Capítulo 2: Pesadillas

Me mantengo durante varios minutos abrazando a Peeta. Él solo me responde con unas palmaditas en la espalda y es en ese momento que recuerdo su padecimiento. Me alejo lentamente, sintiendo un leve dolor en el pecho y él me sonríe apenado.

Tomo una de las tazas que tiene Sae en las manos y me siento frente a él. Bebo el chocolate caliente y como algunos panecillos de queso sin volver a mirarlo. Percibo que se mueve incómodo frente a mí, pero lucho por no alzar la vista. Ninguno de los dos dice nada y sé que Sae pone los ojos en blanco al vernos, pero la ignoro.

Más pronto de lo que esperaba me acabo mi desayuno, sin percatarme del hambre que sentía hasta entonces. Jugueteo con los dedos para evitar mirar a Peeta, pero finalmente alzo la vista. Veo la pena y la lucha en el fondo de sus ojos y siento mi alma desplomarse. Quiero abrazarlo nuevamente, pero no sé si le hace más bien que mal mi gesto.

- Lo siento - dice finalmente rompiendo el silencio.

Tomo con suma cautela una de sus manos que mantiene sobre la mesa y Peeta no la aleja. Sonrío conciliadoramente y me pongo de pie con sus dedos entrelazados con los míos. No sé en qué momento Sae dejó la habitación, pero no me preocupo mucho y lo arrastro hacia el sillón.

Nos sentamos uno frente al otro en cada una de las puntas, aún con nuestras manos sujetas. De un momento a otro comenzamos a hablar de cosas triviales tan naturalmente que me sorprende. Peeta siempre ha tenido el don especial de la palabra, lo que me permite tomarme mis momentos en silencio para observarlo de arriba a abajo. Me cuenta sobre su tratamiento, la gente nueva con la que se relacionó y lo maravilloso que parece ser el Dr. Aurelius. Me obliga a prometerle que atenderé el teléfono la próxima vez que me llame para tratarme, lo cual me enfurruña un poco, pero lo dejo pasar. Me habla de la cercana visita del Dr. también, pero me encuentro tan concentrada en observarlo que no escucho lo que dice. Me sorprende notar que no ha cambiado en lo absoluto del Peeta que conocí en nuestros Primeros Juegos, a excepción de la incómoda distancia que nos separa. Lo admiro por la manera en que ha llevado su problema y eso sólo afianza las ganas de abrazar y ser abrazada por el antiguo Peeta.

Nuestra charla parece durar horas, solo interrumpida por una ligera comida cuando mi estómago gruñe en reclamo. Luego de limpiar todo, volvemos a nuestro sillón y continuamos hablando. Sae no aparece en toda la tarde, por lo que es Peeta quien cocina cuando cae la noche. Cenamos en silencio, pero en uno de esos silencios tranquilos, que no perturban el ambiente. Luego lavamos juntos los platos y Peeta se despide rápidamente.

Lo veo salir con un "Quédate" atascado en la garganta, pero mi orgullo me impide pronunciar palabra. Hago tiempo ordenando algunas cosas, consciente de la tregua con mis pesadillas ha finalizado al cruzar Peeta el umbral de la puerta. Cuando ya no queda nada más que hacer subo lentamente las escaleras y me recuesto en mi cama. Por la ventana logro distinguir luz en la casa de Peeta, así que me afianzo a eso hasta que el sueño logra vencerme. Mi último pensamiento antes de caer dormida es que seguramente Peeta tiene tanto miedo de soñar como yo.

Me despierto gritando luego de ver en mi mente como una llamarada con el rostro de Snow rodea y consume lentamente a Prim. El fuego proviene de un pequeño cilindro en el suelo. Peeta aparece por un costado, toma el cilindro y quiero gritarle que lo deje, pero ya es tarde. Logra gesticular "Gale" y luego las llamas lo consumen.

Me siento en la cama, esperando ver frente a mí el inmenso fuego, pero la noche es tan oscura que debo parpadear varias veces antes de comprender que no me he quedado ciega. Respiro agitadamente y con el movimiento siento algo contra mi pecho. Lo tomo con una mano instintivamente y siento la forma del Sinsajo del medallón que Peeta me había regalado en nuestros Segundos Juegos.

Un poco más tranquila lo levanto para verlo con la poca luz de la luna que entra por mi ventana, y lo abro. Desde allí Prim y mi madre me sonríen eternamente y mi corazón se encoge ante la imagen, por lo que observo la de al lado. Gale también me sonríe pero en lugar de la congoja, la ira se apodera de mi mente. Lenta y metódicamente saco la pequeña foto de su lugar y la parto en pequeños pedacitos. Luego arrojo el collar contra la pared de enfrente.

Pasado el momento de ira me siento aterrorizada nuevamente, por lo que me oculto bajo las sábanas abrazando mis rodillas. Intento no dormirme y logro hacerlo hasta que los primeros rayos del sol entran por la ventana.


Perdonen por lo corto del capítulo, la falta de tiempos y el modus operandi que estoy usando influyen mucho..

Espero poder subir la continuación pronto!

Muchas gracias por sus reviews! :)

Nos estamos leyendo pronto!