No solía bailar, prefería usar el cuerpo para entrenar artes marciales o algo que no requiriera mostrar su inexistente sensualidad, pero Ryoga se lo había pedido y no era su costumbre decirle que no, más que mal algún día serian esposos.
Aunque su padre lo decidió como medida desesperada, tampoco era una terrible idea, Ryoga no era mal parecido y su carácter tierno contrastaba con el de ella, tenían una bonita relación de amistad, pero al verlo como un amigo sus sentimientos hacia él se limitaban.
De a poco sus cuerpos se acercaban aún más, obligados por el ritmo lento de la canción de turno, a decir verdad también él parecía incomodo en la pista de baile… Akane suspiro al pensar en lo mucho que se esforzaba Ryoga para gustarle, venciendo su timidez para tratar de conquistarla cada vez que se veían, pero por algún motivo nada surtía efecto en ella. Se cansó de ver como el muchacho se torturaba bailando y de la mano lo guió hasta un rincón más alejado.
-no tienes por qué hacerlo Ryoga.
-¿en serio?-pregunto su prometido, avergonzado-pensé que te gustaría.
-pues no, prefiero charlar…creo que me iré a dormir-Akane le beso la mejilla casi sin tocarlo y subió las escaleras rumbo a su habitación, dejando a un Ryoga contrariado y con deseos de compartir más que un beso esquivo, ya que partiría a la mañana siguiente y no tenía certeza de cuándo volvería.
...
Al despertarse al día siguiente los recuerdos de la noche anterior estaban un poco borrosos, Akane salió de su cuarto y se encontró con una nota a las afueras de su puerta.
"Querida Akane, debo partir temprano para comenzar el entrenamiento que me permitirá ser digno de ti y del Dojo familiar… no puedo esperar a la próxima vez que nos veamos. Estarás siempre en mi mente y corazón. Con amor, Ryoga Hibiki"
-Akane ¡a desayunar!-la dulce voz de su hermana mayor Kasumi le llamaba, bajo las escaleras lentamente y con la nota en la mano, apenada por la dura despedida que le dio a su prometido sin recordar que no se verían por un buen tiempo, se sentía culpable por ser tan fría pero no podía hacer nada para inventar sentimientos que en su corazón no existían. Había conocido a un par de chicos antes quienes también se mostraban interesados en ella pero jamás se había sentido conectada con ninguno, era una piedra fría y sin emociones, pero Ranma… algo extraño le erizo la piel al pensar tan solo en su nombre. ¿Por qué recordaba haberlo oído antes? ¿Por qué esos ojos azules le resultaban tan familiares? No recordaba su cabellera roja particular, ni reconocía su voz pero algo se movió en su interior cuando los labios de la chica de la trenza pronunciaron ese nombre.
-Ranma…-susurro mientras se sentaba en el comedor familiar.
-¿sí?-respondió la chica, sorprendiéndola sentada frente a ella, en la misma mesa.
Akane pensó que aun debía estar dormida, demasiadas cosas pasaban por su cabeza en tan solo unos segundos, la muchacha extraña seguía en su casa y ella seguía sin entender nada, se cansó de tanto secreto y se levantó de la mesa, explotando de curiosidad.
-¿puede alguien explicarme que está pasando?- le pregunto furiosa a su padre, quien venía entrando al comedor alegremente.
-Calma Akane-Soun Tendo, su padre, la tomo de los hombros y la dejo de pie frente de la invitada, sin soltarla prosiguió-Ella es Ranma Saotome, hija de mi viejo amigo Genma que no pudo venir por motivos de salud, se quedara con nosotros por algún tiempo así que será mejor que se lleven bien niñas.
-claro-dijo Ranma, taciturna.
-pero papá ¿no dijiste que el hijo del tío Genma era un chico? Además ¿Por qué se quedara con nosotros?- pregunto Akane, zafándose de las manos de su padre y mirándolo aun enojada.
-pues eso pensaba yo, hasta que Ranma ayer me explico que su hermano gemelo había viajado hacia tierras lejanas para entrenar y que ella representaría a su familia en tu cumpleaños, pero por la salud de su padre no es conveniente que vuelva a casa y por eso será nuestra invitada.
-¿hermano gemelo?...- Akane volteo hacia Ranma con las palabras aun haciendo eco en sus oídos, sintió como algo en su cerebro se desbloqueó al imaginarse a la chica como un hombre… todo vino a su cabeza de forma acelerada, la trenza negra azabache colgando mientras corrían por el prado, las pequeñas manos del chiquillo de ojos azules posándose sobre las suyas, las risas, sus rostros acercándose, a escondidas de sus padres…quizás eso era lo que pasaba, se sonrojo de tan solo pensar en ello porque lo guardaba celosamente en lo más profundo de sus memorias, hasta ese día.-Creo que de pequeña conocí a tu hermano, por eso me resultas familiar-le sonrió a Ranma y volvió a sentarse a desayunar, un poco más tranquila tras entender porque aquella muchacha le llamaba tanto la atención, pero intrigada por sus nuevos recuerdos, ¿Qué sería de él ahora?
-si-respondió Ranma desganado-él aún recuerda ese día en el parque.
-por favor Ranma- dijo el señor Tendo, sentándose al lado ella- perdona a mi hija por ser tan descortés, estoy seguro de que serán buenas amigas.
