II - How to love your best friend
Querido diario,
Hoy como muchas de las tardes de mi vida, ha venido Jake a jugar conmigo a la Xbox. Él vive en las afueras, en una casa solitaria a la que solamente se llega por un bus que hace dos trayectos al día, así que siempre quedamos en mi casa. Parece que es relevante el hecho de que venga, pero en realidad no lo es.
No lo es porque él es mi mejor amigo y mi compañero en todo lo que una persona pueda imaginar. Es el bro perfecto.
Y estoy enamorado de él.
Una pequeña media sonrisa se esbozó en sus labios mientras escuchaba al otro exclamar con alegría su victoria en aquella partida. Estudió, una vez más, aquella sonrisa radiante de felicidad, la forma en la que sus gafas de grosor fino caían ligeramente hacía delante manteniéndose gracias a su nariz, sus ojos jade llenos de vitalidad y sus cabellos oscuros ligeramente elevados en el flequillo. Además de sus suaves y dulces labios, conservados perfectamente sin rastro de dureza o cortes, como los labios de un seductor.
Tragó saliva y volvió la mirada hacía la pantalla al frente, golpeando con el mando de la Xbox360 en su mano izquierda ligeramente antes de volverlo a coger con ambas. No era muy fan de aquel tipo de videojuegos, de aquellos en los que disparar lo era todo y tenías que ir por ahí pegando tiros por doquier, cogiendo armas que inexplicablemente se encontraban en algunas zonas aunque en otras tuvieran más sentido, ya que al menos algunas se les caían a los enemigos. Su estilo era más el de los RPGs, con una historia profunda, estrategias de batalla, clases, elementos, magia y enemigos monstruosos que si tenías suerte podían traer una buena drop. Sin embargo, siempre que quedaba con él acababa jugando a aquellos juegos cuyos nombres desconocía y fingía divertirse aunque solo fuera para verle sonreír.
-¿Otra?-preguntó el moreno, desafiándolo con la mirada.
-Venga.-respondió, dedicando una sonrisa sonrisa juguetona al otro.
Empezó la cuenta atrás y movieron los personajes en busca de las armas del campo de batalla mientras desaparecía aquel tiempo en el que no se podían matar el uno al otro. Después de tanto tiempo jugando, sabían dónde se encontraban las mejores y como llegar hasta ellas rápido. Además de saber dónde estaba el otro en cada instante y protegerse. La partida no duró mucho más de diez minutos y acabó con Jake en posesión de un bazooka que no sabían que existía y le pilló al rubio por sorpresa, perdiendo de nuevo.
-¡Muerde el polvo, Strider!-exclamó el cuatro ojos eufórico.
-Eres bueno en esta mierda.-se excusó, lanzando el mando a un lado de la cama.
-Soy el mejor.-aseguró Jake.- Aunque ganarte sin parar no tiene gracia. ¿Hacemos otra cosa?-preguntó, volviendo su rostro para mirar al otro.
En ese mismo instante, si el moreno supiera lo que pasaba por la mente de su mejor amigo no volvería a hablar con él nunca. Lo que Dirk quería hacer no tenía nada que ver con videojuegos, ni con ver la tele o alguna película. Más bien tenía que ver con cuerpos desnudos y sudados uno sobre el otro, mordiscos, besos, gemidos, jadeos y un sofocante calor. Y si no buscaba otra cosa con la que pensar, el otro se daría cuenta de que se había empalmado de imaginar como lo hacían en aquella misma cama en aquel mismo instante.
No era ninguna clase de pervertido, pero durante tres años solamente había fantaseado sexualmente con su mejor amigo, todo debido a que entonces le hizo una ligera insinuación que le dio esperanzas. Aunque no tardara mucho después en darse cuenta de que nunca lograría nada con él. Otros chicos le atraían físicamente, ya que era gay, pero ninguna lograba despertar la pasión como el moreno sentado a su lado. Prueba de ello sus sueños, en los que lo hacían de muchas formas distintas, en muchos lugares distintos y, a veces, singulares, con diversas posturas, cambiando los roles, jugando el uno con el otro. Sin embargo aquello se quedaba solo en sueños y en sus fantasías ya que nunca había dado un paso con Jake. Solamente tanteaba el terreno de vez en cuando, logrando algunos avances en sus indirectas sobre su sexualidad, aunque cuando el momento se volvía algo tenso siempre retrocedía y cambiaba de tema.
Tenía miedo a que si le confesaba que era homosexual lo iba a perder.
Sabía que no era homofobo, sin embargo si podía sentirse traicionado o incomodo en su presencia. Aunque algunos chicos heteros aceptaran la homosexualidad y pudieran ser amigos de estos, siempre existía ese miedo a que este se finge sexualmente en ti y fantasee contigo. Y, claro, dejarían de tener aquellos momentos íntimos jugando a aquellos juegos, viendo películas de miedo o de acción o hablando de algún anime que le había hecho ver sabiendo que le gustaría. Incluso lo más probable es que dejaran de ser compañeros en las clases de taekwondo. La decisión no era entre proteger su corazón de un amor no correspondido u ocultarse y seguir amándolo en las sombras. Era entre perder todo o conservarlo mintiendo.
-Mmm... iluminarme.-comentó el rubio, dejando que decidiera él qué hacer, dejando todos sus pensamientos de lado.
-Vamos a ver a los Cavalreapers donde sea que actúen.-dijo, mientras se levantaba decidido.
-¿Crees que seremos bienvenidos allí?-preguntó, mirando al otro con una mueca de molestia. No le gustaba relacionarse con el resto de sus compañeros de clase. Tenían tendencias a complicar todas las relaciones entre ellos demasiado para su gusto.
-¿Desde cuando nos importa eso, Mister Strider?-preguntó, dedicándole una sonrisa juguetona.
En ocasiones es muy difícil amarle. Saber que nunca voy a ser correspondido o el miedo a perderle en el momento en el que sepa como me siento mezclado con el miedo a no saber como transmitir mis sentimientos si, hipotéticamente y por alguna cruel ironía del destino, me dijera un jodido si a mi confesión de colegiala de anime.
A veces me siento impotente respecto al resto de personas. Viendo como ellas pueden decir con tanta facilidad o saber sin sufrir como se sienten mientras que a veces me considero un maldito bloque de hielo sin corazón. ¿Cómo podría estar en una relación si ni siquiera podría decir un simple te quiero? Sinceramente, muchas veces creo que lo mejor es que nunca ocurra nada entre él y yo.
Quiero decir, seguir como amigos para siempre.
-Mmm... no es mi tipo de música precisamente pero no está mal.-comentó el moreno mientras entraban en el local, con una enorme sonrisa de oreja a oreja.
-Ahá.-jadeó el otro, con las manos en los bolsillos de sus pantalones.
Aquel no era para nada el tipo de música que él quería oír. Siendo francos, parecía como si atropellaran a una ardilla varias veces seguidas, luego la metieran en una lavadora, le dieran a centrifugar, después la golpearan una y otra vez contra una piedra enorme y, por último, la lanzaran desde lo alto de un acantilado con muchas piedras y ramas con las que golpearse antes de darse el golpe final. Era un conjunto de gritos, chirridos y de algunas frases cantadas, para descansar a los oídos de las victimas de tanto griterío que parecían disfrutarlo por algún motivo que desconocía, por una vez casi aguda, no muy agraciada para el canto.
Y se suponía que eran el mejor grupo de todos según el grupo de chicas de su clase.
Aunque la música no era muy buena, el local estaba abarrotado de gente que gritaba, cantaba junto a ellos e incluso botaba entusiasmada con la mano en alza. En cierto modo, era algo contagioso, sobretodo cuando se dio cuenta de que Jake ya empezaba a sufrir la hipnosis de la euforia del lugar moviendo ligeramente la cabeza al compás de esa música. Nunca lo había visto por si mismo pero, ahora sabía lo que era lo que podía hacer la influencia del animo del ambiente en una persona. Quizás también se debía a que era el primer lugar abarrotado al que asistía que no era una convención para frikis.
-¿Crees que podremos pillar unas birras?-preguntó su amigo mientras se abrían paso a la barra.
-Espero que si.-bufó el rubio, siguiendo muy de cerca al otro para no perderlo.
La canción acabó y dio paso a una menos ruidosa, más calmada y sin líneas gritadas como si estuvieran en un rito satánico, cosa que agradeció el Strider con toda su alma pues pensaba que apenas duraría más tiempo sin quedarse sordo si todas eran así. Al mismo tiempo, salieron a la barra en la cual se sentaron, él con cara de poker, el otro sonriendo como un idiota que lo estaba pasando en grande aunque no hiciera nada.
El camarero se dio cuenta de su presencia y se acercó para que le pidieran.
-Dos roncolas.-pidió Jake, a lo que el hombre de cabellos oscuros y lacios, que llevaba unas gafas de sol fracturadas en varios puntos de sus bordes, correspondió con una mueca con sus labios, mostrando la carencia de algunos de sus dientes. Era más alto que ellos y todo un armario, parecía más un segurata que un barman.
-Documentación.-pidió serio, con una voz casi susurrante que espeluznó a ambos.
-Están conmigo, Equius.-añadió una voz femenina, llamando la atención de los dos chicos.
Una chica de cabellos castaños claros, con su melena ondeante, se acercó a ellos quedando en medio de estos, apoyada en la barra. Llevaba un vestido de tirantes verdosos a que permitía ver varios tatuajes en su albina piel que parecían serpientes enroscadas en sus extremidades y también un par de zapatos de tacones verdes oscuro. Sin el uniforme escolar no la hubieran reconocido sino fuera por un detalle que la delataba: los piercings en las cejas y la boca distribuidos de aquella forma peculiar.
-¿Porrim?-preguntó sorprendido el Strider, arrancando una ligera sonrisa de la que probablemente era la chica más cotilla de todo el instituto.
-Dirk, Jake. No os esperábamos por aquí.-comentó mientras el barman les servía los dos roncolas que habían pedido en un vaso cilíndrico, con una pajita negra por la cual debían bebérselo.
-Oh, pero mira quienes se han dejado caer por aquí.-comentó una segunda voz femenina, la cual no podía ser reconocida como otra que la de Meenah.
La chica de las largas trenzas apareció entre el gentío seguida por Latula y por Aranea, quienes parecían disfrutar de la fiesta también. Por detrás de ellas, también se encontraba Meulin, quién parecía tener problemas para pasar entre la gente emocionada por la canción. Jake, como siempre, se quedó mirando un rato a Aranea atontado, logrando que el rubio sintiera un poco de celos al respecto. Desde siempre su amigo había tenido una pequeña fijación sobre la Serket, aunque nunca había intentado nada ni tampoco había hablado mucho al respecto, solo aquella vez en la que fantaseó en sueños con ella y por eso pensaba que le gustaba mucho.
Meenah sonrió al ver la cara de idiota del moreno y le dedicó un pequeño guiño a su amiga, seguida por una media sonrisa arrogante. La rubia se acercó a Jake e, ignorando al otro rubio, le tomó de la mano sabiendo qué debía hacer. En el momento en el que les habían visto entrar en el local habían ideado un pequeño plan que por el momento salía a la perfección. Un plan para corroborar uno de los cotilleos sobre los que más solían debatir y hablar.
-¿Quieres bailar?-preguntó, siendo correspondida por una cabezada nerviosa del moreno, a quién sacó entonces a bailar.
Para evitar que los siguiera, las chicas se colocaron en corro alrededor del rubio, llegando a incorporarse por fin la Leijon, que por fin salió de entre la gente que había bailando aquella canción. Pero el chico no se movió un apice, más bien tomó su vaso de plástico y dio un trago antes de mirarlas ligeramente a todas y cada una de ellas.
-Y bien, ¿qué queréis?-preguntó, sabiendo que todo aquello era parte de una estratagema para pillarlo separado del otro. De ninguna otra forma Aranea invitaría a bailar a Jake, por muy cruel que sonara, sabía que a ella le iban más las mujeres.
-Eres más colaborador de lo que pensábamos, rubito.-comentó Meenah.
-¿Es cierto que eres gay?-preguntó impaciente la de los piercings, haciendo que la mirada de todas se fijara en él como si fuera el punto más interesante en aquel momento.
-¿Mmmmh?-jadeó sorprendido. No esperaba que le preguntaran aquello. Es más, estaba seguro de que nadie aparte de Roxy sabía que le gustaban siquiera los chicos.
-Que si eres marica, sarasa, vamos, que si te mola comerla.-añadió, haciendo gala de su habitual grosería la líder de aquel grupito, arrancando una risotada baja por parte de Latula, que encontró su comentario bastante gracioso.
El rubio fijó su mirada en un punto más allá del corro de chicas, encontrando a Jake sacudiéndose con una enorme sonrisa de felicidad cerca de Aranea, quién también se sacudía sonriente, rodeados de mucha gente y siendo iluminados por luces de colores distintas a cada segundo.
-¿Y si lo fuera qué?-preguntó, algo borde, consiguiendo arrancar una sonrisa nerviosa a la castaña menor y otra divertida a la del vestido verdoso.- No os incumbe lo que prefiera en la cama.
-¿Vas a tratar de ligarte a English?-preguntó Meenah, haciendo que todas atendieran de nuevo a su respuesta, incomodando un poco al otro.
-No.-contestó rudo.- ¿Y a vosotras que os importa?
Por algún motivo, solamente recibió miradas decepcionaras al respecto, sobretodo la de Meulin, que le miró como si la hubiera dejado sin alma con aquel comentario. Y aquello le inquietó más, no sabía qué motivos tenían para querer que se juntaran pero no parecía ser para nada bueno. Incluso parecía como si las beneficiara que intentara dar un paso con él.
-Que pena.-comentó la castaña de los piercings.- Pensábamos qué haríais una buena pareja vosotros dos.
En ese mismo instante la canción terminó y los dos ausentes volvieron de la pista de baile, siendo el chico el más eufórico de ambos. Todos callaron sobre el tema sobre el que estaban hablando, aunque parecía que Meenah estaba muy satisfecha con la respuesta del Strider, al contrario que el resto de chicas. Todo salía como esperaba si el rubio no tenía intenciones de ligar con su mejor amigo.
Sin embargo el silencio duele. Rendirse no es una opción, por lo que sigo haciéndome esperanzas en vano para destrozarme como hoy en aquel bar. Viendo a Jake tan feliz al lado de una chica, disfrutando de algo que yo nunca disfrutaría, demostrando la humanidad que parecía que a mi me falta. Me sentí fuera de lugar en ese instante, como si no tuviera cabida en su vida. Pero receloso a la vez, ya que tenía ganas de ir e interponerme entre ambos, empezar a bailar en ridículo pero demostrar que yo también podía darle lo mismo que ella.
Demostrarle que aunque sea un chico puede ser igual de feliz conmigo o más, ya que también le puedo dar lo que ellas no pueden, que es todos los momentos que pasamos juntos como mejores amigos y confidentes. Y el hecho de que ya nos conocíamos el uno al otro como para convivir sin tener que tratar de averiguar que pasaba por mi mente. Podría darle mucho si me aceptara. Pero para eso antes tendría que someterme al martirio de la confesión.
No quiero dar un paso, pero tampoco quiero rendirme.
-¡No tienwo ssuenioo!-protestó el moreno, mientras era arrastrado con torpeza hacía la cama del otro. Por suerte para Jake, su mejor amigo no había pasado de aquel roncola aunque las chicas insistieran. Incluso se había mantenido sobrio cuando el grupo bajó y bebió con ellos, haciendo que el otro empezara a beber mucho más a pesar de ya estar ebrio.
-Ni tampoco control.-protestó, dejando este sobre su cama con cuidado.
El efecto fue inmediato. Tumbarlo en la cama y escuchar sus ronquidos. Y no le pillaba sorprendido. Aquello no era nada comparado con la etapa que había pasado con su mejor amiga a los catorce años, cuando el problema con el alcohol de ella era mucho más de lo que siquiera se podía aguantar u ocultar.
Suspiró y desnudó al otro sin tener segundos pensamientos. Le amaba y le deseaba, si, pero no era un aprovechado que usaría el cuerpo de su mejor amigo dormido y borracho para satisfacerse. Solamente le quitó top la ropa excepto la interior y después le puso una camisa de pijama morada con una luna grabada en ella antes de arroparlo entre las sábanas. Como en muchas ocasiones, aquella noche le tocaba dormir en el sofá, aunque no le importaba lo más mínimo. Es más, anteponía la comodidad del otro a la suya.
Pero, antes de marcharse, de permitió estar unos segundos estudiando su hermoso rostro dormido y cada una de sus facciones. Inspiró antes de cerrar los ojos y soltar todo el aire tratando de calmar los sentimientos que amenazaron con desbordarse en su interior, en vano ya que acabó cediendo a estos e inclinándose sobre el cuerpo del otro, acercando su rostro al de él. Despacio y en silencio, juntó los labios de ambos en una pequeña y suave caricia, apenas notable.
-Te amo...-susurró, con la voz algo quebrada.
Quererle solo me hace daño. Pero tampoco me arrepiento de hacerlo.
Es complicado y no creo que lo entienda nadie, ya que apenas lo entiendo yo mismo. Pero estoy perdido y pendiente por y de él. No hay nada más que ame que no sea su sonrisa o sus ojos. Aunque sean esos mismos los que hacen que el bloque de hielo de mi pecho se enfríe más.
Creo que he escrito demasiado por hoy así que lo dejo hasta mañana, supongo.
