Paseaba el papel entre sus dedos, recostado en la cama, pensando con un poco de pesadez que para haber sido su primer intento de cortejo en un millón de años, debía agradecer que no resultó tan mal. Era lógico que no fuera a confiar en un extraño de buenas a primeras, pero hubiera deseado volver a verlo. No se pudo sacar sus ojos todo el día de la cabeza, y su nombre se le enredó en la lengua un par de veces. Ahora estaba seguro que era otro invento al igual que su número, después de todo ¿ Qué clase de nombre es Tweek? Sonaba como uno de esos bailes descarados modernos o la onomatopeya del ruido que hacen los pájaros, no un nombre real. Suspiró frustrado, arrugando el papel para arrojarlo al bote de basura pero no se animó. Podía ser, existía la pequeñísima probabilidad de que se hubiera equivocado al escribir su número, con la velocidad con la que bajó, a lo mejor podía ser. Volvió a mirar el papel, dejando que esa pequeña posibilidad fuera lo suficiente fuerte para levantarlo de su cama hasta su escritorio donde tenía su computadora. Abrió cuanta red social conocía, escribiendo esas cinco letras con el corazón latiéndole a todo. Estaba seguro que no encontraría nada, pero ahí estaban apenas cuatro perfiles. No era un nombre muy común , después de todo. Se animó a pulsar sobre el de " Tweek Tweak" al tener una pintura como foto y en la escasa información que arrojaba, el nombre de la universidad que tenía en su chaqueta. Se detuvo antes de abrir la opción de " enviar mensaje" dudando si realmente quería jugar esa carta de acosador, convenciéndose que si el chico no resultaba ser quien creía o no contestaba, o simplemente no parecía interesado, dejaría de intentarlo. Sólo estaba queriendo descartar que fue un error, no una falta de interés. Escribió tan de prisa que no notó los errores que cometió, ni quiso volver a leer el mensaje.

-Ola, soy el tipo de los trajes baratos, te marqué pro hasta donde recuerdo tu nombre no era Chaterine- Dos, tres, cuatro minutos y no aceptaba su solicitud de mensaje y entendió que ya pasaban de las doce de la noche y quizá estuviera dormido o fuera esa clase de personas que no abren los mensajes de desconocidos. Antes de apagar la computadora y darse por vencido, el sonido de notificación le hizo volver deprisa a la página.

-¡Pensé que tú no me habías querido llamar! Después pensé que en serio sí eras una clase de secuestrador y que incluso habías puesto algo en la manzana así que tuve qué comprar un purgante, la gente no suele ser tan amable sin un motivo, pero al parecer todo fue mi culpa- no pudo evitar soltar una carcajada ante eso y el torrente de caritas que adjuntó al mensaje- creo que perdí mi oportunidad de conseguir una imitación de calidad-

-Mejor. Si quieres un consejo, nunca lleves un buen traje a una entrevista de trabajo, creerán que no lo necesitas tanto- se mordió los labios, reprochándose esa actitud.

-Lo tendré en mente, muchas gracias- era ridículo lo refrescante que era ver esas estúpidas caritas en cada frase, pero de alguna manera le hacían sentir joven. Todos sus colegas eran al menos diez años mayores que él y a veces le hacían olvidar qué edad tenía realmente- ¿ Siempre tomas esa ruta a la misma hora? Creo que nunca te había visto y yo llevo casi dos años usándola a diario- su corazón iba a cobrarle después toda la intensidad que le estaba haciendo pasar, pero qué mierda le importaba.

-No, en realidad no- se mordió los labios, barajeando sus posibilidades.

-Oh, vaya, es una lástima, en unos días es la presentación de nuestros proyectos finales y me hubiera gustado verme elegante-

-Quizá pueda pasar por ti a tu universidad, me queda de paso. Aunque mi amigo ahora no está en las calles, ya sabes, cuestiones de seguridad ¿ Qué tal si me das tu talla y yo te lo llevo?- estaba totalmente sorprendido de sí mismo, sintiéndose ahora demasiado joven, excesivamente infantil.

-¿Harías eso por mí?- casi pudo imaginar su rostro, haciendo que algo dentro fuera cálido a sus palabras- ¡Sería genial! Te lo agradecería mucho, soy talla treinta y seis. Mañana salgo a las doce ¿ Seguro que tienes tiempo?-

-Sí- qué le importaba que su última clase fuera a las tres, por una puta vez en cinco años que se tomaba el día libre no iba a acabarse el mundo- Entonces, mañana te veo- se atrevió a poner él también una cara sonriente al final.

-Dalo por hecho ¿ Craig?- había olvidado que su perfil también tenía su nombre pero con la emoción no le pudo dar más importancia. Una vez que apagó la computadora y sin poderse quitar la sonrisa boba, buscó su celular.

-¿Clyde? Sí, hombre, ya sé que es la una de la mañana, lo siento. Oye ¿ Puedes acompañarme a comprar un traje mañana? Sí, carajo, ya sé que hace dos semanas que no te llamo, no seas tan dramático- rodó los ojos- ¿ Por favor? Eres el mejor, amigo, descansa-

Pasar más de dos horas intentando explicarle a Clyde por qué debía conseguir un traje al menos cuatro tallas menos que la suya sin delatarse fue más agotador que recorrer mil tiendas hasta encontrar el traje perfecto. No había necesidad de inventarle nada, sólo omitir ciertos detalles. No quería tenerlo encima preguntándole cosas que no podía responder, como por qué de pronto el señor " más de cinco años de diferencia es demasiado" estaba dispuesto a gastar más de dos ceros en un traje para un chiquillo que seguro no llegaba a los veinte. O por qué había comenzado mintiendo. No quería lidiar con eso, así que simplemente se encogió de hombros y Clyde no intentó ir más lejos, desviando la conversación a su vida, cosa que Craig agradeció. Dejó a su amigo en su trabajo, prometiendo una suntuosa cena como recompensa. Miró el reloj, estaba a tiempo de llegar frente a la universidad si no había mucho tráfico. Se arregló el cabello en el retrovisor, un último vistazo a su atuendo antes de aparcar frente al estacionamiento. Lamentó no haberle pedido de nuevo su número a Tweek al ver que el reloj marcaba doce con quince y no lo veía por ningún lado. Decidió salir del auto para buscarlo, y lo encontró cerca de la entrada lateral, fumando nerviosamente.

-Hola- sonrió al verlo sobresaltarse. Parecía una persona muy nerviosa pero se veía increíblemente bien en esos pantalones menos rotos y sucios.

-Craig- sonrió, apagando su cigarrillo contra la suela de sus tenis- lo siento, olvidé que vendrías-

-No hay problema, sólo han sido quince minutos- se mordió la lengua. Si alguno de sus alumnos lo escuchara. Odiaba la impuntualidad- estoy cerca del estacionamiento ¿ Quieres que te ayude con tu mochila?- Tweek lo miró con una ceja levantada.

-Para ser un delincuente eres muy caballeroso- Craig se atragantó con su saliva, sintiendo las orejas arderle- está bien, no le dije a nadie-

-¡ No soy un delincuente!- estaba tan escandalizado como divertido.

-Vender imitaciones no autorizadas es un crimen- dijo con toda naturalidad aunque sus ojos se cerraron en un tic gracioso- yo no soy nadie para juzgar, sólo digo- comenzó a caminar y Craig no pudo evitar el temblor en sus labios por la risa al verlo abrir los ojos con sorpresa ante su automóvil. Craig le abrió la puerta y pudo ver cómo Tweek volteaba a los lados, como si estuviera dispuesto a arrepentirse y salir corriendo, sin embargo entró, abrazando su mochila al sentarse en el asiento de copiloto. Craig buscó en los asientos traseros el traje antes de entrar- debe ser un buen negocio, para que te hayas podido comprar un Camaro-

-La verdad es que no me dedico a vender imitaciones de ropa- rió abochornado- en todo caso, este es un Valentino auténtico- le extendió el traje y Tweek se quedó con los ojos todavía más abiertos, sin aceptarlo.

-¿Eres vendedor de drogas o algo así?-

-Por Dios ¿ Con qué clase de gente ?- cerró la boca, negando- No me dedico a nada ilegal, soy profesor de termodinámica en una universidad de la zona-

-¿Y tu pasatiempo es revender trajes?- lo cuestionó confundido, haciendo que volviera a reírse.

-Tienes razón, es mi culpa no haber sido claro desde el principio es sólo que no soy muy bueno, ya sabes- se pasó la mano por la nuca con nerviosismo- hablando con chicos lindos- miró al rubio agachar la cabeza, encogiéndose más en el asiento.

-No puedo pagar por un traje así, lo lamento- levantó un poco la mirada, viendo con anhelo la fina tela negra envuelta en la bolsa de plástico- en realidad es muy bello, pero mi presupuesto no da para eso-

-No tienes qué preocuparte, podemos discutir el precio- sonrió suavemente, viendo al chico morderse los labios antes de acomodar su mochila a sus pies,acomodándose el cabello tras la oreja e inclinándose a su entrepierna, intentando bajarle el cierre del pantalón- ¡Oye! ¿ Qué haces?-

-Pagarte ¿ No es esto lo que estabas buscando?- volvió a intentar bajar el cierre y Craig le sujetó con fuerza la mano, mirándolo con espanto.

-Me refería a invitarte a comer o tu número telefónico, Jesús ¿ Cuál es tu problema?- El rubio volvió a su asiento, con la cabeza todavía agachada, volviendo a tomar su mochila. Estaba temblando - Oye…- no encontraba las palabras, viendo lo frágil que de pronto parecía el chico, temblando y mordiéndose los labios- no soy un pervertido, lamento que te haya hecho pensar eso-

-No puedo creerte que me quieras dar un traje de diseñador sólo por una comida que además vas a pagar tú- balbuceó.

-¿Y una comida y una cena?- sonrió, intentando tomar la situación con más calma para no volverla extraña.

-¿Y un helado?- lo miró de soslayo, avergonzado.

-Claro, por supuesto. Sólo… sólo no vuelvas a hacer eso ¿ Está bien?- Tweek rió bajito, más relajado- ¿A dónde te gustaría ir?-

-No lo sé, a mí me gustan las cosas sencillas pero tú pareces alguien de gustos más selectos- acarició la tela de su camisa con una risa burlona.

-Puedo comerme una hamburguesa como cualquiera, no soy un maldito snob- le enseñó la lengua y Tweek rió más. Cuando se reía todo en él parecía una fiesta, pero era fácil darse cuenta que había mucho más debajo de eso.

Tweek le indicó un local de hamburguesas cercano, contándole que él y sus amigos eran clientes frecuentes. Le contó también que estaba en su segundo año en artes plásticas y que venía de un pueblo pequeño. Aunque ya lo intuía, al escucharlo mencionar que tenía sólo diecinueve, no pudo evitar sentirse como un enfermo. Aunque Tweek no parecía incómodo en lo más mínimo, atreviéndose incluso a robarle papas fritas entre risas y darle a beber de su malteada, como si fueran amigos de toda la vida. Después de la comida, Tweek le pidió que lo acompañara a un local a comprar pinturas. insistió mucho, pero Tweek no permitió que pagara. Siguieron caminando por un rato, hablando de sus vidas y dándose cuenta que tenían más en común de lo que hubiera podido pensar Craig. Si existía tal cosa como un flechazo, él lo había sentido desde la mañana del metro y ahora sólo iba creciendo, viéndolo mancharse la camisa con su helado derretido al olvidarlo por contarle alguna cosa de los Anunnakis que le obligó a juntar toda su fuerza de voluntad para no echarse a reír. El chico realmente parecía creyente de esas cosas. Cuando la tarde comenzó a disolverse y aunque en verdad no lo quería, se ofreció a llevar a Tweek a su casa. El chico se negó, aceptando sólo que lo llevara hasta el metro. No era un buen barrio para tener un auto tan lujoso, se excusó. Craig le dio su número y esta vez Tweek corroboró no haberse equivocado al darle el suyo. Le volvió a agradecer por el traje y le invitó a su exposición, entusiasmado. Craig aceptó. Al subirse a su auto, de vuelta a su departamento, no podía dejar de silbar la canción en el radio, sintiéndose el bastardo con mayor suerte de todo el mundo.