-No me puedo creer que nos la hayan colado así de fácil... -Se quejó Ryota.
-Ya lo has oído. -Dijo Minoru. -Querían probar nuestro sentido del deber y nuestro compromiso.
-Menuda tontería... -Replicó
-Ryota, olvídalo, ¿Vale? -Dijo Mitsuki. -Simplemente alégrate de que hemos aprobado.
-Es que todo eso de que "un ninja debe hacer cualquier cosa para completar la mision"... -Ryota suspiró. -Bueno, ¿De qué va el segundo examen?
-*Ahem* -Minoru se aclaró la garganta. -El segundo examen busca poner a pruebas nuestras habilidades como grupo. Se nos entregará uno de un par de rollos, Cielo y Tierra, y nuestra misión es conseguir el otro por cualquier medio y llevarlos al lugar predeterminado.
-¿A saber? -Inquirió Ryota.
-¿Ves el gigantesco bosque que tenemos delante? -Dijo Minoru. -En el centro hay una especie de templo. Ése es el sitio.
-Vale. ¿Y cómo conseguimos el otro rollo?
-Bueno, hay que encontrar un grupo que lo tenga y quitárselo, ya sea robado o por la fuerza.
-O sea, que nos toca luchar queramos o no, ¿Verdad? -Dijo Ryota.
-No necesariamente... -Dijo Mitsuki, que había estado callada todo este tiempo. -Tengo una idea…
-¡DIOS, QUE NERVIOS! -Exclamó Shiru, sin poder contener la emoción.
Los equipos habían sido colocados en el borde del bosque, alejados unos de otros a distancias equivalentes. Más de cien personas habían entrado en el examen, pero sólo alrededor de treinta habían superado la primera fase del examen. Siendo tan pocos y encontrándose a tanta distancia unos de otros, era poco probable que dos equipos se encontraran nada más empezar la ronda, ya que el bosque ocupaba muchas hectáreas.
Finalmente, un jonin de la hoja abrió la puerta de la pequeña verja que delimitaba el bosque y el equipo se lanzó adelante con Shiru en cabeza, saltando de rama en rama a velocidad cegadora.
-¡DIOS, QUE ROLLO! -Exclamó Shiru después de varias horas moviéndose sin encontrar nada. -¡Ni siquiera hemos visto a los otros equipos!
-Apenas ha transcurrido un día. -Dijo Cho, distraída por las bayas de un arbusto cercano. -Lo raro es que nos hubiéramos encontrado a alguien tan pronto.
-Ni siquiera hemos empezado y ya me aburro como una ostra... -Dijo Suna, bostezando. -Voy a dar un paseo por ahí, así exploro el terreno. O algo.
-¿Cuánto más crees que nos queda, Cho? -Preguntó Shiru mientras que Suna atravesaba un matojo particularmente espeso. Toda la vegetación del bosque parecía demasiado grande para ser NATURAL
-Veamos, nos hemos desplazado una generosa distancia. -Dijo mientras Shiru se sentaba en el suelo. -Me aventuraría a decir que...
-¡Chicos! -Interrumpió Suna mientras que atravesaba el matojo de vuelta a toda prisa. -¡Arriba, que os traigo la fiesta!
De entre los árboles, un ciempiés descomunal se deslizaba hacia ellos. El insecto mediría cuatro metros de alto y era tan largo que su cola se perdía en la distancia. Estaba cubierto de placas de color bronce y su boca estaba adornada con dos cizallas tan gigantescas como su dueño.
-¡¿PERO TÚ DE QUÉ VAS, SUNA?! -Gritó Shiru mientras se ponía aparatosamente de pie.
-Pues de apicultor por lo que parece... -Respondió Suna, esquivando una cizalla que iba dirigida a su cuello
-Ni siquiera es una abeja, Suna. -Objetó Cho.
-Ya, pero algún chiste tenía que hacer, ¿no?
Riéndose por dentro, Shiru cogió su bastón del enganche que tenía en la espalda. La mayoría de los ninjas ya lo habían visto, así que mantenerlo oculto no tenía sentido, y así se ahorraba el coste de chakra de la transformación de cadena a bastón. Según lo hacía girar a su alrededor, Shiru le dio una pequeña punta para que hiciera las veces de lanza.
Mientras que el ciempiés estaba distraído buscando la forma más efectiva de masticar a Suna, Shiru se lanzó contra el insecto, dispuesto a ensartarlo. El golpe contra la coraza le entumeció los brazos, puesto que la punta de la lanza rebotó sin causar nada más que un pequeño arañazo.
Bueno, eso sí que era una sorpresa. El metal del que estaba compuesto su arma era una aleación producto del perfeccionamiento tras varias generaciones, y Shiru sabía por experiencia propia que podía atravesar sin problema la roca, el hierro e incluso el acero. ¿De qué estaba hecho ese bicho?
-¡La boca! -Exclamó Cho, que había visto el poco efectivo ataque de Shiru. -¡En la boca no tiene ninguna placa!
-Bueno, disculpa si titubeo cuando me piden que le dé puñetazos a un CIEMPIÉS GIGANTE justo en el sitio de su cuerpo que ME QUIERE COMER. -Dijo Suna sarcásticamente, doblándose por la mitad para esquivar otro corte.
-¿Y por debajo? -Preguntó Shiru, poniendo la lanza delante suya para bloquear a duras penas una arremetida del monstruo, siendo lanzado por los aires en consecuencia.
-Mira tú por dónde, eso me gusta más. -Refunfuño Suna.
El ninja enmascarado dio un salto hacia un árbol. Poniendo el pie en el tronco para darse impulso, Suna saltó hacia atrás, aterrizando en la cabeza del ciempiés, sujetándose a una placa para no caerse, puesto que el insecto buscaba por todos lados a su anterior víctima. En cuanto el monstruo dejó de moverse, Suna saltó hacia adelante, dando una voltereta y lanzando unas pequeñas esferas metálicas hacia la cara del ciempiés. Las esferas estallaron, liberando una espesa sustancia de tono verdoso que empezó a humear tan pronto como entró en contacto con el monstruo.
-¡AHORA! -Exclamó Cho, lanzándose contra el insecto mientras este rugía de dolor, cegado por la sustancia. Un puntapié en la parte baja de su cabeza expuso la parte de abajo del monstruo. Shiru, que estaba esperando algo así, aprovechó para saltar hacia el ciempiés y hundir su lanza en una de las escamas inferiores. El arma atravesó la débil placa sin mayor problema, siendo prueba de ello que el monstruo dejó de rugir y se quedó inerte. Shiru apenas tuvo tiempo de soltar su instrumento antes de que el enorme insecto se desplomara sobre el punto en el que antes estaba el ninja. El grupo se mantuvo en silencio durante unos momentos, tratando de recuperar el aliento tras la batalla.
-¡BUEN TRABAJO, IDIOTA! -Casi gritó Shiru.
-Pfft, ya ves. -Respondió Suna, orgulloso. -Le he dado en todo el ojo.
-Sospecho que no era un cumplido, Suna. -Comentó Cho, recostándose contra un árbol.
Shiru miró al cadáver. Se las había apañado para sacar la lanza del cuerpo del monstruo antes de que este cayera al suelo, pero su arma había quedado atrapada bajo una importante cantidad de peso. El ninja extendió su brazo derecho y sintió los hilos de chakra que le conectaban con la lanza. Lo que en su día empezó como un método ideado por su padre para no perder el objeto (cosa que pasaba más a menudo de lo que a Shiru le gustaría admitir) se había convertido ahora en un elemento extra que usar en batalla. Shiru agarró un puñado de hilos y dio un tirón. No pasó nada. Con un gruñido, el ninja lo intentó de nuevo, esta vez con las dos manos, pero el resultado fue el mismo.
-¿Quieres ayuda, Shiru? -Preguntó Cho. Era un ninja médico después de todo y como tal, poseía más fuerza que un ninja estándar, cosa que había hecho evidente tras levantar la cabeza del monstruo de una patada en la reciente batalla.
-YO... PUEDO... -Gruño Shiru, rojo de esfuerzo.
-¿Seguro que...?
-GRRUUAAAAAGH! -Con un último tirón, Shiru liberó la lanza de debajo del monstruo, cayendo de culo al suelo debido a la inercia.
-¿Te encuentras bien? -Dijo Cho, tratando de ocultar la risa con todas sus fuerzas. Suna por el otro lado estaba tirado en el suelo riendo como un descosido.
-Sí. ¿Cómo está el rollo? -Dijo Shiru aún desde el suelo, cambiando el tema de conversación.
-¿El rollo de Tierra? -Cho sacó el pequeño rollo de un bolsillo. Era de color amarillento y tenía el kanji de "Tierra" dibujado en el sello que impedía que se abriera solo. -Aún está aquí.
-Gracias a Dios... -Shiru se dejó caer del todo en el suelo, descansando sobre su espalda, con la lanza a su lado. Sus ojos vagaron por el verdoso techo que formaban las densas copas de los árboles. La luz no era bloqueada por las hojas, sino que era filtrada, dando al suelo del bosque un aspecto de penumbra verdosa que resultaba muy relajante, especialmente después de luchar contra un ciempiés gigante.
Sin embargo, había algo que molestaba a Shiru, aunque no tenía demasiado claro que era. Había un punto en las copas que no parecía pertenecer al conjunto, como si la luz se comportara de una forma rara. Tras unos segundos de investigación, la relajación que le había embriagado hasta ahora desapareció completamente por el respingo que dio su corazón al percatarse de lo que era.
-¡PREPARAOS! -Gritó el ninja a su equipo. Con un movimiento rotatorio, casi de breakdance, Shiru cogió su lanza con la mano derecha al tiempo que se impulsaba en el aire con la izquierda. Usando el ímpetu de la rotación, Shiru arrojó su lanza directa contra ese punto que tan raro parecía. El ninja que les estaba espiando apenas pudo saltar a otra rama antes de que el proyectil le pasara casi rozando. Shiru usó los hilos de chakra para recuperar la lanza, transformándola de nuevo en un bastón tan pronto como ésta tocó su mano.
-¡AHA! -Una extraña voz chillona se oyó detrás de un grueso árbol. Lo que parecía un niño que apenas había entrado en la pubertad y vestido con ropas negras apareció de detrás del tronco. Era extremadamente delgado y bajito. Y tenía el pelo cortado en una descuidada melena -¡Tenéis el rollo que necesitamos, bastardos! -Apuntó a Shiru con un kunai.
-Oye, niñato... -Comenzó Suna.
-¡Adelante, Burakkuhiru! -Dijo el ninja. De detrás del árbol apareció un ninja grande como un armario, vestido en un traje negro extremadamente apretado. El gigante se puso de pie al lado de su compañero.
-Hm. -Dijo, cruzando dos enormes brazos por el pecho.
-¡PREPÁRATE PARA MORIR! -Dijo el pequeñajo, lanzando el kunai hacia Shiru.
Shiru lentamente puso su mano izquierda delante de su pecho. El kunai, presumiblemente lanzado hacia su corazón, pero que seguía una trayectoria más cercana al esternón, rebotó en el guantelete sin dañarlo.
-¿Vas a la derecha? -Preguntó Shiru.
-Sin problema. -Respondió Suna.
Shiru saltó tan rápido como pudo. Su plan consistía en rebotar en el tronco del árbol que tenía el niño detrás para así desorientarle. Sin embargo, se dio cuenta de que su oponente ya había quedado desorientado por el primer salto, mirando a todos los lados, confuso. ¿De verdad le había engañado con ese salto? Cualquier ninja podía haberle seguido sin problemas. Sin saber muy bien que hacer, Shiru blandió su bastón como un bate de béisbol, golpeando a su oponente en la sien sin demasiada fuerza. Tampoco era necesario matarle.
-¡AAAAUGH! -Gritó el ninja, cayendo al suelo y sujetándose la cabeza. Parece que tenía que haberle dado un poco más fuerte. -¿POR QUÉ HAS HECHO ESO?
-Hombre pues... -Shiru estaba confuso. -Porque estamos luchando... ¿No...?
-¡HAS HECHO TRAMPA! -Dijo el ninja, aún desde el suelo. -¡NO VALE TELETRANSPORTARSE!
-Teletra... ¿Qué...? -Shiru arqueó una ceja. Parecía que, efectivamente, no había podido seguirle, y eso que Shiru ni siquiera era particularmente rápido entre los ninjas. ¿Cómo había siquiera llegado a Genin este crío?
De repente a Shiru se le ocurrió. ¡Había otro ninja! Tal vez ese gigantesco hombre era el que llevaba al equipo entero a la victoria. ¡Y Suna estaba peleando él solo contra él! ¡Tenía que ayudarlo, tenía que...!
-¡POR FAVOR, NO! -Gritó el enorme ninja, acorralado contra el árbol. Parecía estar en pánico.
-Oye tío, me encanta que supliques por tu vida. -Dijo Suna, aburrido. -Pero al menos déjame que te dé un par de ostias primero, ¿Vale?
-¡NO!
-Oh, venga ya. -Dijo Suna. -¿Y si solo te dejo KO? Venga, el típico puñetazo a la sien, ¿Si?
-¡POR FAVOR NO! -Lloriqueó su oponente.
-Madre de Dios, Suna... -Dijo Shiru, acercándose. -¿Le has drogado con... algo?
-Te juro que no le he hecho nada. -Dijo su amigo, encogiéndose de hombros. -¡No puedes tentar a alguien de esta forma y luego coger y rendirte! ¡Eso no se hace!
-¡Venga, levántate! -Dijo una voz detrás de ellos. Una chica estaba intentando convencer al niño de que se levantara de nuevo.
-Oye... -Dijo Shiru.
-Tu eres... -Murmuró la chica tras percatarse de la existencia de Shiru.
-¡Eres la chica que tenía esos guantes tan chulos!
-¡Eres el que me asustó en el árbol!
Ambos se quedaron mirando. Shiru se mantenía alerta, esperando a ver lo que hacía la chica, si sus intenciones eran violentas o no. Para su decepción, Shiru la vio girar los ojos hacia Cho, claramente buscando la forma de conseguir el rollo.
-Otra que viene a por el puto rollo... -Dijo Suna, que también se había percatado.
-Parece muy segura para estar en un tres contra uno. -Oyó Shiru murmurar a Cho. -Tened cuidado.
-¡HELIOS! -Exclamó de repente la chica. -¡Formación "Peluche Volador"! -El obeso gato de la chica apareció de detrás de sus piernas y se puso delante de ella, con cara de aburrido.
-Miau. -Maulló el gato, con un tono tan grave y profundo que daba más risa que respeto.
-Estás de coña... -Dijo Suna entre dientes.
Sin previo aviso, la chica agarró el gato y, girando sobre sí misma, lanzó varios kilos de felino hacia Shiru a una velocidad alarmante. El ninja, puramente por reflejo, abofeteo al gato según éste se acercaba con su mano enguantada. Sin embargo, en lugar de oír el asqueroso sonido que hacen los gatos al chocar contra cosas metálicas a grandes velocidades, el felino simplemente rebotó como un balón.
-¿Cómo has...? -Comenzó a decir Shiru, confundido. Sin embargo, apenas tuvo tiempo de pensar, ya que la chica se lanzó hacia él, lista para ayudar a su mascota en batalla.
Un gato...
Cho había luchado contra cosas muy raras a lo largo de su vida. Pero ¿Un gato doméstico? Eso si que se lleva la palma. La ninja había investigado la zona un poco antes de venir, y conocía la existencia de una pequeña aldea cercana a Konoha donde vivían ninjas que luchaban en compañía de animales. Sin embargo ese no era un gato cualquiera. Shiru no era el mejor luchador que existía, pero era fuerte. Lo suficientemente fuerte como para partir por la mitad la columna de cualquier animal más pequeño que un jabalí con un golpe como ese, especialmente si su guantelete estaba involucrado.
Y sin embargo, el gato estaba allí, ileso, mirandola con un aspecto desafiante y orgulloso.
Cho alcanzó la parte de atrás de su muslo derecho y rápidamente desenfundó su arma. Esto no pasó desapercibido al felino, que se lanzó contra ella con las zarpas extendidas. Almacenando chakra en su brazo derecho y torso, Cho brutalmente rechazó a su atacante con un golpe de tal magnitud que el gato hizo un pequeño cráter en el tronco del árbol contra el que impactó.
El arma de Cho no cortaba ni apuñalaba, como otras armas más populares entre los ninjas. Ella usaba una pequeña maza, esculpida en una sola pieza de un mineral blanco. La maza tenía una pequeña guardia sobre la mano, y la cabeza era esférica.
El arma, bautizada Genshuku, había sido fabricado por ella con la ayuda de Shiruy su familia. Aunque no controlaba técnicas tan avanzadas como la de crear nuevas aleaciones, Cho había conseguido que el chakra de su cuerpo pudiera transvasarse a Genshuku igual que lo centraba en sus brazos y piernas. Aunque el arma en sí no golpeaba más fuerte, Cho había conseguido hacerlo indestructible, al menos mientras ella estuviera consciente y empuñándolo.
El felino, que ya se había recuperado del impacto maulló hacia ella, reclamando su atención. Entonces se comenzó a hinchar.
No, sus ojos no la engañaban. Como si de un globo se tratase, el gato se infló hasta casi alcanzar su altura. Entonces, sin previo aviso, el felino comenzó a rodar hacia ella a una velocidad increíble para ese tamaño. La ninja apenas había aterrizado después de esquivarle de un salto cuando se dio cuenta de que ya estaba cargando otra vez. Esto iba a ser difícil.
La chica lanzó su garra derecha hacia Shiru. Éste la agarró al vuelo y, sujetándola, la intentó golpear con su bastón. Sin embargo ella agarró el bastón a su vez, dejando la situación en tablas, al menos hasta que ella barrió el suelo de una patada, golpeándole las piernas y obligándole a soltar su arma para evitar caer de espaldas.
La ninja se alejó de un salto mientras Shiru se incorporaba otra vez. Ella hizo un gesto, mostrando el bastón de Shiru, que ahora estaba en su poder. Con una sonrisa, Shiru hizo un gesto con los dedos para centrar su chakra. El bastón de repente se transformó en una maza gigantesca. Sorprendida por el repentino incremento de peso, la ninja perdió el equilibrio, recibiendo una potente patada de Shiru que la mandó varios metros hacia atrás y que la obligó a soltar el arma.
Sin darle tiempo a recuperarse, Shiru agarró la maza y, dando un par de vueltas sobre sí mismo, la lanzó en la dirección de su oponente. Ésta se agachó para esquivarla sin problemas y se lanzó contra el ninja, dejando caer una lluvia de cortes y arañazos sobre él. Shiru se cubrió con los brazos la cabeza y el pecho, dejando que su brazo izquierdo sufriera la mayoría de los daños. Sin embargo, recibió numerosos arañazos en los hombros y brazo derecho.
Aprovechando que Shiru estaba protegiendo partes más vitales como la yugular o los ojos, la ninja lanzó un zarpazo al costado. El ninja sintió como las garras penetraban varios centímetros en sus costillas, soltando un grito ahogado. Sin dejarle respirar, su oponente le lanzó una patada a la cabeza que dio de lleno, dejando a Shiru con la visión borrosa y un pitido en los oídos. Mantenerse en pie parecía un reto a esas alturas.
No sabía de dónde iba a venir el siguiente ataque así que Shiru hizo lo único que podía hacer: lanzó a ciegas un puñetazo con su mano izquierda. Para su satisfacción, su puño impactó en su objetivo, provocando un gemido de dolor en su oponente. Aprovechando este momento de ventaja, el ninja trató de continuar con un directo de su mano derecha, fallando y perdiendo el equilibrio, lo que le costó un rodillazo en el estómago que le sacó todo el aire de los pulmones.
Luchando contra la falta de aire, Shiru agarró desesperadamente la pierna de su oponente y giró sobre sí mismo, haciendo una llave de la que la chica escapó sin demasiada dificultad. Shiru aprovechó este momento de aire para lanzarse a por su arma. Oyendo los pasos de su oponente persiguiéndole, Shiru cogió la maza, la transformó de vuelta en un bastón, y lanzó la punta contra la mandíbula de la ninja, que retrocedió con el impacto. Shiru rápidamente se puso en pie y, con el bastón en posición horizontal, embistió a su oponente, buscando ponerle el arma en el cuello para estrangularla. Ésta consiguió sujetar el bastón con ambas manos pero Shiru, puramente con fuerza bruta, la empujó contra el tronco de un árbol cercano y presionó con todas sus fuerzas. La ninja apenas sujetó el bastón antes de tocar su cuello. Shiru se encontró con la cara a meros milímetros de la de su oponente.
-Ehm... Vaya. -Dijo Shiru retirándose. -Esto...
-Ahem... -Ella se aclaró la garganta.
-¡Capullo! -Le gritó Suna. -¡Ahora es cuando la besas!
-¡Cierra el pico, Suna! -Gritó Shiru de vuelta. -¿Te... parece si volvemos al principio? -Dijo, dirigiéndose a la chica esta vez.
-Sí, está bien. -Respondió ella.
Ambos volvieron a sus posiciones iniciales. Shiru se puso en posición y estaba a punto de atacar cuando notó que su oponente apartaba los ojos y miraba detrás suyo con sorpresa en su cara. Al principio Shiru pensó que era algún tipo de truco, pero finalmente la curiosidad pudo con él y se giró.
Puramente por reflejo, Shiru se dobló hacia atrás de una forma tan exagerada que casi se cae al suelo. Por encima de él pasó un borrón negro que se fue a asentar delante de su asaltante, bufando.
Otro gato.
OTRO. GATO.
Poniendo los ojos en blanco, Shiru examinó al felino, calculando con que golpearlo para no asesinarlo en el acto. Era muy pequeño y de color negro oscuro, con dos enormes ojos ámbar que resaltaban entre tanta oscuridad. Sin embargo, a Shiru le llamó la atención el minúsculo detalle de que tenía dos colas.
-¡ITA! -Gritó la chica, abrazando al gato. -¡¿HAS VENIDO HASTA AQUÍ SOLO PARA ESTAR CONMIGO?!
Shiru no sabía muy bien qué hacer ante una reacción tan emotiva. La chica había dejado de prestarle atención completamente y sus compañeros de equipo se habían quedado sentados, mirando. Shiru se giró, buscando a Cho con la mirada. Estaba mirando a su felino oponente, jadeando y apoyada en un árbol. El gato estaba sentado en el suelo, con los iris completamente dilatados y la boca abierta. Una ligera niebla que reflejaba los colores del arcoíris flotaba alrededor de su cabeza.
-¿Cómo te ha ido? -Preguntó Shiru, acercándose.
Cho señaló detrás suya. Tal vez no lo había notado por el fragor de su propia batalla, pero los árboles caídos y cráteres en el suelo apuntaban a que la lucha de Cho había sido bastante más intensa.
-Wow... -Dijo Shiru, asombrado. -¿Tan fuerte es ese gato?
-No es fuerte. -Dijo ella entre jadeos. -Es resistente. Lo he llegado a golpear con suficiente fuerza para destruir una casa... y simplemente rebotó y volvió a la carga. -Se humedeció los labios. -Estaba desperdiciando demasiado chakra... Así que he recurrido a... mi... "técnica".
-¿Tu técnica...? -Shiru miró al gato y de nuevo a Cho, finalmente entendiendo a qué se refería -¡Pero si se enteran los de La Hoja se va a armar una que...!
-Shiru. -Le cortó ella. -Creo que sé administrar mis habilidades con suficiente discreción. -Se incorporó. -Además, diría que me ha ido mejor que a ti... -Señaló su costado.
Shiru se volvió dolorosamente consciente de su herida de repente. La adrenalina y la tensión de los músculos habían anestesiado el dolor hasta ahora, pero una vez relajado era otra historia.
-Oye, se me ha ocurrido algo. -Dijo Shiru mientras Cho le cerraba las heridas... -¿Y si nos aliamos con ellos temporalmente?
-¿Con éstos pringaos? -Dijo Suna, introduciéndose en la conversación. -Preferiría aliarme con una roca. Esa al menos la puedo lanzar contra alguien.
-Es que me da no-sé-qué el acabar con ellos así tal cual. -Dijo Shiru. -Podemos robarles el rollo luego.
-La chica es una excelente luchadora. -Comentó Cho. -Si hubiera podido luchado junto con el gato es probable que nos hubiera ganado a Shiru o a mí. -La chica se giró hacia Suna. -Por cierto, ¿Se puede saber que has estado haciendo todo este rato?
-Manteniendo a raya a esos dos. -Suna señaló hacia los dos compañeros de la ninja, que se acercaban a su compañera de equipo a toda prisa.
-¿Han intentado intervenir? -Preguntó Shiru.
-El pequeño te ha lanzado como cincuenta kunais y cuchillos. -Dijo Suna.
-¿Y tú los has interceptado todos? -Preguntó Cho, asombrada.
-Qué va, si no ha lanzado bien ni uno. -Se rio el ninja. -Pero yo era una... fuerza disuasoria.
Suspirando, Shiru se acercó a la chica. Sus compañeros de equipo se habían puesto a sendos lados de ella, aunque parecían más aterrorizados que agresivos.
-Oye, hemos decidido que queremos hacer una tregua. -Dijo Shiru. -Nosotros os ayudamos a conseguir otro rollo de Tierra si vosotros nos ayudáis con otro de Cielo.
-¡NANAO ACEPTA LA OFERTA! -Gritó casi instantáneamente el ninja pequeño. -¡Éstos ninjas son superfuertes! –Dijo, esta vez dirigiéndose a la chica.
-¿Te llamas Nanao? -Preguntó Shiru.
