Capitulo 2: Jefe Romano y Chibi-España
En la casa de cierto amante de los churros, la paella y los tomates, un italiano dormía plácidamente en la cama del dueño de la casa, si no fuera porque el sol que entraba por la ventana le diera en la cara habría seguido durmiendo un par de horas más.
-Maldita sea- gruñía intentando huir de la luz- España…cierra la cortina- el italiano intento dar un golpe al español, sin embargo este no se encontraba ahí como debería-¿España?- sorprendido por esto, Romano se incorporó en la cama y observó la habitación- maldición, ya sí que no duermo más.
De pronto, las sabanas que cubría la cama empezaron a moverse en el lado de España hasta formar un pequeño bultito que se deslizaba como buscando la salida de esa mar de mantas, fallando varias veces. Asustado el italiano, no se movió nada más que para coger una zapatilla como defensa. El bultito se acercó a Romano, consiguiendo escapar finalmente y dejando ver una mata de pelo oscuro y un pequeño cuerpo después.
-Buenos días, Roma- el bultito misterioso era un niño pequeño de grandes ojos verdes y sonrisa amplia, vestido con una camisa larga que las mangas solo eran ocupabas por la mitad o menos de sus pequeños brazos- ¿Por qué me miras así?- dijo el niño girando la cabecita.
-¿Qui-quién eres?
-Yo soy España, el País de la Pasión- reía el chiquitín- ¿Qué te pasa, Lovi? ¿Te encuentras mal?
-¡¿Que demonios te ha pasado?!
-¿oh?- el chibi español empezó a mirar su reducido tamaño con respecto al del italiano- soy pe-pequeño.
-Eso eso, ¿desde cuándo eres así de pequeño? Ayer estabas bien, mierda- frunció el ceño el mayor de los Vargas.
-No lo se- mientras se sentaba sobre las piernas de su antiguo subordinado.
-Mierda- susurro Romano- es demasiado tierno…
-¿Dices algo?
-N-no nada, es lo que deberíamos averiguar cómo volverte a la normalidad. No quiero hacer de niñera tuya.
-Churros churros, comamos churros- decía en niño mientras agitaba los brazos e intentaba bajar de la cama- vamos a desayunar.
-¿Eres imbécil? Te vas a caer- le dijo cogiéndolo en brazos- y-yo te llevo- bajaron a la cocina y sentó al pequeño España en la mesa y le ofreció un tomate- anda come.
-Gracias- sonrió el pequeñajo, Romano se sentó en una silla cerca de él.
-¿Seguro que ayer no tomasteis nada raro, maldita sea?
-Mmmm creo que no jajaja lo de normalmente- reía el niño.
-Bueno- suspiró- esperemos que puedas volver a ser el de siempre.
-Vamos a casa de Gilbert y Ludwig o a casa de Francis, para ver si ellos saben que me pasa.
-¿Con el macho-patatas? Jamás, con el amigo idiota de mi fratello ni en sueños te llevo tampoco a casa del pervertido de Francia, ese es más pedófilo que tú…
-No hace falta que vengas, Roma, iré yo solo si tanto te molesta acompañarme…
-Yo tengo que ir contigo…no porque quiera ni porque me preocupe por ti, sino para que…eh- Romano balbuceaba buscando alguna escusa con la que ocultar su interés por estar con el hispano- ¿Por qué tienes amigos tan pervertidos?- consiguió decir el ruborizado chico- Ahora tú eres un pervertido, eres muy influenciable, maldición.
-Ayer cuando volví a casa no te quejaste.
-No digas esas cosas ahora, maldita sea- Lovi cubrió su enrojecida cara.
-¿Por qué Lovi-love? Y pásame otro delicioso tomate, por favor.
-Bastardo España ¿no te das cuenta? Eres un niño pequeño y-y queda raro que hables de eso ahora- Romano se sonroja y le da un tomate al chibi-España.
-Creo que me estoy perdiendo…
Rato después se habían vestido para ir a la casa de los hermanos germanos. Lovino llevaba al niño en brazos cuando llamaban a la puerta, soltando todo tipo de insultos y maldiciones por lo bajo.
-¿No podrías haberte puesto ropa más apropiada que una camisa de cuando eras normal? - decía molesto el italiano-
-Así estoy bien ¿no crees?- alzó la cabeza.
-Demasiado adorable- apartó la mirada el mayor.
-No tenías porque llevarme hasta casa de Prusia y Alemania en brazos…
-Encima que te hago un favor, seguro que te dejo en el suelo y estarías todo el rato tropezándote y haciéndote daño- Romano giró al niño y lo levantó mientas le hablaba, hubo un pequeño silencio entre la tomatina pareja.
-Romano, te quitaré toda preocupación con mi hechizo- España encogió su cuerpo hasta formar una bolita entre las manos del más grande, para después estirarse, agitar sus brazos y gritar- fusosososo.
-…- la nación italiana ya notaba un inminente derrame nasal- Déjalo ya, bastardo. Compórtate, por dios, pareces un crio…
-¿Estarán en casa?- preguntó el niño cambiando de tema, bueno, volviendo al tema importante.
-Yo que sé, maldición.
Cuchicheos o más bien una discusión se escuchaban en el interior de la casa decían cosas que no lograban entenderse y otras que si, como "¿Qué hacemos?", "escondete", "ni hablar", "Abro yo", "no abro yo".
-¿Una mujer?- le susurró el español a su cuidador.
-Os estamos escuchando, idiotas. Abrid la puerta, mierda- golpeó la puerta Lovino. Después un silencio extraño a ambos lados de la puerta.
-¿Quién?- preguntaba una mujer desde el interior.
-España y Romano- gruño el castaño. La puerta de la casa de abrió tímidamente por la versión femenina de Prusia y detrás Alemania.
-¿Prusia?- preguntaba Antonio.
-¿España?- preguntaba sorprendido Gilbert.
-Eres una chica.
-Y tú un niño pequeño- les dejo pasar a la casa y cerro la puerta tras ellos- tú también te has despertado con un cuerpo extraño.
-Si.
-Francis también ha sufrido vuestra suerte- dijo el alemán.
-¿Qué le ha pasado a ese pervertido?- preguntaba Italia del Sur.
-Dice que ahora es Ken kesesese. Vamos, que no puede hacerle cosas pervertidas a nadie.
-¿En serio?- decía España sorprendido. Los cuatro pasaron al salón y tomaron asiento pero Romano no soltaba a su pequeño amante.
-Roma bájame, tengo el cuerpo pequeño pero no pasa nada puedo sentarme como los demás…
-No- negaba rotundo abrazando más fuerte, pero sin dañarlo, el pequeño cuerpo del español.
-Oye Romano, deja al grandioso yo coger al enano- Prusia estiraba los brazos con la intención de coger al de ojos esmeraldas.
-Aparta tus sucias manos de él, macho-patatas-albino-travesti.
-No voy a hacerle nada malo, Romano.
-Ja, y va Romano y se lo cree. Esta bien, lo diré en tu sucia lengua patatera, nein.
-Romano, a mi me gustan las patatas, pero los tomates son mucho mejor.
-Tú a callar, bastardo.
-¿Qué crees que lleva la tortilla de patata que te comiste (devoraste sin compasión, y sin dejarme un trozo a mi) ayer?
-¿Podríais calmaros…?-intentaba hablar el desconcertado alemán, pero era imposible cuando un prusiano convertido en mujer intentando coger a España sin previo aviso, a Romano intentando esquivarla y un español temiendo por su vida de tanto movimiento.
-Socorro- gritaba Antonio.
-Se caballeroso y déjale a una mujer de verdad tener al tomate cherry.
-Pero si ayer no eras mujer si quiera, idiota- Romano era perseguido por Prusia saltando sillas, mesas, Ludwig y lanzándose cojines, todo con tal de que no tocaran a SU España. Por desgracia la persecución se terminó cuando Romano tropezó con uno de los cojines, resbalando y cayendo al suelo boca arriba, lo peor no acaba aquí para Romano pues Gilbert se choca con él y también cae al suelo sobre el italiano y España…bueno…salió volando de los brazos de su ex subordinado y acabando en los del rubio por poco.
-Gacias, Alemania, crei que no lo contaba, Domano ten maz cuidado.
-De nada ¿espera has dicho gacia?
-QUITATE DE ENCIMA MIA ESTUPIDO TRAVELO-gritaba un Romano.
El timbre de la casa sonó paralizando a las cuatro naciones.
-¿Será Ken?- preguntaba la prusiana mientras se levantada del suelo y ayudaba al maltrecho Romano. Alemania dejó al pequeño en una de las estanterías, en la parte más alta para que ninguno de los otros dos pudiera cogerlo y por fin abrir la puerta trayendo consigo a la persona después de un minuto de cuchicheos.
-Mida Domano, estoy en lo más alto de la maz alta tode ¿vaz a rescatadme?
-¿Qué narices te pasa en la boca, bastardo?
-No lo ce, me estaré voviendo maz pequeñito.
-Ve, hola a… ¿todos?- apareció un italiano sorprendido por los cambios de cuerpo de los dos más mayores- ¿¡Prusia!? ¿¡Ese es España, que hace hay arriba!?
-Por desgracia lo son- decía el alemán con un tic en la ceja. Bajo al hispano y se lo devolvió al italiano mayor.
-Él, ahora mujer, grandioso yo es sexy y awesome sin importar que aspecto tenga- la mujer empezó a posar de forma obscena- ¿Sí o no, Ita?- el alemán tapó los ojos del italiano.
-C-creo que deberíamos recordar la noche de ayer para que podamos averiguar como habéis acabado asi y si hay remedio- decía el alemán.
-Cieto- empezó el mini-España- ayer fuimos los tez a un bar que nos llevó Francia. Bebimos hata que el bar tuvo que cerrar…
-Si kesese- reía la prusiana- Seguro que esa bebida tenía algo que nos ha cambiado el cuerpo.
-¿Pero que demonios te pasa en la boca? Eres canijo pero no por ello debes comportarte y hablar como tal- gruñó el italiano mayor.
-Ve, a mi me parece muy tierno que España hable asi.
-Tú cállate, Feliciano idiota.
-¿Y luego que hicimos?- prosiguió Prusia.
-Pues…- hubo un silencio breve mientras el españolito pensaba- no se…lo último que recuerdo es volver a casa y mezteme en la cama con Lovin- Lovino tapó la boca del pequeño antes de que este pudiera acabar.
-¿Ve, ninguno de los dos recuerda nada?- preguntaba el menor de los hermanos italianos.
-Deberíamos preguntarle a Francia para ver si él recuerda algo- sugirió Alemania.
-Cierto, llamamos al francés pervertido y ya de paso llamemos al cejudo y al resto de bastardos…
-Fratello, no llames así al hermanito Francia- murmuraba Italia aún sabiendo que no tendría efecto sobre su hermano.
-West…
-¿Qué ocurre, Bruder?- preguntó preocupado Ludwig pues la chica había hablado con un preocupante tono y no como el suyo propio tan estridente de siempre.
-¿Creeis que esta camisa…hace gorda mi asombrosa figura?
El silencio reinó en la sala ¿Cómo contestar a la pregunta? ¿Y a que narices venia? Los hombres no paraban de intercambiar miradas de todo tipo, de miedo, de saber si habría pasta en la nevera, de desconcierto…
-Ay duele, ay duele. Suéltame de una ver frog- gritaba alguien desde la calle atrayendo la atención de los que estaban en el salón.
-Ni hablar, vas a devolvernos a la normalidad- gritaba otro.
-Lo tenéis bien merecido, así os lo pensareis dos veces antes de meteros con el gran imperio británicooo.
-Silencio cocinero incompetente. Prusia abre soy yo, Francis- gritaba un francés mientras golpeaba la puerta de la casa del rubio quien, más que un tic en la ceja, parecía un terremoto.
Él dueño de la casa abrió la puerta y dos figuras, autoras de los anteriores gritos, entraron a la casa peleándose como se veía frecuentemente en las reuniones, bueno y en todo momento que esos dos estuvieran cerca.
-Este es el autor de que estemos así- el francés salió esta vez victorioso de la pelea y mostró al culpable.
-Veee. ¿Inglaterra?
-Maldito, devuelve a España a su cuerpo normal- maldecía Romano desde donde estaba, tras su hermano el cual usaba de escudo.
-España, estás…chiquitín…- Francia fue adoptando su cara de acosador y aproximándose al niño- deberías ser parte de mi territorio, eres tan mono…y Prusia es un poco fea como mujer pero mi misión como país del amor es repartirlo a todos sin discriminación- el francés se aproximaba peligrosamente a la mujer.
-Ni en tus mejores sueños vas a acercarte a la mi seductor cuerpo- intentando taparse de algún modo.
-Ay de mi- Francia mordió su pañuelito "varonil"- ya no puedo daros amour, se que estaréis igual o más afectados que yo, pero…pero…- inexplicablemente el francés se quitó la ropa dejando al descubierto la "atrocidad" que la magia del inglés había hecho en su cuerpo- no tengo con que…AAAAHHH.
-Tapate o te juro que no será lo único que vas a perder hoy- le amenazó irritado el alemán consiguiendo que rápidamente el francés se vistiera mientras los demás observaban a Inglaterra.
-¿Qué demonios pasó anoche para que acabarais los tres así?- gruñía Romano.
-Pues veréis, el hermanito mayor Francia os lo va a explicar…
Se acabó el segundo capítulo ¿Os ha gustado? Siempre pensé que un intercambio de roles entre Romano y España quedaría muy divertido. Puede que me haya pasado de largo con respecto al primer capítulo…no tengo punto medio…Gracias por los anteriores reviews y prometo terminar la historia antes de que acabe el año.
¿Qué os parece? ¿Continuación? ¿Ruegos? ¿Sugerencias? ¿Muerte a la autora? ¿Review?
