Su corazón latía tan fuerte que lo sentía en la garganta, las grandes bocanadas de aire no eran suficientes para llenar sus pulmones y el calor que envolvía su cuerpo era tal que las sábanas ardían bajo su piel. Estaba exhausto y sus músculos se quejaban por toda la fuerza utilizada en las últimas tres horas.

Había sido suficiente, necesitaba parar ya.

El cuerpo de Sherlock se levantó de la cama tirando el preservativo a la papelera, la luz de los faroles entraba por la ventana y moldeaban de manera maravillosa el cuerpo pálido de su compañero.

—Sherlock… — susurró

John no obtuvo respuesta, eso nunca pasaba, Sherlock era apasionado en la cama, pero una vez que todo terminaba, una pared se interponía entre ellos.

Aun así, John podía estar seguro de que había algo más. Habían pasado tres semanas teniendo sexo por noches seguidas (y en algunas tardes), alguien como Sherlock ya se hubiera aburrido de la misma persona en apenas un par de días, pero eso no había pasado con él.

—Debo admitir que estás mejorando, Watson—

La voz de Sherlock era tan profunda y sensual.

—Tengo al mejor maestro—

Sherlock asintió emitiendo una pequeña risa. Se colocó su camiseta y sus pantalones, no se molestó en amarrar las cuerdas de sus botas.

— ¿A dónde vas? —

Nuevamente la respuesta no llegó, Sherlock desapareció detrás de la puerta luego de tomar sus llaves y su chaqueta de cuero.

El silencio inundó la habitación y la música de afuera se escuchaba a lo lejos. Odiaba esa sensación cuando se quedaba solo, cubierto de sudor y de su propia esencia, eso hacía que la realidad lo golpeaba en la cara y sus valores lo cuestionaban una y otra vez.

Pero después de tantos días, él ya había aprendido a darle la espalda a eso. Todo lo ocurrido había pasado porque él así lo quiso y la culpa no tendría por qué alojarse en él, le gustaba lo que estaba pasando, lo admitía sin problemas ahora. Así que, antes de que se sintiera peor, se levantó sintiendo su cuerpo jodidamente exhausto y se metió a la ducha por un muy necesario baño de agua fría.

La universidad era una mierda, la odiaba, tal vez era el hecho de estar en esa carrera que no le interesaba en lo más mínimo, porque a pesar de ser un ferviente amante de los excesos y la música a todo volumen, Sherlock disfrutaba de un buen libro y llenar su palacio mental con información que consideraba relevante.

Pero no tiraría la toalla, no lo haría. Todo sea por joderle la vida a su hermano.

Sin embargo, había algo que sí le gustaba, las fiestas estaban en cada esquina, las drogas y el alcohol a un paso de ti y el sexo, joder, el sexo era tan fácil de conseguir. Pero desde que se acostó por primera vez con John Watson, Sherlock se sintió adicto a ese maldito hijo de puta. Tal vez por ser el único que pudo cumplir con los requisitos de su gran fantasía sexual, era que Watson se le hacía tan apetecible. Era la explicación más lógica.

Ya tres semanas habían pasado, pero no se aburría, era solo cuestión de tiempo para que su mente se fije en otro cuerpo otra vez. Por eso, cuando John se atrevió a hablar sobre lo que "eran", Sherlock no pudo evitar reírse en la cara de ingenuo de John.

— ¿Qué? — Sherlock volteó a mirarlo

—Si somos… novios. No sé cómo quieras llamarlo tú—

—Espera— Sherlock rió divertido acercándose a John — ¿Estás diciendo que, por tener sexo, nosotros nos volvemos novios? ¡Es lo más estúpido que he escuchado! —

El rostro de John cambió en un segundo, Sherlock no pudo evitar reírse por ello. Definitivamente ese chico no tenía idea de cómo funcionaban las cosas allí afuera.

—Si quieres corazoncitos y abracitos, consíguete a un imbécil que quiera esa mierda. Yo solo te consigo buenos orgasmos—

John era un idiota, no era su culpa, la gran mayoría lo son, pero eso había sido increíblemente ridículo. Sherlock definitivamente era de los tipos que nunca se involucraba con absolutamente nadie, no tenía que aclararlo cuando era algo obvio. Le importaba una mierda los demás, él solo quería divertirse y eso era todo.

Pero algo cambió desde esa conversación, cuando regresó en la noche a la habitación luego de pasarse de cervezas en una fiesta, John lo rechazó. Eso era raro, el chico siempre se mostraba dispuesto, pero ahora había sido muy tajante con él empujándolo para que no se echara encima de él. Sherlock lo dejó pasar, estaba jodidamente ebrio, así que dormir toda la noche no le vendría nada mal.

Luego de levantarse ya entrando la tarde, encontró a John sentado en su pequeño escritorio en su lado de la habitación. Era sábado, John estaría metido ahí hasta más o menos las cuatro de la tarde.

Luego de tomarse una pastilla y darse una ducha, Sherlock se cambió en silencio observando a John concentrado en su lectura (o al menos eso era lo que pretendía). Ya cambiado, se acercó a John con los rizos aún húmedos y se agachó a la altura de su oreja.

— ¿Follamos? — susurró

La reacción de John fue inmediata, lo empujó con el brazo para que se alejara.

— ¿Qué mierda te pasa? — preguntó — ¿Te he dejado adolorido el culo acaso? —

— ¡Déjame en paz, Sherlock! —

John no volteó, acomodó sus lentes y se quedó quieto con la cabeza inclinada como leyendo el libro en sus manos.

— ¿Pero qué mierd-…? —

— ¡Que me dejes en paz! —

—Como quieras— respondió —Luego no estés buscándome cuando quieras que te follen—

No volvió a la habitación en todo el día y amaneció en una diferente con dos chicas desnudas a su lado, dada a las circunstancias y a su propia desnudes, él había tenido una noche muy agitada, aunque no tuviera nada en su memoria para recordar.

No encontró a John ese día, este no volvió hasta entrada la noche, nuevamente con esa extraña actitud de ignorarlo. A Sherlock le jodía un poco, pero no hacerle caso era fácil, en cualquier momento John se le acercaría y se encargaría, con mucho gusto, de darle su merecido en la cama.

Pero John siguió ignorándolo y para cuando apagó la luz de su lámpara para echarse a dormir, Sherlock sintió que la situación ya se había vuelto jodidamente estúpida. Se sacó los audífonos y tiró el libro que tenía en las manos para luego acercarse a John dando cuatro grandes pasos.

—No te hagas el que no quieres, Watson— susurró a su oído

El brazo de John se levantó para alejarlo como aquella vez.

—Déjame dormir, lárgate—

Sherlock entonces en ese instante lo entendió, comprendió por qué John lo había estado ignorando tanto. Lo tomó del brazo y lo volteó con fuerza para lo que mirase.

— ¿Qué te pasa? ¿Sigues molesto porque dije que no somos novios? — se burló —No seas patético, Watson—

— ¡Cállate! Ya no quiero acostarme contigo, ¿entiendes? Ya no me interesa—

—Puedes ser un estudiante modelo, pero eres una mierda mintiendo—

—Te golpearé si no te vas, Sherlock. Aléjate de mí—

Sherlock subió una pierna a la cama para ponerse encima de John.

—Te voy a follar, John Watson—

El puño de John no fue lo suficientemente rápido, Sherlock pudo esquivarla y tomar el brazo de su compañero con fuerza.

—No me volverás a golpear, o me encargaré de… —

Una patada en su estómago hizo que Sherlock se quedara sin aire por un segundo y alejándolo hasta casi caer de la cama por el impacto.

—Ya no me acostaré contigo, no quiero seguir haciéndolo con alguien que no es mi pareja. Y tú, hijo de puta, no me vas a obligar—

Los ojos azules de John lo miraron fijamente y Sherlock entonces supo que esto iba en serio. En otro momento, la actitud desafiante de John hubiera sido un afrodisiaco para subir su excitación; sin embargo, esta vez no lo sintió de esa manera, así que prefirió largarse de ahí antes de ser capaz de golpearlo.

Se levantó y pateó con furia la cama de John haciendo que este se asustara un poco por el sonido.

—Púdrete, Watson— tomó su chaqueta y abrió la puerta —Hay mejores culos que el tuyo afuera—

El sonido de la puerta cerrándose con fuerza retumbó en toda la habitación y sus lágrimas que valientemente contuvo durante la discusión por fin resbalaban por sus mejillas.

Se suponía que su vida universitaria estaría llena de clases interesantes, libros por todos lados, amigos con iguales ideales y tal vez una novia linda e inteligente con la cual pueda por fin enamorarse por primera vez. Pero no, desde el primer día tuvo a Sherlock sobre sus hombros jodiéndolo, acosándolo hasta que finalmente cedió y se involucró en una especie de relación o lo que sea que fuera.

Ahora estaba ahí llorando como una muchacha en su primera decepción amorosa, arrepentido de aquella mañana cuando las palabras de Sherlock llegaron hasta el fondo de su alma. Todo lo que había aprendido de sus padres, todos sus valores, sus planes, todo lo había mandado a la mierda aquella mañana.

Ver a Sherlock al día siguiente fue incómodo, este estaba dormido, era claro que había llegado ebrio, aunque extrañamente John no lo hubiese escuchado. Pero la sola presencia de su compañero lo ponía tenso, así que ese mismo día decidió pedir su cambio de habitación. Dar el por qué había resultado más fácil de lo que había creído, de haberlo sabido, lo hubiera hecho apenas se le había ocurrido, que había sido hace casi dos meses atrás.

"Te has demorado", le había dicho la secretaria obviamente refiriéndose a Sherlock, John solo bajó la mirada recordando las consecuencias que esa tardanza le había traído. Ahora solo debía esperar hasta el día siguiente para saber a qué habitación sería asignado.

Tal vez el alejarse de Sherlock venía con buena suerte, porque al tocar la puerta de su ahora nueva habitación, una linda chica de cabellos rubios, de su misma altura y con una hermosa sonrisa lo recibió.

—Hola, tú debes ser John— dijo ella

—Sí… sí, John Watson— extendió su mano —soy tu nuevo compañero—

—Bienvenido, John Watson. Soy Mary Morstan—

Ella era increíble y, sobre todo, muy inteligente. La había visto en clases, pero jamás habían tenido la oportunidad de socializar, por lo que le sorprendió que pudieran hablar como si fueran amigos de años desde que entró. Realmente se sentía muy cómodo ahí y el recuerdo de Sherlock fue olvidado durante el resto del día.

Pero todavía había algo y él no lo sabía, Sherlock volvería a joderlo como en una maldita pesadilla cuando menos se lo esperaba.

La noche anterior, luego de ver una película juntos en su laptop, Mary lo había invitado a salir. John enrojeció hasta las orejas, se supone que él debía ser el que lo preguntara primero, pero apenas había pasado una semana desde que se había mudado a esa habitación, por lo que no estaba seguro si ya podía hacerlo. Mary le llevó la delantera, tan segura de sí misma como ya se lo había demostrado.

Así que ahí estaban ellos, riendo de la estupidez que había respondido él en el examen, caminando hacia la salida del campus para visitar algún bonito restaurante… cuando entonces la mirada de Mary se posó en alguien detrás de él. John no pudo evitar sorprenderse cuando vio a Sherlock a unos metros acercándose rápidamente con un cigarrillo en la mano.

—Así que ya conseguiste novia, Watson—

John arregló sus lentes y miró serio a Sherlock, lo último que quería era tener una pelea frente a Mary.

—No quiero tener problemas contigo, Sherlock— dijo

Sherlock le dio una profunda calada a su cigarrillo, no precisamente de tabaco, y lo lanzó al césped.

— ¿No los quieres? — Sherlock se acercó y empujó ligeramente a John —Te cambias de habitación y a mí me suspenden por una semana. Yo creo que sí quieres problemas—

—Yo solo dije que teníamos problemas para convivir, no sé por qué te suspendieron—

—Yo creo que dijiste mucho más—

—Hey, ya basta— dijo Mary —Si te suspendieron debió ser porque construiste tu propia fama de imbécil, ¿de acuerdo? —

John se alarmó cuando Sherlock miró a Mary observándola de pies a cabeza.

—Mary, ve avanzando, te alcanzo en un minuto—

— ¿Ya te la tiraste? — preguntó Sherlock con una sonrisa —Supongo que ahora te gusta probar en ambos lados—

— ¡Cierra la boca! —

No soportó la frustración, después de que por fin se sentía a gusto en la universidad, Sherlock regresaba para echar todo a perder otra vez. Ya estaba harto de eso. Pero Sherlock parecía querer golpearlo de verdad esa noche, lo tomó del suéter y lo alzó con fuerza quedando sus rostros a pocos centímetros el uno del otro.

—Ya te olvidaste, ¿verdad? — dijo Sherlock entre dientes —Ya olvidaste todo lo que hicimos—

— ¡Rayos! — dijo Mary al mismo tiempo que se alejó corriendo

Dos amigos de Sherlock se acercaban corriendo a ellos. John forcejeó, pero sus pies apenas tocaban el piso.

— ¿Por qué no me dejas en paz? — preguntó sintiendo la furia dentro de él, el fuerte olor a marihuana le pegó en la cara

—No debiste irte, Watson—

—Joder, Sherlock, ¿qué mierda pasa? Ya suéltalo—

Uno de los amigos de Sherlock intentó separarlos, justo cuando Mary regresaba con tres amigos de ambos.

— ¡John! — gritaron

— ¡Suéltenlo! —

John fue soltado cuando el amigo de Sherlock los separó empujando con fuerza a su excompañero de habitación.

— ¡No! ¡No! — John detuvo a sus amigos antes de que se iniciara la pelea

— ¿Qué? ¿Quieres pelear? —

Uno de los amigos de Sherlock, sin embargo, sí parecía estar interesado en iniciar una.

— ¡No! — insistió John

—Ya vámonos, son unos imbéciles y Sherlock está muy drogado—

Sherlock y compañía se alejaron mandando miradas amenazadoras, John se acercó a sus amigos agradeciendo y disculpándose con ellos.

Todos le pidieron que avisara a los superiores para que se encargaran de echar a Sherlock de la universidad, era claro que estaba corriendo peligro, pero John simplemente no podía hacer eso, tenía mucho que perder si lo hacía y no estaba seguro de que Sherlock decida mantener lo sucedido entre ellos en secreto.

Pasaron unos días desde aquel incidente y John tenía en su mente la mirada de Sherlock cuando este lo había alzado del suéter. Cada vez que lo recordaba, encontraba algo más que furia en esos ojos, estaba seguro que podía ver… ¿dolor? ¿Por qué a Sherlock le dolería que se hubiera cambiado de habitación? La respuesta vino a él, pero la desechó inmediatamente, era terriblemente ridícula. Sherlock era una persona peligrosa, acosaba, golpeaba y le importaba poco la autoridad, debía temerle y cuidarse de él, aunque se sorprenda a él mismo buscándolo con la mirada cuando camina por el campus.

—De acuerdo, tú dime si es buena idea combinar esto con esto—

—A mí me parece bonito— contestó John

—No tienes idea, ¿verdad? ¡No combinan para nada! —

John rodó los ojos — ¡¿Entonces por qué me lo preguntas?! —

— ¡Porque eres mi compañero de habitación, John! —

Mary se dejó caer en su cama —Esto es inútil, siempre se burlan de mí en las exposiciones. Dios, como quisiera que fueras gay y seas un experto en moda—

—Yo agradezco ser hombre y solo tener que usar terno— contestó tan aburrido como su amiga

— ¡Eso es! — Mary se levantó

— ¿Qué? ¿Qué dije? —

—Le preguntaré a Molly—

Mary se paró de la cama y tomó su ropa y un par de segundos después, desapareció tras la puerta.

—Pero Molly no es su talla, ¿o sí? — se preguntó a sí mismo

Dio un profundo suspiro y sonrió divertido, para luego volver a sus apuntes, tenía una exposición complicada en dos días y quería irse preparando desde antes.

Llamaron a la puerta casi medio minuto después, John sonrió y se levantó. Pudo imaginar a Mary corriendo por el pasillo luego de darse cuenta que había olvidado algo.

— ¿Qué se te olvid-…? —

No pudo terminar de hablar, Sherlock estaba parado en la puerta.

—Toma tus cosas y vámonos—

— ¿Qué? —

Sherlock no era precisamente una persona paciente, entró a la habitación empujando a John con el brazo. No fue difícil saber de qué lado dormía John, por lo que se acercó al closet del lado derecho y empezó a sacar la ropa de su excompañero regándolas todas al piso.

— ¡¿Qué estás haciendo?! — gritó John — ¡Ya basta! — lo empujó

— ¡Recoge tu maldita ropa ahora, Watson! — respondió

— ¡No lo haré! ¡¿Tú no eres quién para exigirlo?! —

Desde que John dejó la habitación, todo cambió para Sherlock. Un día después de la última discusión, John había desaparecido, se había llevado sus cosas durante la tarde y se había ido. El muy idiota se había cambiado de habitación.

Admitió que lo molestó un poco, pero no necesitaba a ese imbécil, era solo sexo para él, podría conseguir lo mismo en otro lado. Él jamás había tenido que rogar por sexo.

Sherlock regresaba en la madrugada y encontraba la habitación vacía. Se sentía extraño. Cuando decidía quedarse en la tarde, no había nadie a su lado. Tener libre un lado de la habitación resultaba ser muy molesto. Pero no, no lo quería, no lo necesitaba. Era solo la maldita costumbre de tener una mascota a su lado, pasaría.

Entonces lo vio sonriendo, riendo, caminando con esa rubia… Dios, algo dentro de él se encendió. Dejó a sus amigos y caminó a John a paso rápido. No lo razonó, no lo pensó, lo único que sabía era que John no podía estar con otra persona. No soportaba verlo con alguien más.

Le reclamó por haberse ido, le mintió que había sido suspendido una semana solo para hacerlo sentir culpable, pero John no quería saber nada, lo odiaba, lo detestaba. Nada haría que volviera.

¿Pero por qué quería que volviera? ¿Por qué? No lo necesitaba… pero aun así lo quería de vuelta.

Un par de días después, algo tocó fondo en él. En silencio en la habitación, dentro de su cama, despierto desde hace las siete de la mañana, alguien toco la puerta. Frunció el ceño de inmediato y antes de que pudiera contestar, la puerta se abrió.

—Hola… este es el 221B ¿verdad? —

— ¿Quién mierda eres tú? — preguntó levantándose de la cama

—Pedí un cambio de habitación y me asignar-… —

—Largo de aquí—

Sherlock le cerró la puerta en la cara, no necesitaba otro compañero de habitación… él ya tenía uno. O eso le gustaba decirse a sí mismo.

Se tomó un momento pensando con las manos en la puerta mientras el tipo al otro lado volvía a pedir entrar.

No necesitaba a John, pero lo quería ahí con él, quería molestarlo, quería verlo sonreír, enojarse, sonrojarse. Quería ver su estúpida ropa, verlo arreglar sus estúpidos lentes, escucharlo hablar, escucharlo pronunciar su nombre.

Entonces se decidió. Salió, mandó a la mierda a ese idiota y se fue a investigar a qué habitación había sido asignado John. Solo necesitó de un generoso pago y esperar una interminable hora, para que alguien con el acceso (de manera prohibida y clandestina) a los datos de cada alumno en la universidad le diera la información que necesitaba.

Era jueves en la tarde, el día más suave para ellos. La primera clase del día acababa a las once y media, la siguiente empezaba a las cinco y seguía de corrido con otra clase hasta las nueve. Era semana de exámenes y entrega de trabajos, John de seguro que estaría en su habitación con la cara metido en algún libro.

Así que corrió, solo se detuvo al ver a aquella rubia salir de la habitación en la que estaba John. Ella no lo vio. Sherlock se acercó a la puerta y tras esperar un momento, tratando de asimilar el caer en cuenta de que le gustaba John Watson, tocó.

"¡¿Quién demonios te crees que eres?!", el grito de John le demostró que lo estaba haciendo mal.

—Debes regresar— le dijo mirándolo fijamente a los ojos

— ¡¿Por qué?! ¿Por qué tú lo quieres? ¿Por qué tú lo mandas? ¡No quiero ver tu maldita cara otra vez! —

El silencio tensó el ambiente, la respiración de John se escuchaba agitada y Sherlock entendió lo tan hijo de puta que había sido con él.

Lo abrazó.

Sherlock cerró los ojos y se agachó escondiendo su rostro en el hombro de John.

—No quiero verte con nadie más— dijo —Yo… no lo soporto—

John no contestó, tampoco lo abrazó… y se sintió como un idiota por eso.

Nunca había experimentado lo que era vergüenza, Sherlock jamás se había sentido así ante alguien, pero esta vez, al ver que John no había pronunciado palabra alguna ante su confesión, sintió un peso encima de él que le obligaba a querer huir.

Se separó y sin mirarlo, simplemente se fue.

Sherlock no salió de su habitación en todo el día, poco o nada hizo durante horas, excepto por su ataque de ira donde terminó volteando la cama y tirando también la mesa de noche que fueron de John.

Ya estaba oscuro cuando alguien llamó a la puerta, volteó la cabeza para mirar por pura inercia, se había quedado dormido buenas horas, pudo sentirlo en la pesadez de su cuerpo.

No respondió, volvió a acomodarse para seguir durmiendo.

Tocaron la puerta otra vez.

— ¡Largo! — gritó

Sea quien sea, no quería saber nada de nadie.

—Sherlock—

La voz de John hizo que volteara de inmediato. Se bajó de la cama y abrió la puerta (pero solo un poco, le avergonzaba el hecho de que los muebles estén volteados por culpa de su incontrolable ira).

John lo miró a los ojos mientras acomodaba sus lentes. No se hablaron, pero sus miradas duraron unos largos segundos.

—Yo… no estoy seguro de entenderte— dijo John ahora evitando mirarlo —Y tampoco sé exactamente qué estoy haciendo aquí—

El rostro de John se enrojeció, Sherlock no se dio cuenta de cuánto realmente había extrañado eso hasta ese instante.

—Pero solo necesito… — continuó John —Solo necesito saber una cosa—

—Me gustas, John Watson—

Los ojos azules lo miraron y logró ver un brillo especial en ellos.

John raspó la garganta, nervioso, ahora poniéndose rojo hasta las orejas. Ciertamente había ido a decirle que sentía algo por él, que había desarrollado sentimientos que iban más allá de una amistad, pero Sherlock se le había adelantado sin darle tiempo a preparar sus palabras. La visita inesperada que había recibido en la tarde le permitió pensar con más seguridad que Sherlock sentía lo mismo, pero ahora que lo escuchaba y lo confirmaba, entendió que nunca hubiera estado lo suficientemente preparado para eso.

Sonrió involuntariamente y la sonrisa que recibió de vuelta le reconfortó el corazón.

—Bien, entonces… — se agachó y alzó su maleta que había escondido junto a la pared, solo por si las cosas no salían como pensaba —supongo que puedo volver—

—Sí… sí, claro… —

Cuando Sherlock abrió la puerta y pudo ver su cama volteada y su mesa de noche tirada en el suelo, entendió por qué este había dudado un poco en dejarlo pasar.

—Eso es… — dijo John no sabiendo cómo expresarlo

—Yo… —

—Entiendo—

Sherlock cerró la puerta detrás de él, John dejó la maleta a un lado y luego volteó a mirar a su ahora actual compañero de habitación.

—No tengo donde dormir—

Ambos rieron, John nunca había visto a Sherlock de esa manera. Se preguntó si ahora sería así con él todos los días.

—Puedo voltearlo y sacudir el colchón. No sentí que pesara mucho cuando lo hice—

John sonrió, se quedó en silencio esperando la propuesta que ambos querían.

—O puedes usar mi cama— se acercó mirándolo con un brillo en los ojos, la luz de los faroles moldeando su perfil —Y dormir abrazado a mí—

Besar a Sherlock después de tanto tiempo se sintió especial, único. Se sentía ese sabor a tranquilidad y a nostalgia que no se comparaba con ninguno que se habían dado antes.

Era como besarse por primera vez…

Sintió el reconfortable peso de Sherlock sobre él, sus caricias, sus besos, su voz. Él ya los conocía, pero todo se sentía distinto ahora, se sentía más pausado, más suave, se sentía... cariño, amor.

—Me gustas, Sherlock Holmes—

—Lo sé— susurró Sherlock con una sonrisa

Ambos sonrieron y se volvieron a besar, las caricias se volvieron más excitantes, más necesitadas, pero seguían siendo diferentes. John empujaba hacia arriba sus caderas sintiendo su erección rozar con la de Sherlock, solo siendo separados por la ropa.

Minutos después, a la mesa de noche en el piso le acompañaron las ropas de ambos y el silencio cedió su lugar a suaves gemidos, a susurros, a besos. Con sus cuerpos desnudos se acariciaban, se movían en sincronía, tocaban aquí y allá postergando a voluntad el momento más íntimo.

Sherlock lo volteó con gentileza, acariciando su piel lentamente y trazó un camino de besos por su espalda. John cerró los ojos dejando que el amor de Sherlock lo envolviera por completo.

— ¿Te he dicho lo hermoso que eres? —

Le susurró al oído luego de volver a subir, John no pudo responder, su boca se selló cuando los besos ahora paseaban detrás de su oreja, mordiendo suavemente su lóbulo y los dedos de Sherlock tentaban su entrada acariciándola suavemente.

Sherlock lo preparó con paciencia, con suaves caricias, derramando lubricante en su cuerpo para masajearlo, provocándole sonoros gemidos. Lo miraba siempre sonriéndole, lo miraba con dedicación y cariño y John juraba que no solo podía verlo en sus ojos, también lo sentía en cada movimiento, en cada caricia. Podía sentir que lo amaban por primera vez en su vida.

Recibió a Sherlock despacio, lento, con él besándolo para acallar sus gemidos. Sus piernas cruzadas alrededor de esa pálida y delgada cintura, bajó sus manos por la espalda de su amante hasta tener el trasero de Sherlock en sus manos y empujarlo hacia abajo. Sherlock entró más profundo haciendo que ambos gimieran sin evitarlo.

—John… —

Susurró Sherlock mientras John, con los ojos cerrados, lo sentía dentro acostumbrándose a él. Sintió besos en su cuello y en su hombro mientras que era envuelto en esos largos brazos. John se sentía tan frágil, tan pequeño, lo abrazó con fuerza temiendo que desaparezca. Pero los brazos de Sherlock lo apretaron más hacia arriba y entonces supo que él siempre estaría ahí, que nunca lo dejaría, nunca lo soltaría.

Se separaron apenas un poco para mirarse, John posó sus labios en el rostro de Sherlock, justo al lado de ese prominente pómulo. Sintió las pestañas de este rozar su piel, él había cerrado sus ojos.

Lentamente sintió a Sherlock salir, sus frentes se juntaron, sus ojos cerrados y respirando el aire del otro. Lo sintió entrar con la misma lentitud y un gemido escapó de sus labios. Los demás que vinieron Sherlock los recibió en los suyos, moviéndose con empeño, con dedicación. John lo sentía, podía saberlo sin que le dijese nada, le estaba pidiendo perdón y le estaba agradeciendo, podía saber que Sherlock realmente lo quería con él.

John nunca fue soltado y él nunca lo dejó de abrazar, Sherlock siguió moviéndose sobre él encontrando el ángulo preciso para hacerle ver las estrellas en cada embestida, escuchó los gemidos ahogados en su cuello y él intentó lo mismo en el cuello de Sherlock. Sus cuerpos en constante movimiento favoreciendo a su erección atrapada entre ellos, John intentó resistir lo más que pudo.

El orgasmo de John llegó con fuerza, sacudiendo su cuerpo mientras este seguía aferrado a él, Sherlock sintió esa cálida estrechez apretándolo aún más y eso fue suficiente para él. Lo abrazó con fuerza, desapareciendo cualquier mínimo centímetro entre ellos, lo quería, lo necesitaba, no lo dejaría ir jamás. Su climax hizo que su cuerpo se sintiera tan unido al cuerpo de John que, por un momento, un muy hermoso momento, sintió que eran una sola persona.

Su mente había desaparecido, lo había dejado a la deriva, totalmente perdido, pero se sentía bien y a salvo. Porque John estaba ahí con él, sentía su cuerpo presionado al suyo y su respiración en su cuello. Abrió los ojos y lo vio, hermoso, perfecto, lo que había estado buscando todo este tiempo sin saberlo.

Las piernas de John cayeron lentamente igual que sus brazos, Sherlock sintió los suyos temblar, así que con cuidado los deslizó para evitar que John despertara. Se apoyó en sus codos y se tomó un momento para verlo dormir.

Dios, no sabía qué había estado haciendo todo ese tiempo, pero desde ahora su vida no sería igual, no podía, no con eso en su pecho que crecía cálido y se expandía por todo su cuerpo

Decir que le gustaba John sonaba a tan poco, esto era mucho más, esto lo hacía feliz, le ponía una sonrisa genuina en su rostro. Esto tenía que ser amor, él se había enamorado de John.

Se levantó despacio, limpió el cuerpo de John, se limpió él mismo y volvió a la cama. Atrajo el cuerpo de John a él y este, aún dormido, volteó para abrazarlo. Nunca antes había querido dormir con alguien, pero ahora ahí estaba él, sintiendo su corazón latir rápidamente solo por sentir el abrazo de John Watson… y de entender, como alguna especie de revelación, que el sexo no se comparaba en absolutamente nada con hacer el amor.

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Gracias por leer :)