Disclaimer: Nada me pertenece. Créditos a Marvel y a los nórdicos.
"All the hardest, coldest people you meet were once as soft as water. And that's the tragedy of living."
—Iain Thomas, from I Wrote This For You
No habían perdido tiempo en despedidas innecesarias; cuando Jane notó que el dios no estaba en la sala y salió a buscarlo, se encontró con él y la asgardiana, listos para marchar. Quiso ir con ellos (se moría de ganas de viajar otra vez usando el Bifrost) y lo hubiese conseguido si no hubiese sido porque Sif, con una mirada dura, le recordó a Thor que estaban en medio de algo delicado. Así, con un beso y nada más, los dioses subieron a su reino dorado y dejaron a la humana en la Tierra, en dónde, irremediablemente, pertenecía.
"Somos de mundos diferentes, Thor, y es por una razón" Pensó Sif mientras ascendía a su mundo, mientras cruzaba estrellas y el universo se desvanecía en un millar de colores. Sin embargo, no se lo dijo. En unos pocos años, la mortal sucumbiría a su inexorable naturaleza y Thor se vería obligado a entender que lo suyo jamás tendría que haber tenido lugar. Para eso faltaban unas décadas, poco más que un parpadeo en la vida de un inmortal. ¿Para qué anticiparle el dolor a su amigo? Tendría siglos para guardarle luto si así lo quería, y milenios para vivir después de Jane. No importaba que ella misma lo quisiera más de lo que se quiere a un compañero, más que a un hermano, jamas le causaría daño alguno diciéndole lo que, probablemente, ya sabía.
Cuando llegaron al Bifrost, Heimdall tenía la vista fija en el infinito, viendo cosas que ellos jamás podrían ver. Se detuvo un momento para mirarlos, los saludó con un asentimiento de cabeza y volvió a su guardia eterna. Thor, ansioso, se giró rápido en dirección al palacio. Giró su fiel martillo y voló.
—¡Te veré luego, Lady Sif! — exclamó, el viento casi llevándose sus palabras. Y no escuchó la respuesta de su amiga, porque iba tan rápido que la contestación sí se la llevó la brisa.
Aterrizó en el balcón de su habitación y caminó rápido hasta la puerta. Antes de abrirla, dudó. ¿Qué se encontraría? ¿A dónde había ido su padre?... Y, más importante aún, ¿Loki estaba vivo? Un latigazo de rabia le recorrió el cuerpo, le pesó en el alma. Era la segunda vez que lo lloraba creyéndolo muerto y el muy desgraciado seguía vivo. Con los dedos rozando el picaporte y la mano temblándole de ira, se decidió a ir a la sala del trono. Salió, apretó los puños y trató de calmarse todo lo que pudo.
Cuando llegó a la sala, Odín lo esperaba sentado en el trono. Lucía muy diferente a la última vez que lo había visto, cuando se había marchado. La mirada que recibió del único ojo de su padre demostraba que, sin embargo, seguía siendo el rey firme que conocía de toda la vida. Con un gesto, el soberano hizo que los guardias salieran de la estancia y quedaron solos en ese gran salón, que parecía menos brillante con el trono medio destruido y la ausencia de la reina.
Thor se obligó a no pensar en eso por el momento.
— Supongo que Lady Sif te habrá dicho algo...— Su padre habló, y su tono sonó firme, pero no como siempre había sonado. "Enserio está cansado" Pensó, "pero si estaba tan bien la última vez que lo vi, tan tranquilo, tan elocuente...". Y el mundo encajó, de repente.
—¿Cuándo te marchaste? — preguntó, interrumpiéndole. Con una mirada, Odín entendió lo que su hijo estaba preguntando. "¿Eras tú quién me dejó marchar, padre?".
—Partí después de que Malekith tomó el Ether del cuerpo de tu mortal, Thor.
Thor ignoró el tono que usó Odin cuando llamó a Jane "tu mortal", porque lo dijo como si fuera una cosa, una mascota, y no la persona a la que ama. Lo ignoró porque, en ese momento, estaba demasiado abrumado como para tratar de hacerle comprender a su padre lo que Jane significaba para él y porque, de golpe, entendió el significado de sus palabras.
"Entonces, quien me despidió...".
—¡¿Te vas y dejas a Loki a cargo?! ¡ A Loki! — Thor alzó la voz y luego se calló, obligándose a sí mismo a calmarse. Tuvo un exilio entero para aprender que no tenía que gritarle a su padre. —. ¿A dónde fuiste?
Odin no pareció impresionado o molesto por su reacción, pero antes de que hablara otra vez se notó que estaba cansado, muy cansado...
— Hay mucho que debes saber, hijo mío. — le dijo, levantándose. Empezó a caminar y Thor lo siguió ansioso pero aparentando calma. Pronto se vieron frente a la biblioteca, la misma en la que le había explicado a Jane lo que el Ether era, y la misma en la que Loki pasó años y años absorbiendo todo el conocimiento que podía. Pasaron junto a grandes estanterías repletas hasta arriba de libros, y, con un movimiento de muñeca, uno particularmente grande y antiguo voló hasta la mano de Odín. A veces, olvidaba que su padre también era un hechicero.
Cuando abrió el libro un montón de polvo de desprendió de su cubierta y cayó a la mesa en donde lo colocó. Imágenes salieron de sus páginas, como los hologramas midgardianos, pero Thor sabía que era magia y nada más que eso. O quizá ambas fueran la misma cosa, como Jane creía. Con cada vuelta de página cambiaba la imagen proyectada. Pronto el dios notó que todos eran retratos de personas, o seres que parecían serlo. Unos tenían tentáculos, otros espinas. Pieles rojas, azules, moradas...
— Este es Thanos — dijo Odín, deteniéndose en la penúltima página del libro. La imagen era la de un hombre muy grande, aún más que Hulk, con la mandíbula cuadrada y la piél violácea. Tenía una armadura con símbolos que Thor no reconoció —. O al menos esta apariencia tenía hace unos milenios atrás.
Thor estudió la imagen y pensó que el ser se veía amenazante, pero no lucía como alguien a quien no podría vencer usando el Mjolnir. Guardó silencio para que su padre siguiera hablando.
— Este es el registro de todos los hombres y mujeres, y todas las criaturas que han sido una amenaza remarcable para los nueve reinos. Está, como podrás imaginar, Malekith, pero a pesar de todo lo que hizo no llega a situarse en las últimas páginas. Hay muchos otros aquí, pero es Thanos, el titan loco, el más peligroso de todos ellos, y no por nada está al final del libro.
—¿Y por qué me hablas de él, padre?
— Porque él es quien gobierna sobre los chitauri, es quien le dio a Loki un ejercito para que sembrara el caos a cambio del Tesseract, y es quien amenaza con consumir los nueve reinos por completo ahora.
Thor no comprendía la extrema preocupación de su padre. Había vencido por sobre los chitauri una vez, podría hacerlo de nuevo.
— Lo detendremos. Los chitauri caerán ante mis rayos o morirán bajo el peso de mi martillo si se atreven a atacar otra vez.
— Atacarán, Thor, pero no caerán. No morirán. Thanos se ha aliado con la única amenaza que es más grande que él, con el único ser en toda nuestra historia que ha podido ocupar la última página del libro. Thor, Thanos le ha propuesto los mundos a la Muerte misma, y ella lo ha aceptado. Han forjado una alianza, y se disponen a atacar y a consumirlo todo.
¿La Muerte?
—Y no sólo eso. Al ver su nuevo poder, varios criminales y señores poderosos le han prestado apoyo. Los gigantes de fuego probablemente atacarán Asgard cuando sea el momento, y Mephisto juró su lealtad a Thanos; le dará a sus guerreros y a sus demonios para pelear, aunque él no saldrá de su dimensión porque, en realidad, espera que el titan pierda. Si los gigantes de hielo se enteran, probablemente también lo apoyarán, entre otros...
— ¿Y qué podemos hacer, padre, sino pelear? Los venceríamos, lo sé. Encontraremos la forma.
— Con tiempo, tal vez. Pero tiempo no tenemos, ni fuerza — de repente, su padre aparentó los milenios que tenía. La última vez que lo había visto -no a Loki- había estado consumido por la rabia, el orgullo y el dolor, pero en ese momento sólo parecía cansado, como si pudiera cerrar los ojos y no volver a abrirlos en una eternidad. Viejo; para su consternación, Odín lucía viejo. —. Viajé por los reinos buscando una forma de detener a la muerte; recorrí montañas y acudí a cada sabio, a cada erudito de los mundos. Consulté a cada oráculo, a cada bruja ancestral que pudiera darme una respuesta o algún indicio de dónde buscar. No encontré nada, y el sueño está cayendo sobre mí. Estoy cansado, hijo, y ya no puedo seguir buscando... Pero tú puedes.
Thor, inexplicablemente, no se sorprendió.
— Si es necesario, recorreré los mundos diez veces y encontraré la respuesta — prometió —. Pero esto no explica por qué dejaste a Loki como rey, padre. Pudiste hablar con el consejo, con Heimdall...
—¿Y dejar a Asgard sin rey después de una invasión? ¿Y dejar que nuestro enemigo supiera que ya sabíamos de su existencia? No, Thor, no podía. Asgard necesitaba permanencia después de la guerra.
— Pero, de entre todas las personas, ¡tenías que dejar a Loki! ¡a Loki!
Odín, por un momento, recuperó su fuerza de siempre.
— No deberías cuestionar tanto lo que hice, Thor. Sabes que siempre tengo motivos. Y no, no me gustó dejar a Loki en el trono, pero es el único que puede cambiar de forma y, además, era la única forma de tenerlo controlado. ¿Qué tenía que hacer cuando llegó a mi disfrazado de guardia, esperando que yo no lo reconociera? ¿Dejarlo marchar? El caos que hubiese desatado en otros mundos, libre de nosotros que lo creeríamos muerto, hubiese sido grande como no se ha experimentado antes. No, no podía dejarlo suelto, y yo necesitaba un reemplazo, así que cumplió mi propósito e hizo su deber como pieza del juego. Y, ahora, está preso, como corresponde...
—¿Cómo accedió?
— Cuando le dije lo que quería que hiciera, le di a elegir: podía negarse y yo lo detendría ahí mismo y lo condenaría a muerte, o podía ceder y entonces yo le daría el perdón. Casi no demoró en escoger.
—Lo engañaste.
— No, no lo engañé — aclaró Odín, enfadado de que cuestionaran su honor —. Le dije que le daría el perdón, pero nunca dije qué le perdonaba. Después de lo que él y tú hicieron, su castigo sería la muerte — un escalofrío trepó por la espalda de Thor —, pero perdoné su vida y lo encerré hasta que sea de utilidad otra vez. Y lo será.
Un cuerno sonó de repente, interrumpiendo a Odín. Era el sonido que indicaba problemas en la prisión, y la última vez que lo habían escuchado habían terminado llorando la muerte de la mujer más maravillosa que habían conocido, o que conocerían jamás. Thor no esperó la respuesta de su padre, y corrió a las mazmorras.
Cuando llegó, la imagen de varios guardias tirados en el suelo lo recibió. Sin embargo, no había sangre ni señales de lucha, y el hombre que había tocado el cuerno estaba tirado junto a él, como dormido. Caminó por el pasillo de inconsientes, mirando las celdas transparentes llenas de criminales que habían vuelto a atrapar. Un sonido insistente llamó su atención, y caminó en búsqueda de él.
— ¡Estúpidos mortales incapaces de preservar el poder de la magia intacto! — escuchó una voz femenina que, para su desgracia, conocía muy bien. Amora estaba junto a la última celda, la más alejada de la puerta, y golpeaba la barrera con uno de los artefactos que había robado del museo (sus compañeros le dijeron más tarde que eran piedras muy, muy antiguas, con runas talladas) —. ¡No funciona!
— Quizá no estás tratando lo suficientemente fuerte.
— ¡Ven aquí y hazlo tú, entonces!
— Mujer, yo estoy encerrado, ¿qué no ves?
—Lo veo, cariño, y es por eso que estoy aquí. Ahora cállate y déjame trabajar.
La Encantadora golpeó la barrera tan fuerte que esta se desintegró por completo. Thor lanzó el martillo y golpeo a Loki, que estaba saliendo de la celda, en el pecho, lo que provocó que cayera al piso. Amora, asustada, soltó el saco con piedras que se deslizó hasta el suelo sin hacer ruido.
—Siempre supe que te gustaba rudo, Thor.
—¡Deténganse ahora!
—Skurge me espera, así que no tengo tiempo para jugar contigo, Thor — ronroneó su nombre y luego se giró a ver al mentiroso, que estaba tirado todavía por el fuerte golpe del Mjolnir —. Si sobrevives, podemos atormentar un mundo o dos, querido Loki. Como en los viejos tiempos, tú sabes... Y me debes una, que no se te olvide — dijo la rubia con voz suave y dulce para las oídos. Después desapareció en una nube de humo y luces de colores, llevándose con ella las piedras que había robado en Midgard.
Thor, furioso, caminó hasta el hechicero que estaba poniéndose de pie. Lo agarró del cuello del abrigo negro que tenía puesto y lo azotó contra la pared. La ira que le recorría el cuerpo era tanta que no sabía si podría controlarse. La risa de Loki no mejoró las cosas.
— Y yo que pensé que ibas a estar feliz de verme, hermano.
Y fue la palabra, el cómo lo dijo, con un tono despectivo y burlesco, lo que hizo que Thor sintiera un vacío horrible en el pecho; uno que pensó que no sentiría otra vez.
— No estoy para tus juegos.
— Oh, yo pensé que te gustaban mis juegos — ante su mirada consternada, bajo el firme agarre de su mano se encontraba una versión más joven de su hermano, antes de la adolescencia, cuando habían sido niños que no hacían más que jugar*. Lo miró con sus ojos verdes, grandes y profundos, y Thor no pudo hacer más que extrañar al hermano que, alguna vez, había tenido...
Y al que no tendría nunca más. Ese hermano había muerto hace mucho, el mismo Loki lo había matado. ¡En dos ocasiones, nada menos! Se le cruzó por la memoria la imagen horrenda de él soltando el báculo de su padre y cayéndose al infinito, y también el momento terrible en el que había tenido que dejar su cuerpo ahí, tirado, en la tierra fría y desolada de un mundo que no era el suyo. Se sintió más enojado todavía, y solo. Muy, muy solo.
Dejó que su puño volara al rostro del mentiroso, que no se lo esperaba para nada. Una vez, dos, tres... La ilusión del mentiroso de desvaneció tan pronto el golpe llegó, y pronto Thor sintió un líquido frío corriendo por su piel. Con la mano con la que lo sostenía, lo lanzo lejos.
Tenía la mano derecha manchada de azul, y la sentía condenadamente fría** .
Loki se puso de pie lentamente y entonces pudo ver el daño que le había hecho: tenía la nariz y la boca rota, y le sangraban copiosamente. Una gran mancha azul le ensuciaba el cuello del abrigo verde que llevaba puesto. Se limpió con la manga y, para la rabia del dios, se rió. Pero dejó de hacerlo cuando los guardias llegaron.
— Thor... Loki — dijo Fandral, que venía con ellos. De todos sus amigos, era el que mejor se llevaba con el hechicero —. Vuest- El Padre de Todo requiere vuestra presencia inmediata en el trono. Loki, vamos a encadenarte.
Y, para sorpresa de todos, Loki no peleó cuando le pusieron las cadenas y lo llevaron al salón en donde Odín los esperaba. Además de él, estaba presente Lady Sif, quien le dirigió una mala mirada al prisionero.
Ella y Loki siempre se habían llevado mal, pero había entre ellos un respeto por lo que el otro hacía, una suerte de camaradería extraña que era producto de ser bueno en algo que, se suponía, no era lo que les correspondía. Peleaban, discutían, pero de alguna forma extraña que la guerrera no lograba explicarse todavía, habían llegado a ser amigos.
Sif notó, con mucha sorpresa, que hasta le dolía un poco verlo encadenado otra vez. Pero ese hombre que estaba ahí ya no era a quién había conocido alguna vez, ya no era el mocoso que le tiraba el pelo o se lo teñía sólo por diversión, ya no era el mocoso absurdamente lindo con el que había compartido su primer beso cuando él le había dicho que no se atrevía, y definitivamente no era al que había amenazado con una espada que apenas sabía ocupar para que no le dijera nada a nadie. Dejando de lado todo pensamiento sobre el mentiroso, caminó hasta Thor. Si estaba ahí, era para darle el apoyo que sabía que necesitaba.
Sin embargo, sus intenciones se vieron frustradas. El Padre de Todo los echó a todos del salón, incluso a quienes sostenían las cadenas del hechicero. Cuando se quedaron solos, Loki habló:
—Me sorprende que me mandases a llamar tan rápido, Padre de Todo — hizo una reverencia burlesca y se rió. La nariz la había sanado con magia antes de que le pusieran las cadenas, pero el labio aún estaba roto y sangraba un poco. Tenía la barbilla perdida en azul —. ¿Es que acaso ya me encontraste una utilidad?
—Sí.
Eso hizo brillar la rabia en los ojos de Loki. Thor lo observaba, atento.
—¡Lo sabía! ¡Sabía que me tendrías ahí hasta que me encontraras un propósito nuevamente!
—¡Deberías agradecer que estás vivo, Laufeyson!
Rabia, y una pizca de dolor.
—Tú prometiste el perdón, y, sin embargo, aquí estoy, encadenado como una bestia.
— Tienes lo que te mereces — le contestó Thor, no dispuesto a escuchar una nueva discusión entre su padre y el que alguna vez había sido su hermano. —. Y eso no está en disputa. Por otro lado, no sé por qué padre te llamó también.
—Porque le soy útil, obviamente. — su tono era amargo y casi dolido, pero mantuvo la frente en alto todo el tiempo.
—Lo eres, de hecho. Ambos tendrán que ir al lugar al que yo no pude llegar: Nilfheim, el reino de los muertos.
Loki pareció repentinamente tranquilo. Demasiado tranquilo como para que no se notara que era una máscara, y que algo quería ocultar. O, al menos, Thor lo notó.
—¿Y por qué iría allá, su alteza? —dijo burlesco — Ya fui engañado una vez para actuar según tus planes; me prometiste el perdón, y, sin embargo, aquí me tienes para usarme otra vez. Y la gente dice que yo soy el mentiroso.
—Padre, puedo ir yo sólo, no es necesario que Loki venga — para sorpresa del hechicero, la voz de Thor sonó seria y desprovista de emoción cuando dijo su nombre. Se le hizo un nudo en el estómago. —. Además, aprovecharía la ocasión para escapar o tratar de matarme... otra vez.
— Tendrás mejores resultados si vas con él. Loki es de los pocos que ha ido al reino de los muertos y ha regresado en una pieza. Y su reina lo conoce, ¿verdad, Loki?
El mentiroso de pronto estuvo tenso como la cuerda de un arco, apretando la mandíbula manchada de sangre con mucha fuerza. Thor lo miró de reojo, extrañado. ¿Qué tenía Loki con Nilfheim? Su fachada de tranquilidad volvió rápidamente, y entonces sonrió.
—Iré.
O
Odín estaba en su habitación, recostado en la cama que parecía tan grande ahora que su reina no estaba para compartirla con él. Recordó la conversación que había tenido con Heimdall una vez habían mandado a sus hijos al reino de los muertos.
—¿Es lo correcto? — le había preguntado el guardián, taciturno como siempre.
—Lo es — se había limitado a contestar.
—Loki es un traidor.
—Lo es.
Guardaron silencio y contemplaron las estrellas lejanas. Ante de que Odín se diera la vuelta, agotado, el guardián habló por última vez, su voz poderosa teñida con una nostalgia muy poco común.
— Sólo nos queda esperar que lo que ella dijo resulte cierto, entonces.
Había seguido su camino después de eso. Había hablado con el consejo que estaba furioso porque Loki aún estuviera vivo. Odín pensó, con una risa minúscula, que estarían aún más enojados si supieran que era él quien los había estado gobernando un tiempo. Pensó también en Frigga, su hermosa y valiente reina, que tenía el don de ver el futuro.
"Ella sabía".
Jamás le decía sus visiones, era contra las leyes de la naturaleza y de las nornas, y podría alterar el flujo del tiempo. Ella lo sabía, y por eso guardaba silencio. Odín no podría saber nunca el peso que llevaba sobre los hombros, sabiendo que uno de sus hijos se iría, se volvería loco y caería; sabiendo que el otro se vería obligado a cazarlo y a encerrarlo, con el dolor de su alma; sabiendo que el padre de ambos no sería capaz de lidiar con todo sin sucumbir al sueño... sabiendo que ella moriría sin poder salvarlos, cuándo y cómo.
Su esposa había sido, sin duda alguna, una guerrera formidable. Y, aunque no rompía el silencio con respecto a lo que veía en el futuro, a veces insinuaba cosas. Una única vez, fue directa con él, y había sido la noche anterior a que muriese: había estado extrañamente feliz todo el día, tranquila, sonriéndole a todo el mundo como la reina amorosa que siempre había sido, cuidando sus flores, trenzándole el cabello a Thor como cuando era un niño.
Ya caída la noche, en el lecho, Frigga había esperado a que estuviera medio dormido para abrazarlo y, con la voz triste, decirle que, si algo pasaba, sus hijos, los dos, lo arreglarían. Pero tenían que ser ambos, porque los titanes no caen solos, porque el amor es lo único que puede vencer a la muerte...
Y Odín había dejado de escuchar. En la mañana, pensó que todo lo había soñado.
Cerró los ojos e, inevitablemente, se rindió al cansancio, al sueño que le reclamaba la conciencia y del que no sabía cuándo despertaría. Su último pensamiento coherente fue dedicado a su esposa, rogándole que tuviera razón, porque si no la tenía...
No llegó a pensar en eso.
O O O
* Esta idea la saqué de un muy bonito mini-comic que anda por ahí, pero no tengo link para ponerlo acá... está en tumblr y es muy popular, de todas formas, si lo ven por ahí...
** En el comic Thor: Season One, Loki sangra azul a pesar de estar en su forma aesir.
Estúpido capítulo me costó escribirte xd. Pero no tanto como el anterior, ese sí fue el infierno...
Amora te amo pero no creo que vuelvas a aparecer :c Lo de Sif y Loki... bueno lo cierto es que los shippeo xd, no tanto como Thorki, pero sí lo hago, así que me pareció buena idea poner eso. Porque, bueno, mi fic, y lo estoy haciendo para darme en el gusto xd
El capítulo tres está listo. No, mentira, le tengo que cambiar unas cuantas muchas cosas, pero casi está listo. Y me gusta porque Hela...
En fin. ¡Mil gracias a los follows y al favorito y al review y a todos los que leen! Tienen mi amor forevah.
Oh wait, la frase de arriba la dejé en inglés porque me gusta así, pero dice: "Todas las personas duras y frías que haz conocido fueron alguna vez suaves como el agua. Y esa es la tragedia de vivir" o algo así.
Hasta que suba el próximo capítulo!
...Review?
