Capítulo 2: La disculpa.

Al día siguiente el pobre Desdentao estaba desanimado e Hipo lo veía.

― Lo siento, Desdentao, sé que puedes mover las alas y volar pero no me puedo arriesgar a aque algo vaya algo mal de nuevo y te hagas más daño ― y acarició a su dragón.

En la academia, Astrid preguntó por Desdentao.

― Bueno, ahora se queda durmiendo en casa, espero poder despertarlo por la noche, al fin y al cabo él es bastante nocturno. Pero está desanimado.

― No me extraña…

― Bueno, creo que durante estos días me quedaré cuidándolo, sino se desganará.

Hipo hizo un poco de entrenamiento y al poco se fue a casa con el Furia Nocturna. Cuando entró este sólo movió la cabeza.

― Vamos, amigo, debes salir de casa… comer algo, sólo se te ha fisurado la pata, no es el fin del mundo ― y le hizo un guiño, luego se acercó y lo acarició con dulzura.

Pasados un par de días, Hipo ya estaba cansado de estar encerrado en casa.

― No puedo estar tanto tiempo ahí dentro, necesito la luz del sol… me encanta mimar a Desdentao y haría cualquier cosa por él pero no entiendo como Desdentao se puede desanimar tanto, nunca lo había visto así ― comentó Hipo a Astrid. ― Voy a intentar traerlo a la arena aunque se esté quieto, con un vuelo ligero.

― Quizás debes permitirle que se mueva un poco.

― ¡Pero si yo se lo permito! Es él que no se deja...

Cuando entró de nuevo, el dragón ni reaccionó. Hipo suspiró. Se quedó toda la tarde cerca de su dragón, acariciándole y acercándole la comida.

― Esto me recuerda a cuando te intoxicaste con aquellas flores que Mohoso plantó… Te gusta que te mimen, eh.

El oscuro dragón respondió con un lengüetazo que Hipo no se esperaba.

― Vaya, nunca antes lo había hecho… aunque me da la sensación que esto no se va fácilmente…― hizo una pausa y lo miró ― yo también te quiero, campeón.

Desdentao parecía tener mejor humor, así que Hipo aprovechó para sacarlo fuera, en la hierba alrededor de su casa.

― Ves, aquí te da el aire y piensas menos en el problema.

Algún que otro pajarito o un pequeño Terror Terrible se acercaba. Hipo cogió una de la alas de Desdentao y se la estiró.

― ¡Nota el viento, lo necesitas, amigo!

El Furia Nocturna respiró profundamente. Parecía ciertamente sentirse mejor. Luego miró a su jinete y le regaló una bonita caricia.

Mocoso estaba en el otro lado viéndolos. Tenía la intención de pedirles disculpas pero al presenciar ese acto de cariño se deprimió un poco. Garfios no era tan amable con él, casi que le gustaba verlo chillar o dejarlo caer. ¿Por qué? Después del accidente, le costaba que lo obedeciera (bueno, como si alguna vez lo hubiera hecho…) y refunfuñaba cada vez que lo veía, hasta ya no dormía en casa sino que prefería quedarse encerrado en la arena.

― Hipo quiere realmente a su dragón, Mocoso. Es como su familia, su hermano, y se lo demuestra siempre ― apareció Astrid detrás del moreno.

Mocoso no dijo nada, sólo bajó la cabeza y dio media vuelta.

― Vamos, amiguito, hoy vamos a ir a la arena… volando.

Desdentao abrió los ojos interesándose. Hipo se acercó y le hizo la misma caricia que el dragón le ofrecía con la cabeza y se quedó unos segundos así de nuevo. Luego se montó en su silla y le posició la cola en modo despegue. Al llegar a la arena, le insistió de dejarse caer poco a poco sobre sus patas traseras y luego la delantera.

― ¡Vaya, Hipo está aquí! ― Comentó Chusco hasta que Brusca le metió un fuerte puñetazo en la cara ―. ¡Eso está mucho mejor!

Garfios se encontraba arrinconado en su celda.

― ¿Qué le pasa a Garfios?

― Creo que está arrepentido de lo que ha pasado y enfadado con Mocoso al mismo tiempo ― le contestó Patapez ―, ya no se les ve juntos y no quiere ir a dormir a la casa de los Jorgenson.

Hipo se desmontó de Desdentao y entró en la celda de Garfios. Éste bajó más todavía la cabeza.

― Vamos, Garfios, fue un accidente, no fue culpa tuya.

Hipe acercó su mano a él y le tocó el hocico, luego le acarició subiendo su mano al lado de la mandíbula y le sonrió. Poco a poco lo fue sacando de su celda y lo puso frente a Desdentao. El Furia Nocturna gimió y el Pesadilla Monstruosa bajó la cabeza haciendo otro gemido y acercándose más. Hipo se acercó al dragón rojo y le acarició la barriga.

― Eres muy adulto, Garfios. Ojalá estimules a Mocoso a serlo también. Ten paciencia con él, deberías ir a verlo, debe sentirse triste de estar separado de ti.

El Pesadilla Monstruosa giro la cara y se volvió a su celda. Mocoso lo había presenciado todo y Garfios lo sabía. Giró su cara y le soltó un rugido. Desdentao entonces se giró a mirar a Mocoso.

Pasando volando por la puerta, llegó Astrid y les dio una pista:

― Creo que Garfios quiere que te disculpes con Desdentao.

Mocoso la miró y poco a poco se acercó al dragón oscuro con la cabeza gacha, uniendo sus dos dedos índices sin saber cómo hacerlo. ¡Era un maldito dragón! ¡Desde cuándo se disculpaba él con uno! Desdentao encogió un poco sus pupilas y estaba a punto de rugir. Hipo le puso una mano encima para calmarlo.

― Yo… lo siento, Desdentao… no pensé que iba a acabar así… ― una pequeña pausa y su vanidad regresó ― ¡Ya está ya lo he hecho! ¡Pero no esperes que lo vuelva a hacer! ― Gritó dándose la vuelta.

Entonces Garfios le rugió enfadado y posicionó con el pecho levantado e imponiendo respeto sobre el Jorgenson. Hipo entonces entendió que ahí el dragón estaba ejerciendo como un padre: regañando a su hijo. Prefirió no decir nada.

― Está bien… ― dirigió su mirada a Hipo ― Lo siento, Hipo, debí hacerte caso. Os he puesto a ambos en peligro, ¡pero es qu-

Fue interrumpido por un nuevo rugido de su dragón. Mocoso se tensó, miró a su dragón y éste le hizo un gesto con la cabeza para que se fuera de la arena. El moreno no podía creérselo y casi salió llorando de ahí (oh, no, Mocoso nunca llora…).

Los demás estuvieron en silencio. Garfios le había dado una importante lección a Mocoso. Hipo le miró a los ojos y esté hizo un gesto con la cabeza.

― Vaya, Garfios ha puesto a raya a Mocoso ― se quedó impresionada Astrid.

― Al fin y al cabo, él es padre y sabe cómo llevar a sus hijos. Me da la sensación que Garfios es más como un padre que enseña a su hijo ― dijo tiernamente Hipo.

Los gemelos se quedaron en silencio y enseguida volvieron a sus juegos violentos:

― ¡Vómito, Eructo! ¡Nunca seáis nuestros padres! ― Se colgaron del dragón y luego se metieron un puñetazo al aire.

Las cabezas del Cremallerus se miraron y se dieron un cabezazo.

Hay cosas que nunca cambian.

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N/A: He aquí un nuevo capítulo. Esta historia ya está completa desde hace un par de días, solamente lo subo poco a poco, hehehe.

Nati, la verdad es que a mí también me gustaría que Hipo le diera su merecido a Mocoso pero no es muy típico de él utilizar la violencia... salvo que Desdentao utilizara un golpe de cola... hahahah. Pero ya tengo hechos los otros capis ;)