UNIDOS POR EL DESTINO
Cap. 2: Nuevas Amistades
La última semana que tuvo de libertad transcurrió como arena entre los dedos, al menos esa era la sensación que tenía Ema observando el reloj despertador que marcaba 5 minutos antes de las 7 de la mañana, dentro de poco tendría que levantarse y prepararse para ir a la universidad. Mientras se removía en su cama intentando disfrutar al máximo sus minutos finales de calidez y comodidad, hizo una recapitulación de las actividades en que había invertido sus días anteriores.
Del martes al jueves tuvieron la inesperada visita de su madrastra Miwa, quien intentando recuperar el tiempo perdido con su hija se dedicó a llenarla de atenciones como ir de compras, salir a comer a los restaurantes de moda y por supuesto visitar alguna estética para recibir un tratamiento de belleza completo. Estaba contenta que su madrastra se mostrara tan consentidora con ella, nunca antes lo había experimentado y podría acostumbrarse fácilmente si en sus próximas visitas se repetía todo aquello.
El viernes lo dedico a ir a las principales librerías y tiendas de la ciudad para comprar todo el material didáctico que fuese a necesitar, por supuesto tuvo acompañantes con la mejor disposición de ayudarla: Ukyo se ofreció a llevarla en coche para que comprara cuanto quisiera, además de brindarle su valiosa opinión sobre qué libros serían su salvación con determinadas materias, Kaname la asesoró acerca de que estilo debería adoptar para ganarse la simpatía de los profesores y hasta de sus compañeros, prácticamente le ordenó que comprara cierta ropa y accesorios, y finalmente Yusuke sólo escuchó con atención los consejos de sus hermanos y por supuesto no le permitió cargar nada.
El día sábado lo reservó para su hermano más pequeño, llevándolo al parque de diversiones donde igualmente ella disfruto como una niña. Y ya para el domingo un picnic familiar en el parque fue lo más idóneo, disfrutar del aire libre y la compañía de todos la relajó por completo.
Sólo había algo que le había hecho falta durante esa semana, y ese algo la tenía inquieta ya que su mente se encargaba de recordarle cada vez que tomaba su celular que debía responder de una vez por todas el mensaje de Natsume.
Por fin sonó la alarma y sin más la apago, saltó de la cama y se puso en marcha.
- ¡El desayuno ya está listo!
Escuchó decir a su hermano antes de siquiera terminar de bajar las escaleras – Muchas gracias Ukyo San.
El hombre de corta y rubia melena le alcanzó un vaso con jugo de naranja hasta donde ella se había sentado – No tienes que agradecer nada, cada vez que mi horario me lo permita te preparé el desayuno – le aseguró con una sonrisa.
Ema se acomodó la servilleta sobre su regazo y se dispuso a comer – Mmm… ¿Ukyo San tú no vas a desayunar?- dijo al pasarse el primer bocado.
- Desayune hace unos momentos – se regresó a la cocina y trajo una bolsa pequeña – También te preparé el almuerzo. Espero no te moleste seguir llevando comida casera estando en la Universidad.
- ¡Por supuesto que no! – casi se atraganta – Me encanta todo lo que preparas, más bien siento pena que sigas preparándome el almuerzo.
El hombre cruzo sus brazos y exhalo paciente – Te repito que no es ninguna molestia para mí. De hecho disfruto mucho el cocinar, es una actividad que tranquiliza y despeja mi mente - separó los brazos y tomó un maletín colgado sobre el brazo de una de las sillas – Y créeme que cuando tienes un trabajo muy demandante necesitas algo para distraerte, y que mejor que ese algo te apasione.
Ema observó a su hermano mayor ponerse y acomodarse el saco de vestir y tras dar un trago a su jugo preguntó - ¿Te vas ya?
Ukyo asintió y explicó – Estoy a cargo de un caso muy delicado y tengo mucha investigación por hacer.
Ema se limpió los labios con la servilleta y le esbozó su mejor sonrisa – Te deseo mucha suerte.
- Gracias Hermanita - dicho esto salió de la habitación.
Tras lavar y acomodar la vajilla utilizada. Ema se colgó su bolso y fue hasta la entrada de la residencia para calzarse. El día hoy estrenaría uno de los vestidos que le había comprado su madrastra, una prenda de algodón de rayas blancas y azul marino de manga corta, que tenía como complemento un lindo cinturón color café oscuro tejido en piel. Optó por ponerse sus botines que hacían juego con el cinturón y como aún era muy temprano se puso su gabardina color crema para no pasar frío
El recorrido hasta la universidad sería largo pero sencillo, aproximadamente media hora tomando el tren bala. Para su buena suerte había una estación cerca de casa y podía llegar caminando. Superado el trayecto en tren, puesto que la fila para la compra de boletos y dentro de los vagones estaban repletos de gente, por fin al bajar en la estación "Meiji" pudo contemplar el enorme edificio donde estudiaría los siguientes 4 años de su vida.
Consiguió llegar hasta el salón de clases que le correspondía, echó un vistazo dentro y no encontró a nadie, miró su reloj y las manecillas de este apuntaban las ocho en punto. Estaba a tiempo; Sin embargo, parecía que eso ya no importaba tanto.
Una palmada en su hombro la sacó de sus pensamientos y giró para encontrarse con el responsable.
- ¡Hola! – una chica más bajita que ella, pelirroja y de grandes ojos azules la saludo alegremente – ¿Te asuste? ¡Perdona!
- No, descuida – negó con la cabeza.
- Me llamo Nakamura Misato – le extendió su brazo para formalizar su presentación – Pero puedes llamarme Misa – soltó una risilla – Bueno, más bien prefiero que me llames así.
- De acuerdo – correspondió su saludo – Misa San.
- ¿Aún no llega nadie verdad? – entró al salón – Mejor aún, podremos escoger donde sentarnos.
- Pero, ¿si estamos en salón correcto? – la siguió.
- Claro que sí – exclamó dejándose caer en una banca pegada a la ventana, y palmeó una banca justo a lado – Siéntate aquí.
Ema hizo lo que le pidió, dándose cuenta al instante que su nueva "conocida" definitivamente tenía una personalidad bastante extrovertida - ¿Por qué no ha llegado nadie aún?
- Es normal, es el primer día y todos están más ocupados en buscar con quien juntarse y sobre todo en lucir bien.
De forma inconsciente regresó a ver a su vestido, sintiéndose parte de aquello también.
- Dentro de poco llegarán – echó los brazos atrás, para apoyar su cabeza – Hasta los profesores se dan el lujo de ser impuntuales, pues están acostumbrados a que pase esto.
- Parece que sabes mucho – posó sus codos sobre la mesa de la banca y acunó su rostro entre sus manos.
- ¡Para nada! – carcajeó – Lo que ocurre es que mi hermana estudió aquí y me dijo todo lo que hay que saber – de repente la miró directo a los ojos, en señal de complicidad – Ya sabes, ¡Toooodo!
Se ruborizó ante esa última palabra, pues encerraba muchas cosas.
- Por cierto, que mal educada soy – dejó su postura relajada – No te he preguntado tu nombre.
- Ah… me llamo Asahina – tragó saliva, por sentirse presionada – Asahina Ema.
- ¡Ema! – sonrió mostrando los dientes – Tienes un nombre muy bonito.
- Gracias – musitó, con cierto recelo por el exceso de familiaridad con la que la trataba.
- Seamos amigas Ema, nuestro encuentro no ha sido por casualidad ¿no crees? – volvió a fijar su mirada en ella.
- ¿Eh?- abrió la boca con sorpresa - ¿Por qué lo dices?
- Yo creo que las relaciones entre las personas están predestinadas, y sólo te encuentras en el camino aquellas personas que son especiales y formaran parte de tu vida – suspiró – El día de hoy te encontré aquí sola, por eso tengo el presentimiento que seremos grandes amigas.
Ema reflexiono sobre todo lo que su ahora "amiga" le había compartido, y honestamente le costaba coincidir con su ideología.
- Ema – captó su atención, pues parecía dispersa - ¿Acaso a ti no te ha ocurrido algo similar?
- No te entiendo…
- ¿No has conocido alguien en algún lugar ó en determinada situación con la que hayas sentido una conexión al instante? – formulo su pregunta de forma más clara.
- ¿Conexión? – cada vez le resultaba más difícil seguir la conversación.
- ¡Sí! – se levantó y juntó sus manos ilusionada – Una chispa, como si un rayo te cayera en el pecho y un montón de mariposas llenaran tu estómago. No sé cómo explicarte, simplemente debes sentirlo.
Ema guardó silencio, y a su memoria vino un recuerdo. Se mordió el labio.
- ¡Ahhh! – pilló su mueca – ¡Entonces te ha pasado! – la apuntó con el dedo - ¡Tienes que contarme! ¡Y con detalles! – sentenció.
- Bueno yo…
De forma abrupta irrumpieron en el salón un montón de jóvenes, quienes comenzaron a ocupar todos los asientos vacíos. Y seguido de ellos, entró un hombre de aspecto canoso y vistiendo traje oscuro, quien tras colocar su portafolio sobre el escritorio, empezó a escribir en el pizarrón sin dar lugar a introducciones.
Ema rápidamente sacó su libreta y pluma para tomar nota, y a punto de escribir sintió el filo de un lapicero picándole el brazo.
- Tsss… Ema… - su amiga pelirroja le hablaba entre dientes – Promételo…
- ¿Qué cosa? – le respondió al mismo tono.
- Prométeme que me contarás de quien te has enamorado… - extendió su meñique para comprometerla.
Ema intento evadirla, fingiendo prestar atención al profesor que continuaba escribiendo sobre la pizarra como si estuviera poseído. Entonces volvió a sentir el pinchazo del lapicero, y con ligera irritación igualmente extendió su meñique y lo enredo con el de ella – Si, lo prometo.
Así como empezó su primer día de clases, termino. Su nueva amiga no se despegó de ella ni un instante, y se dedicó a interrogarla de forma aguda y constante, averiguando de su vida más de lo que a cualquier otra persona le había contado en años. No obstante, tenía que admitir que no le desagradaba en absoluto su compañía, debajo de toda su hiperactividad había una persona sincera y natural.
- Vaya Ema, si que eres una cajita de sorpresas – intentaba llevar el ritmo de sus zancadas, pero su estatura no le ayudaba mucho y hablaba con agitación – Es increíble todo lo que me has contado, mira que pasar de ser hija única a tener 13 hermanos, en serio ¡es increíble!
La castaña se rascó la mejilla apenada.
- Me gustaría conocer a tus hermanos algún día… - expresó con emoción – De todo lo que me has dicho, es más que obvio que son muy simpáticos y apuesto que muy guapos también ¿o no?
-Supongo que sí… - una gotita resbalo de su sien, no estaba segura como responder a eso.
- Hay vamos… - le dio una palmada en la espalda - ¡No seas modesta! ¿Acaso me vas a decir que ninguno de tus hermanos se te hace guapo? – la rebaso y se le plantó enfrente – Es más, ¿no te gusta alguno de ellos?
Ema reparo en seco ante aquella pregunta, hasta que una corriente de aire alboroto sus cabellos y la falda de su vestido. Había llegado el tren.
- Tengo que irme – salió de su trance – Nos vemos mañana Misa San - se despidió sacudiéndole la mano mientras corría hacia las puertas abiertas del vagón.
Una vez el tren se puso en marcha, Ema dejó escapar el aire que había estado conteniendo, a la par que su corazón normalizaba sus latidos. Estaba preparada para todo reto intelectual que representara cursar la Universidad, para eso había estudiado mucho y obtenido las mejores notas, pero, definitivamente no estaba preparada para una amistad como esa. Era como si buscara confrontarse a ella misma y poner en claro sus sentimientos, y no… no estaba preparada.
Caminando de la estación hasta su casa, rumio sobre las posibles respuestas que le diría a Misa en cuestión de las dos preguntas a las que logro sobrevivir el día de hoy: ¿De quién te has enamorado? Y ¿Te gusta alguno de tus hermanos? Agacho los hombros, agotada. Ambas preguntas parecían tan ajenas a su vida y a la vez, tan presentes.
Sin percatarse de su entorno, había llegado ya a su domicilio. Y justo aparcado frente a la entrada de la residencia estaba una camioneta color carmesí. Sabía perfectamente quien era el dueño de ese vehículo, y por nada del mundo quería encontrarse con él, con Natsume.
Decidió no llegar a casa todavía, así que regresó unas cuantas calles y tomó la desviación hacia el parque. Esperaría lo que fuera necesario, pero, al menos avisaría sobre su retraso a uno de sus hermanos mayores para que no se preocuparan.
Al tercer timbrazo una voz madura respondió al teléfono – Familia Asahina.
- ¿Masaomi San?
- ¿Ema Chan? – su tono cambió a uno más cordial - ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?
- Sí, estoy bien – trató de sonar animada – Sólo que debo quedarme más tiempo en la escuela para resolver unos trámites y quería avisarles.
- Muchas gracias por tu consideración hermanita. Por favor dinos si necesitas cualquier cosa, y procura no regresar muy noche ¿de acuerdo?
- De acuerdo – respondió y presionó el botón de colgar.
Empuño su celular con ambas manos, odiaba tener que mentir. Pero odiaba más comportarse como una cobarde.
Se sentó en una de las bancas que rodeaba los juegos infantiles, y se entretuvo observando a varios pequeños jugar. Añorando sus tiempos de infancia, cuando todo parecía ser más simple.
Entretanto, en la residencia Asahina un par de hermanos discutían acaloradamente.
- ¡Te digo que el villano debería tener un matiz de voz más gutural! – exclamó un chico de cabellos blancos a otro de cabellos oscuros.
- Estás equivocado… - sin perder la compostura y sentado en el brazo del sofá le explicó – El villano tiene una personalidad retraída e irascible, por lo tanto su voz debe ser más bien seca precisamente porqué habla poco.
- Tú no entiendes al personaje, es más no sé porque preguntó tu opinión si el que lo va a caracterizar soy yo – bufó irritado y pateo el brazo del sofá donde estaba sentado su gemelo.
- Lo haces porque sabes que siempre tengo la razón - cruzó la pierna, sin mostrar la menor molestia ante aquel berrinche.
- ¡No seas arrogante! – posó sus manos en la cadera.
Otros dos hermanos sentados en el comedor, miraban con cierta indiferencia aquella escena pues a estas alturas estaban más que acostumbrados, así que continuaron degustando su té y conversando en absoluta calma pues hacía tiempo que no se veían.
- ¿Entonces se extenderá por dos semanas más? – agitó la cuchara dentro de la taza para disolver el azúcar.
- Así es… - exhalo – La fiscalía obtuvo nueva evidencia y el Juez concedió tiempo para que se realizaran las investigaciones pertinentes.
- Allí es donde entras tú ¿no es así? – saboreó su bebida.
El hombre retiró sus gafas por un momento para poder masajearse el puente de la nariz – Correcto, he leído toneladas de papeles… - se volvió a colocar las gafas – Debo admitir que ya me encuentro un poco exhausto.
Un tercer hermano se les unió, sentándose en la cabera de la mesa.
- ¿Quién llamo? – preguntaron a coro al recién llegado.
- Era nuestra hermanita, avisó que llegaría más tarde – pasó su mano sobre su melena oscura y ondulada.
- ¿Todo bien? – Ukyo lo cuestionó al notar su preocupación.
- Sí, si… - se apresuró a responder – Es sólo que no puedo evitar sentirme ansioso en caso que regrese ya muy noche, tomando en cuenta que el transporte público no es un lugar muy seguro para una jovencita.
- ¿No te pidió que pasarán a recogerla? – alzó la voz, sin ser consciente de ello.
- Bueno, le ofrecí que si nos necesitaba nos lo hiciera saber.
- Hay que confiar más en ella – Ukyo les sugirió- Después de todo, antes de tenernos a nosotros ella siempre cuido de sí misma.
- Tienes razón – se rió - quizás estoy exagerando.
El visitante se levantó tras dar el último sorbo a su té.
- ¿Te vas Natsume? – Ukyo lo imitó y recogió las tazas para llevarlas hasta el fregadero.
El rubio asintió y se excusó - Todavía tengo otros asuntos que atender del trabajo, sólo pase a saludarlos.
- Es una lástima que no alcanzaras a ver a Ema – opinó Masaomi sin levantarse aún de la mesa – Han pasado varios meses desde la última vez que viniste, no dejes que pasen varios más para que vuelvas a visitarnos ¿está bien?
- Haré lo posible… - se metió las manos a los bolsillos y sin despedirse de sus otros hermanos que continuaban enfrascados en la misma discusión, se retiró.
Al llegar a su coche, se quitó el saco y lo extendió sobre el asiento trasero, pues le resultaba más cómodo manejar sin llevarlo puesto. Hurgo la bolsa de su camisa y sacó las llaves, y en segundos estaba ya conduciendo hasta el primer retorno de la calle.
Encendió la radio para distraerse su mente. Pues sólo se le ocurría reprocharse como primer lugar el haber venido, sabía perfectamente que ella no vendría si él estaba allí. Y su segundo reproche era el haber mentido, no era por trabajo por lo que se iba en esta ocasión, sino ella… Tenía que verla y por ello la buscaría hasta la Universidad.
El semáforo se puso en rojo, y aprovechó para sacar un cigarrillo y justo al abrir la ventana para encenderlo vio una figura conocida sentada en el parque.
Ema había sacado uno de sus nuevos libros y leído ya una cuarta parte del contenido, su materia de literatura prometía ser bastante interesante por lo que alcanzaba a comprender del texto. De repente una sombra cubrió la luz del sol a sus espaldas. Giró en el acto y su corazón se sobresaltó.
- Natsume San… - lo llamó, sin atreverse a decir más.
- Ema… - su rostro se mostraba impasible, más sus ojos brillaban con intensidad.
Allí estaba, nuevamente esa conexión, esa chispa… Tal y como la primera vez que lo vio en el interior de aquella iglesia donde no hace mucho sus padres se habían casado. Su cabeza parecía darle vueltas, le faltaba el aliento y sus piernas flaqueaban. Acaso esto era… acaso ella estaba…
Notas de la Autora:
Bueno, ahora sí hasta yo me sorprendí. Actualizamos justo en una semana y considero que me merezco unos aplausos (aplaudiendo… XD)
Espero hayan disfrutado este capítulo, que al igual que el anterior fungen como introducción. Ya saben hay que fijar el tiempo y espacio en el que se desarrolla la historia, y sobre todo a que nivel emocional se encuentran nuestros protagonistas.
En fin, cualquier sugerencia o comentario es bienvenido, y aprovechando vamos agradecer a las primeras dos personitas que se tomaron la atención de dejarme reviews:
Maii95: Espero estés satisfecha y no haberte hecho esperar mucho, es todo un halago que para ti sea un placer leer esta historia, y ojalá que este nuevo capítulo igualmente te haya complacido.
Khadija: Muchas gracias por tus porras, me ponen muy contenta! Y descuida, por supuesto que continuaré la historia. Yo no empiezo algo sino voy a terminarlo.
Eso es todo queridos lectores, cuídense y sean felices!
