CAPÍTULO 2
EL PODER DEL ZORRO
No pudo evitar rascarse los años, pues pensaba que de verdad estaba soñando al ver frente a él a varios de los antiguos compañeros con los que compartió el orfanato. Todos portaban sendas armaduras que brillaban con esplendor, orgullosas en los cuerpos de sus dueños.
- Todos vosotros os convertisteis en caballeros… ¡es fantástico! Pero, entonces, ¿por qué habéis atacado a Mu? ¿Acaso no sois caballeros de Atenea?
- Seiya… - se adelantó un joven de no mucha más edad que él, de cabello gris y ojos rasgados y feroces, pero hablaba en tono amble y amigable – Queríamos pasar, pero Mu estaba en nuestro camino. Le rogamos que se apartase amablemente. ¿Vas a cortarnos también el paso?
- Eso depende de los asuntos que os traigan aquí, Kurama.
- Es simple… hemos venido a tomar la vida de Kido Saori.
- ¡¿Qué? ¡¿De Saori-san? ¡¿Pero estás loco?
- ¿Loco? – Rió, sarcástico - ¿Acaso has olvidado todo lo que tuvimos que pasar durante nuestra infancia por su culpa? ¿Cómo nos trataba como vulgares animales solo para divertirse? Queríamos acabar con el viejo, pero desgraciadamente parece que la muerte nos ganó la mano.
- ¡Claro que me acuerdo de todo eso! ¡Pero, ¿no sabes que ella es la rencarnación de Atenea? ¡Tu deber como caballero es protegerla!
- ¿Mi deber como caballero? – Su tono cambió a uno más serio – Dinos, Seiya, ¿qué clase de diosa se olvida de los caballeros que fueron enviados siendo unos simples huérfanos que no tenían hogar? En el fondo sigue siendo una niña caprichosa. Ahora, creía que su perrito faldero era Jabu.
- ¡No soy su perro faldero! – Se rebotó - ¡Soy uno de sus caballeros y…!
- ¿Qué has luchado por ella en incontables batallas? Estamos al corriente de todo. Aun así, dime, ¿os lo agradeció de algún modo?
- ¿Q-Qué quieres decir…?
- Cuando luchasteis hasta la muerte en estas doce casas para salvarla en doce horas… ¿hubo alguna palabra de agradecimiento para vosotros? Cuando luchasteis contra las hordas de Poseidón en el templo submarino, ¿acaso hizo algo por vosotros? No, simplemente se trasladó aquí, al Santuario.
- ¿C-Cómo sabes todo eso…?
- Sabemos más de lo que te puedas llegar a imaginar – sonrió - . Ahora, déjanos pasar. No nos gustaría tener que matar a uno de nuestros antiguos compañeros del orfanato.
- Me gustaría decir lo mismo… - dejó la caja de la armadura en el suelo y tiró de la cadena, apareciendo la armadura de Pegaso cubriendo su cuerpo en segundos, que estaba tan dañada que casi parecía que estuviera a punto de romperse en mil pedazos - ¡Pero si vuestro objetivo es Saori-san, no os pienso dejar pasar!
- Deseaba evitar esto… - dio unos pasos al frente – No intervengáis. Me ocuparé yo de él.
Sus compañeros retrocedieron unos pasos, para dejarles espacio para combatir. Seiya estaba entre furioso y confuso. Nunca en la vida imaginó que algún día sus antiguos amigos acabaran convirtiéndose en sus enemigos. Es más, entendía que sintieran ese odio por Kido Mitsumasa, incluso algo por Saori, pero ahora… ¿qué sentido tenía? Él y sus amigos lo habían superado a lo largo de sus batallas, y más aún cuando descubrieron que era la rencarnación de Atenea. ¿Cómo es que ellos no hacían lo mismo?
- Seiya, te lo diré por última vez. Apártate o sufre las consecuencias.
- ¡Ya te he dicho que su tu objetivo es Saori-san no pienso dejarte pasar! ¡Es más, como compañero de armas tuyo me siento furioso que oses levantar tu mano contra tu diosa!
- Diosa o no, lo que hizo esa persona no deja de estar en nuestros corazones, como un clavo ardiendo a un trozo de madera… da lástima ver como tú, quien más los aborrecías te has acabado convirtiendo en su perro guardián.
- ¡Ya es suficiente, Kurama! – Encendió su cosmos, sorprendiendo a varios de los intrusos que nunca habían encontrado a un rival con semejante cosmos - ¡Voy a cerrarte la boca ahora mismo!
Se lanzó de ello hacía él, con su puño cargado con su cosmos. No pensaba usar el Pegasus Ryu Sei ken, lo atacaría directamente para acabar con él de un solo golpe. Tampoco quería matar a su viejo amigo, con el que más momento felices compartió en el aquel horrible orfanato. Kurama por su parte solo movió sus manos en un gesto extraño al que Seiya no prestó atención. Cuando ya estaba lo suficientemente cerca de él, intentó alcanzarle con su puño.
- ¡Toma esto!
Dirigió el puñetazo hacía su cara. Al impactar, un resplandor azulado cegó a varios de los presentes. Le había alcanzado, o eso pensaba. Estaba a escasos centímetros de él, pero no le había alcanzado. Había algo duro que le impedía a su puño continuar, algo que le cortaba el paso.
- ¡¿Q-Qu-… uaaaaaagh? – Un resplandor lo lanzó por los aires, hasta estrellarse contra uno de los pilares que se derrumbó encima del caballero de bronce.
Seiya pudo levantarse a duras penas, pues el impacto había sido devastador, mucho más que el golpe que él había lanzado. No comprendía nada. Se dio cuenta entonces de que había algo brillante frente a Kurama, algo que cubría todo su lado.
- ¿Q-Qué demonios es eso…?
Mientras que el caballero de bronce estaba desconcertado por lo que había pasado, Mu no cabía en su sorpresa, pues reconocía perfectamente lo que veían sus ojos. Algo que él mismo había usado en innumerables ocasiones para defenderse.
- Déjalo Seiya, no vas a poder tocarme.
- ¡Eso ya lo veremos! – Hizo arder de nuevo su cosmos, moviendo sus manos según estaban situadas las trece estrellas de la constelación de Pegaso.
- ¡Seiya, espera…!
No le hizo caso y atacó con su Pegasus Ryu sei Ken. Cientos de estrellas fugaces se dirigieron hacía su objetivo, impactando en ese muro invisible que las fue repeliendo y devolviendo hacía el caballero de bronce. Antes de que llegasen hacía él, Mu se situó frente a él y logró desviarlas todas con un movimiento de su mano.
- Gracias, Mu.
- Es como me temía… ese muro es mi Crystal Wall.
- ¿C-Crystal Wall?
- Puede repeler y devolver cualquier ataque, multiplicando su potencia… dime, caballero, ¿quién eres realmente?
- Mpf… - deshizo el muro que lo protegía – Todos me conocen como Kurama y… soy el caballero de bronce del zorro – orgulloso, mostró su armadura de tono rojizo, en cuyo casco se podía ver, si uno se fijaba bien, la semejanza con la cabeza de un zorro.
- ¿El caballero del zorro? ¿Cómo es que puedes usar la técnica de Mu?
- No solo la mía… seguramente pueda usar todas las técnicas de los caballeros de Atenea.
- ¡¿Q-Qué…?
- Mi maestro me lo contó una vez… de entre los 88 caballeros, existía uno que era el más temido, pues era capaz de poder imitar las técnicas que hubiera visto solo una vez. Y eso no se limitaba solo a la de sus propios camaradas, sino también a la de sus enemigos.
- Es correcto… como bien has dicho, soy capaz de realizar cualquier técnica.
- Aunque puedas usar cualquier técnica… - se adelantó, para seguir el combate - ¡Nunca podrás igualar su potencia!
- En eso estás muy equivocado, Seiya… - su mano se alzó hacía el cielo, como simulando la boca de una serpiente - Y ahora te lo voy a demostrar…
No es su cosmos lo que le sorprendía, sino que esa pose que estaba adoptando la conocía muy bien, pues había sufrido en sus propias carnes ese ataque varias veces. Cuando lo vio saltar en el aire, cayendo en su dirección mientras su mano derecha emitía pequeñas descargas, era como estar viendo a Shaina.
- ¡Thunder Claw!
Esquivarlo no fue un mayor problema, pues conocía la técnica demasiado bien como para dejar alcanzarse por ella. Sin embargo, no logró evitar la gran cantidad de escombros que levantó el golpe al impactar contra el suelo. Aun así, no perdió el equilibrio y logró aterrizar de pie. No cabía en su asombro, era igual de potente que el de Shaina, no, puede que incluso mucho más.
- Se nota que conoces muy bien esta técnica, la has esquivado bien.
- ¿C-Cómo puedes hacerla…? ¿D-Dónde la has visto…?
- El caballero de Aries ya te lo ha dicho… - adoptó una nueva pose, esta vez alzando ambas manos en el aire, cruzándolas y creando una gran cantidad de cosmos entre sus manos.
De nuevo algo que Seiya conocía muy bien, y le hizo temblar, solo de recordarlo.
- E-Esa es…
- Desaparece, Seiya… ¡Galaxian Explosion!
Cientos de planteas rodearon al caballero de bronce, listos para ser atraídos al centro y explotar al mismo tiempo. De nuevo, Mu se interpuso en el camino del ataque, pero esta vez uso el Crystal Wall para defenderse. Podía repeler cualquier golpe, y ese no iba a ser una excepción, aunque fuera la técnica más poderosa que se decía que tenía el caballero de oro más poderoso del santuario.
Sin embargo, el cosmos desapareció de pronto, volviendo todo a la normalidad. Los dos se quedaron a cuadros, pues no entendían que había pasado.
- ¿Q-Qué…?
Una luz a su espalda los alertó. Al girarse, los dos recibieron la explosión de lleno, volando por los aires y destrozando el muro a su paso, cayendo al suelo de cabeza.
- N-No puede ser… e-es igual que el ataque de Saga… puagh…
Mu había recibido menos daños gracias a su armadura dorada, aun así, casi no podía ni levantarse. Había sido mucho más poderosa de lo que se esperaba. Lo que no entendía era como había hecho desaparecer la técnica para luego hacerla reaparecer a su espalda. ¿Qué truco había usado?
- Chicos, sigamos.
No tuvieron muchos problemas en poder pasar al lado de los malheridos caballeros. Mu quería detenerles, pero el impacto del ataque había sido mayor de lo que esperaba, y más aun recibiéndolo desde atrás. Seiya por su parte estaba a punto de perder el conocimiento. Su armadura había quedado más dañada todavía de lo que ya estaba, y casi no sentía su cuerpo. Mientras los veía adentrarse en la casa de Aries, fue perdiendo el conocimiento hasta desmayarse.
El grupo no perdió el tiempo y corrieron a toda velocidad para llegar al templo de Tauro. Era posible que sus compañeros estuvieran luchando allí contra el caballero de oro, o igual había logrado derrotarlo y pasar. Sus dudas se aclararon al llegar a las puertas del templo. Los cuerpos de sus doce compañeros yacían, con sus armaduras destrozadas y gran cantidad de heridas, en las escaleras. El caballero de oro de Tauro, Aldebarán, se erguía majestuoso a las puertas de su templo, cruzado de brazos y emitiendo una gran presión en el aire, que hizo retroceder a algunos.
- De modo que tú eres Aldebarán, el caballero de oro de Tauro.
- Veo que han venido más insectos… si no queréis correr la misma suerte que vuestros amigos, dad la vuelta.
- ¿Crees que nos vamos a ir así como así? Eres tú quien debería apartarse.
- No entiendo bien lo que decís – la presión del aire aumentó cuando comenzó a emitir su gran cosmos – Pero no parece que queráis marcharos
- Inténtalo, si puedes.
Un destello dorado pareció salir de sus ojos, en dirección al grupo de caballeros. De entre el grupo saltó uno que lo detuvo con una de sus manos sin mayor complicación, retrocediendo solo un par de centímetros. Aldebarán observó con curiosidad al valiente que se había atrevido detener su ataque con una única mano. Quizás solo fuera un poco más pequeño que él, bastante robusto, de cabello negro y rizado, vistiendo una armadura de color azul oscuro.
- No te creas que algo así iba a cortarnos el paso, bovino descontrolado.
- Mmmm… has detenido mi golpe – parecía que no había prestado atención a su comentario - ¿Quién eres?
- Me llamo Bernardo, y soy el caballero de bronce de la Osa Menor.
El caballero de bronce se situó frente al caballero de Tauro, ofreciéndole sus manos. Aldebarán sonrió, divertido de que alguien como él le estuviera retando a un duelo de fuerzas. Acepto de buen grado, apretando sus manos con las de él y empezando a ejercer presión. El caballero de bronce hizo lo mismo, y en cuestión de segundos toda la atmósfera del lugar era como si se concentrará entre esos dos caballeros, que poco a poco, por la fuerza de sus cosmos, iban hundiéndose más y más en un pequeño cráter.
Algunos de ellos no estaban para nada asombrados de ver aquellas, en cambio otros estaban que les temblaban las piernas por el gran poder que estaban viendo concentrarse entre esos dos caballeros. Parecía que sus poderes estaban muy igualados.
- ¡Vosotros, seguid adelante! ¡Yo me ocuparé de él!
- Ten cuidado, Bernardo.
En cuanto vio que los caballeros iban a pasar por su lado, Aldebarán quiso separarse del santo de bronce para poder cortarles el paso, sin embargo este comenzó a echarse hacía atrás, logrando levantar al pesado caballero de oro sin mayores problemas. Cuando lo tuvo el aire, separó sus manos y lo agarró por la cintura, terminando de echarse hacía atrás, como si de un movimiento de judo se tratase.
- ¡Bear Ultra Bomber!
Aldebarán quedó clavado en el suelo, como un vulgar árbol. Los compañeros de Bernardo se giraron curiosos para ver como había dejado al caballero gigante de oro.
- Parece que se las apañará… venga, sigamos – ánimo Kurama y comenzaron todos a correr hacía el siguiente templo, el de Cáncer.
Bernardo se sentó al pire de las escaleras, de brazos cruzados, divertido de ver al caballero dorado así. Realmente parecía que hubiera plantado un pino gigante.
- ¿Vas a levantarte? No te he atacado con toda mi fuerza, y eso no es suficiente para acabar contigo.
Como si le hubiera oído, el suelo alrededor de Aldebarán se partió en cientos de pedazos que salieron volando por los aires a causa de un destello dorado. El caballero dorado volvió a levantarse majestuoso, y algo molesto a la vez.
- Eres mucho más fuerte de lo que aparentas, alfeñique.
- Je… - se puso de pie – Parece que ahora si que vas a ir en serio, bovino desquiciado.
- Dijiste que te llamabas… ¿Eduardo de la Osa Menor?
- Es Bernardo. Y más te vale recordarlo, porque ese es el nombre del caballero que te hará morder el polvo, Tauro.
- Veamos si tus puños son tan feroces como tus palabras, antes de que me haga un abrigo de piel con tu pellejo.
TRADUCCIONES DE TÉCNICAS
- Pegasus Ryu Sei Ken: Puño meteórico de Pegaso o Meteoros de Pegaso
- Crystal Wall: Muro de cristal
- Galaxian Explosion: Explosión galáctica o explosión de las galaxias
- Bear Ultra Bomber: Ultra Bomba del oso
ALGUNOS DATOS
Sobre la habilidad de Kurama, el caballero de bronce del zorro, el que pueda usar todas las técnicas que ve viene por lo que se cuenta de los Kitsune (zorros) en el folklore japonés.
Según dicen las leyendas, los zorros, al igual que los Tanoki (mapaches) podían transformarse en cualquier persona e imitarla. De ahí que se me haya ocurrido que tenga esa habilidad, además de poseer claro está sus propias técnicas
En cuanto a los 12 caballeros caídos, como bien sabéis solo existen 88 constelaciones, por lo que solo hay 88 caballeros de Atenea. Es por ello que, como se ha visto alguna vez en la serie, algunos caballeros no tendrán una constelación reconocido, por lo que a ellos no hace falta hacerle mención y me centraré en los caballeros de cuyas constelaciones si existen en el firmamento y son parte de los 88 principales.
