Jejeje. ¿¡Qué tal niñas bonitas!? y niños (si es que hay por aquí), lamento mi retraso, ya tenía el capi listo pero ni siquiera sabía dónde tenía la cabeza entonces… bueno...
Diva: hem… ¡o si! Escribimos algunas palabrotas, no las notamos en su momento pero cuando quisimos sacarlas, ya estaban ahí y si las sacábamos las cosas terminarían algo fuera de contexto. Zorry por los inconvenientes
Y bueno haya en el fic nos referimos a Afrodita (Deidara) como "él" y "ella", creo que por lo que ya explicamos puede hacerse, pero no sé si podría confundirlas, así que si quieren que le digamos de una sola forma solo díganlo

Andorea: ¡Que tal! Para serte sincera tu reviw me ha sacado una sonrisa enorme que desde que lo leí nada me la ha borrado, es un placer que te haya gustado nuestra forma de narrar lo intentamos hacer profundo y entendible para que la historia pueda disfrutarse. Diva: ¿ortografía? Si somos pésimas, pero intentamos mejorar, te prometemos que algún día algún capitulo no tendrá ni un solo error. Esperamos este capi te guste igual que el otro, cuídate, ¡un placer conocerte!

Y bueno…
Diva y Yo: ¡Al capítulo!

¿Qué es... el Amor?

El gladiador pelirrojo quedo estático en su sitio, sin poder creer lo que sus ojos le acababan de mostrar, hasta hace solo unos segundos ante sus ojos había tenido al ser más hermoso que jamás había visto, aquellos ojos azules que encerraban el cielo entero habían estado fijos en el. Y de pronto sus acompañantes lo habían tomado de los brazos y se lo habían llevado a rastras, no hizo nada solo siguió mirándolo, de la misma manera que él lo miraba.

Ahora aun con el rugido de la multitud que lo envolvía, aun sabiendo que debería estar alimentándose de aquellas ovaciones, de la manera en la que aclamaban su nombre, y aunque lo sabía, no quería quitar su mirada de aquel preciso lugar, donde aquel rubio había desaparecido hacia apenas un minuto, esperando que de las sombras del largo pasillo por el que había desaparecido, regresara a mirarlo una vez más.

De pronto sintió el ritmo de su corazón agitado, como después de una encarnizada lucha, como si no tuviera más fuerzas en el cuerpo y fuera a caer al suelo ahí mismo. Pero aquella lucha había sido sencilla y algo en los golpes de su corazón contra su pecho, le decía que nada tenía que ver con el esfuerzo físico, su actual estado era causado por otra cosa y lo supo al recordar aquella mirada azul, aquellos cabellos dorados, aquel porte divino era todo a causa de él.

Sintió sus mejillas arder, pero todo aquel flujo incontrolable de pensamientos se detuvo, cuando uno de sus compañeros de piel morena, ojos verdes y largos cabellos castaños, lo empujo con rudeza amistosa por el hombro, haciéndolo reaccionar. Se mordió la lengua y ocupando su gran orgullo, controlo el sonrojo de sus mejillas, apagándolo como a una vela, controlo los golpes de su corazón y se giro imponente para mirar a su compañero.

Vámonos ya Sasori- dijo el de profundos ojos verdes, mostrando su profunda vos, que parecía salida del mismísimo inframundo, el pelirrojo cabeceo, siguiendo a su amigo que como los demás ya avanzaba hacia aquella reja por la que habían entrado.

Con pasos firmes y elegantes se alejó de la arena, pero le fue imposible no girar la cabeza, solo una vez más para mirar hacia aquel sitio, esperando con todas sus fuerzas que aquel ser divino estuviera ahí, y esa celestial mirada estuviera figa en el. Pero como hacía no más de medio minuto, el lugar estaba vacío y no parecía haber rastro de nadie por el lugar.

Regreso la cabeza al frente con el mentón levantado, pero no pudo evitar bajar un poco la mirada, decepcionado, como le hubiera gustado verlo una vez más ahí, solo mirándolo a él, aunque ciertamente le pareció extraño que él y sus acompañantes hubieran desaparecido, cuando el evento aun no concluía, claro que con lo lujosas de sus ropas y su porte aun mas altivo que el suyo, deberían tener cosas más importantes que hacer, aunque ahora que lo pensaba, incluso el Cesar estaba ahí, mejor dejaba de darle vueltas al asunto o se tropezaría y caería sobre sus compañeros.

%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/ %/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/%/

Habían pasado dos largos días desde ese día, en el que los tres dioses habían escapado del Olimpo para colarse a una función de gladiadores. Hacía dos días que Afrodita se había encerrado en su templo, Hacia dos días que Eris intentaba entablar una conversación con su amiga y no lo lograba. Hacía dos días que Hades no podía esperar para volver a salir del inframundo y ver, una lucha por lo menos la mitad de entretenida, que la que ya había presenciado en aquella ocasión.

Eris estaba aun más preocupada que hacía dos días, cuando se rencontró con su amiga tan frágil y rota como una figurilla de cristal. Pero ahora que ni siquiera se dignaba a salir de su templo, que ni siquiera le contestaba atreves de la exótica puerta de madera negra, que ni siquiera había escuchado los ruegos de los mortales para con ella. La diosa del caos sentía la culpa caerle encima como una montaña entera, el arrepentimiento y la rabia consigo misma por haber llevado a su amiga al coliseo, empujándola a estrellarse contra cualquier pared que tuviera delante, o a tirarse desde la cima del monte Olimpo.

Afrodita dentro de su templo, no hacía más que pensar y pensar. Por primera vez en su vida eterna se había vuelto a cuestionar ¿qué era el amor? Lo que para la diosa del amor era nefasto, no saber ni siquiera a que debía entregarse, que debía erguir ni cómo hacerlo. Había sentido amor por sus hijos, por aquellos con los que había compartido su lecho, pero jamás había sentido lo que había sentido nada más de ver aquellos ojos ceniza.

El amor carnal era su especialidad, era su fiel compañero, siempre iba de su mano, podía enamorarse muy fácilmente de cualquier hombre hermoso, bien esculpido y bien dotado. Su insana cantidad de amantes podían confirmarlo, dioses, humanos, semidioses, todo aquello que le fuera atractivo a la mirada. Claro exceptuando a Hefesto su ex esposo, era horrendo, el dios más feo de todos y el más repugnante de sus amantes, no estaba orgulloso, había tenido que casarse a la fuerza y hasta hace poco se había podido deshacer de aquel compromiso.

No sabía que era ese amor libre del lívido, el que nacía del alma, lo conocía porque lo había creado, pero hasta ese momento solo algunas especies de animales y algunos pocos humanos habían experimentado ese amor tan especial y magnifico, que parecía imposible incluso para los dioses. Lo que Afrodita había confirmado al ver a aquel gladiador, se había sorprendido que hasta el momento no se hubiera imaginado a aquel hombre tomándolo de manera violenta y placentera, de no haberlo reclamado al instante como suyo, lo que ya había hecho con muchos otros mortales. Y nada tenía que ver la ahora estricta dictadura de Zeus, bien poco le importaban sus palabras tratándose de su placer.

Solo había podido quedarse ahí de pie como una jovencita que se enamoraba por vez primera, ella la diosa del amor tenía ese tema dominado y controlado como su fiel mascota, pero todo lo que creía que quería, todo lo que creía que era se había deshilachado entre sus dedos, escurriéndose como hilos de sangre. Aun cuando ni siquiera había visto su rostro había sentido algo en aquel humano, sin mencionar su perfecta musculatura y sus movimientos.

No tenía la mas mínima intención de acercarse a él y tirarlo a la cama más cercana, como había hecho con todos antes, en esta ocasión quería contemplar hasta el infinito esos ojos de brillo peligroso, quería acariciar con sus dedos aquella cabellera como el fuego, enredar esos mechones rojos entre su largos dedos y jugar con ellos. Quería tocar aquella cremosa piel blanca, sin más intención que el comprobar si era tan suave como se veía.

Quería abrasarse a aquel amplio pecho, solo para sentir el calor corporal del humano, sentir los latidos de su corazón, desbocados solo por su presencia, quería inhalar aquel perfume masculino y viril que debía desprender el joven. Delinear los músculos gravados a fuego en su abdomen, quería que esos brazos fuertes lo atrajeran aun mas a él, quería solo posar sus labios sobre los del humano, sintiendo el calor colorear su rostro y el impulso eléctrico contra ese simple roce, hacerla encorvar la espalda extasiada.

Quería sentir aquellos músculos tibios contra su piel, quería corroborar que ambos encajaban como dos piezas de puzle, que habían nacido para estar juntos y que nada nunca los iba a separar. Pero cuando recordó de golpe todas aquellas restricciones hechas por el imbécil de Zeus, se levanto de su amplia cama de sabanas de seda y rugió como un león furioso y comenzó a lanzar todo lo que se encontró, los cojines de plumas y las almohadas fueron los primeros en salir por los aires, las brillantes sabanas siguieron el camino de los primeros, para después ver volar el colchón de plumas y hasta la base de solida madera color miel.

La diosa quedo de pie en su sitio jadeante, y miro todo el desastre que había causado, se quito un mechón del ojo y simplemente se dejo caer de rodillas al frío suelo de mármol. Amor a primera vista, el deseo que caldeaba su interior, de simplemente abrazar a aquel hombre y nunca soltarlo. La primera, única y última vez que sentiría algo así, y por culpa del general Zeus iba a quedarse sin aquel hombre, no podía pasar sobre él y menos ahora con sus fuerzas tan disminuidas.

Sintió la pena invadirlo y rodearlo como un bosque de espinas, que se apretaba más hacia él, no tenía a donde huir, sintió horror y las lagrimas picarle los ojos y nublarle la vista. Debía admitir que estaba muy confundido, pero la simple idea de ni siquiera poder volver a ver aquellos ojos, aquel cabello, ese cuerpo esculpido por Atlas, hacia que deseara la muerte antes que un futuro lejos de aquel hombre, que por vez primera había decidido no entregarle su cuerpo, si no entregarle su alma y corazón.

Se restregó los ojos quitándose la molesta sensación de las lagrimas, que no había dejado escapar, se incorporo lentamente, con las piernas débiles y temblorosas, levanto de poco a poco el mentón, mirando de nuevo el desastre que había causado en aquella rabieta infantil. Se inclino con elegancia, estiro su brazo derecho atrapando entre sus dedos la suave y fría sabana más cercana a ella, y dándole un tirón todo se despego del suelo y dando botes por la habitación, regresaron a su antigua posición, la base de madera, el colchón de plumas sobre ella, las exóticas sabanas cubriéndolo y los hermosos cojines sobre las sabanas, decorando el mueble.

Todo tan acomodado y perfecto, como si la diosa del amor no hubiera hecho nada de lo que hacía minutos había orquestado con rabia. Se fue directo al baño, después de dos días de no levantarse de la cama necesitaba un baño con urgencia, se tomo su tiempo y también al elegir su atuendo del día, se arreglo delante del enorme espejo, que estaba sobre su tocador de madera blanca y sonriéndose satisfecha comenzó con su trabajo del día.

*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/ */*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/*/

En ese segundo día, las cosas tampoco iban del todo bien para aquel gladiador. Sus compañeros gladiadores notaban el cambio de ánimo del pelirrojo, no es que el joven fuera muy comunicativo o expresivo, ni siquiera solía hablar mucho con sus amigos más allegados. Pero todos pudieron notar ese cambio cuando lo miraron caer en menos de un parpadeo, el orgulloso gladiador había terminado sobre la arena rojiza, mirando hacia arriba con una mueca de dolor, su compañero y amigo Kisame lo había derribado con un solo golpe.

Ninguno quería menospreciar al más alto y musculoso de ellos, pero todos sabían que Sasori era mejor que el de piel azulada. Y eso solo había sido la punta del iceberg, Sasori no podía concentrarse, no podía pensar, ni siquiera reaccionar cuando veía el golpe acercarse peligrosamente a su rostro, quería practicar, quería humillar a sus compañeros como siempre lo hacía, pero sus cerebro se desconectaba de su cuerpo y volaba, legos muy lejos de él.

No podía dejar de pensar en aquel chico de ojos de cielo, cabello de oro y figura de diosa, no podía apartar sus pensamientos de ese joven, el mundo a su alrededor estaba cubierto por una pesada capa de niebla blanca, solo podía ver a aquel ser, que no dejaba de revotar en sus pensamientos, no podía dejar de pensarlo, admirarlo en sus recuerdos y anhelar el volver a verlo.

O vamos hermano, lo puedes hacer mejor que eso- dijo una vos sobre él, cuándo había vuelto a parar al suelo no tenía idea.

Levanto la mirada solo para encontrarse con la enorme figura de Kisame, borroneada por las sombras, que se expandían contra las pronunciadas molduras de su poderoso cuerpo, las facciones de su rostro y el sol que lo azotaba por la espalda no hacía más que oscurecer mas aquellas sombras. El enorme hombre de piel azulosa, así como cabello de tormenta, le extendió la mano para ayudarlo a levantarse, el pelirrojo casi fulmino aquella enorme mano, pudiera que estuviera en su propio mundo flotando entre nubes, pero aun tenía su orgullo corriendo como su sangre por su cuerpo, así que de manera elegante se incorporo solo.

- Kisame sonrió de medio lado mostrando sus acerrados dientes, parecidos a los de un tiburón, reconociendo por fin a su amigo, los ojos peligrosos sobre él y los elegantes movimientos, que dejarían en ridículo a cualquier senador- hombre pero que te pasa, lo has hecho peor que cualquier recluta- dicto jocoso, soltando una chirriante ricilla entre dientes.

Sasori rodó los ojos, e intento no prestar atención a esa risilla ridículamente aguda y molesta. Bien ahora que estaba entre los vivos debía actuar rápido, antes de volverse a perder en sus recuerdos de mirada azul. Con discreta velocidad, llevo su píe escuetamente cubierto por una bota de gastado cuero negro, a los de Kisame y una vez posicionado tras el píe izquierdo del de piel azul, jalo con fuerza, haciendo que el hombre perdiera el equilibrio y callera de espaldas al suelo, la tierra rojiza se elevo. Y Kisame ni siquiera supo que hacia ahora en el suelo, pero pronto pudo adivinarlo, al sentir el pie de Sasori presionarse como una velada amenaza sobre el pecho, y lo comprobó cuando sintió la punta de la espada de madera acariciar lascivamente su cuello.

- aun en el suelo el de piel azulada, no pudo evitar soltar una fuerte carcajada, de vos grave y aun así, extrañamente tan desagradable como la chirriante risa aguda de hacia segundos- baya parece que por fin vuelves al mundo de los vivos.

Deja de payasear quieres- dicto con frialdad, mirando con peligro al de cabellos azules, que aun bajo su píe no paraba e reír convulsamente.

Tal vez yo debí haber sido el más apto para decir eso. Puesto que en los últimos dos días no te has movido, has dejado que incluso Pein te derribara de un solo golpe- la mirada furibunda del pelirrojo, hizo que el peli azul se encogiera de miedo en su lugar.

No lo dijo porque Pein fuera débil, claro que no, solo a él le tenía más miedo que a Sasori. El pelirrojo llevaba una sana rivalidad con el de cabellos naranjas, solo por puro ego, rencillas del pasado, el título de campeón que ostentaba Pein Sasori lo anhelaba, esa manía obsesiva de Sasori porque su nombre traspasara las barreras del tiempo, que de alguna manera perdurara eternamente en las memorias de las personas. Y de pronto Kisame ataco su ego, diciendo que se había dejado vencer incluso por Pein.

Si aprecias tú cabeza en su lugar, cállate- dijo con calma calculada, y la amenaza tacita en esas frías palabras hicieron a Kisame cerrar la boca, hasta solo hacerla parecer una fina línea sobre su rostro- arriba- dijo sin más, quitando su píe del pecho del más alto.

Kisame se incorporo con cautela y una vez totalmente recto, recibió una torcida sonrisilla del pelirrojo, el peliazul sonrió enormemente mostrando sus peligrosos dientes, y comenzaron el brutal entrenamiento, esta vez Sasori como en cualquier ocasión, dejo que su mente se mantuviera fija en un solo objetivo, aquel enorme hombre frente a él. El entrenamiento era brutal, pero ninguno iba a dañarse en verdad, por eso en esos dos días de vagar en los excitantes latidos de su corazón, el pelirrojo solo tenía algunas marcas rojas sobre la piel y un morado bajo el mentón, que pronto desaparecerían.

Cuando el sudor que escurría de sus perfectas anatomías, fue el suficiente para hacerlos sentir pesados, ambos se detuvieron y con pasos trémulos se aceraron a aquella magnifica casona, esculpida en mármol blanco, claro se quedaron fuera de la misma y por algunos segundos solo se dedicaron a mirar a sus compañeros entrenar. Por haya Pein entrenaba con tres sujetos a la vez dándoles una cátedra de lo que era un gladiador y más haya Kakusu, apenas se esforzaba en mantener al marguen a su contrincante, que ya podría tener bajo sus píes.

Kisame- de pronto la vos de Sasori, algo constreñida, por el esfuerzo que estaba haciendo al entablar aquella platica, se irguió sobre los secos sonidos de madera chocar con madera y Kisame miro dubitativo a su amigo, Sasori no era de hablar mucho y menos aun de por píe propio comenzar la charla, comúnmente el o Kakusu eran los que hablaban sin parar.

¿Dime?- respondió el hombre azul, mirando seriamente al más bajo, con una ceja alzada, realmente interesado en que diría el pelirrojo.

¿Qué es el amor?- una vez más la vos salía asfixiada y forzada, hablar le costaba trabajo y empeorándolo todo era aquel tema, solo atreviéndose a preguntárselo al mayor, sabiendo que procedía de Corinto una de las ciudades de mayor adoración a la deidad del amor.

Bueno...- Kisame dudo algunos segundos su respuesta, ciertamente no era una pregunta natural, y menos en su amigo pelirrojo- el amor es un sentimiento demasiado grande, como para explicarlo en unas cuantas palabras- dijo intranquilo, sabiendo que su respuesta no le agradaría al pelirrojo. Sabia del tema porque como todos en su ciudad, alguna vez había servido al templo de Afrodita, pero era todo muy superficial y carnal.

Digo... podrías intentarlo- dijo recubriendo sus palabras con un filo atemorizante, y sumando la mirada fría de aquellos ojos grises, Kisame no tuvo opción más que recitar lo que sabía del tema.

El amor es un sentimiento con varias ramificaciones, esta aquel amor carnal que sientes por aquellas personas que te atareen, el amor fraternal, por un amigo, el amor propio. Sin dudas el amor carnal es el más conocido de todos y el preferido de Afrodita, no hay manera de no sentirlo alguna vez aunque sea solo por un instante, o de sentirlo como una espada atravesándote por el corazón, no hay vuelta atrás una vez que has sentido de aquella manera, no pararas hasta hacerte con el cuerpo de aquel ser- recito como si leyera aquellas líneas, de un pergamino sacado de alguna estantería de su cabeza.

Sasori releyó mentalmente aquellas palabras en su cabeza, pero ninguna de ellas se parecían a los sentimientos que tenía después de haber mirado a semejante ser. La manera en la que su cuerpo había querido actuar, la manera de su corazón al andar. No, aquellas palabras no encajaban en el rompecabezas de aquellas sensaciones tan poderosas.

¿No te ayudaron mis palabras?- cuestiono Kisame, al mirar la muda expresión crispada del menor, la suave mueca de inconformidad y la mandíbula apretada.

No era exactamente lo que me cuestionaba- contesto con aire informal encogiéndose de hombros, intentando quitarle importancia al tema, que lo desgarraba desde dentro, las ansias lo comían desde su interior y como siempre su mueca permanecía impasible.

- pero conociendo como Kisame conocía a sus amigos, la curva crispada en las finas cejas rojas, le informaba que Sasori no quedaría contento sin la respuesta que anhelaba- bueno también vive ese amor puramente espiritual- ante tales palabras, la mirada del pelirrojo casi curiosa se posó sobre los ojos negros de Kisame- este tipo de amor es bastante exclusivo, en el templo de Corinto no había dato alguno del mismo. Por que naturalmente para elegir a tu pareja, a aquella persona que amaras, te basas en su físico, lo que pertenece al amor carnal, pero con este, sin importarte que aquella persona sea un monstruo horrendo, le entregaras tu alma y el te dará la suya, de la misma manera que entregas tu cuerpo en el amor carnal. Es una conexión que supera incluso la muerte y se dice que si ya entregaste tu alma, a cada nueva vida estarán atados... es mágico- suspiro soñador el peliazul, alzando la mirada para admirar aquel cielo azul.

¿Le has entregado tu alma a alguien?- pregunto con ironía, mirando hacia el mayor, que solo sonrió enormemente, sin siquiera mirarlo.

Sasori callo, ya lo sabía Kisame estaba enamorado de su señor y no de la manera carnal de la que había hablado, podía notarlo en lo brillosos de esos ojos negros profundos como pozos, la sonrisa ridículamente boba y soñadora, y la manera en la que la azulosa piel de sus mejillas se teñía apenas en un suave tono rosa. Si Kisame ya había decidido a quien entregarle su alma, solo que esa persona ya tenía sus ojos sobre alguien más, y cada que podía le entregaba su cuerpo como la más vulgar de las rameras.

Se sintió mal por su amigo y por si mismo, en las más recientes palabras de Kisame había logrado encontrarle coherencia a aquellos pensamientos, que lo atormentaban como una tormenta de rayos en su interior, conocía aquella atracción meramente carnal, él la sentía con su señor, al que Kisame le había entregado su alma y corazón, pero lo que había sentido al mirar aquellas gemas celestiales, aquellos cabellos, aquel cuerpo, aquel rostro, era diferente a todo lo que jamás había experimentado.

Ni siquiera se imaginaba, que sus callosas y brutas manos pudieran rosar aquella delicada piel pálida, consideraría un pecado que sus pieles se tocaran. No se sentía digno de él, de aspirar aquel suave aroma que seguramente lo haría caer de rodillas al suelo, indigno de olerlo, le bastaría con poder mirar a aquellos ojos de infinita belleza, que hacían parecer a aquel hermoso cielo sobre sus cabezas un insulto al color azul, mirarlo eternamente, con eso se conformaba, y claro le entregaría su alma a la primera oportunidad, para que al menos pudiera jugar con ella.

¿No me digas que le has entregado tú alma a alguien?- pregunto de pronto el azul, solamente por molestar a su amigo que se veía tan sumido en el, como en los últimos dos días, pero no espero confirmar sus palabras, al mirar los ojos desorbitados por apenas unos segundos que Sasori tardo en recomponerse.

- la mandíbula del tiburón se fue hasta los suelos y la expresión de terror, de sorpresa y otras tantas cosas que Sasori no pudo identificar, lo hicieron agregar velozmente, no quería problemas con su amigo, una cosa era acatar las órdenes de su señor y otra traicionar al mayor- solo lo vi unos segundos, pero no dejo de pensar en el, mi corazón se acelera al recordarlo y mi alma escapa de mi cuerpo para ir en su búsqueda- dijo con vos seria y profunda, sonriendo apenas casi triste, mirando hacia el horizonte, como si este pudiera darle alguna pista acerca de aquel ser.

Y ¿dónde lo conociste?- no pudo evitar preguntarle de manera profunda, curioso y ansioso como un pequeño que iba por primera vez al coliseo.

En el coliseo- dijo sin mirar al mayor y Kisame se inclino más hacia el intentando adivinar sus pensamientos- estaba en el publico, nos miramos directamente, aunque solo fue por unos segundos, no me lo puedo sacar de la cabeza- Kisme asintió, escuchando atentamente las palabras de su amigo.

Que complicado resultaste- dicto jocoso, sonriendo de manera torcida, Sasori lo fulmino con la mirada, haciendo retroceder al peliazul- sabes que es probable que nunca más lo vuelvas a ver- acoto con cotidianidad.

Sus verídicas palabras fueron como un hoyo negro para Sasori, que le arranco el aliento y de paso el alma. Sabía que aquello era una posibilidad, pero hasta que el peliazul lo materializó en palabras, sintió el peso entero del mundo caerle sobre la espalda, los colores del mundo derretirse arrastrados por el aire, como las gotas de lluvia al caer por las paredes de aquella elegante casona, y después el mundo mudo, sin color e insípido, lo vio despedazarse ante sus ojos y todos aquellos fragmentos le cayeron encima atravesando su cuerpo sin piedad.

Lo sé. Pero... mi corazón fue el que decidió- a pura fuerza de voluntad mantuvo su rostro estoico, la mirada fría y las mejillas pálidas, aunque los golpes de su corazón locos no pudo controlarlos, solo se atrevió a decirlo porque Kisame sentía lo mismo que él y solo el peliazul podía comprenderlo.

La seria y profunda vos de Sasori hizo que Kisame sonriera por los dos, ahora más unidos que antes, sabiendo que los dos ya habían entregado su alma y su corazón, a personas inalcanzables para ambos. Después de permanecer en silencio un rato mas decidieron alejar de ellos esos oscuros sentimientos, que trepaban por sus cuerpos como sombras y los abrazaban como un oso, intentando alcanzar su corazón para terminar de oscurecer sus auras, rindiéndose a su destino lejos de aquellas personas que a primera vista les habían quitado el aliento y el corazón. Y volvieron a entrenar alejando esa oscuridad de ellos.

&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/ &/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/&/

Bueno hasta aquí llego mi paciencia- dijo Eris, con vos profundamente oscura, sus calculadores ojos dorados brillaban filosos como dos espadas desenfundadas para matar.

Y dirigiendo lentamente su mano hacia el frente, su energía revoloteaba a su alrededor estremeciendo el viento que la rodeaba, su cabellera arreglada de manera excéntrica volaba y su vestido de color tinto acompañaba el baile de sus cabellos, soltó la energía que hacia vibrar su fina mano, y la lustrosa puerta de madera oscura delante de ella se despedazo en pequeñas astillas que pronto se volvieron partículas de polvo, al tocar aquel brillante suelo de mármol blanco.

La diosa del caos pasó con firmeza sin titubear y miro minuciosamente el amplio interior del templo de Afrodita, todo en perfecto orden, las altas paredes decoradas por excelsos gravados en ellas, las telas rojas que caían del techo y aquella piscina en el centro de la estancia. Las telas parecían estar pigmentadas con sangre fresca y bailaban tranquilamente, meciéndose con elegancia por todo el templo.

La diosa no encontró a su amigo con la mirada, así que con pasos firmes y elegantes se encamino por los pasillos de aquel enorme templo. Primer punto de búsqueda su alcoba; vacía. Pero no tardo en encontrar al rubio en la planta alta, en el filo del balcón que daba al exterior, moviéndose elegante, casi bailando alrededor de lo que pudo reconocer, como una enorme escultura hecha de arcilla, se acerco un poco mas mirando el vestido rojo como la sangre que se apretaba a las pronunciadas curvas de su cuerpo, aquella larga cola que se arrastraba elegante tras ella, y aquellos fragmentos de oro blanco destellar como estrellas sobre el vestido.

Afrodita se detuvo cuando miro de frente a Eris, con la mirada descolocada y la boca apenas abierta, tan sorprendida de que estuviera sonriendo y bailando alrededor de su más reciente escultura. Eris creyó que lo encontraría tirado en su cama tal vez llorando, y lo pudo haber encontrado así si hubiera irrumpido en sus aposentos esa mañana.

Tras dedicarle una sonrisa divertida a su amiga, el de cabellos dorados se acomodo la tiara de oro blanco sobre la frente y volvió a mirar su trabajo con los ojos brillantes. Y la sonrisa cambio al acto, Eris lo noto era una sonrisa que opacaría al mismo sol, solo por curiosidad corto toda la distancia que la separaba de su amiga, y cuando estuvo a su lado mirando de frente aquella estatua de arcilla blanca, su sorpresa no podía haber sido mayor.

Era aquel gladiador pelirrojo, las facciones del hermoso rostro, aquellos músculos bien definidos, el cuerpo ancho que no perdía su complexión delgada lo delataban. Sintió una pequeña sonrisa tirar de sus labios y lo permitió, savia que esto traería consecuencias, pero no era lo suyo pensar en consecuencias, era la diosa del caos le gustaban aquellas fatídicas consecuencias y saber que su amigo se había enamorado como nunca antes lo había hecho, la liberaba de aquel peso invisible que la aplastaba desde que habían regresado de la tierra, y se sintió inmensamente feliz por su amigo.

Nunca le hiciste una escultura a ninguno de tus amantes- dijo de pronto la peliazul, cruzándose de brazos de manera premeditada, sabia el por qué, pero quería escucharlo de los labios con forma de corazón de Afrodita.

Nunca sentí esto por ninguno de ellos- dijo sin más, con una abrumadora tranquilidad, que casi hizo irse de espaldas a la diosa del caos.

Y para sorpresa de Eris, Afrodita paso con suavidad las llenas de sus dedos por aquellos pronunciados abdominales, apenas rosándolos, acariciándolos con infinita ternura, imaginándose cual hermoso seria el tocar los del humano, Eris se sintió casi indigna de admirar aquella muestra de afecto de la diosa del amor, había visto y había sentido tantas veces las caricias de la diosa, en ese momento todas le parecieron carecer de esa belleza y ternura que la diosa había usado solo para con una escultura, y se sintió minúscula, ¿acaso ese era el verdadero poder del amor?

Quiero volver a verlo- hablo Afrodita con seriedad, mirando fijamente el rostro de su escultura, levanto la fina mano y acaricio suavemente esa mejilla fría.

Vamos con Hades y veamos qué podemos hacer- la vos de Eris cálida y reconfortante, mansa a hacer lo que Afrodita pedía, obligo al de largos cabellos dorados a girarse y mirar a su mejor amiga, que le sonreía de manera limpia y bella.

¿Estás segura?- pregunto con suavidad, dudando solo un poco, los problemas que se acarreara los aceptaría y afrontaría con la cabeza en alto, pero no quería mesclar a su amiga en esto.

Vamos Afrodita hace años que lo hacemos todo juntas, si quieres ir a la tierra yo voy, si le has entregado tu alma a un mortal yo te apoyo y si quieres verlo, jura por Zeus que hare que lo vuelvas a ver- la seguridad y la calma en aquellas suaves palabras entonadas con tono maternal, hicieron que la pequeña sonrisa de Afrodita se ensanchara y se abalanzara hacia los brazos de su amiga, que la atrapo con gentileza correspondiendo el abrazo del rubio.

Vámonos ya quieres- hablo Eris tras unos minutos de silencio, en el que simplemente habían estado ahí, ella apoyando a su amiga y ella recibiendo gustosa el apoyo, con la forma del calor corporal de la diosa del caos que la abrazaba en una aura caída y pegajosa como el vapor, que le hacía sentir seguro y protegido de cualquier cosa que pudieran acarrear sus decisiones.

Pues vamos- asintió con armoniosa vos risueña, como un coro de niños que habían perfeccionado sus risas, hasta hacerlas parecer un sonido superior.

Se separo del abrazo cálido y protector de su amiga, para sonreírle con la mejor sonrisa que poseía, que a Eris le pareció más hermosa que el infinito mismo, la imito al instante y antes de darse cuenta ya corrían tomadas de la mano, hacia el camino más largo hasta los campos elíseos, claro el más largo y el más divertido, con peligros en cada centímetro de tierra, ocultos en las profundas sombras del inframundo, un simple paseo para dos deidades de sus tallas.

%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%* %*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*%*

El día termino volviendo a ser casi rutinario para el gladiador pelirrojo. Mientras que las diosas del caos y el amor habían tenido que quedarse en el inframundo con Hades, no es que las molestara pero aquella espera parecía crisparle los nervios al rubio, como si un enjambre de abejas lo persiguiera y él estuviera cubierto de miel. La noche la pasarían en los campos elíseos con el dios de la muerte, lo que lo hizo sonreír torcidamente imaginando tantas cosas, a lo que su sobrina termino por noquearlo.

Los gladiadores aun estaban despiertos. Vagando por los calabozos que eran sus dormitorios, bajo aquella casona de porte altivo y elegante. La luz opaca de las antorchas que flanqueaban las deslucidas paredes de roca gris distorsionaban macabramente los colores y las sombras, como siempre Sasori caminaba con porte altivo de vuelta al mundo de los vivos. Pero aun con los recuerdos de aquel rubio haciendo a su corazón brincar y acelerar su ritmo enjaulado en su pecho.

El pelirrojo estaba por salir de los calabozos, hacia la oscuridad de la noche que los envolvía y que le agradaba mucho más que aquel apagado color naranja que pintaba las paredes de roca. Fuera de la casona, ocultos por la elegante vivienda se encontraban cuatro pequeños cuartos, que ocupaban los gladiadores más valiosos del ludus, uno para cada uno y no había dudas que cada cuarto era ocupado por uno de los jinetes de la muerte. Pero antes de que cruzara el umbral entre luz apagada y oscuridad brillante uno de los guardias lo detuvo, llamándolo a su espalda.

Sasori te llaman- fue lo único que dijo con vos seria y sin más se giro regresando sobre sus pasos.

Sasori apenas suspiro cansado sin ser notado por aquel guardia antes de girarse y seguir el caminar del romano. Caminaron sin decirse palabra alguna, no era necesario, no tenían de que hablar y mucho menos les apetecía hablar con el otro. Después de cruzar una gran reja de acero forjado, su apagada panorámica naranja fue remplazada por los pisos de mármol de intermitentes colores oscuros y claros que se mesclaban mágicamente bajo sus pasos, los extravagantes adornos que flanqueaban las paredes blancas, y la platinada luz lunar que hacia destellar mágicamente aquella casona en la que ahora se encontraba.

El guardia se perdió de su camino hacia rato, el pelirrojo ya conocía bastante bien el camino hasta los aposentos de su señor. No se perdería en todo caso. Solo un minuto que al pelirrojo le supo a nada, ya se encontraba de pie frente al marco grabado en las paredes como único divisor hacia la habitación, dio un rápido vistazo al interior de la misma aun sin entrar, pero aparte de la parpadeante luz dorada que destellaba a su interior nada mas pudo reconocer. Expulsando el oxigeno que había contenido en su camino, se decidió a entrar con pasos decididos y elegantes.

Dentro de la amplia alcoba solo podía notar aquella enorme cama de sabanas de seda y mínimamente los muebles labrados magníficamente en madera color miel, ahora de tonos dorados gracias a las vivas llamas doras de aquellas elegantes velas de colores brillantes que estaban dispersas por toda la habitación. El aroma exageradamente dulce se le pego a los pulmones y por poco se pone a toser convulsamente, de no ser porque aun recordaba donde estaba y como debía comportarse.

Bueno. Me hubiera gustado haberte mandado llamar después de tu lucha en el coliseo, pero como te veías tan distraído, preferí esperar a que estuvieras a tus cien- una vos que pretendía ser dulce lo llamo, con su portador aun oculto por las sombras aun muy profundas en aquella habitación.

Solo fue una pequeña distracción- se excuso serio- pero jamás dude que siempre me encuentro a mis cien- mas ego que palabras, y aquel brillo amenazante de sus ojos, hizo salir al otro ocupante de la habitación hipnotizado ante el peligro que traspiraba el mayor.

Aquel hombre de elegante porte, tenía una complexión delgada tal vez exageradamente delgada, la piel tan blanca y aquellas marcas que se marcaban como ojeras bajo sus ojos le daban un aspecto enfermizo pero divino. El contrastante cabello negro como la noche lo llevaba suelto y bien acomodado, dejando que se escurriera sensual por su fino hombro derecho, y adornaba su brillante melena con una bella diadema de rosas rojas idénticas al cabello de aquel gladiador, y combinaban hermosamente con su cabellera.

Sus ojos negros profundos y casi vacios como posos sin fondo, se aferraron a aquella mirada ceniza, que lo incitaba a huir despavorido pero al mismo tiempo le fascinaban. Al final aquella sensación de miedo y peligro terminaba por encantar al joven pelinegro.

¿Por qué no me lo demuestras?- reto con calculada ironía, picando el enorme ego del gladiador, que se limito a mirarlo desdeñoso.

La delgada bata de color blanco que el pelinegro vestía con desgano, se resbalo por sus pálidos hombros, mostrando la finura de sus clavículas marcándose sobre su pálida piel. Apenas la detuvo con desfachatez para que no terminara por revelar su desnudes, de la que le pelirrojo ya estaba bien consiente. La mano de largos dedos huesudos apenas se poso sobre su pecho sosteniendo la bata, mientras que con habilidad su otra mano se dirigía hacia las caderas del más alto.

Sasori continuo mirándolo con la misma expresión de hacia segundos, sintió aquellos dedos fríos rosar por sobre el borde de aquel calzoncillo de liviana tela blanca, solo sostenido a sus caderas por la gruesa cinta de cuero marrón parecido a un cinturón. Los ojos negros de brillo deseoso se posaron sobre los suyos exigentes y demandantes. Por un momento la imagen del hombre pelinegro cambio por la de un joven rubio, que tenía por ojos unas jemas de cielo que le robaron todo sentido a aquel cielo ahora tan triste y vacío.

Solo un segundo y sus grandes manos, ya se encontraban sobre aquellos finos hombros de suavidad equiparable a la del mármol frío que los rodeaba. Reacciono y la imagen del pelinegro había vuelto, se detuvo de nuevo y otra vez le pareció tener a aquel rubio delante de él. Los grandes ojos azules posados con inocencia sobre los suyos, los brazos laxos a los lados de su cuerpo y el divino sonrojo que teñía de rosa sus mejillas.

Itachi siguió con lo suyo, termino por apartar su mano de su pecho para llevarla al acto al lado de la otra, la fina tela blanca termino por caer hasta sus pies descalzos, revelando su inmaculada silueta femenina. Y de un jalón hábil terminó por quitarle aquellos livianos calzoncillos al pelirrojo, liberando el último tramo cubierto de aquel fuerte y ancho cuerpo.

Sasori volvió a reaccionar ante el movimiento, encontrándose con Itachi frente a él. Al instante frunció el ceño y lo fulmino con la mirada, pero Itachi ni se dio por enterado, más entretenido en mirar el cuerpo completamente desnudo del mayor. El pelinegro levanto los brazos colocando sus manos sobre las mejillas del más alto y las acaricio suavemente con el pulgar, mirando otra vez esos ojos tan peligrosos y atrayentes.

Otro flash de luz que hizo a Sasori cambiar de perspectiva, encontrando otra vez aquellos ojos celestiales de brillo inocente y puro, en lugar de esos penetrantes ojos negros abrumados por un brillo deseoso que en ocasiones le causaban escalofríos. Miro aquellos labios rosas con forma de corazón semi abiertos y sin recordar que solo era una alucinación pego sus labios a aquellos labios rosas. Los beso como jamás lo había hecho solo un roce superficial, una caricia suave y gloriosa que pronto se esfumo como una imagen de humo.

Cuando el beso cambio por completo, cuando aquellos labios de terciopelo se volvieron fríos y exigieron demandantes entrada a su boca, Sasori reacciono abriendo los ojos que había cerrado al dejarse llevar por las vividas y fuertes sensaciones que una simple alucinación le habían brindado. Otra vez tenía a Itachi delante, el beso ahora demandante y pasional callo su gruñido primigenio y se resigno a hacer lo que su señor le exigua como siempre hacia.

Y jamás pensó que el sentir aquellas suaves piernas rodearle la cintura atrayendo su hombría al trasero del pelinegro, le causarían un revoltijo en el estomago. De alguna manera que no logro comprender en su intento de desconectarse del mundo por lo que duraría aquel acto, Itachi colgado de su cuello lo guío hasta aquella mullida e inmensa cama. Donde ya mil noches habían compartido, rodando de un lado a otro y en ninguna de ellas se sintió una basura como en esta.

Continuará.

Y ¡Se acabo!
Diva: ¿bueno que decimos?
Como siempre esperamos que les haya gustado. Bueno si ya lo notaron, dije que iba a haber SasoIta y por dios que ahí esta
Diva: vamos eso se nota mil
Solo quería hacer ver en este capítulo una cosa chiquita, pues como ya dije todos sabemos que Afrodita (aun siendo una de mis diosas favoritas, de cualquier religión y mitología) era una zorra y también explique que Sasori ya se ha acostado mil veces con Itachi. Quería hacer más especial su unión, hacerlo algo más mágico, más como algo único que solo sentirá el uno por el otro y les basta estar juntos
Diva: está bien, porque como sea me agrado. Creo que somos las primeras en hacer SasoIta (Porque es diferente al ItaSaso) jeje somos geniales. Y si saben de alguien más… ¡LINCHENLO!
Estoy de acuerdo, y ya sé que somos geniales… bueno pasamos a retirarnos, esperamos no haberlas perturbado mucho haya en el capí. Entonces se cuidan
Diva: un abrazo
Un beso
Diva y Yo: ¡Hasta la próxima!