Descargo la responsabilidad: no soy dueña de nada. Tan solo de mi imaginación, que es la que ha creado la historia.

En el Jolly Roger

(Punto de vista de Henry)

La tarde era cálida y húmeda. El viento provocaba que los ojos se humedeciesen. Las olas del mar mecían el barco de manera tranquila. El viento que respiraba era fresco y puro. Lo bueno de vivir en Storybrooke era que, aunque era un pueblo pequeño y apartado, el aire nunca estaba contaminado.

Apoyado en la barandilla del lado estribor, observaba el horizonte que, poco a poco, se oscurecía. Mientras, mi madre y Killian estaban en el timón, charlando tranquilamente, disfrutando de la compañía del otro. Me gusta ver a mi madre feliz, sobretodo después de lo que ha pasado y lo que ha sacrificado por estar con su amor verdadero. Por desgracia, a mi otra madre siempre la pasan cosas horribles. Perder a un amor es difícil, pero perder dos... Sé que con mi compañía y la de la familia se anima, pero no puedo evitar estar dolido por ella. Se merecía un final feliz con Robin, pero el mal y la magia siempre están por medio.

Días como este se disfrutan poco últimamente. Desde la llegada de Mr. Hyde a la ciudad, todo el mundo estaba alerta y, aunque las cosas estaban más relajadas, mis madres siempre tienen trabajo que hacer. Por eso, disfrutar de una salida con el barco de Killian es algo que relaja.

Se me ocurrió mirar hacia el timón después de un rato, y me di cuenta de que mi madre y Killian se habían movido hacia la proa del Jolly Roger y observaban el sol esconderse en el horizonte. Saqué mi cámara de la mochila y me acerqué sigilosamente a ellos por detrás. Killian agarraba a mi madre de la cintura con su brazo derecho mientras ella apoyaba su cabeza en el hombro de él. Puse mi ojo en el visor de la cámara, enfoqué la imagen y saqué la foto. La foto salió muy bien. Como era a contraluz, mi madre y Killian eran una bonita silueta de color negro con un fondo anaranjado debido a la puesta de sol.

Cuando oscureció, Killian amarró el Jolly Roger en el puerto, desembarcamos y los tres nos subimos al coche de mi madre. Cuando llegué a casa de mi otra madre eran ya más de las diez, la saludé, me despedí de Emma y Killian y subí a mi cuarto. Saqué la cámara de la mochila, le quité la tarjeta de memoria, la enchufé al ordenador y guardé la foto en una carpeta.

Dos días después, llevé el pendrive donde había guardado la foto al estudio de fotografía de Storybrooke (que había descubierto tan solo unos meses antes) y saqué en papel la foto. Se la llevé a mi madre al día siguiente a su casa y a ella la hizo mucha ilusión. La guardó en su nuevo álbum de fotos y me dijo sonriendo "hijo, deberías dedicarte a la fotografía".

"No mamá, yo soy escritor" la dije yo sonriendo.

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