Disclaimer: Todo es propiedad de Hajime Isayama, y de su horrenda forma de dibujar XD
Summary: Aquella noche Eren lo había dado todo. Había arriesgado su vida para salvarla, lo hizo por ella. Pero lo que Eren desconocía era que, desde ese día, el corazón de Mikasa fue suyo para siempre - Serie de viñetas/drabbles sobre Eren y Mikasa.
II.
Lágrimas.
—o—
Snif. Snif. Snif.
Eren, entre dormido y despierto, frunció el ceño. ¿Qué demonios era eso?
Snif. Sinf. Snif.
Abrió sus ojos con pereza, gruñendo por lo bajo y haciendo evidente su mal humor. Seguramente se trataba de algún estúpido gato que se había subido al techo de su casa. Los había visto antes, maullando y rasgando con sus feas uñas las paredes agrietadas de su ventana. Pero no. Aquello no era un maullido ni mucho menos un absurdo rasguño felino.
Era Mikasa.
Eren se volteó sobre su cama con cuidado. Mikasa yacía en la suya propia, de espaldas, cubierta con sus mantas. Podía ver su —antes— bufanda roja sobresalir cerca de las almohadas, desde aquel día jamás se la había quitado. Eren no comprendía por qué. Entrecerró los ojos intentando ver un poco mejor a través de la oscuridad de su habitación, cuando ese extraño sonido arremetió de nuevo mientras la espalda de Mikasa daba lentas sacudidas.
Estaba llorando o, al menos, intentando contener el sollozo.
Habían pasado ocho meses desde que Mikasa llegó a vivir a su casa y aquella era la primera vez que la había visto llorar. Junto a Armin, a sus espaldas, hablaban del tema. A su mejor amigo le parecía extraño que no hubiera llorado nunca desde la muerte de sus padres. El rubio sostenía que, tal vez, había llorado únicamente estando a solas. Tal vez temía llorar frente a los demás por miedo a ser considerada como algo débil, algo que debía de ser reparado. Eren no sabía que opinar al respecto, pues era Armin el experto en comprender las acciones de quienes le rodeaban. Mikasa tampoco había hablado nada con él, según Armin. Eren creyó que tal vez sería más fácil para ella abrirse con alguien como su mejor amigo, quien era flexible y muy bueno para aconsejar a los demás. Pero nada. Mikasa parecía una tumba, hasta ese momento.
Eren supuso, indudablemente, que lloraba por todo lo que había sucedido últimamente. El pequeño Eren no dudaba que en ciertas ocasiones Mikasa podría haberse entristecido por la muerte de sus padres, pero todo marchaba muy bien en casa. Carla estaba más que encantada con la niña, siempre había deseado tener una hija y Mikasa era lo más parecido a eso que tenía. A Armin también le había caído muy bien y en pocos días se convirtieron en grandes amigos, le hacía bien estar cerca de ella, Mikasa era una de las pocas personas que podía aumentar su débil autoestima. Además, Eren había hecho una nueva amiga, una gran compañera de aventuras que nunca protestaba a la hora de ayudarlo a meterse en problemas. A diferencia de Armin, junto a Mikasa podía hacer las cosas más alocadas. Ya no se sentía tan solo.
Eren se incorporó de su cama y tomó un par de mantas. Desgraciadamente la casa de los Jaeger era demasiado pequeña y solo habían dos habitaciones, por lo que Eren tenía que compartir la suya con su nueva amiga, aunque aquello no le desagradaba, si hubieran tenido habitaciones diferentes Eren nunca la habría visto llorar.
Caminó hacia la cama de Mikasa y le dio unos leves golpes a su hombro. Ella se tensó, no esperaba ser descubierta. Lentamente se volteó y Eren dejó abrir su boca en una pequeña «o» al ver las lágrimas impregnadas en las mejillas de Mikasa, mientras ésta reposaba su mano sobre sus labios. Intentaba llorar en silencio.
Sin pensarlo, Eren dio la vuelta hasta el otro extremo de la cama y le hizo unas rápidas señas a Mikasa para que se corriera. La niña lo hizo de inmediato, bastante consternada y confundida. Eren se acostó a su lado volteándose para quedar cara a cara y tomó las mantas para cubrirse a ambos, quedando refugiados bajo ellas como en una tienda. Solían hacer eso a menudo cuando Armin venía a visitarlos y contaba sus historias de terror.
Eren llevó su mano a sus mejillas para secar las lágrimas. Luego, tomó su mano y le dio un fuerte apretón. Mikasa miró el agarre con sorpresa.
—Estoy aquí contigo. No llores —su voz sonó firme y carente de ternura. No pretendía consolarla. Aquello había sido una completa orden—. Todo estará bien. Mañana iremos al mercado con Armin y él nos mostrará ese libro suyo sobre el Mundo Exterior y luego me ayudarás a crear el Equipo de Maniobras con esos cartones que encontramos ayer en la ciudad. Después le pondremos estiércol en los zapatos a Alger Rauch porque es un completo imbécil y se lo merece. Noté que te gustó esa muñeca en el mercado ayer por la tarde, mamá te la comprará si quieres y cuando terminemos nuestro Equipo de Maniobras ella nos tejerá unas capas idénticas a las que usan en la Legión del Reconocimiento y jugaremos a ser soldados y todo estará bien. No llores.
Mikasa pestañeó un par de veces, algo conmocionada. Había dejado de llorar, pero de todas formas una pequeña y diminuta lágrima se deslizó por su mejilla. Eren no sonreía, ni lucía enfadado; pero encaraba una ceja con aspecto acusador, tenía que cerciorarse de que Mikasa estaba de acuerdo con el trato. Muchas cosas tristes habían sucedido últimamente, pero también había muchas otras cosas divertidas para hacer y deseaba que Mikasa fuera consciente de ello.
Ella asintió con lentitud, aún lucía triste, pero la mano de Eren no había abandonado la suya en ningún momento.
—Vale —susurró, demasiado bajito.
Eren asintió sólidamente.
—Vale.
¡Actualización! Otra de las tantas razones por las cuales Eren es su todo xD
¿Ya leyeron el capítulo 62 del manga? Estoy que lloro de la tristeza D: No se olviden de dejar reviews, no cuesta nada y siempre ayuda a mejorar a los autores :)
¡Hasta la próxima!
—Mel.
