Hola a todos, se que me tarde mucho en actualizar esta historia, varios meses... Tuve ciertas dificultades, y tengo que agregarle el hecho de que tenia que encontrar un nombre para la protagonista uno que denotará fuerza y a la vez nobleza, para ser sincera no me gustaba ninguno y me recomendaron algunos y el ganador, me fue dado por un gran amigo al cuál quiero y aprecio mucho. Y por fin después de mucho tiempo, correcciones varias, por que debo decirles que no estaba conforme con el capítulo y tuve que reescribirlo varias veces, puede sentirme un tanto conforme con lo que les presento a continuación.

Dedicación especial para Archangel of Fire 777, jeje espero que la espera valga la pena amiga y ya estoy trabajando en los siguientes capitulos para que ya no tengas que esperar tanto por ellos.

Sin más preambulo les dejo el segundo capítulo de Imperiatus-

Como siempre los personajes de Saint Seiya y Lost Canvas no me pertenecen, solo los personajes de mi autoria.


"Le pareció un sitio ideal para establecer una ciudad: buen fondeadero, buenas tierras, buen aire, buen acceso al Nilo. Estaba tan decidido a emprender las obras que deambuló por el emplazamiento, arrastrando tras de sí a arquitectos e ingenieros y señalando las situaciones de la plaza del mercado, de los templos de los dioses griegos y egipcios, de la vía real."

Mary Renault, Alejandro Magno (p.77)

El Comienzo del camino

Límites de la frontera de Roma

_ La traición se paga con la muerte – fue lo último que escucho antes de ser degollado por la espada diestra del general.

Retiró las insignias del ejército del cuerpo, para dejarlo a merced de los buitres, ellos se encargarían de terminar con el problema. Un pliego era guardado celosamente entre las ropas del teniente, debían entrevistarse a la brevedad con el Emperador.

Montaron sus caballos y salieron a todo galope de regreso a la ciudad, general y teniente llevaban varios meses resguardando la frontera en busca de indicios del general Dragón, pero lo que habían encontrado eran los indicios de una traición.

Alejandría

Las puertas de Alejandría les daban la bienvenida, el puerto estaba lleno de mercancías nuevas, sus bastas edificaciones, plazas y callejuelas, lucían repletas de riquezas, su magna construcción rivalizaba con el mismo Olimpo, ciudad fundada por un héroe, simplemente un lugar único y mágico, para ellos acostumbrados ha estar rodeados de los templos a los dioses griegos un lugar así no debería sorprenderles, pero la verdad era que esa ciudad lograba cautivarles, entendían a la perfección por que un hombre como Alejandro Magno, había elegido dicha ciudad como cuna de su imperio.

Conducidos por sus calles eran objeto de las miradas de curiosos, que fascinados por la belleza y enigmática presencia de los glaciares les seguían hasta el lugar en donde montarían su lugar de entrenamiento.

Templos levantados en honor de dioses egipcios en perfecta armonía con los templos dedicados a los dioses griegos, una ciudad rica y llena de magia ancestral a la que muy pocos tenían acceso y conocimiento.

El lanista descendió de su caballo en las puertas de la magna construcción ser hijo de un senador romano y uno de los más importantes tenía sus ventajas, a diferencia de los demás ludus, a él le eran destinados los mejores lugares y los más exquisitos regalos y manjares, tenía bien en claro que todo era para buscar su favor y los beneficios por parte de su padre. Pero que se podía hacer así era Roma.

Kanon ocultaba su cabeza tras una pequeña capucha, su mirada afilada similar a un halcón observaba el lugar, midiendo los posibles riesgos de un escape o bien de un nuevo ataque de su enemigo, aunque a estas alturas todos deberían pensar que ya estaban muertos, mientras ella se ocultaba bajo un manto, solo susurros se escuchaban entre ellos. Se acoplaron rápidamente al grupo y se podría decir que había quienes les consideraban sus amigos, pero ellos raramente confiaban en alguien.

El lugar contaba con amplios patios adecuados y equipados con lo necesario para que sus gladiadores entrenaran. Los lugares destinados para sus gladiadores eran modestos, nada lujosos pero si cómodos, simplemente adecuados, nada comparado con sus habitaciones, adornadas con ricos objetos, manjares y esclavas destinadas a servirle, y solo pensaba que el gobernador de Alejandría quería un gran favor del Senado, así era Roma, los favores querían comprarse.

No tomo mucho tiempo para que se instalaran y comenzaran con los entrenamientos, dichos juegos deberían resultar con la coronación para su escuela, sería a primera victoria que recogería en su ya marcada ruta de celebraciones para concluir en los Saturnales en Roma.

Observaba desde su habitación el desempeño y entrenamiento de sus hombres, le fascinaba ver esos movimientos agiles, galantes y estilizados de su gladiadora, sin duda una muy buena elección de su hermano, aria muy buenos negocios con ella, porque eso era, solo negocios, nada más…

Regreso su vista a su lecho, la hermosa mujer que yacía en él lucia relajada y aun permanecía descansando, raras veces permitía que su aventura de la noche despertará a su lado pero por Jupiter que necesitaba sacarse de la cabeza esas ideas de llevar a la cama a su gladiadora. Solo que su corazón se aceleraba desde la noche en que hablaran cobijados por las estrellas, no podía dejar de pensar en ella, pero que rayos le pasaba por Vulcano que eso no era posible, era una esclava, una vil esclava, una esclava que interesaba a su hermano al grado de solicitarle que le cuidara y protegiera… llevo su mano a su cabeza eso no podía estar bien, tal vez solo tal vez se debía al hecho de que había pasado mucho tiempo a su lado para asegurarse que estuviera bien, pero eso se terminaría ahora, se dedicaría a sus obligaciones con el gobernador, ricos patricios y matronas de Alejandría y se olvidaría de esa tontería, del mismo modo que terminaría llevando a hermosas doncellas a la cama.

Casa del Gobernador en Alejandría

Como la costumbre mandaba, el gobernador ofreció una cena para todos los ludus, en la cual todos los gladiadores convivían ya fueran esclavos o gladiadores libertos, más aun sin importar que el día de mañana se enfrentaran en la arena y muchos de ellos morirían.

El vino y la comida no faltaban, un lugar digno para Baco, al cual no podía faltar Venus llenando el lugar de los placeres carnales, pasión y lujuria una combinación irresistible para seres que podían morir al día siguiente. A la par que los principales gladiadores eran presentados ante la multitud, exaltando sus logros y astucias en la arena.

Aiacos se encontraba a un lado del gobernador y el resto de los lanistas, no faltaba aquel que presumía a sus gladiadores con la intensión de lograr que se volviera el favorito del gobernador y con ello conseguir más beneficios. Mientras escuchaba de sus bocas las alabanzas de esos hombres su vista se fijó en sus gladiadores que convivían con el resto pero se mantenían juntos, comiendo, hablando, disfrutando, pero sin abusar del alcohol lo último que necesitaba era que terminaran con resacas y no pudieran pelear al día siguiente.

La vista del gobernador se centró en sus gladiadores y se dirigió a Aiacos:

_ Porque no me hablas de tus hombres, he escuchado rumores de que ahora tienes a una mujer, dicen que realmente hermosa, jamás pensé que llegaría el día en que aceptaras a una en tu prestigiado Ludus. También hablan de un griego muy diestro con la espada, más no he escuchado ni una sola palabra de tus labios dándonos a conocer, no tengo duda de que tus gladiadores son buenos, de lo contrario no estarías en esta justa.

_ Mis gladiadores no necesitan que yo hable por ellos, sus acciones en la arena son más que suficientes… y si acepte a una mujer es porque realmente vale la pena, no cualquiera puede entrar en mi ludus, ya lo has dicho tú Nefthin. Y mañana todos se darán cuenta de su valía.

_ Con ese rostro y cuerpo dudo que sea gladiadora, más bien creó que para lo único que sirve es para abrirte las piernas a ti y a tus hombres. –Sículo mantenía una sonrisa engreída en su rostro, todos habían escuchado su comentario, deseaba humillar a Aiacos y a sus gladiadores, su ludus debería salir campeón de esa celebración para encaminar su recorrido a las celebraciones en Roma y ningún hijo de senador se lo quitaría.

Una pequeña daga paso rosando su cien izquierda, clavándose en el respaldo de su silla, su rostro se mostró realmente sorprendido y un tanto temeroso, no se esperaba dicha reacción. Que fue seguida de la risa de Aiacos y sus gladiadores, ni Kanon ni ella habían sido llevados al banquete, generaría tanta expectación y atención a ellos como fuera posible, su principal objetivo era llevarlos a Roma como los favoritos de los juegos, y más aún debía tener cuidado de que ningún patricio o matrona les reconociera.

_ Deberías cerrar la boca Sículo, a mis gladiadores no les gusta que hablen mal de ellos y mucho menos si se trata de ella, los griegos son de temer, fuertes guerreros, decididos y diestros en el manejo del armamento, si él fue capaz de amenazar al praefecti praetorio, que crees que te haría a ti. Quien lanzó la daga fue el Galo, no les gusta que hablen mal de sus compañeros de batalla, créeme no fallo, tan solo… fue una advertencia.

Levantándose de su lugar se dirigió hasta el lugar del lanista y retiró la diga:

_ Te la dejaría como recuerdo de tu impertinencia, pero fue un regalo personal y no creó que al autor le agrade saber que alguien más la tiene.

Retirándose del lugar seguido de sus gladiadores, las miradas se posaron sobre el lanista, esperaban que las batallas iniciaran para poder verles en acción, pero sobretodo conocer a esos griegos.

Anfiteatro de Alejandría

Los gladiadores realizaban su recorrido desde su ludus hasta el anfiteatro, las calles se encontraban adornadas ricamente, una ciudad como Alejandría debía lucir magnifica para celebrar su fundación, como si el mismísimo Alejandro Magno caminara por sus calles, envestido con sus ropas de oro y su espada forjadora de grandes hazañas.

Los gladiadores lucían imponentes en los carros, recibiendo los aplausos y gritos de la plebe, no podía entender porque todos lucían tan relajados, acaso no entendían que varios no regresarían que varios morirían en la arena o era que ya habían aceptado su destino que estaban resignados. Pero ella no podía, ella no debía morir, tenía que ver a Saga, llegar a Roma.

El gobernador de la ciudad comenzaba a ocupar su lugar en el estrado, invitando a varios lanistas a compartir una copa con él. Los carros comenzaban su recorrido lanzando pétalos de flores y con algunos gladiadores embestidos con prendas reales, la plebe estaba extasiada por el espectáculo que comenzaría.

El primer día de batallas, diez días de celebración en honor a la ciudad, y que mejor manera de empezarlas con dos de los mejores ludus del imperio, el ludus de Sículo ubicado en Sicilia, se distinguía por tener gladiadores fieros y regios en combate, bien podían ser sanguinarios asesinos, disfrutaban de hacer sufrir a sus oponentes y si a la gente le gustaba ese espectáculo que mejor. Y el ludus de Aiacos en Tarentum sus gladiadores eran diestros con el armamento, feroces, y con una elegancia en el combate que causaba la envidia del resto.

Las primeras batallas se dieron entre los provocatores combatían con espada, escudo, casco con dos viseras, en contra de bestias como leones, panteras y uno que otro oso con el fin de calentar el lugar, lograr que las apuestas se dieran, la arena lucia llena de sangre perteneciente tanto a bestias como humanos que yacían muertos por toda el lugar, mientras los ciudadanos gritaban eufóricos por la masacre presenciada, ansiando los siguientes combates.

Mientras se llevaba a cabo "la limpieza" del lugar el gobernador platicaba con los lanistas a quienes estaba motivando a realizar alguna apuestas que valieran la pena. Por las casualidades de la vida… Sículo y él encabezaban las actividades del primer día y después de su intento de humillación la noche anterior estaba seguro, no, decidido a que él se alzaría con la victoria ese día, la diosa de la fortuna estaba de su lado un buen hado le acompañaba, así que Aiacos solo esperaría el momento adecuado para proponer una muy, pero muy ventajosa apuesta.

De las primeras batallas los protagonistas fueron el Galo y el Sirio peleando en contra de un bretón y un egipcio buenos con las espadas, realmente agiles y sanguinarios, debían reconocerles que dieron una buena contienda. El Galo dio una muestra de sus habilidades y maestría, dándole un triunfo rotundo que culminó con la muerte de su oponente, las heridas recibidas eran muchas y prefirió evitarle el sufrimiento, su espada se incrusto en su pecho, una muerte rápida y certera.

Contrario a todo pronóstico el Sirio tuvo serios problemas el egipcio que le enfrento era demasiado ágil y rápido, en varias ocasiones estuvo a punto de cortarle la garganta, valiéndose de su cuerpo y fuerza arremetió como un toro salvaje blandiendo su espada, que corto a su oponente por la mitad, si el sirio podía ser muy sanguinario si se lo proponía.

La tarde avanzó y las dos últimas batallas del día por fin llegaban, ante un público extasiado y excitado, que solo necesitaba un poco más de éxtasis para comenzar una orgía en las gradas. Contario a lo que ocurría en los pasillos al anfiteatro, donde podían observarse a un gran número de personas que fornicaban recargados en los muros, recostados en los pisos, otros cuantos recibían felaciones, los gemidos y gritos producidos por el contacto de sus cuerpos sonaban como una perfecta sinfonía, incitando a todo aquel que se acercara a unirse.

Frente a él, uno de los mejores gladiadores del Imperio, sin duda un digno oponente...

Su postura relajada, calmada su rostro sereno eran un deleite para la plebe pero sobre todo a su par que se encontraba a la espera de su batalla, de lo que estaba completamente segura era de que en medio de la arena estaba presente el general Dragón, aquel que había combatido en innumerables contiendas, aquel que dirigía a una de las mejores legiones del imperio.

Kanon lucia majestuoso y gallardo envestido en sus grebas, el legatus legionis, había mandado a gravar en ella un enorme dragón que enmarcaba la pechera, mientras las rodilleras llevaban dos pequeños dragones, su espada frente a su rostro brillaban mientras el viento movía su cabello que sobresalía del casco una imagen sin duda excitante, que comenzaba a incitar el deseo en las matronas, patricias y esclavas que se encontraban en el anfiteatro, y porque no decir de algunos ricos patricios.

Su oponente le observaba con desdén y fiereza era su vida o la de él y prefería que fuera la contraría la que espirará en esa batalla, observaron al gobernador y miembros de la clase alta conglomerados en el lugar, un hombre de complexión regia, cuerpo trabajado y una mirada fría e inexpresiva, se lanzó al ataque tratando de tomar al Dragón desprevenido y acertar el primer golpe que le diera la ventaja. Sin embargo se vio sorprendido cuándo el gladiador interpuso su espada sin ninguna complicación o problema.

Kanon realizaba el saludo protocolario sin perder de vista y sentidos a su oponente, como buen general romano había aprendido a observar su entorno, las sombras y señales que se presentaban, los ataques a traición eran comunes y no se varía sorprendido ante ello. Cuando llevaba su cuerpo de nueva cuenta a su porte gallardo, el sonido leve emitido por su oponente al levantar la espada y lanzarla en su contra, ocasiono que de un solo movimiento llevará la espada a su costado interrumpiendo la trayectoria de la espada oponente.

Sorprendido por ese movimiento contrajo la espada para lanzarse en su contra con mayor velocidad y fuerza, esa batalla debía ser suya, no le daría tregua le destrozaría lo reduciría a la nada.

Mientras los gladiadores entraban en la arena para comenzar a chocar sus espadas, en el palco del gobernador Aiacos estaba dispuesto a humillar a su oponente por lo que comenzó a hablar:

_ Señor gobernador, si me permite, quisiera proponerle algo que hará de este primer día de juegos algo inolvidable para su pueblo, tan digno que los mismos dioses sentirán envidia de lo que vuestros ojos contemplen.

Todos los presentes pusieron atención en el lanista, incluso Sículo estaba expectante a lo que diría.

_ Habla… yo me encargaré de juzgar que tan buena es la idea.

Una sonrisa ladina apareció en el rostro moreno _ Aún quedan dos gladiadores esperando su combate, si a Sículo no le molesta, que su gladiador entre en esta batalla en contra del griego, dos contra uno.

_ Tan rápido lo enviaras a la muerte, entonces no vale lo que presumías. – Fue la respuesta del rival.

_ Solo pretendo que tenga una contienda dos contra uno, mientras mi última gladiadora entre a combate, pero para darle mayor adrenalina a la contienda, propongo que mis gladiadores se encuentren en mancuernas, - todos los presentes quedaron mudos, acaso el lanista se estaba volviendo loco, le daría una ventaja muy grande a su oponte, si quería matar a esos gladiadores había otras formas de hacerlo. – Más aún a esto le sumo tres mil denarios. Estoy completamente seguro del triunfo de mis gladiadores que le daré ventaja a la escuela de Sículo, a menos que… tenga miedo.

El gobernador sonrío Aiacos sí que sabía cobrarse sus ofensas, pero eso hasta a él le parecía excesivo. Esperaban la respuesta del rival mientras en la arena el choque de las espadas no se hacía esperar, la contienda había iniciado y la respuesta debía ser rápida.

_ Que así sea Aicos, esos tres mil denarios ya están en mi bolsa.

_ Que no se diga más, general, encárguese de todo.

La atención de todos se centró en la arena, ahí estaba Kanon esperando la nueva embestida de su oponente cuando la puerta de la galería se abrió dando paso a un germano, rudo de cuerpo robusto, con una cicatriz en la cara, al parecer era el favorito de la plebe pues en cuanto entro la gente comenzó a gritar

_ ¡Greco!, ¡Greco! – al tiempo que este levantaba su espada y su escudo al aire, haciéndolos chocar, a lo que la gente respondía con gritos y aplausos.

Se fue acercando midiendo al oponente, cuando una carcajada brutal salió de su garganta, siendo seguido por su primer adversario.

_ Vas a morir niño bonito, al parecer a tu dominus ya no le sirves. Vamos Iban acabemos con esta basura.

Se lanzaron a la par en su contra, valiéndose de su agilidad y rapidez se deslizó a un costado para evadir ambas espadas al tiempo que lanzaba una patada al germano para blandir su espada ante el primer gladiador, con una velocidad sorprendente el germano se repuso y le golpeo con la espada lo que le hizo dar dos pasos hacia atrás. Pero ese golpe no se quedaría así, se lo pagaría con sangre. La gente comenzaba a aclamarle, nombrándole por los dibujos incrustados en sus grebas y su origen.

_ ¡Dragón!

_ ¡Griego!

Observaba la batalla entre Kanon y su oponente, cuando vio abrirse la galería, el germano que debería ser su oponente hacía su aparición , bueno… ahora que lo pensaba, sería una buena contienda pero al parecer el dragón se llevaría la tarde, a menos que…

No pudo terminar de aclarar sus pensamientos, pues el Galo se había colocado a su lado tras haber escuchado pasos en dirección a su galería, supuso que él había tenido la misma idea, en sus manos llevaba el casco que iba a juego con su armamento, no dijo una sola palabra su mirada lo dijo todo.

Se colocó el casco justo en el momento que los guardias entraban.

_ Acompáñanos tu batalla se adelantó. – La voz autoritaria del comandante de la cuadra se escuchó, tomó su espada y comenzó a caminar en su dirección.

En la entrada a la arena se encontraba un grupo de seis guardias haciendo un callejón se puso en medio de ellos con la mirada siempre fija en la arena, el comandante se colocó a su lado y pudo observar la mancuerna que llevaba en sus manos, ahora lo entendía, Aiacos era un demente, pero… eso los catapultaría a Roma.

La puerta se abrió dando paso a los soldados que rápidamente se colocaron entre Kanon y sus adversarios, la expectación de la plebe creció, mientras ella se adentraba en la arena y el gobernador tomaba la palabra.

_ ¡Mi pueblo un espectáculo único y digno de ustedes!, Estos dos gladiadores pelearan unidos de sus manos, mientras sus adversarios tendrán libertad de movimiento, combate igual jamás se ha visto, solo Alejandría tiene este honor, que los dioses se apiaden de los perdedores y bendigan a los ganadores con sus recompensas.

El comandante ataba a los griegos, mientras estos solo se observaban, una sonrisa surco en su rostro mientras una carcajada se dejó escuchar de la garganta del general.

_ Bien me quedo con el germano ocúpate del hispano.

_ El germano es mío, me corresponde por derecho de batalla, no te preocupes le haré pagar la osadía de tocarte.

_ Como quieras, procura que no te toquen, evítame el mal rato de decirle que te hirieron mientras estabas atada a mí.

_ Procura que no te maten, evítame el mal rato de decirle que moriste atado a mí.

_ Espero que te encomendaras a Plutón, porque si nos equivocamos…

_ Plutón aun no nos espera, y nos brinda su bendición.

Una sonrisa y se colocaron en posición, mientras los guardias salían de la arena.

El gobernador observaba a la gladiadora, portaba unas grebas con detalles plateados, la pechera adaptada a su figura portaba un agila dorada, el casco era similar al que portará el praetorio, la espada que portaba lucí un pequeño grabado en plata, que no lograba distinguir a la distancia, los símbolos eran similares a los que se portaba en los ejércitos romanos, si el praefecti praetorio había mandado a forjar su vestimenta con los detalles del ejército, más aun pequeños detalles que solo deberían llevar sus grebas estaban plasmadas en las suyas, pretendía dejar en claro que esa esclava tenía dueño y solo él podía acercársele. La falda le cubría medio muslo, lo que dejaba ver sus bien torneadas piernas bronceadas, sus brazos lucían delicados, por un momento pensó que con una túnica rica en bordados, lograría pasar por una hermosa y rica patricia, aun cuando no podía observar bien su rostro por el casco, sus ojos se mostraban hermosos, por lo que su rostro debería rivalizar con el de la mismísima Venus o Minerva.

Los gladiadores no esperaron y se lanzaron al ataque, las espadas chocaban con fuerza, patadas y golpes no se hicieron esperar, una coordinación absoluta era mostrada por los griegos, lo que estaba molestando a sus rivales, aun con libertad de movimiento ese par los estaba dejando mal. Con un grito de batalla el germano se lanzó al ataque, en su mente había formulado una posible estrategia y el hispano parecía entenderla pues no tardo ni un minuto en lanzarse en contra del general.

Con golpes certeros y fuertes los hicieron replegarse hasta que encontrarse con las espaldas pegadas, mientras sus adversarios les hacían frente, con la espada en lo alto, su intención lanzar las espadas al mismo tiempo si uno de ellos fallaba el otro lograría su objetivo y lograría acabar con ambos, aunque su plan tenía un error, la coordinación que habían mostrado hasta ese momento podía regresar, eso ocasionaría que ambos se movieran ya fuera al mismo lado o dirección opuesta lo que ocasionaría que sus espadas se enfrentarán, pero es bien sabido que él que no arriesga no gana y ellos estaban dispuestos a arriesgarse.

Sículo mostraba una sonrisa arrogante, estaba seguro de que ese sería el final de los gladiadores de Aiacos, levantándose con la victoria, todos estaban expectantes a lo que aconteciera, una de la matronas estaba atenta a los movimientos de Aiacos, su belleza no le pasaba desapercibida, segura de que sería un buen amante, y estaba dispuesta a todo con tal de tenerle en su lecho, llevo la copa a sus labios mientras ella imaginaba que eran sus pezones los que llevaba a sus labios, ese solo hecho logró que su respiración se acelerará.

Las gradas estaban expectantes los griegos habían dado una gran batalla, y que decir de sus oponentes, su gobernador les daba un espectáculo digno de reyes, la muchedumbre gritaba, lanzaba maldiciones, mujeres mostraban sus tetas al aire excitadas con la contienda, otros habían comenzado a follarse en las gradas, las figuras de las mujeres encorvadas recibiendo el miembro de sus amantes casuales, por la espalda con los pechos descubiertos y los vestidos levantados, lanzando gemidos y gritos que se perdían con la euforia de la gente.

Esperaban los movimientos de sus oponentes, la embestida final se acercaba, mientras ellos se encontraban espalda con espalda, sus oponentes eran diestros, debían hacer algo rápido o de lo contrario pronto estarían haciéndole compañía al barquero en él hades:

Los pequeños gemelos se encontraban de espaldas con la respiración agitada, mientras un pequeño niño de cabellos castaños y ojos verdes se encontraba preparando su espada de madera para lanzarla, al mismo tiempo que un niño de cabellos negros y ojos claros realizaba la misma acción, Aioros y Shura ganarían la guerra que jugaban a menos que hicieran algo rápido, mientras tres pequeños observaban todo desde un costado.

_ Cuando el enemigo te tiene contra la pared, que acción debes realizar, piensen muy bien su respuesta, ya que lo que hagan puede significar la vida o la muerte. – Él entonces general Krest, se acercaba a la playa para ver el desenlace de este juego.

_ En ocasiones lo inesperado es la respuesta.

Las espadas se dirigían a ellos, cuando de la nada ambos gladiadores se agacharon a ras de suelo, lanzando una patada, con dirección al pie que en ese monto servía de apoyo, con la fuerza que llevaban los gladiadores y al no tener un punto fijo de apoyó, se tambalearon, bajando la espada para buscar un punto de soporte, lo que les permitió tomar aire, para posteriormente levantarse, alzar las manos al aire provocando la aclamación de la gente, al tiempo que daban oportunidad a sus oponentes de ponerse de pie, les enfrentarían de frente y en las mismas condiciones, sin ventajas que pudieran arruinar su camino a Roma.

Habían logrado meter las manos para evitar una caída que pudiera significar sus muertes, colocándose de pie retomaron el aire que se había escapado de sus pulmones. No importaba como pero matarían a esos griegos, los juegos se habían acabado, esta vez sus espadas les cortarían las gargantas.

Con la imputo de un toro salvaje se lanzaron las espadas chocaron produciendo un ruido ensordecedor. Apenas habían logrado detener la embestida, la fuerza ejercida era cada vez mayor, y detenerla con una sola mano no les duraría por mucho tiempo, giró un poco la cabeza para mirar de reojo al general, que solo realizó un leve movimiento de cabeza.

Sin que nadie lo esperará lograron empujar a sus oponentes, logrando que retrocedieran un paso, las espadas fueron lanzadas al aire, mientras los griegos giraban, cambiando de oponente, ambos tomaron la espada que caía. De un movimiento rápido y certero que pareció cortar el aire horizontalmente.

Los griegos estaban de pie con él brazo que portaba la espada al frente de su rostro, ambas espadas apuntaban en la misma dirección, la gladiadora había cambiado de mano.

De rodillas ante ellos se encontraban sus rivales, para caer de frente en la arena comenzando a formar un charco de sangre a su alrededor. Habían sido degollados con una precisión y velocidad digna de un soldado pretoriano.

Lo que sucedió fue demasiado rápido e inexplicable, todos los presentes estaban mudos, el gobernador estaba de pie, Sículo no lo podía creer y Aiacos… bueno él estaba riendo mientras llevaba la copa de vino a sus labios.

Y en la arena los vencedores alzaban sus brazos al aire declarándose triunfadores, sus cuerpos en sudor, con alguna cortaduras en las piernas y brazos, alumbrados por las antorchas que rodeaban la arena, les daban una presencia imponente y excitante, al tiempo que la gente despertaba de su retardo gritando eufórica.

En el palco central, el gobernador alzaba las manos para pedir silencio mientras su cerebro revivía lo que acababa de ver una y otra vez.

_ ¡Mi pueblo, les presentó a los campeones de este día!, ¿con que nombre debemos referirnos a vosotros?

_ Vuestros campeones son griegos, dignos hijos de Minerva. Él es un Dragón, hónrenlo con tal nombre y ella, es una digna guerrera, que mejor nombre que Aguila. - Aiacos había tomado la palabra desde él pulpito, era consciente de la traición de la cual habían sido víctimas y no pretendía alertar a sus perseguidores, que mandarán a matarlos no era bueno para el negocio.

_ ¿Nos permitirán conocer sus rostros?

_ Eso es imposible, todo aquel que vea sus rostros morirá irremediablemente por sus manos.

La plebe comenzó a vitorear sus nombres, mientras estos comenzaban a retirarse.

Los ricos patricios y matronas comenzaron a salir uno por uno del lugar, Sículo se retiraba molesto y humillado.

_ Espero mis tres mil denarios Sículo.

No respondió, el lanista realizó un ademán de despedida al gobernador y se retiró en busca de sus gladiadores.

Por fin de regreso a su ludus provisional, los gladiadores tendrían una cena de celebración, vino, mujeres todos los placeres que quisieran, acababan de hacerle ganar mucho dinero y se alzaba con la primera victoria, su ludus no tendría actividad al siguiente día, por lo que Venus y Baco eran bienvenidos a la celebración.

Entraba a su despacho seguido de los griegos, cuando la voz del lanista se dejó escuchar.

_ Esperen a fuera.

Frente a él recargada sobre el escritorio, una hermosa y voluptuosa mujer le esperaba completamente desnuda, podía ver que estaba completamente excitada, pues los pezones lucían firmes y rojos como dos pequeñas moras maduras, invitándole a llevarlos a su boca, ambos griegos se percataron de la presencia optando por esperar fuera y un poco alejados.

La mujer frente a él se humedeció los labios con la lengua, con paso felino se acercó al lanista, moviendo sus caderas a un ritmo sensual e hipnotízante, se lanzó a sus brazos y comenzó a besarle el cuello y el lóbulo de la oreja derecha, poco a poco lo fue empujando hasta que logró que quedara sentado, sin ninguna gentileza se sentó sobre el con sus piernas abiertas, chocando su sexo ardiente contra las caderas del lanista, con sus manos comenzó a descubrir su torso, sorprendiéndose por lo trabajado que estaba, deposito unos cuantos besos.

Necesitaba que el lanista respondiera a sus caricias, se moría de ganas por de que la tomará y disfrutar de un sexo salvaje y gratificante con él, varias veces estuvo a punto de lanzarse sobre él, mientras los combates se llevaban a cabo, pero debía mantener la compostura su status social no le permitía un escándalo, pero parecía que su desnudes y provocaciones no lograban nada, era una mujer bien adiestrada en las artes del placer y sabía que ningún hombre se resistiría ante una felación.

Colocándose de pie comenzó a descubrir su hombría mientras se mordía el labio, se arrodillo ante él y comenzó a depositar besos sobre sus muslos, cuando estaba a punto tomar su miembro para con caricias suaves despertar su falo y poder llevarlo su boca las manos del lanista se posaron sobre sus hombros, sonriendo triunfante ante lo que sería una batalla ganada.

Le había sorprendido la presencia de la mujer en su despacho, debía reprender a sus guardias y criados, esa mujer le ocasionaría un escándalo que terminaría con grandes consecuencias en el senado romano, debía reconocer que era atractiva, realmente hermosa, pero por alguna extraña razón no le causaba ninguna excitación verle completamente desnuda dispuesta a que le tomará ahí mismo, más bien le parecía repugnante su comportamiento, sus besos, sus caricias y cuando se dirigía a realizarle la mamada tuvo que detenerle.

Se colocó de pie, cubriendo su cuerpo, mientras la mujer continuaba de rodillas sin poder creer que ese hombre no cayera en sus juegos, ella tenía a todo hombre que se le antojara y el lanista no sería la excepción. Sintió sobre su hombro su túnica, mientras el lanista se mantenía de pie a su lado.

_ No sé en que estabas pensando Andromaca, si lo que te proponías era causar un escándalo con esto, no te daré el gusto... Tu esposo es el gobernador, no puedo irrespetarlo de esa manera.

_ A mi esposo en estos momentos se la debe de estar chupando un joven hermoso de la corte, que le puede importar con quién comparta mi lecho, ¡quiero que me tomes!…

_ No pienso pagar las atenciones recibidas por tu marido con una traición.

Una carcajada se dejó escuchar.

_ Serás el único que no lo haga, consejeros, militares, ricos patricios no han tenido la misma contemplación y gustosos nos hemos dejado arrastrar por la lujuria.

_ ¿Tan siquiera te estas escuchando?

Nuevamente se acercó tratando de besarlo, el lanista le tomo de la mano y la saco de su despacho.

_ Me he cansado de escucharte, así que lárgate.

No le dio tiempo de hablar, regreso al interior del despacho, mientras la mujer cubría su cuerpo y se marchaba, decidida a tener a Aiacos entre sus piernas.

_ Realmente hermosa – Dijo Kanon mientras entraban al despacho.

_ Lo es, pero también es la esposa del gobernador y no quiero escándalos, ni problemas.

_ Es bueno que la despacharas. – Fueron las palabras emitidas por la gladiadora quien retiraba su casco.

Eso había sido una muestra de celos e interés en él, porque si era así, no desaprovecharía la oportunidad.

_ Y eso porque Galia.

_ El gobernador acompañado de un pequeño grupo de guardias vienen hacia acá.

Que lastima no eran celos, aunque si había interés en su seguridad, talvez no del modo que hubiera querido, pero por algo se iniciaba.

_ Tu visita llena de gloria mi Ludos, dime en que puedo servirte. – Fueron las palabras dichas por el lanista una vez que arribará el gobernador.

_ Seré directo contigo Aiacos, seis mil denarios por una noche con tu gladiadora…


¿Qué les pareció el nombre?

Como siempre, las criticas, comentarios, sugerencias son aceptadas.

Se que hay cosas que no han quedado claras, pero conforme vayamos avanzando se las aclararé.

En el siguiente capítulo conoceremos al emperador y otros personajes relevantes en la historio.