Historia original: "Turning Page", de bravevulnerability


¡Kaaate!

Su nombre resuena proveniente del piso superior y ella le fulmina con la mirada desde su escritorio. Puede verlo claramente desde su sitio mientras intenta archivar unos documentos en el ordenador, y él también puede verla a ella, lo que sin duda es la razón de que él eligiera sentarse ahí. Pero ella conoce ese tono, sabe que él está de morros porque va más o menos por la mitad de su libro y está atravesando un bache creativo desde hace cuatro días.

– ¿Qué? – resopla lo suficientemente alto como para que él la oiga.

– Tómate un descanso y ven a hacerme compañía.

Kate pone los ojos en blanco y vuelve la mirada hacia la pantalla del ordenador.

– Castle, escribe tu libro – responde, clasificando la nueva colección de novelas que llegó la semana pasada en el catálogo de la biblioteca.

– No puedo – gruñe él, y ella suspira, cediendo demasiado fácilmente y levantándose de su silla de oficina.

Él irradia alegría mientras ella sube las escaleras con sus tacones, frunciendo el ceño hacia él todo el tiempo.

– ¿Qué es lo que te tiene tan atascado? – pregunta ella, apoyando una de sus manos en el respaldo de su silla y la otra en la superficie de la mesa mientras se inclina para echar un vistazo a su cuaderno.

Él se endereza al notar el roce de su pecho contra su espalda, con la respiración agitada, y ella nota su propio corazón rebotando contra sus costillas, pero ignora la sensación que le produce la proximidad del escritor para poder concentrarse en examinar su trabajo.

Su cuaderno está abierto y su portátil también está encima de la mesa, para cuando necesita consultar algo en las cien páginas que ya ha escrito y están preparadas para ser enviadas a su editor, pero la tapa está cerrada en estos momentos. Él escribe todo primero a mano, como ella ha podido darse cuenta, sentado en su biblioteca desde la mañana hasta la noche, llenando una página tras otra con tinta negra.

– Bueno, ha habido un apagón en la ciudad y Nikki…

– Todavía odio ese nombre – musita ella.

– …está de camino a casa cuando se encuentra con Rook fuera de su edificio.

Kate se muerde el labio mientras sus ojos recorren la página que él está intentando ocultar discretamente con los dedos. Sabe qué está escribiendo ahora, sabe qué va a pasar entre los dos personajes.

– No creo que estés bloqueado, Castle – decide ella, enderezándose detrás de él, pasándole una mano por el brazo y sonriendo pícaramente cuando él se retuerce en su asiento para mirarla con mal disimulada confusión.

– ¿Ah, no?

– No – murmura ella. – Creo que simplemente necesitas algo de inspiración.

Él ha estado viniendo a su biblioteca durante más de un mes y a ella le gusta, realmente le gusta, así que no se echa atrás cuando él se levanta de su asiento y se mueve para ponerse frente a ella, acercándose hasta que la tiene acorralada contra una estantería.

Por una vez, él no dice nada. Sus ojos le acarician la cara, estudiándola con tanta atención que resulta casi incómodo, pero entonces sus manos le tocan las mejillas, reverentes mientras trazan el contorno de su piel hacia su cuello, entre su pelo, y ella se permite el mismo lujo, recorriéndole las facciones con la punta de los dedos: su mandíbula, sus orejas, su labio inferior. Su aliento se entrecorta en ese momento, impregnando su dedo, y ella reemplaza su pulgar con su boca.

Ella emite un sonido de satisfacción cuando él la besa, notando cómo una corriente cálida le recorre desde el punto donde sus labios están fusionados hasta sus extremidades, llenando los fríos y vacíos espacios que han sido parte de ella desde aquel helado día de enero del 99.

– Inspiración – repite él, mordisqueándole el labio, besándole la yugular, volviéndola loca poco a poco. – Cada vez que te miro encuentro inspiración.