2 » Violeta
Mientras Hak, Kija y Jae-Ha discutían de algo que Yona no tenía idea (a lo que Yoon, Shin-Ah y Zeno ya estaban acostumbrados), ella seguía practicando su tiro con el arco. Para el momento, todos consideraban que superaba la media (tal vez incluso un poco más). Ninguno dudaba de sus habilidades y Hak creía que lograría ser buen rival para muchos —y estaba completamente orgulloso de ella, claro.
El silbido de la flecha y el posterior golpe sordo en el blanco dispersó la atención, hasta que finalmente la bestia alada cayó ante ellos. Yoon se acercó enseguida a levantarla con una sonrisa.
—¡Con una más tendremos una abundante cena! —aseguró entonces y Zeno se encargó de aplaudir y asegurar que él buscaría por la siguiente. Yona le sonrió amablemente y desvió luego su vista de nuevo al árbol, tan lejano a ella.
Hak se acercó a paso despreocupado (luego de otro golpe a Ojos Caídos por lo atrevido de su anterior comentario —a nadie le importaba lo bien que se veía Yona disparando, por un demonio, no importaba cuánta verdad había en ellos—) hasta donde estaba Yoon examinando el ave.
—Ha sido un buen tiro —le sonrió al verle acercarse. Le mostró la presa: la flecha estaba en su cabeza. Hak murmuró algo y asintió, elevando la vista hacia la princesa. Sonrió sin poder evitarlo, mientras le observaba hacer otro limpio tiro como el anterior, esta vez clavándose con fuerza en el árbol.
De repente se hizo el silencio, todos con la vista fija en la princesa, que se había quedado momentáneamente paralizada. Y mientras Hak no entendía muy bien qué ocurría (y Yoon tampoco, pero notaba la inquietud en los dragones) y el silencio no se terminaba jamás, las mejillas de Yona se tiñeron finalmente de un fuerte rojo y el grito de Kija se abrió paso antes de que cualquier otro comentario acerca del hilo de sangre que caía por la pierna de la princesa se hiciera presente.
—OH, POR HIRYUU, ¡YONA SE ESTÁ DESANGRANDO!
El Dragón Blanco comenzó a correr en torno a Yona sin estar seguro de qué hacer, mientras Jae-Ha le daba la espalda, sonrojado y con la mano tapándose el rostro (Hak casi pudo oír que él no sabía muy bien qué hacer con las mujeres en momentos como aquel) y Shin-Ah se apresuró a cubrir a Yona con su tapado de piel blanco, visiblemente preocupado.
—¿QUÉ HAREMOS? —seguía gritando Kija, entre tanto Zeno rebuscaba en el bolso de Yoon (para su completo disgusto) por medicinas. Ojos Caídos se había alejado de la escena, incómodo y Shin-Ah acariciaba el cabello de Yona (tan rojo como las mejillas de la muchacha).
—¡SILENCIO! —exclamó Hak finalmente, cortando incluso con los reclamos de Yoon hacia Zeno. Los dragones se giraron a verlo, esperanzados de que la Bestia de Trueno tuviera una solución para un problema de aquella magnitud—. La princesa solo necesita estar tranquila… lejos de ustedes, conjunto de locos.
Se acercó hacia Yona y la alzó en brazos (incluido el —que parecía ser interminable— tapado, que parecía cubrirla de pies a cabeza). La princesa estiró sus brazos y rodeó el cuello de Hak, acercando el rostro al suyo un poco más de lo que el muchacho recomendaba (por razones de salud mental), mientras sentía las manos fuertes y calientes de Hak sostenerle desde la espalda y bajo las rodillas.
—Hak —murmuró en un reproche, sin dejar de sentir las mejillas arder. Era realmente molesto ser una jovencita en medio de un montón de chicos, y más en días como aquel… y más si Hak decidía así como así alzarla en brazos. Tenía ganas de decirle que la suelte, que se aleje de ella. Le incomodaba estar en esas condiciones y que Hak estuviera tan cerca; le hubiera encantado simplemente desaparecer hasta que dejara de sangrar. Hak no dijo nada. Miró de manera desafiante (Di algo, atrévete) a Ojos Caídos, que le observaba con una sonrisa.
—La princesa estará bien —aseguró—. Volveremos enseguida.
Se alejó de ellos a paso tranquilo, con Yona aún en sus brazos (su peso era agradable, ahora que volvía a alimentarse correctamente). Estaba un poco mareado con su olor —no tenía ni la más puta idea de cómo hacía Yona para oler tan bien en medio de la nada y lejos de sus perfumes en el castillo— y con la cercanía de ella, pero se las estaba arreglando bastante bien. Sin embargo, el calor de los brazos de la princesa alrededor de su cuello y su aliento chocando cerca de su cara prometía que en cualquier momento su corazón iba a estallar y su mente se perdería en un limbo desconocido.
Finalmente llegaron al borde del río que corría cerca de donde acampaban (Shin-Ah lo había visto y todos habían estado de acuerdo que era un lugar ideal para descansar y tomar un baño). Dejó a Yona otra vez en tierra firme, mirándole de reojo.
—Podrás lavarte aquí —dijo finalmente, entre ella parecía muy cómoda aferrándose a la piel que la cubría—. Estaré por aquí entre tanto te ocupas de tus cosas, así que llámame si ocurre algo.
Comenzó a alejarse. Pretendía descansar en un árbol cercano, de espaldas a ella. Sabía que las mujeres requerían un poco de espacio en esos días especiales, pero de todos modos no se alejaría demasiado.
—Hak. —Escuchar su nombre de los labios de la princesa siempre era una delicia, pero sabía disimularlo bien. Se giró a verla con las cejas en alto, listo para soltar un comentario que le incomodara. Una vez más, la princesa no le dejaba ver aquellos grandes ojos, corriendo su mirada—. ¿Cómo sabes qué hacer…? Olvídalo.
Se acalló de inmediato, sin dejar de mirarse los pies. Había dejado el pseudo-tapado de Shin-Ah a un lado, y así era fácil percatarse del hilillo de sangre. Hak miró eso de reojo y luego enfocó la mirada en el cabello rojo de Yona. Se veía linda, sin importar que su peinado fuera un desastre, ni que estuviera un poco más ojerosa y pálida; podría pasarle un tornado por encima y, consideraba él, igual se vería linda.
Mundok le había hablado de las jovencitas, y Hak también había aprendido un poco por su cuenta. Había cosas que aunque no viviera en carne propia era capaz de saber, o aunque sea simpatizar. Sobre todo si se trataba de Yona. Era capaz de darse cuenta del cambio de humor y estaba claro que aquello le incomodaba mucho. Después de todo, era una mujer en medio de un montón de varones que velaban por ella. No era muy difícil darse cuenta de qué hacer cuando ella estaba así, aunque sea para él.
Se acercó y se paró delante. Yona alzó el rostro y le observó quedamente, aún visiblemente incómoda. Era la primera vez en un tiempo que cruzaba su fuerte mirada contra él, había estado huyendo casi todo el tiempo, como si no quisiera verlo (pasaban tanto tiempo juntos y habían pasado por tanto ya, que no le extrañaba). Y Hak sabía, sabía que estaba por decirle algo, posiblemente algo que a él no le gustaría escuchar (algo como que se alejara, o como que no le gustaba que le cargue de ese modo, o alguna otra cosa que solo significaba que no le gustaba estar tan cerca de él), de modo que antes de que Yona lo dijera, sacó de entre sus ropas el dulce que estaba guardando.
—Toma —se decidió, extendiéndola hacia ella. Lo había comprado en la última ciudad en la que habían estado. Esa era una ocasión tan buena como cualquier otra para dárselo. De todos modos, en otro momento seguro no se atrevía.
La princesa parpadeó y luego se decidió a tomar el dulce. Sus manos rozaron las de Hak y eso era suficiente para que quisiera salir corriendo en dirección contraria o abrazarla hasta que se pusiera muy-muy roja, cosa que siempre le daban ganas de besarla.
Murmuró algo que no llegó a escuchar y luego agregó:
—¿Por qué?
Hak lo meditó unos pocos segundos. Otra vez tenía sus ojos lejos de los de él (cosa que le fastidiaba bastante, a decir verdad), y se mareaba un poco con sus pestañas. Cuando ella levantó la vista se dio cuenta de que era momento de responder, que había estado en silencio más segundos de lo que se esperaba.
—Algo de dulce te vendrá bien, porque eres una princesa amarga.
Le sacó la lengua y comenzó a alejarse, a su paso normal y pensando que tal vez podría haberle dicho algo más lindo, como lo que había repasado en su mente una y otra vez. Por supuesto, en su mente la situación se había dado de forma diferente, mucho más romántica y ella estaba tan feliz que hasta le daba un beso y todo.
El agarre en sus ropas le impidió avanzar y tuvo que girarse para verla. Yona no sonreía, solo le observaba, con el dulce en su otra mano. Agarró con más fuerza la ropa de Hak y tiró de ellas, lo que le obligó a acercar el rostro a ella. Claro que su fuerza no podía obligar a nada a Hak, pero a él le gustaba creer que así era, porque eso era más fácil que aceptar que era débil, muy débil en torno a Yona.
La princesa terminó con la distancia entre sus rostros y le dejó un rápido beso en la mejilla. Tenía el rostro un poco rosa, pero ni siquiera le dejó observarle bien. Solo pudo ver de refilón esos grandes ojos violetas que le observaron durante un momento con cierto desconcierto, como si no fuera capaz de entender qué estaba haciendo.
Se alejó de él dándole la espalda, rápido, con el dulce en su mano.
—¡Vete, Hak, tengo que bañarme!
Había cosas que escapaban a su entendimiento, de acuerdo. Pero no importaba, porque esas acciones instintivas (aunque fuera una frase suelta o un rápido, velocísimo beso en su mejilla), cuando no se detenía a pensar o incluso si se arrepentía luego, hacían a Hak muy-muy feliz. Incluso si solo se trataba de un accionar que nada tenía que ver con sus sentimientos y mucho más con sus hormonas, por él bien. Qué más podía pedir él.
Debería comprar más dulces, pensó, y se fue riéndose por lo bajo.
Nota:
¡Hola de nuevo! Ya me puse al día con el manga, así que se imaginarán porqué viene a cuento la regla de Yona... ¡es que simplemente no puedo evitarlo! Tenía que escribir algo al respecto, incluso algo tonto como esto, incluso si se da en otro momento y contexto.
Vamos 2, y son 28 viñetas por venir. ¡Algo bueno tiene que salir! ¡No desesperen!
Gracias por sus reviews, y espero que sigan disfrutando los relatos~
Mor.
