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Año 1049. Tercera edad del sol.

Los últimos días de primavera apremian un último descanso. El verano se acerca y hay mucho que hacer, es por ellos que se a optado por un par de días para disfrutar de los parajes del bosque con tan hermosos colores y tan lleno de vida.

Es una pequeña comitiva, los dos príncipes, el rey y media docena de guardias. Una guardia anterior ha dado por limpio y seguro el camino. Gilwën jamás permitiría que alguien le hiciera daño a la familia real y se toma esas responsabilidades muy enserio.

Los dos palafranes se mueven al mismo compás disfrutando del buen ambiente y de la dulce música que la Nana de su pequeña emite poco más atrás.

Legolas lleva entre sus brazos a su muy inquieta hermana. La pequeña intenta observar todo cuanto puede ya que son muy difíciles esas salidas fuera del castillo, y cualquier indicio de libertad era para ella una aventura que quería realizar.

— ¡Eso, eso!- ríe emocionada mostrando un gran Búho que los mira desde un alto árbol. Legolas la toma de la cintura ya que está demasiado emocionada y no se queda tranquila sobre el lomo del caballo. Thranduil se ríe aun lado por la cara de disgusto de su hijo mayor.

— Venga entrégamela, no vayas a atacarla de pronto- suelta él rey estirando los brazos hacía su pequeña que ni siquiera le ha tomado en cuenta mientras mira embelesada el gran búho.

— Está bien- regaña el joven mientras la abraza contra sí y le sonríe a su padre cuando la pequeña suelta una risa encantadora acomodándose contra su hermano.- está cada vez más grande y algún día temo que no quiera que le abrace más.

— Si, dímelo a mí- regaña el rey mirándolo con acusación. El príncipe suelta una risa cálida y le acaricia el cabello a su hermanita que ahora tranquila se recuesta contra su pecho.

— Hermanito- suelta la pequeña de pronto y se gira con sus grandes ojos grises hacía el joven- ¿Puedo manejar?- pregunta tomándole las manos que llevaban las riendas. Usualmente no utiliza las riendas, ni el asiento, solo a pelo. Pero Lumya era tan intranquila que podía caerse si no había algo que la sujetara.

— No, si no queremos morir- le regaña su hermano con una suave risa, que hace que la pequeña le haga un mohín indignado.

— Cuéntame una historia entonces.- se cruza de brazos mirándole con altivez. Como si cada una de las palabras que dice debe ser ejecutada al acto, en especial hacía su hermano.

— Eres toda una tirana, ¿No?

— Por favor- gime con una mueca encantadora, de puchero y ojos caídos, que hace que su padre suelte un resoplido y él no pueda decirle que no.

— Manipuladora- suelta con una sonrisa mientras su hermanita le sonríe traviesa, feliz de haber ganado. -Está bien, está bien. ¿Qué quieres?

— Una de una princesa.

— No me sorprende.- el chico se golpea el mentón pensando- Humm está bien.

El siguiente tramo transcurre con el cuento de Legolas que emitiendo varias voces tiene completamente embelesada a su hermanita, que le mira asombrada mientras se aferra a su pequeño peluche que su nana había traído consigo.

— "… y de pronto. ¡Plash! Apareció el feo señor Troll mientras en sus manos hacía girar un par de cadenas feas y oscuras, su mirada desviada llena de odio. Golpeando al príncipe de improviso…"- la pequeña pego un saltó y se aferró con fuerza a su muñeco.- … "pero el príncipe listo e inteligente, solo tuvo molestarlo un poco más porque poco a poco el sol comenzaba a elevarse sobre las colinas"… - su hermanita soltó un alarido de felicidad. Él pudo escuchar a su padre reír un poco más atrás.

La risa de la pequeña, entusiasta e inocente era una de las cosas que más calor le daba a su alma, su sonrisa eterna y enorme mientras sus mejillas se tornaban de un peculiar color carmín.

Ser parte de la guardia del reino había sido su sueño desde pequeño, pero eran esas cosas como la risa de su hermanita o aquellos momentos en familia en que dejaría todo para estar con ellos.

—…"y es así como la hermosa princesa del reino vivió mucho, muchos años junto a su príncipe. Reinando con sabiduría y esperanza en sus corazones"- su hermanita soltó un largo suspiro encantado y él no pudo evitar reír por ver sus ojos centellando hacía la historia recién contada. Aferraba con fuerza el muñeco que le había regalado hacía algunos años atrás, que sucio y medio deshilachado era símbolo de guerra de quien osara tocarlo si quiera para lavarlo.

— Mi señor, ya estamos llegando- informo uno de los guardias acercando su caballo.

— Verificad el sector- ordeno su padre. Él tomo a su hermanita y se la tendió a su padre quien la aceptó gustoso.

— Me acercare.- informo mientras tomaba la crin del caballo para darle una orden. Su padre hizo un mohín molesto, pero estaba ya tan acostumbrado a eso que no dio mayor importancia mientras salía al galope con dos guardias más.

El día estaba siendo de lo más agradable. Había una pequeña mesa donde diversos manjares habían sido servidos. Había una docena de guardias cuidando los alrededores y Gilwën había llegado con su esposa para pasar un rato con ellos.

La mujer de este ultimó, hermosa, esbelta y muy embarazada. Había ido de inmediato detrás de Lumya, quien a gritos emocionados le había recibido. Gilwën al llegar había regañado un poco por traer a su esposa en esas condiciones, pero cuando había sabido, la elfa pelirroja había alzado un regaño apocalíptico por lo que había tenido que traerla. Aunque luego de unos momentos observándola todo regaño había concluido, para solo observarla.

La mujer con un extraño don había hecho llamar a una pequeña familia de ciervos y le enseñaba a Lumya a acariciar al pequeño cervatillo con cuidado. Su pequeña, encantada por el animal lo había abrazado en un ataque de felicidad espontanea espantando un poco a la familia, pero luego de calmarse el cervatillo había vuelto a acercarse para olisquear el cabello de su pequeña.

Desde lejos les miraba y un calor agradable le recogía el pecho al verlos. No había bálsamo más reconfortante que escuchar a Lumya reír, de saber que era feliz, de que estaba cumpliendo la promesa hecha a su esposa.

Gilwën había hecho poner una diana allá sobre uno de los árboles más lejos del claro. Junto a Legolas se preparaban para una tanda de tiro al blanco.

— Venga, venga, chico.- ordenó Gilwën mientras tensaba su arco impaciente. Legolas sonrió de lado, completamente consciente de su dominio superior.

— Los mayores primero- cedió su hijo con una sonrisa ladeada. Gilwën quien ese día llevaba la armadura completa y se había quitado varias piezas soltó un resoplido molesto.

— Presuntuoso igual que el padre- replica el hombre llamando su atención.

— ¿Qué has dicho?- pregunto él acercándose con una mueca.

— Nada, nada- responde tensando el arco con una sonrisa suficiente. Soltó la flecha con una precisión que no por nada era digna de ser su mano derecha. La flecha quedo directamente clavada en el círculo rojo del centro. Gilwën chasqueo la lengua y miro a su hijo con una sonrisita engreída.

Legolas, que no por nada había sido el campeón de los torneos los últimos quince años. Tomo su arco y una flecha, y sin tanto miramiento como Gilwën hizo caer la flecha en el centro mismo. Un movimiento tan elegante y natural que hasta el mismo Gilwën pareció estupefacto por un segundo antes de recordar que debía regañar.

— No ha sido tan malo querido- anunció la voz de Nëssal quien se acercaba con una sonrisa. Aferrada a una de sus manos Lumya venía llena de tierra una vez más, mientras su Nana Riëli movía la cabeza de un lado a otro como si no lograra comprender en que momento quedaba tan sucia.

— Iré por una túnica nueva, mi señora- le informa Riëli alejándose hacía los caballos que pastaban mucho más allá.

Lumya se liberó de la mano de su tía y corrió parándose a buena distancia de las flechas y arcos de repuesto, observándolos asombradas. Un par de mariposas llamaron su viva atención dejando las armas de lado y tranquilizándolo.

— ¿Cómo ha quedado el pobre cervatillo?- pregunto Gilwën a su esposa. Él sonríe mientras ve a Legolas alejarse hacía la diana.

— Sobrevivirá- rio la mujer.- demasiada energía está bien para una pequeña como ella.

— Lo bueno es que dormirá como un lirón esta noche.

— Esperemos que esta y un par más- respondió él.

Lumya tenía la mala tendencia de escaparse a dormir a camas ajenas desde la suya, a la de Legolas o a la de su Nana. En un principio había provocado un poco de caos, con el tiempo habían aprendido a preguntar primero y dar por comenzado la cacería después.

— ¿Crees que está en edad de comenzar su aprendizaje?- pregunto Nëssal con sutil delicadeza que no pasó desapercibida, ya que él era un poco renuente a dejar a su hija hacer algo más que corretear por los jardines.

— Un mes más- respondió frunciendo el ceño.

— Debes dejarla crecer, Thranduil- responde Gilwën con un bufido.- ya se ha atrasado como por cinco años. Y Tauriel está deseosa de tener una compañera con la que alegar de "esos chismes".

— No hay peligros más allá de las fronteras que realmente acechen el reino. Nada que a ella le sea de completa responsabilidad. No voy a agobiarla con cosas que no son de menesteres primordiales.

— Si, sus únicos menesteres primordiales será encontrar un esposo, y ni tu ni Legolas parecen estar muy de acuerdo con ello- le pico Gilwën logrando que se tensara en respuesta.

Lumya solo tenía una apariencia de diez años, pero muchas más primaveras en su cuerpo. Y aun así, solo pensar en la pequeña crecida y con los pensamientos dignos de muchachas con edad de casamentera era como pegarle a él y al príncipe en las espinillas… en ambas… con un fierro caliente. Eran realmente reacios a hablar de cualquier cosa referida a eso.

— Ella tendrá suficiente tiempo para ello.- replico él con una mueca.

El grito agudo hizo de pronto a todos tensarse. Riëli salió corriendo de entre unos árboles mientras una horrible criatura salió al claro para ser abatido por cinco flechas de diversas partes. Los guardias comenzaron a moverse.

— ¿Qué está ocurriendo?- pregunto Gilwën acercándose a Riëli quien asustada como estaba había rompido en llanto mientras uno de los soldado verificaba que no estuviera dañada.

— Tres arañas estaban camufladas bajo las raíces de un árbol mi señor- responde uno de los guardias- han sido batidas en el acto.

— Es mejor volver, si tres arañas han estado camufladas bien podrían haber más.

— Cada vez están más inteligentes esos demonios.

— Levantad las cosas, nos vamos.- replico él mientras Riëli volvía poco a poco en si.- ¿Estas bien, Riëli? ¿No estas dañada?

— Solo asustada mi señor- replico la elfa morena. De pronto la joven se quedó quieta de golpe mientras sus ojos se movían de un lado a otro.

— ¿Riëli?- pregunto Nëssal acercándose a la muchacha por la palidez de su rostro.

— ¿Dónde está mi niña Lumya?- pregunto logrando que la sangre se les escapara a todos de las venas.

Se giró moviendo sus ojos donde hacía solo unos pocos minutos atrás Lumya había estado jugando con unas mariposas. No había nada allí, no había nada allí ni en los alrededores.

— ¡Lumya!- grito lleno de pánico mientras se acercaba a los límites del claro- ¡Lumya ¿Dónde estás?!- preguntó esperando escuchar la risa de su pequeña.

Pero el silencio se hizo eterno mientras el bosque se quedaba en quieto. Un silencio sobrecogedor porque era solo señal de una cosa.

Arañas… muchas más, y se acercaban.

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¿Bien? ¿Les gusta? Voy a subir todos los viernes si es que me quieren un poquito XDD. Como siempre perdón por las faltas y cualquier equivocación que les haya provocado algún desangramiento ocular por avisarme que no me enojo. Gracias Kohaku por la ayuda con el primer cap y claudiskin gracias por ser el primer comentario :D, me alegra que te haya gustado.
Namarië