"¡Hola, Legolas! Has llegado pronto" –comentó Haldir.

El capitán de Lothlórien acababa de volver de una expedición en el bosque con su hermano menor, Rúmil. Mientras regresaban a los cuarteles se encontraron con el príncipe manyan, que parecía estar huyendo de algo. Sin dejar de mirar por encima del hombro, Legolas respondió:

"Oh, hola Haldir, Rúmil. ¿Dónde está Orophin?"

"Está de patrulla –Rúmil frunció el ceño ante la obvia ansiedad del príncipe-. ¿Pasa algo malo, Legolas?"

"¡VUELVE AQUÍ, ENANO! ¡MOCOSO INSOLENTE! –se escuchó a Keldarion de repente. Parecía furioso mientras avanzaba rápidamente hacia ellos.

"Oh" –Legolas palideció y se preparó para correr.

"¡Haldir! ¡Rúmil! ¡Agarradlo!"

El otro par de hermanos se miró y siguieron las órdenes de Keldarion. Agarraron a Legolas de inmediato por los brazos para impedirle escapar.

"¡¿Qué estáis haciendo?! –gritó Legolas mientras luchaba por liberarse-. ¡Soltadme!"

"Lo siento, su alteza, pero no podemos –dijo Haldir, con una sonrisa enorme-. Él es el príncipe heredero, así que tenemos que obedecerle."

Keldarion miró a su hermano.

"¡Vas a ver lo que es bueno, Legolas!"

"Kel, espera…" –intentó alegar.

Pero su hermano no quiso escucharle. El cambio, Keldarion se agachó y agarró a Legolas por las piernas, levantándolas del suelo.

"Al río" –le dijo a Haldir y Rúmil.

Los ojos de Rúmil se abrieron como platos y Haldir se rio a carcajadas. Legolas gritó de furia mientras se lo llevaban. Luchó y se retorció, pero los tres guerreros eran más fuertes que él. Aun así, no dejó de suplicarle a Keldarion.

"¡Por favor, Kel! ¡No volveré a hacerlo! ¡Lo juro!"

"Di, Kel, ¿qué ha hecho?" –preguntó Haldir mientras se acercaban a la orilla del río.

Con los dientes apretados, Keldarion les contó lo que había pasado en el jardín y Haldir y Rúmil estallaron en carcajadas. Keldarion los taladró con la mirada.

"¡No tiene gracia!"

"Lo que tú digas, Kel. ¡Pero creo que lo que Legolas hizo fue genial!"

"¿Ah, sí? Entonces te tiraremos al río tras él."

Rúmil cerró la boca de inmediato. Legolas ya estaba maldiciendo.

"¡Maldita sea, Kel! Si me tiras…"

"¿Qué harás? ¿Correr a contárselo a padre? –se burló Keldarion, y entonces le hizo una señal a los dos hermanos-. ¿Listos? A la de tres. Una, dos… ¡tres!"

Legolas salió volando… y cayó en el agua con un fuerte chapoteo.

"¡Te lo mereces, mocoso! ¡Vuelve a hacerlo si quieres que te tire otra vez!" –gritó Keldarion, esperando a que Legolas emergiera.

Y esperó… y esperó…

Cuando Legolas seguía sin aparecer después de un minuto, Keldarion empezó a preocuparse.

"¡Legolas!" –gritó, ansioso.

Rúmil y Haldir también estaban empezando a ponerse nerviosos. Sin esperar más, Keldarion se zambulló en el agua y empezó a buscar a Legolas frenéticamente, rezando para que no le hubiera ocurrido nada malo a su hermano.

Nadó hasta el fondo del río, temeroso de que Legolas se hubiera golpeado la cabeza y caído inconsciente, pero no había ni rastro de él. Ante eso, el príncipe empezó a entrar en pánico. ¡Valar! ¿Qué he hecho? ¿Dónde está?

Entonces, de repente, oyó el sonido de una risa ahogada. Una risa muy familiar. Keldarion emergió de golpe y se quedó sin aliento del alivio que sintió al ver a Legolas de pie cerca de la orilla, riéndose como loco. Entonces estalló de furia.

Haldir y Rúmil se percataron de su enfado, así que se prepararon para huir.

"Vámonos, Rúmil –dijo Haldir, intentando no reírse-. ¡Será mejor que no nos quedemos en medio!"

Legolas seguía riéndose cuando de repente su hermano lo agarró del cuello de la camisa y lo arrastró hasta la orilla.

"¡Erk! ¡Kel! ¡Déjame… ir!"

Keldarion lanzó a su hermano al suelo y cuando Legolas hizo ademán de levantarse, gritó:

"¡Quédate ahí!"

Legolas parpadeó confuso y se quedó mirando la cara roja de su hermano. Oh, no. ¡Ahora sí que está enfadado!

"Err… ¿Kel?"

"¡Eso fue estúpido! ¡Pensé que te habías ahogado!"

"Yo… lo siento. No pensé…"

"Ese es el problema. ¡Nunca piensas!"

Todo se quedó en silencio. Keldarion se apartó bruscamente y se quedó mirando el agua que fluía con calma. La brisa soplaba a su alrededor, pero a pesar de estar empapados eran inmunes al frío.

Legolas miró el suelo y recordó las palabras de su hermano. ¡Nunca piensas! Sabía que tenía razón. Siempre le gustaba el peligro sin pensar en qué iba a terminar y lo que le acababa de hacer a su hermano fue estúpido. Debería haber pensado en la reacción de Keldarion. Su hermano tenía mucho miedo de perderlo.

Legolas se puso lentamente en pie, dio un paso adelante y apoyó una mano en el hombro rígido de Keldarion.

"¿Kel? Lo siento mucho. No quise asustarte. No volveré a hacerlo, lo prometo."

El otro príncipe seguía quieto y en silencio. Legolas temía que no iba a perdonarlo.

"Por favor, Kel. ¡Lo siento! Fui un desconsiderado… ¡y estúpido! ¿Qué puedo hacer?"

Legolas se desesperaba al no obtener respuesta.

"Muy bien. ¿Qué te parece si afilo tu espada durante un mes? O puedo hacerte más flechas. ¿Y si te doy un masaje en la espalda? ¿Quieres?"

Keldarion no pudo soportarlo más, así que se dio la vuelta y cogió a Legolas por los brazos.

"Cállate, mocoso. Solo cállate."

Legolas sintió que temblaba y lo atacó la culpa.

"Siento haberte asustado. Lo digo en serio."

Keldarion se apartó y Legolas se sorprendió al ver las lágrimas en los ojos azul cobalto de su hermano.

"Lo sé, Legolas. Supongo que exageré –Keldarion miró fijamente los ojos plateados de Legolas-. No decía en serio lo de que nunca piensas. No es verdad, y los dos lo sabemos. Lo siento."

Keldarion seguía enfadado consigo mismo por sus duras e impulsivas palabras. Legolas era de las personas más reflexivas que conocía, y era un manyan. Tenía un corazón de oro y la mayor empatía. Decir que Legolas era irreflexivo era cruel.

"¿Todavía estás enfadado conmigo por… ya sabes… tu pelo y el de Arwen?" –preguntó Legolas.

Keldarion esbozó una enorme sonrisa.

"Bueno, a decir verdad, ¡creo que fue genial! ¡Nunca la había visto tan enfadada! ¡Cuando intenté cortar el pelo con mi daga casi comete asesinato!"

Legolas se rio con él.

"¡Oh, me habría encantado ver su reacción! ¡No tiene precio!"

"¡Y entonces llegaron padre y el señor Celeborn y lo vieron todo!"

Los ojos de Legolas se abrieron como platos.

"¡No puede ser!" –se rio aún más fuerte y siguió haciéndolo en el suelo, casi histérico. Keldarion se dejó caer junto a su hermano.

"Oh, sí. No tuvo precio."

Los dos hermanos se miraron y volvieron a estallar en carcajadas. Pasaron varios minutos en los que se calmaron, y entonces Legolas recordó algo.

"¡Casi se me olvida! ¡Mira lo que encontré! –sacó algo del interior de su túnica-. ¡Mira! Por esto tarde en subir. Encontré esto en el fondo del río."

Keldarion se quedó mirando el objeto en las manos de Legolas. Era una botella pequeña y redonda, de cristal liso oscuro. Tenía un tapón también hecho del mismo material.

"Qué interesante –Keldarion la cogió y la miró de cerca-. ¿Cómo habrá caído al agua?"

"También lo pensé –dijo Legolas-. Es muy bonita. Tal vez sea una botella de perfume."

"Pero no huelo nada" –resopló Keldarion.

Quitó el tapón y una neblina de color rojo oscuro salió de la botella y lo envolvió. Keldarion tosió, moviendo la mano para librarse de ella a la vez que Legolas exclamó:

"¿Qué demonios fue eso?"

"No tengo ni idea" –dijo Keldarion, sin aliento.

Legolas lo miraba, preocupado.

"¿Estás bien?"

Keldarion asintió. Volvió a tapar la botella y se la dio a Legolas.

"Sí, estoy bien. Ten. ¡Puede que la necesites para cortejar a alguna dama!"

El príncipe más joven le lanzó una mirada asesina.

"¿Para qué necesito una botella cuando tengo mis encantadoras miradas?"

Keldarion se rio.

"¡Ya quisieras! ¡Vamos! ¡Tenemos que volver a palacio y quitarnos esta ropa mojada!"

¡Soy libre! ¡Completamente libre! ¡Después de miles de años encerrado en esa botella bajo el agua por fin ha terminado mi espera! ¡Y míralo! Mira al elfo en el espejo, el cuerpo que he tomado. ¡Es espléndido! Tan fuerte y poderoso.

Solo espera, Celeborn. Cumpliré mi venganza.