Tardío primer amor.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ya me gustaría, pero no es así, son de Tadatoshi Fujimaki sempai y de sus miles de seguidores bla bla bla...

Este fic contiene escenas subiditas de tono, para personas adultas o que hayan superado la pubertad con éxito... no me hago responsable de los traumas causados. Dicho queda.

Nunca pensó que se enamoraría después de cumplir los cuarenta ... y menos de él.

...por que no es su sobrino, es el amante al que desea en su cama, en su corazón y en su vida. Himuro sabe que a partir de este descubrimiento, su vida no ha hecho mas que empeorar. Ese chico es el hijo de su hermano... ¿En que está pensando? Mpreg.

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Tardío primer amor.

Capítulo dos: Incrédulo.

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– Aún no me has dicho que te trae al otro lado del charco. – Kuroko insiste, llena su taza de café nuevamente. – ni a que viene tu interés en Tai- kun de repente...

Tatsuya traga saliva, aunque se guarda de permanecer en silencio para no meter la pata.

El tintineo constante de su dedo en la mesa tampoco ayuda mucho a centrar los pensamientos en un punto concreto.

– ¿Sabes una cosa? – La pregunta suena musical en sus labios. –Antes de que vinieras estaba haciendo un poco de limpieza, y al cambiar las sábanas del cuarto de mi hijo, he encontrado algo muy curioso.

Tetsuya sale de la cocina, es apenas medio minuto pero a él le parece una maldita eternidad. Deja una bolsa en la mesa, en el centro, y solo cuando se ha sentado de nuevo la empuja lo mas cerca posible del moreno.

Lo sabe, ya lo sabe. Sin necesidad de que se lo haya dicho, o de que siquiera lo haya descubierto por algún desliz, Tetsuya lo sabe; es su madre a fin de cuentas.

Eso no quiere decir que verlo por si mismo, tener todas esas pruebas de embarazo positivas ante sus ojos, no sea un poco impactante.

Es la confirmación, aún sin estar seguro del todo de que esos test sean de Tai...

– Te agradezco que hayas venido tan rápido. – Kuroko parece derrotado en su silla. – No pasa nada, no tenías que preocuparte... pero...

– Tetsuya... yo … – Duda, un segundo. – Todo esto es culpa mía... asumiré la responsabilidad...

– No digas tonterías. – Toma una de las pruebas entre sus dedos, la mira, suspira. – Cuando quiso irse contigo todo el verano en lugar de pasarlo aquí no esperábamos que lo vigilaras las 24 horas del día. – Niega, muy serio. –Pero tu tienes que saber algo, o al menos con quien; está claro que ha tenido que acostarse con alguien... ¡madre mía! Ese enano capullo... mira que le dí la charla cuando empezó con sus ciclos...

– Escucha. – Kuroko niega, no le deja hablar sumido en su propio mundo. – Tetsuya, de verdad...

– Tiene quince años, quince... maldita sea ¿tanto le costaba ponerse una estúpida gomita?. – Frunce el ceño, ahora es mas madre que nunca. – No te estoy echando la culpa de nada, ¿de acuerdo?... pero... otro bebé en casa va a ser una locura... y

Deja la frase sin terminar, acaba de darse cuenta de algo mas.

– Kagami. – Himuro es quien lo menciona como si nada, y eso que para él es un presente desde que ha visto el aparatito diciéndole que se quedará sin pelotas, en cuanto su hermano del alma se entere.

Y eso si tiene suerte y es rápido.

– Ese idiota va a volverse loco, ya verás. – Kuroko recoge todo, lo mete en la bolsa, cierra con varios nudos. Intenta tirarlo en la basura de la cocina, metiendo mas cosas en la bolsa para tapar la que acaba de tirar. – Tengo que pensar en algo...

– Es mío... – lo mejor era decírselo claramente, y afrontar como un adulto lo que estaba por llegar. – Yo soy el padre de ese bebé...

Había sido una metedura de pata, a ojos de Kuroko y seguramente Kagami encontraría en su manual de padre,una docena de delitos por los que denunciarle, pero eso no quería decir que no sintiera que era el milagro mas maravilloso de toda su vida; y ya cuando no esperaba nada mas que una madurez en tranquila soledad.

Ese chico había aparecido en su oscuridad como una pequeña luz.

Y decía bien, había aparecido, a pesar de que lo conocía desde siempre. Cuando nació, estuvo en sus manos, le vió crecer ante sus ojos, sus primeros pasos, sus primeros balbuceos incoherentes que se transformaron en palabras.

Sus risas, sus juegos... Su carita infantil y rolliza se fué transformando poco a poco en un adolescente hermoso, demasiado hermoso.

Un poco de cada uno de sus padres, lo mejor de los dos. La dulzura en su mirada, el color de ojos de su padre... su esbelto cuerpo le recordaba al Kuroko que conoció a sus dieciséis años, cuando aún jugaba al basket junto a Yosen y sus compañeros.

Le descubrió así, ese verano, justo cuando ya había tirado la toalla con el resto de su vida.

A veces ocurre.

Una persona que lleva en tu vida desde siempre aparece ante tí, sin mas. La monotonía y familiaridad hace que sea una parte mas del mobiliario, una muesca en la pared que no tomas en cuenta, hasta ese instante... un solo segundo que lo cambia todo.

La silla cae al ponerse de pie, y no presta atención a los pasos de Kuroko hasta que siente el puñetazo directamente en su mandíbula.

– ¿A tí que te pasa?. –Intenta un nuevo ataque, pero Tatsuya se las arregla para ir hacia atrás de un saltito. –¿Con mi hijo?...

– Te lo puedo explicar, de verdad... –Levanta las dos manos como escudo. –Deja que te lo cuente...

Kuroko toma un cuchillo de su soporte, señala la silla con la punta.

– ¿En que estabas pensando?. – da vueltas alrededor de la mesa. – ¿Con mi hijo, con mi pequeño?

– Bueno, no tan pequeño... – Mirada asesina, mal asunto. Sigue con el cuchillo en la mano, mejor estar callado.

– ¿En que estabas pensando?... No me lo puedo creer... dejo a mi pequeño en tus manos y tu... tu... –Se siente abrumado, tanto que acaba sentándose de nuevo en la misma silla que ocupaba minutos atrás. – Dime que no ha sido por despecho, por el parecido con su padre y una especie de amor retorcido que tienes hacia mi marido desde el instituto.

– Sabes que no es por eso. – Es impresionante el modo en el que se mantiene calmado, pero sabe que cualquier cosa que quiera reprocharle Kuroko será bien merecida. – Tai se parece mas a ti que a su padre... y nunca me interesó Kagami en ese sentido...

– Ya lo sé... es solo que no sé ni lo que digo... solo quiero matarte, matarte un rato corto, para luego dejar que su padre te mate... y grabarlo para verlo todas las veces que me acuerde de que … tu... un amigo de siempre, aprecidado y querido... ¿Es mi hijo, entiendes?... y tu, mas que un amigo, un hermano. No me hago a la idea de que vosotros dos...

– Te juro que lo quiero, de verdad. – su tono es tan monocorde que no da pie a malas interpretaciones, está mas que claro. – Me he adelantado un poco, pero esto pasaría tarde o temprano.

– Habría preferido tarde. – Suelta el cuchillo, por fin. – Cuando cumpliera cuarenta o cincuenta, ahí habría estado fenomenal... – suspira, echa la cabeza hacia atrás, se queda mirando el techo.

– Eres demasiado dulce para hacer una amenaza en serio. – Himuro sonríe, a pesar de todo, Kuroko sabe que es cierto lo que dice.

– Soy el que tiene el cuchillo ¿Recuerdas?. – Señala el arma, luego a él. – Me queda el consuelo de saber que su padre va a matarte, o al menos a darte una buena.

– Lo siento...

– No, no lo sientes, pero lo harás. – Si que sabe amenazar, y en serio. – Y no pienses ni por un momento que puedes entrar y salir de mi casa a tu antojo ahora que lo sé... mi hijo es fruta prohibida hasta nueva orden.

– Muy bien, puedo aceptar eso. – Extiende la mano en su dirección, un apretón demasiado fuerte por la otra parte. – Pero quiero verlo hoy, hablar con él.

– No, de eso nada. – Ha dicho. – tengo que encontrar el modo de contarle a su padre todo sin que lo mate a él por abrirse de piernas, a mi por estar en medio y a ti por no tener la maravillosa idea, ya que eras el adulto de los dos, de ponerte una gomita... o directamente hacerte una paja en lugar de meterla donde no debías...

– Le prometí que hablaría con él antes de que os dijera nada, tienes que dejarme... – Kuroko sabe que le está pidiendo permiso por cortesía, por que la verdad es que no tendría por que hacer nada de nada.

– Fingiré que no se nada,aún. – Mira a otra parte que no sean los ojos azules ajenos. – Pero no por ti, lo hago por Tai, que tiene que estar muy asustado con todo esto.

– Si que parecía asustado cuando hablamos, pero es comprensible...

– Solo tiene quince años, quince años... – No podía dejar de repetir eso en su mente. – Tatsuya... tienes que estar aquí, no puedes vivir en el otro lado del mundo con la que nos espera. – Abre la boca para decir algo que no llega a pronunciar. – Con aquí me refiero al país, no a la misma casa...

– Claro, lo comprendo. Haré unas llamadas y veré como organizarlo todo...

Se levanta, casi con miedo esperando el permiso de Kuroko.

La batalla de miradas silenciosa se mantiene unos segundos entre ellos hasta que el moreno parece rendirse.

– Te juro de verdad que no pensé que pasaría esto. – Suena demasiado feliz, Kuroko se da cuenta de eso. –Pero no me escondo ni huyo. Dámelo, ponlo en mis manos...

– Ya he visto lo que pueden hacer tus manos, no gracias. – Vuelve la mirada asesina. – deja tus manos quietas y limítate ha hacer tu parte. Mi hijo se queda aquí, es su sitio, junto a su familia. – Mira el reloj sobre la estantería. – Si te das un poco de prisa le verás en la salida. Durante el descanso sale a comer al parque que hay enfrente con algunos de su clase.

Himuro sale a la carrera, se despide solo con la mano y trota lejos de la casa.

Casi como invocado con el suspiro de alivio que suelta Kuroko, su marido llega a casa.

– Tenemos que hablar. – Ni un "hola buenos días" ni nada parecido.

– Claro, ¿Ocurre algo?. – Kagami intenta robarle un beso, sin resultados. Mira la mesa, ve dos tazas. – ¿Has tenido visita?

– Tatsuya está en la ciudad. – Ve el cuchillo y lo devuelve a su lugar. Kagami no entiende nada de nada. – Mejor hablamos en el salón, ¿Si?

– Podemos hablar aquí. – Se sienta en la silla que minutos antes ocupaba su hermano. – ¿Que pasa con Tatsuya?

– mejor en el salón... créeme. – Tira de su brazo con la intención de levantarle, pero Kagami tiene unos planes infinitamente mas atractivos que hablar de su amigo.

Le levanta con un brazo, lo carga sobre un hombro, juguetón.

Kuroko es tratado como un fardo mientras es llevado al salón, y tendido en el sofá todo lo largo que daba.

– Ya estamos en el salón, ¿de qué quieres que hablemos? – le mordisquea el cuello, las orejas. – ¿Los niños?

– Tai-kun en clase... la pe-pequeña dormid... – Por un momento se deja llevar, esos besos son diabólicos. – No, espera... tengo que decirte una co...

– No espero. – Intenta sacarle la camiseta por la cabeza, pero Kuroko vuelve la prenda a su sitio al mismo tiempo que él la levanta. – dímelo luego...

– Es importante... – Nada, que no hay manera. – Tai-kun está embarazado.

Así, a bocajarro y sin rehenes.

– ¿Qué? –Vale, esa frase ha captado su atención por completo. – ¿Que quien está qué?...

– Vamos a ser abuelos. – Bueno, como intento para suavizar la situación es muy bueno... pero solo eso, es un intento.

– Es cosa de Tatsuya, ¿no?. – Kuroko asiente, mas por la cara de loco que pone ahora mismo que por alargar mas la respuesta adornándola con palabrería barata. – Ahora vengo.

– ¿Dónde vas? – Ni gritos, ni maldiciones... esto es malo

– A la cocina, allí están las armas. – Kuroko le detiene antes de que llegue, le obliga a volver al sofá, sentarse por las malas, y quedarse quietecito.

– No puedes matarlo. – Por el tono de su voz el pelirrojo comprende que Kuroko ya se ha despachado a gusto con su hermano...

– No he dicho nada de matarlo. – Estrecha la mirada hasta que queda en una ranurita negra y apretada. – solo voy a dejarle sin pelotas... y a ese mocoso que tenemos por hijo... pensaré algo horrible y doloroso que hacerle... ¿No habías hablado con él sobre esto?

– Tuvimos la charla, se lo expliqué todo, muy bien y varias veces... – Se siente una mamá terrible. – Puede que les fallara, o que estuviera roto... no sé...

– O que sea idiota, eso también es una buena razón. – Escupe todo el aire de un golpe, manos en la frente masajeando sus sienes y el puente de la nariz. – Voy a matarlos, a los dos...

El llanto de su pequeña hija disipa toda la tensión del momento.

Tiene hambre y el trasero húmedo dentro del pañal.

– Papá al rescate. – Besa la frente de Kuroko y sale del salón para ocuparse de su hija.

El resto queda postpuesto hasta que la niña vuelva a dormise...

…...

En la cafetería mira con cierto deseo la comida expuesta a los estudiantes.

Debe tener cuidado con lo que compra ahí, y sobre todo con lo que come de ese sitio.

Ahora tiene que comer por dos, y lo hará lo mas sano posible... y esa comida distaba mucho de ser sana... incluso alguna de las cosas distaba mucho de ser comida, sin mas.

Lleva pensando en Tatsuya desde que hablaron por vídeo conferencia, y está mas en las nubes que en la tierra la mayor parte del tiempo.

Sea como fuere, sus compañeros le esperan para salir a comer fuera, como todos los días.

Pide al azar, ni se preocupa si le gustará o que y sale con ellos fuera del recinto.

El césped le parece tan cómodo y mullido que se tumba sobre su espalda para mirar el cielo entre las hojas del árbol que han elegido como sombra.

Aún le queda todo el rollo de contarle a sus padres... pero él ya está muy lejos de ese día, ya se ve con el pequeño regordete en sus brazos, siendo consentido por Tatsuya, como había pasado todo el verano...

Cada vez que lo recuerda una sonrisa boba le invade la cara sin que pueda hacer nada por evitarlo.

Y aunque ahora le parece lejano, lo cierto es que apenas si han pasado tres meses desde el inicio del verano...

Y todo empezó por que él no quería pasar otro verano con la abuela materna.

El campo estaba bien cuando era un crío, pero ahora era un auténtico muermo.

Salvo limpiar mierda y hierbas salvajes no había nada divertido que hacer... ni tenía cobertura para el móvil y suerte si había algo parecido a un enchufe de este siglo.

Que si paz, que si tranquilidad... a sus padres les encantaba, por que la pasaban juntos, pero él se aburría como una seta en ese sitio.

– ¿Y si me voy a Estados Unidos con el tío Himuro? – Lo dijo por decir, no es como si quisiera ir de verdad, pero cualquier cosa que lo alejara de allí le servía. – Podría ayudarle con lo de su equipo y el campamento de basket, limpiando las canchas o cosas así... seré tope responsable, y es como un trabajo de verano … o algo así.

Sus padres se miraron entre ellos... les había convencido.

– La verdad es que suena muy bien. – Kuroko sonreía. – Será un verano para nosotros y la nena...

– Llamaré a Tatsuya, pero si me dice que no, estás perdido. – Kagami agitó el teléfono en su cara. – Y tendrás que prometer que te portarás como es debido...y que nos llamarás todos los días, al menos una vez para saber como estás. ¿De acuerdo?

– Te lo juro papá. Te llamaré cada hora si me lo pides. – Se había pasado, pero diría lo que fuera.

Un verano junto a su tío Himuro, si, por ese premio haría cualquier cosa...

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Wiiiiiii gracias de corazón por vuestro maravilloso apoyo y por todos esos mensajes de ánimo que me van llegando por este proyectito nuevo.

Nos leemos en el siguiente

Besitos y mordiskitos

Shiga san