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proyecto: paparazzi
capítulo uno
—¿Qué estás haciendo, niña?
Una sonrisa socarrona decoró el inmaculado rostro de la chica mientras ignoraba los gritos sin sentido de esa mujer histérica que se pasaba el día y la noche diciéndole lo que tenía y no podía hacer. Tomó una segunda cucharada del cremoso helado de vainilla que había tenido que llevar durante toda la sesión de fotos de esa mañana, para inmediatamente, cerrar los ojos y disfrutar, no del sabor, sino de la satisfacción de hacerle cabrear, era un pequeño placer después de aguantarla durante toda la maldita mañana y parte de la tarde.
Y volvió a gritar.
Esa mujer amaba gritar tanto como ella amaba hacerla gritar.
Pero claro, todo placer tiene su fin y ese no iba a ser una excepción, pues no tardó ni medio minuto en utilizar la misma cantinela de siempre: que si ella estaba allí era gracias a la maldita histérica.
—¿No es obvio, Nia? —suspiró y mantuvo los ojos cerrados durante unos segundos para serenarse, lo que menos quería era armar una discusión, pero el sabor del helado ya había desaparecido e incluso notaba como este se escurría entre sus dedos y no había nada mejor que hacer—: Estoy comiendo.
Nia le lanzó una mirada asesina y le arrebató la copa de helado que dejó caer en la mesa anexo sin ningún tipo de cuidado. Estaba segurísima que todo tendría un aspecto asqueroso en breve.
—No puedes comértelo.
—¿Por qué no? —quería jugar, parecer inocente, pero no estaba funcionando—. Es de verdad y está rico.
—Es un spot publicitario, no puedes comerte todo lo que te ofrezcan.
—Pues yo creo que sí, especialmente si se trata de helado, ¿quieres que manche esta ropa de cientos de dólares?
Sabía lo que Nia iba a decir antes de que lo dijera, así que se deslizó fuera de ese asiento tan incómodo y bonito para enfrentarla. El cuerpo le dolía horrores, demasiadas horas en la misma postura y esos estúpidos tacones de vértigo no ayudaban en nada, casi podía sentir las punzadas directas en la columna vertebral, ¿dónde estaban sus vacaciones? Vale que era modelo, ¡pero se merecía descansar!
Justo en ese instante las puertas se abrieron de golpe dejando pasar a un hombre corpulento de unos treintaitantos años que sonrió al ver a las dos mujeres allí como si pudiera imaginar la conversación tan amistosa que habían vivido.
—¿De nuevo discutiendo? ¿Qué has hecho esta vez, Lexa?
—Comer helado —se encogió de hombros.
Nia sacudió la cabeza de un lado a otro, era como hablar con una niña de cinco años que se tapaba los oídos mientras canturreaba para no escuchar nada: un quebradero de cabeza innecesario. Había días que se preguntaba si pasaba algo por cruzarle la cara, luego recordaba que si lo hacía podía dejar alguna marca y esa cara bonita le daba dinero.
—¿Hemos terminado? Si no recuerdo mal el director…
—En una hora tienes la entrevista con los diseñadores para dar el visto bueno a tus nuevos diseños, Lexa.
Lexa frunció el ceño disgustada, aguantar a una panda de lameculos diciéndole lo maravillosamente bien que habían quedado sus diseños cuando sabían perfectamente que ella no los había pintado, era tan agradable como tirarse de un rascacielo.
Oh, quizá eso sí era agradable, vista la situación.
No, tirar a Nia era un mejor plan.
Cuando quería tenía una imaginación muy detallada, como en esa ocasión, su cabeza no tardó ni un segundo en recrear esa escena, ahí estaba ella, Heda, vestida con sus trajes más peculiares, con su cabello trenzado y su rostro decorado con un maquillaje extravagante tal y como a ella le gustaba, sin olvidar claro está, el lugar y la gran ventana con Nia asustada suplicando por su vida, ¿cómo sería? ¿un empujón o una patada?
—¿Lexa?
—Déjalo, Roan, es una niña malcriada que no sabe lo que tiene, hasta que lo pierde y como siga así…
—Querida Nia —se recuperó Lexa, una sonrisa falsa se dibujó en su rostro mientras que sus ojos lanzaban flechas envenenadas—, estaré allí, soy Heda, la imagen de Grounders, nunca fallo.
Roan asintió aliviado, Nia en cambio masculló algo, pero Lexa no le prestó más atención, iba a marcharse ahora mismo a su apartamento a cambiarse de ropa y, si era posible, a darse una larga y relajante ducha.
—Has engordado.
Lo que le faltaba por escuchar ese día, una cosa es que ella actuara como la marioneta de Nia porque no le quedaba más remedio, pero otra cosa bien distinta es que fuese una estúpida sumisa las veinticuatro horas del día.
—¿Sabes con quién estás hablando, Nia? —la encaró, no estaba gritando, era mucho peor, pensó Roan—. Soy Lexa Woods, es gracias a mi padre que respiras el mismo aire que yo.
—Tu padre está muerto, la puta de tu madre no está contigo, si no fuera por mí te estarías pudriendo en la calle.
Lexa se acercó con una tranquilidad inquietante, la seriedad que decoraba su rostro era una simple fachada, pero con ella conseguía su propósito. Cuando estuvo lo suficientemente cerca le dio un rodillazo en el estómago, Nia se encogió por el dolor y Lexa aprovechó esa oportunidad para clavar los dedos en ese moño tan feo que se había hecho esta mañana la histérica y tiró de él, obligando a Nia a que la mirara a la cara. Y sonrió, claro que lo hizo, tenía a esa loca entre sus manos, por primera vez se iba a permitir decirle unas cuantas cosas a la cara.
—Seré tu marioneta, pero recuerda una cosa: sin mí, Grounders se va a la mierda y tú con él, ¿me has entendido?
La soltó con desprecio sabiendo que más tarde se arrepentiría y salió de la sala con paso firme y con la cabeza bien alta. Era intocable o por lo menos así lo parecía, porque en cuanto las puertas se cerraron tras ella, se derrumbó. Cientos de lágrimas marcaron su perfecto rostro, destrozando el maquillaje tan bien elaborado que le habían puesto horas atrás, casi podía sentir el temblor de sus manos y sus piernas, pero no se permitió desfallecer allí, no cuando las paredes podían verla y cuchichear.
Estaba sola, no era una novedad.
El día no mejoró después de eso, la reunión con los diseñadores fue más aburrida de lo que esperaba y aunque no coincidió ni supo nada más de Nia, sabía que era cuestión de tiempo que la mujer le devolviera el golpe, así que, tras terminar la jornada, se dirigió directamente a su apartamento, apagó todos los teléfonos y se preparó un baño, no iba a salir de allí en unas horas.
O eso creía. Solo una persona tenía llaves de su apartamento y esa era Anya, su mejor amiga y un fastidio constante. Metió la cabeza bajo el agua y esperó a que apareciera. Quizá, si creía que estaba muerta, se iría.
No iba a pasar.
Tonta era si se lo pensaba realmente.
—Vas a ahogarte, que dramático.
No sacó la cabeza.
Anya bufó molesta.
Lexa quiso sonreír, pero no quería tragar agua.
—Tú lo has querido, Heda —oyó como algo caía en el suelo, ¿una chaqueta? ¿se estaba desnudando?
Su amiga metió las dos manos en el agua y la obligó a sacar la cabeza de la bañera, Lexa tardó un segundo en recuperarse. Se ve que había pasado demasiado tiempo en el agua.
—No me mires así, me pones nerviosa —escupió y se pasó una mano por el rostro, las manchas del maquillaje se diluían en el agua.
—¿Por qué no estás en la fiesta?
—Porque no quiero.
—Es el cumpleaños de Echo, no le va a sentar bien que no estés allí, Lex.
—Como si le importara...
Salió de la bañera y se acercó hasta el espejo para mirarse mejor, tenía ojeras que podía ocultar con el maquillaje, pero no había forma de hacer lo mismo con la tristeza que la embargaba, no sabía si era posible morir de eso, sin embargo, día que se hacía esa pregunta, día que dudaba si la respuesta era negativa.
—Te vendrá bien —su amiga estaba detrás de ella y la abrazó—. Quizá conozcas a alguien con quien desahogarte. Y si no, te emborrachas conmigo y con Gustus.
"¿Conocer a alguien? ¿Después de lo de…?"
—No creo que sea buena idea —se deshizo del abrazo y cogió el albornoz, a la mierda lo de pasarse horas metida en el agua, tenía frío y estaba dolorida, lo que quería era irse a dormir.
—Lo que no es buena idea es que estés amargada las veinticuatro horas del día por culpa de Nia. Eres Lexa, ¿es qué lo has olvidado?
—¡Ese es el problema! —estalló—. Que no me dejáis olvidarlo. En todos los sitios a los que voy, todos saben quien soy y esperan algo de mí, ¡nunca puedo ser simplemente yo!
Era un golpe bajo, pero surtió efecto. Anya no solo se calló, también se fue. Lexa no tardó mucho rato en arrepentirse. Su amiga no tenía nada que ver con sus cabreos diarios, ni se los merecía. Ella había venido para consolarla y llevarla a alguna fiesta, podría haber sido una discoteca normal y corriente o el pub de siempre.
Se puso un vestido liso, blanco crudo, y cogió los primeros zapatos que encontró en el armario. Tras echarse un poco de maquillaje y dejar que su pelo se secara al aire, llamó a un taxi, tras firmarle un autógrafo (como siempre), la llevó hasta la misma puerta del local. Había mucha gente en la entrada y rogó para que nadie la reconociera o le prestara más atención de la deseada.
—Heda —le saludó el gorila mientras le abría la puerta, sonrió para darle las gracias, pero el hombre no se fijó en ella ni un segundo más.
El lugar estaba tan atestado de caras desconocidas que no parecía el mismo local que frecuentaba, seguramente se debía a que Echo había pagado o dado invitaciones a cualquiera para así parecer que tenía más amigos con los que celebrar su cumpleaños, podría apostar todo lo que tenía a que la mayoría de allí ni siquiera sabían el motivo por el que tenían entrada gratis, casi quiso reír.
El barman le sirvió una copa de su bebida favorita y ella se dejó caer en uno de los sillones del fondo, reservados exclusivamente para ella, desde donde podía quiénes entraban y salían o a los idiotas que se fuesen a acercar, que había más de uno.
Llevaba dos copas y estaba a punto de largarse cuando la vió. Normalmente no se fijaba en alguien más de un segundo porque siempre había él que creía que estaba coqueteando, pero había algo en esa persona que captó toda su atención y la obligó a no despegar la mirada, no estaba segura del que, seguramente sería lo extraña que parecía ahí, de pie, mirando a todas partes con gesto pensativo o el hecho de parecer un pez fuera del agua, como si ese mundo no le perteneciera y quisiera estar a kilómetros de distancia, y no pudiera. Lexa sonrió. Una pequeña sonrisa involuntaria apareció en su rostro, casi sin ser consciente de lo que hacía, soltó la copa y se levantó.
Era un error, esa chica perdida en ese mar de gente bien podría estar esperando a su novio o a sus amigos, no parecía alguien acostumbrado al lujo de ese local, ni a los típicos niñatos borrachos ni mucho menos a gente que en vez de bailar, se movían como si tuvieran un palo metido en el culo, más bien parecía alguien que prefería los lugares abiertos y tranquilos.
Lexa apartó los ojos de su rostro y se permitió admirar a la chica que llevaba puesto unos pantalones ajustados de cuero, imaginaba, una camiseta blanca bastante desgastada y una chaqueta con la que intentaba cubrir el desastre de su camiseta, soltó una pequeña carcajada, cada vez estaba más segura de que su presencia allí era un error y si cabía alguna duda, solo había que mirar su pelo, un moño recién hecho con manos inseguras del que intentaba tirar para soltar su cabello y así ocultarse todavía más.
Rio más alto, si es que era posible.
Se cubrió la boca con una mano y se dio la vuelta, entonces algo cambió, sintió la mirada de alguien en su nuca y un escalofrío recorrió todo su cuerpo, no podía ser ella, ¿verdad? Era imposible, había muchísima gente en la sala, la música no estaba a tope, pero tampoco tan baja como para haberla escuchado reír, ¿o sí?
"Media vuelta y lo compruebas".
"O si no, te diriges a tu asiento y te olvidas de ella".
—Hola… —se tensó y se volvió con lentitud sin saber muy bien qué esperar cuando la viera, porque estaba muy segura de que esa dulce voz le pertenecía—. ¿Te hago gracia?
—¿Qué?
—Me mirabas y te reías —explicó como quien explica una cuenta matemática a un niño de diez años. Parecía molesta—. ¿Y bien?
—No me… yo… lo siento muchísimo, es que… —o espabilaba o esa chica tan mona iba a creer que le faltaba un tornillo—. No pareces de aquí.
Lexa quería golpearse con algo urgentemente, nunca en la vida pensó que le fallaría su don de gente, maldita sea, esa chica tan mona no solo pensaría que era tonta, sino que estaba drogada.
La chica rubia le dio una sonrisa forzada mientras se deshacía del moño, su cabello rubio cayó en cascada sobre sus hombros y Lexa perdió completamente la capacidad de hablar, si hubiera un espejo allí o si estuviera en una comedia mala, estaría avergonzada, se estaba comportando como una niñata hormonada viendo una película porno.
Bueno, en su defensa, ver a esa chica mona quitándose una goma del pelo era mucho más excitante que una película porno barata.
"Que te centres, narices".
—¿Te molesta que alguien que no seas tú, se pasee por aquí? —los ojos de Lexa se abrieron como platos y se sonrojó de forma exagerada, en otras circunstancias habría mandado a la rubia a paseo, pero por algún que todavía no entendía, no era capaz de comportarse como una persona normal.
—¡No! Es solo que no te recuerdo. Soy asidua a este local, soy…
—Me da igual quien seas, no tienes ningún derecho a reírte en mi cara.
—¿No sabes quién soy? —preguntó esperanzada, pero la mueca de incredulidad en el rostro de la chica rubia le dijo que sí, que sí lo sabía.
—¿Por qué seas una modelo tengo que aguantarte? Joder, ¿todos aquí sois iguales de hipócritas?
—No que yo sepa —bromeó—. Ellos son peores.
—Pues vaya, he tenido suerte —se mordió el labio inferior y miró hacia atrás, Lexa supuso que estaba esperando a alguien, casi quiso marcharse de allí para no estorbar—. ¿Se bebe bien aquí? ¿Me invitas a algo?
Una sonrisa resplandeciente apareció en el rostro de Lexa que no dudó en guiar a su amiga tan peculiar a su asiento predilecto, no entendía qué estaba pasando por su cabeza para hacer lo que estaba haciendo, pero tampoco quería darle muchas vueltas, esa chica rubia parecía simpática y muy diferente a la gente estúpida con la que se rodeaba continuamente y con eso bastaba.
—¿No te gusta bailar? —le preguntó tras beber un sorbito de esa bebida verde que la morena le había entregado al segundo de volver de la barra.
La pregunta la pilló desprevenida.
—No parece que a ti te guste.
—¿Importa? —soltó la copa y observó a Lexa con ojo crítico mientras estaba le daba un sorbo a otra bebida parecida, pero de color azul—. Si te gusta bailar, baila. Yo te miro.
Se atragantó, la rubia la miró con gesto interrogativo, como si no entendiera que alguien pudiera ahogarse con un poquito de alcohol.
—Eres muy directa y todavía ni me has dicho cómo te llamas.
—Tú tampoco —sonrió—. Vale, es cierto. Sé quien eres y tú no sabes quien soy.
Lexa volvió a beber para así no abrir la boca y gritarle que no sabía quién era ella, que lo único que sabía era lo que los medios decían. Hoy estaba más susceptible de lo normal.
—Clarke. Me llamo Clarke —le ofreció la mano, Lexa sonrió y aceptó el saludo. En cuanto sus manos se rozaron, las dos sintieron una descarga vibrante desde la punta de los dedos hasta el último pelo de sus cabezas, Clarke quiso soltarla, pero Lexa no la dejó, tiró de ella para arrastrarla a su lado y así estar mucho más cerca. Quizá no lo bastante, pero se conformaría con poder sentir su cálida piel un rato más, su aliento rozando su rostro y su mirada nerviosa y confusa mientras intentaba procesar lo que Lexa estaba haciendo o queriendo hacer.
—Has dicho que sabes mi nombre —susurró deleitándose en cada una de las sílabas como queriendo transmitir un mensaje, casi quiso echarse a reír al ver el pánico en los ojos azules de Clarke—, pero deja que te lo diga.
Se acercó mucho más, Clarke tiró para librarse del agarre, pero estaba atrapada entre la pared y Lexa. Cerró los ojos por instinto al fijarse en los carnosos labios de Lexa, los mismos labios con los que había soñado desde que buscó su rostro en internet, pero esos labios nunca tocaron los suyos.
—Alessandra —susurró contra su oído, Clarke estaba muy tensa y Lexa soltó su mano para así alejarse de ella—: Lexa para ti.
Se sentó en el sillón que Clarke había dejado libre cuando ella la arrastró hasta su lado y tomó la copa verde de la chica para saborearla y así ocultar su sonrosado rostro de su vista acusadora. En cuanto Clarke se recuperó, es decir, su respiración volvió a la normalidad y sus ojos azules dejaron de brillar por la tensión del momento, clavó su mirada en una tranquila y relajada Lexa, que para Clarke, se estaba burlando interiormente de ella.
Quería vengarse.
Tomó la copa azul de la morena y bebió hasta terminar la copa, era embriagadora y olía igual que Lexa, era como probar sus labios.
Tosió, fuertemente.
Lexa soltó una risita antes de cubrir su rostro con la copa que casi estaba vacía, sin previo aviso, Clarke se incorporó y le arrebató la bebida verde para terminarla.
—Si lo quieres es emborracharte, déjame decirte, Clarke, que no es buena idea.
—No, lo que quería era… —se calló y sus mejillas, antes pálidas, estaban rojas como tomates, Lexa dejó de sonreír, todo atisbo de broma desapareció completamente, porque su estúpida cabeza imaginativa ya estaba maquinando las mil formas en la que esa estúpida frase podría terminar.
"No, lo que quería era probar el sabor de tus labios".
"No, lo que quería era ver si tus labios saben igual".
—Clarke.
La aludida alzó la cabeza, sus ojos brillaban a causa del alcohol, sus labios húmedos estaban entreabiertos, llamándola, y sus mejillas, eran de un tono rosa casi rojizo; se preguntó si sus otros labios tendrían ese mismo color y entonces supo que había perdido la batalla. Más tarde, se arrepentiría de haberlo hecho.
Casi de forma automática tomó el rostro de Clarke y unió sus labios en un profundo beso, donde sus lenguas tomaron el control absoluto. Lexa nunca había besado a alguien de esa manera, como si los labios de Clarke fueran un salvavidas y ella estuviera a punto de morir ahogada si no la besaba como si no hubiera un mañana. Era el maldito paraíso en el infierno. Era como probar un manjar de los dioses. No había palabras para describirlo. Clarke, en cambio, estaba paralizada de pies a cabeza, mientras que Lexa parecía sumergida en una nube de placer, pasión y felicidad, ella tenía los ojos azules abiertos como platos, mientras que su cuerpo empezaba a recuperarse de la confusión inicial para dejar paso a la tensión.
¿Qué estaba haciendo Lexa?
¿¡La estaba besando!?
Lexa, ajena a lo que ocurría en Clarke, se apartó unos centímetros para recuperar el aire, sus labios, sonrosados, estaban ligeramente hinchados y pedían a gritos los labios de Clarke, pero esta no estaba a la labor, en cuanto sintió que Lexa volvía a acercarse, la apartó como pudo y fue ahí cuando la morena recuperó el sentido común.
"Oh, mierda…"
Hola, otra vez. Este primer capítulo ya es algo más que una introducción ya que hemos podido conocer a Lexa y hemos sido testigos del encuentro entre ella y Clarke. Sé que quizá no es lo que esperabais, es mi primer Clexa AU y tal vez un poco de Ooc esté presente, intento mantener la esencia de los personajes, pero también quiero ver a dos chicas sintiendo al máximo.
En el siguiente capítulo ya podremos ver las consecuencias del beso. Clarke no parece muy contenta, ¿verdad? Bueno, veremos que pasa. Y no solo por parte de ella, ya hemos visto que Lexa encierra sus sentimientos muy bien cuando quiere.
Sobre las actualizaciones: uno o dos capítulos por semana tendréis seguro. Este lo he escrito entre ayer y hoy, así que más pronto que tarde tendréis el segundo.
PD: He modificado la portada. :)
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