Cap II: "De batas blancas y traje azul"
Quizá esto era su culpa, los gritos de Rachel no estaban errados pero no pudo evitar sostener su muñeca y jalarla contra su cuerpo, luego de oír sus protestas y sostenerla con tranquilidad. Se habían tardado más de media hora en llegar, tras cortar la llamada telefónica y, tenerlas ahora en el mismo lugar que ella, le había devuelto la tranquilidad de la situación.
- ¿Qué demonios hicieron?- las acusó la morena intercalando la mirada entre ella y su compañera cuando la soltó-
- Te lo dije por teléfono- le recordó y, sin importarle la edad de su hija, la tomó entre sus brazos y la cargó intentando calmarla- fue un error médico-
- ¿Si quieras has visto lo que pasa afuera? Tu error está matando gente-
- Lo sé, Rachel ¿no crees que ya me siento lo suficientemente culpable? No necesito de esto ahora. Si estás aquí, al menos, por favor, ayúdame- le pidió y el lugar se silenció. Desde afuera, las sirenas de policías, bomberos y el griterío de gente se colaba a interrumpirlo. Quinn la miró un momento, recordando que cada vez que pedía su apoyo siempre lo recibía, Rachel nunca la dejaba sola. Y en ese momento la necesitaba más que nunca. La vió asentir y lanzó un suspiro, aliviada y continuó- ¿te han enviado algún reporte desde tu trabajo?-
- Nada, solo Noah me llamó y me sugirió no salir de casa- ella se mordió el labio para no protestar. Noah Puckerman, el eterno enamorado de su esposa y que siempre pensaba más en ella que en él mismo. El único que liberaba sus celos seriamente y hasta había generado una discusión entre ellas. Nunca habían cruzado si quiera un saludo de cordialidad y nunca lo harían, las miradas lascivas que él le dirigía a la morena lo impidieron desde aquella vez cuando intentó ponerlo en su sitio y le reclamó en medio de una oficina. Desde entonces, cuando iba por Rachel a su trabajo, solo la esperaba afuera y evitaba encontrárselo o volvería a golpearlo - ¿tienes tu celular? Lo llamaré y averiguaré lo que necesitas-
- Ajá, en el escritorio tras de ti- murmuró girando y dejando a su hija sobre una mesa- ¿cómo estás, cariño?-
- ¿Por qué estamos aquí? Quiero ir a casa-
- Vamos a quedarnos aquí por unas horas ¿si?- le dijo acariciándole ambas mejillas con sus pulgares y Beth asintió- en el cuarto de atrás hay una computadora con la que puedes divertirte o algunos libros, ya sabes dónde- agregó. Ella misma había construido una pequeña repisa con cientos de libros infantiles y para la edad de la niña, para que se entretuviera cuando Rachel no podía cuidarla en casa y pasaba las tardes con ella- o puedes dormir-
- Sí, tengo sueño ¿me cuidarás?-
- Como siempre, hija- la cargó nuevamente y, dándole una mirada por sobre su hombro a la morena y su conversación telefónica con Puckerman, caminó con Beth hasta dejarla en uno de los sillones-
Mientras la veía conciliar el sueño, acarició sus mechones rubios con suavidad. Eran del mismo color que los suyos y sus ojos, cerrados ahora, marrones como los de Rachel. Su hija había pasado ocho meses y medio dentro de la morena, luego de su primera inseminación y la prueba no fue complicada. Nació sin problemas y creció sin ellos también. Beth era una mezcla pura de la personalidad dulce de su esposa pero la intensidad y el amor por la ciencia que ella tenía.
Cuando abría un libro en la oficina de casa y se colocaba sus guantes de látex para formar y experimentar algo nuevo, la pequeña se colaba y leía en voz alta casi como su asistente. Compartía esos momentos irremplazables con ella pero cuando llegaba Rachel, la acompañaba en la cocina mientras le preguntaba cuándo podría cargar un arma por primera vez.
Eso pasaba a diario y se preguntó si ese tipo de costumbres arruinó las ganas de ella y Rachel por continuar juntas. Apenas tres meses atrás se habían planteado la idea del divorcio, cuando la morena la sorprendió en una cena y Beth no estaba presente, por una acampada en el colegio y, a decir verdad, ella aún no terminaba de asimilar la situación.
Había dicho que si, acordado una disposición sin siquiera pensarla porque la manera en que Rachel se lo dijo no pareció afectarle, parecía como si realmente lo quería y no iba a negarse a su deseo. Nunca se negaba a ellos. Y si Rachel deseaba estar separadas porque quizá estaba mejor, entonces no iba a interferir en su estabilidad emocional.
Terminó de cubrir a Beth con una frazada y de pie a un lado la observó ¿cómo iban a decírselo y que pasaría cuándo realmente dejara la casa? ¿A partir de entonces solo la vería dos o tres veces a la semana? Quizá era hora de que asimilara que no volvería a ver a Rachel a diario, pero no podía imaginarlo con su hija.
Se pasó una mano por la mejilla, borrando una lágrima y volteó cuando oyó la voz de la morena.
- Noah dice que nadie está en el edificio. Todos están patrullando y hubo unos saqueos. La gente está volviéndose loca y robaron armas, incluso hubo un pequeño tiroteo entre él y dos hombres que intentaron ingresar a la fuerza. Creo que tenemos que buscar un lugar seguro-
- ¿De qué hablas? Aquí es seguro- le dijo caminando tras ella-
- ¿Si? ¿En un primer piso y con ventanas sin rejas?- la enfrentó Rachel deteniéndose donde habían estado antes- ¿El único laboratorio científico de la zona es un lugar seguro? No voy a dejar a Beth aquí por más de una hora-
- ¿Y a dónde quieres llevarla? ¿a casa?-
- Chicas- intentó intervenir Brittany con su mirada en la ventana, hacia afuera-
- Claramente ya no puedo llamarla casa- continuó la morena- pero debemos buscar un edificio o lugar seguro, donde esas cosas no pasen así como si nada-
- No son cosas, son personas enfermas, Rachel- refutó ella-
- Chicas- insistió Brittany retrocediendo unos pasos-
- Tú preocúpate por tu lado humano y cúralas. Del lado lógico y seguro me encargo yo-
- ¡Chicas!- gritó Brittany cuando la ventana se estrelló y alguien se coló de un salto. Ella lo vió y la piel de su rostro se tensó: era un hombre bañado en sangre y con su boca abierta, emitiendo un gruñido y mirándolas a todas antes de correr hacia Brittany, la más cercana-
Cuando el desconocido se arrojó sobre su compañera, oyó un disparo y solo los gritos de miedo continuaron. Brittany se levantó entre sollozos y con la ayuda de Rachel, mientras asentía a la pregunta de que si estaba bien.
- ¿Quieres quedarte aquí entonces?- le reclamó su esposa frente a ella antes de pasar a su lado. Quinn tomó su brazo y la jaló, impidiéndole que fuera por Beth-
- Yo voy por ella-
De regreso con su hija en brazos, descubrió a su amiga aún asustada, en un rincón y luego a Rachel, que se equipaba sin espera y quitando armas de un bolso. Cuando la morena soltó su cabello y la vió sacudirlo, rememoró la última vez que hicieron el amor. Meses atrás, en su cama y el hábito de Rachel era seducirla con su cuerpo desnudo y su cabello cayendo, donde ella enredaba sus manos y manejaba lo que pasara luego.
Se aclaró la garganta y sacudió la cabeza, llegando a la morena y notando como terminaba de abrocharse un cinturón. Llevaba armas colgando en el, una sujetada al agarre de su muslo y otra en su mano. Su traje ajustado y completamente azul se veía más valiente que su bata blanca, la causante y posible heroína también de lo que estaba pasando.
- ¿Tenemos algo que cargar de aquí?- le preguntó Rachel tras subir el cierre de su chaqueta y llamando con una señal a Brittany-
- Si, hay una caja gris, en el refrigerador y contiene algunas sustancias necesarias-
- Estamos listas entonces- aseguró Rachel cuando Brittany llegó con la caja- abriré y…- no hubo tiempo de explicaciones porque dos mujeres más se colaron como aquel desconocido por la ventana.
La morena abrió y dejó que las demás salieran, mientras ella disparaba y sin problemas las siguió luego. Su cuerpo se deslizó por el capó del coche y sin tocar el suelo se coló por la ventanilla al asiento conductor. Apretó el acelerador y retrocedió sin espera tras encender el motor, notando cómo más de esas personas infectadas se acercaban.
Brittany viajaba a su lado y Quinn detrás, con medio cuerpo de su hija sobre sus muslos. Se miraron por el espejo retrovisor e intentó sonreírle. La rubia lo hizo, mientras acariciaba el cabello de Beth y Rachel sintió su corazón volver a acelerarse ¿cuánto hacía que no se miraban de esa manera y con esos gestos delicados? Tiempo, mucho tiempo.
Cuando la morena volvió su mirada al frente, ella descansó contra la ventanilla, observándolo todo a su alrededor. Qué pasaría ahora, qué pasaba si siquiera intentaba salir de la zona infectada y en realidad no podrían salir realmente. Qué pasaría con su familia si esto continuaba y no se detenía en un tiempo más allá de unas horas, días y semanas.
Qué pasaría si lo que acababa de comenzar durara meses. Miró su bata, posiblemente ya debería quitársela y dejar que el uniforme de Rachel solo se implementara como el líder. Sin embargo decenas de vidas estaban cobrándose por su descuido y, en realidad, ahora más que nunca debía aferrarse a su trabajo.
- ¿A dónde vamos?- preguntó Brittany de repente, cuando el viaje solo parecía avanzar pero sin destino-
- Tenemos que salir de Lima, de Ohio si es posible-
- No, no podemos hacer eso- contradijo ella a Rachel- tu gente está esperándonos a las afueras y nos dispararán sin importarle. Nosotros somos los infectados y ellos están cuidándose-
- Nosotras no estamos infectadas- aseguró la morena-
- Para ellos sí ¿o crees que no pasaremos por un montón de pruebas físicas y científicas como si fuésemos animales para que ellos estén seguros? ¿quieres eso para nuestra hija?-
Estaban a metros del cartel de bienvenida a la ciudad y, tras oír su reclamo, Rachel clavó el freno y giró el volante en su totalidad, regresando a Lima. Sin embargo volvió a detenerse y las tres miraron la imagen que se presentaba frente a ellas: desastre. Todo se resumía eso.
Las sirenas de emergencias no dejaban de sonar y los autos comenzaban a acercarse para seguir el camino que ellas desistieron. En contra de la corriente, la morena volvió a acelerar y mover la palanca de cambios, recibiendo los bocinazos ajenos por ir al lado opuesto que ellos.
- Si nos quedamos- oyó la rubia el susurro de su esposa- arregla esto, Quinn-
- Tenemos que ir al departamento de mamá, es un lugar seguro- propuso ella y Rachel volvió a mirarla por el espejo antes de asentir. La única que vivía en la ciudad junto a ellas era Judy que, tras el divorcio con Russel, se negó a dejar su casa y el hombre se mudó a Los Ángeles. Los padres de la morena, en cambio, solo viajaban de una ciudad a otra, disfrutando los paisajes nuevos y en ese momento se encontraban en Europa, seguramente ni informados de que les estaba pasando-
Llegaron diez minutos después y Quinn agradeció que la zona pareciese más tranquila. Atravesaron la puerta de seguridad y evitaron el ascensor por lo que casi corriendo llegaron al último piso, donde en la puerta al final del pasillo golpeó llamando a su madre.
- ¡Mamá!- insistió tocando el timbre y bastaron segundos hasta que Judy apareció e ingresaron al instante- Mamá ¿estás bien?-
- Te estuve llamando pero no hay servicio- sollozó la mujer mientras abrazaba a su nieta e hija algo asustada- ¿qué está pasando? Roger se fue y me pidió irme con él y su familia- continuó limpiándose el rostro y haciendo referencia a uno de sus vecinos más antiguos- ¿a dónde están yéndose, Quinn? ¿qué pasa?-
- Eso no importa ahora, mamá. Aquí estaremos seguras, hasta que todo pase ¿estás sola?- preguntó y notando de reojo a Rachel inspeccionar el lugar-
- No, Sara vino por ayuda, dice que Carl la mordió ¿cómo es posible? -
- ¿Dónde está?- inquirió Rachel intentando caminar a ella cuando alguien saltó a su espalda y atrapó su cuello con los brazos-
Cuando Quinn la vió caer y oyó gritar a las demás, su pecho se detuvo justo cuando subía y permaneció inmóvil. La morena batallaba con quien fuese la vecina de su madre durante años y alzó la vista, cruzándose con la de ella y, sin pensarlo, se impulsó en su ayuda e intentó sujetar a la mujer.
- ¡Mamá!- gritó Beth al verlas en la misma situación. Rachel estiró su brazo pero no llegaba al arma por lo que retiró el cuchillo que colgaba en su cadera y, jalando los cabellos de la mujer, lo clavó a un costado de su cabeza-
- ¡La mataste!- gritó Judy de manera escandalosa y ella se puso de pie a interceptarla ,impidiéndole llegar a su esposa-
- Lo hacíamos o ella nos mataba a nosotras, mamá. Necesito que te calmes-
- ¿Qué? ¿De qué hablas, Quinn? ¡Necesito saber que está pasando!-
- Hay un virus, Judy- comenzó la morena mientras sacudía su ropa al levantarse- y como todo virus, se expande de alguna manera. Bueno, por ahora al parecer lo hace intermedio de la saliva. Por eso no debes dejar que te muerdan-
- Tenemos que irnos de aquí también- pidió Brittany en un sillón y con Beth en su falda- apoyo a Rachel, debemos dejar Lima-
- No - se contradijo la morena- debemos obedecer a Quinn y permanecer aquí. El edificio es alto y…-
- ¿Y qué?- la cortó Brittany- notamos que pueden correr tras nosotros ¿por qué no correrían por una escalera?-
- Solo corren tras los primeros minutos de infección- informó Quinn- hasta que el virus se expanda a su cerebro y lo bloquee. Entonces comenzarán a andar sin sentido, no debería tardar más de cinco minutos-
- ¿Y por qué nos muerden?- preguntó Judy al borde del llanto-
- Por instinto, mamá- murmuró mientras Rachel cubría con un mantel el cuerpo del suelo-
- ¡No pueden mordernos así como así, Quinn!- se quejó la mujer- por qué por instinto, no sé… ¿no estrellan su cuerpo contra algo? ¿por qué mordernos?-
Rachel volteó a verlas al instante y notó los gestos nerviosos de su esposa. Se aclaró la garganta, llegando a su suegra y rodeándole entre sus brazos.
- Judy, lo mejor es que descansemos un momento de todo esto ¿Por qué no te sientas mientras con Quinn aseguramos el departamento?- la mujer asintió, obedeciéndole y recibiendo a su nieta de inmediato en un abrazo. La morena llamó a la rubia con un movimiento de cabeza y se perdieron en las habitaciones del fondo- ¿tu madre tiene razón? ¿hay algo más que tengamos que saber?- le reclamó al ingresar a una habitación y cerrando la puerta enseguida-
Ella suspiró, pasándose una mano por la frente y acomodando su cabello a un lado.
- Estábamos en medio de una experiencia y no solo éramos Britt y yo. La conferencia que hoy teníamos ¿la recuerdas?-
- Ajá-
- En ella iba a presentarse Thomas Shulz, te hablé de él- Rachel entrecerró los ojos-
- El alemán loco-
- El científico alemán más exitoso de los últimos tiempos, Rachel. Es una reminiscencia en mi área y todo un logro que haya dejado su país para llegar al nuestro solo para una conferencia de no más una hora-
- Al punto, Quinn-
- El punto es que…él nos había enviado muestras de un virus, a todas partes del mundo, en realidad y el país que más rápido consiguiera el antivirus sería premiado. Él creó el virus pero no su cura y ya está demasiado anciano como para continuarlo. Solo nos dió las sustancias qué usó para formarlo y podíamos utilizarlas, con otras, para combatirlo. Ese virus es lo que corre en las venas de los infectados-
- ¿Y cómo lo detenemos? ¿cómo los curamos?- Quinn se humedeció los labios y se acercó a la morena, invadiendo su espacio personal para continuar por lo bajo-
- El virus regenera las células muertas, por eso se contagia más fácil a los enfermos terminales y allí se produce una mutación que, por instinto, muerden para no morir, alimentándose de la sangre de los sanos-
- Eso no importa ahora, Quinn… ¿cómo lo detenemos?- ella bajó la vista y suspiró, negando ligeramente antes de volver a verla-
- No podemos detenerlo, Rachel. Esto solo continuará aumentando y no podremos detenerlo. Posiblemente nunca podamos hacerlo-
Pudo ver el rostro desconcertado y confundido de su esposa, como si no pudiese ni quisiese asimilar lo que acababa de decirle. Y la entendió, comprendió que quizá ahora iba a querer con más rapidez el divorcio y alejarse de ella, la causante de todo lo que le estaba pasando a miles de persones.
Nerviosa, le dedicó miradas y la alejaba cuando Rachel la veía. No quería que notara su aceptación del grave error profesional que cometió ni mucho menos la impaciencia a que le dijera algo. Pero pasaron segundos, en los que la morena habló luego de cruzarse de brazos y con algo de suavidad:
- Creo…creo que entonces, lo mejor sería quedarnos aquí hasta mañana- ella la miró entusiasmada y sonriéndole. La dulzura acostumbrada de la morena era una de las cosas que la hacían sonreír en realidad- no podemos andar de un lado a otro con Beth y ahora con tu madre aún menos. Ninguna lo merece-
- Sí, lo sé…gracias, Rachel-
- ¿Por qué? No he hecho nada y soy consciente de que ellas aún menos-
- Y tú tampoco. Tú no eres la culpable de este desastre-
- Quizá- murmuró la morena sonriéndole de medio lado y dando un paso más, deteniéndose allí donde las puntas de sus zapatos se tocaban con claridad- pero es mí deber mantener la tranquilidad y entregarle seguridad a la ciudad. Asique estoy dentro-
- ¿Dentro?-
- A partir de ahora seremos como un equipo. Tú con tu parte y yo con la mía, pero en conjunto. Tenemos que hacerlo por nuestra hija, Quinn porque no pienso dejar que le pase algo-
- Yo tampoco- aseguró al instante- tú y ella son…son mi familia- agregó frente a la mirada ansiosa de la morena. La vió asentir y dejó una mano en su hombro, notando cómo ahora la mirada de la morena detallaba el contacto- crearé el antivirus y saldremos de esta situación, Rachel, lo juro. Nos tomará tiempo, quizás pero ustedes estarán bien-
- Y tú también. No me des de un lado para quitarme de otro, Quinn. Las tres estaremos bien- asintió y apretó ligeramente el agarre, antes de soltarse finalmente- no recuerdo pero ¿cuántos cuartos tiene esta casa?-
- Creo que tres. Sabes cuánto le gustaba a mamá dejar una habitación para Beth los fines de semana-
- O cuando la reprendemos y la llama para venir a dormir con ella- recordó la morena entre risas- es una mimada-
- ¿Mamá?- oyeron del otro lado y Quinn se movió enseguida de la puerta para cederle el paso. Beth se abrazó a su cintura y ella le acaricio el cabello, sintiendo la mirada de Rachel. Gustosa y brillante, sin ningún rastro de celos o reclamo maternal- ¿puedo dormir con ustedes esta noche? – agregó alzando la vista a verla y ella le sonrió con esfuerzo- tengo miedo, la abuela lo tiene y la tía Britt. Ustedes no ¿cierto? Mamá dijo que iba cuidarme-
- Y voy a cuidarte, hija- aseguró Rachel acercándose a compartir el abrazo- no debes tener miedo, Beth. Nada malo va a pasarte-
- ¿Entonces si?- insistió observándolas a ambas- este es el cuarto que la abuela dijo que es mío- Quinn le dió una mirada a su alrededor, notando como efectivamente todo estaba decorado de manera infantil- mi cama es más pequeña que la de ustedes pero si dormimos abrazadas no nos caeremos- propuso con entusiasmo y soltándose de las dos.
Beth llegó a la cama y abrió las frazadas, señalando el tamaño y ella miró a Rachel.
- Pero cabemos- se silenciaron y la niña tuvo que sacudir el brazo para llamar su atención y que alguna respondiera-
- Sí, cariño- aseguró Rachel- veremos cómo hacemos pero dormiremos aquí las tres- la pequeña realizó un gesto victorioso y luego pasó corriendo entre ambas, seguramente para informarle a Judy y Brittany la repartición de cuartos y el alejamiento momentáneo de sus miedos-
- Si quieres, puedo dejar otro colchón en el suelo y dormir allí- le propuso a Rachel para no incomodarla pero la morena negó con seguridad- sé que hace tiempo que no compartimos….-
- Por eso mismo- la cortó Rachel quitándose el armamento- creo que no estamos en un momento como para pensar a futuro. El divorcio y esas cosas- aclaró despojándose de la chaqueta ahora-
Quinn asintió, perdida en su espalda cuando volteó y la figura que aquella camiseta sin mangas dejaba ver. Se mordió el labio, sintiendo como un fuego interno se pasó de sus pies a la cabeza en tan solo un segundo.
Llevaban tres meses con la idea de separarse pero dos sin compartir habitación y aún menos una cama. Recordando cómo fue la última vez que lo hicieron, que sus piernas se enredaron bajo la sábana y la morena durmió con medio cuerpo sobre su espalda, se deshizo de la bata y la dejó a un lado.
- ¿Es nueva?- le preguntó su esposa cuando giró y señalándola sobre la silla-
- No, es la que me regalaste tras recibirme. Me la obsequiaste en un momento especial y debía ser…no especial pero importante al menos cuando la usara. Y creo que ahora lo es. Y podría jurar que ese es el uniforme que te compré - Rachel lanzó un resoplido, divertida y asintió, mientras ocupaba la cama para quitarse sus botas-
- Tu bata y mi uniforme…sí, sin dudas sabemos cuándo usarlos-
- Lo haremos bien, Rachel- le dijo y la morena la observó de reojo- tú y yo juntas, cuidando de nuestra hija y regresando todo a cómo estaba-
- Como un equipo-
- Como un equipo, si- repitió comenzando a desvestirse- un equipo-
Después de lo que lloré con el último cap de TWD mas los nervios y las ganas de que llegue febrero, para ir achicando les dejo otro cap. Muchas gracias por leer y comentar, me pone contenta saber que a muchas les gustó la idea..
Preguntaron cada cuanto las actualizaciones, dos o tres veces a la semana, seguro..
Ni Glee ni sus personajes me pertenecen. Que estén bien, saludos!
