Epílogo
Gracias a todas las personas que hacen posible que siga escribiendo y con más ilusión cada día, en especial a mi maravillosa beta 3
Bella POV
Después de nuestra increíble historia no todo fue un camino de rosas. Comenzamos a salir seriamente (sin dólares, libros marcados ni pisos de hoteles de por medio) y todo era muy bueno (sí, TODO…) hasta que decidí que quería estudiar.
Me explico… Mi sueño había sido desde pequeña ser maestra de preescolar, pero por cosas del destino acabé estudiando otra carrera totalmente opuesta a eso. Nada más acabar mi carrera, Charlie cayó enfermo y me centré totalmente en él y hasta unos años después no decidí dedicarme a mi carrera profesionalmente. Craso error porque ahí fue donde descubrí que no me gustaba tanto como esperaba… Y decidí estudiar para mi pasión de toda la vida.
Esto generó conflictos con Edward ya que yo quería estudiar en Oxford, un poco lejos de los Estados Unidos (Inglaterra concretamente). El día que le comuniqué la noticia discutimos un poco tirando a bastante. Me recriminó que tras 7 años de separación y habiendo empezado nuestra relación volvía a irme y nada menos que a otro continente. Le recriminé cortarme las alas para cumplir mi sueño y nos fuimos sin ni si quiera despedirnos. Estuvimos meses sin hablar en los que rezaba para que no me aceptaran allí, pero el destino no opinaba lo mismo.
El día que le comuniqué que me marchaba fue casi igual que el día que le dije que quería estudiar allí. Al principio hubo gritos y más recriminaciones que acabaron en él rogándome de rodillas que no me marchara, pero no podía hacerme eso a mí misma. Tras todo eso, le comuniqué cuando me iba y me marché.
El día que cogí el avión una parte de mí quería no irse, otra estaba deseando de marcharse y volar libre. Ese día fui acompañada al aeropuerto por todos los que quería excepto Edward y eso dolió. A unos instantes de marcharme, divisé su mirada atormentada al fondo, apartado de todos. Y me acerqué a él, ver sus ojos rojos e hinchados me partió el corazón en mil pedazos.
- Pensé que no vendrías – dije mientras limpiaba una lágrima que caía por su mejilla.
- No sabía si sería buena idea. – susurró – No sabía si verte emocionada me daría razones para dejarte ir o al contrario – y su mirada atormentada volvió a contactar con la mía. Y me sentí realmente mal, os lo prometo.
- No me voy para siempre, y lo sabes. Podemos intentar algo a distancia, te lo propuse. Y casi te reíste de mi – le acusé, y asintió levemente – volveré en vacaciones, no es una despedida para siempre, no seas tan agonías, Eddie – golpeé su hombre levemente y sonrió un poco, pero su sonrisa no llegó a sus ojos.
Tomé sus manos y suspiré. Echaría tanto de menos ese tacto suave…
- ¿Me esperarás? – Le pregunté mientras megafonía anunciaba la última llamada para mi vuelo.
- Lo intentaré – respondió. Pero para mí fue como si intentara auto convencerse de ello.
Dejé un beso en su mejilla y susurré "que todo te vaya genial, nos veremos antes de lo que imaginas" y mientras avanzaba vi por el rabillo del ojo como se marchó cabizbajo.
Y así comenzó mi vida en Oxford. La primera semana casi ni me levanté de la cama, no tenía ni ganas. Mis amigos me contaron que esa primera noche vieron a Edward tirado en una acera con una botella de whisky en la mano, ahogando sus penas. Esa noche lloré porque por mi culpa estaba desperdiciando su vida.
Mis primeras vacaciones fueron muy especiales ya que todos mis amigos fueron a visitarme allí, con la excusa de hacer turismo y ver otro país. Un día, mientras todos dormían la siesta, Rose y yo salimos a por un café. Noté algo raro en ella y le pregunté.
- Rose… ¿Hay algo que quieras contarme? – comencé.
Se removió inquieta en el sitio, y me miró casi con pena.
- Volví a ver a Edward el otro día… - comenzó y asentí para que continuara – me preguntó cuándo volverías, que tenía que verte de nuevo – tragué saliva – y le conté que no venías porque veníamos nosotros. Simplemente se rió sin gracia y se dio la vuelta. Se dice que frecuenta señoritas de compañía, Bella.
- Se rio porque piensa que no voy para no verle, le conozco demasiado bien – me encogí de hombros – y si está haciendo eso no puedo quejarme, no somos nada para él. Ojalá fuera así para mí… - suspiré. Esto era una mierda.
Rose acercó la silla a mi lado y apoyé la cabeza en su hombro.
- Tenéis que pasar página cariño. Y si cuando vuelvas allí queréis volver a intentar estaré de tu lado, pero no te tortures más Bella, intenta disfrutar que cuando te des cuenta ya se habrá acabado todo y volverás a ser una neoyorquina.
Durante unos meses más no supe de él, además era mejor para mí porque empecé mis exámenes y desconecté del mundo en general. Conocí a un chico, se llamaba Jacob Black y era un amor de hombre. Congeniamos muy bien y comenzamos una relación seria. A los dos meses de estar conmigo se enteró de que era padre fruto de una noche que había pasado con una chica de la capital londinense y le dije que no pasaba nada y que tenía que darle una buena vida a su hija. Ahí todo fue de mal en peor… Su vida era su trabajo y su hija y casi ni nos veíamos hasta que no pudo evitarme más y tuvo que decirme que estaba intentando volver con la chica por su hija y terminamos sin rencores, la verdad. No es que no me doliera pero fue duro.
Tras superar a Jacob un ojiverde de cabello rebelde volvió a mi cabeza. No es que le hubiera olvidado, pero Jacob me hizo sentir que por fin había podido pasar página… Pero parecía que no. Pregunté a Rose un par de veces pero me dio largas, así que imaginé que estaba saliendo con alguien o me había olvidado.
En un abrir y cerrar de ojos ya me encontraba en mi último año de carrera y en mi graduación, con mi birrete y mis amigos apoyándome. Tras la ceremonia todos los compañeros de carrera cenamos juntos y salimos de fiesta a una discoteca muy bien ambientada. Algunas chicas y yo estábamos tomando unos shots de tequila y ya me encontraba muy mareada cuando sentí unos brazos rodearme por atrás.
- ¿Bailas, my lady? – y sí señoras y señores… allí estaba mi ojiverde favorito con una camisa color vino, pantalón negro y totalmente despeinado. Y juro por dios que mis bragas se fueron a parar muy lejos de allí.
Nos adentramos en la pista y bailamos durante horas hasta que mis pies estaban entumecidos. Salimos a un patio interior que tenía la discoteca y nos sentamos en un bordillo con nuestras manos unidas.
- Hace un par de años que no sé nada de ti – comenté para romper el hielo.
- La verdad es que no he estado muy bien – comenzó y yo le insté a continuar – cuando te fuiste dolió como la mierda – miró al cielo nostálgico – me abandoné al alcohol y las drogas y alguna que otra vez a la prostitución. Y… - dudó – fui padre.
Cuando oí la última parte de su perorata, giré mi cabeza tan rápido para mirarle que hasta me mareé.
- Querrás decir que eres padre… ¿No? – dudé.
- No, no Isabella… Fui padre de un niño que murió a los dos años de leucemia infantil – y mientras hablaba una lágrima se deslizó sobre su mejilla. Y lo único que pude hacer fue abrazarle mientras lloró amargamente la pérdida de su pequeño.
Continuamos hablando sobre los años perdidos, me enseñó fotos del pequeño Tony que era precioso ya que era clavadito a él y cuando el sol nos dio en la cara volvimos a casa dados de la mano como unos adolescentes.
Al llegar a la puerta de mi piso me pidió entrar y esperó hasta que yo me quité mi traje de graduación, me puse mi pijama y arreglé mi pelo en un moño desordenado. Cuando entré en el salón me sonrió dulcemente.
- Cuando te arreglas estás hermosa, pero así tan natural y con pelo desordenado… Encandilas a cualquier hombre, seguro que debo de tener delante una pila de hombres intentando entrar en tu corazón.
Me senté sobre él, en su regazo, y me abracé en su pecho.
- Ha habido algunos hombres pero siempre has sido mi primera opción – confesé y él alzó mi cara para besarme con deseo.
Torpemente llegamos a mi cama donde recuperamos los años perdidos amándonos y adorándonos.
En uno de nuestros descansos en nuestra maratón de sexo me confesó que había venido un par de veces a visitarme pero que no había tenido el valor de acercarse a mí hasta hoy, en el que se enteró por mi portero que era mi graduación. Y persuadió a Rose para saber dónde era y qué haría después, que necesitaba hablar conmigo.
Tras ese día iniciamos de nuevo nuestra relación pero esta vez como si fuera la primera vez. Se lo comunicamos a nuestros amigos, que nos dieron su bendición pero aun desconfiando por nuestras idas y venidas…
Tras 5 años de relación quedé embarazada de las pequeñas Renesmee y Vanesa Cullen, gemelas preciosas que dieron más de un quebradero de cabeza a su padre. Edward y yo nos casamos a los dos años de nacer Renesmee y Vanesa en una pequeña ceremonia civil con nuestros allegados para más tarde pasar un mes en una isla privada como luna de miel. A los 4 años de nacer mis gemelas nació la pequeña Lisa, la cual era rubia y de ojos azules, igualita a su abuelo Carlisle. Y cuando ya no pensábamos tener más hijos apareció Edward Jr. que era clavadito a su pequeño Tony, y sentía una especial conexión con él. Y no era de extrañar, para él esa su manera de recuperar tiempo con su antiguo Tony. Y yo era la mamá y esposa más feliz del mundo.
Para concluir puedo asegurar que la nuestra no es una historia de amor donde todo es color de rosa, pero no puedo estar más contenta por Edward y mis maravillosos hijos.
¡Holaaaa!
Siento haber estado tan desaparecida pero mi inspiración murió durante un tiempo pero está de vuelta. Siento enormemente haberlas dejado tiradas tanto tiempo…
Díganme que opinan del epílogo… ¿Es bueno? ¿Malo?
Besitos desde España.
