Capítulo dos

Cómo lidiar con una mujer malcriada


Una semana pasó desde la reunión con el Daimyo.

Él había accedido a aumentar las pensiones, el presupuesto para el hospital y centros de investigación; pero también le había propuesto una cita de matrimonio con una noble.

Aún con el peso de la cita, estaba feliz por haber logrado su objetivo en bien de Sunagakure.

Se sentía realizado y más liviano, metafóricamente. Ni siquiera una pila de documentos por revisar podría cambiar su buen humor.

Antes de que prosiguiera con el papeleo la puerta de entrada a su oficina fue abierta por un par de personas.

Esas personas eran Kankuro y Amagi.

- ¡Necesito vacaciones! – se quejó su hermano al entrar.

- Sensei... - susurró pesadamente el menor, quien mostraba signos de cansancio.

- ¿No te cansarás nunca de llamarme "sensei"? ¡Hace dos años que eres jounin! – continuó quejándose el mayor.

- Lo siento, es la costumbre –

- Han terminado rápido ¿Y Matsuri? – preguntó el Kazekage.

Gaara no estaba sorprendido por la rapidez de la misión, ni mucho menos por la escena. Hace varios días que su hermano expresaba sin descaro alguno su molestia por el peso de su cargo, que en éstos momentos estaba rebalsado de trabajo.

- Siempre terminas evadiendo mis quejas... - susurró cansado Kankuro, quien cruzaba sus brazos por el pecho.

- Matsuri – san fue a visitar a Yukata-san, seguro debe estar por llegar en cuestión de...-

Amagi seguramente hubiese continuado, pero antes de terminar fue interrumpido abrupta-mente por una joven. Matsuri.

Matsuri lucía igual que hace años, con sus ojos negros brillantes y su cabellera marrón corta, actualmente es una chunin al servicio de Sunagakure. Vestía el uniforme estándar de su aldea.

- ¡Gaara-sama, lo siento mucho! – se disculpó a la vez que hacía reverencias. El mencionado no se inmuto.

- ¿Yukata está mejor? – preguntó ligeramente preocupado.

- ¡Sí, señor! Las heridas casi desaparecen, probablemente mañana en la mañana sea dada de alta – respondió alegremente.

Yukata era la mejor amiga de Matsuri, quién había salido gravemente herida en su última misión hace dos días. Fue por ello que ella se había permitido a llegar levemente tarde a la oficina del Kage, por visitar breve-mente a su amiga antes.

Gaara entendía eso.

Kankuro, quien había sido empujado por la recién llegada, con molestia acercó un pergamino al Kazekage.

- Muy bien, pueden irse. Tengo algo que hablar con Gaara –

Dicho y hecho los dos restantes se marcharon sin hacer ningún comentario.

Instantáneamente la puerta fue cerrada, Kankuro habló:

- ¿Tienes una cita y no me dices nada? – bramó ofendido - ¡¿Cómo es eso de que Temari se enteró primero?!-

Probablemente Kankuro estaba ofendido, quizás en esas situaciones una hermana sea mejor confidente, pero él estaba en la misma aldea, en el mismo edificio y tenía los mismos vínculos sanguíneos.

En realidad él no estaba molesto por lo anterior, él podía soportar ser el último en enterarse las cosas; pero en éste caso no había recibido la noticia de su hermano, sino de su hermana. Eso definitivamente no lo soportaba.

Gaara había llegado a dicha conclusión, por lo que trató de ser cuidadoso.

- Lo siento, no quise molestarte en medio de tu misión – se excusó.

- Sólo tendré consideración porque es tu segunda cita, y porque apestas en éstos temas – comentó a la vez que tomaba una silla y se sentaba al frente de Gaara.

Gaara prefirió guardar silencio, resignado a las sinceras palabras de su hermano. Estaba incómodo, y sabía que estaría peor.

- ¿Sabes quién es? –

- Sí, es la hija mayor del Daimyo del País del Acero – desvió su miraba hacia un porta-retrato donde estaban ellos dos junto a su hermana. Aquella foto tendría más de cuatro años, se la habían tomado unos meses antes de la boda de ella y Shikamaru.

Por un momento la incomodidad había abandonado el cuerpo de Gaara para ser reemplazado por melancolía. Pese a que estaba bien con su presente, extrañaba esos buenos tiempos cuando los tres vivían juntos; pero a pesar de ello no tiene un sentimiento de pérdida. Después de todo también ganó un nuevo hermano y sobrino. Él estaba bien con eso.

- ¡¿Con ella?!- gritó a la vez que se levantaba de un salto de su asiento - ¡Esa mujer es el demonio! – volvió a hablar exaltado.

Antes, él como shinobi hubiese aceptado aquella cita sin ninguna perturbación. Ahora estaba inseguro respecto a cómo se desenvolvería la cita.

- Es peor que tratar con Naruto y Temari juntos ¡Esa mujer ha tenido más prometidos que yo novias! – prosiguió – Y aun así no ha pasado por el altar-lo miró expectante.

Generalmente una mujer joven de la alta sociedad contrae nupcias rápidamente. Siempre y cuando ambas partes estén de acuerdo.

Gaara sabía algunas de las muchas citas de su hermano, pero no todas. Por lo que tal comentario de parte de él era de esperar que lo preocupase bastante.

- Supongo que su familia debe estar lo suficientemente preocupada como para arreglarle un compromiso hasta con un Kage – mencionó preocupado.

Había pensado lo mismo días atrás. La mujer era la primera hija del Daimyo, pero estaba detrás de su hermano en la sucesión.

No era nada común que una princesa se casase con un shinobi, y mucho menos de tal región. En ése país era sabido del mal concepto que tenían de los ninjas.

El país del Acero se encontraba en una gran isla hacia el suroeste del País del Viento.

Su relación con los otros países es limitada, y pese a que el País del Viento sea uno de sus principales aliados tampoco es suficiente como para llegar a una buena relación.

La peor relación la tenía con la alianza shinobi, en la cual siempre había mostrado una política de brazos cruzados, durante y después de la guerra, hasta ahora. Era por todas esas razones que Gaara no podía entender el porqué de la decisión de ser él uno de los candidatos a prometido de la princesa.

Quizás porque los shinobi soportan cualquier situación... él es un shinobi, el Kazekage de Sunagakure. Figura política en su país y en el mundo.

- Pero después de todo, supongo que eres buen candidato –

Gaara estaba tan ensimismado en sus pensamientos que por un momento olvidó que Kankuro continuaba junto a él. Incluso siendo uno de los mejores shinobi del mundo, él a veces se permitía relajar frente a gente de su confianza, como sus hermanos.

- ¿Eh? –

- Pues... Ella es una princesa de élite. Últimamente al País del Acero le ha ido muy bien, pero aun así no es bueno para la imagen de la familia tener a su primogénita soltera y al heredero en las mismas-

Gaara debería saber todo ello, al fin y al cabo los Kages terminaban enterándose de los chismes que corrían entre los Daimyos, pero él nunca prestó atención por lo que lastimosamente llegó tarde a ponerse al corriente de ello, de la mano de su hermano.

- Tú eres el Kazekage, un shinobi de élite. Seguramente sabrás cómo lidiar con una mujer malcriada como la princesa. Es lógico, si es que están tan desesperados-.

Sinceramente él no sabía cómo lidiar con una mujer malcriada.

De hecho, él no sabía cómo relacionarse romántica-mente con las mujeres.