TODAVÍA ME DUELES

Capítulo 2

El Descenso

-Si el viento tuviera sonido –le dijo Sora a su novio corriendo ligeramente, al compás de la brisa hasta llegar al puente que se extendía frente a ellos-, ¿cómo sería?

Yamato prestó atención a su silbido por un instante. Miró a Sora, recargada en el pasamanos mirando el horizonte. Invisibles listones de viento jugaban con su cabello rojizo, haciendo que se le desprendieran los mechones que estaban sujetos tras sus orejas. El cielo azul empezaba a mudar de color, y la refrescante brisa empezaba a ser fría.

Entonces lo supo.

-Suena a piano –respondió acercándosele e imaginando "Patience" de The Luminieers, como solía hacer cuando ella sonreía.

-En serio? –y le miró con sus bellos ojos pardos, inclinando la cabeza un poco como si quisiera comprenderle-. Por un momento pensé que dirías "como un suave bajo" –y trato sin éxito de imitar la voz de su novio -, y después me corregí segura que dirías "como el susurro profundo de una amónica".

Él rio ante la ocurrencia.

Cuando estaba con Sora siempre reía más de lo que sus conocidos habrían creído posible. Él, que ante los demás solía mantener una postura más bien reservada, no era así con su novia. Con ella nunca sentía que tenía que ser algo diferente de lo que se le antojara ni le importaba cómo los demás esperaban que fuera. La quería tanto que a veces solo bastaba sentirla respirar para hacerle sonreír. Así que no. Para él el viento no sonaba como ninguno de los instrumentos que amaba tocar. Ni bajo, ni guitarra, ni armónica. Sonaba a piano. Sonaba a ella.

Ambos miraban al frente.

El horizonte les maravillaba.

Cuando una uno ama todo maravilla, especialmente cuando se es joven.

El azul del cielo se tornaba en amarillo y luego en naranja, éste en intenso rosa, y después en un ligero purpura.

-¿Qué te hace pensar que elegiría alguno de los instrumentos que toco para describir el viento?

-No lo sé –y Sora miró con más fijeza el cielo como formulando una respuesta más concisa-, quizás es porque cuando el viento sopla fuerte me imagino que debe tener un sonido. Una canción que susurra cosas bellas. Y me acuerdo de ti.

-De mí? –preguntó mirándola curioso y secretamente halagado-. ¿Por qué?

Ella no lo miró. Sus ojos seguían fijos en las esponjosas nubes que eran deslizadas suavemente por el viento.

-Es que me da frío –confesó aún sin verlo de frente.

-¿Entonces soy frío? –preguntó un poco desilusionado de la respuesta. Ella no respondió de inmediato. Lo que le dio tiempo de recordar como en alguna ocasión Taichi se burló de él diciendo que su "actitud fría atraía a las chicas". Si era verdad, eso él no lo sabía. Lo único de lo que sí estaba seguro es que, sí evitaba la compañía de personas que consideraba irrelevantes ¿Eso era ser frío? Y si lo era, nunca había pretendido serlo con Sora. Jamás. Imposible –He sido frío contigo, no era mi intención, Sora –explicó muy serio.

Ella lo miró por fin.

-No, nunca lo has sido –rio ella. Y esa risa lo avergonzó un poco. Pero se tranquilizó al ver que ella también parecía un poco abochornada y trataba de ocultarlo riendo.

-Entonces? –quiso saber.

-Es que… -y lo pensó un poco, como cobrando valor. Sus mejillas comenzaron a colorearse de rojo, lo que le resultó a Yamato más fascinante que todos los atardeceres del mundo-, cuando sopla el viento –empezó tímida- pienso "Si Yamato estuviera aquí, podría abrazarme, y ya no sentiría más frío"- y contuvo el aliento esperando una reacción con temor, consciente de que había dicho algo muy personal. Algo que sabía claro en su corazón, pero que en voz alta era como haber revelado un secreto.

Ante aquellas palabras algo en el pecho de Matt se removió. Ver sonrojada a Sora era todo un espectáculo, pero saber lo que pensaba, un privilegio.

-Y hoy hace frío, ¿cierto?

Ella le miró fijo por un momento.

Y después asintió evadiendo sus ojos, avergonzada de decir cosas dulces. Porque ella no era así. No normalmente. O al menos eso se decía. Trataba siempre de ser una chica correcta, no como las locas enamoradizas de su escuela. Sin embargo, sus propias reglas no existían con Yamato. Y la verdad, sí que estaba locamente enamorada de él. Finalmente, del corazón hablará la boca.

Él no dijo nada más. Solo se acercó y la rodeó con sus brazos.

Ella se dejó abrazar.

No le rodeó el cuello, ni la espalda, como en el futuro harían tantas otras chicas. Sencillamente recargó la cabeza en el hueco de su cuello, escuchando el pulso de su corazón con las manos ligeramente en puño sobre su pecho. Como alguien frágil que necesita protección.

Sora, quien siempre estaba haciéndose la fuerte por los demás, parecía poder con el mundo entero. Pero allí, en su pecho, Matt percibía claramente la fragilidad y delicadeza su novia. Y entonces la quería todavía más. Por se sabía el único conocedor de su secreto: Que la fuerte y valiente Sora Takenouchi le necesitaba.

El atardecer. El río. El puente. Un abrazo.

El viento. Un Piano.

Ella.

.


-Matti, ¡Ya sabes que no me gusta verte fumar! –Exclamó Mimi sentándosele en las piernas y quitándole el cigarrillo de los labios, para luego señalarlo cual prueba del delito-. ¿Sabes lo malo que es? Tus hermosos dientes blancos se volverán amarillos, ¿y así cómo sonreirás con confianza? La salud dental es vital para la vida pública –aplastó con una mano el cigarrillo contra el cenicero mientras que con otra acariciaba la mejilla su amado. Con aquella técnica tan bien estudiada, lograba hacer que los hombres hicieran su voluntad sin dar oportunidad a que se molestaran.

Él no dijo nada y la dejó hacer sin dejar de mirar por la ventana. Aunque de sobra conocía sus trucos. Subió ligeramente el volumen de sus audífonos. Escuchaba "The Fall" de Imagine Dragons.

El brillo de las pocas estrellas que se lograban contemplar en la ciudad empezaba a apagarse, seguidas por las luces de los edificios que poblaban el paisaje que se veía tras el amplio ventanal de la sala de estar del lujoso departamento de Mimi. En su lugar se encendía el sol. Yamato había ido por ella, para emprender su viaje a Tokio y, con algo de suerte, la pelirosa podría distraerlo de sus negros pensamientos.

Cuando Mimi se hubo levantado para abrir una de las hojas de la ventana -no le gustaba que su apartamento se impregnara a humo de tabaco. Se lo había dicho un centenar de veces-, Matt tomó otro cigarrillo de la cajetilla y no tardó en prenderlo.

Ella lo miró con descontento, pero después suspiró hondo, resignada, dejándolo pasar como él dejaba pasar su manía de corregirlo.

Lo observó por un momento, sentado en aquel sofá, en silencio y con la mirada perdida.

Era hermoso.

Sus profundos ojos azules estaban ensombrecidos, velados por unos rubios mechones que caían descuidadamente sobre su frente.

"Parece preocupado", se dijo.

Pero si lo estaba, sabía que no se lo diría. Como nunca le decía nada importante o personal. Ya había pensado en ello, y había concluido que si su Matty había pasado tanto tiempo sin ver a su familia era por un motivo serio, y el hecho de que ahora hubiera decidido viajar a Japón de forma repentina, no era una decisión tomada a la ligera. Algo importante estaba cocinándose y Mimi quería saber qué era. Pensaba que no tardaría en averiguarlo, pero lo que más le inquietaba era no saber qué ocurría en el interior de su amado. En ocasiones deseaba intensamente tener una máquina de rayos x que le permitiera ver los engranes que se movían en lo más profundo de su ser ¿Qué habría en esa cabecita rubia? ¿Cuáles serían sus angustias? ¿Hacía donde volarían sus pensamientos tan lejos de ella? A veces pensaba que sin importar cuanto lo intentara, nunca los lograría alcanzar.

Pero curiosamente, en lugar de entristecerla, aquello le enternecía.

"Estás loca, Mims" se dijo a sí misma "Hasta cuando te ignora lo quieres".

Se acercó a él y lo abrazó por la espalda respirando la mezcla de humo de tabaco y su perfume "Yo curaré todas las heridas de tu corazón, Matti" se prometió en silencio, sin imaginar siquiera el alcance de sus pensamientos.

Muy a tiempo ésa mañana -y sólo después de una selfie que Mimi demandó tomar-, partieron a Japón.

Y si no hubiera estado estrictamente prohibido, Yamato hubiera fumado las catorce horas que duró el vuelo.

Sin saberlo, Mimi tenía razón.

Estaba preocupado.

Pero aquel término se quedaba corto para describir lo que agitaba su pecho.

Estaba alterado. Angustiado. Inquieto. Nervioso. Ansioso. Bueno, siendo francos, se estaba volviendo loco. Había evitado regresar a Japón por una buena razón. Y ésa razón era que no sabía si soportaría ver de frente las realidades que tenían –y temía- habían estado tejiéndose en su ausencia.

Pero algo había pasado hacía un par de meses. Algo que había despejado sus dudas y enturbiado sus ideas.

Una llamada.

Una simple e inesperada llamada que lo perturbó por completo. Que lo sacudió más de lo que había creído posible.

-Va a casarse, Matt –le noqueó Takeru una noche justo antes de iniciar un concierto.

La noticia lo dejó sin aliento por un momento.

Tuvo que respirar hondo antes de poder fingir una voz que ocultara sus emociones.

-Era de esperarse, Tk –le había respondido simplemente, como si no le importara- no iba quedarse soltera para siempre.

-Creí que sería bueno que lo supieras, es…

-Bueno, tengo que dejarte -le interrumpió incapaz de soportar la compasión que emanaba de la voz de su hermano-. El concierto está por empezar.

Y le había colgado sin más.

"Era de esperarse" se repitió así mismo, como si la negación le sirviera a detener el rio de sangre que sintió manar de su pecho. Pero sus intentos por fingir que todo estaba bien no sirvieron más que por los segundos que siguieron a aquella llamada funesta.

La noticia lo trastornó.

"¡Se casa!" Exhaló para sus adentros.

Si alguien le hubiera disparado, no le habría dolido tanto. Por un momento incluso pensó que no recuperaría el temple para salir de escena.

Pero lo hizo.

Se recuperó y usó el dolor en su favor. Según la prensa local que cubrió el evento, jamás había cantado mejor.

De aquello Yamato concluyó que a la gente siente un inexplicable placer al contemplar el sufrimiento ajeno. Y es que durante dicho concierto, sangró cada una de las canciones que durante años compuso pensando en ella. Despreció a aquellos sadomasoquistas que se complacían en contemplar su pena, que corearon cada una de las letras que a girones desgarraron su garganta aquella noche.

"Sólo a un artista le pagan por exponer su corazón deshecho", se dijo.

Pero él no era mejor que ellos. Era su cómplice. La prueba era que ahora mismo, justo en ése instante viajaba por voluntad propia a Japón con el único propósito de averiarse así mismo por completo.

En su mente se justificaba. Primero de forma lógica, diciéndose que quería ver a Tk y al viejo -Lo cual no era en ningún modo mentira-. Pero después, lo hacía de forma absurda, diciéndose que quería verla, saber quién era él, pero no porque le importara si no sólo porque sabía que de aquella experiencia –estrellar su propio corazón contra el suelo helado- saldrían composiciones épicas.

-¡Puedo verlo! ¡Ya puedo verlo, Matti!- exclamó Mimi señalando con el dedo a través del cristal el aeropuerto Narita, que se hacía poco apoco más grande al ir acercándose el avión a toda marcha.

Pronto, se escuchó la amable voz de una azafata anunciando tanto en inglés como en japonés que se abrocharan los cinturones, porque el descenso estaba a punto de iniciar.

"El descenso está a punto de iniciar" repitió Yamato para sus adentros.

Y no pudo evitar pensar con ironía en lo curiosamente acertadas que eran aquellas palabras en su situación.

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-¡TE AMO YAMATO! -estalló en sus oídos apenas cruzaron las puertas de Llegada.

Habían sido los primeros en descender del avión, como privilegiados de primera clase, pero no se esperaban -ni por asomo- el recibimiento que les esperaba.

-¡Eres el mejor! ¡Te amamos! -gritaban una multitud de chicas sosteniendo carteles con una cantidad inverosímil de corazones y signos de exclamación. Todas ellas chillaron ensordecedoramente al ver en carne y hueso a su ídolo del rock.

Yamato no había pisado Japón en años, desde que grabara junto a su banda de forma internacional, así que el que él estuviera allí era todo un acontecimiento. Sin embargo, la pregunta era ¿Cómo rayos se habían enterado de que iría?

Mirando de frente a la multitud que lo cercaba, intentó avanzar. Todo era caos. Pero el grado de histerismo de aquellas jóvenes mujeres era ínfimamente soportable a lado de los enemigos naturales de Yamato: los paparazis.

Estaban todo a su alrededor cegándolo con sus inoportunos flashes y llamándolo con sus repulsivas voces insolentes.

-¡Aquí, Ishida, aquí! ¡Regálale una sonrisa a Japón! -vociferaban tratándose de acercarse lo más posible. Y después se dirigían a Mimi- ¡Voltea, nena, voltea; ésta será de primera plana!

Ella, más que irritada, parecía nadar en su elemento. Colgada del brazo de Matt giraba el rostro pretendiendo lucir casual, mientras se encargaba de que las cámaras captaran detalladamente cada uno de sus mejores ángulos.

La seguridad del aeropuerto hizo todo lo posible por contener a las masas, y con no pocas dificultades consiguieron salir del edificio. Estaban a punto de subir a la limusina que su manager había pedido por él, viéndolo como el fin de la pesadilla, cuando una voz familiar hizo que Yamato girara la cabeza en otra dirección.

- ¡Por aquí, hermano! -escuchó a su izquierda.

Tras el muro de contención humano que los de seguridad habían hecho a su alrededor Matt miró una cabellera rubia tal como la suya que reconoció de inmediato.

-¡Tk! -exclamó sorprendido, deteniéndose por un instante entre el caos -¿Qué haces aquí?

- ¡Salvándote! -respondió su hermano menor con una de sus grandes y características sonrisas- No te confíes -le advirtió-, piensan seguir la limosina en cuanto salgan del aeropuerto ¡Pero tengo una idea!

-¿Qué pasa Matti? -intervino Mimi apretándose más a él sin entender qué pasaba o con quién hablaba.

-¡Sólo revisa tus mensajes! -Gritó Takeru antes de desaparecer entre las caras apiñadas a su alrededor.

Yamato, aún cercado por las masas, miró su móvil y encontró que tenía una docena de llamadas perdidas de su hermano y un puñado de mensajes suyos aún por leer.

En circunstancias de crisis como aquellas, solo una verdadera estrella de rock se detiene rodeado de un verdadero tumulto a revisar sus mensajes de texto. Y eso fue exactamente lo que hizo Yamato. Mientras los guardias seguían luchando por contener a las multitudes, y las chicas luchaban a rasguños contra los paparazis por quien acercaba más su cámara al vocalista de KOD, él leyó tranquilamente aquello que Takeru había querido decirle, y finalmente, a lado de una muy confundida y exasperada Mimi -la habían pisado y jaloneado ya varias veces-, subió a la limosina que tenía rato esperándole.

- ¿Qué ocurre contigo, Matt? -nunca le llamaba Matti cuando estaba molesta -¿No se te pudo ocurrir un mejor momento para revisar tus mensajes? ¡Tus fans locas me estropearon la ropa! Ya sé que pasamos momentos difíciles poniendo nuestros móviles en "modo avión" durante el viaje, pero honestamente creo que checar tu Instagram o lo que sea, podía esperar un poco -se quejó mientras miraba como dejaban atrás las puertas del aeropuerto.

-Prepárate para salir del auto cuando te diga -le ordenó el rubio sin prestar la mínima atención a sus quejas primero y a su cara de sorpresa después.

-¿Cómo dices? -empezó perpleja.

Yamato se acercó a la cabina del chofer y después de intercambiar palabras que Mimi no pudo distinguir, regresó a su asiento.

-Cuando demos vuelta en aquella esquina -le explicó- abriré la portezuela de tú lado y saldremos lo más aprisa que podamos.

-¡Pero el auto está en movimiento! -se escandalizó la pelirosa.

-Lo sé. Por eso el chofer moderará la velocidad al dar vuelta y podremos salir sin ser vistos de éste lado -y al ver que la cara de Mimi no se suavizaba agregó- Será emocionante.

-Ok, Matt, escúchame -declaró como a punto de entrar en crisis-; sabes bien que normalmente me gustan tus escapes locos siempre que son glamorosos, pero honestamente no puedes esperar que salte de un automóvil en movimiento con mis Jimmy Choo nuevos ¡Se rasparían todos!

-Como quieras, entonces -dijo él encogiéndose de hombros y acomodándose a su lado izquierdo.

Por un momento Mimi se sorprendió de que él tomara tan bien su decisión. Incluso le sorprendía más que la reciente propuesta de saltar del auto. Pronto la limusina llegó a la curva predicha y Mimi miró instintivamente a su novio. Él no tardó en accionar.

-Te llamaré -le dijo simplemente a la vez que le plantaba un beso rápido en los labios y abría la portezuela ágilmente, para después salir por ella en un abrir y cerrar de ojos.

Un modesto chevy azul se les había emparejado. Mimi no alcanzó a ver quién lo conducía, sólo pudo ver cuando Matt se subió a él justo a tiempo.

El chevy aceleró inesperadamente. Tal cómo todo lo anterior había pasado, bastaron segundos para ver como su novio se alejaba en una dirección que le era desconocida.

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-Cómo desearía tener un pincel más delgado en este momento -se dijo Sora tratando de detallar bien el estampado con el que pincelaba su boceto.

Sentada frente a su mesa de trabajo, rodeada de acuarelas, Sora trataba de imitar el intrincado diseño de la tela que vestía el maniquí apostado junto al ventanal de su luminoso estudio de diseño.

-Miyako, ¿Crees que podrías traerme el tarro con pinceles delgados que está en la estantería de atrás? -Sora no recibió respuesta. Y justo después escuchó un grito emocionado-. Inoue, estás checando tu Facebook de nuevo? Ya te he dicho que, durante las horas de trabajo, trabajamos. Puedes ver todos los videos de gatitos lindos que quieras durante la hora del almuerzo.

-Los videos gatunos pueden esperar, Sora -respondió al fin, entrando apurada al estudio, llevándole el tarro de pinceles, mientras que con la otra mano sostenía su móvil-. Pero esto no, amiga. Tienes que ver esto.

-Yolei, creo que lo que sea puede esperar media hora…

-Escucha! -la interrumpió-, es una publicación del sitio Fans para Fans al que está suscrito mi hermana, ya sabes, el que administra Jun Motomiya…

Sora iba a protestar -no soportaba las noticias que involucran las siglas KOD-, pero Miyako fue más rápida y le acercó la pantalla lo suficiente para viera lo que la había asombrado hasta hacerla gritar.

-Pero que...? -apenas enfocó la imagen, Sora hizo exactamente lo opuesto que Yolei, se quedó sin palabras. Pudo haber imaginado todo, menos eso.

Era una foto de Yamato.

Pero no cualquier foto. En ella Matt tenía de fondo el aeropuerto internacional de Tokio… e iba del brazo de una hermosa chica.

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N/A: ¡Segundo capitulo! Por alguna razón no pensé que este fic me entusiasmaría tanto. Pero sí lo ha hecho. Supongo que tiene que ver con que parece entusiasmarles a uds. Y es que, aunque en mi mente tengo claro qué ocurrirá, siempre me cuestiono si lograré dedicarle el tiempo para continuar. Pero me alegra haberlo hecho. Ya tenía ganas de escribir sobre Sora y su relación con Matt. Y sí. Adivinaron. Su historia se revelará de forma progresiva por medio de recuerdos y pistas ¡Atentos a ello! Se aceptan sugerencias y suposiciones. Por cierto, tengo esta manía de mezclar los nombres de las versiones en español y japonés de los personajes, como probablemente ya habrán notado, así que pido tolerancia en éste punto.

¡Otra cosa! ¡Gracias por los reviews! siempre sonrío al leerlos y siempre pongo música para disfrutarlos, aunque sean cortitos. Son libres de desmenuzar la historia y decirme qué les pareció. Me encantan los lectores agudos. Y hablando de esto, fue lindo saber de antiguos lectores que no olvidan (¡si, tú Rex!) En realidad, sus reviews son el motor de esta historia.

Saludos,

MariposaEscarlata

Gracias Poulet, me agradará contar con el punto de vista de una fan de Mimi ¡Trataré de no decepcionarte! Pero no olvides que decidiste leer bajo tu propio riesgo! ;)

icoloor, me alegra que te gustara; por cierto, me basé en cierta bloggera mexicana famosa -cuyo nombre también tiene dos silabas- a la hora de decidir cuantas visualizaciones y likes recibe Mimi por sus videos (use discernimiento el lector, jeje)

90, gracias! Alguien que escuchó la música que sugerí, yeei! Por alguna razón me gusta imaginar las listas de reproducción que escucharían los personajes de los que escribo, para mí es parte de desarrollar el personaje, y en mi imaginación Yamato sería fan de bandas que amo, como Bastille, Imagine Dragons, 21pilots, Milky Chance etc. Muy cool y un tanto indie. Muy adecuados para expresar las emociones que experimentará en este fic.

Guest, espero que la espera haya valido la pena :D

Beluuh ¡! Una vez hice cosplay de Katniss Everdeen, just saying.

Por cierto, Rex, para mí este fic es como una versión más madura, simple y actual del Ritmo de la Vida, y muy a mi manera, es también su continuación o conclusión, espero lo disfrutes, y gracias por no quedarte en silencio con esta historia! Lo aprecio mucho!