LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN.

La Jaula - Capítulo 2.

La azulada mirada estaba enturbiada por los restos del alcohol que aun circulaban por sus venas, pero su mente estaba lo suficientemente clara para reconocer a su inesperado visitante.

- ¿Q... Qué haces a… aquí? - consiguió balbucear con dificultad.

- Obvio… he venido a buscarte. - le respondió a la vez que tomaba la botella que aun aferraba Naruto quitándosela de las manos. El joven intentó recuperarla mas fue en vano. Sus reflejos ralentizados por la embriaguez no fueron suficientes como para recuperar su ansiado licor.

- Dá… dámela. - demandó alargando la mano.

- No.

- Por favor…

- Ni hablar. Estás como un trapo y te necesito consciente y lúcido. Si sigues bebiendo así tus neuronas morirán ahogadas en sake; y no es que tengas muchas, que digamos...

Sin la suficiente lucidez ni para captar la broma, levantó la entrecerrada mirada hacia los ojos de su interlocutor. - ¿Qué quieres?… - preguntó cansado.

- Está más que claro: Que vuelvas. Para eso he venido hasta aquí… y no creas que fue fácil. Esto está en el culo del mundo.

La tristeza veló por un instante sus ojos y desvió la vista para que no pudiera verlo.

- Pues pierdes el tiempo, no pienso vol… volver.

- No he pedido tu opinión, vengo para llevarte de vuelta aunque sea a rastras.

La rubia cabeza se agitó en una clara negación y una desganada sonrisa, mas parecida a una mueca, contrajo sus labios partidos y sangrantes.

- No puedes obligarme - le dijo alzando un dedo y moviéndolo delante de la cara de su visitante con una sonrisa boba. - Pedí permiso a las autoridades para marcharme y me lo dieron, así que… - La frase se quedó sin terminar, limitándose a encogerse de hombros.

- Cierto, la aldea no te busca, soy yo quién lo hace. Creo que ya es hora de que vuelvas; de que abandones esta deplorable vida que llevas y regreses a tu hogar.

El rubio se enderezó y se reclinó sobre el respaldo de su silla sin poder dejar de tambalearse. - Esta vida que llevo es la que yo he elegido - replicó con voz pastosa y la vista nublada. - así que no la cri… cri… tiques por favor.

- No es una crítica. Simplemente es la pura verdad. Aquí solo estás desperdiciando tu vida y cayendo en la decadencia cada vez mas.

- Por favor, no uses palabras tan difíciles conmigo - añadió con una risita tota. - "decan… decadencia"… ¡puff! Demasiadas letras para mi pobre cabeza... - Esa misma cabeza se desplomó nuevamente sobre la mesa con un sonoro golpe. Con un resoplido de impaciencia, la enguantada mano lo asió por los despuntados mechones amarillos y lo alzó para mirarle nuevamente a los ojos buscando un atisbo de lucidez.

- Naruto… - lo llamó sin obtener respuesta. - ¡Naruto! - insistió nuevamente.

Un gorgojeo seguido de un fuerte ronquido fueros los únicos sonidos que obtuvo esta vez del durmiente joven.

Mientras sujetaba la rubia testa buscó algo con lo que espabilar al ninja borracho. Sus ojos cayeron sobre un cubo de fregar que el mesonero había dejado cerca. Sin pararse a meditarlo, soltó los cabellos y la frente del chico rebotó sobre la madera de la mesa con un fuerte clonc, aunque no hizo amago de reacción. Alargando el brazo, asió el recipiente y lo volcó sin miramientos sobre el desprevenido joven. Este saltó de inmediato con los ojos desorbitados y en posición de ataque.

Al otro lado de la mesa, la otra persona rodó los ojos con impaciencia. - Tranquilo, tigre. Solo soy yo.

Los azules ojos algo más espabilados miraron pestañeando profusamente. - T… Tú. Creí que era un su… sueño.

- Pues ya ves, estoy aquí de verdad, pero no soy un sueño; en todo caso puedo convertirme en una pesadilla si no accedes a volver a Konoha.

Naruto empezó a sentir rápidamente los efectos de la reseca, o eso pensó ya que la cabeza empezaba a martillearle y a sentir en sus sienes una presión mayor que la producida por un martillo hidráulico.

- Bien, ¿qué me dices? - volvió a insistir. - ¿Regresarás conmigo?

Naruto giró a medias la cara para mirar hacia la barra donde el mesonero seguía con su labor, frotando incansable la rasposa madera del largo mostrador. El hombre al sentirse observado levantó la vista y la cruzó con la azulada mirada del joven durante unos segundos. Finalmente el chico la apartó y miró nuevamente al frente.

- No.

- No… ¿qué?

- No voy a volver.

- ¿Por qué? Dame solo una razón.

- Porque no puedo.

- Porque no quieres, di mejor. No hay nada que te impida volver. La aldea es tu hogar.

Una risa amarga escapó de la boca del rubio y con un ágil movimiento volvió a tomar la botella que le habían arrebatado.

- El hogar es donde se cuelga el sombrero… ¿no había una canción que decía algo así? - De un trago apuró el resto de la bebida ante los airados ojos de su interlocutor. - Pues ¿Sabes una cosa? - añadió con una risita. - yo no tengo sombrero…

- Entiendo… prefieres quedarte aquí ¿no? Arrastrándote por el fango y convirtiéndote en una piltrafa humana. Bebiendo noche tras noche hasta casi perder el conocimiento y dejando pasar los días sumergido en una eterna borrachera. Pero tú feliz, claro… Sin tener que preocuparte por nada mas que curar tus heridas y obtener tus tragos. Pero eso tiene un precio, no lo olvides.

- No sé a qué te refieres.

- ¡Lo que quiero decir es que estás hundiéndote en la mierda y que llegará el momento en que no podrás salir! ¡Idiota!

- ¿Y quién te ha dicho que querré salir? Estoy bien tal y como estoy.

- ¿A sí? - le escuchó responder con rabia. - ¡¿Y esto es lo que verdaderamente deseas, Naruto?! Convertirte en un espectáculo para toda esa mancha de borrachos degenerados, que les importa un carajo si vives o mueres tirado sobre esa mugrienta lona. ¿Dejarte machacar noche tras noche, mientras te consumes ahogando tus penas en alcohol? ¿Esa es tu aspiración en la vida?

El rubio no contestó, logrando sacarle un bufido ahogado. - Antes tenías otros ideales… - añadió con amargura.

- Antes era antes…

- ¡De verdad que no te entiendo! El Naruto que yo conocía jamás se hubiera hundido de esa forma en la miseria. ¡Mírate si no! ¡Estás borracho, dejado y hecho un cristo! Te dejas golpear como si fueras una bestia dentro de esa maldita jaula y ¿para que? solo para satisfacer los mas bajos instintos de un atado de gentuza.

El joven nuevamente te quedó en silencio, sacando final y totalmente de nervios a su acompañante.

- ¡Joder Naruto reacciona!- gritó golpeando fuertemente con una mano cubierta por un guante de color marrón sobre la superficie de la desangelada mesa. - ¡Sabes que tienes que volver y enfrentarlo de una vez! No tienes otra opción; ¡tienes que volver a la villa!

El ninja se levantó con rabia volcando la silla en la que había estado sentado y captando la atención del posadero que se giró para mirarles desde detrás del mostrador. - ¡No quiero hacerlo! - gritó con voz ronca. - ¿Es que no lo entiendes? ¡No quiero volver; lo que quiero es quedarme aquí y que os olvidéis de que existo! Este es mi sitio ahora. Aquí es donde quiero estar.

- ¿Qué este es tu sitio, dices? ¿Te estás oyendo? - replicó la figura encapuchada poniéndose a su vez en pie. - ¿Me dices que prefieres esconderte en este hediondo agujero en lugar de estar con nosotros? ¿Con tus amigos?

- Ya lo has oído. - Lentamente se giró dándole la espalda y mostrando la parte trasera de su camisa rota y ensangrentada. - ¿Por qué no podéis dejarme en paz de una puta vez?

- Porque te echamos en falta, Naruto. - le contestó con voz dolida.

- No necesito nada y menos aún tu compasión… - Replicó a su vez entre dientes.

- Te equivocas… - en tres pasos se colocó detrás del joven rubio, tocando apenas uno de sus hombros. - no es compasión. Queremos que regreses con nosotros. Que dejes esta vida de autodestrucción que llevas y vuelvas a ser tú. Ya has tenido tiempo más que suficiente para superarlo…

- ¿Lo has hecho tú? - le interrumpió el joven bruscamente girándose y adelantando una de sus manos para asir la enguantada muñeca. - ¿Has superado el hecho de que lo maté? ¿Has superado que fui yo quien arrebató su vida al que ha sido tu gran amor, Sakura chan?

…//…

El hombre observaba a la pareja desde la seguridad que le otorgaba la maciza barra del bar. Se había quedado sorprendido cuando la joven se quitó la bufanda y se libró de la capucha. Era una chica muy bonita y muy joven. Aproximadamente de la misma edad que el niñato. Su apariencia era dulce y tierna, con ese pelo de color rosa y esos ojos verdes tan luminosos; pero al parecer estaba equivocado y no era tan dulce cómo aparentaba ya que en ese momento estaba gritándole al rubio con ganas. Había escuchado parte de la conversación pero no toda, por lo que no comprendía lo renuente que era el joven a volver con la chica. Si él tuviese esa edad y una niña tan bonita viniese a buscarle, de seguro no se lo pensaba dos veces. Pero para ser francos, egoístamente se alegraba de que el chico no quisiera marchar. Si decidía acompañar a la jovencita, su lucrativo negocio se iría al traste y sería amucho el dinero que perdería.

Aguazando el oído y disimulando haciendo como si limpiase, se aprestó para seguir escuchando la conversación y descubrir cómo acabaría todo este culebrón.

…//…

La chica se quedó estática pero con el bonito rostro contrito de dolor. De un gesto, se soltó de su agarre. El la miraba ansiosamente, analizando cada gesto, cada movimiento de sus manos, cada leve temblor de su pequeño cuerpo…

- La muerte de Sasuke me duele… - dijo casi en un susurro. - me duele como una herida recién inflingida. Cómo una llaga abierta y sangrante, si tanto te interesa saberlo…

Los ojos de Naruto la miraron helados y casi sin expresión y ella se abrazó a si misma, mas por calmar su intenso dolor que por frío. - Y creo que esa herida jamás cerrará, pero… - sus ojos buscaron los del chico antes de continuar. - …no puedo culpar a nadie por lo que pasó. Él buscó y siguió ese camino y ese fue su fin. Desde el momento en que decidió seguir su oscura vía de odio y venganza, había marcado su destino. Empezó a morir poco a poco desde el instante en que sus pasos lo alejaron de la villa… de nosotros, tras dejarme en aquella banca.

Naruto sintió su corazón estrujarse con las palabras de la chica, pero no supo discernir si causado por su propio dolor o por la inmensa angustia que percibía en la voz de la joven. Apretando con rabia uno de sus heridos nudillos, cerró los ojos un segundos para contener su propio llanto.

- Hicimos todo lo que pudimos Naruto, pero él no quería ser salvado…- La verde mirada estaba desbordada por las lágrimas pero su voz era firme y segura. - Ya perdí a una de las personas más importantes de mi vida, no pienso perder a la otra.

El rubio la miró sorprendido para hallar el súbito y desbordante fuego verde de su mirada. - No voy a permitir perderte a ti también.

Tras esta firme declaración, ambos se quedaron callados durante un rato. Ninguno rompía el silencio pero por diferentes motivos. Naruto conmovido por las palabras de la chica, no sabía qué decir y Sakura solo se mantenía a la espera, con el deseo de que sus vehementes palabras hubieran servido para convencer a su cabezota compañero.

Tras largos e interminables minutos, los azules ojos se volvieron para mirar nuevamente a su amiga.

- Lo siento, Sakura Chan, pero no puedo volver. - dijo con voz cansada. -No aun… - añadió apartando la vista de la joven. - necesito tiempo para digerir todo. Para reconciliarme conmigo mismo y allí en la aldea, con todos a mi alrededor, no podré. Los recuerdos son demasiados…

Sakura ladeó su cabeza al escucharle. - Me suponía que dirías eso. - replicó con aparente tranquilidad. Él chico volvió a mirarla sorprendido ante su extraña docilidad. ¿Había aceptado tan fácilmente el que no iba a volver?

- Bien, me alegro de que lo entiendas. - Naruto se acercó a la jovencita de forma indecisa sintiendo la necesidad de añadir algo. - Te… te prometo que cuando decida volver, tú serás la primera en saberlo. - añadió sonriendo con ternura por primera vez y entrelazando sus dedos con los suyos.

El bonito rostro de Sakura se dulcificó y acarició con su otra mano la sucia mejilla del rubio. Este te inclinó sobre su palma y cerró sus ojos disfrutando de la tierna caricia. Hacía mucho que no sentía una muestra de cariño, por pequeña que fuera. Aspiró su perfume y tomando su pequeña mano entre las suyas, la llevó a sus labios y dejó y suave beso en su palma. Ella sonrió y sin saber muy bien por qué, el verla esbozar aquella sonrisa le dio mala espina. Rascándose la nuca con su habitual gesto nervioso, la miró interrogante.

- ¿Sakura Chan? ¿Lo entiendes verdad?

- Por supuesto. Sé que necesitas estar lejos de la villa un tiempo. Y cuentas con todo mi apoyo - Él asintió fervorosamente con la cabeza, feliz al ver cómo ella por fin aceptaba sus términos; sin embargo al instante siguiente se quedó literalmente helado cuando la escuchó decir: - Por eso mismo me quedaré aquí contigo hasta que estés preparado para regresar…

- ¡¿Qué?!

- Ya lo oíste. Me quedo aquí contigo hasta que ambos volvamos a la villa.

- ¡De eso nada! ¡Tú te vuelves! ¡Este sitio no es adecuado para ti!

- Cierto. Ni para mí ni para ti, pero si tú te quedas, yo también.

Ambos empezaron a discutir hasta que fueron interrumpidos por el posadero que tímidamente se había acercado hasta ellos.

- Esto… Os he escuchado… - La fría mirada azul se clavó en el hombre haciéndolo temblar ligeramente. - fue sin intención. No estaba escuchando… - aclaró con premura. - pero como he oído que querías quedarte pues yo, si quieres puedo ofrecerte un trabajo, jovencita.

Sakura se volvió y lo miró con las cejas fruncidas. - ¿No me dijo antes que no tenía trabajo que ofrecer?

El hombre rió nerviosamente mientras secaba un vaso con un paño bastante sucio, haciendo que el cristal pareciera estar en technicolor.

- Bueno, eso fue antes de conocerte. Las niñas lindas siempre tienen cabida en mi negocio.

Naruto fue a decir algo, pero ella lo impidió tapándole la boca de un manotazo.

- Bien, pues podíamos llegar a un acuerdo.

- Claro… - el hombre amplió su sonrisa. - ¿Qué tal se te da la cocina?

Un sonido parecido a una arcada salió de la boca del rubio. Ella lo soltó y lo miró furiosa.

- Su comida no solo es mala, es peligrosa. Si no mueres de la impresión por lo mal que sabe, lo haces atragantándote por tu propio vómito.

Sakura le arreó un golpe en la cabeza que le puso los ojos en blanco. - ¡Cállate idiota! ¡¿Qué sabrás tú?! - Le dijo rechinando los dientes. - Aquello fue solo una vez. He mejorado mucho en todo este tiempo… - añadió con una risita mirando nuevamente al posadero. - Ya no ha vuelto a provocar vómitos a nadie…

- No ahora solo son diarreas…

Otro sonoro golpe y Naruto casi quedó inconsciente. El posadero la miró asustado y ella esbozó la más dulce de las sonrisas.

- ¡Este Naruto…! ¡Qué bromista que es…!

- Bu… bueno, quizás mejor te podría poner a servir bebidas. - respondió el hombre. Sakura entonces desvió apenas sus ojos para mirar al rubio que se volvía a poner en pie robándose la cabeza, para darle una mirada de advertencia. - He pensado en un uniforme que podría irte perfectamente…

Ambos captaron el tono lujuriosos de la frase y las reacciones no se hicieron esperar. Sakura entornó los ojos y Naruto enrojeció de rabia.

- ¡Olvídalo viejo! ¡Ella no se va a poner nada de eso! ¡Además no se va a quedar aquí en este tugurio de mala muerte! ¡Se vuelve por donde ha venido! - replicó mientras le ponía la capa sobre los hombros y hacia el amago de empujarla hacia la puerta.

- Ya te dije que me quedo, idiota. - el rubio esquivó por poco el siguiente golpe pero no pudo volver a insistir ya que la chica tras haberse desprendido nuevamente de la capa y volviendo su atención al posadero, discutían ya los pormenores de su nuevo trabajo.

- De acuerdo entonces. - la oyó decir. - Alojamiento y comida, mas las propinas. Nada de uniformes raros, ¿me escuchó? Yo elegiré mi propia ropa y me reservo el derecho a defenderme de pervertidos sobones. ¿De acuerdo?

- ¡Claro! - Asintió su interlocutor complacido. Aquella niña iba a ser un nuevo aliciente a su negocio. Ya podría ofrecer el lote completo: bebida, espectáculo con sangre y carne bonita y joven. ¿Qué más podía un hombre pedir?

Naruto exhaló el aire por la nariz como un toro enfurecido pero la bella sonrisa de Sakura lo desarmó. Dejándose caer de nuevo en la banqueta dio por perdida esa pelea. Ella se quedaba allí y no podría convencerla de que se fuera. Sin embargo reconocía que estaba aun más jodido, ya que una de las principales razones de su huida, acaba de llegar dispuesta a quedarse y a echarle sal a la sangrante herida de su destrozado corazón.

Fin del capítulo.

Se que no he podido responder a todos los review personalmente y de verdad que lo lamento, pero quiero que sepáis que agradezco de corazón a todos por vuestro apoyo. Sois la mejor recompesa a nuestro esfuerzo. Gracias de nuevo.

Marina.