Rompecabezas inconcluso
Cuando el reloj dio las 6:30 me levanté esa mañana, no necesitaba dormir pero me gustaba estar acostada leyendo por las noches, me hacía sentir más humana. Mire mi reflejo, eterno e inmutable, era pálida y flacucha, tenía el pelo castaño que me caía en suaves ondas sobre la espalda y mi belleza era la característica de todos los vampiros, mi cara parecía haber sido retocada con photoshop, no parecía humana. Solo había un pequeño rasgo que denotaba que yo no era como los otros, que yo no era una asesina más, y eran mis ojos, de un extraño color dorado, indicaban que yo no me alimentaba de humanos.
Cómo llegue a esta extraña dieta y como aprendí lo único que se de mi se reduce a un único recuerdo, que ocurrió momentos después de mi transformación. Con mi excepcional memoria que retenía de forma impoluta los recuerdos a pesar del paso del tiempo, cerré los ojos e instantáneamente me vi allí.
Dolor, un agudo, profundo e inimaginable dolor. Corroía todos mis sentidos, ardía, quemaba, me hacía desear morirme para que terminara, pero nunca acababa. No sé cuánto tiempo pase en ese estado de constante sufrimiento, pero en un momento, el dolor acabó y solo quedo una extraña sensación de picazón en mi garganta. No abrí mis ojos, pero mis sentidos eran mucho más agudos que antes, podía escuchar el sonido del viento, podía sentir que me hallaba sobre el pasto y también podía olerlo. Así como también podía sentir un asqueroso olor que venía acompañado de unos acelerados latidos, un momento, ¿cómo es que podía escuchar los latidos?
Abrí mis ojos, parpadeé para acostumbrarme a increíble luminosidad del lugar en que me encontraba, era un claro, frente a mi había dos hombres de tez morena, llevaban el cabello negro muy corto y solo vestían shorts, detrás de ellos había una manada de gigantescos lobos que me miraban en forma desconfiada. Los miré desorientada, no tenía idea de quienes eran; ellos a su vez me miraban expectantes, parecían estar esperando alguna clase de reacción por mi parte.
-¿Quiénes son?- pregunté al cabo de un rato
-¿No nos reconoces?- preguntó el más joven. Negué con la cabeza y ellos intercambiaron una extraña mirada- Soy Jacob, Jacob Black- siguió esperando alguna clase de reacción por mi parte, pero me limite a negar nuevamente.
-¿Sabes quién eres?- inquirió el que se llamaba Jacob.
-No, no tengo idea de quién soy o de quienes son ustedes- dije, y para mi sorpresa escuche que mi voz tenía un dejo melodioso. Jacob se paso frustradamente una mano por el cabello, miro al otro y luego a la manada.
-Te llamas Isabella, Isabella Swan- empezó a decir…
-Y ahora eres un vampiro- lo cortó el otro con voz severa.
-¿Qué?- articulé en cuanto encontré algo de coherencia en mi cabeza.
-Lo que oíste, ahora no eres más que una sucia…
-Basta Sam- lo corto el otro con una mirada exasperada- mira Bella- dijo dirigiéndose a mí- se que te puede parecer difícil de creer y que todo resulta raro pero es así, eres un vampiro. Ahora tienes una fuerza y velocidad increíbles, además de que no envejeces con el paso del tiempo- hizo una pausa mirándome como si deseara que de pronto deseara que yo recordara todo, era una mirada anhelante y también algo culpable- queda un último detalle que es hablar sobre tu dieta, los vampiros se alimentan de sangre, pero no es necesario que mates a nadie para comer puedes consumir animales.
-Y eso es todo lo que sabrás- añadió el otro con expresión severa- nosotros podemos acabar contigo en un solo instante, que no lo hagamos es otra cosa, y ten muy presente que si no lo hacemos es porque valoramos la humana que alguna vez fuiste, y porque en parte es nuestra responsabilidad que te hayas convertido en una asquerosa chupasangres. No malinterpretes las cosas te dejamos vivir pero eso es todo, vete inmediatamente y nunca regreses a Forks o no seremos tan compasivos.
Concluyó su discurso, me dirigió una furiosa mirada, hizo un gesto de entendimiento con el que se llamaba Jacob, y se dio media vuelta yéndose al mismo tiempo que la manada. Yo seguía sentada en el mismo lugar, con millones de preguntas revoloteando en mi cabeza. Jacob se acercó.
-Mira Bella yo se que todo esto es muy complicado y que posiblemente no entiendas nada, pero realmente creo que en alguna parte de ti sigues siendo la misma chica encantadora que era mi mejor amiga, lo mejor ahora es que te vayas y pongas tus ideas en orden, pero si en algún momento recuerdas algo de quien realmente eras, por favor búscame para que sepa que estas bien, no importa lo que somos ahora siempre serás mi amiga. Cuídate Bella- con esto último se retiro dejándome sola.
Sacudí mi cabeza para apartar los recuerdos, por más que lo hubiera analizado miles de veces me seguían surgiendo millones de preguntas ¿Quiénes eran ellos? ¿Cómo los había conocido? ¿Quién me había transformado? ¿Qué relación tenía con ese tal Jacob que parecía quererme tanto? Pase años tratando de encontrar esas respuestas, años aprendiendo a ser lo que soy, años para poder pasar desapercibida entre los humanos.
En prácticamente un parpadeo ya estaba cambiada, amaba la velocidad vampírica, y me dediqué a acomodar lentamente mi pelo frente al espejo. Eso era lo que hacía los días en los que había demasiado en que pensar en mi cabeza, si no me concentraba en algo era capaz de ponerme histérica. Tomé mi bolso, mi impermeable y mi paraguas, aunque a este último no los necesitaba debía guardar las apariencias.
Salí fuera y observe el cielo, nublado como siempre, y sonreí con satisfacción, esa era la principal razón por la que había decidido vivir en Londres, no podía ser vista al sol. Aparte toda idea referente a quien soy de mi cabeza y decidí concentrarme exclusivamente en trabajo. Trabaja como profesora de Letras en la Universidad de Londres, y amaba lo que hacía, si bien a veces podía parecer muy joven para ser profesora, con la ropa adecuada y permaneciendo unos pocos años en el mismo lugar podía pasar prácticamente desapercibida.
Pensaba en el nuevo profesor que empezaría este semestre, se apellidaba Cullen, tenía muy buenas referencias, además de ser joven y muy apuesto, como especialmente se encargó de recordarme constantemente el Señor Tripp, un anciano bonachón que era el decano de mi Facultad con quien me llevaba bastante bien, y que insistía por todos los modos de hacer de casamentero, tratando de emparejarme con cuanto hombre apareciera suelto. Por alguna extraña razón, no estaba interesada en incluir hombres en mi vida, cuando pensaba en eso tenía un lejano sentimiento de pérdida, como si alguna vez hubiera amado mucho a alguien y ya no quisiera a otro que no fuera él, daría lo que sea por encontrarlo, así tal vez unas cuantas dudas saldrían de mi cabeza.
Aparqué en el estacionamiento, y me dirigí a la oficina principal, donde tendría que estar por llegar ese "apuesto" profesor, que justamenteestaba en mi misma cátedra. Apenas entre mis sentidos se alertaron por un aroma demasiado dulzón como para ser humano, sin lugar a duda era vampiro. Cruce la sala de espera rápidamente rogando que el nuevo profesor no fuera un asesino en serie, pero grande fue mi sorpresa cuando al abrir la puerta me encontré con un enorme par de impresionados ojos dorados que me observaban.
-¿Bella?- preguntó incrédulo. Lo mire entrañada, ¿de dónde me conocía?
Hola! si aunque no lo crean y despues de mil años estoy viva ajaja, quiero pedir mil y un millon de disculpas a todos los que siguen "This is the way it should be" perdon perdon y perdon, de verdad no se merecen que haya dejado asi la historia pero en el medio pasaron muchas cosas de la vida, y de verdad intente escribirla hace unos dias y solo me salian oraciones sueltas, en cambio venia todo el tiempo esta idea a mi cabeza y decidi darle una oportunidad. Quiero que sepan que no voy a abandonar la otra historia, en algun momento la terminare, pero por ahora pienso dedicarme a esta que es mas corta. Pido de nuevo perdon y me gustaria sabes que les parece esta nueva idea.
Nos estamos leyendo
Besos
