Mandala
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Capítulo 2
Memorias
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Jamir
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Shaka había llegado a Jamir, el lugar donde Mu tenía su castillo. La ubicación del lugar no le había resultado difícil de encontrar siguiendo las escuetas explicaciones del Patriarca quien había definido la ubicación de Mu en Jamir, un lugar perdido en lo alto del Himalaya en la frontera entre China y la India; el camino había sido largo y complicado pero por fin estaba en su destino.
Después del largo recorrido supo que ni los lugareños se acercaban a Jamir debido a la dificultad para llegar y para respirar debido a la altura, para Shaka aquello no representaba ningún problema puesto que él llegó sin más dificultades apartando los cuerpos sin vida de los caballeros que perdieron la vida en el pasado y que rodeaban el lugar.
El castillo de Mu se veía en la cercanía, este era una torre de varios pisos ubicada en la orilla de un peñasco, la protección contra los intrusos era muy ingeniosa pero aquellos esqueletos no eran rivales para él.
—No has cambiado en nada Shaka —dijo una voz que se oía muy cerca de él, era Mu y por lo visto lo había estado observando desde que se acercó a los límites del castillo.
—Sal de donde estés Mu, ya oí tu voz —respondió Shaka impasible, no tenía tiempo para estas cosas. Realmente no había ido hasta Jamir por gusto sino por una orden—. Vamos que no tengo tiempo para perderlo así.
Shaka estaba a las puertas del palacio de Mu, había sido víctima de una de las ilusiones del santo del carnero lo cual lo había molestado ya que él no era nadie para ponerse a jugar con su mente de esa forma, y menos cuando estaba ahí para decirle dos que tres cosas que no serían agradables.
—Supongo que recibiste mi carta, ¿verdad?— se apresuró a decir en cuanto Mu se hizo visible.
—Por supuesto que la recibí, sé bien porque estás aquí pero antes de eso pasa y descansa un poco. El viaje desde Grecia debió ser pesado ya que por tu aspecto no te teletransportaste hasta acá.
—No, esta vez vine por el camino difícil —dijo orgulloso de su hazaña.
—De acuerdo, pasa. Te serviré algo de tomar —respondió Mu con toda tranquilidad.
Shaka se molestó más cuando Mu no preguntó nada y entro en el castillo. Aquella molestia fue inconsciente, había nacido de adentro por lo que trató de reprimirla enseguida no sabía porque tenía la impresión de que Mu le preguntaría porque había ido hasta Jamir por el camino más largo.
Pero no fue así. Al caballero de Aries simplemente aquello no le interesaba.
El interior del castillo de Mu, sobretodo la planta baja, se hallaba llena de armaduras viejas, sin vida ni color, se podían ver apiladas aquí y allá sin embargo estaba todo en orden pese a que las armaduras ocupaban gran parte del espacio, sin duda que aquello había sido un taller de reparación de armaduras desde hacía tiempos inmemoriales.
El joven caballero de virgo no podía dejar se percibir el alma de Mu en cada centímetro de aquel lugar, no solo porque viviera ahí sino que había dejado algo de sí en cada rincón, en cada armadura, en cada ladrillo de las paredes; había convertido aquel sitio en su hogar y podía sentir la calidez del joven emanando de cada objeto aunque no pudiera verlo podía sentirlo hasta en la última molécula de su ser.
En ese momento lo embargó mucha nostalgia y una imagen del pasado se asomó brevemente en su cabeza; él y Mu juntos mucho tiempo atrás cuando no había nada más de que preocuparse que entrenar y servir en las misiones encomendadas por el Patriarca. Shaka deseó volver a aquellos días, por unos instantes tuvo ese ardiente deseo.
— ¿Te encuentras bien Shaka? —la voz de Mu lo sacó de sus pensamientos y lo devolvió al presente.
—Sí, no es nada. No es nada… —por supuesto que no le diría que pasaba por su mente en ese momento; no le diría nada sobre la cantidad de sentimientos que sentía por estar en casa de Mu compartiendo el mismo espacio que él, respirando el mismo aire que él.
—Ven por aquí, te mostraré donde puedes quitarte la armadura y ponerte más cómodo —dijo el muviano amablemente y comenzó a andar con paso lento hacía el interior de la planta baja. Shaka lo seguía con el oído, conocía la frecuencia y el sonido de los pasos de Mu a la perfección.
Mu lo guió hacía el interior a una sala que se encontraba en la parte de atrás y a la que no tenía acceso nadie más que él. Tan solo había que cruzar un pasillo oscuro para llegar a aquel salón de piedra iluminado por una pequeña ventana que daba al Himalaya.
La luz se filtró a través de los parpados de Shaka y el aire fresco del exterior invadió su nariz; era una agradable sensación la que lo embargaba y lo llenaba de un sentimiento de paz indescriptible.
—Justo al frente de ti hay lugar para que te sientes un momento antes de discutir lo que te ha traído hasta acá; detrás de ti puedes dejar la caja de pandora y la armadura —anunció Mu mientras su voz se oía cada vez más lejos y sus pasos se iban hacía otra dirección. Seguramente a la cocina del lugar a calentar té o algo para comer.
Mientras, se sacó la armadura y esta se montó sola en la caja obedeciendo la orden del santo de virgo, Shaka se sentía más cómodo porque tan solo llevaba un pantalón sencillo pero abrigador, zapatos de nieve y un suéter de lana. Se sentó en uno de los mullidos cojines del suelo, estuvo a punto de tropezar con una mesa pero logro sentarse cómodamente. En ese momento se percato que tenía un dolor de cabeza monumental, debía ser a causa de la altura a la que se encontraban, Shaka había vivido en lugares altos durante su infancia pero tal parecía que su cuerpo se había desacostumbrado.
— ¿Te encuentras bien? —dijo Mu mientras colocaba una tetera, unos vasos y otros objetos sobre la mesa contra la que Shaka casi se tropieza.
—Sí, no te preocupes. Solo tengo dolor de cabeza, ya se me pasará —trató de no darle ninguna importancia tan solo quería terminar rápido lo que tenía que hablar con él y volver al Santuario, no se sentía con ánimos para quedarse como visita por más días.
—Bebe esto —escuchó como Mu vaciaba una tetera en un vaso, un desagradable olor comenzó a inundar toda la habitación llenando la nariz de Shaka quien de inmediato torció la nariz por la peste.
—No me digas que eso es… —Shaka trataba de encontrar en su memoria la razón del repulsivo aroma, ya lo había olido en otro sitio pero en ese momento no recordaba exactamente donde ni cuando, solo estaba seguro de que no era la primera vez que Mu le ofrecía beber algo así.
—Bébelo, te sentirás mejor — dijo Mu amablemente poniéndoselo enfrente, Shaka lo bebió tratando de hacerse a la idea de que sería desagradable pero no podía ser grosero y rechazar la bebida, pero el sabor era terrible.
— ¡Esto es…! —dijo Shaka sorprendido y asqueado.
—Sí, es té de manteca de yak —dijo Mu sonrientemente— se perfectamente cuando lo odias pero es lo mejor para mantenerte caliente, también te quitará ese dolor de cabeza.
— ¡Dioses Mu, sabes perfectamente cuanto odio este menjurje! —trató de beberlo todo pero el liquido era muy espeso y tenía un sabor a grasa de cerdo que tardaba varias horas en desaparecer de la lengua.
Luego oyó la risa del muviano y el corazón le vio un vuelco. Hacía mucho que no escuchaba reír a Mu y esa cálida risa fue suficiente para disipar de su memoria el reciente sabor del té.
— ¿Te sientes mejor ahora?
—Sí, tengo que reconocer que el sabor de esa cosa es horrendo pero me quitó el dolor de cabeza y el frió que empezaba a tener.
—Es el remedio tibetano por excelencia, ¿no recuerdas cuando mi maestro Shion te invitó una taza aquel día en la sala del Patriarca?
—No, la verdad no lo recuerdo —dijo Shaka pensativo—, ¿hace cuánto fue?
—Bueno, fue hace unos diez años. Nos acababan de presentar como caballeros dorados ante el patriarca —comenzó a decir Mu—, tu acababas de llegar de la India con tu maestro y yo también estaba en junto a la silla del patriarca ese día. ¿No lo recuerdas?
No lo recordaba hasta que Mu lo mencionó. Mientras el muviano le servía algo de comer; un pan plano, una sopa de fideos y vegetales y algo de carne la mente de Shaka se iba lejos tratando de hallar ese momento, el momento justo en el que se conocieron. Escarbó en su memoria hasta que dio con el recuerdo de aquel día.
Tenía un par de días que había llegado al Santuario, aquel paisaje era nuevo para el pequeño al que llamaban Shaka; nombre puesto por los monjes del monasterio donde se crió. Tan solo tenía ocho años al llegar al Santuario, había sido seleccionado como caballero dorado desde hacía un tiempo.
Su maestro había recorrido todo el camino hasta aquel monasterio en las montañas, al noreste de Delhi ahí había encontrado al pequeño Shaka, quien era cuidado celosamente por los monjes como si fuera lo más sagrado del lugar. Lo habían cuidado y educado desde que fue llevado ahí por sus padres, siempre lo hacían orar largas horas a los pies del gran Buda de piedra y su educación era muy estricta.
Los monjes sabían de la llegada del maestro, sabían que Shaka estaba destinado a ser alguien grande, a hacer grandes cosas en pos de la humanidad. Por eso no opusieron resistencia cuando se llevó al niño lejos del templo y de la India. Shaka era demasiado pequeño para opinar, solo podía confiar en las palabras de aquel hombre y en su destino.
El viaje los llevo hasta Grecia. Llegaron a Atenas en la mejor época del año, hacía un sol espléndido cuando subieron a la sala del Patriarca; el pequeño Shaka miraba a todas direcciones, en aquellos días podía verlo todo con sus grandes ojos azules porque aún no era necesario llevarlos cerrados todo el tiempo, nada lo deleitaba más que los colores y formas que lo rodeaban.
El mundo exterior era un lugar esplendido.
—Maestro, me presento ante Usted —el hombre que llevó a Shaka ahora estaba inclinado ante el hombre del cabello largo y la túnica oscura que estaba sentado en un trono delante de él—, él es Shaka lo he traído para que entrene y se convierta en el nuevo caballero de Virgo.
—Excelente Varuna, me alegra que hayan regresado con bien —dijo el imponente hombre de la túnica poniéndose de pie y tomando a Shaka por los hombros—. Bienvenido seas al Santuario de Atena, yo soy el Patriarca del lugar, el hombre que te ha traído desde tan lejos será tu maestro él te guiará por el camino correcto para que te conviertas en un gran caballero, ese camino será muy duro y requiere de todo sacrificio que puedas hacer.
—De acuerdo —el pequeño respondió lo primero que le vino a la mente ya que no tenía ninguna idea de lo que estaba pasando, sabía que lo habían educado para hacer cosas importantes, solamente que no sabía qué tipo de cosas.
El patriarca volteó la mirada hacía el trono e hizo un gesto, llamaba a alguien a quien Shaka no había visto; se trataba de un niño como de su edad, de cabello corto morado y unos ojos azules grandes, era un niño muy sonriente. Lo que más llamó la atención de Shaka fue que el niño no tenía cejas sino dos lunares arriba de los ojos.
—Permíteme presentarte a Mu, él será tu colega y compañero —el patriarca los presentó formalmente, el pequeño Mu sonreía diciendo "me da gusto conocerte" a Shaka le había gustado esa sonrisa, era la primera vez que veía a otro niño tan de cerca y ese le había agradado mucho— Vamos Mu, ofrécele una buna taza de té tibetano al recién llegado.
—Claro maestro.
El niño se acercó a una mesa y trajo una tacita de porcelana que desprendía aquel horrible aroma. Shaka la tomo y en aquella ocasión no pudo contenerse e hizo un gesto de desagrado. Para su buena suerte los hombres a su alrededor habían reído porque aún era pequeño pero esa grosería jamás la volvió a repetir.
En ese momento la mente de Shaka dejó de recordar, tomo lo que le había servido Mu en el plato, lo cual tenía un olor muy agradable y comenzó a comer despacio degustando todo lo que estaba servido.
— ¿Tú preparaste esta comida?
—En parte, hay una familia que no vive lejos de aquí, son muy amables y a veces suelen traerme algunas viandas, el té de Yak lo preparé yo.
—Mi viaje hasta acá no es por vacaciones Mu, hay cosas importantes que tenemos que hablar —interrumpió Shaka tratando de no parecer grosero pero tenía que enfocar la plática en el tema principal de su visita, de lo contrario sería capaz de hablar con Mu largas horas sobre tiempos pasados o bien sobre asuntos, entre ambos, que quedaron inconclusos… aquella palabra "inconcluso" aún hacía eco en la mente de Shaka.
—No te preocupes por eso, come y descansa. Ya habrá tiempo para discutir largamente lo que está escrito en tu carta, ahora disfrutemos de un momento agradable, tenía mucho tiempo que no nos veíamos amigo.
"Hacía mucho tiempo que no me llamaba amigo" pensó Shaka con algo de tristeza. El trato con Mu fue muy cercano por varios años, especialmente durante aquellos primeros años en el Santuario.
El pequeño Shaka era víctima constante de los malos tratos de otros chicos como aquel al que llamaban DeathMask , también Milo y Aioria solían jugarle bromas muy pesadas; especialmente desde el día en que debía aprender a vivir con los ojos cerrados todo el tiempo. Los niños eran crueles con él, se aprovechaban de que no podía ver nada para hacer muecas en su cara o señas con sus manos frente a Shaka quien era incapaz de defenderse.
En eso se entretenían cuando los adultos no los veían. Shaka le había comentado varias veces a su maestro esa situación.
—Tienes que aprender a ser fuerte, esa será tu primera lección —le dijo.
Pero Mu no era igual a los demás, el jovencito de la casa de Aries lo trataba con toda cortesía y gentileza; se podría decir que era su único amigo en todo el mundo, aquel que comprendía porque debía ir con los ojos cerrados siempre aunque se tropezara con las piedras del camino aunque se cayera de las escaleras jamás debía abrirlos.
— ¿Por qué los demás niños son tan malos conmigo, Mu? —Shaka estaba sentado en una roca muy cerca del peñasco, Mu estaba a su lado llevando manzanas para los dos.
—Son un montón de tontos, no deberías hacerles caso. También le hacen burla a Aldebaran, no eres al único.
—Sí, pero Aldebaran es mucho más grande que yo. Él puede pegarles cuando lo molestan, yo no puedo.
—Tú estás entrenando muy duro Shaka, seguro que algún día serás mucho más poderoso que ellos.
Esas habían sido las palabras de Mu en aquella ocasión y Shaka se las había tatuado en la mente y en el corazón, sería mucho más fuerte que los otros once dorados, entrenaría muy duro todos los días para ser el mejor.
Sin embargo con el paso de los años Varuna, su maestro, se percataba de las formas de su discípulo, su nuevo comportamiento se hacía evidente de forma muy sutil pero era más que obvio que Shaka se desviaba del camino de alguna u otra forma.
Sobre todo cuando fanfarroneaba con sus otros compañeros dorados.
—No debes ser tan soberbio Shaka, el que portes una armadura dorada no te da derecho a ir por ahí luciéndote como pavo real.
—Disculpe maestro, he sido soberbio. Le pido que me perdone —Shaka estaba avergonzado por su comportamiento pero en el fondo sentía que no había nada porque avergonzarse.
—Sé que estás orgulloso de tus logros pero no debes ir por los pasillos del Santuario alardeando. Que te quede claro.
—No volveré a hacerlo.
—Bien, ahora debo irme Shaka. Mi trabajo aquí ha terminado —decía Varuna mientras tomaba sus cosas y las guardaba en una bolsa de viaje.
— ¿A qué se refiere maestro? —Dijo el chico asustado— ¿A dónde va?
—Mi trabajo como tu maestro ha terminado, ya eres todo un caballero dorado. No me necesitas más —le dijo el hombre abrazándolo y dirigiéndose hacia la puerta de la casa de virgo.
Por primera vez en su vida Shaka sentía un abandono horrible, Varuna siempre había estado a su lado desde que lo trajo de la India. Secretamente lo consideraba más que su maestro, era la única persona en quien confiaba plenamente y a quien quería mucho más que un padre. No podía creer que se marchara.
—Ya eres un caballero Shaka, ya portas una armadura dorada, no necesitas más de mis enseñanzas —le dijo el hombre con toda calma.
— ¿Lo volveré a ver algún día, maestro? —pregunto el chico muy afligido.
—No lo sé… quizá nuestros caminos se vuelvan a juntar, pero lo dudo mucho. Sin embargo sabes que te deseo lo mejor —se lo dijo con una cálida sonrisa—. No te desvíes del buen camino, recuerda las enseñanzas de Buda; él siempre estará contigo.
—Maestro… —no pudo contener las lágrimas que salían furiosas y aunque lo había prometido no pudo evitar abrir los ojos para ver a su maestro alejarse por aquel sendero hacía las afueras del Santuario.
Estaba solo, totalmente solo.
Shaka dejo de comer y no dejaba de observar fijamente el tazón de fideos que tenía enfrente, a pesar de tener los ojos cerrados sabía que el plato estaba ahí y que Mu también lo observaba con preocupación.
— ¿Estas bien?, has estado actuando raro desde que llegaste —comentó, la preocupación era evidente por su tono de voz.
—De repente… me estaba acordando de mi maestro, del día que lo conocí y del día que se marchó del Santuario. No había pensado en él en años y en este momento lo tengo presente en mi mente.
— ¿Recuerdas que más pasó ese día? —dijo Mu pensativo y en voz baja.
—Si…
Esa tarde Shaka se encontraba solo en la casa de virgo, estaba muy triste y no quería ser objeto de burla por parte de los demás así que decidió recluirse en su casa; trataba de poner su mente en blanco, trataba de hablar con Buda sobre cómo se sentía.
—Shaka, te veo muy triste. Hacía mucho tiempo que no te veía tan desesperanzado —le decía Buda en sus meditaciones.
—Mi maestro se ha ido —Shaka se hallaba sentado en flor de loto en una sala especial al final de la casa, estaba sentado sobre un loto de piedra el cual estaba diseñado especialmente para esa casa, ahí debía sentarse largas horas a meditar todos los días hasta que su cosmo fuera tan poderoso que le permitiera ver todo su entorno aun con los ojos cerrados, hasta alcanzar el Nirvana—, ¿Qué hare ahora que mi maestro se ha ido?
—No te entristezcas Shaka, una partida no es un adiós definitivo. No debes ponerte triste por este suceso, quizá vuelvas a verlo pero si no es así hay que seguir adelante Shaka.
—Lo sé pero…
—Shaka, en la vida tendrás muchos encuentros y despedidas. No debes llorar por cada despedida, una persona estará contigo el tiempo que sea necesario y nada más.
Esas fueron las palabras de Buda, Shaka no tuvo más remedio que tratar de encontrar consuelo en eso; su maestro lo había dejado a su suerte, sus padres lo habían llevado al monasterio de la montaña y jamás los había vuelto a ver. Los adultos a su alrededor lo habían abandonado.
—Qué mala suerte…
En ese momento oyó que Mu entraba en la casa de Virgo caminando despacio, dudando sobre si había alguien en casa.
—Shaka —le dijo acercándose a él— ¿Dónde está tu maestro?
—Se marchó Mu, se fue para siempre —Shaka bajo del loto de piedra y se dirigió a la entrada de la casa seguido de Mu. La tarde estaba cayendo en el Santuario tiñendo el cielo de matices rojos y naranjas. La luz se filtraba a través de los parpados de Shaka, seguramente sería un anoche
—Traje algo para animarte —dijo Mu inocentemente—, es un té tibetano que te hará sentir mucho mejor.
—De acuerdo, dame un poco.
Mu ya lo llevaba caliente en un termo con dos tazas, le sirvió un poco a ambos. Shaka dejo que el aroma le impregnara la nariz ya que el olor de las especias solía gustarle mucho pero ese líquido emanaba un olor horrendo, no se lo podía decir a Mu por educación y porque tenía miedo de que su único amigo se molestara.
—Tiene un olor desagradable pero te aseguro que te sentirás mejor —aseguró Mu sonriendo ampliamente.
Shaka se llevó la taza a los labios y bebió el líquido lentamente, tenía un sabor a grasa de cerdo que le supo muy desagradable. Ya conocía ese sabor.
— Este es el té del otro día, ¿de qué está hecho? —pregunto tratando de contener las ganas de vomitar.
—Té de manteca de Yak; el remedio tibetano infalible —le dijo Mu como todo un experto en la materia.
—Mu, es que… no sabe muy bien que digamos, no pude decirlo el otro día enfrente de tu Maestro —Shaka escuchó la risa de Mu y le gustó como sonaba, era una risa clara, cálida. No sabía cómo describirla pero le gustaba, su amigo tenía algo que le gustaba a Shaka aunque aún no estaba seguro de que era exactamente.
Pero no se lo dijo a Mu, se lo guardó en secreto.
—Recuerdo que ese día te dije que ese té era un menjurje horrible—dijo Shaka tratando de contener una sonrisa.
— Si, pero ¿no te sentiste mejor después de tomarlo?
—Sí, lo reconozco pero me dejo un sabor horrible en la boca.
—Lo importante es que te sentiste mejor desde aquel día, te vi muy cambiado en los siguientes años.
—No creas que fue cosa de esa horrible bebida —dijo Shaka con algo de desprecio.
—No es la bebida Shaka, es el sentimiento que te produjo; esa felicidad que te trajo.
Shaka no quería reconocer abiertamente que Mu tenía razón; sin embargo esa felicidad iba más allá de la bebida, fue el hecho de que su amigo subió hasta la casa de virgo a buscarlo y preguntarle si estaba bien; se arriesgó a que Shion lo regañara por ir hasta allá sin permiso. Mu lo había hecho feliz aquel día.
—Shaka oye…
—Escucha Mu —dijo interrumpiéndolo—, ya hablamos lo suficiente. Te agradezco tu hospitalidad pero no puedo perder más el tiempo conversando. El Patriarca quiere saber cuándo volverás al Santuario ya que como bien sabes, te fuiste de ahí como un desertor y traidor.
Mu lanzó un suspiro de cansancio, Shaka se imaginaba que no querría hablar de eso que prefería tocar ese tema otro día pero sino era en ese momento no sería nunca.
—El Santuario es un lugar corrupto, el Patriarca no es lo que parece Shaka. Me sorprende que no te hayas dado cuenta de eso, decidí marcharme hasta que las cosas cambien, sé que es rebeldía pero no deseo estar en un sitio donde todos los caballeros siguen a ese hombre— dijo Mu firmemente.
—Mu, independientemente de todo el Patriarca es la máxima autoridad del Santuario— replicó Shaka con toda calma pero levantando un poco la voz tratando de imponerse ante Mu—, eres un caballero a sus órdenes y no puedes irte así nada más. Sabes bien que la deserción se castiga con la muerte.
— ¿Entonces estás aquí para matarme? —pregunto Mu, su tono de voz reflejaba que no podía creer que él fuera a ejecutar esa orden.
—Si es necesario, si te rehúsas a volver… no tendré más remedio que hacerlo —esas palabras le dolían, no quería herirlo no a Mu, no sabría si sería capaz de ejecutar esa orden.
—Si esa es tu decisión entonces prepárate para combatir —dijo Mu sin perder la calma pero firme—. No dejare que me mates, no moriré así nada más —Shaka sabía que no se dejaría matar, que le daría batalla hasta el final.
—Mu… —Shaka no podía creer lo que acababa de escuchar.
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Gracias por tu lectura.
