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~This Place is painted Blood~

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~Dedicado a Tiifa de Chocolate que sé que ha esperado con mucha ilusión este capítulo. ¡Aquí lo tienes guapa!

~Y a Sandra por su reciente cumpleaños. Perdón por tardarme, pero ya lo dice el dicho: mas vale tarde que nunca.

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2)

− ¡Mamá eso estuvo cerca!

Asuna Undine suspiró con evidente alivio y sobrevoló hacia una de las praderas de ALO. El tibio sol caía sobre ella mientras se recogía el cabello con nerviosismo.

−No entiendo que pasó –comentó tirándose sobre el césped como si de verdad estuviera agotada. De hecho, así era, agotada mentalmente y cansada.

Yui pasó sobre ella con una sonrisa, y se mantuvo en el aire agitando sus pequeñas alas. Sonreía.

−Mamá debes tener más cuidado si no quieres que papá te descubra…−la nombrada resopló –Si antes no lo descubres tú…

− ¿Qué dices Yui?

− ¡Que te extrañé! –la pequeña hada se asentó en el pecho de la muchacha y tomó un largo mechón de su cabello azul y lo besó con devoción –Ten mucho cuidado ¿está bien?. He estado monitoreando tus movimientos dentro del juego, puede ser peligroso.

−¿Peligroso? –repitió.

Yui pensó por un momento. Eso significaba que su padre aun no le había comentado nada de las muertes que ocurrieron en esos días. Sonrió restándole importancia –No es nada, mamá. Y ya que estas aquí ¿si buscamos alguna misión para hacer juntas?

− ¡Es una gran idea cariño!

Asuna Undine se levantó con ánimos e invocando sus alas aguamarina, se perdió en el cielo infinito siendo seguida de cerca por Yui quien mostraba lo feliz que estaba de tener a la joven junto a si con aquella enorme sonrisa en la cara.

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La noche había caído en aquel lugar. Yui, en su forma humana, observó la luz de la luna que entraba a hurtadillas por la ventana. No estaban en su casa del piso 22, pero la lujosa residencia que sus padres adquirieron en Yggdrasil, servía para el propósito de tener un hogar. Y la niña se sentía parte de esa familia. Volteó de su lugar en la ventana.

− ¿Mama no crees que la luna se ve bonita esta noche?

Pero su pregunta murió apenas la pronunció. Allí tendida en el largo sillón de tres cuerpos se encontraba la joven de cabello azul dormitando levemente con su cabeza apoyada en el respaldo al descuido, sus manos colgaban y parecía a punto de caer si no se acomodaba.

La niña sonrió con ternura. Corrió hasta la habitación que sus padres compartían y volvió con una ligera manta en tonos esmeralda, la abrió entre sus manitas y cubrió con ella a la joven, haciendo evidente esfuerzo de no despertarla.

- En verdad luces cansada mamá, te has esforzado mucho en ese juego…−susurró tocándole la mejilla –Pero cada vez se pone más peligroso, me sentiría más segura si dejaras de jugarlo o si se lo dijeras a papá…

De pronto las pupilas azules parpadearon y la Undine se sentó parpadeando de sueño, reprimió un bostezo al ver a la pequeña –Yui, no debiste dejar que me durmiera.

−Luces agotada mamá.

Asuna rió brevemente, y alcanzando la mano blanca de Yui la asió hasta que la sentó en sus rodillas −¿Por qué no me quedo aquí y dormimos juntas?

Los ojos grises de la niña se agrandaron ilusionados −¿En verdad? ¡Pero tienes clases mañana!

−No importa ¿Hacemos una piyamada solo de chicas?

La sonrisa agradecida que le dio Yui, junto a su abrazo asfixiante, le demostró que había hecho una gran –gran− elección.

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−Escucha Kirigaya-kun, vuelves a hacer lo mismo de esta tarde y juro que te clavaré una aguja en el ojo.

El aludido miró a su enfermera por sobre su hombro mientras se colocaba la chaqueta, la ignoró soltando un suspiro de fastidio.

−Ya te pedí perdón.

−No me dijiste que te pasó.

−No tiene importancia.

−Si la tiene, saliste como un loco disparado por la puerta.

−Me equivoqué ¿está bien? Creí ver a alguien conocido, y quería advertirle…

−Tus pulsaciones subieron mucho, y tu ritmo cardíaco también.

−Fue un error ya te dije… −se dio la vuelta para mirarla con evidente agotamiento –Aki-san ¿será posible que me dejes ir a descansar?

La mujer sonrió disculpándose en tanto procedía a apagar los artefactos y se preparaba para hacer el acostumbrado reporte diario –Buenas noches Kirigaya-kun ¿vienes mañana a la misma hora?

Él se detuvo un momento tallándose el ojo –Llegaré un poco más tarde, tengo algo importante que hacer antes.

- Bueno, que descanses.

El muchacho le hizo una rápida inclinación de cabeza y salió.

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La tarde había caído en un santiamén, los alumnos que se quedaban hasta después de hora salían apresuradamente para no soportar el frío de allá afuera. Él estaba recostado contra el paredón viendo la pantalla de su teléfono, el mensaje que sus ojos leían tenía quince minutos de haber llegado. Ya estamos saliendo.

Oyó pasos que se acercaban y distinguió a Rika y a Keiko que salían presurosas.

−¡Hey espérenme! –sonó una conocida voz detrás de las muchachas quienes riendo apretaron el paso alejándose.

−Buena suerte− le siseó la castaña guiñándole el ojo al espectador que esperaba fuera antes de correr como loca junto a Keiko.

−¡Oigan!... –volvió a gritar la voz con confusión.

Pero apenas iba a poner un pie fuera del establecimiento, una mano fuerte la detuvo metiéndola dentro del edificio, estampando su espalda contra uno de los pasillos. Antes de registrar que ocurría unos labios algo partidos, pero firmes, le comieron la boca con desesperación.

Conforme la sensación se magnificaba entre los dos, Asuna reconoció de quien se trataba, dejándose guiar y ofreciéndose con ternura a sus brazos. Cuando se separaron, ella sonreía con ojos brillantes.

−¡K-Kirito kun…!

El muchacho le devolvió el gesto rozándole el labio inferior con el pulgar, le hizo un gesto travieso –Iba a morirme si no te veía aunque sea un momento. Te echo de menos.

−Yo también te echo de menos.

−Mi cama te extraña…

− ¡Kyaaa, Kirito-Kun…! –exclamó ruborizada y viendo a los lados para que nadie fuera testigo de las alborotadas palabras de su pervertido novio. Pero obviamente el pasillo se hallaba desierto.

−¿Qué? –reprimió la risita que le causó ver su lado tímido.

−Baka… −ella susurró aún abochornada −¿No tienes que irte a trabajar?

Él agarró sus manos y de un tirón algo brusco, la arrinconó otra vez contra el muro −¿Ya tan rápido quieres deshacerte de mí, subcomandante? No cambias.

Incómoda por la situación rio brevemente –Sabes que no es eso lo que quiero decir, me preocupo por ti. Mírate, con tantas ojeras pareces un oso panda.

−¿Eh?

−Si seguimos así tendré que encerrarte bajo llaves como a un animal en extinción, ya sabes…

−¿Me encerrarás en tu habitación? –no pudo evitar proseguir riendo a carcajada limpia viendo el rostro otra vez avergonzado de la pelirroja.

−Mou, Kirito-kun… ¿Por qué siempre tiendes a malentender lo que digo?

Él rio otra vez ante su falso tono de reproche, y ante sus protestas le besó la frente –No cambias.

Aunque trató de evitar su cariñosa atención supo que era débil ante su asalto. Apegándola al muro besó sus labios entreabiertos con más pasión de la necesaria. Normalmente Kazuto no era muy adepto a las demostraciones de afecto en público, mucho menos en la escuela. Pero esa tarde parecía reacio a saciarse de sus besos.

−En verdad te extraño… −susurró haciendo una pausa para respirar y observar el rostro furiosamente sonrojado de la chica cautiva entre sus brazos.

−K-Kazuto kun…-murmuró vencida, sujetando su camisa casi sin darse cuenta –No podemos hacer esto aquí…

En parte era cierto, pero luego de varios días de no verla… realmente la necesitaba y la echaba de menos terriblemente. Esa necesidad de verla, sentirla, oírla, hacía que la ausencia se hiciera eterna.

−¿Tienes miedo que nos descubran, subcomandante? –se burló abiertamente, y luego de un beso insonoro la dejó ir y tan solo la tomó de la mano tirando de ella hacia afuera –Te acompañaré hasta la estación.

Asuna lo miró algo decepcionada porque sabía que de momento no podían permitirse otra cosa. Con tristeza sujetó la mano tibia de su novio, admirando esos dedos grandes y elegantes que sujetaban los suyos con cariñosa firmeza. Kazuto había crecido mucho tras ese último año, por supuesto seguía siendo igual de delgado y esbelto, pero era más alto que ella y los rasgos masculinos empezaban a definirse sobre sus facciones dejando atrás su cara de crío. Notábase en su cuerpo alto y espigado, en sus brazos fuertes y en lo segura que se sentía cuando estaba junto a él.

Se estaba convirtiendo en hombre rápidamente, y ese descubrimiento traía cosquillas a su estómago, quizás porque recordaba esas noches calladas en la cabaña del viejo SAO cuando lo veía dormir y reconocía para sí que él sería muy apuesto cuando creciera. Lo cual estaba sucediendo ahora frente a sus ojos.

Se permitió reír, impresionada.

−¿Qué ocurre? –él le dio un tirón a su mano para que lo viera −¿Por qué estás sonriendo? ¿Estás planeando alguna maldad?

−Tú eres el que siempre planea maldades… −le recriminó viéndolo de reojo con un puchero.

Kazuto rió al aire y juntó su hombro al de ella −¿Tienes frío?

−No –compartió su gesto alegre al sostenerle la vista y luego bajó la cabeza, abrumada ante la magnitud de sus ojos grises que parecían traspasarlo todo.

Siguieron caminado lentamente hablando de naderías, a paso tranquilo como si aún no quisieran separarse. Llegaron a la estación de Shinjuku y ambos esquivaron el gentío mientras buscaban la conocida plataforma donde Asuna tomaba su tren.

El agarre masculino en su mano tibia se incrementó conforme se acercaban al andén y la separación momentánea era un hecho.

−Esto terminará pronto –Kazuto murmuró otra vez.

−Lo sé.

−Mantente al pendiente de Yui.

−Si.

Él la miró fijo, tomando el pálido rostro entre sus manos, notando los débiles hilos de vapor que salían de sus labios de fresa, corrió los pulgares sobre sus mejillas mirándola con atención. De pronto frunció el ceño y pareció molesto.

−¿Te acuestas tarde?

−¿Eh?

−Hablas de mí, pero… Asuna ¿estás descansando como se debe? Hay marcas debajo de tus ojos…

Ella soltó una exclamación de asombro y de un gesto desechó sus manos y se acomodó el flequillo inflando las mejillas.

−Asuna…

−Tengo que estudiar –dijo como toda respuesta –No puedo darme el lujo de que mis notas bajen, pronto llegará el receso de invierno y…

−No me interesan tus notas, ni que tan buena alumna eres –la interrumpió con ese tono de voz firme y seguro –Me importas tú. Quiero saber que estés bien…

−Y lo estoy− por supuesto, no podía decirle que no descansaba bien porque estaba jugando otro juego, y que el escaso tiempo libre que le quedaba lo usaba para repasar sus clases. Suspiró fingiendo malhumor y mirándolo tormentosa −¿Tan mal me veo?

Kazuto fue tomado desprevenido ante su pregunta doblemente malintencionada, sabía que caminaba sobre hielo delgado de responder algo equivocado. Alzó las manos con evidente incomodidad y vergüenza.

−¡Por supuesto que te ves bien! Y-Yo solo decía…

−Tú intenta descansar –lo cortó antes de que se enredara intentando explicar lo inexplicable. A lo lejos se oyó un sonido y ambos vieron que la formación que tomaría la chica entraba al andén. La gente se aglomeró alrededor de ambos esperando por subir –Bueno, creo que ya es hora –le sonrió débilmente.

Kazuto volvió a tomar su mano y tiró de ella hacia sí, abrazándola ligeramente. Hundiendo el mentón entre su cabello anaranjado, cerrando los ojos solo un par de segundos disfrutando la sensación de tenerla junto a su cuerpo, sabiendo que pasarían muchos días hasta que volviera a ocurrir lo mismo.

−Kirito-kun… −susurró contra su chaqueta temerosa de interrumpirlo –Puedo tomar el próximo tren.

Él rio separándola, tomó su rostro y la besó con dulzura, consciente de que la gente los empujaba subiendo al tren que acababa de detenerse frente a ellos. No fue capaz de cerrar los ojos mientras atrapaba sus labios de cereza con mucha ternura. Y así como la agarró entre sus brazos la dejó ir.

−Ve o perderás el tren.

−Pero…

−Nos vemos pronto, lo prometo –la empujó sutilmente hasta que la muchacha subió al vagón. Se quedó ahí viéndolo hasta que las puertas se cerraron frente a ambos.

Asuna apoyó la mano contra el vidrio cerrado, clavando sus ojos color miel en los suyos, y entreabriendo los labios dejó escapar dos palabras que él no comprendió.

−¿Qué? –murmuró alzando la voz.

Pero Asuna sonrió y meneando la cabeza le envió un ligero beso con la punta de sus dedos.

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−¿Porque hay tanta gente aquí? –la muchacha de cabello de ébano caminó entre la plataforma siendo seguida de cerca por la joven de cabello aguamarina. El lugar, tranquilo y relajado siempre, estaba de momento lleno de personas concentradas en un lugar como si estuvieran esperando a alguien.

−¿Acaso no lees las noticias? –le respondió con escasa paciencia. A lo que Kirito suspiró –Por primera vez el Bullet of Bullets permitirá que los ganadores del Battle Special participen del torneo –los ojos amatistas se abrieron ante eso –Y por supuesto no todos están de acuerdo con eso…

−¿Y eso no es injusto para quienes tuvimos que pasar por la etapa preliminar?

−Es lo que estoy diciendo… −lo cortó a regañadientes –Pero es lo que se ha decidido hacer, por más quejas que nosotros los jugadores tengamos. ¿Crees que los patrocinadores tomarán en cuenta nuestros reclamos?

Kirito se encogió de hombros mientras paseaba la vista por el lugar −¿Entonces qué hace esa gente de allí?

−¿Pues no es obvio? La Idol del torneo de principiantes ha clasificado… su legión de fanboys debe estar esperando por ella.

Volteó a verla con curiosidad arqueando las cejas sobre sus hermosos ojos amatistas −¿Idol?

Y como ilustrando su pregunta, las puertas de ese lado se abrieron dejando entrar dos figuras, de las cuales una fue ovacionada con gritos y silbidos desesperados, mientras la restante pasaba sin pena ni gloria.

− Ahí tienes tu respuesta –le gritó Sinon al oído. El griterío de los hombres era casi insoportable por lo que tuvo que esforzarse en oírla.

Todavía no podía acostumbrarse a los tintes sexistas del juego. A que los hombres actúen como animales en celo ante la vista de una mujer. Por más bonita que fuera, y sabiendo que solo era la estructura de un avatar programado por un mundo virtual. Solo sentía repulsión y desapruebo.

−¿No estas deseando conocerla? Vi la forma en la que la veías aquella vez.

−Solo era curiosidad.

−Si tú lo dices –Sinon se alejó algunos pasos de él y se acercó al centro del salón donde la escena se desarrollaba. Al verla algunos hombres le cedieron el paso con admiración. Kirito la siguió con impaciencia, aunque internamente estaba muy interesado en ver a la grandiosa campeona de la que todo el mundo hablaba. Sin perder de vista la cabellera aguamarina de su compañera, siguió tras sus pasos sonriendo coquetamente a quienes le cedían el lugar. Trataba de refrenar la mueca de bochorno que intentaba dibujarse en semblante cada vez que debía actuar como una chica gracias a la andrógina apariencia de su avatar. Pero a estas alturas ya estaba acostumbrado, y hasta disfrutaba de esa confusión.

¡Anna Hime eres genial!

¡Te amo bebé…!

¡Cásate conmigo preciosaa…!

Se detuvo tras de Sinon, en esa especie de medio círculo que se había formado gracias al improvisado público y desde ahí espió a los recién llegados: un hombre imponente y cargado de músculos que rallaba lo ridículo, vestido de verde militar que saludaba cual estrella de cine a la concurrencia. Y a su lado… Kirito contuvo el aliento sin darse cuenta, la preciosa e imponente mujer paseaba su mirada color miel sobre los presentes con expresión ausente. Se veía seria e impávida. Y allí que podía verla con sus propios ojos en verdad era abrumadora; y no se refería solo a su apariencia, a sus largas piernas o su cuerpo de infarto, sino a su porte: hermoso y gallardo como el de una guerrera.

−¿No me dijiste que tenías novia? –la voz burlona de Sinon le siseó maliciosamente al oído. Volteó a verla sorprendido –Porque estás babeando tanto o más que estas lacras…

Frunció los labios ante lo que su acusación ameritaba.

¡Enfunda mi arma bebé…!

¡Puedo ser tu guía en el BoB si lo deseas primor!

¡Te parto al medio perraaa!

−No confundas admiración con otra cosa –dijo con fastidio. Y considerando que había visto demasiado dio un giro sobre sus talones y salió de allí a empujones. Visiblemente de mal humor. Se acercó a una de las pantallas destinada para el uso de los jugadores y desplegó el mapa del Battle Royal, vislumbrando en su totalidad la isla Ragnarok donde se realizaría el encuentro; el lugar tenía varios escenarios para el enfrentamiento PvP, desde una ciudad futurista en ruinas, hasta un desierto indio.

−¿Ves algo que valga la pena? –la voz de la joven francotiradora se oyó detrás. Él se giró. Era su forma particular de pedirle perdón sin usar las palabras adecuadas. Con el tiempo que llevaba de conocerla, sabía que era un rasgo de su orgulloso carácter. Asintió aceptando las silenciosas disculpas.

−El mapa del Battle Royale –le enseñó con un gesto distraído –Seremos 30 jugadores, y…

−32 –lo interrumpió –Los miembros del torneo de principiantes también participarán, creo que será divertido… −lo miró y le tendió la mano con seriedad –No olvides nuestra promesa de encontrarnos al final.

−¿Quieres que vuelva a derrotarte?

−No estés tan seguro –estrecharon sus manos sin dejar de verse a los ojos –No eres tan intolerable como creí.

−Hey.

−En verdad me siento afortunada de conocerte Kirito, aunque tu apariencia sea la de una niña…

−Gracias supongo. No sé si sentirme halagado o decepcionado de tus palabras.

Sinon sonrió mostrándole la dentadura en una sonrisa soberbia –Como siempre digo, menos charla y más acción.

Kirito rio al aire sacudiendo su largo cabello negro que se desplegó tras él como una majestuosa bandera.

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−Menos mal que estas aquí… −Anna reprimió un suspiro entre fastidio y alivio, antes de sonreírle en agradecimiento a su acompañante que se encontraba con su usual gesto despreocupado. La veía con ternura y algo más; una expresión secreta y huidiza que apenas iluminaba su apagado mirar castaño.

−No tienes que agradecerme –le dijo con suavidad alzando las manos en un gesto despreocupado.

- Spiegel en verdad –lo cortó con su conocido tono demandante –Si no fuera por ti no sé cómo me hubiera deshecho de esa turba de idiotas.

El joven finalmente rió ante su elección de palabras, le puso una mano en el hombro con simpatía –No hables así de tus admiradores.

−No sabes lo que dices, sobre todo cuando has tenido experiencia previa con este tipo de cosas y sabes lo desagradable que es lidiar con ellos…

Ante su elección de palabras el muchacho alzó una ceja en su dirección. Frunció el ceño analizando en su mente lo que había dicho y la recorrió lentamente con la mirada desde sus botas hasta su corto cabello color miel. Sus pupilas centellaron ante lo que veía, y en un gesto inconsciente se humedeció los labios.

−¿Ya has tenido admiradores? No es el primer VRMMO al que juegas, ¿verdad?

Anna alzó la cabeza sorprendida ante la cuestión. Se encogió de hombros y murmuró vagamente –Puede que no…−se revolvió su cabello corto –Entonces ibas a mostrarme las reglas del BoB –pero el joven castaño seguía devorándosela con sus pupilas tenuemente dilatadas −¡Spiegel! –lo llamó.

−Perdón Anna− se disculpó volviendo a ser el mismo. Sonrió tocándose la nuca con pena −¿Entonces en qué estábamos?

−El torneo− le recordó.

−Oh si, perdón –se giró hacia ella extendiendo un holograma que se desplegó en el aire frente ellos. Era una imagen de una isla –Esta es la isla Ragnarok el lugar donde se llevará a cabo la tercera BoB, como ves cuenta con diferentes escenarios de lucha… −así diciendo corría los dedos sobre el mapa señalando los lugares a la sorprendida muchacha –Puedes elegir cualquiera de estos campos para derrotar a tus oponentes…

−No parece tan difícil.

−¿Tienes confianza en ti, verdad? –le sonrió con orgullo.

−Bueno de todos esos campos de batalla el más complicado parece ser el desierto…−dijo mirando el mapa con detenimiento, se acercó tanto que su hombro rozó el del joven castaño quien se sonrojó –De todas formas no planeo darme por vencida tan fácilmente.

−¡A-Así se habla Anna!

Se rio separando su cuerpo de él y encogiéndose de hombros –Bueno daré una larga lucha como hasta ahora.

−Yo te apoyaré desde aquí –clamó el joven con decisión.

−Tú debieras de inscribirte en el próximo torneo, tus habilidades de planeación son asombrosas, eres un genio Spiegel –le dijo con sinceridad.

− ¿Tú crees?

La pelirroja asintió sin dejar de sonreír –Sí, lo creo. Y también sé que tu ayuda fue muy valiosa –le extendió su mano enguantada en carmesí −¿Sigo contando contigo?

Los ojos castaños del joven se iluminaron −¡Claro que sí!

Anna sonrió con ternura –Gracias Spiegel –observó otra vez el mapa no notando la actitud de su compañero que otra vez se encontraba viéndola con cierta ensoñación −¿Entonces debería tener otra arma?

−Creo que sería lo más acertado –se aclaró la garganta llevando su mano al mentón en actitud pensativa −¿Tal vez un arma de larga distancia?

−¿No hay espadas aquí?

La miró con suma curiosidad −¿Espadas? –repitió

−Sí –suspiró –Es que me sentiría más…

−¿Spiegel? –la tercera voz, femenina en este caso, interrumpió la pequeña charla del par. Ambos se voltearon al unísono viendo la silueta imponente de la francotiradora de cabello verde aguamarina que se acercaba a ellos, una expresión de curiosidad plasmado en su bonito rostro −¿En verdad eres tú?

Asuna dio un paso hacia atrás cuando la recién llegada palmeó el brazo de su acompañante con demasiada familiaridad. Miró a sus alrededores notando que sin quererlo eran el centro de atención.

− Anna –la voz profunda del muchacho la trajo de vuelta –Te presento a Sinon, creo que has oído hablar de esta gran francotiradora, ¿verdad?

−Oh por favor –se negó la nombrada sacudiendo la mano frente a ella.

−¡Es verdad! –la pelirroja abrió sus ojos impresionada y dando un paso hacia atrás hizo una ligera reverencia –Oí mucho de ti, eres una gran jugadora, realmente es un placer conocerte Sinon-san.

−El placer es mío Anna-hime…

−Oh, no es necesario que me llames así… −la aludida se sobó la nuca abochornada.

−Es que para ser una novata eres increíble. Mira, tu primer torneo y ya estás dentro del BoB.

−Ni yo me lo creo…− rió nerviosamente.

−Pues tal parece que el azar está de tu lado, ya lo dice el dicho 'suerte de principiantes' así que no la desaproveches –Sinon meneó la cabeza.

−Realmente espero que no sea solo una suerte de principiante…

Sinon compartió su sonrisa por un momento y luego señalando a ambos agregó con curiosidad −¿Y ustedes de dónde se conocen?

−Spiegel fue una especie de mentor en las preliminares del juego.

− Siempre rescatando damiselas en peligro ¿verdad? –lo regañó riendo entre dientes a lo que el aludido enrojeció.

−¿Y dónde está ese singular acompañante tuyo? –preguntó en cambio al ver que la pelirroja lo veía con interés y acento burlón.

Sinon soltó una risa afectada –Pues decidió perderse por ahí, al parecer está evitando a alguien como si tuviera la misma peste… −miró a Anna significativamente y suspiró con resignación –Pero cuando sea hora de entrar al torneo, sin duda aparecerá de la nada.

−Pues esta vez tendrán algo de competencia… −terció el muchacho mirando a ambas.

−Sí, este torneo será muy interesante.

−Y-Yo… estoy algo nerviosa por eso…

−Descuida Anna, debes seguir actuando como hasta ahora. En verdad el Bob no varía mucho del Battle Special, si lo piensas así no te será tan complicado.

La joven pelirroja le sonrió cálidamente y aceptó la mano extendida que la francotiradora le ofreció en obvia ofrenda de compañerismo y paz

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Kirito se golpeó la frente con rudeza cuando el pensamiento aquel volvió a aparecer livianamente en su conciencia.

'Estas babeando por ella…'

Sinon lo había asegurado con malicia, declarado cada palabra con seguridad, implementando la idea en su cabeza. Y desde entonces ese pensamiento se plantó en su subconsciente como propio, liberando toda clase de sentimientos y emociones contradictorias. Porque estaba observando a la chica esa con curiosidad, le parecía un espécimen bien bonito. Y sí, la estuvo mirando de la misma forma descarada en la que un hombre mide a una bella mujer, desvistiéndola en su mente.

Y se sentía culpable, y miserable. Hasta el momento nunca le había ocurrido algo similar, desde que volvió de SAO era normal estar rodeado de las otras chicas del grupo, y podía asegurar sin ninguna duda que nunca había sentido más que afecto fraternal por cada una de ellas. A su manera, Kirito sabía que el lazo que las unía a él no pasaba de cariño y admiración mutua (más allá de como ellas se sintieran hacia él). Hasta en la escuela, y con sus compañeras de clase nunca había experimentado lo que con esta singular princesa. Es que Asuna llenaba todo en su vida.

¿Quizás echaba de menos su presencia? Desde el juego a esta parte jamas se habían separado, ahora desde su trabajo en GGO la echaba de menos. Y era esa estúpida carencia la que plantaba esas incertidumbres y magnificaba la ausencia de su novia.

Soltando un suspiro miró su visor con curiosidad. En el mundo real eran cerca de las ocho de la noche. Normalmente se encontraría hablando con Asuna por teléfono, chateando con ella, o simplemente pasando algo de tiempo de calidad en ALO junto a Yui. Echaba de menos terriblemente toda esa rutina familiar.

−Asuna… −susurró y de un rápido impulso decidió enviarle un mensaje, uso el teclado virtual para escribir un correo el cual vincularía a su cuenta de Alfheim.

Hey subcomandante, la echo de menos terriblemente. Esta noche luego de salir del juego quiero hablar contigo. Espérame.

Leyó el mensaje y en el último segundo consideró no enviarlo. A su gusto era demasiado inestable, ponía en evidencia lo endeble que era ante la ausencia de la muchacha, revelando sentimientos y una inseguridad que él no tenía idea que poseía. Cerrando los ojos presionó el botón de enviar y el correo se perdió dentro del mundo cibernético.

De pronto se detuvo y observó a sus alrededores. Sin quererlo sus pasos lo habían llevado una popular tienda de armería dentro de Gloken, la ciudad principal. Había mucha gente allí notó con sorpresa, jugadores que estaban cambiando sus armamentos y adquiriendo material nuevo para los enfrentamientos que pronto habrían de comenzar. Él consideró revisar su propio equipo, y cuando procedía a abrir su inventario, un ding proveniente de una notificación nueva lo retuvo de toda acción. El sobre cerrado con el nombre de Asuna lo hizo sonreír de emoción y abrir el mail con alegría. Sorprendido de que le hubiera respondido rápido.

Kirito-kun, ¡Hacía tiempo que no me escribías un e-mail! Realmente fue una grata sorpresa, ¿ves que eres romántico aun cuando no te lo propones? Por supuesto que te esperaré, pasaría la noche en vela si con eso fuera capaz de oírte. Ya van cuatro días sin saber de ti y te extraño. Contaré las horas para verte, siempre tuya: Asuna~

El suspiro de alivio que salió de los labios del chico hizo que algunas personas a su alrededor lo miraran con curiosidad. Sonriendo abochornado, caminó de ese lugar hacia otro sector, releyendo el mensaje que Asuna le había enviado. Optó por no responder, luego del inicio del Bob le escribiría a sus anchas y daría rienda suelta a su personalidad detallándole personalmente lo mucho que la echaba de menos.

De repente se sentía mejor. Había sido una gran idea enviar ese correo a la joven, sus palabras borraron ese malestar y ese aire de culpa que ensombrecía sus ánimos. Ahora estaba completamente convencido que una sola mujer habitaba en su corazón, y era su única dueña.

Del alivio inconmensurable que sentía se permitió estirar los brazos hacia arriba y contonearse como si fuera un gato que recién acababa de despertar de su siesta. Tan a sus anchas se sentía que al moverse chocó con otro cuerpo que se encontraba detrás de sí.

−Perdón –murmuró viendo sobre su hombro, y sus ojos amatistas se congelaron.

Allí estaba la renombrada princesa del juego. Ella se giró también con aire confundido –No discúlpame tú a mí, no estaba poniendo atención a donde me dirigía…−le confesó con un hilo de voz tocándose su cabello en un gesto inconsciente de vergüenza.

Y Kirito la observó a su pesar con la boca ligeramente abierta. Definitivamente es mucho más linda en persona, reconoció su mente. Y tal vez algunos centímetros más alta que él. Su presencia sin duda era imponente, y sus grades ojos color miel audaces y atrevidos. Sobre todo, al mirarlo de esa forma, sacudiendo su mano frente a sus ojos mientras sus rojos labios se movían modulando algo que no alcanzó a oír...

−Oye, ¿te encuentras bien?

Reaccionó y se sobó la mejilla en un gesto apenado dando un paso hacia atrás imponiendo distancia –Sí, lo siento.

¿Acaso estaba soñando despierto?, ¡no era propio de él entretenerse con una cara bonita!

Empero la muchacha también lo miró fijamente, y en su afán se inclinó hacia él viéndolo más de cerca con atención −¡Woah, eres esa chica!

Él se alejó impresionado. Para luego recordar que su avatar dentro del juego tenía ese aspecto lindo y aniñado que hacía que todos se confundieran vergonzosamente. Dejó de retroceder cuando se dio cuenta que eso no resultaba. Soltó un amargo suspiro resignado.

−¡Te he visto luchar, eres asombrosa! –la pelirroja elevó sus manos enfatizando su punto con simpatía.

−Gracias− hizo una reverencia considerando como desaparecer de allí sin parecer demasiado descortés –Bueno, yo…

− Disculpa, pero… ¿P-Puedes… puedes brindarme algo de tu tiempo?

Kirito se quedó inmóvil a mitad de su oración, ella había juntado sus palmas ante él en una actitud de súplica, se veía abrumada e incómoda.

−¿Eh…?

−Me da mucha pena molestarte, pero realmente estoy un poco desorientada con esto…−sus hombros descendieron mientras seguía hablando –Me han dicho que debería obtener otro estilo de arma para un combate cuerpo a cuerpo, pero me sentiría más cómoda hablando ese tema con otra chica… Spiegel es buena onda, pero…

−¿Spiegel? –repitió frunciendo débilmente el ceño ante el nombre ligeramente conocido.

−Sí, bueno… ¿me ayudarás?

No…

−No creo que pueda servirte de ayuda.

−¡Por favor! –juntó sus manos y sus ojos se abrieron grandes y húmedos en un gesto de súplica.

¿Qué era eso? ¿Por qué no dejaba de observar fascinado ese bonito rostro melancólico? ¿Qué era esa tibia sensación familiar que se extendió por su estómago?

−Por favor…−reiteró y sus hombros pequeños se hundieron.

Kirito sabía que estaba perdido apenas ella abrió la boca para hablar. Suspiró y se masajeó la nuca desviando la vista.

−No creo ser la más indicada para esto, como tú es el primer torneo PvP en el que participo.

−Tienes más experiencia que yo y eso me basta− le sonrió y se inclinó ante él en agradecimiento –Muchas gracias.

Miró a sus alrededores buscando alguna especie de salvación, y luego otra vez a la pelirroja dándose cuenta de cuán difícil era despegar la vista de ella.

−¿Entonces, en que puedo ayudarte? –preguntó solícito suavizando la voz.

−Todo el mundo dice que debería de tener una segunda arma complementaria además de mi preciada Walther P99, pero si no me siento cómoda con una pistola ligera de corto alcance dudo que pueda acostumbrarme a tener otro adminículo semejante en mis manos.

−Pues no lo hagas, nadie debe decirte nunca que es lo que debes o no hacer –le dijo con firmeza.

−Pero…−bajó la vista solo un segundo antes de levantarla y clavar sus maravillosos ojos de caramelo en los suyos –Sé que es cierto ¿verdad?

−Sí lo es. Tener una segunda arma te ayudaría a desenvolverte en situaciones conflictivas y peligrosas…−sostuvo sus ojos sintiendo otra vez esa oleada de añoranza y ternura −¿No te gustan las pistolas?

Ella meneó la cabeza fervorosamente antes de reír con bochorno –Suena tonto, me hice conocida usando una semiautomática pero en verdad si pudiera evitarlo… lo haría.

−Entiendo− se cruzó de brazos considerando las posibles opciones –Debes tener algo con lo que te sientas cómoda.

Esa revelación la hizo volver a fruncir los hombros en decepción. Kirito no podía quitar la vista de ella, en verdad con esa expresión de melancolía distaba mucho de la estampa de guerrera y amazona invencible que mostraba para sus seguidores. Parecía derrotada aún antes de empezar.

−¿H-Hay… hay espadas en este juego? –preguntó alzando la cabeza en su dirección.

Eso picó su curiosidad −¿Te gustan las espadas?

−Sí…

La forma en la que se mordió el labio al responder hizo que tragara grueso ante el gesto ligeramente familiar. Se aclaró la garganta desechando la idea –Bueno manejar espadas no es algo fácil en GGO, debes disponer de agilidad, destreza y fuerza…

−Tengo todo eso –murmuró altiva cruzándose de brazos y elevando elegantemente su escote.

Kirito la miró a los ojos con evidente esfuerzo ¿qué estaba ocurriéndole? Un momento era un ángel caído, y de pronto se convertía en esa guerrera altiva y salvaje que saludaba a los presentes horas atrás.

−Mi espada de fotones es una Kagemitsu G4 –le explicó sintiéndose dueño de sus sentidos. Puso su menú en modo visible y se la enseñó −¿Crees que podrás con una de estas?

−Por supuesto –afirmó con seguridad.

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Kirito observó con el corazón latiéndole en la garganta como la muchacha elegía esa espada de energía color blanco y la veía con profunda concentración… hasta que realizó una finta cortando el aire a su alrededor, y la visión fue tan familiar, tan añorada que se sintió desvanecer.

No, no puede ser cierto… este déjà vu está confundiéndome…

De pronto sintió la boca seca y las palmas de sus manos humedecerse ¿Qué le pasaba?

−¡Es tan ligera! –exclamó ella con alborozo. Y dando un giro sobre si misma, saltó y movió el sable con una destreza impresionante, de derecha a izquierda como si desplegara una lluvia de estrellas. Y a la velocidad con la que se movía realmente se asemejaba a un espectáculo estelar.

Y Kirito conocía a una sola persona capaz de usar un skill como ese…

−¿Anna?

La voz masculina interrumpió sus pensamientos, se giró viendo a ese muchacho vestido de verde y de largo cabello castaño. Sus ojos parecieron ensombrecerse cuando lo reconoció.

−¡Spiegel! –la pelirroja se acercó al recién llegado con su arma recientemente adquirida −¡Tenías razón!

−Entonces si te convenció la espada de fotones –le sonrió ignorando a Kirito quien sintió sus hombros tensionarse sin razón aparente.

La chica asintió y se la enseñó.

−Te dije que sería una buena elección, tienes buenos stats pese a que eres una novata en el juego –y así diciendo extendió la mano y le despeinó el cabello, ella soltó una exclamación de disgusto, pero no se alejó. Miró a Kirito con el mismo gesto rudo conque este lo veía –El torneo está por empezar.

−¿Viniste a buscarme?- la muchacha preguntó creyendo que la anterior frase había sido para ella.

Kirito frunció el entrecejo y sus puños se apretaron inconscientemente. Algo en la despreocupada actitud del joven castaño le parecía sospechosa. ¿Era su forma de contemplar a la hermosa chica? ¿Con ojos hambrientos de admiración y lujuria como un lobo rapaz? ¿Era esa mano larga y huesuda recargada en el hombro femenino con una confianza ridícula?

Y esa expresión del castaño le traía horribles recuerdos… como si este fuera la reencarnación de Kuradel.

Pero ella no era Asuna. Solo era una preciosa mujer que en menos de un día había alborotado sus emociones.

−Muchas gracias por la ayuda− ella se le acercó y le hizo una graciosa reverencia. Minimizó la hoja de su espada e hizo el extraño ademán de regresarla a su cintura. Luego se dio cuenta de lo que hacía y reprimió una risita avergonzada. La guardó presurosa en su inventario y volvió a enfrentarlo, sus ojos color miel refulgieron como oro –No te he dicho mi nombre, soy As-Anna –rio otra vez y le extendió su mano.

Por supuesto que él sabía cómo se llamaba ¿Quién no conocía a esa belleza dentro del juego? Sonrió, advirtiendo el peso gélido de la mirada de Spiegel al entrelazar los dedos contra los suyos –Es un placer Anna, soy Kirito.

Ella soltó una exclamación ahogada al oír su nombre, sus ojos lo anclaron por un segundo, y la sonrisa angelical se borró tornándose en una mueca de terror la cual duró solo un segundo. Sin embargo pronto se recompuso, pese a que su rostro seguía igual de pálido y desencajado.

−¿Sucede algo? –se aventuró a preguntar.

Los dedos femeninos dejaron su mano y sonrió a modo de disculpa, mientras negaba lentamente –No es nada, solo una sensación de déjà vu –alzó los hombros –Buena suerte en el torneo Kirito-chan, seremos rivales.

La forma en la que pronunció su nombre le produjo un delicioso escalofrío en la espalda –Buena suerte Anna, aunque en el enfrentamiento no tendré piedad.

−No espero que la tengas –le respondió, y pronto se alejó seguida de Spiegel, quien el último segundo volteó a verlo con una expresión difícil de descifrar.

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−¿Por qué debe llamarse igual? –Asuna suspiró en voz alta mientras aún sostenía el AmuSphere entre sus manos. Dejó el artefacto a un lado y se refregó los ojos. Estaba muerta de sueño. Esa noche se había excedido terriblemente dentro de GGO gracias a los preliminares del Bob. Miró la hora en su móvil viendo espantada que era pasada la medianoche y que tenía varias llamadas perdidas de su novio.

Sintió pánico cuando recordó que Kazuto le había dicho que la llamaría al salir de su trabajo.

Se miró en el espejo y se acomodó el cabello aplacándolo con sus dedos, reprimió un bostezo mientras con la mano restante se tallaba los ojos. Tomó el móvil y apretó para devolver la llamada preparando inconscientemente la mentira que habría de decirle. Pero sus sentidos no se hallaban del todo despiertos.

El celular timbró una, dos, tres, cuatro veces y cuando se disponía a colgar, una voz cansada le respondió.

Asuna.

Sostuvo la pantalla frente a ella para que el chico pudiera verla, rogando que verdaderamente su aspecto fuera presentable.

Te llamé varias veces –su voz sonaba algo distante y por su aspecto lúgubre se veía tan o más cansado que ella.

Asuna miró disimuladamente hacia abajo suspirando aliviada al ver que vestía su piyama –Perdón Kirito-kun me había quedado dormida…−bostezó levemente –Y eso que aún tengo tarea acumulada…

El gesto frío del chico se disolvió −¿Estabas durmiendo? –la miró fijo, o lo más fijo que podía desde la pantalla de su móvil −¡No debías devolverme la llamada si dormías, baka!

−Es que tú dijiste que…

Olvida lo que dije. Solo quería escuchar tu voz, esto… esto eso se pone cada vez más fastidioso… no veo la hora de que ya se termine…

La voz del muchacho había sonado casi desesperada lo que hizo que Asuna se despertara completamente. Echó su cabello suelto hacia atrás de su hombro −¿Kirito-kun estas bien? Te oyes preocupado, ¿necesitas ayuda? Puedo convertir mi cuenta y…

No, no es necesario. Como te dije anteriormente es algo con lo que yo mismo debo lidiar –respondió con rapidez intentando sonreír pese a que el gesto jamás llegó a sus ojos. La miró –Pero te echo de menos.

−Yo también te extraño.

Él le sonrió y su gesto volvió a ensombrecerse –Asuna no lo olvides, que a pesar de que no nos vemos casi nunca no he dejado de… −su voz se cortó dubitativa.

−No necesitas decirlo, también siento lo mismo.

Kazuto tenía sombras negras bajo los ojos y se veía muy pálido. Su entrecejo se suavizó al verla en idénticas condiciones. Le sonrió cálidamente.

Entonces será mejor que vayas a dormir, luces cansada.

−También tú. Pero no te esfuerces demasiado ¿está bien? No quiero un novio débil y enfermo –le regañó con falso tono serio.

El muchacho rio –Pronto se terminará, lo prometo y podremos estar juntos dentro de ALO.

−Sobre eso, hay algo que quiero decirte –empezó la pelirroja considerando que ya no podría dejar de jugar GGO. El bostezo que el chico le dio le hizo entender que el pobre estaba en verdad agotado –Olvídalo, pero Kirito-kun descansa ¿está bien?

También tú, buenas noches.

−Buenas noches, te quiero.

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Kazuto se desplomó en la cama una vez que la comunicación con la pelirroja acabó. Se llevó la mano a la frente y se cubrió los ojos. Su pecho absorbió oxígeno y lo retuvo en sus pulmones antes de soltarlo bruscamente. Por alguna razón se sentía angustiado y abrumado.

Y no se trataba solo de su encuentro con la deslumbrante princesa del juego, sino a esa singular figura de ojos rojos que lo había llamado por su nombre sin que se lo dijera. Death Gun como él mismo se autodenominó. Por sus palabras no le quedaba otra que asumir que este era un sobreviviente de SAO. ¿Qué otra persona podría reconocerlo de ese modo, sino alguien que pasó por el mismo infierno?

Tal vez… los ojos de Kazuto temblaron ¿Tal vez era un antiguo miembro de Ataud Risueño…?

La sola idea de que fuera un miembro de ese gremio de asesinos le heló la sangre. ¿Acaso las secuelas de ese juego siempre habrían de perseguirlo? Tragó con dificultad y su respiración se alteró sobremanera. ¿Era ese el asesino, el que disparó la alerta de que podía matar jugadores dentro del mismo juego?

Intentó tranquilizarse y no sacar conclusiones demasiado rápido. Era solo una corazonada sumada a lo inestable que últimamente se estaba sintiendo. Sus manos se hicieron puños al recordar que ni la charla con Asuna le había devuelto la calma.

Había deseado con todas sus fuerzas ese mínimo de contacto con su novia y cuando lo lograba, la inquietante sensación que se apoderó de su pecho tras el encuentro que mantuvo con Anna, y luego con ese singular personaje de voz ronca y ojos rojos, no se había disuelto. Hasta la fecha, su novia tenía el poder suficiente de calmar sus temores y traumas, pero ahora dicho poder se había disuelto como niebla…

Cierto era que no podía decirle que pasaba; primero porque ni él mismo entendía, y segundo no quería arriesgarla, ni preocuparla. Nunca se perdonaría que Asuna estuviera dentro de ese horrible juego de muerte tentando al peligro, y que alguien de Ataúd Risueño tomara represalias contra ella. ¿Y si le pasaba algo? ¿Si el asesino iba tras sus pasos? ¿Cómo iba a ser capaz de defenderla si algo tan terrible sucedía? En lo que llevaba dentro de GGO se habían producido otras dos muertes, de dos jugadores de renombre. Y pese a esa amenaza el Bullet of bullets seguía contra viento y marea.

¿Papá?

La infantil voz lo sorprendió, se quitó el brazo de los ojos y buscó su móvil –Yui.

Papá lamento molestarte a estas horas, sé que estás cansado.

La voz de la pequeña hada sonaba triste y turbada, mantuvo el móvil frente a sus ojos notando que solo era una comunicación a través de la App que había aplicado a su teléfono así como hizo con el de Asuna.

−¿Qué ocurre Yui? –su voz se suavizó –Sabes que puedes hablar conmigo a la hora que quieras, y de lo que quieras.

Papá no me gusta ese juego, se ha puesto peligroso… luego de esa nueva muerte… no quiero que nada te pase…

−No va a pasarme nada –le dijo con seguridad –Estoy investigando, y tomo mis recaudos −Del otro lado oyó como la pequeña contenía el aliento casi dolorosamente, se inquietó −¿Yui?

Papá no sé cómo decirte esto… no temo solo por ti. También es mamá… me preocupa que pueda dar un paso en falso y…

−¿De qué estás hablando?

¡M-Mamá está jugando GGO…! ¡Casi desde el mismo tiempo que tú…! ¡Y-Y yo tengo terror de que el asesino le haga algo…!

Kazuto sintió como su corazón cesaba sus latidos para arrancar al galope como un caballo desbocado.

−¿QUÉ?

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No había podido dormir. Ni bien Yui soltó la noticia, el sueño desapareció por completo de su sistema. La pequeña había llorado tras confesarle todo a su padre; al principio había comenzado como una pequeña broma entre las dos; un secreto entre madre e hija, pero conforme Asuna se adentraba en el juego y su fama crecía, veía que aquel mundo post apocalíptico iba seduciéndola al extremo de que pasaba poco tiempo en ALO.

Yui tenía miedo de que algo sucediera dentro de aquel evento, y que Death Gun fuera tras los pasos de la pelirroja. Y ahora que Kazuto sabía la verdad, dicha inquietud se le había pasado a él. El cuadro angustioso del cual se lamentó tanto antes, ahora tenía razón de ser.

'No te he dicho mi nombre soy As-Anna…'

¿Acaso no había sospechado nada cuando casi se delató a si misma en ese momento? Claro, cuando la vio probando el sable la sensación fue tan familiar, tan íntima que provocó ese peso en su pecho; era la mezcla del reconocimiento y el miedo de cometer una traición.

¡La ridícula traición de sentirse completamente atraído por su preciosa novia!

En un avatar distinto, pero seguía siendo Asuna. Cuando Yui se lo afirmó –una y otra vez, vale decir− sintió que un peso se quitaba de sus hombros, para entrar en desesperación… era una jugadora, hábil, rápida y perfecta. Tentando peligrosamente a que el asesino, reparara en ella.

Debido a todo ese entrevero de ideas y descubrimientos no había podido pegar los ojos. Entendiendo que estaba tan cerca, y a la vez tan lejos… que había preferido confiarle el secreto a Yui y no él… ¿Por qué?

Sin embargo pese a que decidió hablar con ella en la escuela, Asuna ese día no fue a clases. La llamó por teléfono, pero nunca recibió respuesta. ¿Qué había sucedido? No podía darse el lujo de escapar de la escuela primeramente porque sus notas estaban ligadas a su desempeño, y segundo su empleador esperaba que su reputación fuera intachable. Además luego de clases debía conectarse, era el segundo día del Bob y no podía llegar tarde.

Pero debía hablar con Asuna y prohibirle que volviera a jugar.

Miró su teléfono una vez más viendo como timbraba una y otra vez el número de su novia, y esta ni siquiera se molestaba en atenderle.

Estaba inquieto y preocupado. Más que nunca.

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−¿Entonces qué tal es el nuevo juego que te compré? ¿Te gusta?

−¡Mucho!—Asuna le sonrió a su padre en agradecimiento. Sirvió café para ambos y volvió a sentarse a su lado. Aún vestía su piyama de short y camiseta de tirantes color rosa pastel.

−¿Qué hay de esas muertes dentro del juego?

−¿Muertes?

El señor Shouzou observó a su hija con una mueca preocupada –Pues es el rumor que me ha llegado, que hubo tres muertes hasta la fecha… al parecer existe un jugador que tiene el poder de matar a quien quiera dentro del juego… −se contuvo al ver a su esposa tomar asiento junto a ellos en la mesa.

Asuna se quedó pensativa ¿Qué Yui no le había advertido algo similar en algún momento pero ella no le había puesto demasiada atención? Bebió de su café –Sinceramente no he oído nada al respecto.

−Pero tendrás cuidado ¿está bien?

Antes de que la muchacha respondiera, la señora Kyouko miró a ambos con desagrado –Sigue consintiendo a esta niña, Shouzou… ¿Qué es esto de faltar a clases?

−Kyouko por favor, Asuna ha estudiado duramente este trimestre, sus notas nos demuestran lo mucho que está esforzándose para complacerte. Yo le permití que se quedara aquí hoy. En unos días haremos ese viaje a Kyoto, y no la veré por una semana. Sabes que nunca tengo el placer de desayunar con ella, no me quites el derecho intentando hacerme sentir culpable.

La dama soltó un suspiro resignado –La apañas demasiado.

-Gracias papá –Asuna le sonrió a su progenitor y le tomó la mano grande y añeja, este le dio un cálido apretón –¿Entonces irán a Kyoto?

−Tu padre decidió que te quedaras aquí con tu hermano para que no te atrases en la escuela− intervino Kyouko con acento terminante, mirando los castaños ojos de su hija herencia suya obviamente –Espero no traiciones el voto de confianza que estamos depositando sobre ti.

−Por supuesto que no.

Shouzou suspiró ante la reprimenda de su esposa –Confío en ti y en Koichirou sé que no incendiarán la casa, ni harán fiestas ilegales…

Asuna rió levemente ante eso.

−Y ese chico tiene prohibida la entrada a esta casa durante nuestra ausencia –intervino la dama con firmeza alzando la barbilla, y censurando lo que sea que su esposo iba a acotar –Es mi última palabra.

−Kazuto no vendría aquí sin el previo consentimiento de mi papá –le respondió sin desviar la vista pese a que sus mejillas se encendieron.

El señor Shouzou sonrió y soltando la mano de su hija le despeinó el cabello como solía hacer cuando era niña –Confío en ti, cariño.

−Sigue consintiéndola, no solo con la escuela sino con esos estúpidos juegos como si fuera poco que estuvo atrapada en uno por más de dos años…

−No mezcles las cosas Kyouko… desde ese incidente a esta parte hay mucha seguridad en la tecnología Fulldive; diversos científicos trabajan para que no vuelva a ocurrir un evento tan desafortunado como aquel. No pondría en riesgo la vida de nuestra hija, trabajo permanentemente junto a mi equipo de investigación para que nada extraño ocurra.

Asuna volteó hacia su padre al oírle. Hasta donde sabía él se había retirado de ese mundo luego del fiasco con ALO. Al parecer luego de varias charlas con Kazuto, éste le había animado a volver a intentarlo. Sonrió internamente ante el pensamiento.

−No te preocupes papá, si yo misma veo algo extraño no dudaré en salirme.

−Lo sé.

La dama soltó una maldición entre dientes y terminó su café. Sabía que no tenía nada que objetar en cuanto a esos dos. Luego del accidente Shouzou y Asuna se habían unido más que nunca, y ellas habían empezado a distanciarse. ¿En qué momento su pequeña niña de corto cabello se había convertido en esa mujer de ojos ambar y carácter imponente que desafiaba todas sus órdenes? Guardó su Tablet que apenas había revisado y se levantó −¿Entonces me llevas a la universidad? También hay cosas que debo comprar para el viaje.

El señor Yuuki viendo que la tormenta había amainado, le sonrió a su esposa –Te llevo y te invito a almorzar ¿te parece bien?

Eso sin duda sacó de balance a la orgullosa mujer, se aclaró la garganta y pasó junto a padre e hija sin mirar a ninguno –Sí, me parece una buena idea.

Luego de que los pasos de la dama se perdieron lejos de la sala, Asuna miró a su padre sin dejar de sonreír –A veces no sé qué haces con una mujer como ella. Eres demasiado bueno y lindo para estar a su lado.

−Cariño escúchate, estás hablando de tu madre− comento divertido.

−Pero es un monstruo.

El gesto del mayor se suavizó, acarició la aterciopelada mejilla de su hija sin dejar de mirarla –Algún día te contaré nuestra historia, y quizás comprendas muchas cosas.

−¡Shouzou! –se oyó la voz de su madre desde la habitación contigua.

−Ve, mamá te está esperando. En otro momento continuamos nuestra charla− alegremente Asuna se puso de pie y rodeando la cabeza encrespada y canosa del hombre mayor, depositó un beso entre su cabello antes de salir por la otra puerta y perderse en su habitación.

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Kazuto miró su teléfono en tanto la agonía lo consumía. Ni un solo mensaje de Asuna, lo cual era raro; siempre se comunicaba con él apenas veía sus intentos de localizarla.

−Kazu ¿sales a almorzar? –la voz de uno de sus compañeros lo volvió a la tierra.

−En un momento voy –contestó, y el recién llegado se alejó tan rápido como había aparecido.

Marcó una vez más el número de la chica pero esta vez directamente fue dirigido a su buzón de voz. 'Hola, no puedo contestarte en este momento, por favor deja tu mensaje después de la señal…'

−Asuna por favor comunícate conmigo a la brevedad, es importante –musitó con firmeza sonando más impersonal de lo que había deseado.

Kazuto guardó el móvil en el bolsillo de su chaqueta y se levantó. Se daría una vuelta por la cafetería buscando a Rika y a Keiko, quizás alguna de ellas sabía algo al respecto.

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Asuna salió del baño y se secó su largo cabello, se vistió con una camiseta ancha y unos leggins negros. Mientras se peinaba el cabello observaba su rostro, se veía pálida pero sus ojeras habían desaparecido tras una buena siesta. Y luego del baño con agua tibia se sentía muy bien.

Miró la hora en el reloj que descansaba a un lado de su cama sorprendiéndose al ver la hora. Eran cerca de las cuatro de la tarde. Eso le hizo darse cuenta que no había recibido un mísero mensaje por parte de su novio. Dejó el cepillo sobre el tocador y se dio la vuelta buscando su móvil. Cuando lo encontró supo el porqué de tanto silencio. Estaba sin batería.

Claro, la noche anterior había vuelto tan cansada del juego que se había ido a dormir sin conectar su celular al cargador, y luego como esa mañana no fue al colegio, la batería del mismo había colapsado. Lo conectó a una terminal para que cargara, mientras ella se dedicaba a repasar los apuntes para esa semana.

Almorzó un sándwich de atún y terminó su tarea en tiempo record. Cuando volvió a tomar su móvil este ya se había cargado lo suficiente. Lo encendió y al instante le entraron las llamadas perdidas de Kazuto, y los múltiples mensajes que el joven le había dejado a lo largo de todo el día. Hasta tenía un mensaje grabado de Yui.

Con bochorno llamó a su buzón de voz.

Asuna por favor comunícate conmigo a la brevedad, es importante.

La voz de Kazuto sonó extraña y enojada. Presionó el botón y volvió a escucharlo varias veces. ¿Estaba molesto?

En la pantalla rectangular del móvil parpadeaba el otro mensaje que Yui le había dejado. Pero decidió primero llamar a su novio para ponerse al corriente de lo que ocurría. Se arregló rápidamente el cabello y ensayó una sonrisa tierna y amorosa en tanto oía como la línea del otro lado timbraba una y otra vez. El teléfono sonó muchas veces. Kazuto nunca le contestó.

−Debe estar en inmersión –razonó para sí tristemente. Miró la hora viendo que pasaban de las cinco y treinta de la tarde −¡Es tardísimo! – exclamó a nadie en particular.

Tomó el AmuSphere entre sus níveas manos, se quitó las pantuflas y se acostó cómodamente en su amplio lecho, se colocó el artefacto en la cabeza y mientras terminaba de cargar no cabía en sí de la emoción. Oficialmente ese día empezaba el torneo de Bob.

¡Link Start!

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Dentro de esa especie de patio gigante había muchas personas esperando. Competidores y gente común que se había juntado para ver el torneo en esa especie de bar futurista que se alzaba allí.

¡Mucha suerte Anna hime!

¡Apostaré por ti!

¡Eres la mejor!

Las exclamaciones de sus seguidores no se hicieron esperar. Y era gracioso ver a tantos hombres de estatura y músculos imponente, rostros fieros e ingobernables sacudiendo sus manos y ofreciéndole vítores y silbidos con admiración. Le sonreían y algunos hasta sostenían carteles con su nombre.

Asuna se permitió reír alegremente antes de girarse a ellos y con su porte dominante y esbelto enviarles un beso con la punta de sus dedos. Era su público, debía velar por ellos aunque el hecho le parecía por demás risible.

¡Te amo Anna hime!

¡Patea el trasero de esos desgraciados, preciosa!

−¡Muchas gracias a todos por su apoyo! –sonrió, y el griterío general se hizo ensordecedor. En GGO era amada y odiada por igual así como sucedía en SAO. Sus competidores la miraron con desdén cuando se acercó a la plataforma y observó el tiempo restante en las múltiples pantallas que se hallaban arriba. Treinta minutos y contando.

−…ello…

−…stello…

−Destello… Destello…

La voz de ultratumba le hizo encresparse de horror. Los cabellos de su nuca se alzaron cuando el escalofrío recorrió como corriente eléctrica toda su espalda al oír su nombre. Se volvió rauda y al ver esos dos ojos del color de la sangre dio un par de saltos hacia atrás, tocando su cintura como si aún llevara colgada su amada Lambent Light.

−¿Quién eres? –preguntó en un intento de parecer digna mientras recordaba abochornada que no llevaba sus armas consigo.

−Eres el Destello Veloz ¿no es así? –volvió a preguntar esa voz cadavérica.

Asuna clavó sus ojos color miel en ese siniestro personaje buscado algún indicio de familiaridad en él. Pero la capa gris andrajosa cubría una imponente estatura, de su rostro oculto por las sombras de la capucha se adivinaba la máscara de metal y el brillo tenebroso de sus ojos carmesí. Parecía un robot, no se veía nada humano en él.

−No sé de qué estás hablando –murmuró sin desviar la mirada pese a que sentía como su corazón saltaba asustado en su pecho.

−Eres el Destello Veloz de Sword Art Online… no conozco otra persona que tenga esa agilidad y velocidad con un estoque…

−C-Cualquiera puede tener ese e-estilo…

−Solo una mujer puede danzar con una espada de esa forma…− manifestó con igual parsimonia, sin levantar la voz clavando sus orbes rojos en la pálida muchacha cuyos labios se habían entreabierto.

−Estas equivocado…

−Bien, no importa si te niegas, sé que eres tú… y créeme que esta vez no fallaré de matarte en el juego… tu novio me detuvo aquella vez, pero ahora él no está aquí y nadie evitará que me haga contigo, Destello Veloz…− la forma obscena en la que murmuró lo último la inmovilizó. Había un dejo vulgar en esa voz fría e inerte, y más aún cuando afirmando sus palabras deslizó su mano enguantada por su mejilla en una burla de caricia. En ese momento Asuna alcanzó a vislumbrar el complicado diseño de un extraño símbolo pintado en su muñeca.

¡Ataúd Risueño…!

Apartó la mano y se alejó cubriéndose la boca, su respiración se alteró de tal manera que temió empezar a hiperventilar. Sus sentidos empezaron a fallarle, y cuando alzó la vista la enigmática silueta vestido de negro había desaparecido.

Tragó saliva ruidosamente y se ordenó serenarse. Tras una ojeada al reloj de la pantalla faltaban quince minutos para empezar. Se despeinó su corto cabello inconscientemente tratando de aquietarse.

¿A esto será a lo que se refería papá?

Las palabras de Yui se amontonaron en su mente: ¡Mamá debes tener cuidado! ¿Eso era lo que habían tratado de advertirle todo el tiempo? Las muertes dentro del juego… ¿Era ese tipo el que se creía ángel de la muerte el que decidía quien habría de vivir y quién no?

Su respiración volvió a inquietarse, y temió perder el conocimiento ahí mismo.

−Anna.

La repentina voz le hizo pegar un ligero sobresalto y reprimir un jadeo ahogado, se giró con tanta violencia que sus sentidos se enturbiaron haciendo que perdiera el equilibrio, siendo acogida por la hermosa muchacha de cabello negro y ojos amatistas. Esta la abrazó ligeramente, pero con firmeza.

−¿Te encuentras bien? –le preguntó con inquietud. Era obvio que seguía temblando.

Anna levantó la vista mirando a la chica que la agarraba con tanta familiaridad e intento poner algo de distancia entre ambas.

−Lo siento…−intentó sonreír miserablemente, pero por la forma en la que su voz habló, era obvio que se encontraba muy afectada –Estoy algo nerviosa K-Kirito-chan.

−¿Por qué? –aventuró la muchacha viéndola fijo −¿Hay algo que debas decirme?

Su voz cambió repentinamente, había sonado dolida y gélida.

−¿Qué? –se alejó cruzando los brazos sobre su pecho intentando confortarse.

La muchacha allí presente frunció los labios con fastidio, sus ojos violetas nunca se despegaron de los suyos –Asuna –murmuró directo y con tanta convicción que la hizo sobresaltarse otra vez.

−¿Q-Quien eres…? –tartamudeó la nombrada sintiendo su boca seca, se apretó las manos para que dejaran de temblar, pero resultaba imposible.

¿Quién es? ¿Otro miembro de Ataúd Risueño…?

−En verdad no puedo creer que preguntes eso…− volvió a decir la pelinegra, esta vez con decepción.

−¡Señorita Anna! –una tercera persona entró en escena interrumpiendo lo que Kirito iba a decir. Era un muchacho alto de piel blanca y cabello dorado, vestía de negro y corrió desde el piso inferior hasta detenerse junto a ambas. Parecía nervioso y abochornado mientras contemplaba a la hermosa pelirroja, sus manos eran un manojo de nervios –Señorita Anna… le deseo mucha suerte en el torneo…

−Gracias− asintió con cierta vergüenza notando que las orbes de su acompañante se habían enturbiado de modo alarmante.

−Y-Y… yo quería decirle que la admiro mucho…−tartamudeó, y luego tras despeinarse el cabello una y otra vez, avanzó la distancia que le separaba de su ídolo y asió la mano pequeña entre las suyas. Los ojos de Anna se abrieron desmesurados tras su atrevimiento –Y-y quería pedirle que se casara conmigo luego de que el Bob finalic…

El pobre muchacho no pudo terminar de hacer su confesión. Todo sucedió demasiado rápido, un momento estaba tomando la mano de la pelirroja con profunda devoción, y al segundo siguiente la bella e impávida pelinegra lo sacó del medio de un empujón rudo y tomándole del cuello de la chaqueta que usaba continuó tirando de él hasta que lo alejó lo suficiente de Asuna.

−¡No te vas a casar con ella imbécil, porque resulta que es mi novia!

−¿Eh?

−Lo que oyes, aléjate de ella. ES MI NOVIA –su voz sonó ronca cuando pronunció aquello con rabia contenida. Sin duda no había sonado muy femenina, porque cuando soltó al asustado muchacho, este no se dejó repetir la orden y corrió hacia el lado opuesto, mirando a ambas chicas con terror.

Asuna se cubrió los labios cuando lo oyó hablar. Ya no le quedaban dudas −¿K-Kirito kun?

El reconocimiento brilló en sus pupilas ambarinas, y él se permitió suspirar con alivio –Asuna –su voz salió igual a como la recordaba –Salte del juego ahora.

−¿Eh? −Esperaba otra reacción, no algo así tan perentorio −¿Kirito-kun?

−Salte del juego ya, aún estás a tiempo.

−¿Qué?... ¿Pero por qué?

−No preguntes, solo salte del juego ahora.

Quedaba un minuto para que el evento empezara. Ella lo miró con irritación sintiendo que su conocido carácter estaba a punto de hacer aparición.

−No. No voy a hacerlo.

−Asuna no estoy pidiéndotelo, te lo estoy ordenando. Salte del juego antes de que sea demasiado tarde.

Ella lo miró fijo sosteniendo sus ojos. Almendra y amatista enfrentados en un duelo de miradas mientras los últimos segundos se escurrían entre la algarabía general que a viva voz contaba el tiempo restante.

−Por favor, Asuna…− le agarró la mano como si quisiera obligarle a abrir su menú, empero ella lo rechazó y puso varios pasos de distancia entre ambos.

El cronómetro llegó hasta cero y antes de que Kirito pudiera decir algo más, la silueta de ambos desapareció transportándolos a la isla Ragnarok.

El Bullet of bullets 3 había empezado oficialmente.

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Estaba en el bosque caminando sigilosamente entre las altas columnas de árboles. La tierra suelta del camino se pegaba al taco de sus botas. Su avatar era ligero como una pluma por lo que caminar sin hacer ruido era perfecto para su misión de rastrear a Musketeer X.

Había usado el satélite para indagar su ubicación aún sabiendo que esa herramienta era un arma de doble filo, y que por ende éste también conocería su posición en el mapa.

Caminó sigilosamente sujetando el mango de su preciada Walther P99 contra su pecho, había quitado el seguro y estaba lista para disparar en caso de ser necesario. De pronto se detuvo y miró sobre su hombro al camino que había hecho. Alguien estaba siguiéndola.

Pegó un salto y empezó a correr a toda velocidad, tomó impulso contra un tronco caído y se subió a un árbol, gracias a su agilidad el movimiento no le supo ningún esfuerzo. Se apegó a la copa del árbol olvidando que era presa fácil en esa posición. Lo supo cuando escuchó el silbido inconfundible de una bala, pasó el revolver a su mano izquierda, y con la derecha tomó su sable de luz. La hoja carmesí detuvo a gran velocidad el intruso y todos los que le siguieron.

Mientras frenaba los embates permitió que sus ojos rastrearan el lugar hasta que vio el rifle y a su dueña apostada en el suelo metros más adelante. Se sorprendió de descubrir que Musketeer X fuera una mujer.

¿Así que esto es lo que él hace para protegerse de las balas…? Pensó divertida. Moviendo su espada de fotones a gran velocidad asemejando un enorme escudo desplegado frente a ella.

Siguió acercándose hasta que estuvo a menos de dos metros de distancia y vio a su presa.

−Realmente a las mujeres les gusta llamar la atención aquí en el juego…− murmuró risueña viendo la provocativa vestimenta de su oponente; minifalda roja y ese brasier negro que enseñaba todas sus curvas.

Musketeer X era una muchacha de largo cabello plateado que se incorporó espantada viendo al torbellino rojo que se acercaba a ella desviando todas sus balas.

−Lamento tener que derrotarte, sobretodo porque somos pocas las mujeres que nos aventuramos a este juego… pero la vida es así.

−¿Quién diablo eres? –preguntó la peliplateada cargando su rifle sigilosamente.

−Tu peor pesadilla –Asuna sonrió, ni siquiera apuntó con su Walther P99 cuando le disparó derrotándola en el acto.

El cartel que rezaba Dead apareció tras su cuerpo caído. Minimizó su espada y la colgó de su cintura, observó lo que la víctima había dejado y tomó la granada de humo y la guardó en su inventario. Repentinamente sujetó su revólver y se giró enfrentando el imponente bosque. Sus ojos escaneaban de izquierda a derecha mientras apuntaba.

−¿Por qué estás siguiéndome? –preguntó al aire.

−¿Por qué más puede ser? –la inconfundible voz resonó cansina antes de que la silueta agraciada de la pelinegra apareciera de entre los árboles –Llevo buscándote por todo el mapa.

−Yo no he podido ver tu ubicación –no dejó de apuntarle.

−No quería que me vieras− respondió simplemente −¿Podemos hablar? Creo que nos debemos una conversación…−manifestó y alzó sus manos demostrando que estaba desarmado –Vine en son de paz.

−Quieres ganar este torneo ¿piensas que voy a creerte?

−¿Cuándo empezamos a desconfiar del otro? –murmuró con decepción.

−¿Quizás desde el día que decidiste meterte a trabajar aquí y ocultarme el motivo real?

−Escuchas lo que dices, ¡Yui me puso al tanto de lo que habías hecho! ¿Sabes que ella te echa de menos en ALO, dónde prometiste cuidarla? ¿Sabes que permanecer aquí es peligroso? Además yo te avisé que entraría a otro VRMMO por tiempo indefinido. Tú me mentiste.

−Yui puede cuidarse sola y yo también. No te mentí.

−Ha habido muertes en el juego, Asuna…

−Lo sé, creo que Ataúd Risueño está detrás de todo eso

−¿Cómo…? –aventuró espantado.

−Mi padre me lo dijo…− Kirito la veía con la boca ligeramente entreabierta –Fue él quien me obsequió este juego.

−¿Y nunca pensaste decírmelo?

Eso avivó el fuego casi extinto del enojo de la bella muchacha −¿Qué hay de ti? ¿Cuándo ibas a decirme que estabas aquí ganando fama y renombre?

−No vine a este juego a ganar absolutamente nada –él también se estaba molestando –Seijiro Kikuoka me contrató para investigar los asesinatos que estaban ocurriendo dentro de GGO, esa es toda la razón.

El silencio siguió a sus palabras, y fue tan intenso que ninguno habló por varios minutos.

−¿Entiendes la gravedad del asunto? No quiero que estés aquí, corres peligro y me volvería loco si algo llegara a pasarte.

Ella no respondió, se mordió el labio antes de volver a apuntarle con su arma –No me voy a dar por vencida, me gusta este juego.

−A mí no me hace gracia que este aquí, llamando la atención, y que toda esa turba de hombres se muestre desesperado por ti.

La pelirroja no supo si reír o quedarse seria.

−Asuna… −el muchacho se acercó hasta que estuvo a escasos diez centímetros. Sin rozarla, solo viéndola de frente.

Ella alzó la barbilla –En este juego Asuna no existe. Soy Anna the princess

Empero Kirito alzó la cabeza hacia ella y rápido, tomó su rostro entre las manos y la besó; raudo y violento; mordiendo su labio inferior para que aceptara y retribuyera su beso. Lo que la joven hizo tímidamente, pero sin abrazarlo. Sin imponer un mínimo de contacto entre ambos.

La caricia se extendió por varios segundos. Un beso brusco, con sabor a petróleo y traición. Ojos de amatista y ámbar unidos sin parpadear, como si temieran que en el momento de cerrar los ojos el otro atacaría.

Kirito interrumpió el beso sorprendido cuando sintió el cañón frío del arma contra su cuello.

−Te dije que estaba desarmado.

−Te dije que no me importaba nada, ni siquiera derrotarte.

−Sal de este juego Asuna, por favor− intentó nuevamente.

Ella negó con la cabeza sacudiendo su corto cabello de fuego – No lo haré, Jaque Kirito-kun…− sonrió con malicia presionando su Walther P99 contra la nívea garganta de ese precioso avatar de piel blanca y cabello de ébano.

Pero Kirito era más rápido y en un abrir y cerrar de ojos, apuntó también su FN five-seven directo en el estómago de la chica, y la recargó sin dudar.

−No podría investigar sabiendo que estás aquí a merced de ese loco…− le susurró y mantuvo sus ojos amatista en los sorprendidos ojos de la pelirroja –Jaque mate− Sin darle oportunidad a réplica apretó el gatillo; el sonido siseante de la bala rompiendo el infame silencio jamás podría quitárselo de la cabeza. Salió sin problemas del corto cañón y se enterró rauda en el cuerpo femenino, quien de inmediato se desplomó contra su hombro. Pero necesitaba rematar su acción, y lo sabía –Te amo –le susurró contra el oído y volvió a dispararle dos veces.

La Walther P99 cayó al suelo, así como el cuerpo sin vida de Asuna. Kirito se apretó los parpados y profirió un grito ahogado en la soledad del bosque. Sus ojos estaban llenos de lágrimas contenidas que se negó a soltar.


Nota:

Tengo tanto para decir y… aquí son las tres y treinta am… me dormí varias veces intentando acabar esto hoy…

(Nota mental: NO volver a imaginar tantas cosas para un capitulo)

Jelou! Buenos días –tardes- noches lo que sea allí donde viven! Aquí estoy trayendo la segunda parte de este reto que dimos a llamar 'Asuna en GGO'. Sip, sé que me demoré muchísimo en traer el segundo capítulo de este fic, no tengo excusa… aunque escribir este larguísimo cap si ha sido bastante caótico para mí. Sobretodo porque tenía la escena de Kirito matando a Asuna dentro de GGO desde que idee la idea de este fic, y quería que ese fuera el final del segundo cap (o sea de este) claro… para llegar a ese punto en la trama debían pasar miles de cosas que yo no había tomado en cuenta. He ahí la razón de porqué me he tardado tanto.

Bueno, esto es una especie de Universo Alterno, si bien intento respetar la mayoría de las cosas que han pasado, algunas se me fueron de las manos. Y tuve que sentarme a ver GGO en estos días para refrescarme la memoria.

Estarán preguntándose cuantos capítulos le queda a este fic? Pues serán cuatro partes en total, así que restan dos más.

Tenía más cosas para decir, pero sinceramente mi mente no coordina xD Me propuse actualizar este fic el martes 01, y lo hice!

Gracias por leer! Pido perdón por algún errorcillo gramatical.

Os adoro con mi alma.

Sumi~