Capítulo 1
Los personajes no son mios, son de S. Meyer, la historia es de Jaid Black, yo solo adapto.
Es una historia +18, por lenguaje explicito.
Espero la disfruten….
Bella aceptó vacilantemente la mano de Edward, sentía la boca seca como un estropajo. Enlazó sus grandes dedos con los suyos y la condujo hacia el aeroplano privado de la empresa, ni en sueños habría esperado que tuvieran una verdadera luna de miel. Se había sorprendido mucho, y sobre todo se había preocupado cuando una hora después de casarse, su marido le había comunicado que se dirigían hacia la isla tropical que poseía en Costa Rica y que permanecerían allí dos meses.
El plan resultaba excitante, pero también sobrecogedor.
Nadie podría oír sus gritos si él tenía intención de hacerle daño.
Si se dejaba guiar por la lógica, él no parecía el tipo de persona que disfrutase haciendo daño a los demás, pero por otra parte, ¿Y ella qué sabía?. Apenas lo conocía, además, pensó malhumoradamente, Edward creía que había estado confabulada con su padre, no creía que las escasas palabras con las que había intentado defenderse en su oficina, palabras que habían llegado cinco años tarde, hubieran supuesto alguna diferencia.
Suspiró, preguntándose otra vez qué tendría pensado hacer con ella.
Y, maldita sea, de todos modos, no existía ninguna forma de luchar contra él. Verdaderamente, Edward había convertido su sumisión en una parte legal de su matrimonio, la había obligado a firmar una declaración jurada, en la que bajo pena de expulsar a su familia de la casa familiar, ella se comprometía a obedecerlo ciegamente. Legalmente, recordó apretando los dientes, ni siquiera podría levantarle la voz sin que castigase a los suyos.
Se le ensancharon las aletas de la nariz, había creído que en una semana su familia se encontraría en la calle, al contrario de lo que pensaba Edward, ella nunca había sido del tipo dulce y sumiso. Las mujeres dulces y sumisas no podrían dirigir con eficacia compañías que manejan millones de dólares y ella lo había hecho eficazmente antes de la absorción. El problema estaba en que su padre antes de su muerte había tomado un montón de decisiones económicas absurdas, y esto casi había agotado el capital.
Aunque seguro que su marido ya lo sabía, se preguntaba si eso no sería parte del aliciente de casarse con ella, la ocasión de someter por la fuerza a una mujer fuerte e independiente que después de haber sangrado sus efectivos hasta agotarlos no podría luchar contra él durante mucho tiempo.
Treinta minutos más tarde, el avión había despegado y les habían servido unos cócteles. Bella se sentó en su asiento frente a su nuevo marido bebiendo una margarita, miró por la ventana, observando distraídamente las nubes que pasaban a su lado, demasiado nerviosa para establecer contacto visual con el hombre que ostentaba semejante poder sobre ella.
-Tienes unos pechos espléndidos-, murmuró Edward, consiguiendo su total atención, los ojos abiertos como platos. No esperaba que fuera tan directo, aunque ahora ya tenía una pista, ser directo formaba parte de su naturaleza. -Puedo ver cómo tus pezones se yerguen bajo la blusa- observó como ella se despejaba la garganta nerviosamente y apartaba la mirada, -¿Es por el frío, la excitación, o son las dos cosas?-
Excitación, pensó, retorciéndose un poco en su asiento. –Frío-, susurró.
Bella cerró los ojos brevemente, cogiendo fuerzas. Aunque pareciese una idea perversa y estúpida, su cuerpo siempre había respondido naturalmente al hombre sombrío y prohibido que se sentaba enfrente. Era como si los dioses hubieran creado su cuerpo con el único propósito de deleitarse con Edward Anthony Cullen Masen. Ningún otro hombre conseguía que se pusiere caliente sólo con unas palabras o una simple mirada, ninguno, sólo Edward.
Odiaba admitirlo, pero parecía más peligroso y atractivo que nunca, todavía llevaba el mismo traje negro italiano con el que se casaron, estaba tan atractivo con el pelo castaño despeinado y con la corbata suelta colgando descuidadamente de su cuello...
Su atlética musculatura se marcaba incluso bajo la ropa que cubría su cuerpo, sus ojos eran de un azul profundo e intenso, las líneas de la risa en las comisuras contrastando brutalmente con la dura expresión de su rostro.
-Entonces tendré que ponerle remedio-, dijo suavemente, removiendo el brandy en el vaso, -Quiero que mi mujer esté siempre derritiéndose por mí, muriéndose por mi polla-
Bella se quedó sin respiración, terriblemente excitada, era demasiado. A su líbido no le importaba que lo único que Edward deseara de ella fuera venganza, este seguía siendo el hombre con el que había soñado secretamente casi toda su vida.
Ya estaba excitada, reconoció. Si la tocaba probablemente estallaría sólo con su contacto, respiró profundamente, pues no deseaba avergonzarse sucumbiendo tan pronto. Después de todo, el hombre que había anhelado durante tantos años era el mismo que le había arrebatado las riendas de su vida, debía tener esto presente.
-Sácate la ropa-, ella abrió los ojos de par en par, levantó la cabeza de golpe topándose con su mirada atenta, -¿Q-Qué?- musitó sin aliento, sentía como si el corazón fuese a salírsele del pecho. ¡Vaya!, no perdía el tiempo con preliminares. Increíblemente, su mirada se intensificó aún más, -Sácate la ropa-, repitió.
-P-Pero la tripulación...-
-La ropa-, dijo suavemente, recordándole con la mirada el acuerdo matrimonial, -Quítatela-.
Bella contuvo el aliento, nunca había permitido que un hombre la viera desnuda a plena luz del día, plantearse hacerlo era lo más espantoso que podía imaginarse. Pero, paradójicamente, también era lo más excitante. ¡Ojalá su libido no actuase por su cuenta! Edward deseaba venganza, no a ella.
-Estoy esperando-, murmuró. -Quiero ver desnudos esos duros pezones sin nada que me estorbe la vista-, ella se atragantó con la margarita, después dejo el vaso, vaciló un momento, pero inevitablemente se levantó y se dispuso a desnudarse. En realidad no tenía otra opción, se recordó Bella. Tendría que obedecer mientras pudiese o por lo menos hasta que encontrase una manera de salir de este lío, si existía alguna.
-¿Te puedes dar la vuelta?-, pidió tímidamente, bajando la cabeza avergonzada, -¿Por favor?-
-No-. Edward tomó su brandy y se arrellanó en el asiento. Bella alzó la mirada, sorprendida por la obvia excitación de su voz, luego volvió a bajarla inmediatamente, observando el bulto prominente en sus pantalones, -Quiero mirar a mi esposa, no la trasera del jodido avión-, dijo con voz pastosa. Ella se mordió el labio, el recuerdo de su padre diciéndole que necesitaba perder peso, que era demasiado gorda y desagradable, inundaba su memoria. Vete al gimnasio y haz ejercicio, le había dicho Charlie en varias ocasiones, Nunca cazarás un marido tal y como estás.
-No tengo mucho que mirar-, susurró. -... No estoy intentando retractarme de nuestro acuerdo, pero yo...-
-Creo que tienes mucho que mirar-, interrumpió él, sorprendiéndola. -Ahora demuéstramelo, esos pezones ahora son míos... y ese coño sólo me pertenece a mí, quiero verlos-
Inspiró profundamente intentando tranquilizarse, sus palabras la habían excitado más que sentir las manos de diez hombres acariciando a la vez todo su cuerpo. No deseaba sentirse atraída por él, vistas las circunstancias de su matrimonio, pero lo estaba. Era difícil no sentirse atraída por un hombre tan atractivo que, conscientemente o no, conseguía que se sintiese hermosa.
Bella inclinó la cabeza y comenzó a quitarse la ropa lentamente, evitó cuidadosamente mirarlo, pero podía sentir como su mirada intensa devoraba sus pezones mientras se quitaba primero la blusa blanca de seda y a continuación el sujetador blanco de encaje.
Agarró sus pechos con las manos y usó los pulgares para restregarle los dilatados pezones, -Preciosos-, murmuró con voz densa. -Tienes unos pezones grandes y alargados, perfectos para chupar-.
Ella apretó los muslos con fuerza y expulsó el aliento, su boca estaba tan cerca que podía sentir su aliento cálido en los pezones, -G-Gracias-.
Comenzó a lamerla sin piedad, sorprendiéndola, y obligándola a jadear, fue turnándose entre sus pechos, lamiendo lentamente la aureola de cada pezón para luego chupar la punta con toda la boca.
Bella lloriqueó, sentía debilidad en las piernas, como si fuesen de mantequilla, el endureció la lengua alrededor de su pezón izquierdo y lo atrajo al calor de su boca, gimió suavemente cuando sus labios lo apresaron, y cuando comenzó a succionar no pudo evitar hundir instintivamente las manos en su pelo oscuro.
Edward pasó los diez minutos siguientes colmando sus tetas de atenciones, chupó un pezón durante un par de minutos, después cambió al otro e hizo lo mismo, luego repitió el proceso una y otra vez, y una vez más hasta que ella se aferró a él sin aliento.
Él levantó la cabeza de su pecho, con los párpados entornados, -Ahora el resto-, murmuró posesivamente, -Enséñame ese maravilloso coño, ahora me pertenece-.
Jadeando y con los pezones hinchados y doloridos, Bella obedeció, retrocedió un paso y con manos temblorosas alcanzó la cremallera trasera de la minifalda blanca, al desabrocharse, bajó la vista a sus pechos y comprobó que sus pezones estaban enrojecidos y dilatados. Se podía ver el débil borde de las marcas de los dientes, y esta visión hizo que se humedeciese aún más.
-Ahora quítate las bragas-, dijo Edward roncamente cuando la falda se deslizó hacia abajo enroscándose a sus pies, -Quiero verte completamente desnuda, vestida sólo con los tacones-
Las bragas blancas de seda cayeron a continuación, uniéndose con rapidez a la ropa que estaba en el suelo, oyó como Edward suspiraba y no estaba muy segura de cómo interpretar ese sonido, se mordió el labio inferior, sintiéndose de nuevo avergonzada e insegura de su cuerpo. ¿Estaba excitado o irritado? No sabría decirlo, no debería importarle.
¿Te depilas completamente el coño?-, dijo él con voz ronca,
-¿Siempre lo has tenido rasurado?-
Ella asintió, todavía demasiado avergonzada para mirarlo a los ojos.
-¿Por qué?-, murmuró él. -¿Te gusta lo sensible que se vuelve cuando te masturbas?-
Su cara enrojeció súbitamente, dándole la respuesta, desvió la mirada.
-Demuéstramelo-, ordenó con voz arrogante y posesiva, -Siéntate, separa las piernas, y demuéstrame cuánto te gusta tocarte-.
-Edward ... -
-Demuéstramelo-, la cortó, interrumpiendo su protesta, -Tu coño ahora me pertenece, Bella. De ahora en adelante, lo usarás sólo para complacer a tu marido, no para ti misma-.
Luchó por recuperar el aliento, este hombre tenía el don de la palabra, Bella sabía que ésta iba a ser la masturbación más corta de su vida pues ya estaba a punto de correrse, -De acuerdo-, susurró.
Sentada enfrente de él, Bella abrió las piernas de par en par colocando una sobre cada reposabrazos, podía sentir su mirada penetrante clavada descaradamente en su sexo expuesto, una mirada que la marcaba como hierro candente.
-Tócate-, dijo con voz pastosa, el se desabrochó los pantalones y liberó su erección de la prisión en que se encontraba, era larga y gruesa, con una vena que se marcaba en el medio, de la raíz a la cabeza, -Juega con tu coño para mí-
Bella deslizó los dedos hacia abajo hasta encontrar el clítoris, se mordió el labio al ver como la contemplaba con la mirada entornada, cerró los ojos y comenzó a manipular su clítoris, frotándolo circularmente hasta que su respiración se fue volviendo más y más pesada.
-Muy bien, buena chica-, dijo con tono grave. -Sigue frotándote el coño para mí, de ahora en adelante tendrás que pedirme permiso antes de acariciarte, ¿Lo entiendes, Bella?-
En algún recóndito lugar de su mente febril encontró las fuerzas necesarias para asentir.
-Este coño ahora es mío-, le recordó posesivamente, -Y nadie lo tocará sin antes pedir permiso a su dueño-.
Bella jadeó y la pasión se arremolinó en su interior formando un nudo en su vientre. Continuó restregando los dedos sobre su chocho mojado, el clítoris hinchado le palpitaba clamando por la culminación.
Oyó entrar al ayudante personal de Edward y por un momento, acarició la idea de parar, pero sabía que eso no le gustaría a su marido. Continuó masturbándose, más allá del límite en que podría importarle si alguien la miraba, es más, saber que otro hombre la estaba observando sin que ella lo viese, ya que tenía los ojos cerrados, hacía que se excitase aún más si cabe. Se acarició más fuerte y un quejido suave escapó de sus labios.
-Espléndido-, murmuró Edward con voz excitada, -Exquisito-
Se corrió con un gemido ruidoso, sintiendo como la sangre encendía su cara; Los pezones disparados hacia fuera, dilatados e hinchados, su aliento entrecortado y jadeante.
-Eso será todo por ahora-, oyó que Edward murmuraba a Jake, su auxiliar, abrió los ojos y observó como su marido aceptaba una copa de brandy, -No necesitaremos más de tus servicios hasta que el avión aterrice-
-Por supuesto, Sr. Cullen-.
Jake se retiró con expresión impasible, pero el bulto de sus pantalones contaba otra historia, Edward entrecerró los ojos y la miró, diciéndole sin palabras que no consentiría que mirase la ingle de su ayudante.
¿Entonces por qué permitió que su ayudante mirase como se masturbaba? se preguntó vacilante, sin embargo, se dio cuenta de que ya sabía la respuesta, Edward probablemente había querido exhibir su posesión ante un varón inferior, otra muestra de dominación sobre ella. No sabía si sentirse insultada o adulada por el hecho de que él la encontrase digna de exhibición.
-No vuelvas a mirar nunca el pene de otro hombre-, dijo su marido con desaprobación. -No me gusta cómo me hace sentir-.
Ella abrió los ojos de par en par, sorprendida por el hecho de que él hubiese confesado tanto, se despejó la garganta y desvió la mirada. -Lo siento-, murmuró. -¿Ya puedo cerrar las piernas?-
-No-, se arrellanó en su asiento y acercó el brandy a los labios,
-Estoy gozando de las vistas-, dijo descaradamente.
Bella se ruborizó, -¿Por qué permitiste que Jake entrara aquí y me mirara si no querías que me fijara en su reacción?-. Lo observó con atención, -¿Cómo esperabas que reaccionara?-
Él sonrió levemente, -¿Sinceramente?-, ella asintió con lentitud.
-La verdad es que no me di cuenta de que había entrado hasta que era demasiado tarde. Cuando se excitó... -, su voz se fue apagando y su mandíbula se endureció. -No me gustó y cuando notaste su erección-, murmuró, -me puse celoso, no provoques mis celos otra vez, por favor-.
Bella sintió que el corazón se le salía del pecho. ¿Por qué era tan sincero con ella? Y sobre todo, se preguntaba, ¿Por qué estaba celoso? Dadas las circunstancias, lo lógico sería pensar que Edward habría gozado al avergonzarla delante de cualquiera, este hombre era un enigma que tardaría mucho tiempo en descifrar.
Bella expulsó el aliento, le había sorprendido que Edward Anthony Cullen Masen hubiese admitido una debilidad, dos veces en cinco minutos. Nunca habría esperado que se mostrase vulnerable tan pronto, o nunca.
-Gracias por contestar a mi pregunta-, susurró, desviando la mirada, confundida.
-De nada-, Bella se quedó allí sentada unos quince minutos, con el coño desnudo y expuesto para su marido, sus pies calzados con los tacones altos colgando de cada uno de los reposabrazos del asiento. Su mirada azul intenso no se apartaba de su carne, simplemente estaba allí sentado, bebiendo su brandy y memorizando cada uno de los rincones de su coño.
De vez en cuando, Bella dirigía la mirada ambarina hacia su pene hinchado, que aún la inquietaba más que su propio deseo. Asumió que él estaba disfrutando su excitación, sin ninguna prisa por llegar al orgasmo, sin embargo, su necesidad asumió el control.
-Chúpamela-, ordenó con voz pastosa, -Arrodíllate a mis pies y chúpame la polla-. Con los ojos como platos, Bella se mordió el labio, por un momento vaciló, pero al final, y en virtud de su contrato legal, obedeció sin protestar.
Cerró las piernas y se puso de pie, después se arrodilló delante de él, con los rizos dorados cayendo en cascada sobre su espalda, lo tomó en su boca sin ceremonias, el sonido de su respiración entrecortada le provocó un nudo de deseo en el vientre.
-Muy bien, pequeña-, gruñó Edward roncamente, y sus dedos se enroscaron en su pelo, -Tómate tu tiempo aprendiendo a conocerla, chúpala como si fuese un chupachúps-.
Ella hizo lo que le mandaba, había hecho mamadas antes, pero su intención siempre había sido excitar al hombre para follar, esta era la primera vez que se demoraba, lamiendo su polla de arriba a abajo, familiarizándose con él, desde la vena abultada, hasta el minúsculo agujero en lo alto del capullo. Edward acunó su cara entre las palmas todo el tiempo, observando simplemente como se familiarizaba con su verga, no intentó obligarla a ir más rápido, sino que permitió que lo explorara a placer.
Bella engulló su polla hasta la garganta y sus pezones se endurecieron con el sonido de su gruñido, sus dedos se ocuparon de masajearle las pelotas, enredándose entre sus rizos.
-Ahora voy a follarte la cara-, masculló. -Ya no puedo más, nena, se acabaron los jugueteos-.
Edward se levantó de su asiento, cuidando que sus labios no soltaran su polla en ningún momento, la agarró por la parte de atrás de la cabeza e introdujo la verga en su boca tan profundamente como pudo, gimiendo al sentir sus labios contra sus testículos.
-Eso es-, dijo roncamente, y sus músculos se tensaron mientras zambullía la verga tiesa en su boca, metiéndola y sacándola, una y otra vez, -Métetela toda-.
Bella gimió con la boca llena, notando como su polla se inflamaba más y más, el comenzó a cabalgar dentro de su boca más y más rápido, apretando y contrayendo las nalgas mientras le follaba la cara.
-Cómeme toda la polla-, gruñó y bombeó adentro y afuera, más rápido y más duro, mientras el sonido de la saliva y los labios en contacto con su carne dura invadía la cabina, -Demuéstrame cuánto disfrutas atiborrándote con mi polla-, Bella gruñó contra su virilidad y luego pasó a la acción, le comió la polla más y más rápido, más profundo y más duro, meneando la cabeza adelante y atrás mientras lo absorbía hasta perder el sentido.
Sus músculos se tensaron y su respiración se hizo más trabajosa, -Te voy a inundar con mi leche, pequeña-, masculló fuera de control, sus caderas rebotaron adelante y atrás, golpeándola en cada embestida, -Trágatelo todo-, dijo roncamente.
Ella lo abarcó en toda su longitud, empujando glotonamente el glande hasta casi tocar el fondo de su garganta, profundamente, con movimientos expertos, gimió contra su pene hinchado, gozando del poder que sintió cuando sus dedos se tensaron más en su pelo y él comenzó a gemir totalmente descontrolado.
-Bébetelo-, gimió, mientras todo su cuerpo se estremecía, -Trágatelo todo, hasta el fondo-.
Edward se corrió con un fuerte bramido y ese gruñido atronador retumbó por toda la cabina del aeroplano. Con movimientos regulares, Bella mantuvo el ritmo con la cabeza, y sus labios extrajeron hasta la última gota de semen que pudieron obtener. Implacable en su succión, mantuvo el ritmo febril hasta que lo drenó del todo, hasta dejarlo completamente agotado y saciado.
Resollando, él se derrumbó en su asiento porque ya no podía sostenerse más tiempo en pie, -Chúpame las pelotas-, dijo roncamente, acunando su cara de nuevo, y empujándola hacia su entrepierna, -Me relaja-.
Bella hizo lo que le ordenaba, aunque no surtió el efecto que él había pretendido, unos minutos después, su polla volvía a estar tiesa e hinchada, preparada de nuevo para que se la mamase. Le dio todo lo que quiso, ordeñándolo una vez más hasta que se derrumbó por completo y cayó dormido.
Permaneció arrodillada a sus pies mientras él dormía, besando suavemente sus testículos agotados. Intuyó que eso era lo que deseaba Edward, también intuyó que, por alguna razón, él necesitaba tener esa intimidad con ella, se diese cuenta o no.
Edward durmió casi tranquilamente durante lo que quedaba de viaje hasta la isla privada, despertaba de vez en cuando, como si temiese que lo hubiera abandonado, sin embargo la agarraba con satisfacción por la nuca y se volvía a dormir tan pronto como sentía sus labios abrazando sus huevos, mimándolo.
Bella se preguntó inútilmente por qué seguía arrodillada delante de él, con sus pelotas en la boca; Se consoló pensando que no tenía otra elección, pues no quería enfrentar la realidad: había deseado a Edward Cullen tan desesperadamente, como, por alguna extraña razón, él la deseaba a ella.
Aquí está el primer cap. Para que se den una idea de cómo prosigue la historia, no tendrá muchos caps, es una historia pequeña, a lo mucho 5-6 y el epilogo…
Espero les haya gustado, amo a este Edward, es tan mandón, pero tan fogoso y lo que falta.
Saludos
Saydiss…!
