Era muy temprano, pensó Jen cuando despertó gracias al sonido del timbre de su departamento quebrando el silencio en el que estaba sumido. El día anterior había ido a reunirse con su asesor de tesis para que revisara su avance, y este le había dicho que ya estaba listo para finalizarla y entregarla. El alivió que llenó su cuerpo fue tal que, en cuanto llegó a su casa, se tiró sobre la cama y no despertó hasta ese momento.
Se puso de pie y echó una mirada a su pantalón de mezclilla y su playera de Halo, ni siquiera se había descalzado las viejas Converse negras. Se había quedado dormido así nada más.
Trató de acomodarse el despeinado pelo, y verificó que su aliento no fuera el peor, mientras el timbre volvía a sonar, esta vez mas rápido e interrumpidamente, como si la persona que lo hacía sonar estuviera desesperada por entrar. Jen solo conocía a dos personas que solían irrumpir así la quietud de su hogar: su hermanita Shiuchon y Ruki. Y dado que la primera estaba de vacaciones en Hong Kong, la persona que tocaba desesperadamente el timbre era Ruki.
Intentó pensar claramente. En los últimos días había estado evitándola, más que nada porque necesitaba terminar su maldita tesis y no podía distraerse; y vaya que Ruki era una enorme distracción. Tal vez ella venía a reclamarle la distancia que había estado tomando. Fuera lo que fuera que hubiera traído a Ruki a temprana hora ese día, lo mejor era abrirle antes de que descompusiera el timbre. Caminó hasta la puerta y, pese a saber que era ella gritó:
—¡¿Quién es?!
—¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Esperas a alguien más? —Preguntó la suave pero potente voz de Ruki del otro lado de la puerta. Y aunque sonaba casi igual que siempre, Jenrya sintió algo extraño en su voz.
Abrió la puerta, para revelar la imagen de su amiga, perfectamente maquillada y peinada, y envuelta en una gabardina negra que le llegaba al muslo, dejando centímetros de su blanca piel descubierta, para después taparse con unas botas de tacon alto. Lo más probable que es hubiera tenido una sesión de fotos muy temprano y como acostumbraba, se había escapado de ahí para visitarlo.
Jen se incomodó.
En gran parte también la había estado evitando porque dolía estar a su lado a veces. No tenía idea de cuando, los sentimientos románticos que siempre había sentido por ella, le empezaron a pesar en el alma. Lo cual era un grave problema dado que era su mejor amiga y confidente.
Ella era dulce, divertida, un poco gruñona y mandona, pero para Jen no había mujer más perfecta, lo sabía. Había sabido de ese sentimiento por su amiga desde que eran unos niños que jugaban al peligro con los digimons, sin embargo, nunca había podido decirle abiertamente sobre ellos, puesto que Ryo estaba siempre ahí con ella, aun si no lo estaba en realidad. Suspiró, recordando que probablemente Ryo la estaría esperando en su departamento. Había escuchado, recordaba, que se iba a quedar en la ciudad por un par de semanas.
Ruki pasó al departamento y acomodó unas bolsas en la barra de la minúscula cocina, y que Jen apenas notaba que llevaba con ella. Luego, se dirigió a la sala y se empezó a desabrochar la gabardina. Un pervertido pensamiento invadió su mente al ver la gabardina caer, pero debajo no había lencería sexy, sino un lindo vestidito blanco, que hacía que Ruki se viera como Nacy Sinatra en la portada del disco Boots.
Pese al inmaculado maquillaje que cubría su rostro, Jenrya pudo notar algo rojos e hinchados los ojos de su amiga. No dudó en que Ryo hubiera desaparecido otra vez, y Ruki se hubiera pasado la noche llorando en silencio, y sin ser capaz de pedirle que se quedara.
Era algo muy habitual entre ellos. Ryo se iba, Ruki lloraba y se desahogaba con Jen, quien le decía que debía pedirle a su novio que parara, pero cuando este regresaba, a ella se le olvidaba todo y lo recibía feliz. Eso también lo empezaba a hartar.
—Lo siento ¿Te desperté? —Preguntó mientras regresaba a la cocina y sacaba refractarios de comida —Pensé que ya estabas a punto de ir a ver a tu asesor de tesis.
—Fui ayer —Respondió —¿Tan tarde es?
—Pasan de las 11. ¿Puedo usar tu microondas?
—Sí, —Le dijo, y ella empezó a meter los trastos dentro del aparato, para después sacar un par de platos y copas de la repisa. —Supongo que no me di cuenta de lo cansado que estaba. Ayer me dieron luz verde para presentar la tesis, y sentí que me quitaron una tonelada de encima, que cuando llegué a casa, solo me tiré a la cama y desperté hasta ahora.
—Me alegró que por fin tus días de estudiante estén acabando. —Le dijo mientras sacaba la comida del microondas que olía delicioso.
Ruki acomodó todo en la pequeña mesa, sirvió los platos y la copas con un poco de vino tinto y lo invitó a sentarse en su propia mesa. Él le dedicó una sonrisa encantada y se sentó a la mesa.
—¿Tú cocinaste? —Preguntó un tanto incrédulo.
—No luzcas demasiado sorprendido —Le contestó ella con una mueca de disgusto
—¿Tú cocinaste para mí? —Le preguntó en son de broma, pero al notar que la mirada de su amiga bajaba, se reprendió internamente -¿Ruki, qué pasa?
—Espero que no te moleste, pero en realidad no cociné para ti. —Dijo mientras le daba un trago a su copa de vino. —Ayer Ryo y yo cumplimos 10 años… y también terminamos.
"Terminamos" Durante tanto tiempo Jen se había imaginado a Ruki decirle esas palabras, que ahora que las escuchaba dudaba que fueran ciertas. Sin embargo, bastó ver el rostro de su amiga, tratando de esconder su tristeza bajo una capa de indiferencia, para sentirse como un completo imbécil por alegrarse. ¿Qué tuvo que pasar para que ellos rompieran el mismo día de su décimo aniversario?
—¿Por qué? —Alcanzó a preguntar.
—Lo olvidó. Olvidó que habíamos quedado, olvidó que era nuestro aniversario. Olvido todo —Dijo y su voz se rompió por un momento.
La comida lucía bastante bien. Parecía ser filete en salsa de champiñones. Acompañado de puré de papas que se veía esponjoso y olía a mantequilla. Había también un pedazo de pay de limón, el único postre que Ruki sabía cocinar, y la botella de vino se veía costosa.
Se imaginó a Ruki preparando la carne, la salsa. Cociendo y pelando las papas. Comprando la botella de vino. Poniendo la mesa y arreglándose para él. Para que él nunca llegara y olvidara todo. Ryo era un imbécil. No iba a presionar a Ruki para que le contara que había pasado, y podía sentir que ella tampoco quería hablar mucho al respecto. Tomó un poco del puré que estaba deliciosamente bañado en mantequilla.
—Wow, creo que acabas de descubrir un nuevo talento. —Le dijo, cortando un poco el filete y comprobando que estaba igual de delicioso.
Ruki le dio una sonrisa triste y comenzó a comer con él.
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Pasaban de las dos de la tarde cuando Ruki salió del departamento de Jenrya. Se había cambiado de ropa ahí y Jen trató de persuadirla para que se quedara a ver una película. Sin embargo, tenía clase en la tarde, y lo menos que quería era rezagar sus estudios, ahora que había tomado una de las decisiones más difíciles y decisivas de su vida; así que, con cuidado caminó hasta la universidad. Jen vivía a solo dos cuadras de la universidad de Tokio, un lindo y pequeño departamento que su padre le había regalado cuando se graduó como bachiller.
Pronto serían vecinos, ya que el departamento que había decidido rentar estaba justo arriba del de Jen. Lo que la hacía sentir un poco más a gusto.
Aunque ella realmente no le gustaba separar a sus poquísimas amistades en amigos y mejores amigos, pero estaba segura de que Jen era más que Kenta y Kazu e incluso más que Takato. Habían almorzado, ella y desayunado, él. Y después de sentir terreno firme de por medio, se aventuró a contarle a lo que había sucedido la noche anterior con Ryo. Aun no hablaba con Juri y Takato sobre su ruptura, tampoco era que tenía ganas de hacerlo. Se sentía como una tonta que apenas había despertado de un sueño profundo; y, por más molesta que estuviera, dolía, y dolía muchísimo.
Las clases fueron igual de monótonas que siempre, y nuevamente se auto cuestionó el por qué elegir una carrera de abogacía, en donde sentía que no explotaba al máximo sus capacidades intelectuales. Sin embargo, también sabía que, por el simple hecho de ser modelo, nunca la iba a terminar de tomar en serio en ninguna carrera profesional. Lo veía en la escuela. La mayoría de sus compañeras, aunque la trataban bien, y eran cordiales, hablaban de ella a su espalda. En una ocasión, se había retrasado en la entrega de una actividad y el profesor le había pedido que se la llevara a su oficina más tarde. Una de sus compañeras la vio salir de ahí y de inmediato los rumores sobre que ella se acostaba con el profesor se esparcieron por todo el campus. Y si bien, sus compañeros hombres no eran otra cosa más que amables, ella sabía bien quienes se acercaban a ella con otra intención en mente. Aunque Ruki era de las personas que nada le importaba lo que hablaran de ella, siempre era un poco incómodo convivir con personas así de toxicas.
La campana sonó, dándole la libertad de salir al receso. Juri le había mandado un mensaje para que almorzaran juntas y le contara como le había ido la noche anterior en su No-Romántica cita. Si bien, volver a tocar el tema se le hacía casi imposible, sabía que lo mejor era dejar hablado el tema para no volver a tocarlo nunca más. Pasó a calentar a la cafetería la comida que había guardado para Juri y Takato y corrió a buscarla.
Su amiga se encontraba sentada debajo de un árbol leyendo lo que parecía ser un libro infantil. Juri estudiaba la licenciatura en educación preescolar y estaba mas que enamorada de su carrera. Desde que había decidido ser maestra de kínder, siempre se le veía leyendo artículos relacionados al tema. Ruki la envidiaba tanto. Envidiaba la forma tan apasionante en la que se desenvolvía con los niños y hablaba sobre lo maravilloso de su carrera. Caminó hacia ella, que en cuanto la vio le dedico una sonrisa cómplice. Ruki le dio un intento de sonrisa que salió más a mueca y se acomodó a su lado, mientras sacaba los trastes de comida.
—¡Mira nada más! ¡Huele delicioso! —Le dijo abriendo un refractario y usando su tapa como plato.
—Espero que te guste, a Jenrya le encantó. —Le contestó
—¿A Jenrya? Pensé que le ibas a cocinar a Ryo —Le contestó un poco extrañada.
—Ryo me dejo plantada anoche —Comenzó —Se le olvidó que era nuestro aniversario y llegó a buscarme en la madrugada para arreglar las cosas cuando regresara de viaje, otra vez. Le pedí que se quedara, no quiso. Así que terminamos.
Una vez que terminó Ruki se dio cuenta de que tal vez lo ideal hubiera sido hablar con Juri después de que comiera, ya que en ese momento la veía con ojos inundados en lágrimas y con una cuchara a medio camino de su boca detenida bruscamente.
—¿Es de verdad lo que me estás diciendo? —Le preguntó su amiga en un ligero sollozo. —¡¿Es de verdad?!
—¡Oh, Juri! No llores —Le dijo mientras la jalaba en un abrazo. —Calma, que la que se supone que debería estar llorando soy yo, no tú.
—Es solo —comentó mientras se separaba de ella —Que ustedes eran la pareja perfecta, y tu cocinaste para él… ¿Por qué las cosas tienen que ser así? Yo creo que Ryo te quiere muchísimo.
—Y yo también lo creo, solo que ama más ser un libre y volátil fotógrafo. Y yo como que ya estaba harta de estar esperándolo.
—Pero yo soñaba con que se casaran. Sería el final de su noviazgo perfecto.
—De acuerdo, deja de lamentar la leche derramada.
—Lo siento, me imagino lo mal que te debes estar sintiendo. Y yo que te tenía una gran noticia. —Comentó limpiándose el rostro con la manga de su blusa.
—Bueno, habla.
—Takato me propuso matrimonio. —Le dijo y le mostró la pequeña sortija que adornaba su mano derecha, y que recién notaba.
Y pese a que la noticia le carcomió un poquito en el alma, Ruki abrazó a su amiga y la felicitó de todo corazón. Y mientras Juri le contó cada detalle de lo como Takato se lo había propuesto ella se mentalizó de que eso era algo que nunca iba a tener con Ryo. Ya no más.
Entre platica y platica la campana de regreso volvió a sonar y Juri y ella se prepararon para regresar a clases. Con un fuerte abrazo se despidieron.
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Contarles a sus amigos sobre su ruptura con Ryo había sido demasiado fácil a comparación de hablar con su mama y abuela; a quienes consideraba las creadoras de la iglesia del santo patrono Akiyama, en conjunto con Kazu y Kenta. Sin embargo, ambas tomaron la noticia como si se tratara de una especie de "tiempo" entre los dos. Y pronto se concentraron en lo ideal que sería que ahora que Ruki, quien, dentro de poco iría a vivir sola, consiguiera un loft cerca de casa en ves del minúsculo departamento en el edificio de Jen.
Suspiró para sus adentros antes de despedirse y dirigirse a su habitación. Gran parte de sus cosas estaban empacadas ya, sin embargo, aún faltaba más de la mitad de sus pertenencias. Había, en particular, una parte de su habitación que dolía profundamente empacar. Un pequeño baúl donde guardaba su divice, las cartas digimon y las fotografías que comprobaban que lo que había vivido al lado de Renamon y sus amigos no había sido un sueño pasajero. Supuso que lo mejor sería llevarse el baúl tal y como estaba. Abrir viejas heridas solo iba a provocar que su lacerado ser se sintiera aun peor.
Se recostó en la cama y revisó su celular por millonésima vez en el día. Ni un solo mensaje, ni una sola llamada, ni una sola notificación. Aunque, si lo pensaba bien, no había mucha diferencia a de cuando seguían siendo novios. Rara vez le mandaba un mensaje o le llamaba, y ella siempre sabía dónde estaba por las cosas que publicaba en Facebook. Se moría de ganas por stalkearlo y ver que estaba haciendo. O por marcarle, aunque jamás le contestara. ¿Él se estaría sintiendo igual de miserable que ella? ¿Acaso él estaba viendo su teléfono en espera de una llamada que no se iba a realizar y que tampoco iba a llegar? ¿Alguna señal de vida, algo que les dijera que el otro seguía ahí?
No. Eso no era verdad. Ryo nunca había estado ahí para ella en primer lugar. ¿Por qué lo estaría ahora que todo se había acabado?
Se puso de pie, y recogió cada pequeño detalle que de él perteneciera y lo encerró en ese viejo baúl donde había escondido el doloroso recuerdo de Renamon que ahora se haría compañía con el suyo. Y después trató de dormir.
