Aquí tenéis el capítulo 2. En principio y según lo que tengo planeado, la serie durará 11, pero no es algo fijo. Si veo que os gusta intentaré tardar menos en sacar los siguientes. ¡Disfrutadlo!
—Vale, vale. Parece que vas mejorando con la puntería, pero a ver si puedes estrujarla mientras la tienes en el aire.
Era por la mañana y estaban en la azotea del bloque de apartamentos. Habían pasado solo unas pocas jornadas desde que Lily llegó, pero Lincoln se había adaptado bastante bien a la revelación de su hermana después de aquel caótico primer día. Incluso habían tenido tiempo para practicar y ver un poco del potencial de las habilidades de la niña.
—No sé… Moverlas vale, pero mantenerlas y hacer cosas con ellas… —Los dos hermanos se encontraban frente a un palé con unas cuantas latas de refresco vacías encima. Llevaban un rato entrenando.
—Bueno, si nunca lo intentas, nunca lo sabrás —Lincoln animaba a su hermana a que sacase lo mejor de sí misma, aunque ella tenía dudas.
Lily no estaba muy convencida de poder hacerlo. Aunque tenía "superpoderes" (cosa que a la niña le resultaba todavía muy extraño de decir o pensar), lo cierto es que se cansaba mucho al usarlos. Requerían bastante esfuerzo mental y físico, y ella no estaba segura de que los usase adecuadamente. Su hermano la motivaba. Ella podía estar algo insegura o cansada, pero ver a Lincoln tan feliz por su don conseguía estimularla y darle el impulso que necesitaba.
—Está bien. Allá voy —Lily se concentró y levantó su mano derecha, frunciendo el ceño. Lincoln procuraba no hacer ruido mientras su hermana actuaba. El único sonido que había era el de los coches de fondo, pasando por el asfalto mojado, a bastantes metros debajo de donde ellos estaban.
Solo quedaban dos latas en pie. Otras tres estaban en el suelo después las pruebas anteriores. Tras unos segundos, una de ellas empezó a temblar, tirando a la que tenía a su lado. Comenzó a elevarse, y subía y bajaba mientras Lily trataba de estabilizarla. Lincoln, entre dientes y en bajito, animaba a su hermana a dar el paso. La lata de aluminio parecía arrugarse levemente por la parte central a la que Lily hacía ruidos por el esfuerzo.
—¡Tú puedes! —Lincoln no pudo acallar el ímpetu y cedió a su ilusión.
Lily hizo un esfuerzo, pero la lata empezó a balancearse de arriba a abajo cada vez más. Ella hacía cuanto podía por estrujarla, pero con el cansancio le costaba mantenerla quieta y finalmente se le cayó al suelo.
—¡Qué pena! —dijo Lincoln.
—¡He estado a punto!
—Ha sido increíble. Si sigues así seguro que lo conseguirás, joven Padawan.
Lincoln se acercó al palé para recoger las latas y volver a ponerlas en línea. Su hermana miraba cómo lo iba haciendo. Una llamada de un número desconocido hizo que parase.
—Dame un segundo, tengo que contestar. Vete tirándole piedrecitas a las latas desde lejos, o algo.
Lily le fue obediente e hizo caso. Entre el ruido de las rocas chocando contra el metal y la concentración que requería para mover objetos, no prestó mucha atención a la conversación que se traía su hermano entre manos.
—Está bien. Sí, sí, muchas gracias. Gracias. Adiós. —Lincoln colgó su móvil y se volvió a acercar a la zona en la que estaba Lily.
—¿Quién era?
—Era… Era de la editorial —dijo Lincoln estupefacto.
—¿Y?
—Al parecer les ha encantado SuperSister. Quieren que trabaje para ellos dibujando y escribiendo. —Lincoln no se lo llegaba a creer.
—¡Pero eso es genial! ¡Por fin van a publicar lo que dibujas! Es increíble. ¡Sabía que algún día lo lograrías! —Contestó Lily emocionadísima.
—Es… ¡ES LA LECHE! De hecho, perdona por la palabrota, ¡PERO ESTO ES LA PUTA LECHE!
Los dos hermanos empezaron a dar brincos de alegría abrazándose.
—Empezaba a dudar sobre si lo conseguiría. Todo esto es gracias a ti. Si no llegas a estar aquí para inspirarme jamás lo habría logrado. —Lily se sintió halagada por el comentario.
—Bueno, por algo tienes la hermana más guay del mundo… —Lily le replicó echándose el pelo al lado sarcásticamente, como si fuese una superestrella.
—¡Esto tenemos que celebrarlo! Por fin tendré un sueldo decente y fijo. Al menos mientras haga la serie… ¡Prepárate señorita porque esta noche salimos a comernos la langosta más cara de la ciudad!
—¡Pero debe costar cientos de dólares! Y todavía no te han pagado, ¿no?
—Cierto… ¡Pues prepárate para comerte la pizza más cara del restaurante más asequible del barrio!
—¡Guay! Creo… —dijo Lily celebrándolo a medias.
El móvil de Lincoln empezó a sonar de nuevo. Lo sacó de su bolsillo y lo desdobló como si fuese una servilleta. Así había evolucionado la tecnología para ahorrar espacio, aunque su teléfono no era de los más modernos. Esta vez el número no era desconocido; llamaba una tal Dana.
—Oh mierda, lo había olvidado…—Lincoln comentó instintivamente en alto.
—¿Qué pasa? ¿Quién es? —Su hermano oyó sus preguntas, pero decidió responder a la llamada mientras se alejaba a la zona que daba a las escaleras del interior del edificio. Prefería tener la conversación en privado.
Lily aprovechó el momento para recoger y tirar las latas que habían estado usando, pero no pudo evitar poner la oreja en la conversación de Lincoln. No quería ser muy cantosa, así que lo hizo desde una distancia prudencial a sabiendas de que se perdería algunos detalles.
"Claro que lo recordaba, nena"… "mi hermana está en casa durante el verano…"… "¿No puede ser otro día?"… "Vale, intentaré apañármelas. Te veo luego".
Lincoln regresó con su hermana mientras se guardaba el teléfono. Lily hacía como que no había oído nada, pero más o menos se había enterado de todo.
—Lily, creo que vamos a tener que dejar la celebración para otro día… Había olvidado que para hoy tenía una cita con… con una amiga.
—¿Jo, lo dices en serio? —Aun oliéndoselo con anterioridad, la cara de decepción de la niña era evidente.
—He intentado aplazarlo, pero ella va a irse durante el verano y no la voy a poder verla hasta dentro de un tiempo. Íbamos a cenar esta noche en casa…
—Bueno… Supongo que vale… A todo esto, ¿quién era? ¿Era Ronnie Anne?
—No, no era Ronnie Anne. Era… otra amiga —Lily era consciente de que algo había pasado entre esos dos, pero prefirió dejarlo pasar de momento. Al menos hasta ver contestada una duda que tenían los dos en la cabeza.
—¿Y qué voy a hacer yo mientras vosotros cenáis?—Lily preguntó. Lincoln se quedó mirando pensativo a la niña, buscando una solución al problema.
Din, don.
Lincoln y Lily estaban expectantes al otro lado de la puerta. Se encontraban en el rellano de su mismo piso, pero de cara a la casa de los Arnold, los vecinos de Lincoln. Lily era plenamente consciente de que ahí vivía ese tal Max, y le temblaban las piernas de los nervios con solo pensarlo.
La puerta se abrió y para alivió o tristeza de Lily, no fue Max el que estaba al otro lado. Era Mike, su padre, un tipo de unos cuarenta años, más alto que Lincoln, de pelo oscuro y con aspecto algo serio. Le sorprendió ver que era más amable de lo que parecía por el rostro.
—Ey, Lincoln, ¿qué te cuentas? —Mike tardó unos segundos hasta bajar la cabeza y percatarse de que Lincoln no estaba solo—. Vaya, ¿a quién tienes aquí? ¿Cuál de tus hermanas es esta?
—Es Lily, la más pequeña. Tiene los mismos años que Max.
—Pues encantado de conocerte, Lily Loud —Mike le dio la mano de forma muy caballerosa a la niña, que le respondió con una sonrisa.
—¿Y cómo tú por aquí, chaval?
—Pues… verás, me haríais un gran, GRAN favor, si os pudieseis quedar hoy con mi hermana esta noche.
—Buff…
—Es que olvidé que tenía una cita con la chica esta que te conté, y no puedo cancelarlo porque se va a ir todo el verano fuera de la ciudad —Lincoln explicaba intentando convencerle.
—Insisto con el "buff"… Tío, hoy mi mujer tiene turno de noche en el hospital y me tengo que quedar yo solo con Max. Y además hay partido…
—Venga, yo me he quedado un montón de tardes con Max. Me debéis una, colegas.
—Tercer buff…
La mujer de Mike, Victoria, que estaba en la cocina, entró en la conversación desde la lejanía, teniendo que gritar y generándose una situación un tanto cómica.
—¿QUIÉN ES, MIKE?
—ES LINCOLN.
—OH, ¡HOLA LINCOLN!.
—¿QUÉ TAL, VICTORIA?
—BIEN. ¿OYE VAS A QUERER UN TROZO DE LA LASAGNA QUE TANTO TE GUSTA?
—NO HACE FALTA, ¡ESTE MES VOY A COBRAR! ¡ME HAN COMPRADO UNA IDEA PARA UN CÓMIC!
—¡OH, ESO ES GENIAL!
—¡Por Dios, basta de gritos! ¡Nos va a oír todo el maldito edificio! Está bien, te haré el favor esta tarde, pero dejad de chillar.
—¡Bien!
—Me alegro por lo del curro, por cierto. Ya me darás un ejemplar…
Entre todo ese panorama, Max salió corriendo con ímpetu de su habitación para acercarse a la puerta.
—Woh, ¿¡Te han dado el curro, Linc?! —dijo mientras chocaban con su saludo perfectamente coreografiado—. ¡Genial, ahora podrás comprarte la nueva Playstation! ¡Te voy a machacar en el Mortal Kombar XV!
—¿¡Ha dicho Mortal Kombat?! —Mike le preguntó a Lincoln en tono de desaprobación por ser un videojuego tan violento. Lincoln le contestó con una mentirijilla seguida de una mirada a Max por meterle en el aprieto.
—Bueno… —Lincoln intentó cambiar el tema rápidamente— ¿Oye, conoces a mi hermana Lily…? —Lincoln se detuvo al ver que su hermana ya no estaba junto a él. Al darse la vuelta vio que la puerta de su piso estaba abierta.
—Pues no… —contestó Max.
—Ya, ya veo que no. ¡Bueno, pues la conocerás esta tarde…!
Lincoln y Lily tenían en sus platos una porción de ensalada y tortilla. La comida había mejorado sustancialmente en cuestión de días. Ambos estaban sentados en la mesa del salón mientras la tv sonaba de fondo con un capítulo de Los Simpson.
—La tortilla te ha salido muy rica —dijo Lily con la boca llena.
—¡Ya veo que te gusta!—A Lincoln le parecía graciosa la forma en la que Lily comía. El entrenamiento le daba mucha hambre y lo estaba engullendo con ansia. Tanta que iba soltando perdigones por no querer parar de comer al hablar —. Oye, ahora que ya estamos aquí. ¿Cómo es que has salido con tantas prisas de la casa de los Arnold?
—¿Yo? —Lily se empezó a poner nerviosa y tuvo que parar de comer.
—Sí, tú. ¿Quién va a ser?
—No me he ido con prisas… Era solo… que os he visto charlando de vuestras cosas y… bueno, de habernos bebido las latas para practicar me habían entrado ganas de hacer pis, ya sabes.
—Ah. Entonces era eso…
Lily tenía que salir de esa encrucijada. Era el momento de sacar su as bajo la manga.
—Por cierto, ¿me vas a decir de una vez qué pasó con Ronnie Anne?
—¿Vas a seguir insistiendo con eso, eh? —Lincoln resopló ante el regreso de su tema incómodo—. Supongo que huir con los platos, caerme y descubrir que tienes superpoderes no va a servir una segunda vez, ¿no?
—Nope.
—Está bien. Ronnie Anne y yo ya no estamos juntos. Tuvimos… problemas. Pero basta ya con el temita, por favor. Ya sabes lo que pasó y aquí se acabó.
—¿Pero por qué? ¿Qué os ocurrió?
—Lily, déjalo —Lincoln le respondió de forma calmada.
—Pero si estabais superbién y pasabais todo el tiempo juntos. Y además con esa explicación no me he enterado de nada...
—Lily…
—Es que no lo entiendo. ¿No viniste a la ciudad para estar con ella? Si era genial. Te acuerdas de aquella vez que rompí mi bici al caerme en la montaña y ella me regaló…
Lincoln se levantó, y con Lily todavía hablando, dio un duro golpe en la mesa para detenerla.
—¡LILY, CIERRA LA BOCA DE UNA VEZ! —El grito iba furioso; lleno de rabia. Quedó impactada con la reacción de su hermano. Pocas veces le había visto así, y se asustó un poco. Para el resto de la comida los dos estuvieron en absoluto silencio y el ambiente quedó crispado y enrarecido. Fue Lincoln quien lo rompió al terminar para pedir disculpas por su reacción. Lily se arrepentía de haber sido tan insistente, pero realmente quería a Ronnie Anne casi como a una hermana (al fin y al cabo la conocía desde que era un bebé), y todo esto no había hecho otra cosa que generarle más interés.
Los dos lavaron y recogieron los platos en la pequeña cocina, intentando olvidar la situación incómoda de antes. Al finalizar, ambos estaban con la cabeza en otra parte: Lincoln pensando en recoger toda la casa y preparar una cena romántica en condiciones, y Lily en cómo podría camuflar sus nervios mientras estaba con Max.
Lily tendría que partir a la casa de los Arnold para aproximadamente las seis. A las tres ya estaba frente al armario intentando decidir qué ponerse. Por una parte quería causar una buena impresión. Por otra, tampoco quería verse fuera de tono y excesivamente preparada. Estuvo probándose y quitándose prendas durante una hora y media para finalmente acabar con una camiseta de un gato gracioso de un meme y unos pantalones oscuros que le acababa de comprar su madre.
La siguiente hora y media fue para decidir si se maquillaría o no. Tampoco podía hacer mucho, lo primero porque nunca se había maquillado, y lo segundo porque apenas había nada en la casa de Lincoln. Tras un buen rato dudando, decidió echarse una pizca del colorete que le había cogido a su madre antes de llegar a la ciudad. De nuevo invirtió gran cantidad de tiempo poniéndoselo, quitándoselo y volviéndoselo a poner. No terminó muy convencida, pero se lo dejó puesto.
Por su parte, Lincoln lo dejó todo para el último momento. A toda prisa recogió todo lo que había por medio en la casa, colocó la mesa en el salón con un mantel blanco y un par de velas en el centro, y se vistió en tres contados minutos con una camisa naranja y unos pantalones chinos color caqui.
—¡Lily! ¿Lista para irnos? —Lincoln le preguntó a lo lejos mientras todavía ultimaba la austera decoración para la cita.
—¡Sí, ya podemos irnos! —Lily pasó al salón, donde estaba su hermano y se acercó a él para esperar. Lincoln se la quedó mirando extrañado.
—¿Te has echado maquillaje?
—¿Yo? Qué dices, vaya cosas tienes. Si tengo once años…
Din don.
Lincoln miraba su reloj algo estresado. Si no se daba prisa llegaría tarde para recoger a su cita.
Din don, din don.
—¡Ya voy, ya voy! —Se oía al otro lado de la puerta. Mike abrió a los pocos segundos y vio a Lily y a un Lincoln con unas prisas que solo le habría faltado dejar a su hermana en una cesta como quien deja a un bebé abandonado en un parque de bomberos.
—Bueno, te la dejo ya. Si hay algún problema ya sabes dónde voy a estar. ¡Gracias otra vez por quedártela! —Lincoln dijo mientras hacía ademán de irse.
—Un momento, chaval, ¿no irás a irte con esa mancha en la cara, no?
—¿¡Qué mancha, qué mancha?! —Lincoln pasó con urgencia al hall de la casa de los Arnold para mirarse en el espejo que tenían ahí.
—Ah no, que la mancha era tu cara. Fallo mío —Mike y Lily se empezaron a reír de su reacción.
—Mike —dijo Lincoln dando un suspiro en busca de paciencia—, eres idiota. Me voy corriendo. Cuídate, Lily, y no le des problemas a Mike —Lincoln le dio un beso rápidamente a su hermana en la mejilla y se fue a la carrera.
—Bueno, Lily, pues estás en tu casa —Mike le indicó por encima dónde estaban las habitaciones del apartamento. Más grande que el de Lincoln, por cierto—. Yo andaba viendo el partido, si te quieres unir eres bienvenida. Si no, Mike está en su habitación jugando a la consola. Supongo que agradecerá algo de compañía.
—Está bien, gracias. Iré a presentarme —Lily sonrió amablemente y fue en dirección a la habitación del chico.
Cuando estaba frente a la puerta, el corazón le latía a mil por hora. Debía comportarse de manera natural, pero aunque solo había visto a aquel chico un par de veces de lejos, sabía que le iba a ser difícil dejar los nervios a un lado.
Toc, toc.
—¡Pasa!
Al abrir y entrar, lo primero que vio fue un escritorio al fondo con varios cuadernos tirados por encima. Tenía dos de las cuatro paredes pintadas de rojo y las otras dos en gris oscuro. La combinación con el blanco del techo quedaba bonita. Su habitación estaba algo desordenada, aunque nada comparable a lo que se encontró en la casa de Lincoln cuando llegó a Great Lakes City. Había unas cuantas prendas de ropa en una silla, y la cama, aunque estaba hecha, tenía arrugas por todas partes. Sentado en ella estaba Max, moviéndose nerviosamente con el mando en la mano. Estaba concentrado jugando a un videojuego de acción.
—Hola, soy Lily —dijo la niña, pensando para sí misma si le había temblado la voz o no.
—¡Ey! ¿Qué tal? Perdona por no ir a recibirte a la puerta, pero no podía pararlo en medio de la misión. Yo soy Max.
—¿¡Estás jugando al Muscle Fish 3?!
—Sí, ¿has jugado alguna vez?
—¿Bromeas? Antes de que Lincoln viniese aquí jugábamos todos los fines de semana. Me sé todos los mapas como la palma de mi mano. Al principio no le ganaba nunca, pero cuando aprendí su punto débil las cosas cambiaron. —Max tiró el mando al suelo y dejó de prestar atención a la pantalla para fijar repentinamente la mirada en Lily.
—¿Has dicho punto débil?
—Sí… —Lily quedó extrañada por la pregunta de Max. Había sonado exageradamente interesado.
—Tienes que enseñarme a hacerlo. Todavía no le he ganado ni una vez y no para de hacer su baile raro con el trasero cada vez que me vence. ¡Por favor, Lily, tengo que ganarle al menos una vez! —Max le puso el mando en las manos y Lily se sentó en la cama junto a él.
—Pues verás, puede parecer que es muy difícil ganarle, pero si haces este movimiento y mueves así el joystick no sabrá como contrarrestarlo y le tendrás en la trampa… —A Lily no le costó nada sumergirse en el juego y dejar de lado los nervios iniciales.
—¡Con que era así! ¡Él no paraba de hacérmelo y no sabía cómo acabar con él!
—Y tienes que ver cómo se hace el combo de patadas. ¡Cuando lo aprendí le gané 10 veces seguidas!
—¿Echamos un combate y me lo enseñas? —preguntó Max.
—¡Claro! ¡Pero no esperes que te deje ganar! —contestó de manera amistosa.
—¡Más te vale que no lo hagas! —Max cogió un segundo mando y empezaron a jugar juntos entre risas—. Por cierto, no sé si te lo han dicho alguna vez, pero te pareces un montón a tu hermano. ¡Y habláis igual! —dijo de buenas.
Lily se ruborizó un poco con el comentario de su nuevo amigo. Se lo tomó como una especie de halago. Y más sabiendo lo bien que se llevaban ellos dos.
Lincoln aparcó la furgodzilla y salió de ella para abrirle la puerta cortésmente a su cita, Dana, que estaba esperando en la acera. Era rubia, algo alta e iba bastante sexy. Se había preparado para la ocasión con un escote provocador.
—Llegas tarde —dijo Dana dándole un toque de atención a Lincoln.
—Perdona, estaba dejando a mi hermana en casa de los vecinos.
—¿Seguro? ¿No te habrás quedando viendo uno de tus ridículos animes, verdad?
—¿Ridículos? —A Lincoln le molestó el comentario, pero decidió dejarlo pasar—. Estaba dejando a mi hermana de verdad. Si quieres puedes pasarte ahora por casa del vecino para preguntárselo.
—No hace falta. Dios, era solo un comentario. No le des más importancia de la que tiene…
Lincoln de nuevo optó por ignorarlo y arrancó la furgoneta con dificultades para salir de camino a casa.
—¿Te habían contratado para escribir el comic ese de SuperSister, no? —Preguntó Dana— Por fin podrás deshacerte de este viejo trasto…
Ahora Max estaba jugando solo bajo el comando de Lily, que le daba indicaciones de lo que tenía que hacer.
—¡Pulsa el triángulo dos veces, y cuando le tengas en el suelo saltas con el círculo y le machacas el estómago!
—¡Mierda, no me sale! —dijo Max moviendo la cabeza al compás de los personajes del videojuego.
—Mira, déjame el mando que te lo enseño.
Max le dio el mando y las manos de los dos preadolescentes, desprevenidos en aquel momento, chocaron. Durante el rato que llevaban juntos, habían estado como dos amigos de toda la vida, muy cómodos, para sorpresa de Lily, pero en ese instante, con ese torpe roce, los dos se quedaron mirando con una tímida sonrisa, generándose cierto nerviosismo y haciendo que los dos se ruborizasen.
Los dos separaron las miradas de inmediato cuando escucharon a Lincoln llegar al pasillo del rellano con Dana. Después del confuso momento y de la situación con su hermano, Lily empezó a descentrarse del videojuego. No daba una a derechas y Max lo notó.
—Vaya, parece que estás perdiendo tu magia. ¿Estás bien?
Lily dio un pequeño resoplido antes de contestar.
—Bueno, es sobre mi hermano. La verdad es que no me gusta mucho que esté saliendo con otra chica…
—¿Y eso? ¿Te cae mal o algo así?
La niña soltó el mando y se levantó para deambular sin rumbo por la habitación mientras seguía la conversación. Max también se levantó, pero quedó estático en el sitio.
—No, no, qué va. Bueno, no lo sé. Ni siquiera la conozco. Pero es que antes estaba con Ronnie Anne, y…
—Ahh, sí —se metió Max—. ¡Ella era genial! ¡Una vez me trajo un cajón de medio metro lleno de helado de chocolate! Ni idea de por qué rompieron…
—Sí, es genial… Es casi como de la familia desde que yo era un bebé. Es como mi undécima hermana. O bueno, era. Por eso me gustaría que volviesen juntos, pero es que no sé ni por qué rompieron —dijo Lily con cierta tristeza mirando a través de la ventana.
—Vaya mierda.
—Cada vez que intento preguntarle por el tema, él trata de poner excusas raras para no decir nada o se enfada.
—¿Y por qué no le preguntas a Ronnie Anne?
—¿Y cómo lo hago? Si no sé dónde vive, ni me sé su teléfono ni nada…
—Pues hoy es tu día de suerte… —Max sacó su móvil y Lily se acercó rápidamente para ver su lista de contactos, entre los que figuraba el nombre de Ronnie Anne Santiago.
—¿En serio?
—¡Claro! Ya que me has enseñado la forma de derrotar a tu hermano, qué menos que devolverte el favor.
—¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS! —Lily, emocionada por el detalle, le dio un abrazo por inercia. Cuando se dio cuenta, los dos se encontraban pegados el uno al otro sonrojados. Al separarse, Lily tosió sutilmente para su mano intentando quitarle tensión al momento, y Max se quedó mirando al suelo mientras hacía círculos con la puntera de su pie derecho. Fue su padre quien rompió la situación al llamar a la puerta para avisar de que la cena estaría en breve.
—Bueno, ¿quieres llamar ya?
—Creo que sí. Necesito aclarar lo que pasó. Ella es importante para mí.
—Está bien. Aquí tienes —Max le cedió el móvil y Lily se preparó para llamar—. Pero un momento. ¿Qué es lo que le vas a decir?
—Voy a intentar hacer que venga para que hable con Lincoln. No sé qué puede haber pasado, pero estoy segura de que podrán solucionarlo de algún modo.
—Si han roto será por algo… ¿Crees que podrás convencerla de que venga a verle de nuevo? —Max intentaba convencerla de que pensara lo que fuese a decir antes de llamar.
—Mis padres siempre me dicen que soy muy ingeniosa. Supongo que se me ocurrirá algo… —dijo Lily mientras tocaba la pantalla del móvil y se lo acercaba al oído.
Pii, pii, pii, pii…
—¿Sí, quién es? —respondió Ronnie Anne— Lily empezó a ponerse nerviosa al escuchar su voz. Tal vez todo esto había sido precipitado.
—¿Ronnie… Ronnie Anne? —dijo con voz temblorosa.
—¿Sí, digame?
—Soy… soy Lily. Lily Loud.
—Dios mío… Lily, cuánto tiempo. ¿Va todo bien?
—Pues verás… En realidad no mucho… Te llamaba porque… porque tienes que venir al apartamento de Lincoln. O sea, no sé qué pasó entre Lincoln y tú, pero es importante que vengas.
—¿Que vaya? Cariño, te aprecio un montón, de veras. A toda tu familia, pero no puedo hacer eso… —Ronnie Anne hizo una larga pausa y tomó aire para seguir hablando—. De verdad que no puedo.
—Pero es que… Es que tienes que venir. ¿Qué fue lo que pasó tan importante como para que no puedas venir?
—Lily, eso… eso ya no importa… Mira, si quieres puedes venir a verme algún día. Te recibiré encantada, pero… No puedo ir allí. Tengo que colgar.
Se notaba que a Ronnie Anne le costaba seguir con la conversación y Lily estaba perdiendo su oportunidad. Intentaba buscar todas las posibilidades para hacer que no colgase el teléfono, y cada vez sus nervios iban aumentando.
—¡No, espera! Es que… Es que… —Lily tenía que soltar algo, lo que fuese—. ¡LINCOLN HA MUERTO!
—¿¡QUÉ?!
—¿¡QUÉ?! —También gritó Max a su lado, haciendo que Lily tuviese que girarse para que Ronnie Anne no le escuchase.
Lily se dio cuenta de su metedura de pata nada más terminó de decir la frase. Mientras tanto, Max se partía de risa de manera estridente mientras rodaba por el suelo de su habitación por la locura que había hecho su amiga.
—¿¡Pero… pero cómo que ha muerto?! —Sonó Ronnie Anne sollozando.
—Ronnie, tengo que irme, lo siento. Ven a su apartamento si quieres ir a su entierro y despedirte de él. Lo siento mucho.
Lily colgó de inmediato y se tiró a la cama de Max dejándose caer como peso muerto mientras su amigo se recomponía.
—¿Qué he hecho, Dios mío, qué he hecho? —decía cubriéndose la cabeza con la almohada.
—Menos mal que eras ingeniosa JAJAJA.
—Me he puesto nerviosa. Hacía mucho que no hablaba con ella…
—Pues la has hecho buena… —concluyó Max, que seguía todavía con la risilla tonta.
—¿¡DIOS, PERO CÓMO HE PODIDO DECIRLE ESO?! —dijo gritándole a la almohada, que recogía gran parte del sonido del chillido—. Tengo que llamar ya mismo para pedirle perdón.
—Vamos, no te vengas abajo. No lo has hecho con mala intención. Intenta solucionarlo y ya está.
Lily marcó de nuevo el número, pero no había contestación; solo un pitido que hacía que la pequeña Loud perdiese la cabeza.
—Madre mía… Espero que no se lo haya creído —dijo intentando animarse a sí misma.
Din, don.
Lincoln estaba sentado en la mesa frente a Dana cuando escuchó el timbre. La casa estaba prácticamente a oscuras, y la poca luz que había provenía de las velas románticas y de una guirnalda de bombillitas que tenía al lado de la ventana del salón.
Se dirigió hacia la puerta de forma pausada, y cuando abrió, ahí estaba. Era el repartidor de comida china. Le dejó su encargo y Lincoln le pagó la factura con una pequeña propina. A partir de ahora podría dar propinas, aunque no fuesen muy grandes.
—¿En serio, Lincoln? ¿Comida china? —refunfuñó Dana.
—¿Qué quieres que haga? Se me ha quemado el pollo que había preparado. Además siempre estás diciendo lo mucho que te gusta la comida oriental…
A la vez estaban cenando en la casa de los Arnold. Mike les había cocinado a los chicos un filete con patatas, y los tres comían mientras tenían el partido de fondo en la tv.
—Dime Lily, ¿A ti no te gusta el fútbol? —preguntó amablemente el padre, buscando un interés común para hablar.
—No mucho. Aunque mi hermana Lynn juega en un equipo profesional, y más o menos sé algo.
—Mola —dijo Max.
—¿Y en qué posición juega? —preguntó Mike. Pero Lily no contestaba. Estaba en su propio mundo después de haberla liado con la llamada de antes.
—¿Lily? —insistió Mike.
—Déjala, papá. Está distraída por… por cosas de chicas.
—Ah, bueno… —respondió Mike, dejándola espacio.
Los tres siguieron comiendo mientras veían la tv cuando un ruido perturbó su tranquilidad.
—¡SERÁS HIJO DE PUTA! —Oyeron el grito de Dana, con el eco del rellano del edificio, seguido de un golpe. Salieron disparados a la puerta para ver qué sucedía, aunque Max y Lily ya se lo temían.
De frente tenían a Lincoln, tapándose la cara enrojecida con la mano. Dana se largaba del piso arrasando mientras se colocaba el bolso en el hombro, no sin antes dejar un último mensaje para su cita.
—¡No me puedo creer que hayas llamado a tu exnovia para nuestra cita! ¡Eres un cabronazo, Lincoln Loud!
De espaldas a su visión había otra mujer. Tenía el pelo negro sujeto con una coleta, y llevaba una sudadera morada. Solo podía ser Ronnie Anne.
—¿Qué haces aquí, Ronnie? —preguntó Lincoln extrañado.
Ronnie Anne estaba totalmente conmocionada. Primero le llama la hermana pequeña de su exnovio para decirle que este había muerto, y después, tras ir corriendo entre lágrimas a su apartamento para despedirse de él, no solo no está muerto si no que resulta que está con una nueva novia.
—Estás vivo —dijo entre sollozos y con la voz temblorosa—. Tu… tu hermana me había dicho que…
Ronnie Anne paró de hablar y salió corriendo del edificio.
—¡Espera, por favor! —Lincoln intentó pararla, pero no pudo, y lo único que le quedaba era ver como se alejaba de él.
Lincoln intentó procesar durante un segundo todo lo que había sucedido. Y mientras se le escapaba una lágrima, se quedó con la última frase que había dicho la que había sido su novia durante muchos años: "Tu hermana me había dicho que…"
Lincoln levantó su mirada del suelo, y secándose los ojos llorosos con la manga de su camisa, se centró en su hermana Lily, que veía toda la situación junto con los Arnold desde el marco de la puerta. Max metió a su padre, que no entendía nada, dentro de la casa, dejando a Lily y su hermano hablar solos.
—¿Qué demonios le has dicho? —preguntó Lincoln con una voz baja, pero al mismo tiempo profunda, siniestra y llena de furia.
—Lincoln, yo… yo… —Lily dijo temblando, con voz temerosa.
—¿¡QUÉ DEMONIOS LE HAS DICHO?! —A Lincoln ya no le importaba nada si le escuchaba todo el barrio— ¡CONTÉSTAME!
—Que… que habías muerto. Y que viniese aquí… Yo solo quería que volvieseis juntos —dijo entre lágrimas y en una voz minúscula.
—¿¡Qué había muerto?! ¿¡Pero cómo puedes haberle hecho algo así a ella?! —Lincoln seguía hablando a grito pelado. Tanto que la voz se le rompía—. ¿¡Quién coño te crees que eres para poder hacer algo así?! ¿¡Tantas ganas tienes de saber lo que pasó entre nosotros?! ¿¡De verdad tienes tantas ganas de meter las narices en los asuntos de los demás?! Pues muy bien, ¡te diré por qué Ronnie Anne y yo cortamos! ¡Cortamos porque me acosté con otra chica mientras salíamos! ME DEJÓ. Me dejó porque fui un imbécil. Porque traicioné a la mujer de mi vida y fui escoria. Y ella no se mereció nada de lo que pasó para que tú ahora la humilles por tus malditas ideas egoístas de niña estúpida.
—Linc… —Diciendo su nombre intentó hacer que parase con la peor bronca que había recibido en su vida. Y sabía que se la merecía.
Lincoln bufó en señal de decepción, se dio la vuelta y se metió en su apartamento dando un portazo que hizo retumbar toda la planta.
Lily le siguió el recorrido y entró también en el apartamento, pero se quedó llorando en el sofá mientras su hermano estaba encerrado en su habitación. Pasaron varias horas y seguía tumbada en plena madrugada, reflexionando, con la tv de fondo y en posición fetal. Ya no le salían más lágrimas. Le empezó a doler la espalda y decidió levantarse para ir al baño. Allí se miró en el espejo. Estaba hecha un asco, y lo peor de todo, decepcionada y cabreada consigo misma. En el reflejo también podía ver la puerta del cuarto de su hermano, que todavía estaba cerrada.
Le daba muchísimo miedo intentar a hablar con él, pero sabía que todo eso había sido por su culpa, y debía intentar arreglarlo. No era nada fácil para ella. No solo por el huracán que había provocado con su llamada, sino por enterarse de lo que había hecho su hermano. Le había tenido siempre en un pedestal. Era como su ídolo, pero seguía siendo humano, y era capaz de cometer grandes fallos, como cualquier otra persona en el mundo.
Llamó a la puerta y no contestó. No sabía si debía insistir, así que dio varias vueltas por la casa y finalmente se armó de valor para entrar.
Al pasar, todo estaba en silencio y a oscuras. Sus ojos tuvieron que adaptarse a la oscuridad del cuarto, pues ella venía del salón con la luz del televisor. Al cabo de unos segundos pudo vislumbrar a su hermano; su querido hermano. Estaba recostado en la cama, mirando una foto con la iluminación que le otorgaba la Luna. Lily se acercó, pero él seguía sin decir palabra. Se sentó en la parte baja de la cama, donde Lincoln tenía sus pies, aunque no llegaba a tocarle.
—Perdóname por gritarte como lo he hecho antes. —Lincoln sorprendió a Lily al pedirle disculpas. Lo hizo en una voz baja y se podían notar las consecuencias del tono tan alto que había usado horas atrás.
—No, perdóname tú, por favor. No debería haber hecho lo que hice. Intenté llamarla nada más le dije esa mentira, pero no me lo cogió y no pude decirle la verdad. Lo siento muchísimo, de verdad. Ha sido la mayor estupidez que he hecho nunca. Lo siento, lo siento —Tenía tanto guardado que las palabras le salieron atropelladas. A Lily se le empezaban a humedecer los ojos de nuevo con la conversación.
Lincoln cambió su posición y se sentó a su lado con la foto todavía en la mano. En ella salían Lincoln y Ronnie Anne juntos, de niños.
—¿Sabes? La gente no para de verme y de decirme que soy un irresponsable, pero yo no puedo mejorar si me seguís tratando como un niño… No puedo hacer frente a mis problemas si seguís intentando solucionarlos por mí. Sé que solo intentabas ayudar, pero… De verdad que Ronnie Anne no se merece que la siga molestando.
Lincoln intentaba hablar desde el corazón. Trataba de abrirse mientras mantenía la vista en la fotografía.
—Lo que hice fue el peor error de mi vida. Tenía a la mejor novia del mundo, y lo tiré por la borda por una noche. Por eso no quería decirte nada. Me avergüenzo de lo que pasó. Soy consciente de lo que hice, y no hay día que no me arrepienta de ello, pero trato de no recordármelo a menudo, porque si pensase en ello con frecuencia no podría soportarlo. Ahora ya no puedo hacer nada para cambiarlo, así que intento seguir adelante como sea.
—Eso no es cierto, Linc —dijo Lily.
—¿El qué no es cierto?
—No es cierto eso de que no puedas hacer nada.
—Lily, ya has visto lo que ha pasado esta noche. Ha salido corriendo. No puede ni mirarme a la cara. No le importo una mierda, y no la culpo. Se terminó, y ella tuvo toda la razón del mundo para dejarme.
—¡Eso no es verdad! Si no le importases no habría venido. Ella pensaba que te había pasado algo y se recorrió toda la ciudad en medio de la noche para llorarte. Todavía siente algo por ti, Linc… ¡Puedes arreglar las cosas con ella! —Lily intentaba animar a su hermano, pero creía en lo que decía.
—Lily, de verdad, lo nuestro terminó…
—¡Pero no puede terminar para siempre! Estáis hechos el uno para el otro. Tú sabes que ninguna de las chicas con las que salgas te entenderá y te querrá tanto como lo hace ella. Y ella sabe lo mucho que le importas. Por mucho que pasase lo que pasase.
—Lily, yo…
—TÚ LO SABES —Lily realmente empezó a hacer uso de su ingenio para hablar. Su buena retórica para convencer a la gente—. ¡Debes hablar con ella!
Lincoln no respondió, pero se quedó mirando a Lily con una sonrisilla en la cara que trataba de ocultar. Se había creído el discurso de su hermana, y aunque sabía que sería difícil de lograr, le había convencido para intentar recuperar a su chica; a su única chica.
Los dos hermanos sellaron la reconciliación de aquella terrible noche con un abrazo mientras seguían sentados en la cama. Ambos podían sonreír y descansar por fin, cuando el timbre sonó.
—¿Qué hora es? —Lincoln preguntó extrañado por lo tarde que era para recibir una visita.
—¡Igual es Ronnie Anne! —Lily dijo entusiasmada. Su hermano no contestó, aunque le echó una sonrisa de cierta esperanza.
Lincoln y Lily atravesaron la pequeña casa para plantarse frente a la puerta. Lincoln no se fiaba del todo por la hora de la que se trataba. Eran casi las dos y media, así que puso a Lily a sus espaldas para protegerla en caso de problemas. Finalmente abrió, y no, no era Ronnie Anne. Los dos hermanos quedaron sorprendidos al ver de quién se trataba.
—¿A qué vienen esos rostros? Fuisteis vosotros los que me llamasteis. Venga, quitad de enmedio, que la masa de este equipaje es elevada —Lisa apartó del centro de la puerta a sus dos hermanos para entrar en el apartamento con un par de maletas, dejando a Lincoln y a Lily totalmente desconcertados.
Hasta aquí el segundo capítulo. Antes de terminar quería pediros que dejaseis reviews diciendo qué os parece todo. ¿Os gusta cómo se van desarrollando las tramas y los personajes? ¿Cómo veis el tema de los poderes? ¿Preferís los capítulos más cortos o así están bien? En cualquier caso, gracias por leerme y nos vemos pronto.
