Este capítulo no tiene canción xD algún día haré una playlist para el fic, no c.Todavía no sé que nombre le pondré a la mamá de Juan e Itzel, creo que va a ser Erandi, en cuanto al nombre de Filipinas no encontré nombres con origen pues...filipino :v pero leí en un fanfic que se llamaba Marikit, no se ni lo que significa xD no había nada de información, sólo de una película.
Juan llegó a su casa, alegre, perdido en sus pensamientos, estaba tan centrado en éstos que no se percató de que había pasado su casa desde hacía una cuadra, de no ser por que su mejor amigo, la luz de su vida ¡La persona más maravillosa del mundo! Vino a dejar a su hermana y lo llamó por su apellido.
-Sánchez ¿Te perdiste?
"Este pendejo " pensó
Efraín y Juan eran enemigos pero amigos, "eneamigos" como popularmente se les llama.
-Solo paseaba por aquí, ahorita me regreso.
-¿Te llevo? No te vayas a ir caminando hasta el Zócalo.
Juan ignoró el comentario de su "cuñadito" y se dió la vuelta.
-¡Juan! ¡Tus papás me invitaron en la noche a una fiesta!-Escuchó a Efraín decir mientras le alcanzaba.
-Ah ¿Pa' qué?
-Nuevos socios y vecinos.
-¿Sabes de qué estado?
-¡Son tus papás no los míos!
Llegaron a un portón negro. La casa de Juan, el más bajo se despidió del mexicano.
-Nos vemos al rato.
-Si, adiós.
Entró a su casa.
-¡Ya llegó por quien lloraban!
Abrazó a su mamá y después a su papá.
-Que bueno que llegaste ¡Vallase a arreglar! Van a llegar unos socios nuevos.
-Si, me contó Efraín, ¿De que estado son?
Su papá sonrió.
-¿Estado? ¡País! Nos estamos extendiendo.
Juan se sorprendió, Antonio, su padre, había hecho una empresa pequeña hace un año, y al parecer estaba teniendo pegue.
-¡Que padre! ¿De qué país son?
-Argentina, ¿No es genial? -Su madre respondió.
-Que ironía.- Se dijo a sí mismo.-¡Me iré a cambiar má!
-¡La fiesta empieza en una hora!
Martín llegó a su casa tarde, se dió una vuelta por los alrededores y se le fue volando el tiempo. Abrió la puerta de su casa, y fue directo a su habitación, se echó a su colchón y se quedó mirando al techo. Pensando en el origen del universo, cosas de filosofía, o mas bien buscando figuras en la textura de lo que él pensaba, era concreto, algo similar a cuando ves una nube y piensas que parece un tortuga, pero con el techo.
El rubio pensó en el poco sentido que tenía eso.
Pensó en llamar a Juan, pero en eso entró su papá a su cuarto.
-¿Esa remera no era azul?-La mancha de café seguía ahí.
-Tu lo dijiste, ERA.
Entró su mamá.
-Tu lavaras eso.-Dijo-Vamos a ir a una fiesta en unos minutos, ponte algo.
-Fiesta ¿De qué?
-Ya sabes, los socios.
Martín asintió, su madre salió de su pieza no sin antes decirle que se apurara y su padre hizo lo mismo.
Sólo se puso otra remera y un suéter con el que, Martín debía admitir, se veía muy bien.
Bueno, el era lindo de todas formas.
Salió de su habitación y bajó las escaleras que tenian como dirección un pasillo con la puerta principal, ésta, entreabierta por la mano de sus padres, que lo esperaban.
-Vamos.
Al llegar a lo que parecía ser la casa de los socios de sus padres, la causa de su estadía en México, se bajó de su auto y fue el primero en tocar el timbre, aunque tuvo que tocar por que se tenía música al volumen máximo, o eso es lo que Martín se imaginaba.
Sus padres fueron detrás de él.
-¡¿Cuántas veces debemos decirte que nos esperes?!- Gritó histérico su papá, y su mamá asintió al comentario.
No tuvo tiempo para contestar por que un hombre de ojos verdes, acompañado por una morena de ojos negros le abrieron la puerta, sus padres y ellos se saludaron, presentaron a Martín, y ellos llamaron a sus hijos.
¡Vaya sorpresa que Martín se llevó al ver a ciertos hermanos ahí!
-¡Che! ¡Juan, Itzel!-Dijo mientras movía su mano energéticamente en forma de saludo.
-¡Martín!-Dijeron los dos regresando el saludo al rubio. Martín se acercó rápidamente a ellos. Abrazó a los mellizos, deteniéndose un momento en aspirar el perfume de Juan.
Después de el saludo se quedaron platicando mientras caminaban a través de la casa hacía el patio donde se encontraban los invitados.
-¡Itzel!-Gritó un jóven, haciendo que la mencionada fuera con él dandole un abrazo.
-¿Quién es?-Le dijo confundido el rubio, a lo que Juan rodó los ojos.
-Su novio, ven vamos a otra parte.
La música retumbaba en sus oídos, era emocionante, pero molesto al tiempo de hablar, o mas bien gritar ¡Esa música no dejaba que Juan o alguien mas escuchara su bella voz!
-¿Quieres ir a unos columpios por allá mejor?Digo, para poder hablar bien, que aquí no se escucha nada.
Pero cuando iniciaron a caminar hacia el lugar que Juan quería les llamaron para que fueran a cenar. Juan dijo que sería en otro momento, y fueron a la cocina, donde sus padres hacían un "brindis".
-¡Salud!-Dijo el padre de Martín a lo que todos replicaron.
"Borrachos" susurró al oido del moreno causándole una risa.
La risa de Juan le daba risa, así que no quedó más remedio que reír junto a él.
-¿Y de donde se conocen?-Preguntó Antonio, o al menos así creía Martín que le dijeron que se llamaba.
-En la cafetería que esta adentro de la plaza.
-¡No me sorprende que Martín ya haya conseguido amigos!-Dijo, al parecer orgullosa, su madre.
-¡A mi no me sorprende que Pedro y Martín hayan congeniado tan rápido! ¡Se nota que tiene el mismo intelecto!-Dijo Efraín, causándole risa a su novia y un visible ceño fruncido a su cuñado.
-¿Vos no te llamabas Juan?
-Tiene dos nombres-Dijo Itzel- Si pronuncias su nombre completo suena a personaje de la Rosa.
Juan abrió su boca, a lo que su mamá reaccionó.
-¡Ni se te ocurra, Sánchez!
-¡Pero mamá!
-¡Oh! Esta comida sabe muy bien.-Gritó el padre de Martín en un intento de cambiar el rumbo de la conversación.
Martín cuando comía era como su no existiera, por lo que no apartó ni los ojos ni la boca de su plato hasta que por fin acabó y sintió una mano agitar su pierna, volteó y estaba Juan llamándolo.
-Vamonos.- Martín limpió su boca con una servilleta y se levantó de su lugar junto a Juan y salieron por la puerta al patio.
Otra vez la música retumbaba en sus oídos.
-¡Pedrito!
"¿Que le dió a las personas hoy por llamarme así?" Pensó Pedro al recibír el abrazo de una asiática, morena, su cabello era adornado por una flor ese día.
-¡Marikit!-Le regresó el abrazo, Marikit era como una hermana menor para Itzel y él, la habían conocido desde pequeños y a veces jugaban con ella, hacían la tarea juntos, etc.
Martín rodeo a Juan con su brazo preguntándole quién era ella.
-Ella es Marikit, una muy buena, amiga ¡Casi mi hermana menor!
-Oh! Hola Marikit, yo soy Martín, amigo de Juan.
Marikit lo saludó y se fue a saludar a Itzel, sus padres irían a recojerla mas tarde.
Los padres de Marikit eran personas ocupadas.
Las 24 horas del día y los siete días de la semana, aún así Marikit había crecido feliz y con una actitud relajada, era extrovertida y tenía muchos novios.
-Yo no se vos, pero yo suelo tener muchas novias si me siento sólo.
-Pues que zorro.-Martín rió ante él comentario del norteño.
-Pero ¿Sabés una cosa?
-¿Qué?
-Por alguna razón, no me he sentido sólo.
-Eso es por que sólo llevas dos o tres días aquí, pendejo.
-Londres,Berlín, San Petersburgo, Santiago, Saõ Paulo, Magdalena, al segundo día me sentía tan sólo que me colaba a fiestas para conseguir a cualquiera.
-Estas en una fiesta ¿A quién elegirás? Más te vale no ir con Marikit o Itzel.-Juan estaba notablemente molesto, tal vez era muy celoso con sus hermanas, bueno, hermana y mejor amiga.
-No, me quedaré contigo, eres mi amigo.-Martín buscó los ojos marrones del moreno en la oscuridad de la noche y al encontrarse con ellos le sonrió.
Juan le sonrió de vuelta.
-Si, tienes razón.
