Disclaimer: Este fic participa del Proyecto New Writers de la página de Facebook de Cristy1994.
N/A:
¡Bienvenidas al siguiente capítulo!
Estoy muy emocionada por la enorme recibida de esta historia. He leído cada comentario de FF y de Facebook que me han dejado.
Por favor, no es necesario que donen sus órganos por el adelanto del siguiente capítulo, de todas maneras, lo subiré en breve a mi página. Y las personas que acertaron ya saben de qué va y espero que no se mueran de la intriga con este final.
No quiero decirles más porque ya sería spoiler.
Agradecimientos a:
—Todas ustedes por su cálida acogida y por seguir mis publicaciones.
—Y a Cristy por corregir este capítulo y por comprometerse a fondo con la trama, Ily.
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UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD
Por primera vez entendía a qué se refería la gente cuando decían que en un instante podías ver tu vida entera pasar por tus ojos. Era justo lo que ella había sentido en ese momento. Un huracán de emociones la atravesaba cortándole la piel.
Ni siquiera podía escuchar al hombre que tenía enfrente, el que había obtenido el puesto que tanto había deseado y por el que se había preparado para obtener desde que había entrado allí, hacía cinco años. De repente se sintió sin fuerzas e incapaz de moverse, y dudaba que la presión asfixiante que sentía en su pecho fuera producto del encierro en el penthouse. Eran ella y sus nervios a flor de piel y el alcohol que había bebido tan rápido hacía unos minutos, lo que la tenían tan mareada y confundida.
Algo pareció tironear de su brazo llamando su atención y haciéndola perder un poco el equilibrio debido a la momentánea suspensión de su cerebro. Parpadeó varias veces antes de mirar con enfado al culpable de su inestabilidad.
—¿Qué? —espetó un tanto molesta. John le hizo una seña indicándole con la mirada que la estaban llamando.
Mierda. Tragó grueso.
No se había dado cuenta de que su ex-jefa la llamaba para que subiera al estrado junto con el resto de su gestión, que Malfoy ya había dado su discurso y que, además de no haber escuchado una sola palabra del mismo, estaba haciendo el ridículo delante de todos quedándose inmóvil.
Ordenó como pudo a sus pies que se movieran hasta las escalinatas, para luego colocarse al lado de sus compañeros. Estaba aterrada, no tenía idea de lo que habían dicho y para su mala suerte, sentía los ojos grises de su nuevo jefe mirándola fijamente desde un lateral. Lo sabía, su mirada era tan directa como las luces de los faros guiando los barcos hacia el puerto. Solo que ella no era un barco que quisiera desembarcar en ese puerto. Le tenía pavor al océano y estaba muy cerca de vomitar por el bamboleo bajo sus pies, que nada tenía que ver con aquella fantasía en su cabeza.
Trató con todas sus fuerzas de concentrarse en lo que la señora Brown decía y consideró dejar sus sentimientos de incertidumbre y desesperación para más tarde.
—De forma que —continuó la mujer delante y, a la vez, de espaldas a su equipo, que la secundaba como un escuadrón de profesionales—, el señor Malfoy se encargará de presentar su nueva gestión, con los recortes y cambios de personal que él considere, la semana entrante. Luego pondrá en funcionamiento una semana de capacitación y ambientación laborar coherente a sus ideales para con la misión de la compañía. —Hizo una pausa para la entrada de aplausos y prosiguió—. Por último, debo agradecerles a todos los presentes por haber asistido a este encuentro, pero más al equipo que me respaldó y acompañó hasta donde estoy. Gracias a ellos, Stellar Company, ha crecido en un ochenta por ciento en sus ventas y patrocinios de libros y revistas con respecto a hace dos años.
Acto seguido se dirigió a quienes representaban su grupo de trabajo detrás de ella e inició una ronda de aplausos para los mismos.
Luego de despedirse, todos bajaron del estrado y retomaron sus lugares en el salón. Hermione caminó hacia John lo más rápido que sus tacones le permitieron. Desesperada por que el hombre que no le había sacado los ojos de encima, no la alcanzara. Y casi lo logra, de no ser porque tuvo que rodear la larga barra de tragos.
—Señorita, Granger ¿cierto? —dijo una voz segura y grave detrás de ella. Hermione apretó los ojos con fuerza, esperando que por arte de magia desapareciera de allí o se la tragara la tierra.
Como desgraciadamente ninguna de esas cosas pasó, tuvo volver a abrir los ojos y enfrentar la situación… pero antes pudo escuchar la risa de John, que la miraba tentado por su reacción. Menudo idiota, pensó. Ya se lo cobraría. Con un rápido movimiento se giró a ver al hombre que la llamaba, con tan mala suerte que la punta de su taco se enredó en la terminación de uno de los manteles que cubrían las mesas ratonas dispuestas en cada espacio, haciéndola resbalar. Por un segundo, que pareció una eternidad, pensó que caería sobre el apuesto empresario, pero un brazo protector evitó su caída.
Que odioso era el destino. Resultaba que ahora, quien le había arrebatado su puesto, la salvaba ¿Acaso no podía odiarlo en paz? No. Tenía que ser un maldito magnate de los negocios con reflejos envidiables de halcón, a quien el destino le había puesto delante, con una mueca de burla frente a su fracasada existencia. Maldito y amable ser del infierno.
Y allí entre sus pensamientos caóticos y su repentina creencia en el despiadado destino, el muchacho esperaba su reacción con paciencia. Parpadeó repetidas veces volviendo a la realidad y recibió la ayuda del brazo que la levantaba de su casi horrible caída.
—Espero que nuestro próximo encuentro no sea en el suelo —dijo Malfoy con un deje que Hermione creyó percibir con doble sentido, aunque sabía que se refería a la vez que ella cayó en las escaleras del hotel. Respondió con un asentimiento sintiendo sus mejillas arder. Aquello la había tomado desprevenida. ¿Sería lo que creía que era o era su mente pervirtiendo todo con la imagen de aquel atractivo empresario?—. Quizás en un lugar más cómodo.
Hermione puso los ojos como platos. ¿Le estaba coqueteando? Recordó entonces que ese mismo hombre había visto en su primer encuentro el contenido de su cartera, todo el contenido. Lo que inevitablemente la llevó a pensar: ¿le estaba jugando una broma? Llegados a ese punto, ya no sabía si estaba siendo demasiado perspicaz o se había vuelto loca. Pero parecía un tipo presumido.
—Espero que no —contestó despacio, con los ojos entrecerrados, como calculando cada palabra—. Señor… Malfoy ¿cierto? —agregó fingiendo desconcierto, aunque sonando un poco más altanera de lo que esperaba.
Él le sonrió de lado como lo había hecho en Francia, pero esta vez con un toque de arrogancia en sus ojos.
—Así es. —Asintió orgulloso, como si amara su apellido.
Hermione trabó la mandíbula. Engreído.
Antes de que pudiera contestar cualquier idiotez, porque llegados a esta situación en la que no se sabe cuánto más podría empeorar todo, y considerando que haberse caído hubiera sido mejor que escuchar a Draco Malfoy alardear de su posición o su magnífico apellido; llegó su amigo al rescate y aunque deseaba contestarle cualquier cosa e irse de ese lugar, se contuvo.
—Buenos días, señor Malfoy. Mi nombre es John Hammer —interrumpió su compañero tendiéndole la mano al otro—. Trabajo en la sección económica de la revista "Dolar".
El empresario le devolvió el apretón y asintió.
—Lo sé, he revisado el historial y antecedentes de todos los que se encuentran aquí. —John lo miró sorprendido—. Es parte de mi trabajo, señor Hammer —le dijo como si fuera lo más obvio del planeta—. Si me disculpan, debo atender algunos asuntos. Los veré mañana, disfruten del día libre. —Y así como había llegado, desapareció con su porte y elegancia característicos. Hermione lo siguió con la mirada hasta que desapareció por entre la multitud.
—Parece un tipo respetable —habló John después de unos minutos de silencio—, y humilde —agregó con sorna.
Rieron por su comentario, ambos sabían que "humilde" precisamente no era. Pero pronto la risa se esfumó dejándolos con la sensación amarga de incertidumbre. No sabían qué sería de ellos ahora con los cambios que haría su nuevo jefe.
—¿Te quedarás un rato?
—No lo creo. —Negó con la cabeza—. Si me disculpas, debo ir a vomitar.
—¿Crees que terminarás eso para hoy? —le preguntó irónicamente John.
Hermione suspiró, negando con la cabeza y sin despegar la vista del monitor.
—Pero llevas horas en ese artículo. Necesitas comer algo y es mi deber como buen amigo no permitir que mueras detrás del ordenador.
Al no recibir respuesta de ella, John comenzó a impacientarse.
—¿Supongo que no te molesta que coma mi naranja aquí? —dijo mientras sacaba la fruta de una bolsa y se sentaba frente al escritorio de ella.
Hermione negó con la cabeza en automático otra vez.
»Entonces, tampoco debería molestarte que haga esto… —El morocho empezó a pelar la naranja y cada trozo de cascara que quitaba de sus tiernos gajos, los lanzaba al tacho de basura detrás de Hermione, por lo que uniformes pedazos de cáscara volaban sobre su cabeza hasta aterrizar en el tacho. Si esto la ponía incómoda no hizo ninguna muestra física para confirmarlo. A lo que John reaccionó incrementando el nivel de la broma—. O que tarareé mi canción preferida mientras lo hago.
Una melodía conocida para sus oídos, cantada pesimamente mal, comenzó a distraerla de aquello que estaba terminando y cada vez se inmiscuía más en su cabeza, inundando cualquier rincón de pensamiento. De modo que le fue inevitable levantar la vista hacia el provocador de tal bullicio.
Enfrente de ella se encontraba John con los pies cruzados sobre el escritorio, pelando una naranja y lanzando sus cascaras sobre su cabeza hacia el basurín, mientras miraba distraídamente a la gente pasar tarareando esa maldita canción que no la dejaba concentrarse.
Hermione respiró profundo y trató de tomárselo con calma.
—¿John? —El muchacho volteó a verla sorprendido de que por fin le prestara atención—. ¿Qué rayos haces?
El aludido se encogió de hombros despreocupadamente y añadió:
—Creo que logré mi cometido —afirmó entusiasmado mientras se levantaba de un salto—. Vamos, es hora de salir un rato de este cubículo. No sé cómo lo soportas.
Hermione miró la mano que le tendía su compañero y luego volvió la vista al monitor.
—Yo te ayudaré a corregirlo cuando regresemos y estarás más que a tiempo de entregarlo.
Poco convencida y a regañadientes, terminó tomando su mano para luego caminar juntos hacia el buffet.
Era cierto que llevaba horas trabajando en su artículo. Necesitaba que fuera perfecto o de lo contrario no lograría pasar la última prueba.
Desde que Malfoy había llegado a la compañía había anunciado la posibilidad de ocupar un puesto vacante a su lado como coordinador general. Para lograr conseguirlo debían pasar ciertas pruebas durante la semana de ambientación en las que demostraran su capacidad y congruencia con el nuevo puesto. Algunas fueron más difíciles que otras, pero todas parecían encajar con el perfil de Hermione correctamente. O eso creía ella. Se podía decir que no estaba muy segura de conseguirlo debido a la última vez que había sacado conjeturas de su supuesto ascenso y había errado. Pero como la chica perseverante y entusiasta que era, se había propuesto seguir adelante y no bajar los brazos.
John también se había presentado en la convocatoria, aunque él se lo tomaba con mucha más calma. A veces pensaba que era muy exigente consigo misma, pero también sabía que eso la hacía dar lo mejor. Por eso siempre se había destacado del resto y utilizaría esa herramienta para potenciar sus objetivos. Realmente quería cambiar de posición, era casi una necesidad.
—Siento haber atrasado nuestro almuerzo. —Se disculpó apenada mientras se servía limonada del vertedor.
Caminaron con sus bandejas llenas de comida hacia una de las mesas apartadas junto al gran ventanal que daba al patio interno del edificio. Siempre se sentaban por allí porque les gustaba ver hacia el hermoso jardín siempre cuidado.
John agitó su mano quitándole importancia al asunto.
—No me molesta, solo creo que te lo tomas demasiado en serio. Deberías descansar un poco.
—Lo sé, pero es que estoy tan cerca de que quede como lo imaginé… No quiero que la inspiración se me escape. —El chico asintió, sabiendo que nunca podría convencer a Hermione Granger de lo contrario. Era una mujer muy responsable, pero demasiado intensa con su trabajo, incluso a niveles que ni él podía comprender.
—Mira, allá va la novia de Malfoy. —Le señaló provocativamente a Hermione. Esta dirigió su mirada casi sin cautela hacia la mujer morocha que atravesaba la puerta principal frente al buffet.
—No sabemos si es su pareja, John.
—Bueno, tú dijiste que la viste con él en Francia y por lo que recuerdo de tu descripción, eso era lo que parecía.
La castaña volvió la vista hacia la mujer de esbelta figura y cabello oscuro que desaparecía en ese momento por el ascensor. Luego volvió a mirar a su amigo y se encogió de hombros. Este la miró suspicaz.
—¿Qué?
—¿Es curiosidad lo que veo en tus ojos?
Hermione se ahogó con la limonada y tuvo que concentrarse para no escupirla toda. John se rio descaradamente de su reacción, creyendo haber comprobado sus sospechas.
—No es lo que parece. Ya te he dicho que Malfoy no me gusta, no es mi tipo. —Le aclaró.
—Si tú lo dices…—contestó, haciéndose el desinteresado. Pero ella sabía que eso no acabaría allí. Cuando a John se le metía algo en la cabeza era imposible sacárselo sin que comprobara o refutara con hechos demostrativos sus disparatadas teorías.
—Pues sí. Además, sabes que no me gusta involucrarme con gente del trabajo, mucho menos con alguien como nuestro jefe.
—Tu moral, cierto. ¿Cómo olvidarlo? —dijo, rodando los ojos.
Se le escapó una sonrisa y lo golpeó cariñosamente en el hombro.
—Basta de hacerme bullying —le regañó—. Termina tu almuerzo y vámonos. Quiero dejar listo ese bendito artículo.
—O quieres volver a la oficina para comprobar si salen esos dos…—sugirió en un susurro pícaramente.
Hermione lo miró y negó con la cabeza. Volvió a golpearlo y rio por la mueca del chico.
—Come. —Le ordenó.
No pudo evitar preguntarse por qué motivo esa mujer acudía tan seguido al despacho de su jefe si no era porque tenían una relación. A decir verdad, Malfoy le parecía un ser extraño. Indescifrable. No sabía si se debía a su constante capacidad de neutralizar sus rasgos cuando hablaba, su forma de mirar fijo a los ojos pero sin transmitir ningún sentimiento, o era que realmente llevaba muy poco tiempo de conocerlo y no podía sacar una conclusión clara de su personalidad por ello.
Sin ni siquiera verlo venir, un recuerdo acudió a su mente para invadirla con sensaciones muy vívidas. La última vez que se había acercado a su oficina, las cosas no habían ido muy bien, dejando un tenso ambiente entre los dos que esperaba no afectara en la decisión de él con respecto al nuevo puesto.
El miércoles por la mañana había acudido a la oficina de su reciente jefe para entregarle la investigación acerca de las nuevas reformas sociales implementadas por el primer ministro. Que le asignaran esa noticia le había venido genial para salir un poco del área culinaria, área de la cual honestamente ya estaba algo cansada. Era su segunda entrega para conseguir el puesto como coordinadora general de Malfoy. Había tocado dos veces antes de entrar a su despacho y nadie había contestado. Tampoco se encontraba su recepcionista en la antesala, y gracias a su necesidad de comprobar que todo estuviera perfecto, ya no tenía mucho más tiempo para entregarlo. Así que ingresar y dejar el manuscrito en su escritorio le había parecido lo más lógico para resolver esa situación.
Al entrar se había dado cuenta de que no había nadie en su interior, así que sorprendida y curiosa se dejó maravillar por la inmensidad del salón. Había un gran escritorio de roble antiguo, sillones tapizados de un terciopelo verde y una gran araña de cristal que iluminaba el lugar de forma cálida pero misteriosa. El espacio estaba impregnado de un fuerte olor a tabaco y limón, una combinación extraña que le hacía picar la nariz. Decidió que nada bueno podía salir de allí si se quedaba más tiempo del requerido, y guiada por su intuición se deslizó hasta el escritorio para poner su artículo sobre el montículo de papeles que en él reposaban. Antes de dejar aquel siniestro lugar pensó que sería difícil identificarlo de entre aquella pila de hojas, así que tomó un postick y escribió en este su nombre antes de colocárselo a su artículo.
—¿Sabe? Es de mala educación no anunciarse en la entrada.
A Hermione le había dado un vuelco al corazón cuando había escuchado la voz grave y sedosa de Malfoy, quien se volteaba a verla saliendo de la oscuridad de uno de los rincones de ese misterioso despacho. El susto había sido tal que en un descuido por controlar sus torpes gestos había tirado todos los papeles al suelo. Se agachó rápidamente para levantar el desastre que había provocado, pero algo había detenido sus movimientos. Una mano en su hombro.
Ella había visto en ese momento los zapatos pulidos y elegantes cerca de las hojas y había levantado su mirada mientras aquel roce en el hombro la quemaba.
—Déjeme a mí.
Hermione levantó solo los que había alcanzado a juntar, sorprendida de lo que escuchaba. Le había tendido las hojas sin antes poder evitar encontrarse con un expediente que le parecía familiar. Algo que había visto alguna vez en el estudio de su padre. Y alcanzó a leer el final de un título que se dejaba entrever del resto de la pila: "potestad".
El hombre pareció percibir su mirada congelada en ese lugar y tomó los papeles con avidez, casi arrancándoselos de las manos.
—Yo... Lo siento, no quise. —El hombre había cambiado su amable sonrisa por un serio semblante que la había hecho sentir pequeña de lo intimidante que se había vuelto.
—Imagino que ha terminado su artículo, señorita Granger.
Ella asintió automáticamente.
—Bien, supongo que no tiene nada más que hacer aquí.
Hermione negó con la cabeza como si fuera una niña pequeña que acababa de ser regañada por su padre. En ese entonces le había recordado a un profesor de la infancia que ponía la misma expresión de suficiencia y autoridad.
—Buenas noches, entonces.
Asintió, ahora con la cabeza gacha, sin atreverse a decir nada más. Caminó hacia la puerta echándole un último vistazo al hombre de mirada perdida que acomodaba de nuevo los papeles en su escritorio antes de haber salido turbada de allí.
Ahora no solo estaba apenada por aquella intromisión suya, sino que estaba intrigada por aquel hombre, más de lo políticamente correcto. Quería saber más de él, era como una obsesión que había comenzado ese día. Pero no quería meterse en problemas y menos perder su oportunidad de conseguir un lugar mejor en la compañía. Aunque desde entonces le era imposible dejar de preguntarse si todos sus esfuerzos eran para conseguir ese puesto o porque lo interesante del puesto era estar cerca de esa persona, por la cual sentía una intriga y una admiración muy fuerte.
Era verdad que lo conocía desde hacía tan solo una semana, pero era un ser magnético. Parecía atraerla intelectualmente y la hacía desear descubrir aquello que ocultaba su fría mirada de hielo. Ella siempre había sido curiosa y tenía una gran debilidad por las personas que veía en estado de vulnerabilidad… Lo que la llevaba a pensar que a ese hombre algo lo atormentaba. Y quería descubrir el motivo que lo llevaba a ser tan distante y tan cálido a la vez.
Después de su almuerzo con John, regresó a su cubículo y envió su artículo por mail, y esperando no haber desperdiciado esta segunda oportunidad que le daba la vida, decidió salir de allí sin estresarse de más. Ya había tenido mucho por hoy y ya era viernes, fin de una semana intensa de trabajo y competencia, por lo que deseaba desconectar su mente un rato.
Al llegar a su departamento fue recibida por Danton, que saltó del sillón para frotarse grácilmente entre sus piernas, jugueteando con su cola y dejando escapar leves ronroneos. Hermione se agachó para acariciarlo y fue a la cocina para servirle el alimento. El gato la siguió gustoso y se dedicó a comer.
—Tú eres una mimosa e interesada bola de pelos —dijo con la voz un tanto más aguda de lo normal, y haciendo sonidos ridículos de cariño hacia el animal.
Dejó su bolso en el perchero y se cambió de ropa por un conjunto menos formal. Luego tomó algo de dinero y salió para hacer las compras de aquello que le faltaba en el hogar. Se detuvo en la puerta de Ginny y estuvo a punto de tocarla, pero se recordó que su amiga aun no salía de trabajar.
Caminó por las calles de Londres con el sol comenzando a desaparecer tras los edificios, anunciando el atardecer. Una ráfaga de viento frío le llegó a la nariz y automáticamente subió un poco más el cierre de su campera. El gris otoño nublaba las calles y ensombrecía los rincones, y de no ser por las hojas amarillas de los árboles que le daban un aspecto más alegre habría jurado que el día acompañaba su humor.
Mientras pequeñas gotas de rocío caían en los autos y los semáforos cambiaban sus luces, baldosa por baldosa iba pensando. Se preguntaba cómo era que no había visto venir esa negativa a sus expectativas, ni un presentimiento o un leve instinto de presentimiento le había advertido que no siguiera pensando en eso, que desterrara la idea de que iba a ser ascendida o que esa reunión era personal, que le iban a felicitar y aplaudir por sus logros. Había sido ilusa, sí. Pero también un tanto soberbia. Quizás su ingenuidad la cegaba, su estima era muy alta como para ver la realidad, y es que ella siempre había triunfado en la vida. Sus calificaciones siempre habían sido las mejores, su trabajo era en la mejor firma de Londres, sus amigos los mejores, su familia unida… y podía seguir. Pues toda su vida había estado rodeada de cosas hermosas, pero algo le decía que ahora la ponía en una encrucijada, debía decidir qué rumbo darle a su vida. Algo en el fondo de su mente le gritaba que era un cambio necesario, que dejaría de ser todo tan fácil y la realidad le traería desafíos que debería afrontar como adulta. Aunque ahora doliera y dolía, porque creer en algo fuertemente y verlo derrumbarse en un solo segundo era difícil de aceptar, y lo normal era sentir esa incertidumbre en el pecho que le pedía resolverlo. Pero también significaba crecimiento y aprendizaje, y Hermione sentaba sus ideales en aquellos dos conceptos que estructuraban su existencia. Por su perseverancia y dedicación había llegado muy lejos, sus ansias de aprendizaje y la destreza para seguir a pesar de cualquier adversidad corrían por sus venas y estaba segura de que, si esta era una oportunidad para ser mejor, no la desperdiciaría.
En ese momento entró al mercado, tomó un carrito y comenzó a escoger algunas verduras. Pasados unos minutos en los cuales trataba de decidirse entre cosas tan banales como llevar pimiento verde o rojo, un "bip" en sus jeans la hizo sobresaltarse. Buscó su teléfono en su bolsillo trasero y atendió el llamado.
—¡Hola, brujita! —exclamó una voz cantarina del otro lado.
—¡Luna! ¿Cómo estás?
—Perfectamente, ¿y tú?
—Uhm. —Suspiró—. He estado mejor.
—Lo supuse —dijo, perspicaz como era ella. Luna siempre se había caracterizado por la intuición y las premoniciones, lo que le había servido para su trabajo como astróloga, del cual vivía cómodamente.
—¿Cómo? —preguntó sin contenerse la curiosidad que le daban aquellas cosas.
—Bueno, lo he deducido esta mañana. Tu planeta está fuera de órbita. Este mes lo rige júpiter, por lo que es bueno para quienes son de Sagitario —le comentó sabiamente.
—Qué lástima que no me lo dijeras antes, me hubiera ahorrado unos malos tragos esta semana. —Suspiró—. ¡Maldición Júpiter! ¡Pensé que éramos amigos!
Luna rio al teléfono.
—No te preocupes, sé que vendrán mejores momentos. El destino tiene cosas grandiosas preparadas para ti —respondió, optimista.
—Destino. —Bufó—. Otro que me debe una explicación.
—¿Qué sucedió? ¿Has limpiado tu aura regularmente?
—No, amiga. Sabes que no soy muy practicante.
—Ah, eso es probablemente lo que te ha hecho sentir tan confundida últimamente. Ha sido tu antiguo ser tratando de salir el que no te ha dejado pensar con claridad.
—Hum… Bueno, esta semana fue la reunión de la que les conté cuando volví de Francia. —Recibió la bolsa que le daba el verdulero con las papas ya pesadas por la balanza y etiquetadas y continuó—. Como sabrás, no he conseguido el puesto que quería.
—Lo imaginé. Aunque no sabía que había sido esta semana. ¿Qué ha pasado exactamente?
—Digamos que mi jefa presentó su renuncia, para al poco tiempo revelar quién recibiría su puesto. Un tal "Draco Malfoy".
—Oh sí, ahora lo veo claramente. Tienes la constelación Draco rondando a Virgo hace meses, ¿no se habían visto antes?
—Por increíble que parezca —contestó mientras recorría la sección de lácteos—, sí. En Francia, ¿puedes creerlo?
—Claro que sí. Cuéntame sobre tu encuentro.
Era amiga de Luna desde que se habían cruzado en una clase de yoga hacía seis años, y hacía seis años que Hermione había dejado el yoga. No era lo suyo, pero se había animado a probarlo para calmar su ansiedad. En cambio, su amiga era una fiel practicante y lo tomaba como un estilo de vida. Tenía una personalidad intrigante, era gentil y transmitía una sensación de inmensa paz cuando estaba presente. Probablemente, debido a la limpieza diaria de su aura.
Pero lo más admirable y más importante, de lo que Hermione estaba más agradecida, era de su capacidad de escuchar sin ser insoportable o pretender darle su opinión de lo que debía o no hacer. Simplemente dejaba hablar al otro. Un rasgo empático envidiable, sin duda. Era difícil no quererla.
—Fue cuando estaba saliendo de mi habitación para volver a Londres. Iba bajando las escaleras cargada de valijas y bolsos, choqué con él y caí al suelo, y mi cartera conmigo, desparramando todo su contenido —describió conforme su mente rememoraba el primer encuentro—. Él fue muy amable, se disculpó y me tendió su mano. Me ayudó a recoger todo…—Hermione se detuvo antes de decir aquello que la había perturbado en su momento y el lunes por la mañana, la imagen del rubio sosteniendo parte de su contenido no apto para todos los públicos. No iba a contarle eso a Luna, era demasiado para decir en el supermercado. No necesitaba entrar en detalles—. Y luego nos separamos. Solo eso.
—Interesante. ¿Cómo te sentiste cuando lo viste?
—Bueno, yo… ¿atraída? Creo…
—Eso es nuevo. —Rio su amiga. Hermione se sonrojó inconscientemente—. ¿Y cómo fue vuestro encuentro el día de la reunión?
—Diferente. En parte. —Ordenó los sucesos en su cabeza y continuó—. Después de que diera su discurso, yo subiera detrás de mi jefa y él se quedara todo el tiempo viéndome fijo, bajé del escenario y cuando ya estaba llegando al lado de mi compañero John, ¿lo recuerdas?
—Sí.
—Bien. Cuando estaba llegando a su encuentro, Malfoy me llamó. Avergonzada, me voltee a verle demasiado rápido y mi tacón se enredó con el mantel. Casi caigo otra vez, pero él me sujetó.
—Esto es impresionante. Entonces, ¿qué sentiste?
—Intriga.
—Creo que esto es una señal —decretó.
—¿Qué? No lo creo.
—Ahora estás negada, pero ya lo veras. Siempre tengo razón con estas cosas. Lo sabes.
Muy a su pesar, Hermione sabía que eso era cierto. Luna nunca se equivocaba. Pero esto, lejos de tranquilizarla, la ponía nerviosa.
¿Qué significaba eso en su vida?
Sin mencionar que no le había contado su incidente en la oficina del miércoles, vaya a saber qué le diría su amiga de aquello.
—Bueno, ¿supongo que mañana me recoges para ir a buscar a Pansy?
—Claro —contestó Hermione, todavía absorta en sus pensamientos. Luna rio tras el auricular.
—Tienes mucho en lo que pensar. Mañana lo hablamos con las chicas, si quieres.
Asintió inconscientemente y se despidió antes de cortar la llamada.
—Señorita, ¿va a abonar? —le preguntó la mujer detrás de la cinta transportadora. Al parecer se había quedado colgada de sus pensamientos mientras subía todo a la cinta y ya había gente que la miraba mal detrás suyo en la cola.
—Sí, disculpe. —Se lamentó, mirando al resto de la fila con una disculpa implícita en la mirada. Entregó el monto de dinero que le solicitaba la chica y tomó las bolsas para salir de allí antes de cometer cualquier desastre. Su madre siempre le decía que cuando una lleva muchas cosas dispersas en la mente debe relajarse y despejarla lo mayor posible antes de hacer nada o bien quedarse en casa, porque en esos casos siempre era cuando ocurrían accidentes.
Recorrer el aeropuerto un sábado a un horario concurrido, definitivamente no había sido la mejor idea. Sobre todo cuando debían abrirse paso entre los fanáticos de los jugadores de rugby y los de Justin Bieber, que no paraban de gritarle al cantante, incluso cuando no estaba ni cerca de abordar esa puerta.
—¿No podía haber elegido otro día para llegar? —dijo frustrada Ginny, a su lado.
—Quizás no encontró otro vuelo… —sugirió Luna, tan optimista como siempre.
—Luna, Pansy es la dueña de esta aerolínea —le contestó riendo la pelirroja—. ¿Quién creen que gane más dinero: Pansy o Justin?
Hermione iba a contestar, cuando después de varios minutos de haber esperado y mientras salían cada vez con menos frecuencia los pasajeros, una mujer alta con un sombrero negro y gafas apareció caminando elegantemente con su celular en mano y varios ayudantes que la acompañaban cargando sus valijas.
La muchacha de esbelta figura y largas pestañas sonrió al identificar a sus tres amigas, quienes la saludaban efusivamente entre familias y molestas personas con sus carteles.
—No solo es bueno actuando detrás de cámaras, ¿si sabes a lo que me refiero…? —dijo Pansy guiñando un ojo antes de cortar el teléfono tras su despedida—. Te dejo, Dahp, que he llegado a Londres.
Acto seguido abrazó a sus amigas emocionadas con cariño. Se tomaron de los brazos y caminaron hasta el chofer que las esperaba fuera del aeropuerto para cargar todas sus valijas y llevarlas a ellas hasta su casa. En el camino conversaron acerca de su regreso y de cómo se había cansado del pesado ambiente laboral de Australia.
—Estoy exhausta, hace veinticuatro horas que no tengo sexo y empiezo a pensar que, si todavía tuviera veinte, lo habría hecho en el avión con un desconocido. —Suspiró—. Los años se han llevado mi lado aventurero, ¡pero basta de mí! Cuéntenme de ustedes —exclamó mientras se quitaba los zapatos al entrar en su lujosa casa frente al mar. Una de sus tantas propiedades en el mundo—, tenemos que ponernos al día antes de arreglarnos para mañana —agregó emocionada, extendiendo las cortinas que cubrían los grandes ventanales de su estancia.
