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¡Hola! Segunda parte lista, encuentro del Jerza y secretos revelados. *w*/ Espero les guste el penúltimo capítulo de la historia. Gracias por su apoyo en los comentarios.
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Este fic forma parte de la misión: ¡Por un fandom en español con más apoyo!
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Creado para apoyar a las escritoras y evitar que se retiren del mundo de Fanfiction, no quiero que otra de mis autoras favoritas se retire. QwQ Necesito leer sus historias.
¿Saben cuántas escritoras se retiran por falta de apoyo? QwQ Ocho de mis favoritas en distintos fandoms se han retirado, un review alegra el día y hace valer el tiempo que se requiere para esto. Gracias por su consideración. NwN/
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Disclaimer I: Fairy Tail no me pertenece. Pertenece a Hiro Mashima. La historia loca y fumada es mía.
Referencias De Lectura:
Diálogo.
Narración.
«Pensamientos»
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*ϔ ҉ `~Ƽidera Ɛt Ɖestinatum~ ҉ ϔ*
―Segundo Ϫcto―
*ϔ ҉ ~Ɛl Ƕerrero~ ҉ ϔ*
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Las páginas pasan y pasan, casi como el tiempo mismo.
Mas el tiempo nunca ha sido preocupación para los dioses.
¿Porque debería de serlo para seres esencialmente inmortales?
Es por la circunstancia anterior que el dios herrero de estrellas nunca se había preocupado por explorar las afueras del lugar en donde había sido creado, criado y también vivido, porque él daba por hecho que en algún lapso del tiempo de su infinita fuente podría tomar un poco para conocer lo que aún ahora le era desconocido.
Y dada la causa y razón de su creación, su sabiduría necesitaba ser fortalecida.
Jeräel había vivido su inmortalidad de la manera usual en la que lo hacían los dioses creadores, y esa manera era creando, y primordialmente, creando para otros y lo de otros. No había queja en el dios, cierto era, mas ahora que había salido del recinto de creación en el que había pasado su tiempo de existencia, se daba cuenta de lo magnánimo que era el universo.
Más grande de lo que jamás imaginó.
Si bien su reticencia fue mucha ante el pedido del dios visitante, ahora que su camino había iniciado agradecía que la diosa del Tiempo tuviese el interés particular que la llevó a exigirle el acompañar a Crawfördus, que aunque no era un compañero que le despertase algún interés en cuanto a su sabiduría demostrada, si era bastante de utilidad para saciar parte de su curiosidad con respecto a los nuevos lugares que veía y de los que antes solo había escuchado mencionar por los dueños de las petitorias de sus creaciones. Jeräel sentía que con cada fragmento nuevo del cosmos que veía lo que había considerado una vida se volvía absurdo, a pesar de que el lapso comprendiese un par de milenios.
Pero estaba bien, porque también era un dios joven.
Otrora su pensamiento se hubiese centrado en pedidos y labores, mas ahora ante tanto espectáculo que presenciaba, su mente bullía en actividad constante, como las entrañas de los soles que creaban luz y calor en su movimiento sempiterno, y tal cuestión le impedía conciliar el sueño luego de las largas jornadas del recorrido, empero, había descubierto que si se concentraba en el tejido de la capa de viajes que le regaló su compañero de recorrido, podía aquietar su mente y refrescarse con el sopor repentino al ponerse a pensar en como alguien podía hilar esencias tan hermosas ―como lo eran los azules hilos color zafiro tomados del mar del Origen y de los glaciares del Temple―, y crear algo aún más fastuoso.
Le admiraba.
Él, quien ciertamente era un dios de la creación y conocía de manera certera las bases y complejidades de la transformación de una esencia en otra, se admiraba de los trabajos de tejido que el dios menor junto a él intercambiaba de manera tan casual y sin menor importancia, y ese comportamiento; casi irrespetuoso ante la labor de quien fuese el hacedor de las obras, lo hacían alguien realmente non grato para Jeräel; y de manera aún más profusa, siendo que Crawfördus había declarado que todos esos trabajos eran obra de la mano de su bien amada sobrina.
La dueña de la aguja rota.
Una entidad divina que atraía la curiosidad del dios creador cada que admiraba sus tejidos, y sentía decepción de la escasa información que Crawfördus daba sobre ella, eso a pesar de declarar de manera constante sobre sus talentos. Siempre hablaba más sobre su esencia creadora que de su valor como existencia completa, y eso hacia pensar ―o más bien comprobar― al Eluchil, que lo que de verdad importaba para Crawfördus era la obra más que la creadora.
La mercancía valía más que su sobrina.
―Cuando pasemos el puente del Río de Estrellas estaremos más cerca de mis territorios, mi Señor ―declaró Crawfördus cerca de la orilla del río que dividía en dos el universo―. Solo debo buscar la manera de obtener el favor de la diosa Kyoukáely, aunque será algo dificultoso de lograr. La prenda que le ofrecí la primera vez de manera cierta que no es nada fácil de superar, o de acercársele siquiera a su nivel de ejecución y belleza.
―Visto la prendas que habéis intercambiado a lo largo del camino me sorprende tal declaración, su sobrina, la Vaire, posee un don ejemplar, y además no parece que se abstenga en detalles con ninguna de sus creaciones, sean estas pequeñas o grandes.
―Cierto es, cierto es ―sonrió el dios menor―, pero los tejidos más finos hace tiempo que se me acabaron, por eso vuestra eminencia no ha tenido la delicia de contemplar sus trabajos más valiosos.
―¿Dice usted que una obra es más valiosa que otra a pesar de ser hechas ambas por las manos de su tan amada sobrina? ―Jeräel observó el nerviosismo en el dios menor y sus pensamientos anteriores se vieron más que justificados.
―No han sido esas mis palabras ―sonrió con falsa amabilidad―, para mí no hay escala de valor, pero para ojos ajenos sí que existen y en esas he basado mi argumento.
―Mi error, pues ―contestó el dios de azulada y larga cabellera―, pido dispense mi mal entendimiento.
―No hay nada que dispensar, mi Señor ―asintió con cortesía fría―. Las palabras no siempre llegan a quien las escucha manteniendo el significado de quien las emite.
―Sabias palabras ―aceptó el dios azulado―, y no debe usted preocuparse del precio a pagar a la diosa del camino de urracas, las estrellas son mis benefactoras, y de ellas obtendremos el favor en este río.
Dicha la solución, el Eluchil ejecutó la acción.
Siete de sus dedos formaron una señal de sujeción de las estrellas ante su petitoria, y en seguida la inconmensurable cantidad de astros que llenaban el río frente a ellos emitieron su luz, tan blanco y resplandeciente fue el resplandor que el dios menor protegió su vista con el tejido que vestía y no fue capaz mas que de observar, pasado un momento prolongado, como un camino de luz se manifestó frente a sus ojos.
Sorprendióse el dios menor de la creación erigida frente a él mas no emitió juicio alguno sobre tal hecho y se dispuso a seguir al Eluchil de estrellas que había iniciado su camino sobre el puente de luz. Sus pasos no habían adelantado más que la cuarta parte del resplandeciente puente cuando fueron interceptados por la diosa ave, quien con el ceño fruncido y las verdosas plumas de su cabeza crispadas se puso frente a ellos y les pidió detenerse y explicar el por qué del cruce atrevido del trecho que ella adjudicó a sus dominios.
―Dispensad mi posible ignorancia ―habló el dios azulado en cuanto la mujer terminó de emitir la razón de su molestia―, pero mi conocimiento me indica que el Río de Estrellas no es propiedad de nadie, y aunque suele ser a usted a quien recurran para cruzarlo, cierto es que no es una ley.
―¡Habrase visto! ―clamó la diosa Kyoukáely molesta―. La osadía de hablarme de esa manera y por parte de un dios de notoria juventud.
―Puede que mis años no se acerquen a los suyos, pero mi rango de manera certera es superior ―Jeräel le mostró un pequeño orbe―. Y la existencia que me manda a cruzar al otro lado es más antigua que la de cualquiera de los aquí presentes ―incapaz de debatir al ver brillar dentro del orbe un mandato de la diosa el tiempo Ulteäry, Kyoukáely volvió sobre sus aves.
―No os atrevías a buscar mi favor ―observó a ambos dioses y sonrió―, mis aves no os prestarán sus servicios ―y con el movimiento de una de las alas verdosas que decoraban su cabeza, las aves negras de vibrante energía cósmica le siguieron hacia el lado contrario de su camino.
―No debisteis enojar a la diosa, mi Señor ―advirtió nervioso el dios menor.
―Cada existencia en el universo cumple una función. La creación de la diosa reside en la razón de permitir el cruce del puente a quienes no pueden efectuarlo con sus propias habilidades, tratar de obtener beneficios por el deber de su origen no es algo que debería permitírsele ―observó a Crawfördus asentir no muy de acuerdo―. Cuando una creación singular del Todo intenta obtener más de lo debido y merecido se corrompe, y pervierte y daña su entorno, es por ello que el consejo de dioses primigenios firmaron el acuerdo para evitar que esas esencias putrefactas dañaran el equilibrio, y por ello, entre los Dioses del Caos y la Muerte y los Dioses del Orden y la Vida crearon la daga de Dagnir, para terminar con vidas inmortales corruptas. ¿Ha escuchado usted, Crawfördus, hablar de ella?
―Lo mínimo que de ella se puede y deba saber mi Señor. Poco más que una leyenda, poco menos que una amenaza suficiente para mantener el control sobre el deseo de la avaricia ―contestó Crawfördus en tono humilde y comenzó su camino de nueva cuenta.
Jeräel no agregó más y siguió el camino también.
Un lapso más de tiempo y pronto se vieron dentro de los territorios del dios menor, algo bien recibido por ambos, ya que su silencio se había prolongado por la mayoría de la etapa final de su viaje, y para cuando Crawfördus pudo usar su poder para transportarse a su recinto celeste en la octava bóveda sobre el mundo humano, Jeräel agradeció el descanso que brindó en esa hospitalidad de fría cortesía y el alojamiento que le permitió en la sexta cúpula celeste.
Ahí descansó un par de periodos, que para los mortales vendrían a llamarse días.
Mas su trabajo ―el acordado y el secreto―, debía de ser realizado, y por ello solicitó reunirse con la Vaire dueña de la aguja rota, solicitud que fue aceptada en tiempo corto.
Y allí, ahora frente a ella, su boca no hallaba manera de emitir palabras, más su mente ―siempre audaz y rápida―, ya había emitido más de un juicio respecto a ella, pero el primordial era uno, y el más importante era ese uno:
Era hermosa.
Sus ojos estaban acostumbrados a la belleza, la de las diosas que veía llegar con sus petitorias, a la de las estrellas que iluminaban el firmamento, a la de las cosas que se creaban en sus manos, mas la diosa Vaire lo deslumbró, y le hizo sentir que la razón de su viaje se debía a que él debía de conocerla a ella.
Como si su esencia siempre hubiese estado incompleta y hasta ahora se encontrase en sintonía con el universo.
La diosa, a quien Crawfördus ostentó con una mezcla de cariño y posesión, se presentó con respeto ante él, su nombre sonó a música cuando lo pronunció y el cabello que decoraba sus pálidos hombros le recordó a las hermosas llamas escarlatas de sol antiguo que el usaba en su labor de Eluchil.
―Agradezco vuestra molestia al venir hasta el dominio de mi Tío ―la diosa frente a él mostró su respeto bajando la cabeza―. Cierto es que estoy honrada de vuestra presencia y vuestra inmerecida disposición a ayudarme a recuperar mi amada aguja.
―Yo… ―el dios azulado parpadeó un par de veces al haber sido capturado en los orbes castaños de la diosa―. El placer es mío en su totalidad. He visto vuestras creaciones a lo largo de la jornada, y siendo la razón de mi misma existencia la creación, he ido erigiendo una admiración hacia su ejecutora ―observó como un carmín leve decoraba su piel y sonrió encantado en consecuencia― Tenerle frente a mí, es más que placer, un honor.
Y la diosa le devolvió la sonrisa.
―Erzaëlí, mi pequeña ―interrumpió Crawfördus con un tinte irritado en su usual voz servicial―, ¿por qué no vais a buscar el par de la aguja por la que el bienquisto dios Eluchil se ha tomado la molestia de venir?
La diosa de cabellera escarlata asintió, y luego de una reverencia se fue a cumplir el encargo, alejándose con la elegancia que el movimiento de su vestimenta maravillosa replicaba.
―Espero su impresión de mi amada sobrina sea favorable, mi Señor ―la bóveda séptima y residencia de la diosa se inundó de los colores iridiscentes de un sol naciente―, no solemos recibir muchas visitas y temó que sus modales le hayan ofendido.
―Imposible sería que su sobrina me ofendiese ―sonrió de manera genuina, algo que Crawfördus en toda la larga jornada nunca había visto―, por el contrario, temo ser yo quien logre eso y termine siendo considerado un indeseado en su hogar.
―Su eminencia no debe de preocuparse por tal evento ―negó el dios menor―, mi sobrina bien conoce su lugar y jamás se permitiría pensar tan elevado de sí misma.
Jeräel frunció el ceño molesto ante tales palabras.
La Vaire bien podía ser una diosa de tercer orden, pero seguía siendo no solo una respetada diosa creadora, sino también un ser existente.
―Le aseguro que mi sobrina no le causará fastidio o disturbio alguno ―calló al ver a su sobrina acercarse con una caja de color plata y Jeräel decidió no seguir con el tema por respeto a la diosa que llegaba al lado de su tío.
―Ésta es, mi Señor ―abrió la caja con sumo respeto―, mi señora madre y creadora las obtuvo para mí de un dios Eluchil que asumo tendría vuestras magníficas capacidades también ―agregó con sinceridad cordial.
―Me halaga en gran manera vuestro pensar sobre mis habilidades, mi Señora ―Erzaëlí parpadeó sorprendida al recibir tal título―, espero estar al nivel de vuestro cálido pensar, ¿me permite revisar la aguja? ―sonrojada asintió sin demora y sus ojos no se despegaron de los ojos casi dorados del dios frente a ella―. Un trabajo magnifico… Sin duda su creador era de primera categoría, no es común un trabajo tan esmerado en un artefacto como éste.
―Su madre, mi amada hermana nunca reparó en obsequios para mi hermosa sobrina ―asintió orgulloso Crawfördus―, por eso es una tragedia lo que le sucedió a la otra aguja, y la razón pues, de mi incansable viaje para encontrar la solución es compensar su bondadoso corazón de madre ―Jeräel observó la mirada evasora de la Vaire― ¿Cree usted mi Señor que tenga arreglo?
Jeräel tardó en responder.
Revisó la aguja un par de veces más y de su mano una cálida luz dorada emanó y le permitió estudiar parte de sus propiedades de creación, luego, con un vistazo a la ansiosa diosa de hermosos labios rosa, asintió.
―Deberé estudiarla mejor, y para ello requeriré plantar una fragua en sus dominios ―Crawfördus asintió sin miramientos―, también requeriré materiales que repongan el daño y me permitan darles el tamaño adecuado para las delicadas manos de tan talentosa tejedora.
―¿Deberá entonces salir usted de viaje, mi Señor? ―preocupada interrogó la diosa―. No desearía que se tomase más molestias, si gusta yo podría ir y…
―Ni una palabra más ―interrumpió Crawfördus―. Ni mi honorario invitado ni mi delicada sobrina se verán enfrentados a tal tarea, yo me encargaré de esa labor.
―Pero Tío... ―habló con preocupación genuina la Vaire y el azulado no perdió detalle a pesar de su desconcierto.
―No me arriesgaré a perderte a ti también, Erzaëlí. Tu madre me confió tu cuidado, y esa es la misión de mi existencia ―sentenció con una sonrisa y dio por zanjado el asunto.
―Mi señor Crawfördus ―una voz se anunció en la entrada de la bóveda y al recibir la cabezada de entrada del dios menor se acercó a ellos―. Una criatura celeste del cielo norte desea hablar con vuestra eminencia.
―¿Es urgente la cuestión?
―Eso ha dicho, mi Señor.
―Pues bien ―soltó un suspiró y miró al dios Eluchil―. Perdone esta interrupción, pero debo tratar asuntos importantes luego de tan larga jornada fuera.
―Es más que entendible ―negó Jellal―, no necesita de mi dispensa.
―Agradezco en demasía su comprensión ―asintió y señaló la salida de la séptima bóveda y recinto de su sobrina―. Si me acompaña por aquí, pediré a mis siervos que atiendan el deseo de la fragua.
―Excelsa sugerencia, empero, primero necesito hacer averiguaciones y para ello necesito la ayuda de su sobrina ―miró a la sorprendida diosa y explicó―. Es de mi necesidad el saber las circunstancias en que la aguja se quebró para determinar que pudo debilitarla y evitar tal error de creación al repararla ―Erzaëlí asintió nerviosa y Crawfördus frunció el ceño―. Claro está, si mi Señora me permite el placer de su presencia por más tiempo ―sus ojos volvieron a reparar en la evasión nerviosa de su mirada y el herrero decidió presionar un poco más, en especial al ver también la renuente predisposición del dios menor―. El núcleo de la aguja es de estrella gigante roja, rota su muy inestable energía se escapa de la aguja y si no averiguo todo con premura es probable que al final tenga que hacer agujas nuevas y eso tomaría más del tiempo que me fue permitido, por lo que al final mi viaje terminaría en ese momento y mi misión ―observó a la Vaire―, para mi propia decepción y mi vergüenza ante usted, sería fallida.
Crawfördus apretó el puño.
Y aceptó.
―Erzaëlí, contesta cada pregunta de nuestro amable salvador ―su mirada fija en su sobrina―. Sé que cuento contigo para no darle problemas a nuestro invitado.
―Por supuesto, Tío ―agachó la cabeza y despidió al dios que se desvanecía tras las nubes tornasol que ahora cubrían la salida de sus recintos.
El dios Eluchil se volteó hacia la diosa Vaire y observó el recelo en sus ojos café, eso, por alguna razón lo hizo sonreír, pero más aún fue atrapado en el sentimiento y admiración por ella cuando se cruzó de brazos y lo enfrentó con un argumento inesperado y muy certero:
―El núcleo de mis agujas es de estrella enana blanca y puedo jurar que su energía está intacta a pesar de su rotura. ¿Me permitiría saber la razón de su obvia mentira?
―¿Obvia mentira? ―elevó una ceja sorprendido.
―Entiendo que es un dios talentoso, pero la falsedad no es uno de sus talentos ―entrecerró la mirada, arrugó su pequeña naricilla y sus ojos inquisidores hicieron sentir una burbuja de diversión en el pecho del dios herrero― ¿Por qué le mintió a mi Tío?
Pues bien, el dios Eluchil había sido descubierto.
Pero en lugar de abochornarse por haberse visto descubierto en tal deshonrosa acción, el dios se acercó a la diosa y tomó un mechón escarlata de ella entre los dedos, por un lapso prolongado de su tiempo que siempre fue infinito, pero hasta en ese momento ambos entendieron la importancia de su pasar, no hablaron.
Solo se observaron.
Mas la diosa Vaire ―curiosa por naturaleza de creación― decidió romper el tiempo compartido tomando la fuerte mano del Eluchil y apartándola de sus cabellos.
Sosteniéndola lejos de sí misma, pero incapaz de soltarla.
―¿Por qué necesitaba vuestra eminencia hablar a solas conmigo? ―su voz suave y curiosa hicieron que el dios azulado tomara la mano con suavidad e imitara esa acción con la otra, colocando ambas manos sujetas al mismo nivel.
―Porque quería saber la razón de su tan grande mentira para con su tío ―la diosa se abrumó con las palabras del Eluchil y no pudo contestar―. Pero primordialmente, mi curiosidad quiere ser saciada al averiguar el cómo unas manos tan delicadas y suaves fueron capaces de romper una creación tan perfecta y casi indestructible como lo era esa aguja que ahora debo reparar.
La réplica de Erzaëlí murió en sus labios cuando Jeräel ejecutó una acción inesperada.
…Cuando los labios del dios besaron sus manos con gentileza…
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¿Reviews?
:D Sus reviews hacen que prosiga la historia D:
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Disclaimer II: Basada levemente en la "Leyenda Del Tanabata"
Aclaraciones:
Dagnir: (Élfico) La daga se llamaría Daga de la ruina y/o asesinato.
Vaire: (Élfico) Tejedora.
Eluchil: (Élfico) Herrero.
Erzaëlí: Erza.
Jeräel : Jellal.
Ulteäry: Ultear.
Kyoukáely: Kyouka.
Crawfördus: Crawford.
Enana Blanca: Cuando una estrella llega a su límite de existencia el espacio de sus electrones se comprimen y se ven obligados a moverse más rápidamente, generando la presión de degeneración electrónica, y esto se opone al colapso de la estrella. Su densidad es muy alta por la contracción y la emisión de luz es débil debido a lo mismo ―por ello en teoría para el fic― sería un núcleo que no derrocharía energía.
Gigante Roja: Es una estrella gigante que inicia su expansión luego de consumir sus reservas de oxigeno. Debido a ello la atmósfera de la estrella baja la temperatura y al descender a un mínimo comienza a irradiar más luminosidad. Toda la energía pasaría de estar en el núcleo en la cascara. Y por ello ―para el fic―, se asume que derrocha la energía contenida.
Rincón De La Escritora En Proceso:
Chan chan… Erzaëlí traviesa… ¿Por qué hizo eso? Jeräel pillo… ¿qué quiere averiguar? D: Y más preguntas serán respondidas en el último cap. *w*/ Espero les gustase.
Agradecimientos:
Vosotros adorables reviewistas con cuenta os respondo por PM:
LightKey 27
MinSul6011
Noalovegood
Lady Werempire
Bluewater 14
Banana Sama
DanaLovesOhana
IBLWE
FletchS
Vosotros adorables reviewistas sin cuenta os respondo por acá:
BlueMoonDaughter: Es una leyenda muy linda y muy corta. Ojalá la hayas leído. No te preocupes por los nombres, de hecho cuando escribo uso los normales y luego los modifico todos con el modificador de palabras de Windows. xDD Yo también odio a Crawford, aunque en FT al que más odio es a Iván por como trató a mi amado Laxus. :c Erza aprendió mucho de María Antonieta, xD Los malos ejemplos a veces enseñan más que los buenos al observar sus consecuencias. U-U Ultear hace de casamentera hasta cuando es una toda poderosa diosa. xDDDDDDDD
Gracias por entender las razones, sinceramente yo tengo un gran apoyo, uno que nunca me esperé siendo el Jerza el ship con menos fandom de los cuatro principales, y bueno, topé con mucha suerte. QwQ La campaña es para apoyar a muchas autoras, mucho más talentosas que yo que lamentablemente ven su esfuerzo ninguneado. U,U Gracias por ser un apoyo siempre.
Saludos y Besos.
U.U: Ese nick es muy original. xD Me alegra que te resultase lindo, Mi Maid tiene su actualización mensual y la de este mes toca la otra semana. Gracias por leer. Saludos. NwN/
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Espero les haya gustado.
Gracias por comentar
¡Adieu!
.o./
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