2. Y se trajo el frío a casa y las ganas de llorar
–¿Sabéis si ha pasado algo? –Carina se sentó al lado de Cassie y miró a sus tres hermanos mayores con preocupación.
–Ni idea, solo sé que esta vez no he sido yo –la rubia, que tenía a su pequeña Jean en brazos, se encogió de hombros–. O, al menos, creo que no. No han podido enterarse de eso…
–¿Qué has hecho, Cassie? –Orion frunció el ceño y la miró con preocupación.
–No preguntes.
–Miedo me das… –Carina estiró los brazos y miró a Jean con una pequeña sonrisa–. Vente con la tita, anda.
La pequeña la miró durante unos instantes antes de empezar a reír y Cassie se la pasó.
–La cuestión es que esto es muy raro –el chico se sentó también y miró a Lyra, que llevaba unos días bastante callada–. Tú lo sabes, ¿verdad?
–No sé de qué me hablas –mintió, con la vista fija en la pared.
–Ya, claro.
Por suerte no tuvo que añadir nada más. Rose y Scorpius entraron al salón y cerraron la puerta. El diagnóstico era muy reciente y todavía no iban a decírselo ni a Ron y Hermione, ni a Draco y Astoria, pero ambos sabían que sus hijos debían saber la verdad cuanto antes.
–Os juro que no era mi intención y que al final no me han despedido –se apresuró a decir Cassie, poniéndose de pie–. Solo fue un malentendido con la estúpida esa, pero no va a haber denuncia.
–¿Qué? –Rose frunció el ceño y su hija sonrió de forma nerviosa.
–¿No queríais hablar con nosotros de la pelea que tuve el otro día en un evento?
–No –la mujer negó con la cabeza y suspiró. Su hija era, definitivamente, un caso perdido–. Siéntate, Cassie. Tenemos que hablar de algo importante.
–Está bien…
–¿Qué ha pasado? –Orion se cruzó de brazos y los miró con preocupación.
–El otro día estuve en el médico haciéndome unas pruebas. Llevaba un tiempo encontrándome un poco mal así que decidí ir a hacerme un chequeo –empezó a explicar su madre.
–Oh, no –Carina palideció. No les contarían aquello si no fuera algo grave–. Mamá, por favor, dime que estás bien.
–Estoy bien, cariño –suspiró–, pero me han detectado un tumor en el pecho.
–Eso es… Eso es cáncer, ¿verdad? –Cassie sintió cómo se mareaba y se agarró con fuerza al brazo de Orion.
–Sí, pero lo han detectado a tiempo –intervino Scorpius–. Si empieza ahora con el tratamiento, hay muchas posibilidades de que se cure.
–Y voy a empezarlo muy pronto. No os preocupéis.
–¿Cuándo te han dado la cita? –Preguntó Lyra.
–En dos días. Ya me han hecho todas las pruebas necesarias y el sanador quiere que comencemos cuanto antes.
–Quiero ir contigo.
–Cielo, no hace falta –Rose sonrió levemente–. Tu padre me acompañará.
–Insisto. Trabajo en San Mungo, he visto tratamientos de ese tipo antes y podría ayudar.
–Ya veremos –el rubio asintió antes de fijar la mirada en su hijo, que no había dicho nada desde que había escuchado la noticia–. Orion, ¿estás bien?
–¿Cómo quieres que esté bien? –Murmuró. Se echó un poco hacia delante y apoyó los codos en las rodillas–. ¿Por qué no me lo habéis dicho antes?
–No queríamos que lo supierais hasta estar seguros.
–¿Y Lyra?
–Nos la encontramos en San Mungo y tuvimos que decírselo, pero no creo que sea el momento de hablar de esto.
–Cielo, no pasa nada –Rose sonrió con dulzura a su hijo. Lo conocía bien y siempre había temido que reaccionara así al enterarse de la noticia. Orion era más sensible de lo que todos creían.
–Claro que pasa, mamá –se levantó rápidamente y los miró a ambos, con los ojos vidriosos–. ¡Tienes cáncer! ¡Te puedes morir!
–No voy a morirme.
–Por Merlín, Orion, el cáncer se cura.
–¡No quiero oír tus estúpidas frasecitas de sanadora, Lyra! –Bufó y le pegó una patada al suelo–. ¡Esto es una mierda!
–Orion.
–No, papá. No me digas que no actúe así porque los dos sabemos que esto puede ser el fin y yo… No puedo actuar como si nada mientras mamá se muere.
Dicho esto, se desapareció y el matrimonio intercambió una mirada de preocupación. Sabían que él sería el que peor se lo tomaría.
–Se le pasará –murmuró Lyra–. Hablaré con él luego, no os preocupéis.
–Sí, claro –la pelirroja suspiró–. Voy a curarme, voy a hacerlo por vosotros. Además, ¿cómo no voy a ver crecer a mi nieta?
Cassie, que había empezado a llorar sin darse cuenta, cogió a Jean de los brazos de Carina y la abrazó con fuerza.
–Eso mismo pienso yo, mamá –su voz sonó ahogada por las lágrimas. Se puso de pie y negó con la cabeza–. Lo siento, yo… No puedo.
Salió corriendo de la habitación y sus padres suspiraron.
–Supongo que necesitan un poco de tiempo para asimilarlo –Scorpius acarició la mejilla de su esposa y le dedicó una pequeña sonrisa–. ¿Por qué no subes a descansar un rato, Rose?
–Sí, estoy un poco cansada, la verdad –miró a sus dos hijas y sonrió–. Os veré en la cena y, de verdad, no os preocupéis.
–Luego nos vemos, voy a acompañarla.
Rose y Scorpius salieron de la habitación y Lyra se acercó a su hermana pequeña, que se mordía el labio de forma nerviosa y tenía la vista fija en sus manos.
–Ven aquí, anda.
Lyra la abrazó y ella, sin poder evitarlo, comenzó a llorar.
–Tranquila, no pasa nada, se pondrá bien –susurró, comenzando a acariciar su pelo–. Jesse y yo hemos estado viendo algunas estadísticas y generalmente se cura. Especialmente si lo han detectado a tiempo como en el caso de mamá.
–¿Segura?
–Claro –se obligó a sonreír levemente–. Mamá se pondrá bien, pero tenemos que apoyarla, ¿de acuerdo?
–Lo sé.
–Has sido muy fuerte, ¿lo sabes?
–Si hubiera reaccionado mal, habría sido peor para ella –murmuró.
–Exacto.
–¿Podrías llamar a Thomas? Ne… Necesito hablar con él –le pidió–. Sé que mamá no querrá que hablemos de esto con mucha gente, pero…
–No te preocupes, le enviaré un patronus.
Cassie no podía parar de llorar. Lo estaba intentando con todas sus fuerzas, pero no era capaz. No podía creerse que su madre estuviera enferma.
Había subido corriendo a su dormitorio, se había encerrado y había comenzado a escribir una carta para Ryan. Él tendría que estar con ella y con Jean en aquel momento, no en Azkaban. ¿Por qué no podía estar apoyándola?
El llanto de la pequeña la sacó de sus pensamientos, pero hizo que una sacudida de rabia la recorriera de arriba abajo. Se giró y, tras lanzar su pluma al suelo, comenzó a gritar.
–¡Cállate! ¡Cállate!
Pero Jean, en lugar de guardar silencio, empezó a llorar con más fuerza, asustada por los gritos de su madre, que se cubrió el rostro con las manos y sollozó de nuevo, aunque se obligó a levantarse y acercarse a la cuna.
–Lo siento, cariño –la cogió en brazos y la meció–. Lo siento, no quería asustarte. Mamá te quiere mucho, pero esto es… demasiado para mí.
La meció unos instantes hasta que se calmó y volvió a dejarla en la cuna. Y justo entonces la puerta se abrió y Lyra entró al dormitorio.
–¿Estás mejor?
–No.
–¿Quieres que hablemos un rato?
–Nada de lo que digas podrá consolarme –se encogió de hombros y, tras dejar a la pequeña en su cuna, volvió a sentarse–. Ve a hablar con Orion, te necesita más.
–Ya me he encargado –se acercó al escritorio y miró el papel que su hermana había estado escribiendo–. ¿Qué escribes?
–Una carta para Ryan –trató de esconderla, pero Lyra fue más rápida y se la quitó. La leyó y la miró con los ojos muy abiertos–. No puedes enviarle esto.
–No es de tu incumbencia.
–"Mi madre se muere y tú en Azkabán" –leyó en voz alta antes de negar con la cabeza y rasgar el papel–. Ni en broma envías esto.
–¡Lyra!
–Lo primero es que mamá no se muere y, lo segundo, que estás siendo muy injusta con Ryan. ¿Crees que a él no le gustaría estar aquí contigo y con Jean?
–Pero no está… –Cassie apretó los labios y reprimió un sollozo.
–Cielo –la abrazó y la rubia enterró el rostro en su regazo, aferrándose con fuerza a ella–. Tranquila. Nos tienes a nosotros.
–Sí, pero tú tienes a Jesse, Orion a Ingrid y Carina a Thomas y yo…
–Tienes a Jean. ¿Qué mejor motivo para luchar? –Suspiró–. En cuanto Carina y tú os calméis, iremos a mi apartamento y hablaremos los cuatro. Tenemos que ver qué hacemos ahora –bajó el tono de voz y cerró los ojos–. Lo necesitamos.
–Por Dios pero, ¿qué es esto?
Ingrid enarcó una ceja y miró a su alrededor, sorprendida y preocupada. Había ido al apartamento en cuanto había recibido el patronus de Lyra, pero nunca se imaginó que se encontraría el piso completamente destrozado. Orion estaba en medio del salón y desgarraba con las manos un cojín, ajeno a la presencia de tu novia.
–¡Orion!
Solo entonces se dio cuenta de que no estaba solo. Soltó el cojín y se giró, alarmado.
–¿Qué haces aquí? –Se acercó a ella rápidamente y la agarró de la cintura antes de besarla con pasión, fuerza y rabia.
–Espera, espera –ella se separó y le dedicó una mirada preocupada–. ¿Qué ha pasado?
–No quiero hablar –volvió a besarla, pero la morena lo empujó y se libró de su agarre.
–Pero yo sí –se cruzó de brazos y enarcó una ceja–. ¿Y bien? ¿Qué ocurre?
Orion titubeó unos instantes pero, finalmente, lo soltó en un susurro.
–Mi madre tiene cáncer.
–¿Qué? –Ingrid palideció sin poder evitarlo. Debía haber entendido mal.
Él cerró los ojos y comenzó a contárselo todo, tratando de que no le temblara la voz y de no derrumbarse por completo.
Los cuatro no pudieron reunirse hasta que pasó la hora de cenar. Hasta entonces no se atrevieron a volver a sacar el tema. Carina ya se había desahogado con Thomas, Cassie había conseguido dejar de llorar y Orion había ordenado el apartamento con ayuda de su novia.
–Sé que esto es muy difícil de asumir –comenzó a decir Lyra, paseando de un lado a otro del salón–. Pero lo de hoy no puede repetirse. Tenemos que hacerlo por mamá. ¿Creéis que papá y ella no están preocupados? ¿Creéis que no se está haciendo la fuerte?
–Lo sabemos –Carina suspiró–, pero no se me ocurre qué hacer.
–Tenemos que mantenernos positivos y demostrarle lo mucho que la queremos.
–Pero ella ya lo sabe, ¿no? –Cassie suspiró–. Si nos hemos puesto así es porque estamos preocupados, porque la noticia nos ha asustado.
–Sí, pero justamente eso es lo que no debemos hacer –insistió–. Tenemos que mostrarle que la queremos con sonrisas y alegría, no con lágrimas. Así haremos que se sienta peor y que se desespere. Y eso es lo peor que una persona puede hacer en su estado.
–Pero, Lyra, ahora en serio –Orion suspiró–. No se va a morir, ¿verdad?
–Mamá es fuerte y va a luchar –sonrió levemente–. Además, ya escuchasteis lo que dijimos de los tratamientos. El cáncer se cura.
–Está bien.
–Pues eso es todo. Solo os advierto que no toleraré ni tonterías ni numeritos como el de hoy delante de mamá –les dedicó una mirada de advertencia y los tres palidecieron levemente.
–Por Merlín, eres igualita que el abuelo Draco cuando te enfadas –murmuró el chico.
–O como la abuela Hermione –añadió la pelirroja.
–La cuestión es que debemos mantenernos unidos para superar esto –suspiró–. No podemos dejar tirada a mamá cuando más nos necesita. ¿Estáis conmigo?
Los tres asintieron y ella estiró los brazos y les hizo un gesto para que se acercaran. Se abrazaron y la rubia sintió que el nudo de su pecho desaparecía. Saldrían de aquello como una familia.
Hola a todos :)
En primer lugar, daros las gracias por vuestros comentarios y por animaros a participar en este proyecto :) ¡Muchísimas gracias!
El cáncer, como bien habéis dicho en los comentarios, es una enfermedad muy dura y difícil tanto para quien la sufre como para quienes les rodean (como hemos podido ver en este capítulo). Sé que el fic es un poco triste, pero también llegarán buenos momentos, os lo prometo.
No contestaré los comentarios mediante comentario para poder llevar mejor la cuenta de los reviews, pero espero que esta nota de autor haya servido como respuesta. Y, de verdad, esto es algo que llevaba tiempo queriendo hacer y vuestras palabras me han animado mucho :)
¡Muchos besos y, recordad, con vuestros reviews contribuis con la causa!
María :)
