Capítulo 1: Pesadilla o Realidad

Oscuridad, todo a mi alrededor es oscuridad, no puedo ver ni distinguir nada, solo se que mis piernas y brazos están atados y mis ojos vendados, gritos, lo ultimo que recuerdo son gritos desesperados pidiendo piedad.

Piedad… Curiosa palabra en realidad, ¿acaso eso existe?

¿De verdad vale la pena gritar y suplicar a alguien para que pare de torturarte?, ¿Vale la pena esperar que tus captores se conmuevan con tus lágrimas?

Desde hacia mucho tiempo había dejado de creer en eso, tanto en el mundo mágico como en el mundo en que nací, en ningún lugar existía, y si demostrabas tener piedad todos solían verte como el mas débil y te atacaban como leones.

La prueba mas reciente la tenia frente a mí, no sabia cuanto tiempo había pasado desde el incidente, pero sabia que durante todo ese tiempo no había dejado de suplicar, llorar, pedir piedad… Que patética me sentía esperando por un milagro que jamás llegaría.

Aquel dios piadoso que no dejaban de alabar, pidiendo por milagros, hacia poco tiempo había dejado de creer en el, acaso el me había salvado de mis captores?, ¿acaso el había impedido que me golpearan, me torturaran y me humillaran?

No… El no había impedido nada de lo que había vivido en este infierno. Dios es amor… Que cosa tan estúpida.

Si dios de verdad fuera amor no actuaria con tanta crueldad, no esperaría que aun después de pasar por situaciones como estas siguieras creyendo firmemente en el como si eso te fuera a traer una recompensa divina digna de admirar por el mundo, no esperaría que fueras feliz después de haber pasado por lo inimaginable. Me atrevo a decir que de existir un dios, este es incluso más cruel que el mismo Lucifer.

Note las manos de mis captores levantándome y arrojándome a algún lugar repleto de sollozos y llantos, posiblemente mas niños y niñas secuestrados, me pregunto si todos tendrían mi edad, sentí la venda siendo quitada de mis ojos y mis brazos y piernas siendo liberados también, la poca luz que había me cegó por un momento pero luego pude notar jaulas en frente de mi, y muchas miradas curiosas y temerosas de lo que pasaba, me miraban con miedo y algunos tenían la mirada perdida, posiblemente los habrían quebrado a ellos y a su espíritu hacia mucho tiempo, tanto como para perder la esperanza, todos de mi edad y algunos mas pequeños, nadie llegaba a los diez años siquiera, podía deducir que todos tenían ocho años pero no había nadie de nueve en el grupo.

Al verme libre ni siquiera pensé en intentar correr, no serviría de nada si no conocía la salida, sentí como era llevada al centro de la estancia y entonces lo note, note la razón de porque los niños parecían tan temerosos de emitir ruidos muy fuertes, buscaban pasar desapercibidos, intentar no ser notados esperando alargar un poco mas su vida, frente a mi había una gran mesa y el piso se encontraba lleno de sangre, en si todo el lugar parecía preparado para alguna especie de ritual satánico antiguo, pronto comenzaron a aparecer encapuchados con mascaras mirando en mi dirección, todos con sonrisas en su rostro, el terror que creía extinto en mi cuerpo volvió con renovada fuerza y no pude detener las patéticas gotas saladas que comenzaron a mojar mis mejillas sin parar, inconscientemente trate de dar un paso hacia atrás pero me detuvieron con fuerza y me hicieron estar arrodillada frente a aquellas personas, no importaba cuanto intentara moverme ellos no me soltaron en ningún momento, levantaron mi camisón hasta mi espalda y trate de moverme con mas fuerza, intentando escapar de lo que sea que trataran hacerme, pero fue totalmente inútil, fue en ese momento que lo sentí, un dolor que me atravesó sin ningún tipo de piedad, recorriendo mi delicado y debilitado cuerpo, haciéndome gritar hasta sentir mi garganta arder, demostrando la fuerza que aun tenia en mi interior, sentía la sangre correr por mi espalda.

Me habían marcado…

Me habían marcado como si fuera una res…

Sentí el hierro dejar mi piel pero el dolor era punzante, sentí que me arrastraban a las jaulas y me arrojaban al fondo, algunas niñas se acercaron a ayudarme con mi reciente herida, y me colocaron en una posición mas cómoda donde no pudiera rozarla para luego rodearme para darme algo de calor.

Ya no me importaba nada

Solo quería salir de ese lugar sin importar como, sin importar que.

No me importaba lo que tuviera que hacer para salir de aquel lugar.

Quería irme a casa.

Solo deseaba ir a mi hogar…

Pero también deseaba algo más intenso, algo que crecía en mi interior dándome la fuerza para no rendirme. Quería venganza, quería poder ver a los ojos de mis captores mientras estos me suplicaban por sus patéticas vidas.

Y pronto lo lograría, ellos pronto gritarían por piedad y los gritos de los niños ya no me atormentarían.

Pronto solo escucharía sus gritos desesperados.

Muy pronto...