Disclaimer: Digimon y sus derivados son propiedad exclusiva de Toei Corporation y Bandai, por lo que este fic no persigue lucro alguno y su único motivo es la recreación. Por ahora…
Saludos a todos los que visiten este fic ^^ paso a dejarles el segundo capitulo, el cual es un poco mas estatico de lo acostumbrado, o bien explicativo, espero les agrade. Y también me disculpo si en algun pasaje alguno de los personajes, probablemente Tai, les parece un poco OoC, yo tratare a lo largo del fic de mantenerlos lo mas fieles posible a los originales, pero quizás se salga, por motivos de temática, y porque necesitaba establecer que ya los personajes no son niños, el tiempo ha pasado y con él los cambios naturales que acarrea la vida.
Este en lo particular me gusto bastante el resultado, y su tematica, inspirada levemente en los dogmas de la filosofía budista. Me pareció apropiado ya que esta es una parte primordial de la cultura de los japoneses, y a fin de cuentas digimon es un anime japonés ^^ una amiga me dijo que le parecía bueno que los fics contaran con un elemento realista, y este capitulo en lo que a mi respecta, en cuanto a la realidad humana, es de los que mas contacto establece. Asi que si algun dia llegas a leer este capitulo, en cierta forma te lo dedico ^^ espero que te guste, y a todos. No los aburro mas, se los dejo, Arco I, capitulo II xD
Digimon: Re Génesis
デジモン - 再ジェネシス
Arco I: La Saga de los Espejos
最初のアーク: ミラーの章
"Como algo que se va, que se marcha… para no volver jamás. Algo que existió, aunque solo fue por un instante; unidad de tiempo irrisoria, inmedible, pero jamás insignificante. Un instante es la nada para algunos, para otros su existencia entera.
Para los hombres, que dominan este mundo, es solo un instante lo que toman miles, millones de átomos en revolucionar… y durante una simple revolución, la vida y muerte de pequeños universos ocurre, en solo un instante.
Para el universo, que sigue en constante crecimiento… la vida de los hombres, su regocijo y tristeza, éxitos y fracasos, y finalmente, el sueño eterno llamado muerte, del que nadie puede escapar, es solo un momento, un instante.
Una existencia llena de pequeños instantes que duran nada. Pero lo importante no es lo que dura, sino lo que deja tras de sí… porque cuando algo significa más que un instante, aunque solo sea para un único ser, aun después de existir, existe… como recuerdo de lo que fue, un estado infinitamente más poderoso y eterno. Transcendiendo su momento, y entonces todos, el universo, el átomo y el hombre reconocerán su valor… aunque solo dure un instante."
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Capítulo 2: Regresando a Casa
帰宅
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Se veía a sí mismo, consiente, dejándose llevar. Su cuerpo se encontraba sobre una pequeña barca, una especie de góndola que flotaba a merced de la corriente en un rio desconocido. Lentamente… no había nada rodeándolo, solo niebla, espesa niebla, y agua.
-"Un cielo desconocido"- pensó al observar hacia arriba. No había nada familiar en ese lugar a decir verdad. La farola que colgaba de la barca apenas alumbraba, y la bruma que se disipaba delante de si solo dejaba espacio para otra nueva, pintándolo todo de gris. –"Un mundo desconocido".
-No es cierto- escuchó de pronto una voz… provenía de todas partes, de ninguna parte. Sin embargo, podía notar algo extraño es esa voz, más allá de lo evidente, era algo extrañamente familiar. –Ya has estado aquí.
Esa voz, como un ponzoñoso aguijón que penetraba en su mente. Esa voz, reconoció al instante, era su voz.
-¿Aquí donde? ¿Qué este lugar?
-Este lugar eres tú. Una parte de ti que quiere decirte algo - respondió con naturalidad –Estás haciendo un viaje.
-¿Qué quiere decirme?
-Lo lamento- exclamó con tono divertido -Aunque quisiera decírtelo no puedo, no es algo que se pueda explicar con palabras sin que pierda su significado. Temo que tendrás que descubrirlo tú mismo.
-Mencionaste un viaje…
-Correcto.
-¿Un viaje adonde? ¿Adónde voy?... ¿Adónde vamos?- se apresuró a corregir. La voz permaneció en silencio, mientras se dejaba arrastrar por la corriente.
-Vas a casa…
-Tai… ¡Tai! ¡Despierta!
Al abrir los ojos por primera vez, y observar en una difusa imagen desbordada por la luz del sol a Matt, agachado a su lado con cara de alivio, y el verde césped de una colina rodeada de arboles, no pensó en donde se encontraba. No es que no lo recordara, simplemente no lo pensó.
-¿Matt… que estás haciendo aquí?- preguntó tomándose la cabeza y restregando sus ojos con pereza, el rubio lo miraba sin comprender.
-¿Qué estoy haciendo aquí? Estamos en el digimundo tonto ¿Acaso no lo recuerdas? Fuiste el último en despertar.
-Es cierto, creo que dormí mas de la cuenta- exclamó mientras se estiraba, recuperando la compostura. Sus ojos, curiosos, exploraban el extraño lugar buscando algo conocido –Oye Matt ¿Dónde están los demás? Aquí solo estamos tú y yo.
-Sí, todos fueron a explorar un poco. Izzy dijo que había programado la computadora para caer cerca de la casa de Gennai pero… no se ve por ningún lado.
-¿Y tú te quedaste cuidándome?- insinuó incrédulo con una ceja en alto.
-Fue mala suerte en realidad, me tocó la pajilla más corta- respondió con una sonrisa, enseñándole una pequeña rama que conservaba aun en su mano.
-Idiota…
Ambos se dirigieron a una arboleda cercana, para ayudar a ubicar algo que les dijera en que parte del digimundo, suponiendo que se encontraran en el digimundo, habían caído. La voz de Izzy sin embargo, desde la distancia, les ahorro el trabajo.
-¡Chicos! Vengan acá. Encontré lo que estábamos buscando.
-Ufff…. Por fin- suspiró la castaña de Mimi al escuchar al pelirrojo –El calor es insoportable, y ya me estaba cansando de caminar en esta jungla. Mis zapatos no están hechos para este tipo de lugares.
-Eres increíble Mimi- el peli-azul se acercó a su amiga observando sus calzado, unas botas de piel blancas. Hermosas, pero definitivamente nada practicas –solo tú sabes que vendríamos al digimundo y traes ese tipo de zapatos contigo.
-¡No es mi culpa!- se defendió rápidamente haciendo pucheros – ¡Izzy nunca nos dijo que caeríamos en un bosque en medio de la nada!
Kari se apresuró a la escena, sonriendo con gesto de complicidad. Entonces se quitó el bolso que traía y lo abrió, sacando un par de zapatos deportivos que gustosamente le obsequio a la castaña.
-No te preocupes Mimi, yo había traído un par extra por si ocurría alguna emergencia pero, creo que es mejor que los lleves tú.
Unos metros más allá, Tai y Matt interceptaban a Izzy curiosos, que observaba con detenimiento el horizonte.
-Izzy… ¿Qué fue lo que encontraste?- cuestionó el rubio sin comprender. El menor volteó de inmediato con una amplia sonrisa, y les señaló hacia el espeso océano de hojas que cubría el valle adyacente.
-Verán, cuando programé la computadora para transportarnos acá, le ajusté las coordenadas de la casa donde vive Gennai con los digimons, pero creo que cometí un pequeño error, o bien el paisaje puede haber cambiado, ya que caímos un poco lejos. La casa de Gennai está por allá- y siguiendo la trayectoria de su dedo, ubicaron una lejana torre de estilo japonés. Inconfundible arquitectura de la residencia del anciano.
-Llámame loco- comentó el antiguo líder del grupo rascando su cabeza –pero no recuerdo que la casa de Gennai se encontrase en medio de un bosque.
-Así es- le corrijo el pelirrojo –pero recuerda que desde que se cerraron definitivamente las puertas entre ambos mundos el flujo de tiempo del digimundo volvió a su normalidad, justo como estaba cuando llegamos la primera vez. Estos son datos Tai- explicó complacido levantando una pequeña piedra –sin importar que tan reales luzcan, y los datos se mueven a una velocidad muy superior a la nuestra, por lo que el tiempo, en consecuencia también transcurre a una velocidad mucho mayor en el digimundo.
-¿Quieres decir, que ha pasado tanto tiempo desde la última vez que estuvimos aquí, que incluso este enorme bosque creció de la nada?
-Exactamente, un par de años en la tierra significan muchos más en el digimundo- exclamó emocionado Izzy -Es grandioso poder comprobar cosas como esta… la relatividad del tiempo, que solo puedes leer en un libro cuando te encuentras en Japón.
-Lamento arruinar tu fiesta Izzy- intervino esta vez un preocupado Matt –pero si ha pasado tanto tiempo como dices… ¿Qué hay con Gennai y los digimons? Acaso crees que ellos…
-Yo no me preocuparía Matt. Ellos también son datos, y no envejecen como nosotros.
Finalmente, la enorme puerta de madera, colosal estructura que protegía el paso al patio central de la mansión estaba frente a ellos. No había sido fácil, el camino por el bosque era mucho más duro cuando no había digimons que los ayudaran a cruzar, pero después de todo, ahí estaban. Ocho jóvenes frente a su destino, y solo una pieza solida de nueve metros de alto que les impedía llegar hasta él…
-¿Cómo rayos se abre eso?
-No tengo idea Sora… tal vez haya algún timbre o algo que podamos usar- contestó Tk ante la estupefacta mirada de la pelirroja, igual de estupefacto, al ver las dimensiones de la entrada y su completa falta de aberturas.
-Quizás, si la golpeamos muy fuerte alguien desde adentro escuche y salga a ver- se atrevió a sugerir Joe.
-Muy bien, tendrá que ser- admitió Matt tragando saliva, y reuniendo valor para dar el paso -¡Tk! Hazlo tu. Eres el más indicado
-¡¿Yo?!- exclamó el menor indignado, resignándose finalmente hasta estar a solo unos centímetros del artefacto –De acuerdo, espero que haya alguien en casa…
Y tomando impulso, el elegido de la esperanza golpeó la maciza puerta con todas sus fuerzas. Al ser golpeada, esta emitió un fuerte crujido, y acto seguido, se desintegró en millones de partículas por el aire. Dejando un enorme agujero en la pared que revelaba la primera instancia del recinto, y a los ocho elegidos completamente incrédulos.
-Genial, la rompiste…- susurró Matt desde atrás tomándose la cabeza en signo de negación –Gennai se va a molestar cuando se entere.
-¡¿Qué?! ¡No! Lo juro, apenas la toque. ¡No fue mi intención dañarla!
-Está bien Tk, no te preocupes- le consoló Izzy al pasar frente a él, entrando a la casa. –De seguro es más importante lo que sea que tengamos que hacer adentro.
Había que aceptar que el lugar era esplendido, y abrumador. Tras el primer patio, accedieron a toda una red de espacios con diferentes usos que separaban la entrada del edificio. Tai recordó que en una ocasión agumon le comentó que Gennai vivía bastante bien… pero eso no era vivir bien, era el Castillo Edo en su versión digital.
Al llegar todos a un pequeño jardín de piedra, un fuerte ruido los tomó por sorpresa de pronto, se trataba de una cubeta llena de agua golpeando el suelo, alguien la había dejado caer.
-¡Súper Trueno!- gritó el responsable, y un largo relámpago cruzó velozmente la habitación para pasar a solo centímetros de la cabeza de Joe, dejándolo petrificado del susto y con su cabello completamente cargado de estática.
-¡¿Qué rayos te sucede?!- gritó histérico el peli-azul, para total perplejidad del digimon.
-¿Joe? ¿Eres tú? – preguntó más bien como una afirmación, observándolos a todos -¡Si eres tú! ¡Izzy! ¡Qué alegría volver a verlos a todos!
-Lo mismo digo tentomon- exclamó su tamer desde el suelo, saludando emocionado a su amigo. Los demás, incluyendo a Joe no pudieron sino sonreír ante tal escena. "Dos amigos que al pasar años sin verse pueden saludarse de esa forma… sin duda son buenos amigos", pensaron.
-¿Qué dicen? Creí que solo venían de visita- comentó extrañado el digimon insecto al enterarse de todo –Gennai no me había dicho de ningún problema chicos, sin embargo creo deberían hablar directamente con él, está reunido con los demás en la parte de atrás del castillo.
-¿Puedes llevarnos tentomon? Creo que hemos dado vueltas por todo el lugar sin saber dónde estamos.
-Desde luego Izzy- comentó encantado –Yo estaba junto con ellos, solo había venido a buscar un poco de agua en el pozo…
El lugar del que hablaba tentomon era un inmenso jardín, cubierto de verde césped y desprovisto de pretensiones, a la sombra de la alta torre. Solo un gran árbol, de tipo Sala, se erguía justo en el centro de este, y bajo él, Gennai, rodeado de todos los digimons, parecía estarles contando alguna interesante historia. El anciano se detuvo de pronto, en el momento que se percató de su presencia, y se cruzó de brazos mientras todos los digimons corrían eufóricos hacia los visitantes.
-¡Tai!- agumon saltó como cuando recién se conocieron a los brazos de su compañero, quien observaba a gusto como el tiempo no había transcurrido para él. La escena se repetía con cada uno de los ocho antiguos elegidos, mientras, apartados, cuatro digimons permanecían al borde de todo.
-¿Y Davis no vino?- preguntó veemon en frente de aquel grupo. Hawkmon, wormon y armadillomon lo secundaban.
-Me temo que no veemon- le respondió Gennai desde su espalda, acercándose al grupo lentamente –los humanos no pueden venir porque la puerta que unía ambos mundos fue cerrada, aun cuando estos sean elegidos. La pregunta es ¿Cómo lograron ustedes ocho volver al digimundo?
Matt lo miró extrañado –Eso era justo lo que esperábamos que tu nos respondieras.
-Así es- añadió el pelirrojo –Nuestros digivices estuvieron actuando muy extraño hace unos días, y al parecer lograron reactivar la puerta, pero solo los nuestros. Davis y los demás chicos no pudieron pasar, creímos que podía haber problemas en el digimundo, por eso vinimos. Pensábamos que nos habías llamado.
Gennai aguardó unos segundos, mientras en aparente meditación parecía procesarlo todo. Finalmente extendió sus palmas abiertas y se dispuso a hablar visiblemente preocupado. –Elegidos, debo hablar con mis superiores respecto a esto, solo les puedo asegurar que no fui yo quien los llamó, y tampoco se quien pudo haberlo hecho.
-Entonces… ¿Qué hacemos nosotros?- preguntó Kari levantando a gatomon en sus brazos.
-¡Quédense con nosotros Tk! Por favor...- suplicó patamon, el rubio lo miró dubitativo.
-Pues no lo sé patamon, quizás no sea conveniente.
-¡Oh no! Patamon tiene razón elegidos- intervino el anciano de inmediato, para la satisfacción de todos –Deben estar cansados de su viaje, coman y duerman cuanto lo deseen, por la mañana veremos qué es lo que esta ocurriendo.
Agumon saltó al escucharlo, tomando a Tai por su brazo y corriendo emocionado -¡Qué bien! Espera a ver el banquete que preparó deramon.
-¡Oye, no juegues! Sabes que me muero de hambre- exclamó encantado, y prácticamente a rastras.
Para entonces ya empezaba a atardecer, y viejos recuerdos entre amigos surgían a cada segundo. Una tarde que se hizo corta para entrañar y recuperar el tiempo perdido… las comilonas de Tai con agumon, las discusiones entre Joe y gomamon, o la suave y silenciosa relación de Matt y gabumon, al sonido plausible de la armónica. Eran solo la cubierta de algo mucho más importante, la máscara de una amistad que trascendía intacta el tiempo… y en este caso, los mundos.
Ya el manto de la noche arropaba por completo ese enorme bosque, permitiendo a las estrellas adornar el firmamento, y los seres de todas las especies y orígenes que en él habitaban yacían dormidos, preparándose para el nuevo día. Sin embargo en el interior de la enorme casa, un alma aun permanecía consiente. El antiguo elegido del valor estaba desde hacía horas sentado en el borde de una ventana, ubicada junto al pasillo que unía las numerosas habitaciones de la mansión.
La expresión melancólica y su vista ausente eran indicativas de que en ese momento, Taichi Yagami no se encontraba en aquel bosque, quizás ni siquiera en el digimundo. Sostenía delicadamente en una de sus manos una flor de cerezo rosado, algo marchita, y suspiraba, mientras se hundía cada vez más sobre sí mismo.
-¿Problemas para dormir?- sintió desde atrás la voz de su amiga acercándose, rompiendo su pensamiento. Solo pudo sonreír tenuemente mientras la pelirroja, visiblemente recién despertada, se sentaba junto a él en el borde de la enorme ventana.
-Sabes que es imposible dormir con agumon- contestó de modo divertido –Es como tener una orquesta de ronquidos en tu cama.
Sora sonrió al escucharlo, y fijó su mirada en lo alto. –Siempre fuiste malo para mentir Tai… además, tienes el sueño muy pesado para que eso te importe.
-A decir verdad, no he dormido bien los últimos días- respondió más serio el moreno –he estado teniendo… sueños, ya sabes… raros.
-¿Pesadillas?
-No lo sé…- murmuró bajando la mirada –pero son muy reales. Me alegra ver que el digimundo está perfectamente, eso quiere decir que son solo sueños. De cualquier forma ¿Qué estás haciendo tú aquí? Es muy tarde.
-Iba por un poco de agua- contestó encogiéndose de hombros. –Bonita flor por cierto, me recuerda a Japón.
El castaño se sorprendió un poco al escucharla, y rápidamente se la extendió en su mano -¡Lo olvidaba! Es para ti- soltó algo sonrojado –Kari quería que darte algo como castigo por no haberla acompañado al Hanami. Ya sabes cómo es…
-Claro- dijo sonriendo a tomarla –Mañana me disculparé con ella.
Ambos permanecieron en silencio por un rato, observando desde las alturas como las luciérnagas iluminaban el jardín, y un gekomon salvaje intentaba perseguirlas inútilmente, ocasionando un verdadero desastre en el lugar que Gennai tendría que arreglar por la mañana.
-Sabes…- se animó finalmente Sora a romper el silencio, observando su obsequio –Cuando estuve en China hace un tiempo, escuché que para ellos la flor de cerezo es un símbolo de poder.
-¿De poder? Qué tontería- refutó Tai divertido –¿Como algo tan frágil y pequeño podría representar poder?- la pelirroja suspiró decepcionada.
-Hombres… no entienden nada. Si es tan tonto entonces ¿Que significa para ti Tai?
-Eso es fácil- contestó confiado –la flor de cerezo representa lo transitorio de la vida. Al igual que la vida y todo en este mundo, la flor solo es un instante, una ilusión, en constante cambio. Siempre en movimiento, nunca igual, lo he escuchado desde niño, sin embargo ahora… ahora lo entiendo mejor- comentó reflexivo, ante una atónita Sora que creía conocerlo a la perfección –Por eso es importante el Hanami para los japoneses, marca el principio de algo… y el final de algo más. Nos enseña a apreciar mejor todo lo que nos rodea y lo frágil y transitorio que es… como esta flor, hace unos días era hermosa, ahora esta marchita.
-Qué tontería Tai- comentó Sora para seguirle el juego, aun algo impresionada, aunque con una amplia sonrisa. Tomando la flor con cuidado y colocándosela en el cabello –Aún sigue siendo igual de hermosa, solo hay que saber cómo mirarla.
-¿Sora, puedo…?
-Escucha Tai- dijo levantándose con un pequeño salto, y dirigiéndose de nuevo a su habitación –lamento no haber ido al Hanami con ustedes, sabes que para mí también es especial.
-Un momento- la llamó antes de que desapareciera -¿Acaso no ibas por agua?- la pelirroja sonrió al escucharlo.
-Mi mejor amigo se sentía solo, tonto- respondió –No todo es transitorio como dices.
Al quedarse de nuevo solo en aquel pasillo, se estiró finalmente sobre sus extremidades y sonrió observando el cielo, ya pronto amanecería –Iré a ver como sigue agumon…
La primavera de aquel año había empezado particularmente tarde, era la primera del nuevo milenio y para ella eso quizás significaba que este iniciaba con estrella.
Tan solo unos días antes había tenido que acompañar a su madre a Shimabara para una exposición de floristería, y por lo tanto de haber sido una primavera ordinaria, nunca habría llegado a tiempo.
Sora jamás fue una persona apegada a muchas cosas, mucho menos a eventos sociales. Pero sin duda, si había algo que odiaría perderse por sobre todas las fechas era el festival del Hanami, inicio de la primavera en oriente: esa fecha era desde hacía años, suya. Era su festival, y como tal debía estar presente en él.
-Lamento que Kari no hay podido venir, después de todo lo que pasamos el último año pensé que quizás le haría bien observar lo que ayudamos a salvar.
-Está bien Sora- le dijo sonriente en un intento por alegrarla –el frio tardó un poco más en irse este año, solo está resfriada. De igual manera trataré de traerla antes de que acabe el festival, así no le importará haber faltado hoy.
Caminando a su lado estaba Tai, su mejor amigo desde el jardín de niños y el otro motivo por el que el Hanami era tan especial para la pelirroja. Como una especie de ritual, siempre había sido un momento para compartir entre los dos, sin importar que tipo de problemas tuviesen. Y desde que había nacido Hikari, se habían convertido en una suerte de pequeña familia, la familia que Sora nunca había tenido por completo, y a la que se aferraba como un verdadero tesoro.
La caminata hasta el parque Ueno fue como cualquier año, como todos los años. Ella pensaba que había algo en el aire impregnado del perfume de las flores que hacía que Tai se comportase mucho más tranquilo de lo normal. Lo agradecía, aun cuando era esa energía inagotable parte de lo que lo hacía tan único, era lindo ver al castaño en su faceta más espiritual.
-¡Vamos Sora!- la animó llevándola de la muñeca –si no nos apuramos lo tomarán.
Ella giró los ojos divertida –No lo han tomado en todos estos años Tai. Hay cientos de arboles en el parque ¿Por qué se arrastrarían hasta ese?
-Es por la vista- contestó de manera obvia y sin voltear, ella asintió al instante. "Quizás sí podrían tomarlo después de todo."
Luego de unos minutos internándose entre la muchedumbre llegaron. Su viejo árbol, un cerezo rosado ubicado a orillas de uno de los principales estanques del parque. Tai lo había descubierto por accidente hace mucho, mientras siendo tan solo unos niños buscaba desesperado entre los matorrales un lugar para esconderse de sus amigos, y desde entonces lo habían reclamado como suyo.
Se sentaron junto a él y extendieron un gran mantel para la comida. Todo marchaba igual que siempre, sin embargo para Sora, muchas cosas en su interior habían cambiado desde la última vez que lo visitaron.
Comenzaron a charlar de sus experiencias, un arte desde hacía mucho dominado entre los dos. El digimundo era el principal tema, apenas habían pasado unos meses desde que volvieran y ya se veía como un horizonte muy lejano. Una fantasía que, si cabía, los había unido incluso más.
-Sabes Tai, a pesar de todo me alegra que estemos de vuelta en casa. La escuela no es tan mala si la comparas con un monochromon enfurecido.
Él la miró extrañado -¿De qué hablas? Prefiero enfrentarme a un digimon antes que a la profesora de matemáticas- la pelirroja sonrió al escucharlo.
-¿En serio, no hubo nada que te asustara allá Tai?
-¿A ti si?- Preguntó curioso el moreno, ganándose una mirada de impresión por parte de Sora.
-¡Desde luego! Hubo momentos muy duros- dijo algo triste -Cuando desapareciste junto con etemon en ese vórtice, pasaron tres meses en los que nadie sabía dónde estabas, ni que te había pasado… creo que eso fue lo peor.
-¡Ah! Pero solo estuve en casa descansando un poco- exclamó con una gran sonrisa en el rostro buscando animar a la pelirroja –Fueron como unas pequeñas vacaciones.
-Estúpido Tai…-dijo entrecortada, tapándose el rostro con el sombrero. Algunas lágrimas empezaban a caer por su mejilla –estábamos muy preocupados por ti.
-¡Sora!… espera no te pongas así- trataba de calmarla cuando empezó a llorar. "¿Por qué las niñas tenían que ser tan extrañas?" pensó. Se suponía que a las chicas les impresionaba un hombre valiente que no le temía a nada, lo había visto miles de veces por televisión. Pero cada vez que intentaba impresionar a Sora algo salía catastróficamente mal… la última vez por un tonto comentario acerca de su cabello casi dejó de hablarle, y ahora esto. Quizás simplemente él no servía para eso, o tal vez Sora era la del problema. De todas formas era su problema… ¿Acaso no podía gustarle alguien más?
-Por… por supuesto que he tenido miedo en el digimundo, Sora- contestó resignado, mandando todo al demonio, como último intento para hacer que dejara de llorar… funcionó.
-¿Es en serio Tai?-preguntó al instante secándose la lagrimas –Pensé que nada te asustaba.
-Ah… eso no es cierto. Datamon vaya que me asustó- dijo con una media sonrisa –ese día actué como un verdadero tonto, y cuando te raptó y no pude hacer nada para evitarlo… bueno, eso fue sin duda lo peor.
-¿Por qué?- inquirió ansiosa, mientras su corazón se aceleraba irremediablemente y jugaba con sus dedos sin parar. Tai la miró un poco sonrojado.
-Pues porque pensé que… que podía no volver a verte, ya sabes, nunca más. ¿Y qué haría entonces, Sora? Si ya eres parte de mí.
-¿Y por qué estas triste Tai?- fue lo primero que pudo decir en medio de la confusión y la alegría que estaba experimentando en ese momento. Cierto que era una emoción nueva también para ella, pero no era la reacción que estaba esperando o se podía imaginar.
-Matt pensará que soy un tonto- confesó cabizbajo –si cada vez que intento impresionarte solo logro hacerte llorar.
Solo pudo abrir sus ojos al máximo y tratar de disimular en algo el intenso sonrojo que estaba mostrando, pero luego de unos segundos eso se transformó sin pensarlo en una fuerte carcajada. Ahora era Tai el ruborizado.
-Si lo eres- exclamó sonriendo –eres un completo tonto…
La tarde empezaba a quemarse tras el rojo sol en el ocaso, coloreando el lago con su fuego, y brindándole al Japón la primera noche de primavera; era el final de algo… y el principio de algo más. Mientras en ese viejo cerezo de profundas raíces, dos personas tomaban el ejemplo de la naturaleza, y con el miedo y la inocencia de dos niños, también ellos cambiaban de estación… fundiéndose en un fugaz beso.
En un lugar donde la luz apenas llegaba, y el sonido de las aves era una lejana utopía, una pesada puerta se abría lentamente, ante la melodía de tristes violines y el inconfundible aroma de la muerte lenta. Un pequeño bakemon había entrado a la habitación, decorada con rimbombancia y llena de numerosos espejos, no había luz en ella sin embargo, más allá de la que se colaba entre las cortinas del balcón. Un lugar amargo y solitario, donde solo una gran silla y unas cuantas cajas en el suelo hacían de mobiliario.
-Señor- anunció el digimon fantasma tímidamente. Era el miedo, y no el deber lo que lo impulsaba –nos informan que ya han llegado.
-Excelente ¿Quién diría que después de todo sería tan fácil mover sus cuerdas? Solo son insignificantes humanos, nada más. Humanos exaltados por la estupidez de mis predecesores- respondió con placer una voz grave, oculta tras la seda de las cortinas, y degustando cada palabra –Con la primera fase completa, den inicio a la etapa terminal de la operación.
-¡Se...Seguro!- confirmó la criatura al instante –¿Le aviso al general para que se encargue de todo?
-No lo molesten. Solo quiero humo y luces para distraerlos. Yo me encargaré de todo personalmente.
-Como ordene…-confirmó el bakemon retirándose tras una reverencia. La música se detuvo, y el portador de la voz espectral entró a su aposento.
-Se acabaron los trucos… llegó la hora de enfrentarme a mi sombra.
Muy bien, ojala haya sido de su agrado ^^ por favor si lo leyeron dejen un REVIEW XD su critica me ayuda, sea buena, regular o mala. El próximo espero tenerlo para dentro de un par de semanas, aunque no es seguro
Nota: para uno que pregunto el capitulo anterior, lo que esta debajo del titulo del capitulo es el mismo titulo, pero en kanjis japoneses xD un detalle estético
Hasta la Proxima!
