CAPITULO 1: Animato (Animado / Vivo)
Aún recordaba la primera vez que traspasé la carretera que te dice "Bienvenido a Forks" hace casi dos años. Deseaba desaparecer de la faz de la tierra y así no tener que pasar por el horrible trago que supone cambiar de vida, de instituto y de amigos. ¡Yo! ... la chica torpe que era capaz de hacer el rídiculo nada más entrar por la puerta. Pensé que sería recordada durante el resto de mi vida escolar como "aquella chica torpe". La realidad fue fascinante, como una historia digna de una película de ciencia-ficción, una mezcla entre Buffy cazavampiros y Romeo y Julieta.
A Edward le haría gracia si le contara mi comparación.
Encontré sin darme cuenta mi lugar en el mundo, junto a él, el mejor que pude haberme ganado con el karma de alguna vida anterior. La persona que me ama no era solo una cara bonita, aunque también, su alma era hermosa, frágil y amorosa. Yo misma me volvía mejor cuando veía mi imagen reflejada en el ambar de sus ojos. Sus movimientos, sus palabras, incluso sus pensamientos me convertían en un producto destilado mucho mejor que el original. Ninguna medida conocida era lo suficientemente amplia para calcular la suerte que tengo.
- Bella, te dejaré en casa y luego me marcharé. Voy a ir de caza con mis hermanos.- hice un mohín.-
- Me prometiste que harías algo especial conmigo.-
- Sabes que no es bueno para ninguno de los dos que yo no esté saciado. Alejarme de ti me crea una ansiedad enfermiza que desearía poder controlar mejor, realmente desearía no tener que separarme de ti, pero es importante.-
- Dejanosle un rato, te lo devolveremos de una pieza y más rápido de lo que imaginas. Se vuelve demasiado pesado si está mucho tiempo alejado de ti. No es fácil aguantarle.-
- Eso es que no me has visto a mí cuando se va, Emmett.- Edward me sonrió con mi segunda sonrisa favorita, esa tenue y traviesa que se muestra con un leve movimiento de sus comisuras hacia arriba. Disimulada, apenas visible, pero tan intima y nuestra como un beso robado.
- No puedo con vosotros. Te espero en casa, Edward.-
- Mira lo que has hecho. Has conseguido que un hombre de su tamaño huya.- me susurró. Su aliento olía a miel y pomelo, me llegaba con una onda zigzagueante que golpeaba mi rostro, me helaba los pensamientos, me convertía en un ser sin más voluntad que mirarle.- Espero que estés orgullosa.
- Lo estoy. Ahora estamos solos.- vi como se ampliaba la leve curvatura de su boca.
Que fácil es hacerme feliz, pensé. Una sonrisa y mis plomos se fundían. Era capaz de deslumbrarme hasta con el mínimo movimiento de su cuerpo. La gracilidad innata de los Cullen me ponía algo nerviosa, yo destacaba mucho más cuando estaba su lado, era como la hermana fea de algún cuento de los hermanos Grimm.
- Si supieras que díficil es controlarme cuando hablas así...- me regañó con dulzura. Ya había aprendido a ignorar sus reproches, casi los buscaba con falsa vergüenza.- No deberías hablarle así a alguien que de por si está tan rendido a tus encantos.
- Así comprenderás un poco como me siento yo cada segundo del día.-
- Será mejor que te lleve a casa antes de que no sea capaz de separarme de ti.-
- Te lo pondré fácil esta vez porque es por una buena causa.- me mofé mientras luchaba con la apertura de la puerta de su coche. ¿Estaba atascada o es que mi cerebro aún no procesaba aquel "No deberías hablarle así a alguien que de por si está tan rendido a tus encantos."? Lo segundo, gritó mi cerebro emocionado.
- Es una seria preocupación dejar sola a alguien que busca pelea hasta con la cerradura de un coche.- extendió su mano rozando la mía intencionadamente para abrirme la puerta.-
- Al menos me he buscado un rival más débil.-
- Y aún así él ha ganado.-
Oirle reir, tal como ahora, era otra de mis pequeñas y secretas aficiones. Pasaba el poco tiempo que no estaba con él pensando en nuevas maneras de conseguir oír ese melodioso sonido. Me caldeaba el corazón, era mi manta en medio del frío invierno, curioso que alguien tan frío me diera calidez de tantas maneras distintas.
Cuando me dejó en casa aproveché para idear una larga lista de cosas que hacer durante esos dos días sin él. Por increíble que pareciera, ver como mataban a unos pobres animalillos se me antojaba agradable si eso suponía no alejarme de él. Y pensar que estoy suscrita a varias ONG´s para la protección de los animales...
Abstenerme de la compañía de mi personal almohada dificultaba en gran medida la tarea de conciliar el sueño. Mi almohada, blanda y calentita, se me antojó molesta cuando la comparé con su petreo y frío pecho. Ni punto de comparación, me dije. Lo que si era cierto, para compensar, es que no tenía tampoco que luchar contra mi propia somnolencia por el gusto de estar un rato más conversando. Una nueva misión surgió en mi mente. Recuperaría horas de sueño, así, cuando él volviera, podría pasar más horas disfrutando de su compañía sin dormirme.
Esa noche tuve un sueño horrible. La bruma envolvía mis piernas, me impedía moverme. En la lejanía una figura de forma humana apenas era visible por culpa de la niebla. Quise gritar y pedir ayuda, pero ningún sonido salió de mi garganta. Me angustié más aún. Comencé a luchar por moverme, un solo centimetro, un solo milímetro, cualquier pequeño avance estaría bien, pero no me moví. Quise gritar de nuevo, lo intenté con toda la energía que pude encontrar en mi cuerpo, y solo un sonido parecido a un jadeo ahogado salió de mi boca. Un sudor frío me recorrió todo el cuerpo.
Estaba aislada dentro de mi propio cuerpo.
No puedo calcular cuanto duró aquel sueño, quizás pocos minutos, quizás horas, pero la angustia que sentía hizo que parecieran días. Cuando me desperté estaba empapada en sudor, me resultó agradable ver el movimiento de mis manos cuando las extendí delante de mi cara y comencé a mover los dedos. Solo un sueño, me repetí varias veces, pero el desagradable sentimiento no despareció. Me reí con humor al darme cuenta que solo tenía pesadillas los días en que Edward no estaba conmigo. ¿Era él alguna especie de cazasueños mistico? No me sorprendería, mi vida estaba llena de mitos que se hacían realidad.
La mañana no se presentó mucho mejor que la noche. Es escaso el tiempo que dedico ultimamente a cuidar de la casa, al menos no mucho más de lo justo y necesario, Edward ocupa todo mi tiempo. Me sentía culpable de vez en cuando con mi padre, él trabajaba, me cuidaba, me mantenía y además nunca se quejaba cuando encontraba sobre la mesa comida precocinada en vez de algo más casero. No era mala idea dedicar ese día a mimarle un poco.
Cuando abrí la puerta de la entrada para ir a hacer la compra algo me deslumbró. Un rostro bello como un cuadro de Botticelli me sonreía, mi expresión era graciosa, estaba segura.
- Hola, vengo a hacerte compañia.- Alice habló con su habitual alegría.-
- No me digas que Edward te ha mandado a vigilarme.-
- No, de verdad que no.- se rió ante mi comentario. No era del todo descabellado, no sería la primera vez que hacía algo así.- Los chicos se han ido de caza, ya sabes, así que pensé en venir a verte. ¿No te parece bien?.- reconocí al momento ese gesto parecido a un puchero que usaba siempre que quería conseguir algo, y por supuesto, lo conseguía.-
- No, claro que no. Lo que pasa es que pensaba ir a comprar, quizás te aburras.-
- ¡¿De compras?! ¡Vamos!.-
- No son ese tipo de compras. Voy al supermercado. Quiero hacer algo especial para Charlie. Ultimamente le estoy haciendo comer mucha comida precocinada, quiero compensar un poco ahora que tengo tiempo.-
- Ah, comida.- noté el asco en su tono.- Bueno, será algo diferente.-
Al igual que su hermano, Alice odiaba mi coche, demasiado lento para ellos. No fue ninguna sorpresa que se empeñara en que fueramos en el suyo. Protesté varias veces, esperaba que sirviera de algo, pero había otra cosa que esos dos tenían en común, eran de ideas fijas. Condujo finalmente hasta el supermercado más grande del pueblo, realmente el único que podía ser llamado así, el resto eran pequeñas tiendas de comestibles.
- ¿De verdad esto es comestible?. - me preguntó agarrando con asco un pollo envasado al vacio. - Es tan blando, frío, apestoso...-
- Hombre, así nadie se lo comería, cocinado es otra cosa. A mi padre le encanta.-
- No veo la diferencia entre comerlo crudo y cocinado, me parece asqueroso de cualquier modo. -
- Vuestra dieta tampoco es que sea para tirar cohetes. - nos miramos sonriendo. Mi propio comentario me recordó que Edward estaba de caza en ese momento. Lo lamenté por los pobres ciervos de la zona, pero deseaba que se saciara lo más posible para que no tuviera que volver a irse hasta dentro de bastante tiempo. Por más que Alice me ayudara a distraerme, le extrañaba terriblemente.-
- Volverá mañana por la noche.- puso los ojos en blanco al leer mis pensamientos. Me resultaba gracioso lo fácil que era para todo el mundo leer mi mente cuando pensaba en Edward. A todos salvo a él.-
- Lo sé, lo sé. No puedo evitarlo.-
- Me dais un poco de envidia.- su afirmación me sorprendió. Alice se había girado dandome la espalda para hablar con un tono melancolico que no conocía en ella.- Cuando yo encontré a Jasper ya lo sabía todo de él. Era como si hubiera visto una pelicula en mi cabeza con todo lo referente a él, le conocía mejor que nadie, no había secretos. Por supuesto fue maravilloso, verle por fin frente a mí fue uno de los momentos más felices de mi vida, como si confirmaras que un cuento de hadas es en verdad una historia real. Pero... no había ese sentimiento de ansiedad y descubrimiento. Sé cuando se separará de mí, cuando regresará, lo sé todo antes de que pase... no hay ese sentimiento de angustia que sentís Edward y tú. Eso me da algo de envidia.-
Nunca había pensado en eso. Siempre consideré que el don de Alice era una solución para todos los problemas, no había dudas, ni temores, siempre sabías lo que iba a pasar y así nada te pillaba de improvisto. He de reconocer que sentía envidia por eso. No me había parado a pensar que para Alice la vida era solo un segundo visionado de la realidad, ella tenía siempre un trailer completo en su cabeza que le desvelaba el final. Sentí algo de lastima al pensar en como sería la vida sin las idas y venidas de mi corazón, sabiendo de antemano cuando, como y porque sucedían las cosas a mi alrededor.
- No es que me queje.- se volvió a girar para mirarme con una sonrisa que no me pareció del todo brillante. - Tiene más ventajas que desventajas. Puedo proteger a la gente que quiero, puedo evitar malos entendidos, ... Solo digo que hay cosas que me gustaría que me pillaran por sorpresa.-
- Lo entiendo.- admití avergonzada de mi pobre respuesta.-
- Pero bueno...- suspiró.- ... también es bueno cuando puedo fastidiar a mis hermanos. No sabes lo divertido que es adelantarme a los pensamientos de Emmett y que nunca pueda ganarme, cosas como esas hacen que todo merezca la pena.- Su risa sonó sincera esta vez, la alegría había vuelto a su rostro. Con eso la tensión de mi cuerpo se disipó. No estoy acostumbrada a ver a Alice siendo tan seria y hablando con tanta vehemencia de sus sentimientos. Ella es la parte alegre de la vida, la que nunca parece preocupada y siempre da energías en a todos.
La miré con adoración. Sin ella mi vida sería mucho más dura, su existencia era algo que agradecer.
Continuamos caminando por el local cogiendo varias cosas que ella siempre miraba con asco o curiosidad. A veces olvidaba que, al contrario que su familia, no tenía recuerdos de cuando era humana, para ella todo lo humano era extraño y desconocido. Sus pasos se detuvieron sin previo aviso, la vi cerrar los ojos y sonreir. Estaba teniendo una visión, y al parecer era divertida.
- Esto roza lo rídiculo.- la oí decir en voz casi inaudible para mis humanos oídos. Su móvil comenzó a sonar apenas medio segundo después. Sin siquiera coger la llamada me lo pasó enarcando una ceja.- Es para ti.-
- ¿Diga?. - pregunté confundida.-
- ¿Bella? ¿Estás con Alice?- reconocí la voz de Edward e inmediatamente entendí el comportamiento de ella.- Menos mal, pensé que te había ocurrido algo. Estaba preocupado.-
- ¿Qué ocurre?.-
- Te llamé al móvil pero estaba apagado. Miré en la mente de tu padre, pero no sabía donde habías ido y no estabas en casa.-
- Ah, el móvil debe estar sin bateria.- lo saqué del bolsillo de la chaqueta y me di cuenta de que mi presentimiento era verdad. Llevaba unos cuantos días sin ponerlo a cargar. Yo y mi mala memoria... - Estoy en el supermercado con Alice, salí a hacer algunas compras, se me olvidó dejarle una nota a mi padre.-
- Casi me vuelvo loco.-
- Casi nos vuelve locos a nosotros.- oí quejarse a Emmett de fondo.- Estoy pensandome mandartelo de vuelta de una patada, te juro que no hay quien le soporte.-
- Edward, no tienes que preocuparte solo porque no te conteste al móvil. ¿No pensaste que podría no tener batería o cobertura?-
- Como si él pudiera ser racional cuando se trata de ti.- dijo Alice poniendo de nuevo los ojos en blanco.-
- Con tu suerte era más probable que te hubieran secuestrado o que te hubieras caído por un barranco. Las explicaciones racionales no suelen ser acertadas cuando se tratan de ti.-
- Gracias.- bufé con ironía.- Deberías preocuparte solo de alimentarte, yo tengo escolta.-
- Está bien, me tranquiliza saber que ella está contigo. Tenía un mal presentimiento, supongo que me vuelvo paranoico cuando estoy lejos de ti. Te extraño demasiado.-
- Yo también. Caza y vuelve pronto o llamaré a Emmett para que cumpla su amenaza.-
- Lo haré. Asegurate de guardarme un hueco en tu cama mañana.-
- En mi cama siempre hay un hueco para ti.- le oí reirse con alegría. No quería que la conversación acabara, escucharle era mejor que nada. Mi corazón se calmaba cuando podía, al menos, estar con él através del hilo telefónico.-
- Tengo que irme. Te veré mañana, por favor, cuidate. -
- Está bien, haré lo que pueda. Hasta mañana.-
- Adios, mi amor.-
- Adios.-
Era demasiado evidente que estabamos alargandolo todo lo posible. Separarse no era una opción para ninguno de los dos. Nunca lo había sido. Incluso las pequeñas escapadas para que saciara su sed nos suponían un dolor terrible, uno que no existiría más cuando yo fuera una más de los Cullen en todos los sentidos. Cuando eso ocurriera nada iba a poder alejarme de él más allá de un par de metros.
Tras pagar, llevarlo todo a casa y la afectuosa bienvenida de Charlie a Alice, nos dispusimos a hacer la comida. Sí, era extraño, pero Alice Cullen parecía pasarlo bien mientras cortaba y mezclaba ingredientes en su primera clase de cocina. He de admitir que la diversión que me produjo aquello me distrajo por todo el día. Nunca olvidaría la manera en que miraba a un pobre pollo desplumado y muerto como si fuera un arma mortal, ella que podría matar a medio pueblo sin apenas esfuerzo. Fue demasiado gracioso, demasiado para no recordarlo para todo el resto de mi vida. Algún día contaría esta anecdota para avergonzarla un poco delante de su familia, espero que me perdone cuando lo haga, pero la tentación era demasiada. Por fin encontré algo en lo que yo era mejor que ellos, la cocina. Alice podía cortar un pimiento a la velocidad de la luz, pero se volvía un objeto unmovil cuando se trataba de rellenar el pollo.
"¡¡¿Qué tengo que meterle la mano dónde?!!"
Ese recuerdo me hizo reir mientras me lavaba los dientes para irme a la cama. Iba a tener sueños divertidos esta noche, algo como un pollo gigante que perseguía a Alice o algo parecido. La idea me agradó en comparación con el sueño de la noche anterior. Nada de pesadillas, me juré a mi misma. Ya era bastante malo estar sola como para aumentarlo con el desasosiego de malos pensamientos.
* * *
Entre la cosciencia y la incosciencia vaga feliz. No estaba teniendo sueños, pero tampoco pesadillas. Tan solo flotaba en la dulce sensación del descanso de mi cuerpo.
Dormir, que placer tan humano.
Oí entonces un pequeño estruendo. Un sonido que no sabía si era producto de mis ensoñaciones o de la realidad. Me encontraba en ese momento antes de despertar en que no podrías decir si duermes o estás despierta, pero cuando otro nuevo golpe, esta vez más fuerte, resonó en el cuarto de al lado desperté en un salto.
Charlie.
Mi mente gritó su nombre y una oleada de preocupación me invadió el cuerpo. Era un miedo irracional, podía haberse levantado, quizás había tirado algo de la mesita, pero algo dentro de mi corazón dolía como si estuviera desgarrandose. Mi cuerpo se enfrió en menos de un segundo cuando salí de la cama y posé los pies descalzos sobre la moqueta. Me encaminé hacia su cuarto con silenciosa parsimonia, noralmente tardaría menos de un minuto en llegar hasta su puerta, pero hoy lo hice en el doble. Mis piernas pesaban y apenas se movían, mi voz quiso desgarrar mi garganta en un grito angustiado cuando noté varias presencias a mi espalda, pero nada salió. Recordé fugazmente el sueño de la noche anterior, una premonición ironica, un juego cruel del destino... una pesadilla demasiado real.
- No se te ocurra gritar.- una voz habló con dureza. Era fría y metalica, la reconocí al instante.-
- Felix...- mi voz sonó mucho más asustada y débil de lo que hubiera deseado, pero era díficil actuar con valentía cuando sabía que mi padre estaba al otro lado de la puerta con alguien muy lejos de ser humano y compasivo.-
- Veo que aún te acuerdas de nosotros.-
- ¿Nosotros? ¿Quién ...más está... ahí?.- De las sombras salieron Jane, Demetri y un par de vampiros más que no conocía. No era posible estar más asustada, pensé, pero lo estaba. Aquel despliegue repentino de la guardia de los Volturis no era un buen presagio. Supe en aquel instante que mi vida estaba condenada a cambiar, y supuse que no sería a mejor.- ¿Qué... qué quereís?.-
- Hemos sido enviados por nuestro señor para comunicarte su generosa oferta.- Jane habló con evidente desprecio hacia mí. No podía verla claramente con la escasa luz que se filtraba por las ventanas del pasillo, pero supuse que estaría mirandome con odio. Lo hizo todo el rato que estuve en Volterra.- Mi señor desea que te unas a su guardia.-
- Si esa es la oferta, puedes decirle que la rechazo amablemente.- Algo parecido a una risita engreída salió de su boca.-
- Ese es el fin de todo, no la oferta. Los deseos de mi señor son absolutos, han de ser cumplidos. - Suspiró tratando de tener paciencia.- La oferta es la siguiente... Te unes por las buenas o te unes después de que acabemos con todos los seres que amas.- Quise reir, pero no tenía ninguna gracia, solo ironía. ¿Esto era considerado generosidad? No podía creermelo, era una pesadilla.
- No ... no aceptaré.- tartamudeé.-
- No lo entiendes, no tienes opción más que esas dos. - intervino de nuevo Felix.- No quisieramos tener que optar por la segunda, no es algo que me plazca la idea de matar a los Cullen.-
Estaba segura de que ellos habían notado como mi corazón se paró por un segundo. Empecé a respirar entrecortadamente sin ser capaz de ordenar mis pensamientos ni de mantenerme en pie. Demetri tuvo que coger mi brazo para evitar que me estampara contra el suelo.
- Me estoy cansando. Si no quieres entender, haré que lo entiendas por las malas.- Con un movimiento gracil Jane se puso frente a la puerta del cuarto de mi padre y la abrió. Mis ojos casi se salieron de las orbitas cuando le vi incosciente bajo el agarre de otro guardia de los Volturis que yo no conocía.- Tenemos la orden de empezar primero por tu familia, hasta que te convenzamos.-
- ¡¡No!! Dejarle en paz. Él no tiene nada que ver, ¡¡dejarle!! -
- Entonces, ¿aceptarás? - preguntó esperanzado Demetri. Por alguna razón desconocida siempre me pareció el más humano de todos. Había algo en él que no me resultaba tan amenazante como los otros, quizás era su manera de hablar, suave y delicada.
Guardé silencio. No tenía nada que responder que no fuera un rotundo "NO", pero sabía que decir eso provocaría una desgracia. Un abismo se abría ante mis pies y cualquier camino que tomara significaría saltar al vacio. Deseé que Edward estuviera allí, él sabía como tratar con esta gente y conseguir lo que quería. Después de todo salimos de Volterra sin mayor problema que la promesa de convertirme pronto en vampiro. Cosa que agradecí, pues yo misma no había conseguido convencerle del todo.
- Hazlo ... - ordenó Jane al guardia que sostenía a mi padre.-
CONTINUARÁ ...
