el sistema de seguridad se venga abajo. ¿En que estaba pensando? Tal vez esta reunión solo haya sido un gran error.

¡No! No podía dudar ahora.

Si Mario no puede congeniar con los guardaespaldas del príncipe de Pompe-ia, siempre va a contar con el apoyo de Luigi. Era un alivio que haya aceptado regresar al reino, a pesar de su anticipado retiro después del fiasco con Dementio y el Conde Bleck.

Tenía que hablar con Luigi a solas en algún, para intentar convencerlo de volver a vivir junto a su hermano, o por lo menos que viva más cerca del castillo. Mario ha estado tan desanimado por su ausencia…

—¿Princesa? ¿Se puede pasar?— La voz vehemente de Toadsworth se escuchaba detrás de la puerta de su despacho. Él debía estar preocupado por ella, pensando en que estaba teniendo un terrible ataque de nervios.

—Adelante, Toadsworth— Peach abrió la puerta de su despacho, para ver al toad anciano mirándola con sorpresa. Claro, ella ya estaba impecable, había ocultado cada imperfección en su inofensivo vestido rosado, acomodado sus cabello para no despeinarse por semanas y retocado su maquillaje. Nadie iba a decir que la princesa estaba nerviosa o preocupada, ella ocultó detrás de su frívola máscara, los destrozos del estrés y el temor al fracaso.

—Veo que lleva mejor cara que esta mañana— Toadsworth probó su suerte, pero se dio cuenta que nada había cambiado, al ver lo forzada que era la sonrisa de su princesa.

—Los milagros del maquillaje, mi estimado amigo— Respondió la única heredera al trono del Reino Champiñón. Peach ya no estaba allí, ahora era solo la fría y calculadora monarca en la que estaba destinada a convertirse.

—Tal vez le anime saber que Mario acaba de llegar— Toadsworth desafió su suerte una vez más, y al ver como los ojos de su princesa se iluminaron por un momento, agradeció internamente que Mario haya llegado por aquella tubería warp hace años atrás.

—¿De verdad?— Peach sintió un poco de tranquilidad al saber que podía hablar con Mario antes de que la reunión empiece —Iré a verlo de inmediato, tengo mucho que contarle—

—Sí, espero que pueda explicarle el sistema de seguridad…— Toadsworth comenzó hablar, pero Peach salió disparada del despacho para ir a ver a Mario, dejándolo completamente solo.

Un poco divertido, el viejo toad decidió ordenar el caos de papeles que la princesa había dejado regado en todo el lugar. Algo le llamó la atención cuando vio el calendario sobre el escritorio. La princesa había marcado con rojo una fecha en particular, con la siguiente leyenda a continuación.

"Le grand rendez

¿Posible?"

¿Qué significaba eso? "Le grand rendez" no se había celebrado desde la muerte del Rey Toadstool, el padre de la princesa Peach. Al parecer, ella planea hacer una versión parecida, y eso era un problema para todo el Reino Champiñón.

Bowser no iba a estar feliz cuando se entere de algo así.

Cualquier indicio de algún reino uniendo fuerzas con el Reino Champiñón, iba a provocar su ira, como en aquella ocasión que capturo al Rey Toadstool y lo ejecutó de forma pública. Si Peach hacía esto, y todos los reinos volvían a unirse como antes, tal vez el Rey Koopa finalmente desista de secuestrar a la princesa y le declare la guerra a su amado Reino.

"¿Realmente vas hacerlo Peach? ¿Qué diría tu padre si estuviera con vida?"

Toadsworth sabía que esto era secreto de estado, así que guardó todas sus dudas en el fondo de su mente y dejó el calendario tal cual lo encontró. El mundo finalmente parecía comenzar a moverse de forma vertiginosa, mucho antes de su retiro, por cierto.

(…)

Mario se encontraba en el vestíbulo del castillo, charlando animadamente con Toadette. Ella estaba emocionada por la llegada de los invitados, y no paraba de hablar del joven príncipe de Pompe-ai, que solo tenía dieciséis años.

Por alguna razón, el fontanero se alegraba de que el príncipe sea solo un adolescente, que no llamaría la atención de Peach.

Aunque por otro lado, sentía un poco de pena. Era demasiado joven para tener que manejar asuntos tan serios como estos, y seguramente no había tenido una vida normal. Su madre, la reina Caime, era una mujer ocupada, y como la única regente de un pueblo lleno de personas que al asustarse explotan, es obvio que no podía tomarse la libertad de visitar un reino tan lejano.

—Dicen que es tan inteligente como su madre— Toadette seguía hablando del príncipe Peter, mientras un leve sonrojo aparecía en su rostro —Un prodigio que no necesita consejeros para tomar decisiones—

—Peach me contó algo acerca de eso, pero no me sorprende, se supone que la reina Caime es considerada la regente más inteligente del mundo— Mario acarició su bigote con la punta de sus dedos, mientras repasaba en su cabeza lo que le había explicado la princesa, hace unos días atrás —La tecnología que posee su reino supera hasta la de Bowser—

—¿Crees que el príncipe se fije en alguien como yo?— Toadette no le interesaba mucho si los habitantes de Pompe-ia podían construir naves espaciales o solucionar el hambre en el mundo. Ella estaba decidida en conocer al príncipe, y al parecer, tener un romance con él.

Mario no sabía que decir en ese momento. Luigi hubiera sido de mucha ayuda aquí, para evitar que meta la pata. En su opinión, el príncipe debía ser todo un nerd, igual que E. Gadd, solo que más joven y sin los anteojos gruesos. Dudaba mucho que a Toadette llegue a gustarle tanto como cree. Además ¿Los pomps no estallaban si sentían emociones demasiado fuertes? ¿Cómo podría alguien relacionarse con sujetos así? Eran bombas andantes, por todos los cielos.

—No tengo idea, supongo que lo sabremos cuando lo conozcamos— Mario sonríe con falsedad, provocando que Toadette lo mire con algo de molestia.

—No eres muy bueno para hablar de chicos— Ponderó la toad rosada.

—Lo siento— Mario se rasco la nuca, avergonzado por no saber que decirle a la joven.

—Mario, es bueno verte— La voz de la princesa Peach trajo un poco de tranquilidad a Mario. El fontanero le miró con ojos de borrego para que le ayudara con Toadette.

—Toadette, necesito que ayudes a los guardias que se encuentran en la entrada de la ciudad, nuestros invitados llegaran pronto— Peach miró con cierta calma a la joven toad, pero en realidad, necesitaba que se fuera para estar a solas con Mario.

Toadette entendió la indirecta, y miró a los dos humanos, sonrojándose profusamente. Algo ofuscada aún, se despidió de forma apresurada para realizar el encargo que le habían impuesto.

—Al parecer están muy ocupados— Comentó Mario al ver a la joven toad corriendo hacia la entrada de la ciudad.

— Solo queremos mantener cómodos a nuestros huéspedes… Son demasiado "delicados"— Peach sonó un poco impasible, como si estuviera más cansada de lo que aparentaba.

Mario recordó la pregunta que Luigi le hizo esa mañana. Debía asegurarse de que Peach estuviera bien, o que por lo menos, sepa que ellos dos estarían ahí para ayudarla y darle apoyo moral.

—¿Cómo estás?— Mario notó que Peach iba a decir "Bien", y la detuvo antes de contestar —No trates de engañarme, no soy un toad—

—Estoy nerviosa de que algo malo llegue a pasar, pero no puedo vivir con miedo— Peach trata de sonreírle confiada a Mario, pero parece que solo logra dedicarle otras de sus falsas sonrisas.

Mario sintió un retorcijón en el estómago, y no pudo evitar comparar a Peach con Luigi. Estos nervios ante el inminente fracaso, siempre habían sido el punto débil de su hermano menor, que no solía acompañarlo en sus aventuras por aquella de llegar arruinar las cosas para todos.

—Estoy de acuerdo, no tiene nada que temer, sé que harás lo mejor para el reino. Deja que nosotros dos nos ocupemos de cualquier problema que surja— Mario quería agregar que él confiaba en ella, que estaba seguro que saldría adelante y podría con la situación, pero se quedo enmudecido al notar que Peach le había tomado la mano.

Se sonrojó un poco, sin poder evitarlo. Esto no le pasaba desde Paulina, y ella había sido mucho más fría con él que Peach.

—Gracias, es bueno contar contigo, Mario—

Hacía mucho que no se quedaba mirando a la princesa a los ojos, y se perdía en ellos. Mario sentía a su corazón latiendo demasiado rápido, la boca se le había resecado y su mente quedó en blanco. No podía evitar sentir algo por ella, y a veces eso le asustaba.

La princesa de seguro buscaba un noble o un príncipe para contraer matrimonio, y era lo correcto, porque algún día se convertiría en reina ¿Qué era él más que un simple plomero? Tenía su diploma en medicina, pero eso no quitaba que no era dueño de un reino ni de un titulo.

Aún así, no podía evitar quererla. Había sido tan amable con ellos dos desde que llegaron a aquel extraño mundo, que jamás podría pagarle a Peach todo lo que había hecho por él y su hermano. Necesitaría rescatarla de Bowser por el resto de su vida, si eso significaba pagar su deuda con ella.

—Estoy aquí para ti, Peach— Mario se espabiló, negó frenéticamente, moviendo sus manos delante de él y se corrigió de inmediato —¡Y Luigi también! Pensándolo bien, debería buscarlo—

—Espera un poco— Peach le detuvo con delicadeza, tratando de llamar su atención —Te explicaré cómo funciona el sistema de seguridad que organice—

—¿Sistema de seguridad? ¿Desde cuándo tenemos sistema de seguridad?— Mario estaba confundido, pero decidió concentrarse en cada detalle que Peach iba revelándole. Esto iba a serle muy útil si sabía cómo usarlo.

—Eso es de lo que quería hablarte ¿Por dónde empiezo?— La princesa sonrió con calma e invito a Mario a acompañarla al jardín del castillo, mientras le explicaba cómo había organizado la seguridad en su reino.

(…)

Luigi emergió del tubo warp de un salto y acomodó su mochila nueva para no perderla en el camino. Al parecer las correas eran bastantes resistentes, pero de todos modos tendría cuidado. No le hacía gracia perder uno de los valiosos inventos de E. Gadd.

Dirigió su vista a la entrada de ciudad que rodeaba el castillo de la princesa Peach, y sonrió levemente.

Hacía mucho que no veía el Reino Champiñón desde lejos. Todo parecía ser tan colorido y lleno de vida, hasta la brisa que acariciaba su cabello parecía ser más suave y refrescante que la colina donde residía. Un poco más tranquilo, Luigi bajo de la tubería de un salto, y caminó tratando de no llamar la atención. Esperaba que nadie se diera cuenta que estaba allí, no hasta que Mario se apareciera.

Presentó de buena gana su identificación, agradeciendo no ser tan famoso como Mario para que el guardia de seguridad se preocupe por intercambiar palabras con él. No estaba de humor para responder preguntas. La ciudad estaba un poco revolucionada por las visitas que recibirían, todos los puestos estaban impecables y muchos de los toads habían limpiado las calles para que relucieran.

Parecía todo bastante normal, hasta que escuchó algo que le llamó la atención.

—¡No sean tímidos! ¡Acérquense a ver este asombroso truco de magia, por única vez en este día!—

Luigi levanto una de sus cejas con escepticismo, pero decidió aproximarse a la extravagante persona que estaba encima de la fuente del centro comercial del Reino. Se trataba un sujeto extraño, vestido con un traje negro y un sombrero de copa con cartas de poker pegadas en la cinta que lo adornaba, que hacía juego con su camisa color azul.

El sujeto movió sus manos enguantadas con suma rapidez delante de sí mismo, y saco (al parecer, de la nada) un abanico de cartas de poker. Los toads estaban entusiasmados ante aquel extraño despliegue de habilidades, porque ese tipo de espectáculos no eran habituales en la vía pública.

Luigi decidió vigilar con cuidado al extraño personaje, temiendo que se fuera de un vil ladrón. Sabía que su hermano no aprobaría que alguien así estuviera paseándose por el reino. El traje negro, sus manos rápidas y su forma de engañar a la audiencia con sus trucos, le hacían ver demasiado sospechoso.

El sujeto finalmente dejó de lado los trucos con cartas, con los toads comiendo de su mano por la excitación. Eran bastantes bueno, para el gusto de Luigi. Había adivinado, hecho aparecer y desaparecer cartas de sus manos con la misma facilidad con que respiraba.

Luego, tomó su sombrero de copa y Luigi no dudó en ponerse en guardia. Sorprendido, se dio cuenta de que se trataba de una joven mujer, lo cual era extraño, ya que había disfrazado su voz para que sonara más profunda. Tal vez lo hacía para parecer más misteriosa, vaya uno a saber porque.

—Para mi último truco, les ofrezco a un espectador de este animado público, una taza de té del sabor que desee—

La joven hizo girar su sombrero de copa delante de los toads. Ellos parecían estar dispuestos a arriesgarse, para ver que hacía la extraña mujer, pero Luigi se adelantó para llamar su atención.

Esperaba poder evitar que los pequeños habitantes del Reino Champiñón se lastimen o sean estafados. Al parecer, ella había notado su presencia enseguida, y ¿Cómo no hacerlo? Doblaba en tamaño a la mayoría de su público.

—Usted, el señor del gorro verde, acérquese— Señala la mujer con un ademán de su mano, para que subiera al borde de la fuente. Luigi estaba muerto de vergüenza, y más cuando algunos de los pequeños toads le habían reconocido.

"¿Ese es nuestro Luigi?"

"Si, es él"

"No sabía que había vuelto ¿Estará bien?"

"¡Luigi volvió al reino!"

—Vaya, parece que es toda una celebridad, señor Luigi— La extraña mujer hace un comentario que no recibió respuesta alguna de parte del joven fontanero. Estaba tan avergonzado que no se animaba a levantar la vista de sus zapatos —Y puedo ver que no le gusta llamar la atención, entonces ¿Por qué decidiste subir?—

—…— Luigi no dijo nada, no le hacía mucha gracia hablar con extraños, y no delante de tantas personas.

—Bien, no se preocupe, este truco es completamente seguro— Ella no le importó que no respondiera a su pregunta, y le enseño su sombre negro, que había hecho girar entre sus hábiles dedos mientras hablaba —¿De qué gusto quiere su te?—

Al levantar la vista para verla de cerca, Luigi noto que efectivamente era una humana, aunque su cabello era color cenizas, sus ojos eran negros y comunes. Se veía un poco mayor que Peach, y tal vez tenía la edad de Mario. Algo le decía que no pertenecía a la realeza, ni a nada que se le pareciera.

—Manzanilla— Luigi habló con voz seca, y de mala gana. Supuso que debía seguirle el juego para terminar con aquella tortura lo más pronto posible. Además era posible que no pudiera lograrlo de todos modos.

—Vaya, esa es una petición extraña, pero como es aún hora del desayuno seguro que debo tener un poco en mi sombrero mágico— Otra vez uso aquella voz profunda, y los toads vitorearon impresionados.

De repente, la mujer metió todo su brazo derecho dentro del sombrero de copa, provocando que el público jadee de la impresión. Luigi abrió los ojos sorprendido al ver que del interior de aquel accesorio, sacó una taza de porcelana blanca, con una cucharita de metal dentro y su respectivo plato.

—Señor Luigi, aquí esta su taza de té— La joven le da la taza vacía al fontanero. Este la mira extrañado al ver que le acerca el sombrero a su boca —Debe soplar un poco, porque de seguro el te está caliente, y no quiero que se queme la lengua—

Divertido ante semejante idea, y dudando de que la mujer fuera a sacar té de su sombrero, Luigi soplo con suavidad sobre la copa. Para su sorpresa, ella lo dio vuelta sobre su taza y esta se lleno de té con aroma a manzanilla.

Estaba caliente. Luigi lo probo, con algo de duda, pero comprobó que realmente era manzanilla.

Todos estaban sorprendidos y aplaudieron entusiasmado. La mujer se inclino delante de su histérico público e hizo un par de caravanas, mientras las monedas de los toads eran lanzadas a sus pies.

Luigi se dio cuenta que estaba aplaudiendo, debía admitir que se lo merecía.

—Creo que esto será suficiente para mi desayuno— Dijo la extraña mientras volvía a colocar su sombrero en su cabeza. Comenzó a contar su pequeña ganancia, y parecía estar satisfecha.

—¿Cómo dices?— Luigi parecía estar un poco confundido ¿Por qué necesitaría hacer semejante espectáculo para obtener dinero? Ella le miro y se rasco la nuca avergonzada.

—Seh, la verdad es que olvide mi billetera y no encontré un solo bloque de monedas en mi camino hasta aquí, así que decidí hacer un espectáculo…— Ella junto su ganancia con una expresión de nostalgia, guardando las monedas en sus bolsillos —…hace mucho que no hago trucos de magia para poder comer—

La multitud se había retirado, pero Luigi presintió algo raro en aquella persona. Ella no parecía ser de por allí, y tal vez venía del mismo mundo de donde eran originarios él y Mario. Tenía que preguntarle, pero no estaba seguro como, así que necesitaba pensar en algo para romper el hielo.

A Mario se le daban mejor estas cosas… Él era terrible tratando con la gente.

—¿Quieres desayunar? Conozco un lugar… Se siete d'accordo — Luigi no entendía porque hacía esto, estaba tan nervioso que las palabras no salían como él quería y además, la última frase le salió en italiano.

¿Le habrá entendido? Tal vez pensaba que le estaba tomando el pelo o que le faltaba un tornillo…

Ella parecía sorprenderse ante la rara invitación, pero de inmediato, una expresión de tranquilidad apareció en su rostro. Era difícil saber que estaba pensando, pero Luigi iba a arriesgarse. No sabía qué clase de persona era, pero necesitaba saber si sus sospechas eran ciertas.

—Gracias por la invitación señor Luigi— Ella se inclina ante él, realizando una caravana de la misma forma que lo hizo con su público. Esto no le hizo gracia a Luigi, y terminó sonrojándose por la pena.

¿Por qué tenía que ser tan rara?

—Deja de hacer eso, es raro y te estás poniendo en ridículo…— Luigi se quedo sorprendido haber dicho eso en voz alta, y se azoro un poco más, tapándose la boca por la vergüenza. Ella le dedico una mirada neutra, pero no le sonrió —Este… bien, a todo esto ¿Cómo te llamas?—

—Mi nombre es Eris— La mujer le sonrió, acomodando su sombre de copa frente a sus ojos con su mano derecha —Es un placer conocerlo Sr. Luigi—

(…)

Mario tenía que admitir que estaba muy sorprendido por la organización de los toads. La mayoría de ellos estaban haciendo guardia en los puntos más altos de la ciudad, utilizando lo que parecía ser binoculares y tomando turnos para no dejar de vigilar. Revisó el bolsillo de su overol, y sacó el comunicador que Peach había preparado para él.

El aparato se veía bastante novedoso, era de color rojo y tenía el tamaño de una billetera, que cuando se habría revelaba un par de pantallas. La inferior mostraba los puntos de vigilancia donde estaban los toads, y en la parte superior estaban las opciones para comunicarse con cualquiera de ellos.

Sin duda debía ser cosa de E. Gadd, pero a juzgar por la forma en que había dispuesto a los toads, parecía ser de Peach el que diseño el sistema de alerta. Confiaba mucho en él, y su sistema de seguridad probaba eso. Ella solo quería prevenir el ataque de Bowser, no le interesaba arriesgar a su personal en lanzarlos a pelear contra algo que no iban a poder hacer frente.

Era gracioso pensarlo a veces, los toads del Reino Champiñón eran demasiado débiles, pero eran bastantes determinados. Mario se preguntaba que habría sido de este lugar si ellos no hubieran rescatado a la princesa…

Debía dejar de pensar así, era un terreno peligroso que solo Luigi había planteado una vez, cuando intentó buscar un camino para volver a su mundo. Su hermano menor no estaba seguro de que la princesa hubiera seguido con vida después de casarse con Bowser, considerando el destino que había tenido su padre, y era muy probable que el Reino Champiñón se hubiera convertido en un paramo oscuro y sin vida, al igual que Tierra Oscura.

Ellos estaban allí por esa razón, y detendría a Bowser tantas veces como fuera posible. De todos modos, no había nadie más dispuesto hacerlo por ellos.

"¡Mario! ¡Aquí Toadlon!" El comunicador se activo y la imagen de un toad de sombre rojo y gafas de sol apareció.

Mario trató de recordar quién era el toad que le estaba hablando. Según Toadsworth, aquel raro toad con voz ronca era su sucesor. Era un joven que estaba siendo entrenado para convertirse en consejero de Peach, pero seguía cumpliendo sus servicios como soldado.

Según Toadsworth, este era un sujeto bastante competente para su corta edad. Mario solo se conformaba que demostrase un poco más de determinación que sus pares.

—Aquí Mario ¿Qué sucede?—

"Un dirigible se acerca a toda velocidad por el norte, y posee el escudo del reino de Pompe-ia"

—Voy acercarme a la entrada principal para asegurar la llegada de los visitantes—

"No es necesario, ya envié un par de toads para que le den la bienvenida y Toadette está ayudándolos. Puedes quedarte en la zona del castillo secundario, por si hay movimientos sospechosos"

Mario sonrió levemente. El sujeto pensaba demasiado claro. Estando cerca de Peach, si Bowser aparecía, iba a poder pararlo antes de que se lleve a la princesa. Sin embargo, tenía que asegurarse de que los invitados estuvieran completamente asegurados.

—Toadtlon ¿Sabes si los guardias del reino Pompe-ia está con el príncipe?— La princesa le había dicho que el príncipe sería acompañado por los dos mejores guerreros de su reino. Tenía que asegurarse de que estuvieran con él.

La comunicación se cortó por unos minutos, Mario levantó la vista y desde la plaza ya podía ver el dirigible que traía al príncipe de Pompe-ia. Esperaba que su ego no estuviera tan inflado como ese aparato, ya bien conocía lo extravagante que podía ser un niño de la realeza. El príncipe Peasley era un buen ejemplo.

"Toadette me acaba de informar que solo uno de los guardias está con el príncipe, no se sabe del paradero del su otro soldado" Toadlon parecía estar un tanto molesto por esto, y Mario tenía un mal presentimiento.

—¿Eh? No se habrá…—

"Si maestro Mario, es muy probable que se haya infiltrado en la ciudad sin que lo detectemos" Ahora mismo, el fontanero se dio cuenta porque Toadlon estaba molesto. Algo escapo al sistema de seguridad de la princesa, y podría ser una amenaza para el reino.

—Maldición— Mario guardo su comunicador en el bolsillo, corrió al otro lado del castillo y salto con facilidad el muro que daba hacia la ciudad. Tenía que buscar al infiltrado y capturarlo. No había duda de que todo esto era una trampa del Reino Pompe-ia para la princesa Peach.

(…)

—¡Hmm! ¡Estos panqueques están muy buenos!— Eris comió su cuarto plato de panqueques de hongo rojo, con mucha jalea y una jarra de café al lado —¡Siento que he vuelto a la vida!—

Luigi se preguntaba de donde había sacado Eris tanta energía para contorsionarse y hacer trucos de magia, si se estaba muriendo de hambre. Decidió no prestarle atención a la espantosa cantidad de comida que ingería (ni hablar de los pedacitos de panqueques que caían delante de él), y se limitó a terminar su cupcake de setas.

—¿Eso es todo lo que vas a comer?— Pregunto Eris con la boca llena, escupiendo lo que parecía ser el relleno de hongos de sus panqueques. El joven fontanero asintió, sin muchos deseos de continuar con la charla. Si ella no tragaba su comida antes de hablarle de nuevo, se iría de allí sin dudarlo dos veces.

—El desayuno es la comida más importante del día, así no tendrás energía para el resto del día— Comentó Eris con vehemencia. Para suerte de Luigi, ya había tragado toda su comida.

El joven fontanero suspiro resignado. Comenzaba a preguntarse porque había invitado aquella extraña mujer a comer, que de seguro iba a impacientarse y decirle que no hablaba mucho. Todo el mundo reaccionaba de la misma forma con él.

—Vas a necesitar bastante energía para ayudar a tu hermano ¿No viniste hasta aquí para eso?— Eris no lo miró cuando dijo esto, se concentró en beber su café.

—¿Cómo lo averiguaste?— Luigi finalmente se atrevió hablar, porque no se esperaba que ella supiera la razón por la que estaba allí ¿Qué clase de persona era realmente?

—Fue fácil para mí saberlo, está escrito en tu aura— Eris coloca dos dedos en su frente, y hace un raro ademán con su mano derecha, como si enviara ondas invisibles hacía Luigi —Mi tercer ojo me ha mostrado tus pensamientos, mmmmmh… Tienes muchas dudas acerca de nuestro encuentro, y que no quieres hablar conmigo porque soy muy extraña—

—Eso es muy cierto— Luigi se dio cuenta lo que dijo en voz alta, y se tapo la boca apenado —Lo siento, lo siento, no estoy acostumbrado a tratar con… personas como tú—

Eris comenzó a reírse, pero se notaba que trataba de contenerse. Luigi se dio cuenta de que le estaba ocultando algo, y le dedica una mirada de molestia —¿Eres una especie de psíquica o algo parecido?—

—Nah, solo es un truco que usan a menudo los mentalistas— Ella movió su mano derecha como si estuviera espantando un bicho molesto —Yo soy una humana ordinaria, sin poderes ni nada especial—

—Entonces… Eres una farsante— Luigi entornó sus ojos molesto. Ya sabía porque no se sentía cómodo con Eris.

—Seh, podría decirse ¿Te molesta?—

—No lo sé, aunque debo admitir que fue un buen truco— Luigi sonrió levemente, al darse cuenta que la farsa de Eris había roto el hielo de su conversación.

—Entonces estamos en paz— Ella apuró el resto de su café y comenzó a sacar el dinero que debía, para dejarlo en la mesa.

Luigi se dio cuenta que Eris estaba a punto de marcharse. Tenía que preguntarle lo que había pensado averiguar de ella, pero no sabía si hacerlo o no. Abrió la boca para decir algo, pero no se animó a decir nada, mientras veía como ella abandonaba su asiento.

¿Por qué tenía tanto miedo? Hace unos momentos la había llamado "farsante" y ella solo le sonrió.

—Espera, yo… quería…— Luigi estaba molesto de que la timidez le estuviera venciendo, era una pregunta nada más. Además, Eris no parecía impacientarse, ni siquiera le miro con pena ajena, simplemente se quedo esperando que decidiera decir algo. No había nada que temer, solo tenía que hablar —Este… ¿No eres de este mundo? Es decir… Vienes, ya sabes, de la Tierra… Donde no hay hongos parlantes ni tortugas voladoras…—

Luigi quería suicidarse en ese momento, con el tenedor de plástico que le habían dado junto con su cupcake. Sin embargo, Eris le miró con algo de frialdad, pero asintió rápidamente.

—Sí, vengo de otro mundo, mi ciudad natal es las Vegas, Nevada— Ella se había tomado muy en serio su pregunta. Luigi no sabía si sentirse animado o preocupado por esto, era la primera vez que encontraba a alguien como él y su hermano en este mundo.

—Oh, eso es… Extraño— Luigi rápidamente trató de continuar su conversación, como si intentara disculparse —Mio fratello… perdón, mi hermano y yo somos de Brooklyn—

La mirada de Eris se suavizó finalmente, y terminó acomodando su sombrero de copa, que ahora ocultaba un poco más sus ojos.

—Nos vemos señor Luigi, debo buscar mi billetera— Eris se despidió con un ademán y salió del local con celeridad. Luigi no entendía que había pasado allí, pero supuso que no volvería a ver aquella mujer de nuevo.

Eris era muy extraña y de seguro mañosa, pero no parecía ser una mala persona. Algo le decía que era mucho más amable de lo que aparentaba, pero con esa ropa y esa rara forma de ser, parecía ser una especie de ladrona estrafalaria. Dudaba que su hermano le permitiera tratar con alguien así, pero supuso que no tendría que preocuparse por eso.

—Viene de las Vegas, eso explica sus trucos de magia y artimañas— Luigi sonrió sin darse cuenta, imaginando a Eris en medio de un casino, haciendo trucos de cartas y sacando conejos de su enorme sombrero de copa. Aquel encuentro le había levantado demasiado el ánimo, y no sabía porque.

(…)

Mario estaba agotado y un poco avergonzado por estar fuera de forma. Había corrido como loco por toda la ciudad, y no había encontrado al extraño que se había infiltrado en la ciudad. Sin embargo, vio a Luigi saliendo de su cafetería favorita, despidiéndose amablemente del dueño.

Esto le renovó la energía, y de inmediato comenzó a llamar a su hermano menor para que le notara. Al notar su presencia, Luigi le sonrió y le saludo con entusiasmo, y esto hizo que Mario se sintiera un poco extraño. Hacía mucho que no veía a su hermano tan animado, no desde lo que sucedido con el Conde Bleck y Dementio.

—¡Mario! Tiempo sin verte hermano…— Luigi no terminó de decir esto, que los fuertes brazos de su hermano mayor lo atraparon en un abrazo de oso. Mario siempre había sido más expresivo al demostrar sus emociones, por eso les caía mejor a las chicas. Pero siempre fue especialmente afectuoso con su hermano menor.

—Me alegro de verte— Mario se separó de su hermano, para verlo mejor. A diferencia de él, Luigi había escogido sus mejores ropas para ese día y no parecía estar tan nervioso. Tal vez había absorbido un poco del estrés de Peach, por eso se sentía tan tenso.

—Yo también, sé que he estado ausente un mes entero, pero es bueno ver que estas bien hermano— Luigi estaba realmente feliz de verlo, y eso tranquilizó un poco a Mario. Pensaba que le guardaba rencor, y no sabía bien porque. Tal vez por su repentina decisión de irse de la casa, de contactarlo solo en ocasiones especiales y negarse asistir a las fiestas que organizaba Peach.

Tenía la sensación de que Luigi le estaba evadiendo, pero al parecer, era solo su imaginación.

Tal vez Luigi solo necesitaba alejarse un poco, y llevar una vida alejada del ajetreo del Pueblo Toad ¿Su hermano volvería al reino cuando haya superado lo sucedido con Dementio? Mario aún guardaba sus esperanzas de que desistiera de vivir solo, en aquel valle tan sombrío, y volviera a su antiguo hogar.

—¡Maestro Mario! ¡Maestro Luigi!— Toadlon parecía estar corriendo con todas las fuerzas que le proporcionaba sus pequeñas piernas —Los visitantes de Pompe-ia ya están aquí, la princesa solicita su presencia en la ceremonia de bienvenida—

Luigi no parecía feliz por esto, y protesto levemente. Mario le dio un suave empujoncito en la espalda, para que se animara un poco. No creía que esto fuera tan malo.

(…)

—No…— Luigi mumuró incrédulo al ver a los visitantes de la princesa Peach —…Esto debe ser una broma—

—¿Por qué estas actuando tan raro, Luigi?— Mario le habló entredientes, viendo como la princesa estaba parada delante de ellos dos, saludando con amabilidad a los recién llegados.

—No puedo creer que sea uno de ellos— Volvió a comentar Luigi, con la misma cara de incredulidad. Mario le miró con extrañeza, sin entender a lo que se estaba refiriendo en realidad.

—Bienvenidos al Reino Champiñón— Habló Peach con completa calma, haciendo una leve reverencia a sus invitados —Príncipe Peter, de Pompe-ia, y sus guardaespaldas… Borsalino y Eris—

(…)

TBC