—¡Sigues siendo igual de malo que siempre! —Se reía un sudoroso Kagami mientras hacía rodar una pelota de basket en su dedo índice mientras con la otra mano revolvía el cabello de Kuroko.

—No te rías de mí. —La sombría mirada del jugador fantasma dejó helado por unos momentos al más alto.— Por favor.

—Vale, vale... —Murmuró algo turbado el pelirrojo.— Vamos al burguer a comer algo. Me estoy muriendo de hambre.

—Cómo siempre. —Se mofó Alex, que estaba apoyada en la valla, viendo como la famosa pareja de Seirin jugaba.— Si no os ponéis las chaquetas ahora os enfriaréis. —Dijo la ex jugadora, tendiéndoles a los dos sus respectivas chaquetas.

—Gracias. —Agradece Kuroko, poniéndose la chaqueta.— Después iremos a tu casa, Kagami-kun.

—Eso se pregunta antes, ¿sabes? —Kagami arquea una ceja, mirando al más bajo, que a su vez, observaba con ojos cautelosos la entrada de la cancha de basket.— ¿Qué pasa?

—Vaya, ¿ese chico no es...? —Pero Alex dejó la frase en el aire, pensando.

Taiga siguió la mirada de Tetsuya y vio que miraba más allá de la valla de la pista, en la calle. Ya estaba oscureciendo, pero las farolas estaban encendidas y reconoció al instante a la persona que Kuroko observaba.

Al otro lado de la verja estaban Satsuki y Aomine. Este último echó una ojeada a través de la valla, algo sorprendido al toparse con rostros familiares.

Sin avisar ni siquiera a Satsuki, se dio la vuelta y se dirigió a la cancha con una sonrisa ladeada, algo amenazante. Cuando la pelirrosa se dio cuenta de la situación, siguió a su amigo.

—¡Tetsu-kun! —Saludó Momoi, lanzándose a abrazar al ojiazul.

—Me ahogas, Momoi-san.

—Así que sigues perdiendo el tiempo jugando basket con este tipo, Tetsu. —Dijo Aomine, sin apartar la mirada de Kagami.

—¿Qué has dicho, idiota? —Los ojos de Kagami brillaban de pura rabia.— Creo que no hace falta decir lo que pasó en el último partido de Seirin y Touou.

Entonces, con un ágil movimiento, Aomine robó la pelota de baloncesto de las manos de Kagami y se alejó de él mientras le miraba con una ancha sonrisa burlona.

—¡1 vs 1! —Gritó emocionada Alex cuando Kagami empezó a correr hacia Aomine.— ¿Y quién es esta cute girl? —Se alejó a Satsuki, con intención de darle un buen beso en la boxa. Después recordó las palabras de uno de sus pupilos, Tatsuya.

—M-me llamo Satsuki Momoi. —Parpadeó la pelirrosa, algo sorprendida por la proximidad de la mayor.— Tu cara... me suena.

—Me llamo Alexandra Garcia y vengo de América. —Se presentó la rubia, con los gritos de Kagami de fondo.

—Jugaba en la WNBA. —Añadió Kuroko.— Tal vez por eso te suena.

—¡T-tú...! ¿De verdad eres Alexandra Garcia, la famosa jugadora de baloncesto retirada? —Momoi estaba algo sorprendida. Era como tener a una celebridad delante suyo.

—Síp. —La sonrisa de Alex se ensanchó.— Yo enseñé a Tiger a jugar a basket. Que por cierto... —Pareció recordar algo y miró a los dos jóvenes que estaban enzarzados en el 1 vs 1.— ¡El que pierda invita a unas cervezas!

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—Vaya, se ha acabado la cerveza, Tiger.

Alex ya va sin pantalones. Estando en casa, para ella es normal ir con poca ropa y demostrando afecto a todo el mundo. Observa con el ceño fruncido al pelirrojo, que le devuelve una mirada un tanto confusa.

Satsuki tiene las mejillas algo rojas y apoya la cabeza en el hombro de Tetsu entre risas tontas. Aomine habla animadamente con el que era su sombra, recordando viejos tiempos.

—¡Aún recuerdo cuando me metiste un helado por la espalda! —Se ríe mientras pone una mano en la cabeza de Kuroko y la mueve un poco, zarandeándole.

—Es cierto. Fue divertido. —Entonces Kuroko se ríe y todos se quedan en silencio, mirándole con sorpresa, incluso Kagami, que estaba algo ausente.— ¿Qué?

—Tetsu se ha reído. —Dice maravillada Satsuki, mirándole con ojos brillantes.

—Esto hay que celebrarlo. —Asiente muy seria Alex.

Ahora la que acapara la mirada de todos los jóvenes es la alta rubia, que se levanta del sofá, se va muy seria hacia un perchero y coge su bolso. Se gira un momento y levanta el pulgar con una sonrisa radiante mientras abre la puerta de la calle.

—¡Los pantalones! ¡Ponte los pantalones! —Grita Taiga cuando se da cuenta de que su maestra está saliendo a la calle casi en ropa interior.

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El reloj marca las doce y catorce minutos. Alex se ha ido en punto y aún no ha vuelto. Por lo menos Kagami consiguió que se pusiera unos pantalones antes de salir. Sólo se escucha el sonido de los segundos pasando en el reloj de la pared.

Kuroko está ligeramente apoyado en Kagami, algo mareado al terminar su quinta cerveza. El alto número 10 de Seirin observa el rostro relajado y ausente del más bajo. En su mente empiezan a aparecer las escasas expresiones que ha conseguido ver en su rostro. Unas cosas le llevan a otras y...

—Voy a ducharme. —Kagami parece dar un respingo y se levanta con rapidez. Tiene el rostro enrojecido y parece algo nervioso.

—Entonces yo también. —Dice Kuroko mientras se intenta levantar tambaléandose, sin conseguirlo.

—No digas tonterías, Tetsu. —Aomine coge a Tetsuya por un brazo, esbozando una sonrisa que no se refleja en sus ojos. Entonces se gira hacia Taiga y le fulmina con la mirada.— Así que eres uno de esos pervertidos...

—Pero Aomine-kun, si nosotros también... —Una sonrisa tímida se extiende en los labios de Kuroko.

—Quién diría que tú podrías poner esa expresión. —Masculla algo enfadado Kagami, dándose la vuelta y yendo hacia el baño.

—¡Ya estoy aquí de nuevo, chicos! —Alex entra por la puerta de nuevo, con dos bolsas de plástico llenas.

—¿¡Y tus pantalones!? —Le grita Taiga, lanzándole otros.

—¿Qué pantalones? —Pregunta riéndose Alex.