2. Situaciones incómodas.

Era domingo, un día para descansar y tomar tranquilamente el desayuno. Así que de buena mañana Lily Evans se levantó y bajó los escalones dispuesta a darse un festín digno de una reina.

Estaba satisfecha de cómo empezaban a ir las cosas, tenía un trabajo en una pastelería del barrio y un duplex bastante confortable. Lo único que tenía que soportar era la presencia de James Potter en su casa, que se quedaba allí y ayudaba con las facturas.

Si se lo había pedido a él concretamente había sido por pura suerte. Lo chantajeó con publicar unas fotos del famosísimo James Potter en una convención muggle vestido de un personaje de una película. Su ego quedaría por los suelos y sus padres, bastante estrictos, a saber cómo reaccionarían. El caso es que cuando ella entrara a la Academia de Aurores no podría pagarlo todo, y había sido la oportunidad.

Mientras pensaba todo eso e intentaba darle la vuelta a unos huevos, entró una lechuza y soltó una carta encima de la sartén pringándola entera. La pelirroja vio al animal irse con una mirada de fastidio.

La lechuza de los Potter tenía que ser… - apartó la sartén del fuego y escurrió la carta.

Se terminó su plato de huevos y una tostada con la vista fija en el sobre, que tenía una preciosa y pulcra letra. Lo mejor sería entregarle cuanto antes la carta a Potter, y de camino darle los buenos días. Después de todo, la noche anterior le dio a ella las buenas noches llegando de madrugada y dando voces borracho por el pasillo.

Cuando subió las escaleras directa a la pequeña habitación, abrió la puerta de golpe intentando sorprender a James; pero más bien ella es la que se sorprendió, y si llega a saberlo, ni se le hubiera ocurrido hacerlo. La imagen era mucho mejor que intentar explicarlo: James revuelto con una chica entre las sábanas.

Cerró la puerta de nuevo con la cara roja hasta la raíz de su melena, con un aspecto muy cómico porque el colorado le recorría la cara y se perdía en las puntas del cabello. Se maldijo por dentro y dando fuertes pisadas se fue a su dormitorio.

Para Lily, tanto encontronazo con ese proyecto de ser humano en una misma casa, le estaba costando una úlcera. Así que decidió que cuanto menos tuviera que verlo, mejor.

- Toma, ya es hora de que te busques un trabajo. Te he señalado los que están más o menos bien, y también lo bastante lejos como para que un día de estos no acabe suicidándome…- le tendió un periódico con la sección de clasificados subrayada.

- Fuiste tú la que quiso que te ayudara con los gastos, a cambio de hacerme chantaje, ¿y encima yo soy el malo y tu la víctima?- la apuntó con el tenedor mientras devoraba un filete y le dedicó una sonrisa burlona.

- Créeme, antes tenías un mínimo de "algo", no se describirlo bien; pero ahora eres una mezcla de estupidez con diferentes formas. Si lo llego a saber…

- Entonces puedo irme cuando quiera…

- Eso quisieras tú. Pero no, cuando comiencen las pruebas de aurores y entre en la academia, podrás irte. Con lo que gano en la pastelería no me llega para nada…

- ¿Y por qué no te vas con tu familia? – la miró con gran curiosidad. La conocía de Hogwarts, de haberse metido con ella en algunas ocasiones, pero conocerla de verdad… eso era otro nivel. Además, parecía como si siempre hablara de todo y de nada a la vez, era bastante reservada con su vida privada.

- ¿Quieres dejar de buscar salidas? Tengo que salir adelante yo sola, y tú me ayudarás.

- Bueno, al menos en eso nos parecemos…

Hubo un silencio de algunos minutos en el que ella terminaba de recoger su plato, sin utilizar la magia, y él la miraba con el ceño fruncido. Lily se había percatado de que la estaba mirando, y ya sin aguantarse:

- ¿Se puede saber por qué me miras así?

- Bueno, ¿te acuerdas de la carta que me entregaste el otro día, la de mis padres?

- Cómo no me iba a acordar…- lo miró rodando los ojos y con tono autoritario- Nada de "otra gente no amistosa" en esta casa. Si lo vuelves a hacer te largas, ¿entendido?

- Pero si tenía una gran amistad con ella – se quedó mirando al techo sonriendo.

- Potter, lo digo en serio.

- Pero sin mí no podrás pagar las facturas, querida.

- Prefiero pasar hambre a tener que soportar una noche escuchando vuestros "encuentros", que mi habitación está al lado, querido

- Está bien… - se quedó mirándola mientras ella aún daba gracias al profundo sueño de esa noche. Al menos después de haberla despertado no había escuchado nada- Verás, a lo que iba después de que te hayas enrollado con algo que ni me va ni me viene…

- ¡Cómo que ni t-¡

- Que vale, Lily, que hay otra cosa importante que contarte – cortó otra larga discusión, y Lily se quedó callada al llamarla por su nombre- Mis padres quieren venir a cenar una noche.

- ¿Tus padres? Bueno, con que me avises de qué noche es, me perderé del mapa unas horas.

- A ver, quieren comer con "nosotros" –puso un tono especial en esa última palabra

- ¿Nosotros? Les has dicho que vives con Sirius, ¿verdad? – sonó nerviosa, ya se imaginaba que la respuesta iba a ser…

- No. Les dije que vivía contigo – la cara de Lily se quedó paralizada. Le costó un rato volver a conectar con el mundo.

- ¿Y qué se supone que pretendes con eso? Llevas semanas haciéndome la vida imposible, así que si estás tramando algo…

- De verdad que no. Esta vez me pongo más en evidencia yo que tú, créeme. Ya sabes cómo son mis padres – la miró muy serio, clavando la mirada en sus ojos verdes.

- Pero, no lo entiendo. ¿No se te ocurrió decirles otra cosa? – a pesar de todo, estaba tranquila, algo que la sorprendió bastante.

- Pues si les decía que estaba con Sirius, solo o con alguien, vendrían de todas formas porque no se fiarían de mí. Pensarían que es sólo una excusa para "tocarme la barriga", pero lejos de ellos. Al menos contigo, que algo saben de ti de lo que les conté en la escuela, están más tranquilos. Pero quieren venir aún así.

- ¿Hablabas de mí cuando estábamos en Hogwarts? Pero si no me conocías… - lo miró ladeando la cabeza.

- Realmente había poca gente que te conocía. Pero sí, eras la primera en casi todo, todos te respetaban y yo a veces te tenía envidia. Pero tranquila, tampoco significabas mucho para mí

- Vaya, muchas gracias – sonó irónico como lo soltó Lily. Pero eso sí, James estaba siendo bastante sincero en casi todo, exceptuando lo último que lo dijo de forma arrogante, y por una vez se lo agradecía.

Realmente se veía muy gracioso con esa cara contrariada, resoplando de vez en cuando. Aunque fuera una tontería ponerse así por sus padres, le daba pena. Seguramente después, él se encargaría de hacer que se arrepintiera de la decisión que iba a tomar, cuando volviera a traer alguna chica, o montara una fiesta con Sirius, o vete tú a saber.

- Bueno, dentro de dos días es sábado, ¿no?

- Sí – la miró nervioso

- Pues puedes decirles que vengan esa noche, tengo el día libre. Eso sí, me ayudarás a cocinar o vete jugando el cuello, ¿estamos?

- Estamos – su sonrisa llegaba de oreja a oreja, y Lily le sonrió también. Él no dijo nada más, sólo le revolvió el pelo en tono de afecto al alejarse.Y esta vez llevó su plato hasta el fregadero.

Después de esa noche, a James se le hizo interminable ese día y medio que faltaba para la cena del sábado. Además, se sentía molesto por tener que comportarse de una forma tan estúpida delante de Lily a causa de sus padres. Ya no era un niño y sin embargo se comportaba igual.

La mañana del sábado salieron a dar una vuelta por el mercado a comprar la comida para la cena, intentando impresionar a los señores Potter. El camino se hizo bastante monótono, sobretodo para Lily, que al intentar hablar con el chico, éste le respondía de mala gana.

- Potter, si no te relajas las cosas saldrán mal - Lily le señaló mientras al dueño de un puesto qué naranjas quería.

- Preferiría que me llamaras James, por favor. No tengo ganas de ponerme más nervioso

- Te preocupas demasiado. ¿Sabes? Me sé una técnica para descargar tensiones- Lily lo cogió de los brazos, dejando la bolsa de naranjas en el suelo. Empezó a zarandearle los brazos de atrás hacia delante como un molinillo – Y ahora coge aire profundamente, y suéltalo ¡Pero no pares de moverte! – el resultado fue que James resoplaba tan fuerte que Lily soltó una carcajada y empezaron a reírse.

James se acabó ajustando las gafas y sonriendo siguió a Lily, que ya se alejaba revisando la lista de la comida que necesitaba.

El resto de la tarde se pasó más rápido de lo que James se imaginaba, y a veces se le olvidaba porqué estaban haciendo todo eso. Eso sí, preparar la comida al estilo muggle como se había empeñado Lily no era nada fácil: que si meter el pavo en una caja metálica o machacar las naranjas debajo de lo que ella llamaba una "trituradora" empezaba a parecer una tarea de locos.

Para Lily la tarde le estaba pareciendo muy divertida, y no cambiaba por nada el ver a James Potter en delantal rosa y manoseando todo. Claro está, consiguió derramar la compota de naranja para el pavo, se quemó con el horno, y casi se corta con el cuchillo al preparar la ensalada.

Cuando sólo faltaban 10 minutos para sacar el pavo, miraron ambos el reloj de la cocina para controlar la llegada de los Potter. James se quedó mirando a Lily, que estaba sentada tomándose su habitual té de las 6 de la tarde. Y mirando lo tranquila que estaba, se dio cuenta que ya no era la chica repelente y estirada por la que la tomaba en Hogwarts, y que todo aquello no tenía porqué hacerlo.

- Oye Lils, te agradezco lo que estás haciendo por mí de verdad- ella volvió la vista aún dándole vueltecitas a la taza. Se sonrió a sí misma.

- Gracias a ti por hacer la limpieza de la casa el próximo mes- James la miró, pasando del odio a la aceptación.

- Serás bruja – susurró

- ¿Decías algo?

- ¿No tienes otra forma de hacer las cosas que con chantajes?- pero en ese mismo momento sonó el timbre de la casa.

- Creo que mejor iré a abrir, antes de que te asustes con la respuesta que te iba a dar. Anda, apaga el horno James.

James se quedó refunfuñando. Si de algo estaba seguro, es que esa chica iba a traerle de cabeza, y a pesar de intentar hacerle la vida imposible, ella se lo devolvería en cada ocasión. Escuchó la puerta a lo lejos, y se puso nervioso, no sólo por la llegada de sus padres sino porque no sabía cómo apagar el chisme ese.

- …déjenme los abrigos, que los colgaré en la percha – con un rápido movimiento de varita se colgaron en el perchero de pie, muy suavemente. Volvió a mirarlos con una sonrisa – Los esperábamos en la chimenea, pero veo que han preferido aparecerse.

- Pues sí querida, la red Flu nos deja los huesos molidos. Y ya no tenemos edad como para dar tantos trotes. ¡Quién tuviera vuestra edad! – Alan T. Potter era un hombre bien entrado en edad, de aspecto afable y alto, con rostro de tranquilidad. Su mujer, Ann Potter, asintió ante el comentario de su marido. Era una mujer también alta, con una belleza abrumadora que no podía dejar a nadie indiferente, y una mirada aviesa.

- James, deberías habernos recibido tú en lugar de Lilianne- la señora Potter se dirigió a su hijo para darle un abrazo cuando entró al recibidor- ¿como siempre, evadiendo la situación?

- En realidad James estaba terminando de asar el pavo al estilo muggle, así que fui a abrir yo – Lily miró a James de reojo, para ver si aún habiendo cortado lo que él iba a decir, estaba todavía dispuesto a contraatacar la ofensa. Lo vio con un cara indescriptible, pero sereno.

- Ann, querida, será mejor que entremos. Nos quedaremos helados si seguimos al lado de la puerta – el padre empujó levemente a la señora Potter, mientras James miraba a Lily con cara de circunstancias. Ella sólo le indicó con gestos que respirara profundamente.

El resto de la velada fue bastante amena a ratos, porque en ocasiones la señora Potter se dedicaba a lanzarle puyas a James sobre su relajado comportamiento en la vida. El chico no es que fuera una lumbrera en Hogwarts, más que nada porque decía que el título de empollón no le quedaba bien; pero había sacado de las mejores notas de todo su curso en el último año y bastantes EXTASIS. Con Lily los padres de James eran todo dulzura, encantados con su madurez y su personalidad en general. Se había ganado su simpatía.

- Bueno James, ¿al final qué vas a hacer hijo? – Ann Potter removía con su cucharilla el té, expectante de la respuesta de James a su marido.

- Pues lo que os dije hace tiempo, presentarme a las pruebas de la Academia de Aurores.

- ¿Aún estás con esas? ¿No te quedó claro que esa gente sólo son unos suicidas inconscientes y que ese trabajo no te va a dar remuneración suficiente para una vida en condiciones?

- Pues Lily también tiene pensado presentarse a las pruebas, y ya veis que es bastante sensata – justo en ese momento Lily apareció en el salón llevando un puddin de frutas que compró el día anterior en la pastelería donde trabajaba. Los platos vacíos los había retirado ya a toque de varita, no sin antes recibir las felicitaciones de los señores Potter por tan deliciosa comida.

- Querida, sabemos que eres una chica muy madura, pero como ya bien sabrás después de estar viviendo con James, este chico no sabe lo que es la vida real – negó con la cabeza en silencio, mientras James tamborileaba histérico los dedos en la mesa.

- Cálmate James – le susurró Lily

- Lily, ¿te importa si vas a mi habitación? Me pareció dejarme la ventana abierta y tengo un montón de papeles en el escritorio.

Lily lo miró y salió hacia la planta de arriba. Al menos la discusión duraría media hora. Vio al salir que James estaba bastante serio, alternando la vista de su madre a su padre, seguramente no sabiendo por quien empezar la escabechina. Lily se quedó sentada en el último escalón antes de tocar el suelo del primer piso. Desde allí se escuchaban las voces de James y de los Sres. Potter, sobretodo cuando alguno perdía los estribos y subía el volumen.

Después de 40 minutos, y apunto de quedarse dormida, dejó de escuchar a nadie. Se decidió a bajar lentamente, intentando atraer la atención de James y sus padres para que se dieran cuenta de que volvía, y así darles tiempo a recobrar la compostura. Pero sin embargo, se encontró a James apoyado en la pared del pasillo de la entrada, mientras su padre le ponía la mano en el hombro y lo miraba arrepentido.

- Lily, cariño, estábamos a punto de llamarte. Ya nos íbamos. Lamentamos mucho haberte estropeado la noche, bueno… a los dos – Alan Potter miró a James mientras lo decía – La comida estaba deliciosa, ¡quién iba a decir que James prepararía algo al estilo muggle! En fin, buenas noches.

- Sí, será mejor que nos vayamos todos a descansar. Buenas noches – antes de terminar la frase, James ya se estaba alejando hacia el interior sin mirar a sus padres.

Lily se quedó en el marco de la puerta, mientras salían los Sres. Potter aún colocándose sus abrigos. Les dirigió una sonrisa que ellos correspondieron.

- Siento mucho que hayas tenido que presenciar eso, pero a veces no sé cómo actuar con mi hijo. No quiero que tome un mal camino – esta vez era la señora Potter quien hablaba a la chica.

- Si me permite que le dé mi opinión, debería confiar más en James. Es inteligente, y está haciendo un esfuerzo por buscar y conseguir sus propias metas. Y si eso es así, es porque le han dado unos buenos principios. Creo que es peor forzarlo cuando él solo es capaz.

- Sí, es posible que tengas razón. A veces el miedo nos hace sentirnos inseguros y hacemos cosas estúpidas – se sonrió triste y miró a su marido. Luego regresó la mirada a la pelirroja con amabilidad – Lily, no sabes cuanto me ha encantado conocerte. Ojala sigas cerca de mi hijo por muchos años

Se despidieron estrechándose las manos y se alejaron hacia un callejón más oscuro, sonriéndole en la lejanía. En unos segundos, desaparecieron.

Una vez dentro, se agitó un poco para quitarse el frío del cuerpo. En el salón estaba James, sentado en el sofá mirando al suelo. Estaba muy serio, con cara de pocos amigos, y es que realmente no le culpaba: la situación con sus padres se había vuelto complicada por culpa de los miedos tanto de unos como de otros.

Antes de decirle algo que seguramente no lo animaría para nada, subió las escaleras hacia su habitación. Una situación desesperada requería de medidas desesperadas. Y tan pronto como subió, revolvió en su armario detrás de unas cajas de zapatos y sacó algo que había comprado hacia pocos días en una tienda.

- Creo que me voy a dormir – James se dirigió a Lily, aunque sin apenas mirarla, cuando ésta bajó de vuelta las escaleras. Después se volvió a mirarla a los ojos – Lamento lo sucedido, y lamento todo esto. Si quieres puedo pagarte el alquiler, pero creo que me iré a mi casa en unos días. No tengo cuerpo para seguir discutiendo siempre, y lo mejor es que vuelva – se revolvió el pelo cansado.

- ¿Y quedarte a mitad de camino? Vamos James, tú quieres ser Auror, ¿no? Entonces déjate de tonterías y ahora preocúpate por algo más importante… - sonrió de oreja a oreja mientras escondía algo tras su espalda.

- ¿Qué puede ser más importante ahora?- la miró irónicamente

- Me ofendes, incrédulo.

Y de repente sacó de detrás una cinta beta de La Guerra de las Galaxias, nuevecita y con plástico. Los ojos de James se abrieron de par en par y la miró fascinado.

- La compré el otro día. Cuando la vi en seguida me acordé de ti. Era para navidad, pero creo que hoy es un buen día para verla. Será mejor que vayas preparando las palomitas, yo mientras pongo el video- empezó a rasgar el plástico, mientras James la miraba fijamente y pensativo.

El resto de la noche se la pasaron viendo la película mientras James no paraba de hablar sobre cada personaje, cada escena y cada nave. Lily no paraba de reírse y a la vez protestar por tanto parloteo, ambos tapados con una manta hasta los hombros, y haciendo que esa noche fuera especial con cosas tan simples como una película y muy buena compañía.