En una noche lluviosa, me encuentro cuidando a mi adorada hija Rennesme de un año y esperando la hora para encontrarme con mi esposa. Ella está en casa de sus padres, que cumplen veinticinco años de casados. Se fue muy temprano despidiéndose con un casto y dulce beso, recordándome la cena con mis suegros en el restorant "La Tua Cantante" donde se conocieron por primera vez.

Charlie Swan, dueño de una línea de hoteles, que poco a poco se iba abriendo pasó en la industria hotelera. Renée, una torpe camarera que se tropezaba hasta con el aire (don que heredó Bella).

Renée al derramar en su camisa una crema de setas, Charlie no se preocupó por lo costosa y arruinada camisa, ni de lo caliente que se encontraba. Su atención se centraba única y exclusivamente en admirar a una torpe Renée que balbuceaba disculpas y promesas de pagar la tintorería y lo que hiciera falta con unas mejillas sonrojadas tratando de limpiar inútilmente con una servilleta la ya arruinada camisa. Una sonora carcajada de Charlie sirvió para romper el hielo entre ambos, después quitándole importancia a al incidente. Desde el primer momento, pasaron tres meses donde Charlie sólo asistía al restorant para hablar con Renée donde sólo ella lo atendía. Luego de tanta insistencia por parte de Charlie, ésta aceptó ser su novia. Con dos meses de noviazgo, ambos estaban seguros de que su amor iba a durar para toda la vida.

Ese fue el principio de un matrimonio donde afortunadamente nació mi esposa Isabella Marie Swan.

A las 6.30 p.m. llegan mi hermano Emmett y su esposa Rose. Saluda a mi hija con un sonoro beso en la mejilla y la sienta en su sillita para darle su comida. Mientras tanto, yo aprovecho el tiempo en irme a bañar y vestirme. Luego llamo bella.

B: Hola amor, casi voy saliendo. Besos a nuestra princesa. Te amo.

E: Amor, ¿dónde estás? Cuidate, está lloviendo mucho. Dime por dónde andas que te paso a buscar, me preocupa tú manejando en esa carretera y tan lejos. Yo también te amo.

8.00 p.m. llegué al restaurante, pedí una copa de vino y marqué el número de Bella.

B: Ya voy en camino amor (se ríe). No llueve, recién está comenzando el diluvio. Tendré mucho cuidado y nos cuidaré a los dos, recuerda que les diremos lo del nuevo miembro de la familia, juntos. Yo te amo más, pronto estaré allá.

E: Amor, ¿dónde estás? ¿Ya saliste de casa de tus padres? Está lloviendo, me preocupa que manejes con este clima. Creo que vi a alguien comenzando a construir el areca (chiste que hace a bella reírse por el diluvio). No le dije a mis padres del nuevo bebe, quedamos en decirlo juntos. Espérame.

Los minutos pasan y Bella no aparece. Se hacen las 9.48 p.m.

No aguanté más. Cada llamada me transfería al buzón de voz. Manejé como loco sin importar la lluvia y multas, mi destinó era llegar y verla. Cada vez que la maldita grabación sonaba, sentía una opresión en el pecho. Era angustioso no llegar.

Al comenzar mi asenso a la casa de los Swan, se me hacía difícil mantener el control del auto. La lluvia torrencial no ayudaba a mi visión ni a los cauchos de mi vehículo que derrapaban cada cierto tiempo o al aumentar la velocidad.

Con la adrenalina al máximo y un espíritu casi suicida, donde el premio era encontrar a mi esposa y suegros varados, esperando que la lluvia cese para seguir su camino. Imaginándome a una Bella al volante tratando de llamar desesperada para contactarme y preguntar si estoy bien. Que cuando me vea llegar en el auto, no le importe la lluvia y corra a mi alcance, me abrace y me bese, buscando mi calor corporal mientras les decimos a mis suegros de una improvisada forma, el embarazo. Dentro del auto hablamos de los logros de Rennesme, de su papilla favorita y rememoramos momentos felices.

En lugar de eso, me encuentro a mitad del camino unas vallas destrozadas, huellas de neumáticos y logrando distinguir en el bosque humo muy poco visible por la lluvia. Grito pero no recibo respuesta. Llamo al 911, no sé si esperar o seguir mi camino. Suplico internamente que estén en casa de mis suegros y hayan desistido de ir a comer pero muy en el fondo de mí, por la última llamada de Bella sé que es una tonta ilusión que se desvanece.

Lloro y salgo del auto, trato de acercarme rápidamente al lugar pero está resbaloso. Hago maniobras para llegar a bella y a mis suegros mientras intento bajar por el empinado precipicio. A lo lejos, en medio del sonido de gotas de lluvia que en estos momentos siento que fueran miles de golpes que me propinan sin descanso, un hombre me detiene y me hace preguntas absurdas del tipo: ¿Sabe lo que ocurrió? ¿Vio algo? ¿Hace cuánto llegue?

Lo único que me interesa es que me ayuden a encontrar a mi esposa.

Después se presenta como Sam Uley, rescatista y jefe de rescate de esta noche y de esa zona. En un momento que para mí son eternos, le explico del fuego y sigo llamando a Bella. Él agarra su indumentaria y baja lentamente, yo quiero ir y trato de seguirlo, sin arnés ni nada, sin importarme si me rompo el cuello. Otro joven del rescate me agarra y lo impide. Me pregunta datos de Bella, la placa del carro, si poseen algún tipo de enfermedad, tipo de sangre y otras preguntas que respondo como un autómata. Desesperado, llamo a mis padres y al poco tiempo aparecen ambos. Me habla pero no escucho más que esas malditas sirenas y las gotas de lluvia. Marco el número de bella y nada.

A las 2.15 a.m. sube Sam y dice que fue difícil encontrar el sitio por la lluvia, que efectivamente un carro perdió el control y fue a parar al fondo del precipicio. Me dice las placas y el modelo que se incendió al caer en la zona boscosa y como hace tiempo no llovía, las plantas secas ayudaron a incrementar el fuego. Leo con detenimiento la placa que tiene anotada. Son del auto de Bella.

Caigo de rodillas con la cabeza entre mis manos. Me dan unos calmantes, claro que en contra de mi voluntad ya que Sam al terminar de decir esas palabras, salí corriendo a buscar el auto y a encontrar a Bella .Carlisle Cullen, mi padre, me explicó que solo se hallaron dos cuerpos y faltaba alguien en el carro que probablemente por el impacto del accidente había escapado del auto. Rogaba y suplicaba que esa persona fuera ella.

A la mañana siguiente fui a casa a ver a Reneesme. Al llegar Emmett me abrazó y Rosalie me dijo que comiera y me cuidara, que tenía que ser fuerte por mi pequeña.

Comí, si se le puede decir así a morder una fresa y a beber un sorbo de café. No podía ni siquiera en comer algo más.

Salí nuevamente al lugar del accidente. Al acercarme noté que mi madre Esme lloraba desconsoladamente mientras mi padre la consolaba. Pensé lo peor pero por egoísta que sonara me alegre de que bella no estaba entre los cuerpos calcinados. Mi padre me dijo que eran los cuerpos calcinados de Charlie Swan y Renée Dwyer, mis suegros